17. Inolvidable

- ¿En dónde se supone que estamos? – Preguntó Harry mientras parpadeaba intentado entender si la oscuridad era por el lugar o por algún otro motivo

- En Hogwarts – Contestó Emy con voz tranquila

Seguían sentados en el coche pero eran incapaces de verse las caras los unos a los otros. Harry sintió la mano temblorosa de Ginny sobre su pierna, como un acto reflejo la entrelazó a la suya para darla confianza. No entendía muy bien porqué permanecían allí sin encender las varitas, aunque ninguno de los cuatro muchachos se atrevió a proponerlo. Los minutos pasaban y la impaciencia de Harry iba en aumento, tanto como su curiosidad. No sabía el motivo por el cual le crispaba estar en esa situación, al fin y al cabo, sólo estaban a oscuras.

- ¿Es que estamos esperando algo?

- Sí

- ¡AH! ¿Y a qué, si se puede saber, Emy?

- No te preocupes, no es a que tu curiosidad se acabe, estaríamos aquí mucho tiempo

- ¡Ja! Muy graciosa

Un ruido les hizo callar y prestar atención. El sonido metálico de candados, cerrojos y cerraduras se coló por sus oídos. Acto seguido se percibió la penumbra en aquel cuarto oscuro y, por fin, pudieron notar las dimensiones de aquella sala, de altas paredes de piedra como el techo y el suelo. Ya veían el dibujo de sus propias siluetas tanto como la de un hombre dos veces más alto y ancho que una persona denominada como "enorme". Harry sonrió de inmediato y aún más al oír el inconfundible ladrido de Fang, la mascota de Hagrid. Acudía a recibirlos pero volvía a cerrar la puerta de nuevo.

Los ojos verdes de aquel muchacho de diecisiete años, se escondieron tras sus párpados. Un pensamiento ambiguo llegaba hasta su conciencia, estaba feliz por volver al que consideraba, desde hace seis años, su hogar pero sabía que algo había cambiado. Juraría que no lo había vocalizado porque, inmediatamente después de haberlo pensado, su tía dijo en alto:

- Este año, ni el castillo, ni sus habitantes, serán los mismos

No había frase mejor para explicar el pensamiento que a la mente del adolescente había llegado. Unos instantes antes estaba deseoso de salir del coche y ahora le invadía un absurdo temor a encontrarse, cara a cara, con parte del jurado que, de seguro, le había evaluado en la batalla de La Madriguera. Se dio cuenta que no había pensado en ella desde hacía un mes, sólo cuando le relató a Emy lo acontecido y casi de una forma periodística, como si ellos no estuviesen involucrados en semejante noticia. Ahora temía las miradas de los profesores, aunque no tanto como cuando se viese reflejado en las de sus compañeros de colegio. Le había sentado tan bien escapar del diario El profeta, con sus artículos referentes al tema, como del tormento que le provocaba la tristeza de la familia Weasley. Sin embargo, todo eso volvía al regresar a su mundo, a su colegio, a su hogar.

Sintió a Ginny moverse y salió de sus pensamientos. Les alumbraba una antorcha que dejaba ver el rostro sonriente de su profesor y guardabosque favorito. Saludaba a Sirius con un abrazo de camaradas, lo mismo que al pobre Ron, que escapó un tanto encorvado por el achuchón. Intentó ser un poco más delicado con Hermione y Ginny pero tampoco parecieron salir muy bien paradas. Sólo quedaban Emy y él en el coche y claramente pudo oír en boca de su tía "volvemos a la realidad" con aire, en cierto modo, apesadumbrado antes de salir por la puerta del vehículo.

- ¡Harry! – Exclamó Hagrid entusiasta – Te estás haciendo todo un hombre

- ¡Hagrid! No hacía falta que te engalanaras para recibirnos

- Muchacho, se ve que vuelves a ser el chaval de siempre, no me gustaba nada verte taciturno y con la cabeza gacha todo el día

- Es que he recuperado lo que perdí – Contestó esbozando una sonrisa sincera

- Emy... – Hagrid le pasó la antorcha a Harry sin consultarle. Miraba a la mujer como si fuese un ángel. En sus ojos se notaban cortinas de agua emocionada mientras su boca temblaba entre una sonrisa y un balbuceo – Ellos me lo dijeron varias veces pero nunca les quise creer

Ella no dijo nada, simplemente hundió su cabeza en el abrigo de piel de topo y rodeó, cuanto pudo, con sus brazos la silueta de su amigo. El gigante después de acariciarle el pelo y darle unos manotazos en la espalda, la cogió como si fuese un títere y la dio una vuelta en el aire bajo las risas incontroladas de ella.

- Mi querido amigo – A Emy también se le veían brillar los ojos – Acabo de llegar y ya me planteas un misterio ¿Quiénes son ellos y qué te dijeron?

- Los centauros. Estaban convencidos que el ama volvería

- ¿El ama? ¡Esto sí que es lo que me faltaba! – Emy soltó una carcajada - ¿Desde cuando atribuyen ellos esos rangos a quienes consideran seres inferiores?

- Pues supongo que desde que saben que puedes convertirte en Merlín

- Hay cosas que cambian que no deberían hacerlo y otras sin embargo... – Emy dejó la frase en suspense - ¡Bueno! ¿Qué tal estás? ¿Cómo va nuestra preciosa criatura verde esmeralda?

- ¡Fantástico! Tienes que venir a ver... – Hagrid palideció por un momento. No estaba seguro de estar metiendo la pata hasta el fondo, luego repasó las caras y se dio cuenta que los que estaban allí, sabían de la existencia de su dragona Emerald, así que recuperó el color y prosiguió su contestación – Ya está hecha toda una jovencita, espero se acuerde de ti, quiero que vengas a verla

- Iré, no dudes de que iré

- Ahora debemos subir al vestíbulo, nos están esperando – Le arrebató a Harry la antorcha y comprobó que se miraban los unos a los otros con complicidad por el comentario sobre su particular mascota – Venid por aquí

Hagrid les guió por una puerta de la que no se habían percatado. Unas escaleras de piedra ascendían vertiginosas hacia arriba, flanqueadas por muros oscuros y verdosos. Luego pasillos y más escaleras hasta salir a un corredor más ancho, que conocían perfectamente, ya que era el que daba a las mazmorras donde cursaban sus clases de pociones. Iban hablando de lo estupendo que era tener a Emy de vuelta como profesora y de la repercusión que eso había creado pero, tanto Sirius como su reciente esposa, declinaron esa conversación para otro momento. A los chicos eso les dio mala espina.

Ya en el vestíbulo, pensaron que serían recibidos por alguien más que el director y la subdirectora de la escuela pero no fue así. Abrazos, besos y palabras de cariño se sumaron a la bienvenida, luego Dumbledore indicó que iban justos de tiempo y que debían subir a las habitaciones, sellando su comentario con un guiño a Emy. Volvían a ascender hacia una de las torres sur, en donde estaban las habitaciones de la pareja, esta vez sin acompañamiento. Los chicos no pararon de preguntar qué era a lo que llegaban justos de tiempo pero Sirius sólo pudo encogerse de hombros, en señal de ignorancia, mientras que Emy sonreía en señal de complicidad.

Nada más pasar el umbral de la puerta del apartamento, una Winky llorosa y emocionada, y un Dobby saltarín y risueño, les recibieron. Dos minutos después se vieron separados, la elfina se llevó a Emy a La Cámara de Los Fundadores y el elfo introdujo, a empujones, a Sirius en la habitación del matrimonio. Los cuatro muchachos se quedaron en el salón, mirándose expectantes, pero no duró mucho, ya que de una de las paredes salió Helga Hufflepuff, con lo que parecían lágrimas en los ojos, indicando a los muchachos que se diesen prisa, que no podían llegar tarde. El pensamiento fue el mismo "¿Pero adónde?" A las chicas las mandó al baño y a los chicos al cuarto de Harry.

Volver a su cuarto, entusiasmó a Harry, le encantaba aquella habitación hecha a su medida. Se fijaron que en la cama había dos trajes con una etiqueta con el nombre en cada uno. Ron miró a Harry entendiendo a la perfección su duda.

- Se supone que debemos ponernos esto – Harry examinó el traje cogiéndolo con dos dedos, a modo de pinzas de colgar la ropa - ¿No se te parece a los que nos pusieron en la última ceremonia?

- Un montón – Contestó el pelirrojo obrando de la misma manera

- ¿No será...? ¿Emy no...?

- No, Harry, ni lo pienses, ni lo menciones – Ron dejó caer el traje en la cama y decidió no poner resistencia ninguna a cambiarse – Todo el mundo está de un humor excelente, así que supongo que hay una fiesta o algo parecido

- ¿Una fiesta de gala? – Harry no se convenció mucho con la explicación de Ron

A los diez minutos estaban elegantemente vestidos, con pantalones y camisa de estilo medieval y capa de fina tela con bordados de runas, todo en color blanco roto. Se miraban el uno al otro sonriendo por semejante pinta. Salieron a esperar al comedor y se encontraron a Winky, que les traía una bandeja de emparedados y un poco de té.

- Supuse que el viaje les daría hambre – Su voz, aunque chillona, se notaba más suelta, probablemente para satisfacer a su ama

- ¡A eso se le llama inteligencia! – Repuso Ron a quien se les iban los ojos en el festín

No más de otros diez minutos después, las chicas salieron con una indumentaria muy parecida a la que habían llevado la noche del uno de noviembre del año anterior. Sus vestidos de seda y organza, brillaban con las aguas de los bordados, y las capas, que en ese momento se estaban colocando, les cubrirían los hombros desnudos, no más tapados que por unos finos tirantes. Estaban magníficamente peinadas y maquilladas, combinando a la perfección con el resto del traje y formando un conjunto exquisito. Dejaron sin habla a los muchachos, incluso Ron se levantó, abandonó las delicias, y se fue directo a la mayor de ellas y más apetitosa, Hermione.

- ¿Cómo quieres que me mantenga frío, Mione? ¿Pero tú te has visto bien?

- ¡Qué tonto eres! – Hermione sonreía de oreja a oreja, le bastaban esas palabras como el mayor de los cumplidos, no todos los días Ron dejaba de comer para admirarla a ella – Tú también estás muy guapo – Se colgó de su cuello y se besaron, al principio lentamente y luego más apasionado

- ¡Ejem, ejem!

- ¡Sirius! – Exclamó Ginny, para que su hermano y su amiga entendieran que debían de parar - ¡Qué guapo estás!

- Sí, dos días seguidos no puede ser, no quiero que Emy se acostumbre – Bromeó el padrino de Harry - ¿Sabéis que es todo este lío que se está montando?

- No tenemos ni idea – Contestó Harry sin dejar de penetrar con sus ojos verdes la figura de su chica. Sus pensamientos le estaban llevando demasiado lejos, tanto que el rojo de sus mejillas comenzaba a destacar estrepitosamente con el blanco del traje. Ginny se acercaba lentamente hacia él, la veía tan vaporosa, tan etérea, que juraría que la ropa desaparecía y le dejaba ver el contorno desnudo de su figura

- ¿Te encuentras bien? ¡Harry! ¡Harry! – Ginny le pasaba la mano delante de los ojos hasta que éste reaccionó - ¿Ocurre algo?

- No, no... sólo... sólo... que estás... estás... – Contra más consciente era que estaba tartamudeando, más lo hacía –… muy hermosa

- ¡Buf! Esta habitación está cargada de testosterona – Sirius soltó una carcajada, luego se sentó en el lugar de Ron y se comió el único emparedado que quedaba en la bandeja

Llamaron a la puerta y entraron sin esperar respuesta. Remus Lupin aparecía flamantemente bien vestido, de blanco también, y saludó a su mejor amigo con un gran abrazo.

- Se te ha echado de menos – La mirada del profesor contra las artes oscuras denotaba preocupación – Menos mal que ya estáis aquí

- Tienes que ponerme al día ya

- No, Sirius, ahora no es el momento – Remus miró al resto y sonrió - ¿Quiénes son estas dos bellezas? ¿Y los piltrafas que las acompañan?

- No se pase ni un pelo, profesor, que estamos más elegantes que usted – Exclamó Ron con falsa ofensa

- Cualquiera se mete contigo ¿Es que aprovechas cuando no te vemos para crecer más? Creo que yo dejé de hacerlo a los dieciséis

- ¡Con lo que come, como para no! A este chico es mejor llevarle al Callejón Diagon para comprarle una túnica, o si me apuras una escoba, que invitarle a comer a un buen restaurante – Se quejó Sirius

- Habla vuestra envidia, ya que a algunos les van los manjares a la panza y a otros les hace alargar las piernas

- No te falta razón, Ronald, no te falta razón – Rió Lupin – Es mejor que bajemos, de un momento a otro comenzará la... es mejor que bajemos

- ¿Me puedes explicar qué pasa?

- Ahora lo sabrás, mi querido amigo, es cuestión de dos minutos

Remus cogió a Sirius por los hombros y lo condujo hacia el vestíbulo. Detrás iban las chicas con cara de no saber qué estaba pasando, la misma que llevaba Harry. Diferente era la de Ron, sin duda, averiguar qué pasaba por la cabeza de la gente, daba sus frutos. Él iba frotándose las manos y sonriendo satisfecho. Llegaron al vestíbulo y seguía sin haber nadie. Se encaminaron hacia el portón que daba a los terrenos y en cuanto lo abrieron, se encontraron con un montón de miradas. Ataviados con trajes blancos, sonriendo y sentados en sillas tapizadas en el mismo color, con lazos y flores en tonos pastel, había un barbaridad de gente. Estaban en medio de la explanada, no lejos de la cabaña de Hagrid y del lago. Formaban dos grupos, con un pasillo en medio, y, al final, una mesa forrada con una tela reluciente como la nieve, llena de velas prendidas, que aún daban más esplendor a aquel altar en medio del extenso prado verde. Allí, de pie, estaba esperando Albus Dumbledore. En su cara se veía la dicha de un día esperado y anhelado en tantas ocasiones. Pero lo más insólito no era encontrase esa escena ante ellos, sino la variedad de invitados a semejante evento.

No sólo estaban todos los profesores del colegio Hogwarts de magia y hechicería, junto con bastantes más personas, amigos y conocidos la mayoría, no. A la derecha del altar se hallaban, en formación de coro, los fantasmas canturreando una canción que a Harry se le antojaba de Navidad. Fuera de las filas, flanqueando las butacas principales, un gran número de elfos, con los ojos enormemente abiertos y brillantes, quizás por estar presente en aquella espontánea ceremonia. A continuación, a pesar de mantener cierta distancia, sobresalían de los demás, tanto por su altura con por su flamante aspecto, una manada de centauros. Harry pudo distinguir a Firenze entre ellos, le sonreía y le saludaba con una ligera inclinación de cabeza. Pero lo aún más increíble, es que había animales del bosque allí. Caballos alados de diferentes razas, "clabberts" en los árboles del linde del bosque, unos cuantos "crups" sentados sobre sus patas traseras, moviendo contentos sus colas bífidas, y la preciosa familia de unicornios que Harry y Ginny vieron el año anterior, aunque en esta ocasión había un miembro más, un pequeño y precioso unicornio juguetón, que no hacía más que jorobar a su hermano mayor, el cual parecía haber aceptado muy bien su papel. La verdad es que no daban crédito a sus ojos, nunca habían visto nada igual en los terrenos del castillo, si incluso el calamar gigante se había acercado a la orilla del lago, acompañado de un buen puñado de sirenas cuchicheantes.

Sirius miraba anonadado todo eso desde la escalera de la entrada, hasta que fijó su vista en el bosque. Algo se movía para salir de allí y entonces lo vio, era su hipogrifo. Buckbeak hacía su aparición acompañado de lo que creían una hembra de su raza. Se acercó hasta donde estaban los unicornios y se quedó allí mirándolo. Instantes después bajaban de la torre bastantes lechuzas, entre ellas, Hedwig y Pig, que revolotearon a su alrededor. Luego el ronroneo de Crookshanks, pasando entre las piernas y el vestido de Hermione, se hizo notorio para las seis personas que estaban inmóviles contemplando el panorama.

- ¿No creerías que Emy te iba a dejar sin tu sorpresa? – Lupin reía por la expresión de su amigo – ¡Sirius! Reacciona

- Una boda mágica...

- Y por todo lo alto

Arabella se acercó hasta ellos. Después de efusivos saludos, prendió a los chicos una rosa roja en la capa y a las chicas les dio un ramillete de flores silvestres.

- Bueno, Sirius, ahora, si eres tan amable, le ofreces tu brazo a la madrina – Bella sonrió a su amigo para darle ánimos - ¡Ginny! Que te estoy llamando... ¡La madrina!

- ¿Yo?

- ¿Es que no acordasteis que ibas a ser tú la madrina de la boda?

- ¡Ah! Sí, bueno eso creo...

- Cruza tu brazo derecho por el de Sirius... así muy bien y ahora vais hasta el altar caminando lentamente y sonriendo. Os seguirán Ron y Hermione, que se pondrán a cada lado en los primeros asientos, luego vamos Remus y yo y por último, Harry y Emy – Bella miró detenidamente a Harry – Cariño ¿te has enterado?

- ¿Eh? Sí, sí ¿Dónde está Emy?

- Ahora bajará, no te preocupes

Dicho y hecho. En cuanto se aproximaron por el césped, se oyó al profesor Flitwick tocar el piano, mientras el coro de fantasmas cantaba una melódica canción. Una vez comenzaron a descender Bella y Lupin cogidos del brazo, Harry oyó la voz cabreada de su tía, proveniente del interior. Se volvió y entró en el vestíbulo. Allí estaba ella, bajando por las escaleras, no más grácil que Crabbe o Goyle en la misma situación. Con una muy expresiva cara de mala leche, agitaba su ramo de novia como si fuese el garrote de un trol. Una bandada de hadas revoloteaban encima de su cabeza, queriendo echarle sus polvos multicolores mientras que Emy intentaba con todas sus ganas que se largaran de allí. Una de ellas fue directa a donde Harry en cuanto lo vio. Marina le sonreía de forma pícara y el muchacho le devolvió el gesto. Como final del cortejo, Fawkes volaba majestuosamente tras ella. Tía y sobrino se encontraron en medio de la sala, la expresión de Emy era un verdadero poema. A Harry sólo se le ocurrió decir que jamás en su vida la había visto tan hermosa y así era. Pareció calmar un poco el humor de la mujer pero enseguida comenzaron sus discrepancias hacia lo que a ella le parecía una verdadera exageración, producida por la absoluta falta de sencillez y naturalidad de la maestra de ceremonia, Rowena Ravenclaw.

- ¿Cómo se le ocurre vestir a todo el mundo de blanco y poner lazos a las sillas? ¡Por el amor de Dios! Esto parece la boda de Sisí Emperatriz. ¡Han venido hasta los unicornios! ¡Y quería que yo fuese al altar montada en uno de ellos! ¡NI HARTA DE VINO! Pero me ha escuchado ¡Ah, sí! me ha escuchado – A cada palabra, Emy iba poniéndose más y más furiosa, hasta que por fin dijo con tono desesperado – Yo sólo quería una boda íntima con los amigos, en La Cámara de Los Fundadores pero no... ha montado un circo ¡Y DE TRES PISTAS!

- Emy, tranquilízate, Sirius se ha quedado pasmado, le has dado toda una sorpresa y a nosotros también

- ¡No me extraña! El pobre debe de estar en trance, preguntándose si se ha casado con una loca

- Que no, Emy, de verdad que no

Fawkes emitía un tono que a Harry le pareció una carcajada, Emy le fulminó con la mirada y este aún se debió de reír más.

- ¿QUEREIS DEJAR DE TIRARME ESOS MALDITOS POLVOS? ¡ME ESTÁIS PONIENDO ENFERMA! – Estalló histérica Emy

- Marina, diles que paren un momento – No tuvo que decirle nada más, a una señal de ella dejaron de hacerlo

- ¡Eres una desagradecida! ¡Eso es lo que eres!

El espíritu de Rowena Ravenclaw, junto con el de los otros tres Fundadores, apareció de la nada. La primera salió con la cabeza airada hacia la ceremonia, Salazar Slytherin ni siquiera la miró pero sonreía de una manera muy explícita, a sabiendas que a Emy, todo eso, le parecía bastante reprochable. Helga Hufflepuff se dedicó a tirarle un beso a la novia y sonreírla, mientras que Godric Gryffindor se paró al lado de los dos y dijo con tono solemne:

- No tiene medida, eso es lo que le pasa cuando algo así tiene entre manos, aunque sé que no lo ha hecho con mala voluntad. No seas tonta y disfruta de tu boda, aún te aguardan más sorpresas y esas serán de tu total agrado

Emy comprendió que quizás los nervios, por tanta expectación, le habían hecho sulfurarse de más y asintió con la cabeza. Luego pasó su brazo derecho por el de Harry y suspiró.

- Allá vamos

Las puertas se abrieron de par en par, la música llegó hasta ellos más intensamente. Con un ligero doblez de piernas, Emy recogió la parte delantera de su vestido para no tropezarse al bajar las escaleras, de repente se comportaba con cierta dulzura y elegancia. Para Harry, aquella Emy era una más de sus personajes, porque ella no tenía diferentes caras, no, lo suyo eran personajes bajo la misma cara pero con distinta mirada y comportamiento.

- Si ahora veo venir a Emerald echando fuego por la boca, ni me sorprendo – Emy mantenía su sonrisa a la vez que le murmuraba a Harry – Porque estamos en un momento conflictivo, sino hoy declararían jornada de puertas abiertas en Hogwarts

- ¡Emy, no me hagas reír!

- Es lo que nos queda, cariño, al menos sacarle un poco de gracia al asunto – Al encaminarse por el pasillo, pasaba la mirada por cada uno de los invitados y su sonrisa se volvía menos forzada y más sincera - ¡Mira, Harry! Es Rosmerta, también está su marido

Harry dirigía sus ojos hacia donde su tía le indicaba. Fue en ese momento en que tomó conciencia de que todo el mundo les miraba, así que no pudo evitar que un tono sonrojado se posase en sus mejillas. Prefirió mantener la vista al frente, donde su preciosa Gin le sonreía, aunque el pensamiento se tornó en otro peor, los Weasley estaban allí y no iban a poder estar lo juntos que quisieran. No vio a Emy guiñar un ojo a Molly y Arthur, ni saludar con la mano de forma cariñosa a los gemelos. Tampoco sorprenderse al ver al Ministro de Magia, Cornelius Fudge, o enternecerse al ver las lágrimas de Sybill Trelawney. Lo que sí vio Harry, fue cuando las miradas de Emy y Sirius se encontraron para no separarse en toda la ceremonia.

Harry se mantenía de pie al lado de su padrino, el que ya era su tío, mientras Ginny hacía lo propio junto a Emy. Él estaba seguro que para los novios no existía nadie más que ellos dos solos, en un mundo aparte. A ciencia cierta sabía que, el sentido discurso de Dumbledore sobre el amor tan puro, que esa tarde tenía el honor de unir en sagrado matrimonio, no estaba siendo escuchado por la pareja, que contestaba casi por impulso. Se prometieron amor eterno con palabras sacadas del fondo del alma, mientras se oían varios suspiros por parte de algunas señoras sentimentales. No atendían a los cánticos ni a los murmullos. Se besaron apasionadamente sin reservas, aun siendo observados, y así habrían seguido de no ser por los abrazos y los besos, que comenzaron a recibir por parte de los invitados.

Fue una sorpresa encontrar a la abuela Sunny entre los fantasmas del coro, Emy no pudo dejar de emocionarse a la vez que le decía lo importante que era para ella que estuviese allí. Los novios agradecieron uno a uno la presencia de los asistentes, fuesen o no magos. Poco le importó a Sirius abrazar a Buckbeak para ponerse el traje perdido o empaparse de agua por un golpe gracioso del calamar gigante al ir a saludarle.

En el atardecer de aquel sábado, en los terrenos de un castillo que no aparecía en los mapas y bajo el sol declive de finales de verano, Harry y sus amigos fueron testigos de una fiesta sin igual, en donde se respiraba esa felicidad efímera de un sueño que no se preocupa del amargo despertar, que vive el momento sin pensar en qué pasará después. Así se oían risas y charlas amenas en cada grupo por el que pasabas. Los mayores no se molestaban por ser el blanco de los sortilegios Weasley, incluso los gemelos hicieron algún que otro negocio con su gran surtido de maravillosos fuegos artificiales que amenizó la fiesta.

El profesor de Vuelo, y antiguo jugador de quidditch de la selección de Bulgaria, Viktor Krum, se encargaba de las fotos captando todos los momentos que podía. Los invitados, encantados de retratarse junto a los novios, le pedían instantáneas sin cesar, con las que transmitir el deseo a los novios de una vida feliz, mientras mostraban la mejor de sus sonrisas frente a la cámara. El único al que no le hacía ninguna gracia posar delante del improvisado fotógrafo, era a Ron. Harry tuvo que contener la risa ante la sarta de amenazas, que soltaba por la boca su mejor amigo, si semejante individuo volvía a mirar a Hermione como lo había hecho al verla entrar por el pasillo. Por supuesto que ella había negado darse cuenta de ese detalle, con lo que le recriminaba a Ron que se pusiese rabioso, cuando ella, lo único que quería, era disfrutar de la fiesta. Así que el pelirrojo optó por representar al perfecto novio delante de ella mientras que acribillaba a su mejor amigo con ideas de torturas reservadas, en exclusiva, para el famoso antiguo buscador de la selección búlgara.

Harry se mostraba accesible, simpático y educado ante los mayores. Pensaba que quizás así ninguno le sacaría la conversación que no quería oír por nada del mundo, la batalla, que se limitarían a decirle lo alto, fuerte y moreno que estaba tras las vacaciones, y así estaba siendo, con lo que prefirió no cambiar de estrategia hasta que se cruzó con el profesor Snape y la profesora McManaman. El rostro cetrino de Snape seguía siendo el mismo, aunque juraría que un poco más relajado, quizás porque los alumnos aún no habían llegado al castillo. En cambio la profesora sustituta de su tía, Natalie McManaman, lucía hermosa, con esa belleza serena y elegante tan propia de ella. Sus palabras eran dulces y cariñosas cuando habló con los cuatro muchachos. Coincidió que en aquel momento se acercaron los novios. Sirius se hizo cargo de las presentaciones al ver que Snape no tenía ni la más mínima intención de asumir tal papel. Cuando Natalie fue a extender su mano para estrechar la de la novia, Emy se acercó y la abrazó dejando de piedra a la profesora. Sólo se oyó un murmullo pero Harry y Ginny pudieron entender qué le dijo al oído. "Sé que lo habrías cuidado muy bien y te lo agradezco de corazón".

- Nos hubieses venido de maravilla el uno de julio, Emily – El tono de Snape incluso denotaba que no estaba de acuerdo con su propio comentario

- Hoy no es día para hablar esas cosas – Contestó Natalie antes que Sirius soltase algo peor o Emy se viese obligada a contestar. Ambas mujeres se miraban escudriñándose y al final, por la sonrisa en sendas caras, parecía que el dictamen era positivo – Tendremos tiempo para hablar a solas ¿verdad?

- Por supuesto, tienes que ponerme al día de las clases que dejé pendientes – Contestó Emy, endulzando su voz para quedar al mismo tono que su compañera

- Tenemos mucho de que tratar ¡ah! Parece que Arthur y Molly os están llamando – Sólo fue un guiño insinuado y rápido pero Natalie supo que Emy lo captó al momento

- Disculparnos entonces – Se besaron nuevamente y ya con voz más pícara Emy le dedicó una sonrisa al cetrino profesor – Estoy encantada de volverte a ver, Severus

- Lo mismo digo, Emy, aunque sólo sea por no tener que soportar los suspiros de éste – Contestó Snape

- Yo también estoy encantado de volverte a ver – Sirius no trató de disimular, en ningún instante, la ironía que aquella frase. Tiró de la mano de su mujer y se alejaron rumbo a la familia Weasley

Cenaron en el gran comedor, en mesas redondas dispuestas frente a la mesa de profesores donde se sentarían los novios. Emy y Sirius dieron permiso a Harry y a Ginny para que se sentaran con los jóvenes y sus lugares los ocuparon Remus y Bella junto con Arthur y Molly. Fue una gran idea porque así cada uno podía disfrutar de sus amigos y porque Harry no se rió tanto en una comida en toda su vida. Él sabía que los demás echaban en faltaba un hermano Weasley pero Bill, Charlie, Fred, George, Ron y Ginny no iban a desaprovechar ni un segundo en una comida juntos, incluso lejos de sus padres que no estaban controlándoles.

El baile, a pesar de ser clásico y no escuchar ni una sola pieza de música moderna, fue estupendo. Por supuesto lo abrieron los novios y luego les siguieron los padrinos. Para Harry fue como un sueño, por fin tenía a Gin en aquel salón, rodeándola con sus brazos y bailando al son de un hermoso vals, ya no le importó ocultarlo ante nadie. Recordó a sus padres y a sus tíos, y se preguntó si él tendría la misma suerte al regalarle la vida el amor eterno de Ginny.

A pesar del cansancio de llevar los últimos días ajetreados, los novios aguantaron bastante tiempo. Lo que no sabían sus invitados, es que en varias ocasiones habían intentado escaparse al cuarto de las escobas y poder rememorar viejos tiempos. En un momento en el que estuvieron a punto de lograrlo, vieron como Ron y Hermione se colaban en él, aunque salieron disparados al encontrarse a los gemelos allí, sin duda estaban preparando una "agradable" sorpresa al conserje Filch y a su gata.

- Se ve que hoy va a ser imposible – Se quejó Sirius

- Pues tú dirás, en cuanto vengan los alumnos, sí que no vamos a poder

- Eso ya lo veremos, Emily Black

- Es el único apellido que me faltaba – Emy dejó caer su cabeza en el hombro de su marido

- ¿Sabes qué? Nos vamos a ir despidiendo – Sirius la guiaba hacia la mesa en donde estaban sus amigos – Porque sino, no tendré tiempo de darte dos noches de bodas

- ¿Crees que nos dejarán hasta el día uno de absoluta intimidad? Tú y yo solos, en el apartamento, sin bajar a comer, sin recibir visitas, sin tener que vestirnos, sin interrupciones de ningún tipo de mago o elfo, haciendo todo el día...

- ¡NOS VAMOS! – Gritó Sirius captando la atención de todos los invitados y sin haber llegado a la mesa - ¡GRACIAS A TODOS POR VENIR! MUCHAS GRACIAS DE CORAZÓN PERO NOSOTROS... BUENO PUES ESO... QUE NOS VAMOS

La vergüenza no era un rasgo de Emy pero no pudo evitar ponerse roja como un tomate y aún más al oír las risas de la gente que estaba allí, dando como conforme la indirecta del impaciente novio.

Los cuatro muchachos no tardaron en imitarles e ir a dormir a la torre de Gryffindor. Al día siguiente había muchas cosas que hacer y la primordial era ponerse al corriente de lo sucedido en el mundo mágico y con ello, acabar sus días de color de rosa, sobre todo aquel inolvidable sábado.