Capítulo V

Radioactivo

Las sesiones de vigilancia ya se habían convertido en una especie de encuentro diario, Lizzie llegaba puntual a la hora y ella y Loki se quedaban hablando por horas, sobre temas tontos y sin sentido alguno. Poco a poco, ambos iban conociéndose mutuamente y llegaron a ser muy buenos amigos. El semidios nunca había experimentado algo igual, especialmente con una humana. Cada día era el día más importante solo con la presencia de la chica, cuando ella se iba al terminar la jornada, se sentía afligido y vacío. Y era algo mutuo, pues la mortal sentía exactamente lo mismo, aunque ella tenía también a Steve, que la hacía sentir lo mismo, pero de manera absolutamente diferente.

– ¿Adónde vas? Ten cuidado o arrollarás a más de uno – le sonrió a la apurada chica, tomándola por la cintura, evitando a que tropezara con María Hill, que agradeció al capitán con una mirada un tanto… ¿inapropiada?

– Espera, espera, espera… Time out – hizo el gesto con las manos – ¿desde cuándo tú y María "Indiscreta" se miran así? – protestó verdaderamente molesta y siguiendo con la mirada a la atractiva agente mientras se alejaba.

– ¿Mirarnos cómo? No la miré de mala manera, si a eso te refieres – respondió con timidez.

– Pero ella a ti sí, y eso no me gusta – cruzó los brazos furiosa.

– ¿Qué habría de malo en invitarla a cenar alguna vez? – preguntó inocentemente. Parecía que lo había preguntado un niño de cinco años.

– ¿A cenar? ¡Ella no quiere "cenar" contigo, STEVEN! ¿Sabes qué? Eres tan inocente y tierno que no quiero arruinarte, así que solamente aléjate de ella y ya, ¿sí?

– ¿Steven? Así estarás de molesta…

– ¡Lo estoy! – gruñó, pero Steve se sintió reprimido y repuso – Con ella, claro… es que no quiero que te haga daño. No tienes idea de la reputación que se ha hecho esa indeseable mujer, y no quiero que tú seas otra de sus víctimas – le dirigió una mirada de disculpa al rubio, y éste sonrió de lo tierna y a la vez fuerte que podía ser esa voluble chica.

– No te preocupes, tengo mis ojos puestos en alguien más – le sonrió, pues, literalmente, tenía sus "ojos puestos" en ella. Era algo que no podía controlar y mucho menos desaparecer. Él estaba loco por ella, porque solo ella podía hacerlo sentir tan grandiosamente feliz, ella pudiese controlarlo si quisiera, puesto que él sabía que haría cualquier cosa que le pidiera.

– Me alegro – respondió sonriente – Creo… creo que yo también – ante tal revelación, el corazón del joven se aceleró con rapidez y una ola de optimismo lo invadió – Bueno, tengo que marcharme, Loki me espera. ¡Hablamos luego! – gritó mientras se alejaba corriendo y tropezando a todo aquel que estuviese a, mínimo, un metro de distancia.

Mientras bajaba a la celda, algo extraño la atrajo. En uno de los laboratorios subterráneos, donde Stark y el Dr. Banner trabajaban para ubicar el Teseracto, una luz azul celeste la fascinó. Una luz parecida a la del reactor de Tony, pero mucho más brillante e intensa. No era la del cetro de Loki, que era del mismo tono, sino la de un minúsculo cubito sostenido en un soporte universal. Nunca había visto al hipercubo en persona, pero podría jurar que era ese, o al menos una parte de él. Sabía que no debía estar allí, sabía que no debía acercarse, pero algo en ella la alentó a hacerlo. Una motivación repentina, pero no era solamente por mero impulso, sentía que debía hacerlo por el bien de alguien más y de sí misma. Todo ocurrió muy rápido: Lizzie se alejó bruscamente del cubo, pensando en lo estúpido que sería si hiciera lo que quería hacer. Al llegar a la puerta, se detuvo y miró el cubo intrigada e indecisa. Caminó muy rápido hasta él y cayó estruendosamente debido a la explosión. Un frío punzante se expandió desde su mano derecha a todo su cuerpo. Era como si grandes cantidades de nitrógeno corrieran por sus venas, arrollando todo a su paso. El oxígeno pareció extinguirse de la habitación, trató de sofocar sus gritos de dolor para que nadie pudiese escucharla, pero parecía una tarea imposible. Retorciéndose en el suelo, los espasmos hacían que sus huesos resonaran y sus músculos se contrajeran. Después de un largo rato, se sintió un poco menos asfixiada, se arrastró hacia la puerta y se apoyó de la manilla para levantarse. El laboratorio estaba intacto, no había rastros de estallido alguno. Miró con sorpresa como un líquido celeste corría por sus venas, y a través de su piel se destacaba. El color desapareció de inmediato y sus venas volvieron a su color original.

Inestable y apenas consiguiendo caminar, se dirigió a la celda donde el semidios la esperaba. Al verlo, se sintió un poco mejor, pero no del todo. Se derrumbó en la silla de siempre, exhausta, pero aparentando estar como normalmente estaba.

– Llegas tarde – estaba de espaldas a la puerta, y habló en un tono más grave del usual. Luego giró y vio que la chica apenas podía sostenerse – ¿Qué te pasó? – exclamó con genuina preocupación. Se acercó al muro de cristal y apoyó ambas manos contra este, como si al hacerlo este pudiera desaparecer o pudiese atravesarlo mediante su magia, ahora anulada.

– No me pasa nada, estoy bien – trató de sonar lo más convincente que pudo, pero estaba demasiado débil para siquiera respirar.

– ¿Acaso me tomas por ingenuo? ¡Por supuesto que no estás bien! – gritó con voz ahogada, casi como un casi inaudible sollozo – Deberías ir a un sanador en este instante.

– ¿Sanador? – recordó que Loki no conocía la palabra "doctor" y rió para sus adentros – Estoy bien, de verdad – un intento de sonrisa se dibujó en su rostro, nada persuasiva.

– No, no lo estás.

– ¿Desde cuándo te preocupo tanto?, ¿acaso no soy otra humana más que debe "arrodillarse ante ti"? – imitó el tono del semidios, el sarcasmo salió perfecto y ambos sonrieron.

– Me preocupas porque… porque… – las palabras no podían salir, aunque quería gritarlo a los cuatro vientos, simplemente no salían.

– No tienes por qué decirlo… yo… yo también – dijo algo apenada. Ambos sonrieron de oreja a oreja, mirándose con ternura. Se sentían plenos y felices, como siempre imaginaron estarlo.