18. Temores ocultos
- Harry, despierta. Venga, ya son más de las once
- ¿Hum?
- Te he traído el desayuno
- ¿Hum?
- ¡Harry! – Ginny le acariciaba la frente y el cabello suavemente – Hace un día fantástico, aprovechémosle antes de comenzar las clases
- ¿Gin?
- Sí – Besó dulcemente los labios de su chico – Buenos días, dormilón
- ¿Vas a venir a despertarme el resto del curso? – Intentó preguntar con tono meloso e inocente que se vio ahogado por un bostezo
- Me temo que sólo hoy
- Pues que mal, me gusta despertarme y verte junto a mí
- Gracias – A Ginny le brillaban los ojos y el alma – Te he traído un poco de todo
Desayunó mientras ella le comentaba lo maravillosa que había sido la boda y lo que le habían dicho sus padres con respecto a su relación con él. Harry se alegró de saber que la noticia había sido muy bien recibida. No reparó en principio en lo que eso podía suponer, no hasta que ella le comentó su temor al respecto. Ginny le esperó en la sala común mientras él se duchaba y se vestía. Luego se fueron a pasear por los terrenos, dando una vuelta por la orilla del lago, y por último sentándose a la sombra de un gran roble.
- Por supuesto que no insinúo que lo nuestro no vaya a durar – Exclamó con enojo Ginny – No sabes lo que dices al acusarme de semejante tontería
- No te enfades, sólo digo que no te debe preocupar que tus padres me vean con tu novio formal. Emy y Sirius te ven como mi novia formal y no te ha parecido mal nunca
- Es distinto
- ¿En qué? – Harry estaba sentado con la espalda descansando en el tronco del árbol. Se sentía bien allí, viendo como el sol se colaba entre nubes blancas para luego enredarse y bajar por las ramas del roble, hasta posarse suavemente en el pelo de Ginny. A veces temía tocarlo por parecer una lengua de fuego, esa era una de las veces
- ¡Es que yo no quería que se enterasen ahora! – La pelirroja no disimulaba su disconformidad – Además, ellos no nos meten presión
- ¿Qué te ha dado a ti con la presión? Tus padres no han venido ayer, con la varita directa a mi sien, para que les jurara que me voy a casar contigo
- Quizá porque eres tú quien está conmigo. Toda mi vida tuve que oír que, el que se atreviese a salir conmigo, debería pasar el control de los Weasley y ser merecedor de mi persona ¡A veces creo que tengo una familia de trogloditas en vez de magos!
- ¿Ves? Contamos con la ventaja de que ya me conocen y saben que sería incapaz de hacerte daño. Además, deben considerarme merecedor de vuecencia – Dijo inclinando su cabeza y haciendo una floritura con la mano
- Harry... a veces te muestras tan infantil – Ella le miraba con ternura. Sentado a la sombra, daba la impresión de ser un chico más, aunque ella sabía que no era verdad. Él no sólo era importante para ella, sino para toda la comunidad mágica "¡Qué peso tan grande recae sobre ti y que bien lo disimulas!" pensó mientras seguía mirándolo, embrujada por aquellos hermosos ojos verdes y por su sincera sonrisa
- ¿Ahora me llamas tonto? – No podía evitar reírse, le hacía gracia aquella Ginny proteccionista a la vez que insegura – Mira, vamos a limitarnos a vivir el presente de la mejor forma que sepamos ¿vale?
- Para ti es fácil... pero para mí...
- ¿Qué sucede?
- Yo me paso la vida viendo el pasado, presente y futuro de quien se le antoja a la magia
- No te he visto últimamente en ese trance que os da cuando tenéis una premonición
- Ya no hace falta, lo veo en mis sueños, incluso a veces ni lo veo, simplemente lo sé... – Ginny titubeó, deseaba tanto abrir su corazón. Demasiados tormentos en su cabeza que ahogaban su corazón, eso era lo que llevaba arrastrando, si al menos pudiese quitarse uno. Aquel era el momento exacto, estaban solos después de mucho tiempo – No hemos podido hablar... yo... tengo que decirte algo
- Me estás asustando – Harry le hizo un gesto para que se sentara a su lado y ella así lo hizo - ¿Se trata de nuestra relación?
- No... – A Ginny le enterneció la preocupación de Harry y ojalá pudiese desahogarse al completo con él pero, de momento, iría de poco en poco - Es que... cuando saltaste por el acantilado con Emy, yo vi todo lo que tú viste, incluso sé lo que sentiste. Todo apareció en mi sueño a la vez que tú lo vivías
- Entiendo...
- No fue a propósito, yo no quise invadir tu intimidad ¡De verdad que no! – Exclamó intentado defenderse de un posible reproche
- Gin, Gin, tranquila – Harry la abrazó y la acomodó en su pecho – Te lo conté ¿no? Y si lo hice, es porque ahora tengo alguien con quien compartir mi intimidad, y es contigo, no tengo secretos para ti
- No sabes lo importante que es para mí oírte decir eso... – Ginny se agarró aún más fuerte a él. Se iba a atrever, de una vez por todas, a mencionar lo que le estaba torturando desde hace tiempo - Pero Harry, sí que tenemos secretos, secretos y temores que ocultamos, que no decimos en voz alta por si son verdad, para así creer que nunca pasaron, ni pasarán. Algo ocurrió y yo no puedo más, necesito saber si fue verdad o no
No hizo falta que ella dijese nada más para que Harry supiese de qué hablaba. Era cierto, él también se guardaba ese oscuro recuerdo que le atormentaba. A veces lo sentía como una quemazón en la garganta, otras como una fuerte presión en el pecho e, incluso, había llegado a pensar que, cuando quería recordarlo con mayor nitidez, un fuerte dolor de cabeza le asomaba para ocultarlo, para que cesara en el intento. Sin embargo, él quería creer que sólo era una pesadilla, el recuerdo de un mal sueño, porque si la mínima parte de éste fuese real, si la sola mención de dos palabras fuese cierta, entonces caería a ese pozo oscuro que sabía que existía en su corazón, ese en donde el odio acampaba a sus anchas.
- ¡Menudo par de tortolitos!
- ¡Ah! ¡Qué susto! – Exclamó Ginny al ver la poblada barba de Hagrid aparecer tras el tronco
- No quería asustaros, sólo venía a ver si os gustaría ir a saludar al nuevo potrillo de unicornio, están cerca de la cabaña ahora, no tendríamos que adentrarnos mucho – Explicó con una sonrisa
- Pues no sé, Hagrid... – Contestó Harry con el corazón aún palpitando. Miró a Ginny y está le devolvió un gesto afirmativo junto con una sonrisa, para que entendiera que no podían hacerle el feo de no ir – Si Ginny quiere
- ¡Claro que quiere! Sólo hace falta verle la cara ¡Venga, vamos! – Hagrid estaba exultante -¿Qué tal el verano?
- Mitad un horror, mitad maravilloso – Dijo Harry de forma tajante. De pronto vio una buena oportunidad para ponerse al corriente de lo sucedido tras la vuelta de Emy - ¿Y tú? ¿Has estado todo el verano aquí?
- ¡Oh, no! He estado cumpliendo misiones... de las que no puedo hablar
- Aún tenemos tiempo antes de comer, podemos ir a ver a Emerald – Observó Ginny, que había captado a la perfección la idea de Harry – Claro que si no está muy grande y peligrosa
- ¡Emerald! ¡En absoluto! Es una buena idea, iba a ir luego a echarle un vistazo
- ¿Aún no lo sabe nadie? – Preguntó Harry
- Bueno, Dumbledore creo que sí está al corriente de su presencia en el bosque, claro que él siempre lo sabe todo pero no me ha dicho nada
- Sí, él siempre lo sabe todo – Murmuró el muchacho
- ¿Dónde habéis dejado a la otra pareja de tortolitos?
- Ron acompañó a Hermione a la biblioteca esta mañana temprano – Explicó Ginny aún sin creer sus palabras – Después no sé dónde habrán ido
- Seguramente estarán aprovechando a estar solos, a esos dos se les ve muy enamorados – Dijo risueño Hagrid – Ya se veía venir desde que les conocí
- Tú siempre has sido muy perspicaz, Hagrid – Harry utilizó su voz más halagadora. Como Emy solía decir, le estaba haciendo la cama a su amigo para que soltara prenda
- Eso es lo que dicen, aunque yo creo que es una cuestión de saber hablar con los demás y saber escuchar, por supuesto
- Seguro que al final consigues poner de nuestro lado a los gigantes – Ginny seguía el mismo juego que su novio, se notaba que entrenaban juntos y que formaban un gran equipo
- Un buen número de ellos ya han decidido no dar su apoyo a Quien-no-debe-ser-nombrado, después de lo que pasó...
- ¿Se han pasado a nuestras filas? – Preguntó Harry
- Eso está por ver. Este verano volví allí para hacerles un nuevo ofrecimiento de parte de Dumbledore y el Ministerio pero aún no han contestado
- Al menos ya no estarán con él – Se consoló Ginny - ¡AH! Mira, vienen a saludarnos
El pequeño unicornio correteaba hacia ellos con toda la soltura del mundo, sin mostrar temor alguno. Fue directo hacia Ginny, ésta le acarició el lomo suavemente y jugó un rato con él, hasta que apareció el resto de su familia. Sin que nadie le dijese nada, Ginny revisó a los cuatro unicornios. Harry, al principio, no entendía muy bien qué era lo que estaba haciendo pero luego comprendió que buscaba posibles enfermedades. Fue la hembra quien necesitó del don de Ginny, su rodilla delantera izquierda debía de tener alguna fisura, porque la pelirroja mantuvo sus manos más de cinco minutos frente a la herida. Mientras ella le curaba, Hagrid habló con Harry en voz baja.
- ¿Sabes por qué ellos no temen a Ginny?
- No
- Los unicornios son de sangre caliente, al igual que ella. Saben que es especial, muy especial, por eso no sólo no la temen, sino que, incluso, confían en Ginny
- Sí, ella es muy especial – Un fuerte sentimiento de orgullo llenó a Harry. Él sabía, mejor que nadie, el bienestar que ella podía dar. Era una suerte que le hubiese elegido a él entre todos los muchachos del mundo
Salieron rumbo a ver a la dragona. Los dos muchachos, aprovechándose de la ingenuidad del profesor de criaturas mágicas, consiguieron sacar algo más de información sobre lo sucedido en su ausencia, aunque nada de lo que después no fuesen a enterarse. Emerald estaba bastante más grande que la última vez que la vieron. Descubrieron que los seres mágicos por excelencia, los dragones, poseían una buena memoria, ya que se acordaba perfectamente de ellos. Acercándose la hora de la comida, Hagrid decidió acompañar a la pareja al comedor. No es que a ellos eso les importara, es que ambos sabían que se había quedado pendiente una conversación importante.
Cuando llegaron al Gran Salón, ya estaban Ron y Hermione en la mesa, uno frente al otro. Se sentaron con ellos de igual forma. Harry no tardó ni cinco segundos en saber que algo les había pasado, aunque no parecía una discusión, simplemente no se miraban. Hablaron nuevamente de la boda durante la comida pero, sobre todo, del mayor de los cotilleos, y es que a Snape se le veía enamoradísimo de la profesora McManaman, circunstancia que les hacía una enorme gracia. Las chicas decían que incluso estaba más guapo y que debía de ser por tener el rostro más relajado y no la cara aceitunada que siempre se le veía, pero para Harry y Ron sólo había un dictamen "¡pobre profesora McManaman!".
Remus, Bella y Hagrid se unieron a ellos en un banco del patio, tras acabar de comer. No quisieron contarles mucho, ya que les iban a informar de todo cuando los recién casados regresaran de su aislamiento. Al final fueron los cuatro muchachos los que les narraron cómo fue el encuentro con Emy y cómo dio igual que ella no recordara a Sirius. Claro que dentro de la historia estaba Mark Wilcox y ahí hubo un cruce de información por ambas partes, aunque no la suficiente como Harry habría deseado.
Hermione había quedado, a las cuatro y media, con la profesora McGonagall, fundamentalmente para tratar sobre su séptimo curso. Pidió a Ginny que le acompañara, lo cual hizo a regañadientes, ya que significaba que su conversación pendiente tenía visos de no tratarse esa tarde. Los tres profesores también se fueron para ultimar el plan de estudios, así que Harry y Ron se quedaron solos. Decidieron ir a por las escobas y entrenar un rato en el campo de quidditch. No llevarían ni media de hora de entrenamiento, cuando Harry se hartó de estar haciendo el tonto. Ron no estaba, en absoluto, concentrado y aquello estaba siendo totalmente estéril, a parte de cansado. Se sentaron en una de las gradas más altas del estadio. Allí estaban solos y nadie les molestaría. Harry no dudó un instante en preguntarle qué era lo que le pasaba, ya que desde la comida se le notaba un tanto triste e incómodo. Ron permanecía callado, sopesando si contarle o no lo que le estaba atormentando. Al final decidió confesarlo, sino se lo decía a Harry ¿a quién se lo iba a contar?
- Es por Hermione
- No hay que ser muy listo, Ron, para darse cuenta de eso – Ironizó Harry
- Es que... lo nuestro... no sé cómo decirlo – Ron estaba totalmente abatido. Volvía a ser el chico inseguro y frágil de hace unos años. Se le veía dubitativo y nervioso, no sabía cómo confesar lo que había pasado
- ¿Lo habéis dejado? ¿Es eso?
- ¿Eh? No, no, no es nada de eso
- ¿Entonces qué ocurre?
- Hermione y yo no hemos podido...
- ¿Qué? – Preguntó impaciente Harry, al ver que el otro no acababa la frase
- Dar el paso
- ¿Dar el paso? ¿De qué estás hablando? – Harry no entendía nada de lo que su amigo intentaba decirle - ¿Puedes explicarte un poco mejor?
- ¿Recuerdas la conversación que mantuvimos con Emy y Sirius el día después de tu cumpleaños?
- No mantuvimos ninguna conversación con los dos, al menos que yo recuerde, no podíamos hablar casi con Emy, porque no sabíamos cómo estaba, ni de qué se acordaba
- No digo este año, digo el año pasado
- ¿El año pasado? – Harry abrió los ojos, ahora ya sabía de qué hablaba y sólo hizo una afirmación con la cabeza y leve sonido de exclamación - ¡Ah!
- Es cierto que nosotros, los chicos, lo vemos distinto a ellas y que estamos preparados antes... ya me entiendes
- Bueno, sí, aunque tu hermana y yo ni de lejos hemos llegado a eso – Lo último lo dijo deprisa, por si a Ron le daba por cabrearse imaginando a su hermana en tal situación con su mejor amigo
- Hermione dice que es porque vosotros sois mucho más tímidos e inocentes en ese sentido
- ¿Habláis de mi relación con Ginny?
- ¿Tú no hablas de la mía con Hermione?
- Pues no, bueno pero muy poco, no hasta llegar a analizar cómo sois
- Tú sabes muy bien cómo somos cada uno, hemos crecido juntos
- También es verdad
- Pues ese es el problema
- ¿Por qué?
- ¿Te reirás?
- No – Harry le miraba serio, ya que sabía que Ron lo preguntaba serio – Lo prometo
- Cuando estoy con ella soy peor que la Saeta de Fuego, estoy a mil por hora, sobre todo cuando estamos a solas y cuando no, estoy deseando estar lejos de los demás y tenerla en exclusiva para mí – Ron intuyó lo que estaba pensando Harry – No es que nos moleste vuestra presencia, es que... cada vez Hermione ocupa más tiempo en mi mente y no puedo evitar querer más de ella... quererlo todo. Ya nada es lo mismo. Es como si ella estuviese a mil años luz de la Hermione que conocí o de la de hace un año, cuando ya salíamos juntos. No puedo evitar mirarla con otros ojos, es que ella... ella es una mujer, aunque, en verdad, nunca ha dejado de ser la niña insufrible que conocí en el tren el primer año y con la que he convivido hasta ahora, no sé si me...
- Entiendo – Asintió Harry, no es que él sintiera lo mismo pero sabía a lo que se refería - ¿Y cuál es el problema?
- El problema viene porque para ella es un paso muy importante, un paso del que creía estar preparada pero no ha sido así y bueno... ahora... es todo diferente
- ¿Por qué?
- No lo sé. Es como si yo estuviese en un lado del campo y ella en el otro, en equipos enfrentados pero amigos, es difícil de explicar
- Pues esta vez lo he comprendido perfectamente – Harry se inclinó hacia atrás, posando su cabeza en el siguiente banco – Tú estás preparado y ella no. Eso hace que tú pienses si ella, en verdad, te quiere lo suficiente como para dar ese paso, o está contigo porque era lo que tenía que pasar
- ¡Eso es! Vaya Harry, estás hecho todo un loquero – Ron intentó reírse pero no pudo. Imitó a su amigo y centró su mirada en las redondas nubes blancas que rasgaban el azul del cielo - Yo he intentado seguir las fases tal y como nos las explicó Emy
- Ese día pusiste mucho interés en la lección
- Ambos lo pusimos. Mione y yo hemos pasado por todas ellas. Cada una ha sido fantástica y la hemos superado sin darnos cuenta. Es ahora, cuando hablo contigo, que tomo conciencia de todos esos pasos. Los besos, cada vez con más pasión, las ganas de acariciarnos, la progresión en las caricias pero sobre todo, y te lo digo en serio, las conversaciones privadas. Descubrir a una Hermione más sensible, una a la que le gusta que yo la proteja y le dé seguridad, fue el paso decisivo en nuestra relación ¿Te imaginas? Hermione necesitando de mi seguridad. Harry, yo me sentía igual, de hecho me siento así. Ella saca lo mejor de mí, hace que reflexione sobre lo que no entiendo y profundice sobre lo comprendido. Sólo puedo confesarle mis debilidades a ella, y es en ese momento, en el que soy vulnerable, cuando necesito que alguien me guarde de un posible ataque. Al dejar escapar lo que siento hacia ella, es precisamente Hermione quien no permitiría que nadie me dañara. Yo también necesito su protección. Te juro que a veces me siento viejo a su lado, porque siento que estoy en paz conmigo mismo, porque no cambiaría, por nada del mundo, permanecer sentado con ella entre mis brazos. Hemos averiguado tanto el uno del otro, que no sé qué me queda ver mañana
- Supongo que, entre ser una pareja de tímidos e inocentes, a una entregada en cuerpo y alma a cada instante, hay un término medio. No creo que ni lo tuyo sea bueno, ni lo mío tampoco – Harry vio la cara de su amigo y se le cayó el alma a los pies, a Ron se le caía una lágrima por la sien - ¡Venga Ron! Tú lo has dicho, habéis pasado sin problema de una fase a otra. Es normal que esta sea un poco más dura. Háblalo con ella, estoy convencido que lo entenderá. Dile que no pasa nada, que tú puedes esperar hasta que ella...
- Creo que llego tarde
- No lo creo. Aún no habéis estado en una situación comprometida en la que tú... - Harry se incorporó de golpe - ¡Ron! Dime que no...
- No reaccioné como debía, no lo hice y ahora me siento el tío más mierda que hay a mil kilómetros a la redonda
- ¡Oh, no! – Harry hundió la cabeza entre las manos, sabía que eso significa una metida de pata monumental. De repente se dio cuenta, ella no estaba enfadada, era peor, ni siquiera se podían mirar a la cara - ¿Qué le dijiste?
- Mi estupidez habló por mí en primer lugar. Le dije que no podía ponerme la miel en los labios y luego decir que no, que seguro no pondría tantas pegas si fuese otro mucho más famoso y atractivo. Que yo daba mucho más en nuestra relación que ella y que no entendía por qué ponía tantas trabas, cuando todo parecía ir tan bien – Ron apenas contestó con un soplo de voz y ésta sonaba avergonzada y sucia
- ¡Joder, Ron! ¿Qué hizo ella?
- Se vistió en silencio, dijo que me esperaba en el comedor y se marchó – Ron se incorporó. Sus ojos mostraban una tristeza inmensa, la pena del arrepentido - ¿Sabes, Harry? Ella no pensaba nada, lo leí en su mente, se quedó en blanco, sin reproches, sin cabrearse, se quedó sin pensar en nada más que lo que dijo. Sin embargo, yo quise que me tragara la tierra y me llevará directamente al peor de los infiernos. Te juro que jamás en mi vida me había sentido tan desnudo y la ropa que me iba poniendo no cambio mi sentir
Se quedaron en silencio durante bastante rato, mirando hacia el infinito mientras, una tarde más, el sol caía tras las montañas. El atardecer fresco les anunciaba que en pocos días, el sol ya no calentaría tanto y la tierra se llenaría de humedad, para recibir a las hojas y esparcir el melancólico aroma del otoño. No muy lejos de allí, una chica lloraba sobre su cama mientras que otra intentaba consolarla. Tardó un buen rato en calmarse, lo logró abrazada a su mejor amiga. Ambas contemplaban, en silencio, los diferentes matices que aquel sol rojizo, de finales de agosto, les quería mostrar. Lo mejor era dejarlo pasar, nada que se dijese podía mejorarlo pero quizás sí empeorarlo, así que la cordura dictó sentencia, ordenando silencio.
Harry y Ron cenaron solos en la mesa de Gryffindor, las chicas no iban a bajar. Intentaron mostrarse naturales y de buen ánimo cuando charlaron un rato con Dumbledore y, aunque el anciano no mostró darse cuenta de que algo no les iba bien, sabía, al despedirse, que ambos subían a su torre con un pésimo humor. Se quedaron en la sala común hasta la media noche, intentando hablar de otras cosas pero cada conversación era peor que la anterior, hasta que, al final, hablaron de la batalla de La Madriguera, de Percy y de cómo había cambiado todo para Ron desde entonces. Enfrentarse a esa conversación fue para Ron y Harry, combatir contra uno más de sus fantasmas pero, de esa contienda, salieron victoriosos y aliviados.
Poco sabían de una batalla aún mayor. Ésta se estaba dando unos escalones más arriba, justo en el cuarto de las alumnas de séptimo año. Hermione no esperaba que ese día fuese a empeorar, aunque Ginny no pareció asombrarse por ello. "¡Qué irónico!" pensó "yo que creía que hoy podía sacar uno de mis cuatro tormentos fuera de mi cabeza, hablando con Harry, y resulta que viene a visitarme". Las dos escucharon atentas y horrorizadas las palabras que iban a cambiar su vida. No se les estaba pidiendo tomar decisiones inmediatas, tenían que meditar muy bien la respuesta, pero ambas sabían que esa determinación ya había sido tomada por el bien de todos. Aquella noche pasaron de ser dos muchachas tristes por problemas de adolescentes, a voluntarias forzosas para paliar una guerra de adultos. Ninguno de los cuatro Guardianes pudo dormir bien esa noche. El viento no trajo a Hermione nanas, la tierra temblaba bajo los pies de Ron, el fuego no calentó el alma de Ginny y el agua no calmó los ánimos de Harry. Al día siguiente sería uno de septiembre, comenzaría un nuevo curso y los cuatro sabían que, quizás, jamás le terminarían.
Gracias por estar ahí. Hace mucho que no me dirigía a quien está al otro lado de la pantalla. De verdad, gracias. Tiempo atrás me tenían mal acostumbrada escribiéndome mensajes de ánimo, de crítica o de halago, siempre les he considerado un gran recompensa ante el trabajo. He estado tanto tiempo ausente que he de acostumbrarme a no tener ese "acuse de recibo" pero aún así se agradece en el corazón. Este fic está escrito hace años pero no está terminado, lo cual estoy haciendo ahora con bastante ahinco. Si alguien quiere leerle más de seguido o hacer alguna sugerencia de la asiduidad con la que debo actualizar, por favor, decírmelo. Hay mucha historia por delante... se me fue la mano un montón... ahí sí que lo siento.
Un abrazo,
Malala
