19. El primer partido de la temporada
No sabía qué hora era cuando llegó a la sala común, aunque debía ser temprano, porque el sol apenas se asomaba tímido ante la oscuridad. Las sombras de los sillones y las librerías cambiaban a medida que pasaba el tiempo. Ron estaba sentado en el segundo escalón de piedra, con la espalda apoyada en la pared y las piernas flexionadas. Después de una hora de estar allí, se fijó en uno de los mullidos sofás de la sala, sin embargo, no se levantó para ir hacia él, prefirió quedarse allí, incómodo y frío, como si de una condena se tratara por su mal comportamiento. Por más que intentaba pensar qué le diría cuando la viese, nada le convencía lo suficiente. Todas aquellas palabras se le antojaban estúpidas, vacías y sin sentido. Tanto pensar hizo que no se diese cuenta que Hermione bajaba por las escaleras, hasta que la tuvo muy cerca.
- ¡Ron! ¿Qué haces ahí? – Preguntó Hermione un tanto sorprendida
- Esperarte... te he estado esperando desde el alba. Necesito hablar contigo
- ¿Llevas sentado aquí más de tres horas? – Su sorpresa aún era mayor
- Lo siento tanto... yo no quise decir todas aquellas necedades... no sé cómo salieron de mi boca... sabes que no es lo que pienso... tú sabes que...
- No hace falta...
- ¡SÍ! ¡SÍ QUE HACE FALTA! – Ron la cogió por los hombros pero, al ver la cara de Hermione, la soltó de golpe – Déjame terminar, por favor. Debo decirte cuánto lo siento, porque sino, no seré capaz de volver a mirarte a la cara, ni siquiera de mirarme a mí mismo. Tienes todo el derecho del mundo a tomar la decisión más drástica, me lo merezco, pero antes de que me digas que esto se ha terminado, tienes que saber que te amo, te amo de verdad, que siempre ha sido así y que no pretendo que sea de otra manera. Sé que somos muy jóvenes y que los tiempos que nos ha tocado vivir no son los mejores; que estamos rodeados de problemas y que no podemos hacer planes pero también sé que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, que no puedo pensar en un futuro sin ti, que no quiero vivir en un futuro sin ti. Has sido tú quien ha sacado lo mejor de mí y te debo mucho... Sin embargo, te he pagado con la peor moneda y con la más horrorosa versión de mí mismo y lo siento... porque no te lo mereces
- No me debes nada, Ron
- Sí, Mione, claro que te debo muchas cosas y ojalá me dejes pagártelas, aunque sólo sea siendo tu amigo
- Entonces quiero cobrarte ahora, quiero pedirte algo – Hermione intentó contener las lágrimas, se repetía muchas veces que debía de ser fuerte. La situación había cambiado tanto después de la visita que tuvo esa noche, que ya no le importaba en absoluto la salida de tono de Ron y menos al saber que, quien peor lo había pasado, era el propio Ron. Se moría de ganas de abrazarlo, de quitarle esa cara de tristeza, ese brillo de dolor en sus ojos. Quería ver a su novio, al que la miraba siempre traspasándola, haciéndola sentir mujer. Quería sentirse protegida bajo sus brazos, soñar, al menos un instante, que nada malo podía pasarla mientras estuviese allí refugiada. Necesitaba hablar con él como últimamente, cuando ya no importaba que ella le hablase de cualquier tema, porque a él le encantaba escuchar lo que ella le pudiese explicar o proponer. Ahora sólo le importaba recuperar todo eso y nada más
- Lo que tú quieras, haré lo que me pidas, te daré lo que se te antoje...
- Quiero que olvidemos esto, al menos de momento, quiero que hagamos como que nada ha pasado, quiero que seamos los que fuimos ayer, los que entraron en aquel cuarto llenos de ilusión. Quiero vivir el día a día y nada más
- ¿Eso quiere decir que no me vas a dejar? – Preguntó Ron con un brillo de esperanza en su cara
- ¡Claro que no! – Hermione sonrió y a Ron se le aflojaron las rodillas. Ella le agarró de inmediato abrazándolo fuerte - ¿De verdad me quieres, Ron?
- Tanto que a veces me vuelvo un loco y un necio – Ron la miró. Tenía su rostro tan cerca, sus ojos inquietos, su pelo revuelto, aquella piel de porcelana y ese olor que le sacaba los instintos. No lo pensó ni un momento y unió sus labios a los de ella. Sus bocas se abrieron para dejar salir sus ansias de juntar, una vez más, aquellas dos almas
Harry estaba despierto. Llevaba consciente por lo menos diez minutos, sin embargo no abría los ojos, se mantenía en la oscuridad, le ayudaba a pensar mejor. Dumbledore les había dicho que después de comer tendrían una reunión, donde se les explicaría y pondría al corriente de la situación. Bien sabía que ninguno de los temas a tratar le haría sentirse mejor. Dentro de unas horas, todos sus compañeros volverían al castillo y tendría que enfrentarse a ellos. Chicos y chicas que habían perdido a algún familiar en aquella batalla, con los que había luchado sin saber que eran unos simples títeres. Personas guiadas por una mano tenebrosa, que disfrutaba viendo como eran ellos los causantes de aquellas muertes. Personas inocentes, asesinadas a su costa. Bien sabía que llegaría el día en que tendrían que enfrentarse a los ojos de los hijos, nietos, sobrinos o amigos de aquellos desconocidos. Sería juzgado por esas mentes, sería condenado por esos corazones. Intentaba encontrar alguna excusa factible, alguna frase sincera que, al menos, pudiese paliar un poco su culpa ante ellos pero nada de lo que llegaba a su cerebro le era válido ¿Hubiese él perdonado a alguien en su situación? ¿Hubiese escuchado las excusas o razones del culpable?
- Ya lo hiciste
Abrió los ojos sobresaltado, no había notado la presencia de Sirius en la estancia. Estaba sentado en la cama de Ron, mirándole fijamente. Su aspecto era inmejorable, llevaba el pelo suelto, largo y limpio, parecía que las canas habían desaparecido con cada momento al lado de Emy. Sus ojos grises brillaban con intensidad, con esa que da el estar profundamente enamorado. Y aunque mostraba un gesto serio, Harry podía notar como el resto de él sonreía abiertamente, sin poderlo evitarlo, porque era feliz.
- Me perdonaste, escuchaste mis razones y fuiste tú quien me devolvió las ganas de seguir viviendo, en un mundo injusto e impotente para mí. Así que tu respuesta es sí
- No sabía que pensara en voz alta
- No lo hacías pero tus pensamientos eran tan fuertes, que cualquiera de nosotros cinco hubiese podido escucharlos
- Sí, bueno...
- Harry, no adelantes acontecimientos. Cuando entres al Gran Salón, mira de frente a todos los que lleguen, porque no mataste a nadie en esa batalla y yo tampoco. Estamos en guerra y perdimos ese primer envite. Si decaemos ahora, perderemos el segundo y el tercero. No podemos permitírnoslo, porque debemos ganar esta guerra, porque Voldemort no debe apoderarse de nuestra libertad ¿Estamos de acuerdo?
- Sí, estamos de acuerdo – Harry no lo dijo completamente convencido, todo se le estaba poniendo cuesta arriba
- Ahora date una buena ducha, de esa que echa los malos pensamientos por el desagüe y baja a desayunar. Yo me llevo a Ginny abajo conmigo, Ron y Hermione ya desayunaron hace rato ¡Ah! Y baja la escoba, que vamos a echar un partido
- ¿Un partido? ¿Quiénes?
- Si te lo digo, ya no es una sorpresa – Sirius le guiñó un ojo y se marchó
Se cruzó con Ron en las escaleras, no sólo estaba supercontento, sino que encima no paraba de decir "¡Ya verás! ¡Ya verás!". Ginny le esperaba en la mesa del comedor mientras leía un libro traído de España. A su lado, descansando en el banco, su Saeta de Fuego. En la mesa principal sólo estaba la profesora Sprout, discutiendo de la elaboración de alguna poción con la enfermera Pomfrey, así que se acercó despacio a Ginny y le robó un suave beso en la boca.
- Ya era hora, te estás haciendo más remolón que mi hermano
- Sí, sí, lo sé – Harry miró la escoba mientras cogía unas tostadas para desayunar - ¿Sabes de qué va todo esto?
- Sí pero no pienso decírtelo, es una sorpresa ¡Y te va a encantar!
- Vale, vale – Harry dio un sorbo a su café y miró a Ginny, sabía que ella había sido el apoyo de Hermione ayer - ¿Qué tal está?
- ¿Quién? – Preguntó asustada la pelirroja, pensando que igual él sabía lo sucedido anoche
- Hermione
- ¡Ah! – Exclamó aliviada – Bien, bien. Mi hermano a veces es un capullo integral pero no dudo que la quiere muchísimo. Ya lo han hablado y está solucionado, claro que ahora están aún más empalagosos
- No pensé que tuviese una solución tan fácil y rápida. Después de pasarme la vida entre ellos dos, enfadados durante semanas por tonterías, es gratificante ver que por una vez que tiene un problema serio, lo solucionan en un abrir y cerrar de ojos
- Sí, así es el amor, toda una paradoja ¿Has terminado?
- ¿Tienes prisa?
- Nos están esperando en el campo de quidditch
- En ese caso, vamos
De camino al campo de quidditch, Harry y Ginny se contaron lo mal que estaban Ron y Hermione ayer por la tarde y lo complicado que a veces se ponía una relación. Ginny aprovechó para demostrarle a Harry que era a eso a lo que ella se refería, y que no le hacía ninguna gracia que su familia se metiese en medio de su relación con él, sobre todo porque nunca se sabía qué iba a pasar. Harry entendió que llevaba parte de razón pero también le dijo que quizás, en el fondo, fuese de lo más normal. Como siempre, no terminaron su conversación, ya que al llegar al campo, Ron y McGonagall les embistieron para que se pusieran las túnicas.
Harry miraba a su amigo, quien hacía verdaderos esfuerzos por no desternillarse de la risa al ver a la profesora de transformaciones vestida con el uniforme de Ravenclaw. Ésta le explicaba a Harry y a Ginny que habían decidido jugar con el equipaje de esa casa y de Hufflepuff, para no convertir un simple partido amistoso, en una contienda entre casas. En verdad, se refería a ella contra otro profesor que estaba en el equipo contrario. A Harry casi le da un pasmo cuando salió al campo y se encontró a Sirius, Remus, Krum y Snape en un corro hablando en voz baja y vestidos de amarillo canario. Hermione, Bella y Emy les saludaron desde las gradas. Harry pensó que ellas tres serían, sin lugar a dudas, quienes mejor se lo iban a pasar aquella mañana.
- Bueno ¿Empezamos de una vez? – Snape utilizó su tópico tono para hacer sentir fatal a Harry por ser el último en llegar
- Sí, ya estamos preparados para meterte tantos goles como oportunidades tengamos – Contestó de pronto la profesora McGonagall, dejando sin habla a los demás
- Eso ya lo veremos, querida Minerva
- Lo que yo te diga, querido Severus
- ¡Sorpresa! – Le dijo Sirius al oído a Harry
- ¡Ni que lo digas! ¿A quién se le ha ocurrido esta locura? – Preguntó Harry a su padrino
- A ellos dos. Tienen un pique considerable por los últimos años que lleváis ganando. McGonagall le dijo a Severus que tú serías capaz de derrotar al mismísimo Viktor Krum y que ella le podía meter a Snape todos los goles que le diese la gana sin sudar. La verdad es que la copa de licor de frutas silvestres a la menta que llevaba encima, no le debió de sentar muy bien
Si aquello no era lo suficientemente surrealista para Harry, el árbitro resultó ser el profesor Flitwick, con una escoba hecha a su medida. La situación se ponía de mal en peor, ahora en la grada también estaban Sprout, Pomfrey, Sinitra, Vector y McManaman, lo que hizo que Snape se creciese aún más y no estuviese por la labor de permitir quedar en ridículo frente a ella. Pero el colmo de la expectación se lo llevó al ver al director Dumbledore, llegando del brazo de la profesora Trelawney. Cuando los dos últimos espectadores se colocaron en las gradas, el pequeño profesor de encantamientos se hizo oír.
- Esto es un partido amistoso, prueba de ello es que no soltaremos las bludgers
- Por que no tenemos golpeadores voluntarios sino...
- Amistoso, Severus – Recalcó Flitwick – Como guardianes estarán el profesor Snape y el señor Weasley. Como cazadores, por un lado, los profesores Black y Lupin y por otro, la profesora McGonagall y la señorita Weasley. Los buscadores serán el profesor Krum, para el primer equipo, y el señor Potter, para el segundo. Al no haber bludgers en el partido, se hará a tres capturas de la snitch. El equipo que consiga atraparla en más de una ocasión, será el vencedor ¿Alguna pregunta?
- Sí – Dijo Krum - ¿Tiempo máximo?
- Pues siento decir que hasta la comida, esto ya nos quita de nuestras obligaciones, como para alargarlo más de la cuenta – Contestó el improvisado árbitro con cierta pena por ser conscientes de sus quehaceres – Si no hay más dudas... ¡A sus puestos!
La adrenalina se apoderó de Harry nada más subir a su escoba, ya no existían problemas, ni temores, sólo el enfrentamiento de aquellas ocho personas. Vio a Ron muy concentrado en los aros y a Snape más que preparado a que no pasara ninguna quaffle por los suyos. Él y Viktor Krum estaban más elevados que los demás, soltaron la snitch, que fue a saludar a cada uno, y luego desapareció. En medio del campo, y rodeando al árbitro, estaban los cuatro cazadores. Ginny sonrió a Sirius y éste le devolvió el gesto. En cuanto Flitwick soltó la pelota, ambos salieron como rayos a por ella pero fue Ginny quien la atrapó primero.
Era realmente difícil estar atento a la snitch, Harry alucinaba viendo volar a la profesora McGonagall. Resultó ser muy buena y se compenetraba a la perfección con Ginny. Ambas eran rápidas y precisas, mientras que Sirius y Remus eran más torpes pero sabían quitar mucho mejor la pelota. Todos los que juegan saben que no sólo basta con tener durante más tiempo la posesión de la quaffle, hay que ser preciso y saber engañar al portero, y en este caso Ron les ganaba. No es que estuviese utilizando uno de sus dones, no, en verdad no les necesitaba, es que Sirius y Remus eran muy tradicionales en su juego y les había captado desde el principio. Les costó siete intentos colarle el primer gol, lo que cabreó considerablemente al pelirrojo, que pretendía ser imbatible. Las chicas adivinaban las jugadas que la otra intentaba hacer. Y así los espectadores pudieron deleitarse con "El paso del cojo", que consistía en engañar al portero, creyendo que tiraría a puerta, cuando se lo pasaba a su compañera, que estaba más retrasada y desde allí lanzar al aro contrario desde cierta distancia. Por supuesto, terminó en un gol precioso por parte de Ginny, que Harry aplaudió entusiasta. Luego McGonagall culminó su actuación al demostrar "El regate de la avispa", una consecución de zigzag delante del portero hasta marearle, de tal forma, que ya no supiese ni a dónde ir, y marcarle un gol que dejó boquiabierto al mismísimo Dumbledore. Harry oyó lo que la profesora le dijo a Snape: "¿Aún consideras que estoy muy mayor para esto?". Éste no respondió pero sus labios desaparecieron de su cara.
Las actuaciones de Harry y de Krum eran espectaculares, ambos habían intentado hacer "El amago de Wronski" pero ninguno de ellos consiguió que el otro cayera al campo, los dos eran muy buenos en bajadas en picado y frenadas. La velocidad de Krum no había disminuido con los años y la de Harry la había igualado con el paso del tiempo, desde que le viese por primera vez en los mundiales de quidditch, en su cuarto año. El primero en atrapar la snitch fue Krum, lo que hizo que Snape diese un gran grito de victoria pero la segunda captura la protagonizó Harry, en una carrera de empujones y virajes asombrosos por su parte, hasta atrapar, entre sus manos, la pequeña pelota alada y dorada para desilusión de su contrario, que se quedó a un milímetro de ella.
El resultado era favorable para el equipo de McGonagall pero sólo por dos tantos. Ambos porteros estaban guardando los aros con auténtica maestría, haciendo que, a pesar de llevar más de una hora de juego, los marcadores sólo apuntaran 80 a 60. La tercera snitch se estaba haciendo de rogar y, tanto los cazadores, como los guardianes, comenzaban a esbozar el cansancio producido por dar el máximo. A las dos horas se veía 120 a 120 en el tablero y la pelota dorada pasando por enfrente. Los dos buscadores se lanzaron como flechas hacia ella y se oyó un grito de asombro, que ambos entendieron como consecuencia de la emoción pero en realidad fue por otro motivo.
Hagrid entró corriendo y gritando en el campo de quidditch. El motivo estaba sobre las cabezas de Harry y Krum. Mediría unos diez metros de envergadura y desde la punta de sus garras, hasta el final de sus orejas, fácilmente había otros tres metros de altura. Su piel, color verde esmeralda, brillaba con intensidad bajo los rayos del sol y el silbido que producía su vuelo, era como el canto de una sirena, suave y relajante. La hermosa dragona Emerald, volaba directa hacia la snitch. Parecía que aquel juego también le gustaba a ella pero confundió el fin, ya que de un simple soplido de fuego, volatilizó a la pobre y pequeña pelota alada ante el asombro de los presentes pero, sobre todo, de los dos buscadores que frenaron en seco su vuelo. Los ojos de Harry estaban abiertos de par en par, no por la presencia de la dragona, sino porque el secreto de Hagrid se iba al traste y, con él, la oportunidad de seguir teniendo a Emerald allí. Pero era Krum el que peor estaba. Debía de ser porque no le quedó un buen recuerdo de esas criaturas en la primera prueba del Torneo de los tres magos, ya que salió despavorido de allí.
Por mucho que Hagrid le gritó a su mascota que bajara, ésta no le hizo el menor de los casos. Se la veía feliz planeando por el campo de quidditch y chamuscando los estandartes que rodeaban las gradas. En una de estas estaba la profesora Trelawney diciéndole al director que ella ya sabía que eso iba a pasar. La enfermera Pomfrey se escondía debajo de un banco de madera, como si con ello fuese a salvar la vida. Las profesoras Sprout, Sinitra y Vector intentaron ponerse detrás de Dumbledore pero como era normal, las tres no podían y comenzaron una pelea para ver quien ocupaba la mejor posición. Natalie y Arabella, miraban anonadadas el caos que se había suscitado en menos de un minuto, mientras que Emy no hacía más que reírse a carcajadas.
Dentro del campo, McGonagall intentó llevarse de allí a los tres muchachos pero no vio más que a Harry y le ordenó que bajase inmediatamente a los vestuarios. Cuando estaba a punto de negarse, vio a Hagrid tapándose la cara con las manos y negando. Sabía que él no iba ser muy útil allí arriba, así que decidió bajar a consolar a su amigo. Ron se había ido a una de las gradas, donde Hermione apagaba un fuego producido por la dragona. Entre los dos intentaron enmendar, lo antes posible, los deterioros "inofensivos" de la mascota de Hagrid, ellos también sabían que tenía los días contados en los terrenos.
Sirius, Remus y Snape fueron directos hacia el director. Dumbledore permanecía callado, viendo los movimientos de la dragona y pensando. Las contundentes quejas de Snape no parecían sacarle de esos pensamientos, hasta que señaló hacia ella con el dedo. Todos quedaron en silencio, incluso Emy dejó de reírse a carcajadas para permanecer con una sonrisa en la boca. Ginny volaba a la par que la estela verde, ambas hacían las mismas florituras, hasta que en una de ellas, la dragona se coló por debajo de la pelirroja, atrapando a ésta en su lomo. Ver a Ginny en semejante situación, terminó de confirmar a Harry que ella era realmente especial. Iba sentada sobre el dorso, ni siquiera pegaba su cuerpo al de la dragona o se agarraba con fuerza, no, se limitaba a tener en una mano su Saeta de Fuego, mientras que con la otra acariciaba la cabeza de Emerald. Por un momento ascendió en círculos abiertos pero luego bajó suavemente y en línea recta hacia el campo de quidditch, posándose a los mismos pies de Hagrid y Harry.
- La tienes muy bien educada, Hagrid – Dijo sonriente Ginny, una vez bajó por la espalda de la criatura como por un tobogán de color verde brillante
- Si la tendría muy bien educada, no se me habría escapado y montado todo este lío. Ahora me la quitarán, me la quitarán – Terminó llorando el semigigante
- Ella no pretendía dañar a nadie
- ¿Y usted cómo lo sabe, señorita Weasley? – Preguntó Dumbledore tras ella
- Se ve que lo único que quería era volar un rato. Ella ha pensado que también podía jugar. Nosotros lo hacíamos y ella quiso imitarnos
- ¡Oh, lo siento tanto! – Sollozaba Hagrid mientras todos llegaban hasta ellos y se colocaba a un lado de la dragona – De verdad que lo siento profesor Dumbledore, yo no pensé que esto pudiese pasar
- ¡Ni las estupideces de Potter superan esta imprudencia! – Exclamó Snape con tono severo
- ¡Deja en paz a mi muchacho! – Gritó Sirius sin dar tiempo a que Harry abriese la boca para defenderse – Tú has hecho cosas bastante peores y él no te dice nada
- Es una pena que los dementores...
- ¡BASTA! – Una sola palabra de Dumbledore y hasta Hagrid dejó de llorar. Snape echaba fuego por los ojos, mientras que Sirius sonreía fanfarrón por su pequeña victoria – Debes entender, mi querido amigo, que ella no puede permanecer suelta mientras estén los alumnos aquí
- Lo sé, la enviaremos a Rumania con Norberto – Hagrid estaba a punto de volver a llorar
- Yo no he dicho eso, sólo que no puede permanecer suelta – Dumbledore se mostraba serio pero a la vez parecía que aquella situación le agradase - Por mí, podemos hacerle un hueco en alguna parte del bosque
- ¡Pero Albus! ¡Está prohibido tener a un dragón en el colegio! – Protestó McGonagall - ¿Qué dirían los padres si se enterasen? Bastante conflictiva está la situación ya, como para añadir un problema más
- Me temo que opino lo mismo, director – La cara de Snape se salía de los cánones de la ira contenida – Por no hablar del Consejo Escolar. Nos quitarían a cada uno nuestros cargos de inmediato, si averiguan que escondemos un dragón en los terrenos
- Tú lo has dicho, Severus, si averiguan – Dumbledore miró por encima de sus gafas de media luna a Hagrid – Tendrás que ocuparte de ella constantemente y enseñarla a comportarse. Aún es joven y la señorita Weasley tiene razón al decir que, lo único que quería esta belleza verde, era jugar
- Me ocuparé de ella, lo prometo
- Eso implica que no puedes atender las mismas obligaciones que hasta ahora. Tú verás si... – Dumbledore intentó decirle lo que los demás entendieron sin apenas palabras - Te compensa dejar la mayor de tus actividades en el colegio
- Profesor Dumbledore, yo... bueno si no es una molestia para usted... yo siempre quise tener... aunque para mí es un orgullo ser profesor... no sé qué decir
- Haremos una cosa, de momento cuida a...
- ¡Emerald! Se llama Emerald – Exclamó orgulloso Hagrid
- A Emerald, bonito nombre y muy apropiado, y yo me encargo de encontrarte un sustituto ideal que te ayude con todas las actividades ¿Te parece bien?
- ¡Oh, sí! ¡Extraordinario! – Ahora ya nada pudo parar las lágrimas de Hagrid
Dumbledore dio dos palmadas en la espalda a Hagrid y salió hacia el castillo sin más explicaciones. Pomfrey, Sinitra y Vector hicieron lo mismo, mientras que los demás parecían en trance mirando a la dragona soltar aros de humo por la nariz.
- Todo este ajetreo enturbia mi paz espiritual – La voz extravagante y suave de la profesora de Adivinación, sonó después de medio minuto de silencio
- ¡Paz espiritual! – Exclamó, con voz burlona y cínica, Snape - ¡Semejante tontería!
- ¡Severus! No seas impertinente – Riñó Natalie McManaman pero lejos de arreglar el comentario del profesor, lo empeoró a los ojos de la víctima, haciendo que la profesora Trelawney saliera con pasó rápido y lagrimones, enormemente agrandados por sus gafas, en los ojos – Yo sólo quería defenderla
- ¡Está pirada! – Increpó de nuevo Snape y sin dejar que nadie le replicase, se marchó
- No sé qué le pasa hoy, está de un humor nefasto – Explicó Natalie
- Querida – Dijo McGonagall con tono molesto – Yo diría que hoy es uno de sus días buenos, imagínate lo insopor... cuando tiene uno malo
Emy y Sirius soltaron una carcajada. Bella miró a Natalie y se compadeció de ella, así que decidió que era mejor cambiar de conversación. Dio un codazo a Remus para que le siguiera el juego y comenzó con la distracción.
- Minerva – Dijo llamando su atención - Hoy me has dejado alucinada, sigues en muy buena forma, has jugado espléndidamente
- ¿Sí, verdad?
- A mí me ha costado lo mío seguir el ritmo, uno ya no está para estos trotes – Añadió Remus lamentándose interiormente que fuese absolutamente cierto – Sirius en cambio lo cogió enseguida
- ¡Por supuesto! ¿Qué creías? ¡Estoy hecho un chaval!
- Sí que sigues en forma – Halagó la profesora de transformaciones, yendo de camino con sus compañeros hacia el castillo – Una lástima que haya acabado el partido así, estoy segura que Harry hubiese cogido la snitch
- ¡Ey! Yo estaba a punto de atraparla – Se quejó Krum marchando detrás de ellos
Dejaron en el campo a Hagrid, los cuatro muchachos, Emy y la dragona. Harry y Ron hablaban con Hagrid sobre Emerald, mientras que Emy fue hacia las chicas.
- Hoy no has sido muy inteligente, Ginny
- ¿Por qué dices eso, Emy? – Dijo asombrada la pelirroja
- Porque has metido ocho goles a tu profesor de pociones y no creo que te lo vaya a perdonar
- No me importa en absoluto las repercusiones que me pueda acarrear, ha sido fantástico batirle en los aros
- ¡Qué valiente! – Rió Emy
- ¡EMY! ¡VAMOS! – Sirius le llamaba a gritos desde fuera del estadio
- Me tengo que marchar, chicas ¿Acompañáis a Hagrid a dejar de nuevo a Emerald en su guarida?
- Claro – Contestaron las dos
- Entonces nos veremos luego en el comedor – Emy salió corriendo como una niña y cuando llegó a donde estaba Sirius, éste la cogió dándola una vuelta por el aire
- Se les ve muy bien ¿Verdad? – Dijo Ginny sonriendo
- Ella no sabe que no es valentía lo que has hecho hoy, es que te va a dar igual – Hermione bajó la cabeza, se la notaba bastante decaída
- ¡Chicas! – Llamó Ron - Vamos al bosque a acompañar a Hagrid
- Id delante – Contestó Hermione. Comenzaron a caminar más despacio que los demás. Los ojos marrones le brillaban con intensidad – Tú ya lo tienes claro ¿Me equivoco?
- Sabes de sobra, Mione, que no tenemos otra elección – El tono de Ginny también era serio
- Siempre hay más elecciones, me niego a pensar que no podamos cambiar ese horrible plan ¿Sabes el daño que haremos?
- Pues tú dirás qué se te ocurre. No nos queda mucho tiempo, no sé hasta cuándo... Mione ¡No llores! Se darán cuenta – Ginny le pasó un brazo por los hombros
- Lo que no entiendo es cómo tú estás tan campante – Se quejó entre sollozos
- ¡Qué equivocada estás! Perder a Harry y hacer daño a mi familia es algo que no podré soportar pero no puedo hacer nada, si no lo hacemos, si llega a caer en sus manos... Hermione, estaremos todos muertos
- Lo sé
- Que no te vea llorar, pensará que es por lo de ayer – Dijo Ginny refiriéndose a su hermano
- Esta mañana he tenido que hacer verdaderos esfuerzos por no derrumbarme. Creo que está alucinando por como he respondido... Fue tan sincero, estaba muy arrepentido... ¡Oh, señor! Le quiero tanto ¿Cómo le voy a hacer esto?
- Tranquila, tranquila – Ginny abrazaba a su mejor amiga – Si te ve así, tendremos que dar explicaciones, además intentará leer tu mente y comprobará que la has bloqueado
- No lo haría, no leería mi mente
- Una de dos, Hermione, o no conoces a mi hermano, o es que estás muy enamorada
- Más bien lo segundo
Hermione se limpió las lágrimas de la cara, luego apuntó con su varita al rostro e hizo un conjuro para que no se notara que estuvo llorando. Apretaron el paso hasta llegar a donde ellos y no pudo evitar ponerse al lado de su pelirrojo y cogerle la mano. Ron la sonrió y le guiñó un ojo. En cuanto estuvieron un momento separados le susurró al oído: "eres lo mejor que me ha pasado". Hermione sintió como su estómago se revolvía y su corazón se encogía. Debía ser fuerte y se tragó las ganas de arrancarse a llorar. Lo que ellas iban a hacer, quizás ellos no lo entenderían pero era para el bien de todos.
