Capítulo VII
El Héroe
Lizzie dormía plácidamente en su habitación a plena luz del sol, siendo el segundo día que no salía de la cama. Alrededor del mediodía, Steve iba y la despertaba con ternura, llevándole un desayuno que, ya en horario de almuerzo, ella le agradecía con un gentil abrazo fraternal. Estando en su cama, aún medio adormecida, se despertó a causa de un alboroto en los pasillos. Alarmada, se colocó su uniforme, por primera vez en días, y salió para averiguar la razón. El ambiente en los corredores estaba más agitado del habitual, e instintivamente, se dirigió a la sala de "Asuntos Internos", donde seguramente encontraría la respuesta a la gran pregunta: ¿Qué demonios sucedía? En el trayecto, notó que parte de la nave estaba destruida y quemada, como si una gran explosión hubiese pasado mientras ella estaba en los brazos de Morfeo. ¿Cómo podía ser posible que no se diera cuenta de semejante suceso?, ¿no sentir una explosión? Eso era demasiado. Había varios agentes que estaban heridos, otros, lamentablemente muertos. Todos llevaban rasguños y moretones, renqueando hacia la enfermería. Esto la llevó al límite, se apresuró para llegar lo más rápido que sus pies podían ir. Fury gritaba improperios, y de los mismos, solamente se podían distinguir las palabras "arma", "escape", y "Coulson". Le daba vueltas a la sala en grandes zancadas, mientras hablaba, los demás estaban sentados alrededor de la gran mesa, con muy mala estampa. Todos estaban perdidos en sus pensamientos, incluso Stark, que siempre se destacaba por ser el más alegre y enérgico de todos. Él, en especial, parecía el más dolido y desesperanzado, esto no le dio buena impresión a la chica, que comenzó a imaginarse lo peor. Nick giró y vio a la muchacha, cuya expresión expresaba exactamente lo que no podía preguntar, debido a los nervios. "Coulson… falleció. Y Loki se ha escapado", dijo con voz grave y algo débil. Un grito ahogado, acompañado de varias lágrimas, vino de la muchacha, que no pudo creer lo que oyó. Coulson muerto, y Loki fugitivo… Sí, era más información de la que se esperaba y de la que podía procesar. Todo comenzó a darle vueltas y comenzó a marearse, Steve era el único que sabía por qué. Este le ofreció su asiento, el más cercano a la puerta, en el que se derrumbó y comenzó a hiperventilar. ¿Sería posible? Oh, no, esperaba que no. ¿Acaso Loki tendría algo que ver con la muerte de su compañero?, ¿si era el culpable, lo seguiría amando con tanto fervor?, ¿cambiarían las cosas debido a esto? Ciertamente, tenía más preguntas que respuestas, y solo podía encontrar el consuelo que necesitaba en los azules ojos del capitán, que trataban de calmarla. El gesto de decepción en su rostro era imborrable, lo que hizo sentirse a la chica aún peor.
Ciertamente, toda la situación era agobiante, que hizo que la muchacha no volviera a la realidad en un buen rato. Cuando lo hizo, se percató de ciertas cosas: Sabía que Clint Barton estaba fuera de la misión, pero resultaba que estaba bajo un raro hechizo hipnótico de su amado. Sí, otra razón para odiarlo aún más. Bruce Banner no estaba en la nave, porque se había transformado en "Hulk" y Thor fue expulsado en la celda de máxima seguridad de Loki, por un truco que este le jugó. Allí sí que empezó a aborrecerlo, y mucho. Entonces él la engañó como una tonta, todas las cosas hermosas que le había dicho eran mentiras y más mentiras. Había utilizado a uno de sus compañeros, había provocado al sensible Banner para que se transformase, había expulsado de la nave a su propio hermano y, tal vez, había asesinado al buen e inocente Coulson. Oh, definitivamente esto sobrepasaba las barreras del odio y la aberración, lo que sentía era verdadera repulsión y furia contra aquel al que alguna vez amó. No sabía qué hacer, su mundo estaba completamente de cabeza, tanto así que ni siquiera Steve podía hacer algo para calmarla. Sus temblores empeoraron, ya no tenía suficiente agua en el cuerpo, pues casi toda la había sudado, el oxígeno se estaba extinguiendo y tenía que hacer algo para tranquilizarse de inmediato, pues en sus venas estaba empezando a entreverse el color celeste fluorescente que, por nada del mundo, Fury debía saber qué era. Lo más lógico que podía hacer era largarse de allí, de la forma más rápida y sigilosa que pudiera… pero no resultó como esperaba. Con gran estrépito, cerró la puerta a sus espaldas y se dirigió a su habitación. Steve la siguió. Cuando llegó, la alcoba estaba desordenada, escuchaba gritos provenientes del baño. Lizzie estaba furiosa, partiendo, rompiendo y derrumbando todo lo que estaba a su paso. Su expresión de ira le causó un gran impacto al chico, que jamás se hubiese imaginado verla así. Sus ojos cafés llameaban desorbitados, unos gruñidos estridentes provenían de su garganta y lanzaba los objetos con una fuerza que no sabía que tenía. Luego, se detuvo en seco cuando se dio cuenta de que Rogers la miraba con perplejidad: se acercó a él, con rapidez, para darle un abrazo y este, todavía asustado, dio un paso atrás instintivamente. Al ver que la chica comenzó a sentirse mal, la abrazó muy fuerte y esta se echó a llorar sobre su musculoso pecho.
– No sabía… que él era… era capaz de… de… – su voz salía a medias, ya que los sollozos se atravesaban en su faringe.
– No quiero sonar presumido, pero… siempre te dije que no confiaba en él, ¿o no? – la chica asintió, derrotada – Pero nunca me esperé algo como esto.
– Y se pondrá aún peor – una voz femenina resonó en el cuartito. Natasha se estaba colocando varias armas de fuego en su cinturón – Loki abrió un portal, que está trayendo aquí a unas criaturas de quién sabe dónde y debemos actuar ya. Debes prepararte, Steve.
– Muy bien, enseguida voy – contestó, la "Viuda negra" asintió una vez y siguió de largo – Bueno, trata de cuidarte, ¿está bien? Si… si no llego vivo, yo…
– ¡No digas eso! No, no lo digas – se alarmó la joven – No morirás, nadie morirá… – una idea llegó a su mente, que aunque no muy buena, era la única opción más favorable que luchar en una batalla contra adversarios inmensurablemente mejores y más peligrosos que "Los Vengadores" – Hablaré con Loki – el capitán la miró incrédulo – Sí, le pediré que cierre el portal, él seguro sabrá que lo que está haciendo está mal, y con suerte…
– ¿Estás loca? Él no te escuchará, ¿no te acabas de dar cuenta de lo que es capaz de hacer? Nadie le hará cambiar de opinión, ni siquiera tú – fue la primera vez que le había hablado en un tono fuerte y determinante a la chica, que se quedó sorprendida y un poco reprendida, ya que aquello sonó como un genuino regaño, de esos que los padres dan cuando sus hijos irresponsables no les quieren obedecer – Es demasiado arriesgado, quiero que estés segura, a salvo… No quiero que ese ser despreciable te vuelva a lastimar, ¿no lo entiendes? Él te usó, nunca te quiso y nunca te querrá. Solo te vio como una posibilidad de salir de allí, como su llave a la libertad. ¡No puedo creer que no te hayas dado cuenta!, es tan evidente…
– Probablemente, pero yo no lo veo así. Sé que puedo convencerlo, lo sé, Steve. Puedo hacerlo – trató de persuadir al joven, que se rehusaba de dejarla hacer algo tan imprudente – ¿Entonces, esto es todo?, ¿así terminarán las cosas?, ¿yo, aquí sentada, tomándome un cafecito, mientras ustedes luchan a muerte con una amenaza que todos saben que es demasiado peligrosa, incluso para ustedes? No, no, estás demente si piensas que me quedaré aquí de brazos cruzados. De alguna manera, soy responsable del escape de Loki. En un nivel, muy subconsciente, siento que es mi único deber el de tratar de reparar esto. Nadie más podrá hacerlo, salvo yo. No sé por qué tengo tanta confianza, pero sé que puedo hacerlo. Por favor, Steve, confía en mí así como confías en tus soldados. No te fallaré, no le fallaré a Fury y tampoco al resto del planeta. ¿Qué dices? – preguntó esperanzada.
– Que no – respondió otra voz, una demasiado furiosa y colérica para ser la del capitán. Nick estaba en la puerta, de brazos cruzados, sin poder creer la inmadurez y atolondramiento de aquellas palabras – De ninguna manera harás algo parecido, ni siquiera lo sueñes.
– Señor, sé que puedo hacerlo. Solo debe tener un poco de fe y verá que sí…
– No irás a ningún lado, Blackthorne. Es demasiado para ti, no podrías ni con la mitad de algo como esto. Eres una niña todavía.
– ¿Una niña? ¡Por supuesto que no! ¡Puedo con esto y con mucho más! – chilló furiosa.
– Bueno, ¿qué tal si aumentamos la apuesta? Si llegas a siquiera pensar en meterte en esto, te despediré.
– No será necesario, pues renuncio – bramó impotente, quitándose del pecho la pequeña placa que la identificaba como una agente oficial de S.H.I.E.L.D. Rogers no podía reaccionar ante tal escena, Fury estaba sorprendido y molesto. Lizzie, después de haber dejado claras sus intenciones de rebelarse, salió el cuarto y tomó uno de los chalecos paracaídas de emergencias que había en los pasillos. La compuerta principal de la nave estaba descompuesta y abierta en su totalidad, sabía lo que debía hacer. Cuando llegó al borde, se giró para ver a su amigo una vez más, y con un beso distante y un "te quiero" silencioso, se lanzó hacia el abismo.
Era la primera vez que hacía algo como eso. ¿Rebelarse ante el mismísimo Nick Fury? Ni en sus más locos sueños. El viento que chocaba contra su rostro se llevó sus temores y dudas, se sentía cada vez más confiada y valiente… pero no duró mucho. Los edificios parecían más cercanos, y para empeorar las cosas, la correa para accionar el paracaídas se había trabado. Caer desde la altura de la que había saltado y descender en tal velocidad, con el más mínimo golpe, moriría en cuestión de segundos. Pues, sí, aparentemente era el fin... Había sacrificado su trabajo, su vida, todas sus energías y esperanzas, para morir sin tener idea de dónde podría estar Loki, y ni siquiera pudo decirle todas las cosas horribles que pensaba de él. No podía confrontarlo, gritarle y golpearlo con fuerza, como tanto deseaba hacerlo en aquellos momentos. No le quedó otra opción que abrazar la idea de morir, la idea de no volver a despertar para decirle lo mucho que quería a Steve, de demostrarle a Stark que, a pesar de todo, él siempre le cayó bien, y mucho menos para saber la realidad de su fallecido padre. La azotea de un edificio se hizo cada vez más nítida y sólida, y por supuesto, mortal. Cerró sus ojos con fuerza, para ver si el dolor se aminoraría de esa manera, y algo muy interesante ocurrió. Morir no se sentía para nada como lo había esperado. Una fuerte presión en el estómago, una brisa fuerte y cálida, y la sensación de volar… volar… ¿volar?... Oh, sí, volar… Eso no estaba nada bien, no podía ser normal. Abrió sus ojos, extrañada, y algo rubio y fino comenzó a hacerle cosquillas en la nariz. Era cabello, un lacio y rubio cabello. Estaba en los brazos del dios del trueno, descendiendo con lentitud y serenidad a la tierra firme. De repente sintió la presión de la gravedad, estaba en el suelo. Los exageradamente musculosos brazos de Thor dejaron de sostenerla y este se dejó ver el rostro por primera vez. Había una ruda y tosca belleza en sus masculinas facciones, sus ojos azules estaban concentrados detallando el estado físico de la chica, comprobando si no le faltaba alguna pieza. Sí, estaba entera, sana y salva. Se tomó un segundo para observar todo su alrededor, así pues, la ciudad de Nueva York definitivamente había perdido su encanto en tan solo unos cuantos minutos. La destrucción había llegado hasta los más ínfimos rincones, las explosiones ensordecían, al igual que el sonido de las naves de los chitauri. Había personas que corrían a esconderse, desesperados. Los Vengadores se dispersaron y cada quien luchaba como podía, aunque resultaba imposible poder vencer a estas criaturas, ya que llevaban una gran ventaja en número y armamento. Sí, las pocas esperanzas que tenía poco a poco parecían esfumarse.
– Sé cuales son tus intenciones, hija de Frederick. Tienes mi apoyo, debes hacerlo entrar en razón. Haz lo que no pude hacer yo – señaló con la cabeza la torre Stark, de la cual se desprendía un incandescente rayo, que estaba abriendo, poco a poco, el famoso portal. Se veía mucho más espeluznante y soberbio de lo que se imaginaba, eso era malo, muy malo.
– Deséame suerte – le dijo mientras se alejaba hacia su destino – Y, por cierto, lindo cabello – el dios rió entre dientes, pues no era momento para chistes.
Las puertas del elevador se abrieron en el último piso de la edificación y la primera imagen que vislumbró fue la de Loki sosteniendo del cuello a Tony, lanzándolo luego por la ventana. Accionó sin pensarlo, por puro impulso, se abalanzó sobre el semidios gritándole improperios incomprensibles debido a los gruñidos. Él, completamente sorprendido, no le reclamó nada, pues sabía que tenía todo el derecho de hacer eso y mucho más.
– ¿QUÉ DEMONIOS PRETENDES?, ¿ACASO QUIERES MATARNOS A TODOS, PARA TU PURA DIVERSIÓN Y ENTRETENIMIENTO?, ¿QUÉ CLASE DE SER PUEDE SER TAN INHUMANO, INSENSIBLE Y RUIN? ¡NO PUEDO CREER QUE PUDE CONFIAR EN TI, QUE PUDE CEER QUE PODÍAS CAMBIAR! ¡TÚ JAMÁS… JAMÁS..! – gritó mientras lo golpeaba con fuerza en los brazos y el estómago, descargando toda su furia.
– ¡Lizzie! Yo… yo… ¡Por favor, cálmate! – la sostuvo por los hombros y la sacudió – Evidentemente, no te he dicho toda la verdad…
– ¡POR SUPUESTO QUE NO LO HAS HECHO, SANGUINARIO DESPRECIABLE!
– Cálmate, por favor… Escúchame… – casi le rogó – Lo lamento, de verdad lo siento. No tenía idea del poder el Teseracto, yo… no lo puedo detener… aunque quisiera, yo…
– ¡Ni siquiera intentes excusarte! Tú y solamente tú eres el responsable de todo este desastre. Si esta ciudad se destruye, si este planeta se destruye, será tu culpa, Loki... – Una mirada de disculpa se posó sobre ella, a la cual le fue bastante difícil resistirse. Si quería salvar al mundo, había una sola cosa que podía hacer: intentar persuadir al Dios del Engaño, una tarea no muy sencilla. Suspiró y trató de ordenar las palabras correctas – Yo sé que no eres así, hay bondad en ti, eso lo sé, Loki. Eres bueno, y sé que no quieres hacer esto, destruir mi hogar… Y tú puedes cambiarlo. Puedes detener esto y parar con toda esta locura.
– ¡Mírate, diciendo disparates sin sentido! Eso es imposible, Elizabeth. Ya es muy tarde – dijo en tono de arrepentimiento.
– No, no lo es. Yo sé que puedes, Loki. Sé que quieres ser un héroe – se acercó a él, que comenzó a caminar hacia la terraza, nada convencido del "discurso motivacional" de la chica, que estaba ya demasiado desesperada como para distraerse de su meta final. Concentrada, decidió intentarlo de nuevo, pero esta vez, el semidios estaba demasiado colérico y confundido – Loki, yo…
– ¡Ya te dije que no puedo! – con un gesto furioso, un poco exagerado, lanzó su cetro, que se clavó en una especie de campo de fuerza que protegía al hipercubo. Ambos se miraron sorprendidos, puesto que, ahí, en sus narices, estaba la respuesta de todos los problemas que se avecinaban. Era definitivo, podía darle fin a todo el caos. Una sonrisa ladeada iluminó el rostro del príncipe, que reveló todas las cosas buenas que Blackthorne vislumbró en él desde el principio.
– Sé el héroe que yo siempre supe que eras, Loki – su corazón comenzó a latir con descontrol, a pesar de todas las cosas terribles que había hecho, simplemente no podía dejar de amarlo. Este la miró con toda la alegría que jamás había sentido en toda su vida, y sin poder controlarlo, se lanzó sobre ella, besando esos carnosos labios, aliviando ese implacable deseo que tuvo en el momento en que la conoció. No podían sentirse más dichosos, incluso en una situación tan catastrófica como aquella. Las explosiones y disparos no cesaban, pero eso no los detuvo. Había llegado el momento, Loki haría algo que jamás se habría propuesto: salvaría a la Tierra del caos que él mismo desató. Se acercó con cautela a la fuente de poder, que desprendía una especie de energía, demasiado potente, que lo hacía retroceder. Ni él mismo hubiese podido describir lo dificultoso que era poder llegar hasta el pequeño cubo. Luego de varios fallos, tomó el largo mango dorado y lo empujó con todas sus fuerzas. El sonido que esto emitía, que parecía a la de un cristal reforzado quebrándose, ensordecía por momentos al semidios, pero esto no lo hizo contenerse. Una explosión los separó a ambos, dejando al nuevo héroe caer lentamente hacia la selva de cemento. La chica, tras recuperarse de los fuertes mareos, bajó con mucha prisa, para revisar si Loki estaba bien. En efecto, todos lo aplaudían y vitoreaban, incluyendo los mismos Vengadores. Miles de personas salían de bancos, tiendas y cafeterías, solo para ver el rostro de "El Salvador". A pesar de lo mucho que disfrutaba de toda la atención, el príncipe tenía otras cosas en mente. Buscaba un rostro en específico en toda la multitud, uno que, lamentablemente, no se dignaba a aparecer. Esto no lo calmó demasiado. Las mujeres que lo rodeaban, pidiéndole fotografías y autógrafos, no lo dejaban caminar, tratando de tocarlo, abrazarlo, o tener alguna pieza de su indumentaria. Una de las muchas admiradoras, logró tener suficiente cercanía con el agasajado, la cual aprovechó al máximo cuando envolvió sus brazos en su cuello, casi haciéndole caer.
– Más te vale que te alejes, él ya está ocupado – una potente voz provino de sus espaldas. Lizzie ya tenía sus puños bien preparados, en caso de que tuviera que necesitarlos. Su gesto y postura ruda espantaron a la mujer, liberando a Loki, que no pudo aguantar ni un minuto más, y volvió a besar a su humana favorita en toda la faz del universo.
