20. Comunicado público
La gárgola se abrió dejando paso a las escaleras que daban acceso al despacho del director. Uno a uno, Emy, Sirius y los cuatro Guardianes, fueron tomando posiciones en cada escalón que ascendía hasta la magnífica puerta de entrada. Harry se preguntó si habría algún otro alumno que hubiese visitado más ese despacho que él. Llamaron a la puerta y, del otro lado, el director dio permiso.
Nada más entrar, Fawkes fue directo a saludar a Harry pero luego se posó en el brazo de Ginny, que le acariciaba su suave plumaje. La bruja y el fénix fueron directos hacia una de las ventanas, Hermione les siguió. Dumbledore saludó cordialmente a los recién llegados, mientras que Emy y Sirius se sentaban en las butacas de enfrente de la mesa. Cuando Ron y Harry fueron a hacer lo propio en otras cercanas, Dumbledore les encargó una tarea:
- Necesito que saquéis de esa librería los diarios del Profeta desde el uno de agosto – Dumbledore comenzó a abrir cajones de su escritorio buscando algo – No sé si están ordenados por fechas, así que os agradecería que los pongáis del uno de agosto en adelante... ¡Sesera inútil! No sé dónde he echado el comunicado que mandé al ministerio y a los medios de comunicación
- ¡Con lo ordenado que tú eres! – Bromeó Emy
- La verdad es que no he tenido mucho tiempo para poner al día el despacho – Cuando llegó al último cajón exclamó con júbilo - ¡Aquí está! ¡Ah, no, es otra cosa!
Mientras sacaban y ordenaban los periódicos, Harry se fijó en Ginny. Miraba a través de la ventana a la vez que acaricia a Fawkes y hablaba en voz baja con Hermione. No oía lo que decían pero no debía de ser nada alegre, porque se veía en ambas un semblante de preocupación.
- Siempre me ha encantado la vista que hay desde aquí – Dijo Ginny con nostalgia
- Hogwarts es un lugar maravilloso, somos privilegiadas al estar aquí – Contestó Hermione – Será difícil...
- ¡Mione! Este no es el mejor lugar para hablar de eso
- ¡Ya está! – Dumbledore sonrió triunfal – Chicas ¿Tomáis asiento?
- Sí, perdone profesor – Se disculpó Hermione
- Nada, mujer – El director guiñó un ojo a sus alumnas mientras ponía cara de niño pillo - ¡Fawkes! menudo sinvergüenza estás hecho, en cuanto entran dos jóvenes bellezas, te lanzas hacia ellas
El animal emitió un sonido como un susurro largo y pausado. De inmediato, tanto Dumbledore como Ginny y Emy, soltaron una carcajada. El pájaro voló hasta su atril y allí se quedó contemplando a los asistentes. No era el único que contemplaba a las siete personas que allí se encontraban, los cuadros de los antiguos directores hacían lo propio, algunos de ellos con las manos a modo de sombrilla, ya que el sol de media tarde daba de pleno en una de las paredes del despacho.
Harry y Ron ya tenían clasificados por fecha los diarios, se los dejaron al director en la mesa mientras éste desenrollaba un pergamino con el sello de Hogwarts y lo analizaba atentamente tras sus gafas de media luna. Se hizo el silencio. Nadie dijo nada, estaban expectantes ante unas muy posibles malas noticias. Harry sonrió al ver que Emy buscaba la mano de Sirius en señal de apoyo. Lo cierto era que si estaban juntos, no eran capaces de no entrelazarlas o juguetear con sus dedos, por algo eran una pareja de recién casados. Harry les había observado durante todo el día y les notaba felices, exultantes y muy enamorados. Llevaban la misma mirada que vio en sus padres el día de su boda. Sólo esperaba que aquella reunión no arruinara los primeros momentos que vivían como un verdadero matrimonio.
- Bien, como ya hablamos, Emy, las cosas han cambiado desde tu última visita al castillo – Comenzó diciendo Dumbledore
- Sí, eso me temo. La pregunta es: ¿cuánto han cambiado?
- Bastante. Desde la Orden hemos considerado que, como antaño, hay demasiados magos indecisos y débiles, que pueden optar por seguir a Tom al considerarlo mucho más poderoso que la gente que hay en el Ministerio – El anciano se ajustó las gafas y se recostó en su butaca – Siento recordarte lo que hablamos, Emy, pero estabas dispuesta a abandonar tu anonimato al servicio de la escuela y de la Orden
- Lo sé muy bien, Albus, lo que desconozco es hasta qué punto me he convertido en un personaje público
Entregó los periódicos a la profesora y esperó a que echara una primera ojeada. Tanto Sirius como los cuatro muchachos, miraban por encima del hombro de Emy las portadas y titulares del diario El profeta.
- Como iréis comprobando, las historias más asombrosas, parecen ser siempre las que cobran más notoriedad
- ¿No se te ha ido un poco la mano? – Preguntó Emy algo temerosa por lo que leía de ella en las páginas de los periódicos
- ¡Oh, no! Se hubiesen tragado algo aún más sorprendente, es decir, lo que verdaderamente pasó
- Bueno, no voy a negar que resucitar en una playa desnuda y apaleada, no sería una noticia lo suficientemente morbosa como para que no hiciesen eco de ella, ya tuve que vivirlo en España pero... ¿Esto? ¡Es el colmo! Sólo hace falta que me pongáis una capa roja, unas mayas y soy Superwoman
- ¡Jajaja! – Se rieron Harry y Hermione, los demás permanecieron callados, no habían pillado la broma
- La historia oficial es la siguiente, os leo el escrito que envié al Profeta – Dumbledore se sentó en su butaca, se acomodó y comenzó a leer a través de sus peculiares gafas
"Envío este comunicado para esclarecer cierta información que, de otra manera y digo esto por los rumores que han llegado hasta mí, podría ser errónea y perjudicial.
Como algunos magos y brujas sabrán, existen escritos proféticos que hablan sobre la llegada a nuestra comunidad de La Unión de las Cuatro Sangres. Durante muchos años se negó la posibilidad de que fuesen veraces pero hará dos años, yo mismo pude comprobar que estaba delante de ella.
Emily Evans, quien debió de llevar el apellido de su verdadero padre y por tanto llamarse Emily Potter, fue contratada para enseñar Estudios no Mágicos en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, pasando a llamarse Profesora Martín. Al ser conocedor de los problemas que conllevaría anunciar su ingreso en el mundo mágico, ya que el regreso del Señor Oscuro era un hecho, preferimos mantener en secreto su identidad y que pudiese ejercer la enseñanza en este, su colegio. Debo añadir que es descendiente directo de tres de los cuatro Fundadores, Helga Hufflepuff, Godric Gryffindor y Salazar Slytherin, con lo que posee el gran poder de la magia antigua, junto con la sabiduría de años y años de estudio por parte de un tutor personal importantísimo, que revelaré más adelante.
En el curso pasado y después de llevar dos meses en él, nuestra profesora Martín supo que había llegado el momento de infiltrarse dentro de las filas de su mayor enemigo, el mago tenebroso Lord Voldemort, quien mató a toda su familia con excepción de su sobrino, Harry James Potter. Para que el mundo creyera que ella ya no existía, fingió su propia muerte el día después del pasado Halloween, y, así, no crear sospechas de su presencia dentro del lado oscuro. Logró sabotear durante ocho meses más de veinte ataques de mortífagos e hizo todo lo posible para que se viesen truncadas el mayor número de desapariciones. Sin embargo, debido al cada vez mayor número de adeptos al Señor Oscuro, le fue imposible impedir el resto.
De todo esto doy fe ahora que ella ha regresado y se ha sometido voluntariamente a diversas pruebas de la verdad y a comprobaciones. Su vuelta ha estado propiciada por un factor sorpresa, del cual nadie podía sospechar. Antes de que se convirtiese en una espía, un mortífago de Voldemort logró introducirse en el colegio para ejercer como maestro de Historia de la Magia. La directiva de la escuela, incluyéndome a mí a la cabeza como máximo responsable, no sospechó en ningún momento que esto pudiera estar pasando, ya que fue el mismísimo Ministro de Magia quien me recomendó al nuevo profesor, alegando que, con los tiempos que corrían, no se podía permitir que un fantasma diese clases a los alumnos, ya que un mago calificado podría defenderlos mucho mejor en un ataque sorpresa.
En ningún sentido estoy invitando a quien lea este comunicado a desprestigiar a nuestro querido Ministro de Magia o a mí mismo, creo que fuimos dos víctimas más de esta desafortunada situación. El problema se suscitó cuando La Unión descubrió al traidor que se escondía en Hogwarts e intentó comunicárnoslo. En el tiempo que estuvo fuera de las proximidades de Voldemort, para advertir a la directiva del colegio, se planeó la Batalla de La Madriguera. Al querer regresar a su puesto de espía, habiéndonos descubierto su identidad y esta historia, se encontró con que habían abandonado su cuartel general. Como ya he aclarado, su inteligencia y sentido común la llevaron a averiguar en dónde se encontraban y cuál era su plan pero, por desgracia, no le daba tiempo a impedir la batalla.
Si se presentaba en ella y ayudaba a sus Guardianes, no podría avisar a todos los aurores que le fuesen posibles y a nosotros, los profesores de esta institución. No obstante, sí pudo ponerse en contacto con el espíritu mágico más poderoso de todos los tiempos y quien la ha enseñado durante años a saber manejar su gran poder, el más ilustre y poderoso de todos los magos, Merlín. Éste acompañó a los cuatro jóvenes Guardianes, elegidos hacía un año por La Unión, Hermione Granger, Virginia Weasley, Ronald Weasley y Harry Potter, en el tren de regreso a Londres, el primer día del pasado mes de julio, haciéndose pasar por un anciano amigo de la familia Weasley. Gracias a él y al incesante entrenamiento personal de estos cuatro muchachos, pudieron encararse con el primero de los ataques que les esperaba a la llegada de La Madriguera, mientras La Unión avisa a los aurores y a nosotros.
Cuando llegamos, nos unimos a la batalla justo en el momento en el que también lo hacían los gigantes. No quiero pensar qué hubiese pasado de no contar con la gran ayuda del inmejorable Merlín, La Unión y los cuatro jóvenes Guardianes, que demostraron ser los magos y brujas más poderosos y mejor preparados que yo haya visto de su edad y de unos treinta años más. Sin duda hubiésemos tenido que lamentar la pérdida de muchas más vidas e, incluso, la primera gran victoria del mago tenebroso Voldemort.
Aquella noche la labor de espionaje de Emily Evans se vino abajo al ser reconocida por el traidor que obraba en el colegio, el profesor de Historia de la Magia, Mark Wilcox. Este mortífago es quizás el más peligroso de todos los conocidos hasta el momento, ya que su modo de operar es sibilino pero sangriento. Sabemos que, desde dentro de la organización del lado oscuro, tienen indicios de que su mayor ambición es sobrepasar al mismísimo Lord Voldemort y de que su misión en este colegio, era acabar con el niño que vivió y con un servidor, demostrando así su gran poder. Aún no entendemos el porqué, durante todo el curso, no dio sentencia a su misión, ya que estando en el castillo pudo tener varias ocasiones para ello. Yo me atrevo a exponer que no es nada fácil escapar de Hogwarts sin ser descubierto y más ahora, que todos los miembros del profesorado y los de mantenimiento del castillo nos hemos sometido voluntariamente a un test bajo los efectos del veritaserum para comprobar nuestra lealtad y que así no pueda introducirse ninguna persona capaz de dañar ni a uno sólo de nuestros alumnos. También se han actualizado todas las protecciones del castillo y se han introducido métodos de vigilancia en las estancias. Aprovecho para anunciar que la entrada al castillo por toda persona ajena a él, tendrá que ser comunicada con antelación y tendrá que pasar por diversos controles. Estas medidas existen para una mayor protección de nuestros valiosos estudiantes y espero que no se pongan en ningún momento en tela de juicio, ya que nos tomamos muy en serio la estancia y la tranquilidad de nuestros alumnos. Posteriormente iremos indicando a los padres y tutores, cómo el alumnado llegará al castillo el primero de septiembre.
De seguro esta noticia hará que ustedes, los medios de comunicación, quieran ponerse en contacto con alguno de los protagonistas de este escrito. Siento decirles que no va poder ser, ya que ellos se hayan en paradero desconocido disfrutando de unas muy merecidas vacaciones. Con lo que ruego que cualquier clase de pregunta la desvíen por correo a la atención de la dirección del colegio y por mi parte prometo responder con la mayor brevedad posible a las cuestiones que se planteen.
Sin más que añadir por el momento y quedando agradecido de poder ofrecerles la verdad de lo sucedido, me despido.
Atentamente,
Albus Dumbledore
Director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Orden de Merlín, primera clase
Gran Hechicero
Jefe de Magos
Jefe Supremo, Confederación Internacional de Magos"
- Les has puesto el camino fácil ¿no crees? – Habló Emy al ver que no iba a añadir nada más
- No iba a decirles dos cosas y que luego les diera por investigar a ellos – Se defendió el director
- ¿Ahora todo el colegio sabe que somos los Guardianes de La Unión? – Preguntó Ron pasmado
- Me temo que sí, Ronald
- Tendré que repasar todos esos periódicos para saber qué han dicho de nosotros ¿me los puedo llevar?
- Por supuesto, querida – Le contestó Dumbledore a Emy con una sonrisa un tanto pícara
- No tenemos mucho tiempo para debatir este tema, ya son más de las cuatro y media y debemos ir a la estación para preparar la llegada de los chicos – Interrumpió Sirius
- Tienes razón, hablaremos de esto en otra ocasión
- No quiero que pienses que no te estoy agradecida. Has hecho lo mejor que se podía hacer en esta situación y no creo que sea tan grande el sacrificio. Gracias, Albus, de corazón – Dijo Emy en tono cariñoso
- Bueno, no voy a decir que aparecer en los medios de comunicación sea idóneo pero, a veces, abre puertas que de otro modo permanecen cerradas. En cuanto a ser un sacrificio, eso depende de cuánto te involucres o se vuelquen contigo. Si a ellos les da por subirte a la cima, no hay mucho que hacer. Lo bueno es que todo es pasajero, llegará el día en que encumbrarán a otro y serás poco menos que olvidada
- Alentador – Contestó Emy con ironía, luego se levantó a la vez que Sirius, cogió los periódicos y se fijó en la última fecha, 30 de agosto, el día de su boda – Faltan los dos últimos días
- ¿Eh? Sí, sí, el de ayer aún no he podido leerle entero y el de hoy estará al llegar ¿no estáis suscritos?
- ¿No dijiste que ibas a mandar la suscripción? – Le preguntó Ron a Hermione
- Es... que... – Hermione estaba apunto de romper a llorar de nuevo
- Yo le he dicho que ya ha pagado durante todos estos años el periódico y que ahora le toca el turno a otro – Intervino Ginny
- Eso es verdad – Dijo Harry – Me suscribo yo, no te preocupes, Hermione, no es para que pongas esa cara
- Sí – Rió Ron – No creo que El Profeta dé premios de fidelidad a sus suscriptores
- No, claro – Intentó reír Hermione pero la broma de Ron para que se animara, le estaba poniendo aún peor
- Emy, debemos irnos, ya son las cinco menos cuarto y hemos quedado – Apremió Sirius
- Bueno, ya os diré de mi vida pública – Sonrió y fue hacia la puerta – Querido ¿recogiste la capa de Harry del despacho?
- Sí, la tiene Remus
- Perfecto – Emy se volvió a los chicos – No os vayáis muy lejos, a la seis tenéis que estar en el vestíbulo o sentados en vuestra mesa, esperando que lleguen todos
- Estaremos y no nos alejaremos mucho – Dijo Harry en tono complaciente
- Buen chico – Le guiñó un ojo y se marcharon
- Esta semana os dejo tranquilos con los entrenamientos pero el lunes de la semana que viene comenzáis, así que os aconsejo que cerréis las prácticas de quidditch lo antes posible, para que os podáis organizar mejor con vuestros entrenadores
- Así lo haremos, profesor – Contestó Ron - ¿Seguiremos este año con la partida que quedó pendiente?
- No le quepa la menor duda, señor Weasley, y se lo pondré cada vez más difícil
- Eso espero, uno ya está acostumbrado a los retos
- Ahora tenéis que disculparme, este año la llegada al castillo de los estudiantes es complicada y requiere de todos nosotros – Albus Dumbledore les dedicó esa mirada mezcla de simpatía y complicidad – Luego nos vemos
Decidieron salir al patio y sentarse a hablar, claro que lo hicieron después de visitar la cocina y hacerse de unas cuantas provisiones para pasar la tarde, todo porque Ron estaba convencido que les harían cenar a horas en las que su estómago ya estaría desfallecido. Hacía una tarde magnífica, propicia para reírse de todo lo ocurrido por la mañana y sentirse aliviado de que aquella reunión no hubiese supuesto mayor problema que salir en el periódico. Después de repasar todo aquello, comenzaron a hablar de lo bien que se veían los recién casados y de que ya era hora que las cosas se asentasen un poco. Ginny y Hermione no quisieron seguir tratando de ese tema, así que desviaron sutilmente la conversación a las medidas de seguridad de la escuela y a las diferentes llegadas de sus compañeros.
Por lo que ellos sabían, ese año el tren sólo traería a un grupo pequeño de alumnos, protegidos por agentes de seguridad del Ministerio de Magia. Partiría de King Cross, andén 9/3, como siempre a las once de la mañana y serían los últimos en llegar. Suponían que los primeros en hacerlo serían los padres que traían a sus hijos por cuenta propia, aunque el sentido común les decía que tampoco es que llegaran muchos por ese cauce, ya que al ser día laborable, los padres tendrían que trabajar. El colegio había puesto dos medios más de acceso y los había organizado de tal manera, que la llegada estaría repartida durante casi dos horas. Cuatro autobuses conducidos y vigilados por agentes de seguridad partían del norte, sur, este y oeste, haciendo paradas para recoger a los estudiantes en las poblaciones principales. Y otros cuatro trasladores harían lo propio en diferentes horarios desde diversos puntos. Todas las llegadas iban a dar a la estación de Hogsmeade. Hermione estaba segura que ese método sólo sería utilizado por familias que Dumbledore considerara de confianza.
- Sí que se han complicado la vida este año – Dijo Ron metiéndose un trozo de bollo nada más terminar la frase
- Supongo que es por lo de "divide y vencerás" – Comentó Hermione
- Quizás les llegó el rumor de un ataque al tren – Añadió Ginny con preocupación
- Si otros años no lo han hecho, no entiendo porqué este lo iban a hacer – Dijo Harry – En el fondo prefiero que lleguen todos de un tirón y así no tener que sufrir durante dos horas las continuas llegadas de miradas insidiosas y murmullos de cotillas
- Yo ya te dije que me da igual lo que piensen, nosotros no sabíamos que aquella gente eran los desaparecidos, no hicimos nada más que defendernos de las agresiones, no voy a arrepentirme de estar vivo – Exclamó Ron con tono serio
- Es obvio, Ron, mejor tú vivo que no... – Harry palideció al instante, iba a soltar la burrada más irrespetuosa pero es que estaba crispado con ese tema – Lo siento
- No importa – Contestó Ron – Mira, Harry, si la gente que perdió a un miembro de su familia en esa batalla, no comprende que el verdadero culpable fue Voldemort ¡Ey! ¡Lo he dicho del tirón! Bueno, pues eso... que esa gente no se merece que tú te sientas culpable
- Harry no sólo piensa en eso. Creo que lo que él quiere decir es que somos la representación del final de la vida de esas personas, no los culpables pero sí los artífices, y eso, quieras o no, Ron, nos convierte en cierto modo en indeseables – Ginny explicó su modo de entender la situación por la que pasaba su novio
- Yo no lo hubiese dicho mejor – Harry la sonrió desde el fondo del alma
- ¿Indeseables? Si es eso lo que consideran que soy, pues que lo crean, me importa una mierda lo que ellos piensen, yo ya tengo que vivir con el hecho de haber matado a mi hermano. No voy a dar entrada a más culpas que vengan de ese día, no señor – En el tono de Ron se notaba el dolor que le provocaba mencionar todo aquello
- Hablemos de otra cosa ¿queréis? Ese episodio es doloroso para todos y no creo que hoy sea el día ideal para tratarlo – Hermione estaba abatida, tenía ganas de llorar y de salir corriendo pero mantenía cuanto podía sus sentimientos
- Te doy la razón – Dijo Ron – Siento haberme puesto borde. Podemos hablar de lo que te pasa a ti, porque hoy no tienes buena cara ¿Te sientes mal?
Ron la rodeó con el brazo y con la mano le levantó el mentón para verla mejor la cara. Hermione estaba al borde del colapso y Ginny lo sabía. Veía como su hermano sonreía a su amiga y le acariciaba, mostrando al Ron cariñoso que sólo salía en la intimidad. La besó delante de ellos, con un suave acercamiento y cuando le iba a decir algo, Ginny se levantó de golpe para salvar, de la mejor manera, aquella situación.
- ¿Habéis visto la hora que es? – Preguntó exclamando con fuerza - ¡Es tardísimo! No nos hemos puesto las túnicas y... he de ir al baño ¡Venga, Hermione, o llegaremos tarde!
- Sí, sí... – Balbuceó mientras miraba a Ron a los ojos – Es mejor que subamos
Ginny la agarró del brazo y no la soltó en todo el trayecto a la torre de Gryffindor. Quedaron en esperarse en la sala común y cada uno subió a su habitación. Los chicos se cambiaron en menos de cinco minutos y bajaron. Se sentaron en sus habituales butacas a esperarlas mientras hablaban de lo raras que estaban. Las chicas ahogaron un grito cuando entraron en el cuarto de Hermione. Allí estaba de nuevo esperándolas. Su expresión era severa y lo que tenía que decirlas, no aventuraba nada bueno.
- Debéis permanecer aquí hasta que venga a buscaros el director
- Se supone que nos habías dado más tiempo para darte la respuesta – Se quejó Hermione al límite de la histeria
- Las dos sabéis que no hay opciones y que el plan debe llevarse a cabo según lo acordado
- Yo no he acordado nada ¡Maldita sea! Esto es una imposición – Volvió a quejarse Hermione, ya con lágrimas en los ojos – No quiero separarme de Ron, ni de Harry, no quiero dejar el colegio, he luchado mucho para llegar a este curso ¡NO QUIERO IRME!
- Mione, vamos, tranquilízate – Le consoló Ginny – Nos pueden oír y sería peor
- Nadie puede oír lo que estamos hablando aquí, de eso me he encargado yo
- Venga, Mione – Siguió hablando Ginny al ver el estado de su amiga – Es mejor que lo asumas sin rencor, así lo único que haces es proporcionarte más daño. Lo que hacemos, lo hacemos por ellos
- ¿Y el dolor que les causaremos? ¿No has pensado en ello? ¿No es mejor decir...?
- No diréis nada. Todos deben creer que...
- Sí, ya lo sabemos pero no es fácil – La voz de Ginny sonaba dura – Así que al menos permítenos un momento de desconsuelo
- Os dejaré solas pero no debéis salir de la torre hasta que Dumbledore venga a por vosotras, así que ir pensado qué le vais a decir a los chicos
Y sin más desapareció. Hermione rompió a llorar tanto que Ginny no pudo impedir imitar a su amiga. No sólo la consolaba a ella, sus palabras eran el aliento que ambas necesitaban. Pasaba el tiempo y la situación empeoraba, si no se le ocurría una excusa, los chicos subirían y sabrían que pasaba algo. Sin embargo, el pensar que lo que fuese a decir probablemente sería lo último en decirse, ponía más nerviosa a Ginny.
- Hermione, ayúdame, no sé que excusa poner. Tenemos que bajar y decirles algo
- Ve tú, prefiero quedarme con el último momento vivido con Ron. No quiero que me vea así, sin ser capaz de decir algo con sentido
- Pero...
- Por favor, ve tú y discúlpame
- Está bien
Al salir del cuarto, a Ginny se le ocurrió una buena idea y todo por las palabras de Hermione. Cuando llegó abajo, vio a los chicos a punto de subir.
- Ya pensamos que no sabíais vestiros ¿Por qué no llevas la túnica? ¿Dónde está Mione? – Preguntó Ron
- Bajad vosotros primero, voy a quedarme con Hermione
- ¿Pero qué pasa? – Volvió a preguntar Ron
- Nada, que está indispuesta
- Subiré a por ella y la llevaré a la enfermería – Dijo el pelirrojo con preocupación
- No, Ron, no lo has entendido, está indispuesta de cuando tenemos días indispuestos – Ginny no hacía más que mirar a Harry, quien tenía cara de aturdido y de no tragarse mucho esa historia
- ¡Ah! ¡Así que ella estaba un poco rara! – Ron pareció calmarse de golpe – Sí, entonces será mejor que bajemos nosotros
Ron se fue para la salida y Harry se quedó frente a Ginny. Se miraban fijamente, ella intentando bloquear pensamientos y él intentando acceder a ellos. La pelirroja se acercó a él y le besó suavemente en los labios. Harry se quedó mudo. Ginny le acarició el rostro y dijo un "hasta luego" casi imperceptible, luego se dio la vuelta y subió las escaleras corriendo.
