Capítulo VIII

La huésped

El apasionado beso provocó cierto descontento en las mujeres, que ya le habían puesto el ojo al semidios, debido a lo hipnotizante y atractivo que era. Su fama había aumentado en los últimos minutos, casi opacando la labor de los Vengadores, que también jugaban a ser estrellas de Hollywood. Repentinamente, llegó Nick Fury, para bajarlos a la Tierra. Por supuesto, como todos se lo imaginaban, tenía planes de encarcelar a Loki por todos sus crímenes, pero su hermano, Thor, insistió en trasladarlo de vuelta a casa, para llevarlo ante la justicia, donde Odín, el Padre de Todos y rey de Asgard, dictaría su sentencia. Su acto memorable no convenció demasiado al emparchado, lo único que esto hizo fue que el príncipe no viajara de vuelta a casa esposado, como el peligroso criminal que lo consideraba. Antes del esperado transporte, vinieron las despedidas.

Eso era todo, el fin. Cada quien iría por su lado y vivirían sus vidas, tal y como eran antes. Esto no animaba demasiado a Lizzie, que definitivamente no quería regresar a su pequeño departamento, y mucho menos a trabajar en el mostrador de aquella anticuada y casi abandonada discotienda en Brooklyn, que era el trabajo anterior al de ser agente de S.H.I.E.L.D.

Stark y Banner comenzaron a construir mil planes sobre nuevas máquinas de alta tecnología, cuyo propósito no quisieron revelar a nadie. Natasha regresaría a Rusia, donde tenía una misión aún por completar. Clint estaba pensando seriamente en tomarse unas vacaciones en una isla paradisíaca, y Steve… bueno, él solamente volvería a la realidad, una en la que ya no estaba en la época de Red Skull y en la que aún tendría que aprender a acostumbrarse a los avances tecnológicos.

Todos tomarían caminos separados, eso no le gustaba para nada a la chica. Después de todo, ya se había habituado a la presencia constante del equipo y sin duda alguna, los iba a extrañar. Pero especialmente a una persona, al enjuiciado. No sabía si volvería a verlo jamás, no sabía si iba a ser lo mismo que con Jane Foster, que cada cierto tiempo, (demasiado tiempo), Thor bajaba a Midgard, pasaba una tarde con ella, y luego regresaba a su hogar. Pero con Loki sería absolutamente distinto, era lógico que no dejarían a un prisionero visitar gente a su antojo, mucho menos a una humana. No podía creer que después de todo, no volvería a saber más nada de él, nunca jamás. Oh, no, eso no podía pasar. Debía de haber alguna forma de solucionar eso… y tuvo una idea.

Todos se reunieron en una plaza, no demasiado concurrida, para el teletransporte. Thor se despidió de sus compañeros, a los cuales iba a echar mucho de menos. Y Loki… bueno, solo se dedicó a quedarse inmóvil en el lugar en donde Heimdall los enviaría a su reino, con gesto inmutable. No estaba de ánimos para despedidas cordiales, él tenía demasiadas cosas en las que pensar, entre ellas, el hecho de probablemente nunca volver a ver al potencial amor de su vida. A él tampoco le agradaba mucho la idea de despedirse de ella para siempre, pero no había otra opción. Elizabeth estaba charlando con todos, especialmente con Thor, que parecía complacido y sonriente. Se dieron un abrazo entre risas, lo que despertó cierta malicia en el hermano menor, que miraba la escena desde lejos. Luego, la que parecía despedirse era ella, de todos y cada uno de los presentes, dejando lo mejor para el final.

– Steve'O, tengo que decirte algo… – tomó las manos del capitán con gentileza, este se sonrojó hasta las orejas.

– Claro, lo que sea.

– Creo que esta será la última vez que nos veamos… Bueno, al menos en un tiempo, trataré de sobornar a Heimdall o algo, algún plan se me ocurrirá.

– ¿A Heimdall?.. ¿Acaso tú..? – preguntó incrédulo y casi sin voz.

– ¿Me voy con ellos? Sí, eso parece – respondió sonriente, pero Rogers definitivamente no estaba igual. De todas las cosas que se esperaba que dijera, esto no figuraba en la lista. ¿Irse de la Tierra, literalmente, sin tener algún tipo de plan o permiso?, ¿abandonar todo aquello que conocía solo por pasar más tiempo con un completo extraño? De todos sus actos impulsivos, este terminantemente era el más arriesgado. Incluso más arriesgado que lanzarse al vacío de una nave a miles de metros de altura, mientras que había un tiroteo masivo alrededor. Sus músculos se tensaron, y sintió que corría fuego por todas sus extremidades. Estaba furioso, verdaderamente colérico, pero un sentimiento mucho más grande se llevaba la atención: melancolía. Aparentemente no se despediría solo de Thor y su tonto hermano, también de la chica de sus sueños – Pues, todavía no es definitivo. Odín debe autorizarlo, pero estoy segura de que lo hará. De todas formas, Thor ya se encargará de eso. Me lo prometió.

– ¡Vaya! Yo… yo… estoy muy feliz por ti… por ambos – una sonrisa forzada se dibujó en sus rosados labios, que alivió un poco el nerviosismo de la chica.

– Gracias… ¡No puedo creer lo mucho que te voy a extrañar! – lo abrazó con fuerza, derramando algunas lágrimas, él le devolvió el abrazo, ocultando las suyas – Bueno, ya es hora de irse – giró y Thor la llamó con la mano, igual que Loki, que finalmente sonreía – Intenta ser muy feliz, ¿sí? Si no lo haces, le diré a Thor que te electrocute el trasero para que me hagas caso. Te estaré vigilando, ¿ok? – dijo con voz temblorosa debido a sus sollozos – Te adoro, Rogers – le dio con un sutil puñetazo en el hombro.

– Y yo a ti, Blackthorne – besó su frente y ella le sonrió. Se abrazaron por última vez, luego, ella se dirigió con rapidez hacia el príncipe, del cual no se apartó en ningún momento, y con un destello multicolor, todos desaparecieron de su vista. Tras un largo suspiro y con algunas cuantas lágrimas en sus ojos, el capitán se subió a su motocicleta y se alejó del mundo, para llorar en silencio la pérdida de otro amor.

Lizzie abrió los ojos, y un destello dorado la cegó momentáneamente, Heimdall los observaba impasible desde su podio, no muy convencido de lo que veía. Loki sujetaba su mano con fuerza, disfrutando cada momento que tenía junto a ella, pues sabía que eso no duraría mucho. Y luego sucedió. Varios guardias de seguridad se abalanzaron sobre el semidios y sobre la chica, que no paraba de gritar y de golpearlos a todos como podía, resultando poco efectivo, ya que llevaban armaduras muy resistentes y eran muy corpulentos.

– ¡Ya basta!, ¡deténganse, es suficiente! – profirió Thor, colérico por cómo las cosas se estaban llevando a cabo – ¡Esa no es la manera en la que deben llevárselo!

– Tenemos órdenes, es un delincuente y a todos los tratamos así. El Rey nos encomendó llevarlo a su celda directamente y…

– El Rey debe juzgarlo primero, es mi hermano y a él no lo tratarán de esa vil manera, ¡no mientras yo esté vivo! – su potente voz resonó de manera estridente, de inmediato los guardias soltaron a Loki y a la chica, que enseguida se abrazaron. Ella le dedicó una mirada de agradecimiento al Dios del Trueno, que le respondió con una sonrisa cómplice – No deben utilizar ataduras, él no irá a ninguna parte – le dedicó una mirada tranquilizadora a su fraterno, que estaba un poco asustado de lo que podrían hacerle. Todos montaron caballos que los llevaron hasta el castillo de la realeza. Blackthorne estaba absolutamente deslumbrada con la belleza de todo lo que veía. Todo era tan opulento, brillante y místico, su perfección era innegable. Finalmente, al llegar al castillo, comenzaron los murmullos. Los serviles reales observaban al grupo recién llegado con curiosidad, y el comentario de que había una humana con ellos comenzó a propagarse como el fuego. Thor lideraba el desfile, tres guardias cubrían sus flancos, luego estaba Loki, acompañado de Lizzie, y detrás había otros tres guardias. La chica empezaba a incomodarse, puesto que todas las miradas se fijaban en ella. Las damas reales e incluso las guerreras, parecían mucho más femeninas y elegantes que ella, sus finos ropajes de telas espléndidas no se comparaban con su chaqueta de cuero y sus botas de combate, demasiado rústicas para el reino de los dioses. Apretaba cada vez más fuerte la mano del príncipe, que trataba de tranquilizarla recordándole lo hermosa y perfecta que era. Luego, unas altas puertas de oro macizo, con hermosos tallados de símbolos nórdicos, se abrieron, dejando ver a la distancia un colosal trono, donde los esperaba el Padre de Todos los reinos. La muchacha no pudo controlar sus temblores, sus dientes rechinaban, como quien viste un traje de baño en la Antártida, y comenzó a sudar excesivamente. El juzgado le plantó un beso en sus labios, lo que logró recompensarla un poco.

– Padre – exclamó el mayor de los hijos, haciéndole una reverencia al Rey. Éste fue imitado por el resto del grupo – He cumplido con la misión. He traído de vuelta a mi hermano, sano y salvo.

– Loki, preséntate ante mí – respondió el anciano, con voz suave. El acusado se separó de la humana y avanzó hasta quedar frente a él.

– Padre – lo reverenció – Soy responsable de mis actos y acepto cualquier condena que desees asignarme.

– ¡Loki, hijo mío! – una voz femenina se escuchó en la puerta y Frigga, la reina, que con su caminar tan elegante y grácil, se apresuró hasta llegar adonde su pequeño, dándole un abrazo maternal – ¡Estaba tan preocupada por ti! – este le respondió el abrazo, suspirando al ver a su adorada madre.

– Frigga, no lo agasajes, ha cometido una terrible transgresión en Midgard. Se ha comportado como un vil delictivo, va a ser un prisionero.

– ¡No voy a permitir que trates a mi hijo de esa manera, Odín! – reclamó posándose delante del príncipe.

– Madre, está bien, lo merezco y… – trató de aliviar la furia de su protectora.

– ¡Por supuesto que no! Odín, todos cometemos errores. ¡Ten piedad, es tu hijo!

– Él no es mi hijo… – declaró con petulancia – ¡Llévenselo a los calabozos!

– ¡Odín, no! – imploró la reina, ya desesperada.

– Padre, por favor, no lo hagas – Thor también se preocupó por el bienestar de su hermano – Él salvó a la tierra de los chitauri, él cerró el portal. Eso debe de contar en algo, ¿no es así? – Padre de Todos lo miró dubitativo, expectante.

– ¡Heimdall! – exclamó, y el aludido apareció con un destello junto a él en un instante – ¿Eso es cierto?, ¿lo pudiste ver? – le susurró.

– Sí, señor, su hijo no miente – aseguró con su voz grave, asintiendo con la cabeza. Luego, después de que Odín se lo comandó, se fue.

– Muy bien, es cierto – Frigga llevó sus manos a la boca, sorprendida, y abrazó a su hijo menor, orgullosa de él – He cambiado tu sentencia, Loki. Permanecerás recluido en el castillo de forma permanente. No podrás salir a ningún lado sin la escolta de un guardia, y si llego a enterarme de que tramas alguna otra cosa de la que no quieres que me entere, despídete de toda la consideración que te he otorgado. No serás más que otro reo en los calabozos del castillo. ¿Ha quedado claro?

– Sí, padre – asintió el Dios del Engaño con cordialidad, genuinamente agradecido.

– ¡Sí, genial! – se escuchó un grito agudo y un aplauso. Todos se giraron a ver de dónde provenía, Lizzie se había delatado. Todos la miraban perplejos, y ella solo quería correr a uno de los amplios ventanales y lanzarse al vacío.

– ¿Has traído a una humana?, ¿sin mi consentimiento, Thor? – interrogó Odín, verdaderamente molesto.

– Sí, padre. Ella es… bueno, ella… vino por Loki – respondió incómodo y sin saber qué decir. Loki tendió la mano en su dirección y ella se acercó a él con caminar nervioso; casi se resbaló, debido a las sacudidas descontroladas de sus rodillas.

– Me llamo Elizabeth Blackthorne, su majestad – hizo una reverencia, demasiado exagerada y muy poco agraciada – y yo… he venido a… a decirle que… que yo…

– Yo la amo, padre. Ella es la mujer más maravillosa que he conocido en toda mi existencia, y quisiera solicitarte, si no es demasiada molestia, que se quedara en el castillo como una huésped. Sé que no soy digno de lujos ni premios, pero solo te pido poder verla todos los días, porque sin ella, yo… yo nunca volvería a tener una razón para vivir – como siempre, al príncipe se le daban bien los discursos, y logró convencerlos a todos de sus motivos. Frigga comenzó a llorar, emocionada, Thor sonrió complacido y Lizzie… bueno, no pudo esconder la naturaleza de su personalidad: se lanzó sobre el príncipe, lo abrazó y éste le dio vueltas por los aires, dichoso. Odín no parecía completamente convencido de la idea, pero prefería que hubiese una chica que pudiese aceptar en su castillo a que él aún tramara planes de destrucción.

Después de todo, el amor entre ellos parecía sincero, y estaba agradecido de que su hijastro menor al fin consiguiera el amor. El rey autorizó la estadía de la humana y allí comenzó el tour. La reina personalmente se encargó de mostrarle cada rincón del recinto, aprovechando la oportunidad para conocer a la muchacha, que definitivamente, era la más extraña e interesante que había visto. Al final, llegó a la que sería su habitación, un espacioso cuarto, lleno de artículos de cristal, del cual estaba hecho el "Puente del arco iris". Un gran candelabro se situaba en el centro del alto techo, las paredes doradas les daban un brillo especial al lugar, una espaciosa cama, de sábanas de seda, llamó la atención de la chica. No estaba para nada acostumbrada a una gran cama, ya que dormía en aquel plano colchón de S.H.I.E.L.D, que parecía más bien un gran trozo de madera con almohadas. No aguantó la sensación y se tiró encima de él, riendo a carcajadas, mientras la reina la veía con gentileza, afortunada de que su hijo hubiese encontrado a una chica tan especial.

– Muy bien, debo irme ya. Espero que te gusten los vestidos que hay en el armario, son todos tuyos. Debo avisarte que probablemente el día de mañana se celebre un baile en honor al regreso de los príncipes, así que te recomendaría elegir uno de ellos para la ocasión – avisó con gentileza. La palabra "balie" causaba en la muchacha el mismo efecto que las arañas: pánico. Bailar definitivamente no era su fuerte, y mucho menos lucir digna de un príncipe, en un vestido de gala. Eso era malo, muy malo.

– Su majestad…

– Dime Frigga, o madre, si lo prefieres – sonrió con complicidad y guiñándole un ojo.

– Bien, Sra. Frigga, estoy consiente de todas las cosas que ha hecho por mí, y estoy muy agradecida por todo, pero ¿podría tener el atrevimiento de pedirle otro favor?

– Por supuesto, mi niña, ¿qué necesitas? – se sentó con elegancia junto a ella en el borde de la cama.

– Es que para el día del baile me gustaría lucir… ya sabe, hermosa, y no tengo idea de cómo hacerlo. Nunca he sido la chica a la que todos voltean a ver, no tengo el hábito de arreglarme demasiado, así que pensé en que tal vez usted podría ayudarme a lucir… deslumbrante, al menos por un día. Quisiera que Loki me viera y se quedara sin aliento – sonrió con timidez – ¿Podría ayudarme?

– Será un placer – le regaló una hermosa sonrisa y la chica la abrazó. Fue una hermosa experiencia, nunca antes había abrazado a alguien y había sentido ese calor tan agradable, esa linda sensación de protección y apoyo… No desde que su madre solía hacerlo. Comenzó a ponerse sentimental y se apartó de ella antes de que rompiera a llorar – Permíteme decirte que eres la jovencita más interesante que jamás haya tenido el honor de conocer, Elizabeth. Estoy muy feliz de que mi hijo te haya encontrado.

– Yo también lo estoy, su majestad.

– Muy bien, nos vemos en la cena de esta noche – se despidió al cerrar la puerta de la habitación. Lizzie se lanzó de nuevo sobre la espaciosa cama, sin todavía poder creer lo afortunada que era, y lo emocionante que se había convertido su vida en tan solo unas pocas horas.