21. Finite Incantatem
Ron le esperaba ya detrás del cuadro de la Dama Gorda. Parecía particularmente contento y algo nervioso. Harry, sin embargo se movía tristón y mosqueado.
- Son cosas de chicas, no hay porqué preocuparse. Hermione me ha explicado un montón de veces que está más sensible esos días y que necesita de mayor comprensión
- No es por eso, Ron
- ¿Y entonces?
- Es que tengo un mal presentimiento – Dijo Harry con aire de pesadumbre
- Venga, ya hemos hablado de esto. Nadie nos dirá nada malo, incluso los periódicos no dijeron que fuésemos culpables. Tú, mejor que nadie, sabes que la opinión pública se basa en lo que se dice en ellos
- Quizás tienes razón, veo problemas donde nos los hay – Harry sonrió a medias mientras bajaban piso a piso por las escaleras – Ahora debemos disfrutar nuestro último comienzo en Hogwarts, espero que este año entren más chavales a Gryffindor
- Así se habla, además tenemos que tratar de lo del quidditch, ya oíste a Dumbledore, hay que cerrar pronto los horarios de entrenamientos – Ron tenía muchos planes para hacer ese año, su último año, el mejor de todos
- ¿He oído pronunciar mi nombre? – Dijo Dumbledore saliendo de uno de los pasillos que accedían al descansillo de las escaleras – Justo le estaba buscando a usted, Ronald. Necesito de su "don"
- ¡Profesor! ¡Menudo susto! – Exclamó Ron
- ¿Sucede algo? – Preguntó de inmediato Harry
- Me temo que sí – Dumbledore no traía cara de buenos amigos, estaba bastante molesto – Harry, ve a hablar con Emy y Sirius, ellos te contarán este imprevisto. Por mi parte, se lo explicaré a Ron para que él pueda ayudarme
- Está bien
- Creo que iban al despacho de Sirius a dejar la capa y luego bajaban al salón
Harry se metió por el pasillo que conducía al despacho de su tío. Iba pensando la misma frase una y otra vez "ya sabía yo que algo no andaba bien". No se cruzó con nadie y, al llegar al despacho, vio que la puerta no estaba del todo cerrada. Oyó a Sirius hablar, su tono denotaba preocupación y angustia. Se paró un momento, quería escuchar algo que le pusiera sobre aviso de lo que ocurría pero no pensó, ni por un instante, que se tratara de eso.
- ¿Cómo se lo voy a decir? ¡Me va a odiar!
- Claro que no – Dijo Emy – Tú hiciste lo que consideraste mejor para él
- No lo entenderá, no podrá comprender que dejé marchar impune a Malfoy por su propio bien
- Debemos tener mucho tacto, que él note que no pasó lo peor
- Emy, lo peor ya fue la intención – Sirius estaba nervioso y no dejaba de andar por la estancia – Te juro que en aquel instante, yo mismo hubiese matado a Malfoy, no hice nada para impedir que Harry dejara de golpearle... si Remus no le llega a detener... Draco Malfoy estaría muerto y Harry habría sido detenido hasta el juicio
- Hicisteis lo mejor. La defensa de Harry era complicada en un caso de abuso sexual, sobre todo con el atacante muerto y la víctima inconsciente en el momento de la agresión
- No sabes lo que he deseado que ninguno de los dos se enterara, esto les va a afectar mucho y su relación podrá verse deteriorada
- Harry debe aprender que, de las malas épocas, las parejas pueden salir victoriosas y aún más unidas
- Habla tú con él, te hará más caso
- No, Sirius, esto debemos enfrentarlo juntos – Dijo Emy abrazándolo
- Está bien, se lo diremos de una vez y me quitaré este peso de encima. No me gusta esconderle nada, da igual que sea por su bien
- Bajemos, estará a punto de llegar al salón
Harry consiguió que sus piernas se diesen prisa para entrar en un aula vacía y que así no le descubrieran. Aguantó la respiración, no sólo hasta que pasaron de largo Emy y Sirius, sino un poco más. Su mente trabajaba rápido pero las cosas que recordaba estaban borrosas, distorsionadas. Aquella época no había sido buena para él, ni siquiera recordaba si aún tomaba las dichosas pastillas que le daba la enfermera. Emy estaba muerta y él hecho polvo. Ginny había tolerado su comportamiento pero él sabía que su actitud dejó mucho que desear. Los entrenamientos, el quidditch, las clases, Merlín, Sirius, Wilcox, todo era un desastre.
Aquello no podía ser posible, tenía que ser una pesadilla y ¿cómo podían saber ellos de ese mal sueño que, de vez en cuando, le atormentaba? Ginny había querido decirle algo la mañana de ayer pero les interrumpieron. Sus ojos, a sus ojos asomaba la preocupación. Quizás había recordado algo ayer y por eso hoy se la veía sumamente triste. Harry no daba abasto con los pensamientos, se agolpaban buscando indicios y así lo único que estaba consiguiendo era un tremendo dolor de cabeza. Siempre que pensaba en ello, siempre que intentaba recordar al máximo ese día, e incluso cuando volvió al lugar y se encontró con Malfoy, siempre terminaba con dolor de cabeza. "Algo ocurrió y yo no puedo más, necesito saber si fue verdad o no". Esas habían sido las palabras de Ginny. El dolor de cabeza aumentaba, se estaba empezando a marear. No tenía sentido, no era normal. Resbaló por la pared hasta sentarse de mala manera en el suelo. Apoyaba la cabeza sujetándola fuerte entre sus manos, tenía que parar su propia tortura. Merlín, pensó, Merlín siempre le decía que la verdad estaba en su interior, que él tenía el don de encontrarla. "Sois imposibles, los adolescentes no saben concentrarse. En una buena meditación se hayan más respuesta que en un interrogatorio". Esa frase le llegó a la mente con el tono gruñón de su Maestro. Meditación, buscar la verdad en su interior. Separó las manos de la cabeza y se puso en pie de nuevo con torpeza. Respiró profundamente, como Merlín les había enseñado. Cerró los ojos y visualizó al anciano mago. Le sonreía y le señalaba unas escaleras que descendían en la oscuridad. Harry le siguió y a medida que bajaba, sentía una mayor relajación a la vez que una mayor presión en su cabeza. Cada vez le veía más etéreo, se estaba convirtiendo en un fantasma, Merlín desaparecía en su mente a la vez que la luz asomaba al final de las escaleras. Llegó a unas puertas y las abrió de par en par. Era la enfermería. Allí estaba él, rodeado de Snape, Remus y Sirius. Hablaban y luego intentó levantarse, se mareaba pero tenía que llegar a Ginny. Ella estaba tumbada en una cama, con una herida en la cabeza. Harry se acercó a ella, la acariciaba y Ginny despertaba. Su mirada no reflejaba ni el menor signo de que hubiese sufrido una agresión sexual. Cuando ella le miró los nudillos, Harry recordó tenerlos ensangrentados, recordó que se había peleado con Malfoy y que le había dejado hecho polvo. Ginny le curó las manos y la escena se fue deshaciendo, convirtiéndose en una visión etérea, al igual que pasó con Merlín.
Harry abrió los ojos. Dos preguntas se formularon de inmediato: ¿por qué no puedo recordar la pelea con Malfoy? ¿Y por qué pienso que sólo fue una brecha en la cabeza cuando ellos lo consideran una agresión sexual? La respuesta llegó tan rápido, que Harry no entendió como no se le había ocurrido antes. Le habían modificado los recuerdos. Por eso Sirius se sentía tan mal. Harry notó como el calor subía por sus pies. El engaño. Antes de perder el control, hizo algo de forma intuitiva. Sacó su varita, la apuntó a la sien y con voz clara y fuerte dijo: "Finite Incantatem".
Fue un estremecimiento, una sacudida y allí estaba todo. La sensación de angustia por ver que Ginny no llegaba y no le contestaba mentalmente. El recorrido por el pasillo sabiendo que era él quien llegaba tarde. La pluma y el reguero de sangre. Detrás de la puerta, Malfoy y Ginny. La desvestía, la tocaba, la miraba. Cada instante, cada sentimiento, cada impulso, cada puñetazo y cada una de las lágrimas que Harry sintió en aquel momento, llegaron a él como si acabase de ocurrir. Sirius y Remus entrando en el aula y separándolo de Malfoy. Sirius envolviendo a una Ginny inconsciente en un manta y llevándosela a la enfermería y luego la oscuridad.
El reloj de la torre de Hogwarts anunció que eran la 6 de la tarde. Harry salió del aula con los puños apretados y sin poder evitar ir hacia el vestíbulo. Lo sensato era ocultarse, no bajar y decir lo que estaba pensando y sintiendo, y, por supuesto, no ver a Malfoy. Su ira no le permitió enterarse de la transformación que sufría. Se oscurecieron sus ojos, se marcaron los rasgos de su cara y sus manos se bañaron de un sudor frío como el hielo. Llevaba la mirada perdida, era su cuerpo el que lo guiaba, así que no vio como las luces de las antorchas se apagaban cuando él pasaba, no vio que la oscuridad se apoderaba de él.
En el despacho del director, un muchacho pelirrojo, alto, fuerte y con un gran sentido de la protección hacia sus seres queridos, se ponía en pie al oír lo que le acababan de contar. Intentó salir del despacho y bajar para repartir su propia justicia pero el viejo y sabio anciano no se lo permitió. Le siguió hablando pausadamente, intentando hacerle entrar en razón, aún sabiendo que al principio iba a ser imposible. El muchacho estaba fuera de sí, quería venganza y la quería ya, así que el director le tuvo que aturdir levemente para poder sacarle de allí y dejarle en un aula preparada por él para aquella situación.
- Ron, lo que te estoy pidiendo es muy difícil, lo sé – Dijo Dumbledore con la voz más tranquila posible – Quizás no se obró de la mejor manera en aquella situación pero el caso es que no podemos dar marcha atrás, no debemos hacerlo
- Ha podido disfrutar de sus vacaciones y volver a este colegio ¿Qué castigo se le ha impuesto? Ese maldito hijo de puta se pasea delante de todo el mundo sin pagar por su crimen y usted me pide que me quede sin hacer nada – Ron se sentía impotente en aquel cuarto, ya estaba más calmado, seguramente por el hechizo pero sólo era exteriormente, su interior estaba en guerra y pedía justicia
- Por supuesto que no te estoy pidiendo eso. Lo que quiero es que obremos con inteligencia y que... – Hasta a Dumbledore le costaba ser moderado en esos momentos. Se había cometido un acto atroz bajo su tutela y eso le crispaba los nervios – Hagamos lo que hagamos, no podemos cambiar lo sucedido pero sí que tenemos la oportunidad de castigar a Malfoy y sé una manera mejor que partirle la cara
- No sería lo único que le haría, eso téngalo por seguro – Exclamó Ron con rabia
- Yo no debería de... Mira, Ronald, mi postura como director de esta escuela se ve, por primera vez, contraria a como una simple persona. Con esto quiero que entiendas que comprendo la rabia y el sufrimiento que estás pasando. Ginny Weasley es para mí y para muchos de mis compañeros, una de las mejores brujas que hemos conocido y no por su poder, Ronald, sino por su benevolencia, su luz se expande a todo lo que toca, tiene un gran corazón y un alma pura, que en estos tiempos se convierte en esperanza – Dumbledore se sentó al lado del abatido pelirrojo – Sois una familia de magos sin parangón. No soy el único en creer que sois de la más alta nobleza
- Nunca hemos tenido nada, sólo a nosotros mismos y por eso no puedo permitir que nos dañen – Ron se asombró de las palabras del director
- ¡Cómo dices que nos has tenido nada! Quien no ha tenido nada es Malfoy, Ronald, tú eres infinitamente más rico que él
- Ese cabrón siempre se ha reído de nosotros
- No me equivoco al pensar que era envidia lo que se escondía tras sus insultos
- ¿Envidia?
- Sí, envidia por no tener lo único que seguramente ha deseado, el cariño de una familia verdadera, de unos padres que le apoyen y crean en él
- Y por eso lo paga con nosotros. Menuda forma de cobrarnos estar unidos, esta agresión y la muerte de mi hermano
- La venganza no sirve para cambiar las cosas, pero sí que podemos evitar más atrocidades – Dumbledore pasó su brazo por el hombro del muchacho y le habló con todo el cariño del mundo - Mueve ficha, Ronald, hazlo estratégicamente para que ganes esta batalla ¿De qué sirve deshacernos del alfil ahora, si no podemos llegar hasta el rey? Juguemos con Malfoy, convirtamos esta pieza en la clave para ganar la partida
- ¿Qué quiere que haga? – Preguntó Ron abatido
- Como ya te dije, se necesita tu don. Traeremos a Malfoy a la habitación contigua a esta, podrás verle y oírle mientras le interrogamos sobre la agresión y tú nos informarás de que esconde su cabeza
- Lo negará todo
- Eso no es un impedimento para ti – Dumbledore se levantó con intención de marcharse – Que no podamos castigarlo ahora por falta de pruebas, no significa que pueda ir de castigo en castigo durante todo el año. Me consta que sabrás buscar la manera de sacarle información y de meterle en pequeños líos que minen su autoridad y su fama. No te puedo privar de una venganza pero sí que puedo apelar al sentido común, que espero os diga a Harry y a ti, que de nada sirve matar a Malfoy para que acabáis convertidos en unos asesinos
- En estos momentos, sólo siento rabia
- Por eso te dejaré aquí un rato, para que puedas pensar con claridad y entender que la opción que te planteo es mejor que la que quieres ejecutar
Dumbledore sonrió cortésmente y se marchó, dejando sólo a Ron en medio de una batalla, la que libraban sus instintos más agresivos contra su sentido común. La siguiente visita era la peor de todas. Tenía que informar a la agredida de la nueva situación suscitada. Subió las escaleras pensando que ya estaba demasiado mayor para todo esto, que estaba harto de ver como la gente joven no podía disfrutar de esos maravillosos años, en que lo único que se le podía pedir, era que aprendieran magia. Saludó a la Dama del cuadro con un cortés halago y ésta, medio ruborizada, le dejó pasar. Encontró a Ginny en la sala común, andando nerviosa de un sitio a otro y restregándose las manos. Sentada en un sillón se hallaba Hermione, con visibles signos de haber llorado y con otros aún mayores de volverlo a hacer.
- ¡Profesor Dumbledore! – Exclamó Ginny
- Hola Ginny, Hermione
- Hola, profesor – Contestó la última con apenas un suspiro entrecortado
- No traigo buenas noticias
- ¿Qué ha pasado? – Preguntó Ginny
- Siéntese, por favor – Dumbledore se acomodó en una butaca cercana a ella, que resultó ser la que siempre utilizaba Harry – Hemos descubierto un acto atroz que se realizó a finales del curso pasado y que tiene que ver contigo, Ginny
La cara de la pelirroja se tornó pálida, sabía a la perfección lo que iba a pasar, sabía lo que iban a hablar, ya había visto aquella escena y sabía sus consecuencias.
- Supongo que era cuestión de tiempo que alguien me lo confirmara – Dijo Ginny abatida
- ¿Lo recuerdas?
- Que más da que lo recuerde cuando puedo ver el pasado, presente y futuro
- Entonces sabrás que no sólo vamos a tratar sobre la agresión, sino sobre tu destino – Dumbledore estaba realmente sorprendido de la entereza de la joven
- Nos iremos esta noche, en el tren de regreso a Londres
- No niego que eso haya sido una de las posibilidades que hemos hablado cuando me he enterado de lo ocurrido, no hace más de media hora – Dumbledore seguía perplejo – Mi pregunta es ¿cómo es que usted lo sabe?
- Se lo acabo de decir, la caprichosa premonición me deja ver el presente cuando se le antoja
- Hermione, me temo que esa decisión no es de su agrado – Le dijo Dumbledore al ver que ésta comenzaba a llorar en silencio
- ¡Cómo habría de serlo!
- Si quiere, podemos pensar otra solución para que usted se quede aquí
- Si no me equivoco, no hay muchas soluciones, iré con Ginny, nos iremos juntas – Al decirlo, Hermione supo que ya lo había asimilado pero eso no le impedía sentir una inmensa tristeza por lo que tenía que hacer, dejar a Ron con todas las consecuencias
- No entiendo qué está pasando aquí ¿es que Emy os ha explicado algo?
- ¿Emy? – Preguntó Ginny asombrada – No
- Entonces ¿Cómo sabéis que debéis iros las dos?
- Por las misiones, profesor, cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir y la de Hermione no puede realizarse aquí – Explicó Ginny contestando la verdad, aunque omitiendo la fuente que le había dado la respuesta
- ¿Qué es lo de la agresión? – Preguntó Hermione
Dumbledore explicó a Hermione cómo se había enterado de lo sucedido el curso anterior. Ginny le escuchaba hundida en el sofá y con el asco metido en el cuerpo. Fue Sirius, camuflado bajo la capa de invisibilidad de Harry, quien había escuchado a Lucius Malfoy hablar con su hijo sobre la agresión hacia Ginny y quien le daba instrucciones para que se repitiese, esta vez raptándola y llevándosela a él, para poder entregarla a su Señor, Lord Voldemort. Sirius volvió de inmediato al castillo cuando Malfoy se fue en su coche, dejando a su hijo en la estación a la espera que le llevaran al castillo. Se lo dijo a Emy nada más llegar y ambos fueron a hablar con Dumbledore. Fue hay cuando Emy les dijo que su abuela le había demostrado que Ginny podía ser la elegida para leer el libro y ser quien poseyera las llaves del tiempo y el espacio. A esta información le añadieron que sabían que Voldemort había enfocado como prioritario la búsqueda de las Hufflepuff, aquellas con mayor poder y que, por supuesto, Ginny estaba entre ellas. De hay que ellos consideraban que tenían que alejarlas de Hogwarts y esconderlas pero haciéndoles creer a todos que habían muerto. La excusa era llevárselas en el tren de regreso a Londres y fingir un ataque. Los periódicos echarían la culpa a los mortífagos y éstos pensarían que habría sido Wilcox.
- Pero sabemos que no podemos hacerle esto a vuestras familias, así que les avisaremos para que interpreten bien su papel – Terminó diciendo Dumbledore
- ¿En serio les avisarán? – Exclamó Hermione - ¡Oh, Ginny! Al menos podemos quitarnos eso de la conciencia
- ¿De qué hablan? – Preguntó el director
- Profesor, no podemos decirle dónde vamos
- Pero si de eso nos ocupamos nosotros
- No, profesor, de eso ya nos hemos ocupado, nadie lo sabrá – Dijo Ginny de forma tajante – Sé que puede confiar en nosotras, así que hágalo y no pregunte. Nos marcharemos como está previsto y nos darán por muertas... lo siguiente ya se verá
- Al menos dejen que Emy se pueda comunicar con ustedes
- No, nadie, es lo mejor
- Estoy loco al acceder a semejante confianza pero veo que no hay más remedio, así que vayan preparándose porque tienen que coger un tren – Dumbledore abrazó a cada una de ella – Estoy muy orgulloso de ustedes dos, las mejores alumnas que ha pasado por este colegio, sin lugar a dudas
- Hemos pasado sin terminarlo – Dijo Hermione ahogando un quejido
- Hace mucho que terminaron su nivel de enseñanza aquí – Dijo Dumbledore con orgullo – Bien podrían examinarse para aurores ahora mismo, que estoy seguro que sacarían una magnífica nota
- Gracias, profesor – Exclamó Hermione emocionada – Me gustaría tanto poder examinarme... he trabajado mucho para ese momento y ahora...
- Nadie dice que no pueda hacerlo, el tiempo pondrá las cosas en su lugar – Dumbledore sonrió a Hermione – Haz caso a este viejo que sabe lo que dice
- Eso espero, profesor
- Ahora he de irme, Malfoy ya habrá llegado y le tenemos que interrogar – Anunció Dumbledore
- Podrían llevar a Ron para que les diga...
- Él ya está allí
- Antes de que se vaya – Dijo Ginny - ¿Saben mi hermano y Harry lo sucedido?
- A Ron se lo he contado yo y le he dejado meditando para que no cometa una locura. En cuanto a Harry, creo que ya será consciente de ello, le mandé que hablara con Sirius y Emy
- No sé ni por qué lo he preguntado, siento que está destrozado, siento su angustia y su ira – A Ginny se le fue la entereza. Rompió a llorar y a temblar – Si al menos pudiese hablar con él antes de irme, yo sé que puedo hacerle entrar en razón
- Me encargaré personalmente de que tengan una entrevista a solas con ellos, antes de ir a la estación. Ustedes decidirán si deben acompañarlas al tren. Eso sí, nadie debería verles, así que permanezcan aquí o en sus habitaciones hasta que vengamos a buscarlas
- De acuerdo – Contestaron ambas
Dumbledore le dio un beso en la frente a cada una y se marchó hacia el Gran Comedor. Definitivamente ya no estaba para estos disgustos, se le partía el alma al ver que los cuatro muchachos tendrían que separarse.
En el vestíbulo sólo estaba la profesora McGonagall. Vio a Harry bajar las escaleras y aproximarse. Remus le había informado de la situación y ella, horrorizada, quiso poner el grito en el cielo. Sin embargo, las órdenes del director eran claras, no debía propagarse por el resto del profesorado y no debía decir nada cuando viese a Malfoy. No se acercó a Harry, no quería que la viese en el estado de consternación que estaba, pero debía de decirle que Sirius y Emy le estaban buscando. Le indicó en voz alta que dentro le estaban buscando sus tíos y no recibió respuesta. Él iba directamente allí. El comedor estaba prácticamente vacío. Cerca de la mesa de profesores estaban Snape, McManaman, Remus, Arabella, Sirius y Emy, ésta última visiblemente asustada. Harry fijó la mirada en sus tíos y viceversa. Pararon su conversación, de hecho, el Gran Comedor se quedó en silencio, tanto por la presencia transformada del muchacho, como por el hecho de que se apagaran las luces de su alrededor. Harry se dirigía hacia ellos cuando desvió la mirada y se encontró de frente con Malfoy.
Le observó con atención y entonces las palabras que oyó de Sirius llegaron a su mente: "Draco Malfoy estaría muerto y Harry habría sido detenido hasta el juicio". Draco estaría muerto, Draco estaría muerto. Matar a Draco Malfoy... ¡No! Eso no era suficiente. Nadie mejor que él sabía que había torturas peores que la propia muerte. Le haría sufrir. Allí estaba, un muchacho alto, de piel muy blanca, con el cabello rubio platino y los ojos más fríos de todo el colegio. Custodiado, como siempre, por dos muchachos que le sacaban una cabeza y medio cuerpo. Draco Malfoy sonreía cínico delante de Crabbe y Goyle. Su caminar chulo le indicaba a Harry que soltaría alguno de sus comentarios típicos. Al acercarse y ver mejor la expresión de su mayor enemigo, el rubio se detuvo un momento pero su estupidez pudo más que su prudencia. "Provócame, venga Malfoy, provócame". Ahora era Harry quien sonreía.
- ¿Dónde has dejado a la pelirroja? – Sus palabras sisearon como siempre – Seguro que te ha abandonado. Salta a la vista que eres un mojigato con menos experiencia en mujeres, que tus padres como abuelos. Habrá sido lista y se habrá largado con otro al que le guste la marcha igual que a ella
- Debí haberte especificado más el asunto sobre Ginny, Malfoy – Harry se acercó aún más a él, dejándoles a ambos no más lejos de diez centímetro. Sus ojos oscurecieron más si cabe y sus pómulos se perfilaron como filos de cuchillos – No vuelvas a acercarte a ella, no la menciones, esté, o no esté yo. No la mires, ni siquiera te permito que respires el mismo aire por donde haya pasado
- O sea, que voy a tener el mismo contacto con ella que tú – Malfoy soltó una sonora carcajada que se vio coreada por sus dos gorilas. Esa fue la señal para que los seis profesores tomaran cartas en el asunto – Al menos yo ya he acariciado sus mieles
No había terminado de decirlo, cuando el puño derecho de Harry se chocó con la mejilla del rubio, abriéndole una gran brecha. Acto seguido, el izquierdo le volteaba de nuevo la cara por otro golpe en el mentón. Harry estaba fuera de sí. Cada puñetazo que le daba, le traía la imagen de Malfoy poniendo sus asquerosas manos sobre lo más puro que él conocía, Ginny. No pudo golpearle una tercera vez porque Goyle y Crabbe se le había echado encima pero no fueron suficientes. Su rabia sobrepasaba su fuerza, dándole una efectividad inusitada en una pelea cuerpo a cuerpo, en donde tenía desventaja por estatura y corpulencia. No le fue difícil escapar de los dos gorilas y dejarlos tumbados en el suelo con una patada en la entrepierna a cada uno. Ahora podía volver a por Malfoy. Cuando ya podía oler el miedo de su enemigo, alguien le volvió a atrapar con fuerza por detrás. No eran sólo dos brazos, de nuevo dos personas le sujetaban. Tampoco eran Goyle y Crabbe. Se trataba de Sirius y Remus. Harry empujaba hacia delante con todas sus fuerzas y con los brazos extendidos, quería retorcer el blanco cuello de Malfoy hasta romperlo pero a éste lo arrastraba por el suelo Snape.
- No eres el único que tiene padrino en este colegio, cabeza rajada, yo también tengo y me cubre mejor que el tuyo, él mío no miente tanto – El veneno de las palabras de Malfoy no sólo caló en Harry, sino en todos los involucrados. A pesar de haber caído al suelo al segundo puñetazo, su simpleza no le permitía cerrar su bocaza
- ¡CÁLLASE, MALFOY! – Bramó encolerizado Snape, lo siguiente era Draco con una mordaza, atado con las manos atrás y siendo arrastrado como un mueble viejo por el profesor de Pociones – Me lo llevo, ya sabéis lo que tenéis que hacer
Snape se llevó a Malfoy, dejando a Harry revolviéndose entre los brazos de Sirius y Remus. McManaman hizo levantarse a Crabbe y a Goyle y les mandó, de muy malas maneras, que se fueran de allí. Arabella intentaba que Harry se bebiera una poción relajante pero éste la tiró de un manotazo y Emy simplemente contemplaba la situación sin hacer o decir nada pero con la cara visiblemente crispada.
- ¡Soltadme! ¡Soltadme os digo! Malditos embusteros de mierda – Harry estaba fuera de sí, no le había bastado dos puñetazos para desahogarse, él quería una paliza como le había dado la última vez, una de la que no pudiese recuperarse en una semana – Vosotros tenéis la culpa de que él siga impune
- Soltadle – Ordenó Emy – Harry debes entender...
- ¿QUÉ? ¿QUÉ ME HABEIS ENGAÑADO DE NUEVO? ¿QUÉ SIEMPRE SOY EL ÚLTIMO TONTO EN ENTERARSE? ¿CÓMO ME HABÉIS PODIDO MODIFICAR LOS RECUERDOS? ¿OS HABÉIS CREÍDO QUE PODEIS MANEJARME COMO UNA MARIONETA? ¡ESTOY HARTO DE VOSOTROS!
Nadie contestó nada. Emy agarró fuerte a su sobrino por el brazo y se lo llevó de allí para meterle en la sala contigua al Gran Comedor. Harry sintió que la mano era de fuego, le quemaba todo el cuerpo y por eso ni siquiera pudo forcejear para soltarse de ella. Emy cerró la puerta y comenzó a chillar.
- ¿Y QUÉ QUERÍAS QUE HICIERAN? No hubo violación, se quedó en el intento y si tú le hubieses matado, estarías ahora mismo en Azkaban ¿Entiendes?
- ¡LO ENTIENDO! ¡LO ENTIENDO! – Siguió gritando el muchacho
- Ellos hicieron lo que creyeron mejor para ti. Harry, tres golpes más certeros y le habrías matado
- No me vengas con sermones. Sé que tú has hecho monstruosidades peores – Harry no atendía a sus palabras, no le importaba hacer daño – Además tú no lo puedes entender... ¡TÚ NO ESTABAS ALLÍ!
- ¡CLARO QUE ESTABA! – Exclamó Emy cabreada – Fui yo quien te hizo tropezar con la pluma y quien paró los pies a Malfoy tanto como pude
- ¿Tú?
- Te lo he dicho muchas veces, Harry, nunca te abandoné, permanecí a tu lado y al de Sirius también. Él se quedó en el colegio para protegerte, a ti y al resto de Guardianes – Emy cogió la cara de su sobrino entre sus manos y cambió su tono de voz por uno infinitamente más cariñoso – Piénsalo, Harry, la venganza no era la solución
- ¿Y qué castigo ha recibido Malfoy? ¿Me lo puedes decir? Se pasea victorioso sin que nadie le haya parado los pies – Ahora sonaba vencido y triste
- Tú se los paraste, cariño. Nadie dice que no haya que darle un escarmiento pero no puedes convertirte en un asesino. Imagina la culpa que sentiría Ginny el resto de su vida. No te lo tomes a mal pero sé sincero ¿Es venganza por ella o por ti? Si es por ella, no tomes decisiones que no apruebe Ginny – Emy besó a su sobrino en la frente, le revolvió el pelo y le sonrió – Será mejor que te quedes aquí, por desgracia la noche no ha acabado. Reflexiona, Harry, hazlo por el bien de ella y por el tuyo
Muchas gracias por los reviews:
Paolac78: actualizaré más de seguido, prometido ;)
eldarion erchamion: ¿cómo voy a pensar que eres un pesado? ¡es más! la pesada soy yo y encima maleducada por no contestar antes (cuestión de pésima conciencia). Muchísimas gracias, de corazón por seguir ahí... después de tanto tiempo. Es complicado para mí decir porqué he tardado tanto en volver a escribir pero sí que te puedo decir que ya tengo once capítulos más desde donde los dejé. Si no he actualizado a partir de ahí en ningún sitio es porque (esto ya lo sabes) la historia tiene que acabar (eso espero... por favor) así que tengo que cuadrar cada tema abierto y por eso no quiero actualizar hasta que no esté prácticamente convencida de que los capítulos son inamovibles. Esta última parte se ha extendido más de lo normal simplemente porque fui creándola capítulo por capítulo en vez de crear una estructura en la que cerrar lo que quedaba por contar... no quiero volver a cometer ese error, ten en cuenta que al final podrán rondar los 70 capítulos ¡70 CAPÍTULOS! Se me ha ido la pinza y lo siento, porque al final uno se cansa de leer, aunque yo deba terminar de contarla y sean cuatro lo que terminen leyéndola. Te agradezco de todo corazón el cariño, si no fuese por él, quizás no estaría poniendo de nuevo mi empeño en escribir... ten en cuenta que yo sí sé lo que va a pasar, así que para mí no tiene tanta emoción pero sí mucho trabajo. Un beso enorme y de nuevo, gracias.
Shadim-Samtrom: Así que no has llorado ¿Eh? pues con lo dramática que soy a veces no creas que te vas a librar tan fácilmente de derramar alguna que otra lagrimita... No te puedes hacer un idea de lo increíblemente maravilloso que es para mí hacerte sentir con lo que escribo. Gracias por estar ahí. Besucos. P.D.: ¿Yo? ¿matar a alguien? ¡Jejeje!
anatripotter: Te agradezco enormemente que me sigas desde hace tanto tiempo y más cuando vuelvo tas una gran ausencia. Te diré un secreto, la vida no es lo mismo cuando no escribo, sin embargo, escribir me da tal vértigo y respeto que he de superarme a cada momento, con cada palabra. La última noche tiene que se acabada, aun siendo tan extensa. Lo planteé mal pero intento subsanar el problema por eso no quiero actualizar más allá de capítulo 52 hasta no haber redondeado el final, ya es demasiado extensa. No puedo evitarlo, me gusta tanto imaginar a Harry que me dejo llevar. Pero todo tiene un fin y a por él voy. Un beso y sincero abrazo. P.d.: Yo también te leo y me encantas
