¡Hola, chicos! Aquí les dejo otro capítulo de este fic, que apenas está comenzando. Quisiera agradecerles a aquellos que han apoyado esta historia, especialmente a Ponycornio, que ha sido más fiel que Woody y Buzz (si lo entendieron, lo entendieron. ¡Hahaha!) Gracias por todo, linda :*
No olviden comentar su opinión, independientemente de lo que quieran decirme, solo háganlo ;) Espero que les guste.
Nos leemos pronto, cuchuritas :*
Capítulo IX
Ojos que todo lo ven
Había llegado el día del anhelado baile real, y Lizzie tenía que prepararse muy bien, pues todo el reino estaría atento de la nueva ocupante del castillo real. Tres de las damas reales se encargaron de ella, Amina, Linna y Serafinne, embelleciéndola para el magno evento. El cabello, la piel, las uñas, el rostro, todo. Cada milímetro de la chica poco a poco lucía más reluciente y atractivo. Frigga llegó justo a tiempo para la elección de la vestimenta, así que ambas entraron en el espacioso armario de la habitación de la muchacha, donde había cientos de trajes para escoger. Seda, lino, chiffon, charmuse, tulle, y otros nombres raros salieron de la boca de la reina, y luego de un rato, la joven se dio cuenta de que eran los tipos de tela. Ella no tenía idea, solo asentía y sonreía cuando tenía que hacerlo.
Después de probarse hermosas túnicas brillantes, de múltiples colores, ya la joven estaba empezando a fastidiarse. Ninguna de ellas transmitía el mensaje que quería ("soy la madura y digna prometida de un príncipe"). Finalmente, en el fondo del armario, encontraron un vestido, más hermoso de los que ya se había colocado antes, y se escuchó un coro de ángeles. Era el vestido perfecto, y en definitiva, (para el profundo alivio de la humana), ya la búsqueda había acabado. La reina, complacida con la elección de vestimenta, zapatos y accesorios, terminó de arreglar a la muchacha, que con cada pequeño detalle estaba empezando a verse increíblemente bella.
Posteriormente, después de haber terminado con el peinado y maquillaje, la chica se dedicó a verse en el espejo. La mujer que la veía atónita era demasiado hermosa para ser ella: su cabello recogido estaba impecable, su maquillaje en tonos verdosos era espléndido y ni hablar de su ceñido vestido color esmeralda, que brillaba como un montón de pequeñitos diamantes; tenía un escote de corte corazón, y una larga capa con una cola kilométrica, complementando la silueta de corte de sirena del vestido. Lucía bellísima, radiante, y suspiró más que satisfecha con el resultado de la laboriosa y pesada tarde de transformación. La reina se despidió, ya que ella también debía arreglarse, y la chica solo se dedicó a esperar.
Pasaron las horas y ya Elizabeth se estaba exasperando, caminaba descalza, ya que sus pies le dolían debido a los altos tacones, (y ni siquiera la fiesta había comenzado), por toda la habitación, impaciente. Finalmente, Serafinne entró y le avisó que debía acompañarla, para hacer la entrada de honor. La siguió sin chistar por los corredores del castillo, hasta llegar a las puertas del gran salón.
Desde afuera, se escuchaban los murmullos de la gente, esperando la entrada de los príncipes con ansias. La servidora la acompañó hasta las escaleras, donde su príncipe la estaba esperando.
Lo único que se puede decir es que sí tuvo la reacción que ella esperaba.
Cuando él se giró para verla, su mandíbula casi tocó el suelo. No podía creer que la preciosa mujer que tenía ante sus ojos era la misma chica torpe y extraña que llegó con él a Asgard. Ahora estaba convertida en una mujer adulta, exuberante y elegante, y quizá la más hermosa de todo el lugar. Ella, orgullosa de haber hecho babear al mismísimo Dios del Engaño, bajó con seguridad y le dio un beso tierno en los labios.
Él, por otro lado, no estaba nada mal. Llevaba un traje de gala negro, también con una capa, del mismo color del vestido de su acompañante. Thor los observaba sonriente, (él sí que estaba guapo). Llevaba el mismo traje negro de Loki, con la diferencia de que la capa era de un color carmesí intenso. Llevaba en brazos a Sif, la guerrera, que también estaba muy bonita, pero nada comparado como la hermosa recién llegada.
Luego arribaron los reyes, luciendo espléndidos con ropajes en bronce. Todos tomaron sus posiciones, esperando a que las puertas abrieran y comenzara el baile. Los reyes entraron primero, con una canción melódica y tradicionalista, que era el himno de Asgard. Las puertas volvieron a cerrarse, dejando a los invitados expectantes. Odín comenzaba a pronunciar un discurso, no muy elaborado, acerca de lo dichoso que se sentía por tener a sus dos hijos de vuelta en casa. Thor estaba nervioso, y tendía a apretar demasiado la delicada mano de Sif, que siempre protestaba con una mueca desagradable, lo que incomodaba al Dios del Trueno. Lizzie parecía imitar la acción por su cuenta, pero no podía lastimar a Loki de esa manera, ya que la diferencia de su masa muscular con la del semidios era más que evidente. Él trataba de tranquilizarla y la atajaba cada vez que los nervios hacían de las suyas, doblándole las rodillas.
– Estás hermosa, todos verán lo bella y grácil que eres, así como yo ya lo había notado hace algún tiempo. Todo va a estar bien, tranquila – la besó, pero esto no la calmó demasiado – Te amo – le susurró. Era la primera vez que se lo decía de frente, solamente a ella. No pudo evitar besarlo de nuevo.
– Yo también te amo – las puertas se abrieron y la aclamación de la gente casi los ensordece. Miles de súbditos estaban reunidos para ver a sus príncipes, entonces la chica comenzó a hacerse popular. Cientos de mujeres la admiraban y anhelaban tener su belleza, y cientos de hombres envidiaban a Loki por tener a semejante joya para él solo. Entonces comenzó el vals, una orquesta comenzó a tocar una dulce tonada, y los nervios de la muchacha aumentaron con violenta rapidez. Pero, a pesar de todo, tenía al mejor bailarín de compañero, así que no todo iría mal, ¿no? Sus ágiles pies guiaban a Lizzie, y ella los seguía con confianza; según Thor, que estaba en el otro extremo de la pista de baile, lo estaba haciendo excelente, ya que levantó su pulgar aprobando sus movimientos. La canción le pareció corta, ya que hubiese deseado quedarse toda la vida bailando junto a Loki, se sentía segura y dichosa. Nunca había bailado así con alguien, y para ser su primera vez, estaba muy contenta con el resultado.
Luego de saludar a muchos de los invitados, presentándose como la novia formal del príncipe, se sintió agotada y decidió ir a los pasillos por un momento, a tomar aire fresco.
Mientras meditaba en los corredores, notó que Odín se dirigía con sigilo hacia el portón principal, cuidando que nadie lo viera salir, y montó su caballo hacia las afueras del reino. Sabía que no debía hacer lo que estaba pensando en hacer, pero un gran sentimiento de curiosidad comenzó a invadirla. Entonces ella era la que estaba cuidándose de que alguien la viera, y siguió al Padre de todos los reinos. Lo hizo a pie, para que nadie pudiese verla, o al menos notarla demasiado, ya que su vestido era bastante llamativo por sí solo. El rey se detuvo a las afueras de la morada de Heimdall, y la chica se escondió como pudo, ya que la estructura era como una especie de esfera, que no era el mejor escondite de todos.
– ¿Cuál es el asunto tan importante que está haciendo que me pierda del baile, exactamente? – interrogó entre molesto e intrigado.
– Es sobre la humana, señor – respondió con paciencia.
– ¿Elizabeth?, ¿de verdad? – el guardián asintió con franqueza. La chica sintió que se le heló la sangre al escuchar su nombre. De todas las cosas que se había imaginado poder escuchar en aquella conversación, jamás se imagino que fuese ella el tema. Tratando de calmarse, escuchó con atención – Muy bien, ¿qué pasó?
– Ha sido una visión, su majestad, una premonición. He visto cosas sobre ella que he decidido que debe saber. Ella confina un poder soberbio, y temo que si no la enviamos lo antes posible a Midgard, podrá desatar una guerra aquí – Odín lo miró perplejo, y comenzó a reírse a carcajadas.
– ¿Estás seguro?, ¿ella tiene un gran poder? Creo que te has equivocado de persona, ¡¿acaso no la has visto?! – preguntó aún riéndose.
– Estoy definitivamente seguro de lo que vi, señor. Aún no sé cuál es su origen, pero este poder es inmensurable y se desarrollará en poco tiempo. Es muy poderosa, casi tanto que temo que no pueda ser controlada. Creo que debemos exiliarla lo más rápido posible, su majestad, por la seguridad de los nueve reinos – contestó muy serio, aparentemente decía la verdad. Todo ese asunto confundió mucho a la chica. No podía ser posible. ¿Ella poderosa?, ¿cómo? Solo existía la opción de que Heimdal estuviese exagerando, o tal vez se equivocó y no quiso admitirlo. Pero eso no podía ser cierto, Elizabeth Blackthorne era tan común y corriente como cualquier otra humana de su edad, no había nada extraordinario en ella; y esto fue lo que la consoló. Se dignó a ignorar lo que acababa de escuchar, para su propio bien.
– Si lo dices así… – comenzó a considerarlo – ¿Qué tan poderosa es?
– Aún su poder sigue oculto, pero solo es cuestión de tiempo para que este evolucione. Podrá ser capaz de hacer cosas asombrosas, su majestad, verdaderamente maravillosas. Si lo desea, véalo usted mismo – le invitó con un gesto a tomar la espada que estaba clavada en el gran podio. El rey obedeció, sujetando con ambas manos el astil y se quedó un tiempo viendo un punto en el vacío. Era como si una fascinante película pasara frente a sus ojos, invisible para los demás. Luego, dejó la espada en su lugar y se llevó una mano a la cabeza, bastante preocupado.
– Bien, tienes razón. Pero creo que sería demasiado arriesgado si la dejamos vivir, incluso en Midgard. Debemos… debemos… – un nudo en su garganta hizo que se le dificultara hablar, no quería decir lo que iba a decir, pero no veía alguna otra opción favorable – debemos eliminarla – la chica se llevó las manos a la boca, tratando de que su grito ahogado no se escuchara en lo absoluto.
– No podemos hacer tal cosa, señor. Eso traería consecuencias incluso mayores. Le mostraré – tomó la mano del rey, guiándolo de nuevo hacia la espada. Volvió a ocurrir lo mismo, pero esta vez el Padre de todos tenía otro gesto, como si comprendiera absolutamente todo lo que veía, como si ya lo supiera.
– Ya lo entiendo, al fin lo comprendo.
– Debemos dejar que todo transcurra como debe transcurrir, no podemos alterar nada. Debe cumplirse, señor, recuérdelo.
– Sí, debe cumplirse – asintió. Luego de una despedida corta, se dirigió otra vez hacia el palacio, donde aún el baile no terminaba. Lizzie llegó también, poco después, todavía confundida por todo lo que oyó. Loki la esperaba en los pasillos, preocupado.
– ¿Dónde estabas?, no te encontré en ninguna parte.
– Solo respiraba aire fresco, eso es todo – admitió desganada.
– ¿Está todo bien?
– Sí, sí, lo está… ¿Qué tal si volvemos y hacemos que la fiesta empiece, eh? – trató de volver a ser ella, para que el semidios no sospechara nada, y regresaron con los demás.
Esa noche ella no pudo dormir, ya que era una sola frase lo que la inquietaba: "Debe cumplirse". ¿Qué debía cumplirse?, ¿su cumpleaños?, ¿una promesa?, ¿qué era? Podía ser cualquier cosa, y no se sentiría en paz hasta averiguarlo.
