23. Titular de muerte

- Y yo que llegaba anoche al cuarto deseoso de hablar con Ron y Harry – Dijo Dean mientras sacaba los libros de su baúl

- No queda mucho tiempo – Intervino Neville mientras miraba su reloj de muñeca a la vez que se ponía los pantalones, lo que provocó que perdiera el equilibrio y que casi se fuera al suelo – Habrá que despertarlos

- ¿Sabrán lo que dicen que le pasó a Ginny?

- No creo, Dean – Contestó Seamus saliendo del baño en calzoncillos – No estuvieron ayer en la cena

- Quizás no fueron por eso mismo – Exclamó Neville

- Lavander me dijo que llegaron antes que nosotros, cenaron primero y se fueron a una reunión con los cuatro profesores que faltaban - Aseguró Dean

- Espero que sea verdad – Dijo Seamus – Porque Ginny no sólo es asunto de Harry. Ron, como hermano mayor suyo, siempre le ha protegido mucho

- ¿Realmente creéis que fue atacada sexualmente por Malfoy? – Preguntó Neville con miedo – Porque de ser así, no le doy a Malfoy ni un solo día de vida. Dudo mucho que Harry o Ron puedan permanecer sin hacerle nada

- Ginny ya no está en el colegio y Hermione se ha ido con ella ¿qué más pruebas quieres? – Soltó Seamus con tono de evidencia

- Pues yo creo que si fuese cierto, sería Malfoy quien no estaría en el colegio – Rebatió Dean

- No deberíamos hablar de esto aquí ¿y si nos están escuchando? – Murmuró Neville

- ¿Es que no oyes como ronca Ron?

- Lo de anoche fue muy raro, yo llegué sin pizca de sueño y no habían pasado dos minutos, cuando casi no podía con mi vida – Explicó Seamus - ¿Crees que echaron un gas somnífero?

- No creo – Dijo inocentemente Neville – Aunque a mí me pasó lo mismo y he dormido mucho mejor de lo que normalmente lo hago

- ¡No te quedes con nosotros, Neville! – Se rió Seamus – Tú eres capaz de no enterarte si atacan el castillo en medio de la noche

- ¡Claro que me enteraría! – Se quejó el aludido

- Ya se puede pasear Susan Bones en pelotas por tu cama, que como tengas sueño, a ti no te mueve ni un "mobilicorpus" – Seamus no paraba de reír mientras que las orejas de Neville se ponían rojas como tomates

Harry había oído toda la conversación y, por como roncaba Ron, sabía que su mejor amigo también lo había oído. Estaba seguro que hacía tiempo para que se fueran del cuarto, seguro de que aún no quería hablar con nadie. Harry se pensó lo del gas somnífero, no es que lo hubieran echado pero él se había quedado dormido casi al momento de guardar la carta de Ginny, debía de haber sido lo que les dio Sirius. Miró por la rendija del dosel la botella que había dejado en la mesilla y vio que estaba vacía. Ya no le quedaban dudas. Sus tres compañeros se terminaron de vestir y se fueron de la habitación. Dean les había convencido que se marcharan sin despertarlos, que ya tendrían tiempo de hablar con ellos y que aquel no era el mejor momento. Harry se alegró del magistral sentido común que casi siempre caracterizaba a Dean. Nada más oírse cerrarse la puerta, Ron dejó de roncar, salió de la cama y fue directo a las duchas. Harry hizo lo mismo minutos después. A pesar que ambos sabían que estaban en el baño, ninguno dijo nada. Ron salió primero y se vistió en silencio. Ni siquiera le saludó cuando Harry salió, se limitó a terminar de atarse los zapatos y a esperarle.

La suerte les sorprendió al no encontrarse a nadie en la sala, tampoco era tan tarde, aún les quedaban quince minutos para desayunar e ir al aula que les tocara. Nadie en las escaleras ni en los pasillos, ni siquiera en el vestíbulo. Se miraron sin decir nada. Venía la prueba de fuego, traspasar los portones abiertos del Gran Comedor. Ninguno de los dos daba un paso adelante, ninguno quería ir a clase, ninguno quería encontrarse con nadie pero las órdenes eran claras, tenían que comportase lo más normales posible ¿Cómo hacerlo si Malfoy estaba allí? ¿Cómo aguantar no darle de puñetazos hasta verle desangrarse? Esas preguntas pasaban por la mente de ambos. Estaban pensando en ello, cuando un chico y una chica de primer curso, con el uniforme de Gryffindor, salieron por la puerta escoltados por al menos seis niños y niñas más. Al verlos, el muchacho se adelantó, les miró a los ojos y les habló.

- Soy Daniel Gutt, podéis llamarme Dan – No sonrió, ni adelantó su mano para estrechársela a ninguno de los dos – Ella es mi hermana Emma. Nuestros padres murieron en la batalla de La Madriguera. Quiero que sepáis que os apoyo en todos los sentidos y que podéis contar conmigo para acabar con el malnacido de Voldemort. Ahora tenemos que irnos a clase pero nos veremos en la sala común. Adiós

Con las mismas se marchó, caminando a la par que su hermana y seguido de los otros chavales. A Harry casi se le caen los libros de las manos. No se habían vuelto a acordar que vería a compañeros que perdieron familiares aquella horrible noche. Ahora sí que no podía dar ni un solo paso. Estaba paralizado, abatido, perdido y por la cara con la que le miraba Ron, su amigo no estaba mucho mejor. Luego todo pasó rápido. McGonagall salió y les dio un horario a cada uno. Les hablaba deprisa y se la veía nerviosa y triste. Les ordenó que entraran en el salón, que desayunaran y que fueran a su clase lo antes posible, que por ese día les dejaba entrar tarde.

En la mesa de profesores estaban Emy, Sirius y Bella, también estaban Dumbledore y Hagrid. Les miraron con tristeza, todos menos Emy, que parecía que de un momento a otro se iba a desencajar, sus ojos estaban perdidos en algún punto infinito y su expresión iba desde el asco hasta el desprecio. Se sentaron al final de la mesa, lo más alejado de ellos y dando la espalda al resto de las mesas. Sólo habían visto algún que otro bulto pero ninguna cara. En la mesa de Gryffindor no quedaba nadie. De nuevo la suerte estaba con ellos. Sabían que por más que miraran el zumo, si no se acercaban la copa a la boca, no se iría de allí. Fue Bella la que se acercó a ellos y les murmuró que se lo tomaran junto con una taza humeante, que traía para cada uno, de algo que no supieron identificar. Les indicó que les daría algo de ánimo y que les haría soportar mejor el día. Ellos sólo asintieron con la cabeza. Al ir a clase de Transformaciones, parecía que ya les había hecho efecto.

- Esto no será lo mismo sin ellas – Dijo Ron

- Esto será una mierda sin ellas – Confirmó Harry, luego llamó a la puerta y McGonagall les hizo pasar

Séptimo curso traía un discurso aún peor que el que habían tenido que oír en quinto. Presión por todas partes y trabajo, mucho trabajo. Ellos apenas escuchaban lo que su jefa de casa les decía, además estaban seguros que volvería a repetirlo, a lo largo del año, un montón de veces más y que tendrían que oírselo a todos los profesores, así que se evadieron de allí metiéndose en sus propios pensamientos. Eso hizo que apenas pudieran darse cuenta de las miradas que por parte de sus compañeros, tanto de Gryffindor como de Hufflepuff, les lanzaban cada dos por tres. Al salir de clase tuvieron que poner más de su parte. Neville se limitó a decirles lo que ellos ya se habían dicho antes de entrar, que no sería lo mismo sin ellas. Dean y Seamus no se atrevieron a ser ellos quienes les hablasen de la agresión, ni tampoco de la batalla, así que se limitaron a contarles el verano que habían pasado y hacer algunas bromas sobre los niños que entraban ese año en Hogwarts pero Harry y Ron no prestaban atención. La siguiente clase era Historia de la magia, con la profesora McManaman, la cual repitió un discurso parecido, con un toque de ternura propio de ella y sin tanto pesimismo. Harry y Ron comprobaron que las clases cambiaban a infinitamente mejor con ella que con sus dos anteriores profesores pero tampoco es que estuvieran muy atentos.

Mientras comían, de nuevo de espaldas al resto de las mesas, repasaron el horario que aún no habían visto. Fue una grata sorpresa ver que ese año no compartían ni una sola clase con Slytherin, aunque en el fondo, Ron y Harry, sabían que era para salvarle el pellejo al despreciable de Malfoy. Neville, Dean, Seamus, Lavander y Parvati habían creado una barrera, casi infranqueable, en torno a ellos, todo para impedir que cualquier cotilla imbécil se aproximara para preguntarles si era cierta la agresión. Tanto el uno como el otro, lo agradecieron en silencio, como también agradecieron que continuamente les estuvieran entreteniendo con algo divertido, chistes, anécdotas o cualquier conversación sin demasiada importancia. Sabían que tarde o temprano tendrían que contestar a alguien o enfrentarse con Malfoy pero aún no se sentían con fuerzas como para no medir sus contestaciones o sus poderes.

- Y oí a McGonagall decir que no había visto descaro igual en todos los años que llevaba en el castillo – Dijo Parvati entre risas – No hay duda que le echó morro al asunto

- Incluso el sombrero frunció sus arrugas más de la cuenta ¡Mira que decirle eso! – A Lavander también le hacía mucha gracia

- Pues qué ocurrió - Preguntó Harry tras picarle la curiosidad

- ¿Ves a aquel chico de primer curso, el más alto de todos? – Le indicó Neville, que estaba sentado al lado de Harry – Cuando fue llamado para que el sombrero le seleccionara, dijo en voz alta: "yo estaré en Gryffindor". A todo el mundo le entró la risa, incluso a Dumbledore

- A McGonagall se le quedó una cara... – Intervino Dean

- Pero no quedó hay el tema – Siguió contando Seamus – Cuando se quitó el sombrero, que no tardó ni un segundo en gritar Gryffindor, se le quedó mirando y le dijo: " y mi hermana también"

- Su hermana es aquella chica rechoncha y con cara de no haber roto un plato en su vida – Agregó Parvati

- Como es natural, nos pusimos a aplaudirle para darle la bienvenida pero él no se movió más que dos pasos y esperó a que el sombrero dictaminara a su hermana, la siguiente en ponérselo – Dijo Neville con tono de haber sido él quien debió de contar toda la historia, ya que era quien la había comenzado – Con ella estuvo más tiempo pero terminó por mandarla a Gryffindor y entonces a él se le puso la sonrisa en la boca, comenzó a aplaudir y juntos se sentaron en la mesa

- Se le ve muy decidido – Dijo Harry mirándolo y recordando lo que le había dicho al verle por primera vez

- Ni que lo digas, yo en mi selección estaba muerto de miedo – Contestó Neville

- Ya le bajará los humos Snape – Dijo riéndose Seamus

- Dicen que está enamorado de...

Harry dejó de prestar atención, desvió la vista hacia Ron y se dio cuenta, por su cara, que no había escuchado nada de la conversación anterior. Sabía que su amigo no dejaba de pensar en Hermione y no podía reprochárselo, el comienzo del curso sin ellas estaba siendo desolador. Si alguno de los dos se planteó, a lo largo de la mañana, que las cosas no podían ir peor, se equivocaron. Harry veía a los profesores murmurar continuamente entre ellos, no disimulaban su preocupación y Dumbledore, Sirius y Remus no hacían más que hablar sin probar bocado. El director y su tío le pillaron mirando, se dijeron algo y Sirius se levantó.

Los postres estaban ya en la mesa cuando llegaron las lechuzas invadiendo el Gran Comedor. Alzó la vista para verlas entrar pero luego la bajó para ver como Sirius avanzaba por el pasillo en dirección hacia él. Seguro que le daría instrucciones para que después de las clases pasaran por el despacho de Dumbledore.

- Harry - Dijo Ron hablando por primera vez durante la comida - ¿Enviaste la suscripción?

- No – Contestó Harry mirándolo extrañado

- Pues tenemos periódico. Ya lo pago yo

A partir de ahí, las cosas para Harry pasaron a cámara lenta. Ron desenroscó el periódico a la vez que la portada principal se descubría ante ellos y ya no pudo oír a nadie en la sala. Todo se quedó vacío para Harry, sólo las letras del titular grabadas en su mirada junto a tres fotografías: un vagón destrozado y las fotos de Ginny y de Hermione. "Un ataque al expreso de Hogwarts se lleva la vida de dos jóvenes alumnas".

No, no, no, aquello era imposible, no era real, no podía ser cierto. Sin embargo, sus oídos volvieron a funcionar escuchando gritos de personas, llantos, insultos, exclamaciones de asombro, todo junto formando un caos. Los profesores pedían calma, intentando sosegar a varias chicas que gritaban histéricas. Harry se dio cuenta que eran Lavander y Parvati. Sintió como alguien le agarraba del hombro pero acto seguido le soltaba. Ron se había puesto en pie, había sacado su varita y comenzaba a gritar a Malfoy: "te mataré, hijo de puta, acabaré contigo, mortífago de mierda". Sin embargo, Harry no podía hacer nada, se había quedado paralizado por un dolor intenso en el pecho, que cada vez le oprimía más y más. Ya había sentido aquel dolor, la tortura de que le vaciaban por dentro, de que todo se rompía en su interior, de que su corazón no era capaz de latir por estar destruido. Ya había sentido todo aquello pero su mente le negaba que fuese cierto, ella no podía estar muerta, porque de ser así, él no estaría vivo.

Sirius le quitó la varita a Ron, lo rodeó con sus brazos aprisionándolo y se lo llevó con gran dificultad de la sala, mientras el pelirrojo seguía amenazando a Malfoy. Para entonces, Remus ya se les había unido y el resto de los profesores andaban desperdigados por el comedor intentando cubrir un posible altercado. Snape permanecía al lado de Malfoy, al que las heridas en la cara le delataban ante los rumores. Emy había llegado hasta su sobrino, le había quitado la varita sin el más mínimo impedimento por parte de él, le levantaba de la mesa guiándolo por los hombros y se lo llevaba de allí. Harry estaba a punto de desmayarse, sentía que no le llegaba aire a los pulmones, respiraba con muchísima dificultad, así que Emy le puso las manos en el pecho y dijo algo en voz baja. Sintió como una ventana se abría, como entraba luz dentro de él, sin embargo aún estaba aturdido y caminaba con dificultad.

Ron se había calmado, iba delante con Sirius y parecía que su furia se había convertido en llanto. Les estaban llevando al despacho del director. La contraseña de limones como siempre, la subida por la gárgola y de nuevo allí. Parecía que había pasado una eternidad desde la última vez que estuvieron y ni siquiera se habían cumplido veinticuatro horas. Les sentaron en dos sillas y comenzaron a hablarles pero al ver que seguían aturdidos, Emy decidió ir a por un bálsamo a la enfermería. Al volver se topó con Dumbledore en la puerta y entraron juntos al despacho. Ron y Harry se tomaron otra taza humeante del mismo mejunje, que sabía a puré de verduras, y permanecieron callados.

- Esto no estaba planeado así – Comenzó diciendo Dumbledore con tono muy serio – Se suponía que la noticia aparecería mañana en El Profeta y no hoy. Hubiese preferido jugarme la estrategia, permitiendo que actuarais, que daros semejante disgusto

- Ellas están sanas y salvas, todo ha sido un montaje – Aseguró Sirius – Os dije ayer que os contaría en qué consistía el plan pero no ha dado tiempo. Siento mucho el susto que os habéis llevado

- ¿Lo decís en serio? – Preguntó Ron con la voz entrecortada

- Por supuesto, cariño – Contestó Emy – Sabemos que lo estáis pasando mal, no íbamos a permitir que os enteraseis de este modo

- ¡Oh, no! ¡Mis padres! – Exclamó aterrado Ron

- Ellos lo saben desde anoche, tuvimos una reunión con tus padres aquí – Aclaró Dumbledore

- No entiendo nada ¿Por qué las habéis alejado de aquí? ¿Por qué todo este montaje? – A pesar de no poder pensar con claridad, Harry pronunció en voz alta lo que llevaba varias horas pensado

- Lucius Malfoy cometió el error de ser demasiado autoritario con su hijo – Mientras Dumbledore hablaba, Harry se fijaba en sus expresiones, nada tranquilas como era lo habitual. Se le notaba muy molesto y airado, seguramente por no cumplirse el plan como él lo tenía premeditado – Sirius llevaba la capa de invisibilidad de tu padre y tenía orden de vigilar de cerca la entrada de ciertas personas, entre ellas Malfoy. Así que pudo oír con claridad como Malfoy padre le decía a su hijo que sólo le daba una semana para capturar a Ginny y entregársela a él para su Señor. Por otro lado, nosotros teníamos informaciones que confirmaban un detalle vivido por ti hace tiempo. No sé si recordarás que Peter Pettigrew le dijo a Emy que tú no eras su principal objetivo, que había otro antes. Eso nos puso en marcha para averiguar qué o quién te había desbancado de semejante puesto

- ¿Está tratando de decirme que Ginny es su principal objetivo? Eso no tiene sentido ¿Qué puede tener ella que quiera Voldemort? – Le preguntó Harry extrañado a Dumbledore

- No es lo que tiene, es lo que es – Contestó Emy – La abuela me lo insinuó durante los dos últimos días en España. Ginny nunca se ponía bajo la lámpara, siempre evitaba salir por la puerta principal. Yo no quise creerlo pero el día en que nos marchamos, lo vi con mis propios ojos, la lámpara reaccionó ante Ginny, la identificó

- Porque es La Guardiana de Hufflepuff – Intervino Ron

- Y la elegida para conocer los secretos del tiempo y el espacio

Se hizo el silencio. Las palabras finales de Emy le dieron un completo giro a los pensamientos de Harry y de Ron. No se la llevaban por temor a un nuevo ataque de Malfoy, se la llevaban por ser la única esperanza de Voldemort para controlar el mundo mágico. Harry comprendió, al fin, que matando a Ginny tendría que buscar a otra persona que pudiese leer el libro y descifrar sus claves, por no hablar de hallar las puertas de entrada. No obstante, eso sonaba menos apetecible para Voldemort que el hecho de que ella misma le pudiese descubrir las claves del libro.

- Puedo llegar a comprender que debían hacer desaparecer a mi hermana pero a Hermione ¿Por qué?

- Esa respuesta casi no puedo contestártela. Cuando le dijimos a Ginny lo que pasaba – Explicó Dumbledore – Hermione asumió que ella se iba también, las dos lo dieron por supuesto, sin ni siquiera darme tiempo a planteárselo. Sólo comentaron su partida como parte de la resolución de sus misiones. De hecho, y sé que esto no os gustará en absoluto, nadie de aquí sabe dónde están

- ¿Entonces cómo estáis tan seguros que no han sido asesinadas? – Preguntó Ron asustado

- Preparamos un montaje. Dejamos, deliberadamente, que Malfoy tuviese acceso para enviar una lechuza a su padre. Tú sabes, Ronald, que él estaba al corriente de que ellas se marchaban en el tren y que estuvo presente cuando Emy habló conmigo sobre el temor que le rondaba de que Wilcox fuese tras ellas, por habernos contado que le vieron esa misma mañana en Hogsmeade

- ¡Así que fue por eso! Ya decía yo que no entendía nada – Asimiló Ron, recordando lo que pasó después de que interrogaran a Malfoy

- ¿Por qué Ginny? Ella no es en verdad una Hufflepuff, es una Gryffindor – Se quejó Harry

- Al igual que tú elegiste la casa donde estás, ella hizo lo mismo – Contestó Emy – Si Ginny no tiene todas las cualidades para ser una Hufflepuff de pies a cabeza, que me parta un rayo en estos instantes

- La familia Weasley se remonta muchos años atrás ¿No es cierto, Ronald?

- Sí, profesor

- Bien podría ser descendiente de Helga – Observó Dumbledore

- Yo sé que lo es. No pertenece a la rama de Herederos pero sí es una descendiente, hay muchos chicos en el colegio que lo son de alguno de los Fundadores – Aclaró Emy

- Pero, como habéis dicho, hay otras muchas chicas que podrían tener el don de leer el libro ¿Por qué Ginny?

- Eso no lo sé, Harry

- ¿Es por ser la Guardiana?

- Te digo que no lo sé, cariño

- ¿Y si la encuentra Voldemort? ¡Maldita sea! ¿Es que no va a poder vivir tranquila la gente a la que quiero? – El carácter de Harry estaba a punto a aflorar y perder los nervios

- No digas eso, Harry – Dijo su tía con el alma encogido

- ¡Cuánto mejor sería que me encerarais solo, en un cuarto, hasta la hora en que nos matemos el uno al otro!

- ¡Harry! – Riñó Sirius – Calla la boca si no tienes nada mejor que decir que una estupidez

- ¡Es verdad! Debería quedarme callado y solo, así sería más fácil para todos – Dijo alzando la voz y mostrando su desesperanza

- Me temo, amigo mío, que no permitiré que a ti y a mí nos separen – La voz de Ron sonaba extrañamente tranquila – Si ellas sabían que debían marcharse ¿Quiénes somos, tú y yo, para detenerlas? – Soltó una especia de carcajada sorda - Al fin y al cabo, ellas casi siempre tienen razón

- ¡Jajaja! – Harry se vi sorprendido por el comentario de su mejor amigo y no pudo remediar soltar una carcajada, mezcla de conformidad y añoranza – Y sino, creen tenerla. Gracias

- ¿Y ahora? – Preguntó Ron a los adultos

- Pues subiréis en un rato a vuestro cuarto, cuando estén todos en clase, cogeréis algo de ropa y nos vamos los cuatro a Londres – Contestó Sirius

- Lo lógico es que vayamos al entierro – Aclaró Emy

- ¿Y qué cuerpos van a enterrar? – Preguntó de nuevo Ron

- En apariencia enterraran a Hermione en el panteón familiar, Winky está asumiendo su papel con una poción multijugos especial – Explicó Sirius – Aunque he de decir que no va a ser un entierro, sino una incineración, no nos interesa que abran el ataúd y no encuentren nada

- Sé que esto es demasiado surrealista para que reaccionéis debidamente – Dijo Dumbledore con comprensión en la voz – Pero he de pediros que mantengáis un papel de desolación, mezclado con rabia e inconformismo

- No se preocupe profesor, nos saldrá solo – Dijo el pelirrojo con sarcasmo - ¿A Ginny la llevaran a La Madriguera?

- Sí, Ronald – Afirmó el director – Tu madre ha pensado que sus supuestas cenizas deben descansar en el mausoleo de la estirpe Weasley, en el cementerio de Ottery Saint Catchpole

- Dobby es quien se hace pasar por Ginny – Añadió Emy – Hay muchas cosas que pueden salir mal en este montaje pero tenemos que mantener la esperanza de que todo vaya bien. Por mi parte tomaré medidas para que Tom crea que no hemos sido nosotros. Ya le dije que no tocara ni a uno de mis chicos, sino quería ver mi furia. Ahora tendrá que verla para asegurarse de que no hemos sido nosotros, aunque eso ya le dé igual, está furioso. De buena te libraste anoche, Harry

- ¿Por qué lo dices?

- La poción que os dio Sirius es muy fuerte y os hizo dormir muy profundamente y sin soñar. Anoche Tom se enteró del ataque antes que verlo en los periódicos. Seguramente fue al llegar después del incidente para atacar ellos. Se puso hecho una fiera y me dio la noche. Me temo que seguimos conectados por la cicatriz, cariño. La verdad es que no me extraña que estuviese rabioso, si aún no ha atrapado a Wilcox y no ha podido secuestrar a Ginny, sus planes con respecto al libro se están viniendo abajo

- ¿Realmente es tan importante ese libro? – Preguntó, casi con inocencia, Ron

- Sí, lo es. Imagina que...

Sonaron dos fuertes golpes en la puerta del despacho y esta se abrió, era la profesora McGonagall que parecía venir de un duelo. Traía el sombreo mal puesto, su vestido ajado y la cara manchada y magullada.

- Señor director, esto es inaudito, ese muchacho se ha vuelto loco, no responde ante nadie – Dijo con la voz entrecortada por el cansancio de llegar, seguramente, corriendo

- Minerva, despacio y claro, no te estoy entendiendo

- Es Viktor, señor, ha encerrado a Malfoy en un aula y le está interrogando con maltratos

- ¿Viktor Krum? – Preguntó Dumbledore perplejo ante semejante situación, teniendo en cuenta el carácter pacífico del joven profesor – Pero ¿Qué le ha hecho reaccionar así?

- La muerte de Hermione Granger – Respondió directa la jefa de la casa Gryffindor

Ron palideció. Bajó instintivamente la mirada al suelo con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Krum estaba tan furioso que se había saltado todas las normas, había abandonado el sentido común y había secuestrado a Malfoy para que confesara sobre el ataque a Hermione. Krum la amaba hasta ese punto. Krum estaba loco por ella ¿Hasta dónde había llegado? ¿Qué no le había contado Hermione? ¿Sabría ella esos sentimientos? Las respuestas a esas preguntas poco le podían quitar a Ron las ansias de que aquello no estuviese sucediendo, de que no fuese él quien vengase la vida de Hermione. Le había quitado el derecho. Krum no era nadie para reaccionar así, no era nadie para Hermione y él sí. "¡Maldito seas!" se repetía una y mil veces "¡Maldito seas! Ella no te amaba, nunca te amó, fui yo y no tú... fui yo y no tú".

- Ron ¿estás bien? – Le preguntó Harry en voz baja

- Él no tiene derecho a pedir cuentas a nadie – Contestó con los dientes apretados para no chillar

- Por supuesto que no lo tiene – Harry sabía a la perfección lo que su amigo le intentaba decir – Le expulsarán por esto

- No me basta, no me dejan enfrentarme con Malfoy y él... ¡ÉL SÍ LO PUEDE HACER! – Ron rompió su silencio para convertirlo en un grito, importándole muy poco que Dumbledore estuviese en medio de una conversación con McGonagall

- Sirius, Emy, es mejor que llevéis a los chicos a su cuarto para recoger lo que necesiten y marcharos de inmediato – Ordenó Dumbledore – Ya hablaremos esta noche en Londres

Ron y Harry se vieron arrastrados por sus tutores hacia la torre de Gryffindor. Tuvieron que pasar por delante de la clase de Aritmancia de sexto curso y por la de Historia de primero, en donde Harry volvió a ver aquel muchacho, decidido y arrogante, que le miraba de forma tan intensa. No es que fuesen buenos actores, es que la situación era de por sí angustiosa como para no tener otra cara. Así que aquellos a quienes vieron, pudieron dar testimonio a otros que, Harry Potter y Ron Weasley, estaban hechos polvo por la muerte de sus amigas, hermana y novias, todo junto en las dos jóvenes brujas asesinadas.

Recogieron poca cosa, lo justo para estar presentables en el entierro, luego volvieron a bajar, esta vez sin encontrarse a nadie hasta llegar al vestíbulo de donde salían McGonagall, Snape, Krum, Malfoy y cerrando el desfile, Dumbledore. Llevaba pensando tirarse al cuello de Krum en cuanto le viese, pero Ron se quedó parado al verles salir. Malfoy llevaba un aspecto deplorable, se agarraba el estómago y cojeaba de una pierna, la cara la tenía llena de golpes, le sangraba una ceja, la nariz y la boca. Se veían quemaduras en su ropa, que bien podían haber pasado a la piel y, como colofón de humillaciones, su perfecto cabello rubio se había visto transformado en un desbarajuste de tirones, cortadas y chichones. A Malfoy le habían pegado una soberana paliza y no es que ninguno de los profesores se fuese lamentando por ello.

- Siento decirte esto, Ron, pero me alegro mucho que Malfoy haya dado con la locura de Krum – Dijo Harry con la primera sonrisa sincera de ese día – Yo sólo pude darle dos puñetazos ayer pero mi deseo de que recibiese una paliza se ha visto cumplido, dejándome a mí la oportunidad intacta – Los ojos de Harry brillaban de satisfacción y venganza

- ¡Ah, sí! Se me había olvidado darte las gracias por esos dos puñetazos – Ron miró con desprecio a Malfoy, aunque también lo hizo con Krum cuando pasó a su lado. Por supuesto, no había podido hacerle nada, Sirius le atrapaba con su brazo por si intentaba echársele al cuello

- Me las tendrás que dar en más de una ocasión

- Y tú a mí y tú a mí – Concluyó Ron