24. De vuelta a Londres
Conducía Sirius, no era lo habitual pero es que Emy no se sentía con ganas de hacerlo. Al parecer, la noche que le había dado Voldemort con su cabreo, había sido suficientemente dañina como para que Emy no pudiese disfrutar de un paseo al volante. Después de permanecer más de dos horas en silencio, Harry decidió que debía de pedir perdón a su padrino. No aprobaba el comportamiento que tuvo al modificarle la memoria pero entendía las razones. Así que Harry se disculpó por haber sido borde con él pero también aclaró que jamás, y repitió jamás, debía de volver a hacerle semejante jugarreta. Sirius se disculpó una y mil veces y les prometió a ambos ir con la verdad por delante, siempre que pudiese decírsela y no fuese información de alguna misión. Fue así como Harry se enteró del regreso de Sirius a las filas activas del espionaje para Dumbledore y para La Orden. No le hizo mucha gracia pero se cayó, ya que presintió que no había sido una decisión tomada de común acuerdo por ambos.
Ron habló en contadas ocasiones y cuando lo hacía, era como si su voz hubiese cambiado de un día para otro. Ahora sonaba profunda, más adulta, incluso más sentenciosa. Poco quedaba de su voz despreocupada, risueña y natural, esa que quizás tenía por contraste con la de Hermione. Se habían cambiado los papeles y Ron asumió el del chico responsable que nunca había sido. Emy deseó que sólo fuese temporal, le gustaba Ron, le gustaba tal cual era.
Los paisajes pasaban a gran velocidad. Harry sabía que un coche normal saldría despedido hacia el barranco si tomaba, la pasada curva, con la misma velocidad que ellos llevaban. Sabía que los vehículos normales no indicaban paso libre para adelantar y que no pasaban totalmente desapercibidos por algún encantamiento. Harry pensó en toda la gente que desconocía su mundo, pensó en ellos como pobres inconscientes que viven a la sombra de una gran mentira. Cerró los ojos, estaba cansado, cansado de todo. Demasiadas emociones en poco tiempo. Debería estar acostumbrado a ello pero lo cierto era que no lo estaba, que estaba harto. Emy miró hacia atrás y vio a su sobrino sumido en sus pensamientos ¿Qué no daría ella por aliviarle?
- Sirius ¿Podemos parar en algún lugar para estirar un poco las piernas y tomar algo? – Preguntó a su marido en voz baja
- Claro, cariño. Conozco un sitio antes de llegar a Newcastle, a unos veinte minutos de aquí – Le contestó Sirius
- De acuerdo
Llegaron a un pequeño pueblo costero y bajaron hasta la playa. Desde allí veían el puerto, lleno de barcas de pescadores. Bajaron del coche y se metieron en un bar. Emy pidió unos refrescos para los cuatro y se fueron a sentar a la terraza de afuera. El cielo estaba lleno de nubes grandes y blancas, que se movían lentas, como queriendo pasar inadvertidas. Detrás de ellas se adivinaba un hermoso cielo azul. Pequeñas olas rompían en la dorada orilla de arena fina. Por la mente de todos pasaba el recuerdo de España.
- Vamos a estar un rato – Habló Emy - ¿Por qué no vais a estirar un poco las piernas por la playa? Desde aquí os podemos ver y no creo que pase nada ¿No os apetece?
Harry y Ron se miraron. Cogieron sus bebidas y se levantaron. A medida que se iban alejando, Sirius pudo observar cuánto habían crecido ambos muchachos. Poco quedaba de aquellos chicos que conoció cuando tenían trece años. Emy también estaba pendiente de ellos, aunque pensando en cómo distraerles el resto de viaje.
- No soporto verlos así
- Ni tan mal que están. Si hubieses visto a Harry cuando... – Sirius enmudeció, no se había dado cuenta de lo que iba a decir – Lo siento
- Lo vi y tampoco lo soportaba – Contestó Emy sin darlo importancia mientras seguía mirando como se alejaban los muchachos – Ron está consumido. No sé qué decirle pero sí sé que necesita que lo saquemos de ese aislamiento
- ¡Cómo no quieras que le ponga a conducir! Cariño, es normal que estén así, peor pensé yo que se iban a tomar todo esto
- Están cansados y hartos. Esto les mina el espíritu, el cual necesitan para luchar, necesitan recuperar la esperanza
- Pues entonces, estoy seguro que bajo tus cuidados la recuperarán. Tú eres la persona más dura que he conocido
- No te creas, yo he salido de todo por él y luego he luchado por él y por ti pero sino hubieseis estado...
- Tú lo has dicho, debemos obligarles a que miren hacia delante, que continúen el camino para llegar a recuperar eso que han perdido, las chicas
- Me temo que ahora sonarían a palabras vanas. Quizás de momento sea mejor ponerlos frente a un volante – Emy sonrió a su marido – No es tan mala idea
- ¿Crees que pienso dejar que conduzca Ron hasta Londres?
- Es más bien una distracción, como un coche de autoescuela. Los dos con pedales y volante ¿Quién sabe? Así quizás se distraiga un poco
- ¿Y que hacemos con Harry? ¿Ponerle un volante atrás?
- De Harry me ocupo yo – Concluyó Emy
Por las caras que traían, se podría asegurar que no habían hablado absolutamente de nada y por su predisposición a contestar qué tal el paseo, se podría hasta jurarlo. Sirius y Emy se miraron, ella puso cara de chica buena y Sirius la mandó a paseo con un gesto. Se adelantó a los demás de camino al coche e hizo unos pequeños arreglos sin que le viesen. Estaban llegando los tres, cuando salió, cogió a Ron por los hombros y le anunció con grandilocuencia:
- Mi muy apreciado caballero. Ha llegado la hora en que se siente en el asiento del copiloto y comience sus clases de manejo de automóviles. En este caso, un coche de gasolina de cinco marchas, con cambio manual y con más caballos de potencia, que una manada de las llanuras de Rohan ¿Alguna pregunta?
- Sí – Dijo Ron abandonando por fin ese tono nostálgico - ¿Crees que alguien que ha echado whisky al refresco, puede conducir?
La cara de Sirius, junto con la de Emy, se convirtió en un poema. En cambio, a Harry le apareció una leve sonrisa en el rostro. Movió la cabeza negando y se metió en el coche acomodándose en el mismo sitio.
- Entiendo que queráis subirme el ánimo y lo agradezco – Explicó Ron aguantándose la sonrisa – Por eso he hecho yo lo mismo... ¡Os he gastado una broma!
- ¡Ah! – Exclamaron aliviados los dos a la vez
- ¿No hay Whisky? – Preguntó Sirius
- No, sólo vuestros ojos salidos de las órbitas – Sonrió Ron
- ¡Este es mi pelirrojo! – Dijo Emy con júbilo a la vez que le daba un achuchón y le revolvía el cabello
Ron se sentó en el asiento del copiloto, escuchó las indicaciones de Sirius y se pusieron en marcha. Emy se sentó atrás con su sobrino, no tardó ni un minuto en juntarse a él y pasarle un brazo por los hombros para que el muchacho se abrazase a ella. Harry la miró con los ojos brillantes. Su lado rebelde le decía que se alejara de sentimentalismos pero no lo hizo, pudo más el bienestar que ella le proporcionaba. Estar abrazado a su tía significaba estar en casa, así que se dejó querer y se acurrucó posando la cabeza en su pecho.
La llegada a Londres supuso una expectación mayor para los dos chicos. Emy y Sirius estaban atentos por si encontraban en el camino algún indicio de mortífagos. Cuando llegaron a las proximidades de la casa, ya en Hyde Park, comenzaron a verles. Emy pensó en encargarse de ellos más tarde. Ambas casas estaban bien protegidas con hechizos y el coche tenía un encantamiento desilusionador, es decir, que se camuflaba en cualquier escenario. Enfilaron la calle Bayswater Road hasta llegar al número 57. Allí giraron y metieron el coche dentro, como cualquier persona normal.
- Hemos llegado chicos – Exclamó Sirius
- ¿Por qué venimos a esta casa? – Preguntó Ron extrañado
- Porque es donde viven tus padres – Contestó Sirius con la mayor de las naturalidades – Se han trasladado ayer definitivamente, tenían que terminar de protegerla. Remus me contó que la mudanza fue más fácil que un "Lumos", sólo tuvieron que atravesar el jardín
- Harry ¿me dijeron mis hermanos que al final compramos la casa?
- Que yo recuerde, no
- Hemos estado con ellos el sábado y no dijeron nada – Ron frunció el ceño – Se van a enterar
- Si no te lo dijeron fue porque no creían oportuno decir donde vivían tus padres delante de tanta gente. Como están los tiempos hoy en día es mejor salvaguardar tu dirección – Explicó Emy – Ahora coger vuestras cosas del maletero. Entra tú primero, Ron, sino tendremos que llamar a la puerta y esperar a que nos abran
Dicho y hecho, el pelirrojo cogió su mochila y subió las escaleras de la residencia colonial. La fachada estaba limpia y restaurada, volvía a ser una hermosa vivienda. Ron estaba seguro que ni Malfoy podría meterse con aquella casa. Giró el pomo de la puerta y sintió un calor extraño en la palma de la mano. Fue un instante, como si el pomo analizase si debía o no dejarle entrar, luego el resbalón cedió y la puerta se abrió dejando ver la entrada. Detrás de Ron entró Harry, luego Emy y, por último, Sirius.
- Ya estamos aquí – Dijo Emy en voz alta
De una puerta batiente salió la señora Weasley. Tenía cara de haber estado llorando toda la noche pero mostró la mejor de sus sonrisas mientras se secaba las manos en el delantal. Ron se dejó abrazar sin ser esquivo, de hecho él también colaboró en el recibimiento de su madre, cerrando sus brazos en torno a ella. Hacía ya varios años que la superaba en altura pero fue en aquel preciso instante, al ver la cabeza de su madre recostada sobre su pecho, que se dio cuenta de lo que él había crecido. Por desgracia, también tomó conciencia de no haber disfrutado de los abrazos de su madre desde que entró en Hogwarts, y todo por absurdas vergüenzas.
Harry también correspondió al cariñoso recibimiento de la señora Weasley, incluso Sirius dejó que le pusiese bien el cuello de la camisa y que le quitase una mancha de la cara mientras que éste le recordaba que él no era un muchacho de diecisiete años pero eso no le importó a ella. Los tres chicos se quedaron de piedra al ver el abrazo entre Molly y Emy. La primera se echó a llorar mientras le daba las gracias por poner a su pequeña fuera de peligro pero lo más curioso es que Emy, por primera vez desde que todo estalló, bajó las defensas e igualó a su amiga en lágrimas mientras que negaba con la cabeza y le decía que ella no tenía ese mérito.
- Poner las maletas en el salón, luego las subiremos – Ordenó Molly secándose las lágrimas – Tenéis que estar cansados, pasemos a la cocina y os pongo un té
- ¿Estás sola en casa? – Preguntó Sirius haciendo lo que le habían pedido
- No. Arthur está arriba en el cuarto, hoy no ha podido ir a trabajar - Molly de nuevo tuvo que contener su llanto, escondiéndolo con la punta del delantal mientras entraba en la cocina, seguida de los demás – Han sido demasiadas cosas en poco tiempo ¿sabéis? Percy... Ginny
Harry sintió que se le venía el mundo encima. No había pensado en que los señores Weasley estuvieran al tanto de la agresión. No vio venir a la madre de Ron y abrazarle de nuevo mientras le susurraba un "gracias" entrecortado. Su mejor amigo bajó la cabeza y se disculpó diciendo que subía a ver a su padre. El pelirrojo salió de allí arrastrando los pies.
- ¿Dónde están los chicos? – Volvió a preguntar Sirius
- Los gemelos están cerrando la tienda. Bill ha ido a Gringotts y Charlie está arreglando unos papeles en el Ministerio. Estarán a punto de llegar, saben que la cena es a los ocho y media
- Yo no puedo quedarme, Molly, debo irme al Ministerio enseguida
- De eso nada, cenarás y luego acompañarás a Emy y a Harry a vuestra casa – Molly se dirigió al muchacho – Aunque tú si quieres puedes quedarte en el nuevo cuarto de Ron pero no hay más camas, esta noche se quedan todos a dormir aquí
- ¿Prefieres quedarte, Harry?
Iba a contestar afirmativamente a Sirius, cuando vio la cara de pánico de su tía. No se había dado cuenta que ella no había vuelto a esa casa desde el año pasado y apenas estuvieron allí sólo una noche, en la que no dejó a nadie encender una sola luz. Algo dentro de él le hizo cambiar inmediatamente de parecer.
- No, quiero irme a la casa
- Mejor, no me hace nada de gracia que Emy se quede sola
- Soy mayor para un canguro ¿no crees?
- Llámalo como quieras – Contestó su marido con una sonrisa – Entonces nos tomamos el té luego y dejamos las cosas ahora ¿os parece?
- Vale – Contestaron los dos poniéndose de pie
Cruzaron por el jardín como habían hecho el verano anterior. Estaba vez entraron por la puerta principal, dejando la trampilla para casos de urgencia. Molly le entregó las llaves y se fue de nuevo a casa para terminar la cena, no sin antes decir que estaba encantada de que fuesen vecinos.
Harry podía ver la tensión en la cara de su tía, no había que ser muy listo, ya que le temblaba la mano con la que intentaba abrir la puerta del 22 de Craven Hill Gardens. Sirius se apiadó de ella y tomó las riendas de la misión. Nada más cruzar, Emy dejó caer las bolsas que llevaba en la mano. Su casa estaba desnuda de recuerdos, en las paredes no había ni una sola fotografía o cuadro. Los muebles estaban cambiados de sitio y la casa estaba limpia y ordenada, como si hubiese alguien muy pulcro viviendo en ella.
- La cambiaron cuando vinieron los Weasley a vivir aquí – Dijo Sirius mirando a su mujer
- Nadie puede cambiar esta casa – Emy dio un suspiro, cogió las bolsas y subió por las escaleras hasta los dormitorios. Entró en el que había sido el suyo y lo encontró distinto - ¿Dormiremos aquí?
- Si es lo que quieres…
- De acuerdo
- Harry, tú puedes hacerlo en el cuarto de...
- Sí, lo sé – Se marchó a dejar su mochila y luego regresó. Emy estaba en el mismo sitio en el que le había dejado. Era Sirius quien acomodaba el equipaje en el armario mientras ella se mantenía en pie absorta y descolocada – Quitaron las fotografías y los recuerdos personales para que fuese menos doloroso para Sirius y para mí... aunque en mi caso dio lo mismo
- Creo no me vendrá mal un canguro esta noche – Esa fue la única frase que pudo decir
- Emy, puedo mandar un mensaje al Ministerio, excusando mi presencia esta noche
- No, no, tarde o temprano hay que deshacerse de los fantasmas del pasado – Emy suspiró - Hoy es un día tan válido como cualquier otro. Además, tengo a Harry
- Eso es, me tiene a mí ¿Quién mejor que yo para darle ánimo? Soy la alegría personificada – Ambos sonrieron a medias
- Definitivamente me quedo – Exclamó Sirius ante el comentario de su ahijado y ahora sobrino
- ¡Qué no! – Insistió Harry – Tú ve tranquilo a la misión y luego nos cuentas
- No se te acaba la curiosidad ni en los malos momentos – Sirius le hizo un guiño y le dio unas palmadas en la espalda – Ya lo he colocado todo ¿Vamos a casa de los Weasley? Si he de marchar, no puedo demorarme
Harry no podía quitarse de la cabeza la imagen de su tía con trece años, entrando por la puerta de la casa, corriendo escaleras arriba hasta su habitación, después de salvar a Lily del secuestro de Voldemort. Estaba seguro que ella lo recordaba también, porque miró la habitación de sus padres con una pena tremenda.
Le abrió la puerta Ron. Los mayores les mandaron visitar la nueva casa por su cuenta y así lo hicieron. Cuando llegaron a la nueva habitación de su amigo, Harry no aguantó más y le preguntó a Ron qué le pasaba, ya que su cara había empeorado considerablemente desde que llegaron. Ron se sentó encima de su cama y agachó la cabeza hasta perder la cara entre las manos.
- Venga, Ron, ellas no están muertas. Sé que esto es un palo pero volveremos a estar juntos de nuevo
- No es eso... bueno, sí, hasta ahora... pero no es eso
- ¿Entonces qué es?
- No había recordado lo que Ginny significa para mi padre – Ron levantó la cara y dejó que Harry viera sus ojos empañados – Lo olvidé durante muchos años, supongo que lo hice a la vez que asumí el papel de hermano protector, el cual ha sido un rotundo fracaso. Primero la cámara y ahora el intento de...
- No, Ron, no te permito que adoptes esta aptitud. Si te oye tu hermana, te da un puñetazo y con razón ¡Has sido un hermano genial con ella! ¡Eres un hermano genial para ella!
- Fuiste tú quien la salvó, tú y no yo – Ron dejó que sus mejillas se empaparan – La dejé desprotegida, indefensa, sabía que él le había tirado los tejos y no hice nada... nada. Ahora entiendo lo que sintió mi padre
- Eso no es cierto – Harry no entendía a lo que se refería Ron con su padre - ¿De qué estás hablando?
- El verano antes de entrar a Hogwarts – Comenzó a narrar con voz apagada - Mis padres nos llevaron a Ginny y a mí a la feria de un pueblo cercano a La Madriguera. Era el cumpleaños de Ginny, cumplía nueve años. Había mucha gente. Yo iba de la mano de mi madre y Ginny iba de la mano de mi padre. Estábamos en un mercado y ya sabes como es él con los artilugios muggles. Soltó a Ginny para observar unas cosas y, cuando quisimos darnos cuenta, mi hermana había desaparecido. Mi padre se puso como loco, lo lógico era haber permanecido allí hasta que ella volviese pero no, salimos a buscarla por todos lados y eso hizo que la despistáramos aún más. Él estaba histérico, yo jamás le había visto perder la calma, ni siquiera con las trastadas de los gemelos. Mi madre no hacía más que llorar y apretarme la mano con fuerza, mientras que mi padre corría y la llamaba a gritos. Después de una hora, la encontramos. Unos niños del pueblo la tenían acorralada contra una pared. La tocaban el pelo y la cara mientras ella les daba patadas. No estaba asustada por ellos, sabía defenderse, no en vano tenía seis hermanos pero sí que sabía que estaba perdida. La llamaban calabaza y cosas por el estilo. Le dio una patada tan fuerte a un niño, que éste quiso pegarla. Mi padre llegó justo a tiempo y de un manotazo tiró a tres chavales al suelo, que no tenían más edad que yo por aquel entonces. A los otros les gritó una serie de barbaridades y salieron disparados de allí. Mi padre cogió a Ginny en brazos y la apretó contra él preguntándola sin parar: "¿estás bien? ¿estás bien?". Luego se deshizo en un mar de lágrimas y la pidió disculpas una y otra vez. Yo no digo que mi padre quiera más a Ginny que a cualquiera de nosotros, no es eso, es que ella es nuestra chica. No me equivoco al decir que cualquiera de nosotros nos meteríamos en la boca de un dragón por defenderla y lo curioso es que ella lo detesta, dice que sabe defenderse solita. No me extrañaría nada que aquel chaval aún conserve alguna marca de la patada de mi hermana
- Ginny es una magnífica bruja y sabe defenderse – Harry se sentó al lado de su amigo – Ella sabe que la quieres. Miles de veces la he oído decir que tiene mucha suerte de tenerte como hermano y yo estoy de acuerdo, también lo eres para mí, Ron, el mejor hermano que pude soñar
- No, Harry, soy un desastre – Ya no había el más mínimo disimulo para esconder su tristeza – No he sabido protegerla ni a ella ni a Hermione. Has sido tú y Krum quienes han demostrado cuánto os importaban ellas... Yo no he hecho nada... No he podido mirar a mi padre a la cara... no he podido hacerlo porque le he fallado en todos los sentidos
Harry intentó calmar a Ron, intentó convencerle que las circunstancias eran quienes habían marcado ambas situaciones pero su amigo no dejó de repetir que él nunca podría proteger bien a nadie y que lo mejor era que ahora no tenía que hacerlo. A Harry se le caía el alma a los pies, jamás en la vida vio a Ron tan destrozado, tan destruido como en aquel momento. Se sentía tan inútil con sus palabras, que lo único que se le ocurrió fue bajar a la cocina para que fuese su madre quien le hablara. Ya en las escaleras oyó a Emy despedirse de Sirius, acompañado luego por la explosión de los polvos flu. Nada más hacerlo, su tía comenzó a hablar con más intensidad, con mayor rudeza, descargando su alma con su amiga, con la persona que estaba buscando Harry, con Molly Weasley.
- Te lo juro, estoy harta – Decía con rabia Emy – Harta de que les sigan pegando bofetadas continuamente ¿Qué haremos con los chicos, Molly? Son demasiado jóvenes para pasar una y otra vez por estas injusticias
- Lo sé – Sin embargo, Molly tenía un tono templado de voz, como si estuviese resignada - Una cree que se puede acostumbrar a vivir con la sensación de que sus hijos necesitan de ella, de que debemos estar ahí contemplándolos sin parar para que no se caigan, para que no se hagan daño. Piensa que ha hecho todo en esta vida para proporcionales una buena escala de valores que les lleve a la felicidad y, sin embargo, nada funciona, nada
- Tus hijos son excepcionales ¡Claro que has hecho todo lo que estaba en tu mano! ¿Y en qué condiciones? Bajo la sombra de ese malnacido, de ese monstruo al que no puedo destruir teniendo el poder. Lo siento tanto, Molly, siento tanto todo esto
- ¿Tú? ¿Qué disculpas me tienes que dar tú? Eres quien les ha enseñado a protegerse, a luchar, eres quien les ha dado dones que jamás habrían podido otorgarles ninguno de sus padres. Tú les has hecho más seguros, por ti podrán vivir por más tiempo
- No sabes lo que dices – Emy se echó a llorar – Les he puesto en el punto de mira, puse a Ginny en la lista de Voldemort
- Mi pobre Emy, no añadas más carga a tu aflicción – Le cortó Molly – Mi pequeña es especial de nacimiento, la única Weasley nacida en mil años. Todos sus hermanos saben que ella es nuestro mayor tesoro. Lo demostró siendo niña. Curaba los animalitos que merodeaban en La Madriguera con amor. Yo lo vi con mis propios ojos. Ella nació para ser grande y grande está siendo, una de las brujas más poderosas de todos los tiempos. Lo sabemos desde hace mucho, mucho tiempo. Temimos que El Innombrable se diese cuenta en el incidente del diario. Creo que si ha puesto los ojos en ella, es porque conoce su poder interior, la ha visto en la batalla, Emy, vio a mi niña convertida en un ave de fuego. Todas las señales le fueron reveladas. Es su destino
- ¿Me estás diciendo que Ginny tiene el destino marcado?
- Sí
- ¡Cómo no me di cuenta! El destino de ella está unido al de él ¡Claro que está marcado!
- ¿Acaso conoces el destino de Harry?
- Todos conocemos tal destino pero no le he leído. Sólo he tenido acceso a uno en mi vida y llegué demasiado tarde. Si pudiera encontrar el de Harry...
- ¿Cómo has leído un destino? ¿Sabes lo que estás diciendo? – Preguntó Molly asombrada – Hablas como si fuese un simple registro de nacimiento, como el informe de una misión. Emy el destino no está...
- Algunos están marcados. Tú lo has dicho, Ginny es una gran bruja, una de los mejores de todos los tiempos, su destino está escrito y guardado... guardado. Son pocos lo que pueden modificar su sino final, muy pocos lo que pueden comprender el porqué de semejante juego... Mi familia se empeña en ganarle la partida pero lo cierto es que no hemos conseguido progresos al respecto. Tom lo intentó, Lily también, James estuvo a punto, yo... yo aún no sé si he podido conseguir modificarlo un solo ápice y Harry... mi niño – A Emy le ahogaba la angustia – Él tiene que conseguirlo, está aquí para ello
La puerta de la entrada se abrió. Harry estaba parado, apoyado en la pared que separaba la cocina del salón. Giró la cabeza y vio entrar a los cuatro hermanos Weasley. Bill, Charlie, Fred y George se le quedaron miraron. Nadie dijo nada. Harry entendió a su amigo Ron. Si él no hubiese tardado tanto en llegar a Ginny ese día, si la hubiese ido a buscar a su clase, si se hubiese ocupado de no dejarla nunca sola, Malfoy no la habría atacado y menos por segunda vez.
