Nada de lo que aparece aqui me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.

Advertencia: este capítulo contiene escenas sexuales, leer bajo vuestra responsabilidad.


No pienses tú lo mismo

Se tumbo en la cama de nuevo, recostando su cabeza en la almohada mirándola. Veía como ella comenzaba a inquietarse y como su rostro calmado adoptaba preocupación, pensaba en que estaría soñando ella para estar así. En realidad Severus estaba esperando una cosa, que ella abriera los ojos, quería saber si además de su pelo ella tenía ese color verde que conseguía cautivarlo. A medida que notaba como ella se iba a despertar de un momento a otro su pulso se aceleraba y estaba impaciente esperando a que ella los abriera.

Si era totalmente sincero estaba dividido, sabía que si se encontraba con el verde esmeralda estaría absorto mirándola como lo hacía con Lily, sin embargo sería muy duro para el por otra parte porque sabría que ella no era la que ocupaba su corazón por mucho que se le pareciera. Esa otra mitad era la que deseaba que ella tuviera sus ojos miel, aquellos de los que también se había quedado prendado por su calidez.

Y los abrió.

Respiro tranquilo, eran su color miel quienes lo miraban fijamente mientras sus labios formaban una cándida sonrisa que había conseguido que Severus creyera que era la mejor noche y el mejor despertar que había tenido a lo largo de toda su vida. Alargo su mano para acariciar su mejilla y ella cerró los ojos mientras su sonrisa se hacía más grande. Parecía como si de un gato se tratara disfrutando del contacto de su piel, cuando el rozo sus labios con su pulgar ella lo sorprendió abriendo los ojos y cogiendo su mano con suma delicadeza mientras le miraba besaba cada dedo, su palma, el dorso, todo. El sabia que tras el paso del tiempo y su dedicación a pociones sus manos habían sido maltratadas, a pesar de mantenerlas en perfecto estado se podía notar las durezas o las heridas, y sin embargo a ella no le importaban, sus labios se posaban en ellas como si fueran un bálsamo. ¿Cuantas personas lo habían tratado con delicadeza en toda su vida? La respuesta era tan desgarradora que se sentía pleno con el cariño con que ella lo trataba.

-Buenos días-dijo el casi susurrando.

Sidney acorto la distancia que los separaba y beso sus labios tal como lo había hecho con su mano, como si fuera el tacto de una pluma, una caricia.

-Ahora si son buenos dias-respondio ella.

El sonrió ante ello.

-¿Cómo estás?-pregunto antes de entrar en el otro tema.

-Feliz, esa es la palabra que más se ajusta a lo que siento en este momento.

-¿De veras no te arrepientes?-pregunto inseguro.

-Jamás me arrepentiría de algo así, lo de anoche fue perfecto. Quiero que sepas que ha sido la mejor noche de mi vida-acerco su mano hasta su rostro-Y tu, solamente tú eres el responsable de ello.

Tal y como ella había hecho el agarro su mano y la beso, fue ahí cuando se dio cuenta de la venda que aún cubría su mano. Empezó a quitársela mientras le dijo.

-Lamento si ayer te agarre demasiado fuerte, no era mi intención, espero no haber lastimado más tu mano.

-No tienes nada de lo que disculparte, no me duele.

Reviso su mano y comprobó que estaba normal, sin ningún hematoma o rasguño.

-Creo que tienes algo que decirme.

Ella lo miro confusa sin saber a qué se refería, sonrió al verla así.

-¿A qué te refieres?

Prefería no utilizar las palabras así que acerco su mano hasta su pelo y agarro un mechón dejándoselo a su vista. Su expresión dulce dio paso a un creciente nerviosismo.


-Severus...yo...

-Tranquila-beso su frente-Tan solo quería saber porque me lo habías ocultado. Solo eso.

Se quedo confusa por la reacción de él, esperaba que se sorprendiera o que reaccionara como la otra vez. Sin embargo estaba a su lado, paciente y tranquilo, la miraba como siempre lo hacía.

-Bueno-aclaro su garganta-El caso es que este es mi color.

Severus acerco una mano y comenzó a acariciarlo, eso la puso nerviosa.

-¿Por qué lo escondes?

-Es obvio a quien me parezco ¿no?-dijo sarcásticamente-Cuando comenzaron los problemas con mis padres no soportaba mirarme al espejo y ver la imagen de ellos en mi. Decidí cambiar eso, mi padrino me ayudo con ello.

-¿Qué hicisteis?-pregunto él.

-Me enseño hechizos para cambiar mi imagen, también me enseño la poción para cambiar el cabello. Es de las pocas veces que mi padrino me ha ayudado en algo sin tratar de razonar conmigo antes, simplemente lo acepto y me ayudo. Creo que en el fondo se identifica, ambos rehuimos de nuestra imagen.

-¿Te refieres a que el no es feliz por su aspecto de hombre-lobo?

-¡¿Cómo lo sabes?!-exclamo asombrada, sabiendo que ese era un secreto que pocas personas conocían.

-Por si no lo recuerdas estudie en la misma época que él, quizás el podría haber pasado desapercibido...pero sus amigos, eran demasiado obvios.

-¿A qué te refieres con ello?

-Hablábamos de tu cabello-dijo el tratando de volver al tema principal.

-Bueno, el caso es que me ayudo con ello. Al principio no le hizo gracia a nadie, Remus fue el único que me apoyo, se lo agradezco profundamente. Para mis padres...-hizo una pausa recordando la primera vez que la vieron con su nuevo aspecto-Fue como una deshonra, ambos lo tomaron como si yo estuviera rechazándoles, como si arrancara los lazos que me ataban a ellos. Mi madre fue quien peor lo llevo, lloro durante semanas, ni siquiera alzaba la mirada para verme. Mi padre solo me gritaba y me reprochaba, decía que ya no reconocía a la hija que tenia frente a él.

Un nudo se hizo en su garganta, recordaba ese dia como si hubiera sido ayer, cuando dijo esas palabras no volvió a ver a su padre del mismo modo jamás.

-¿Qué paso?

-Dumbledore intervino, les dijo que los jóvenes solíamos hacer actos rebeldes, le recordó su juventud y tras algunos días mi padre volvió a dirigirme la palabra. Mi madre lo fue aceptando, poco a poco. Pero aún veo en su mirada ese atisbo de esperanza, creyendo que algún dia dejaré de tomar la poción o aplicar el hechizo, volviendo a ser...esto.

-¿No has pensado en hacerlo?-pregunto él.

-No. Además llevo tantos años con el otro color, no me acostumbraría a verme así, debo parecer una zanahoria o un micropuff desteñido.

-Te ves hermosa.

-¿Te gusto más así o con mi color?


Severus se quedo callado, si tenía que explicar las razones por las que le gustaba ese color estaba en un serio aprieto.

-Me gusta tu color.

-¿Y ese cual es?

-El que tú decides que sea-se acerco hasta sus labios y la beso.

-Lamento habértelo ocultado, realmente muy pocos saben esto en el castillo. Pomfrey me ha ayudado mucho todos estos años proporcionándome la poción, gracias a ella no me descubrieron cuando estuve en la enfermería. Ahora si no es molestia ¿te importaría cederme tu varita?

Severus se giro hasta el otro lado de la cama donde se hallaba su túnica en el suelo y en el interior su varita, rebusco en el bolsillo y la saco, entregándosela.

-Gracias-le contesto ella.

El se quedo observándola y antes de que ese color desapareciera lo acaricio una última vez mientras en un susurro que era más para el que para ella dijo.

-Tienes el color de tu madre.


Ella había cerrado los ojos y poso la punta de la varita en su cabeza, tras unos segundos de concentración el pelo comenzó a cambiar, se oscurecía lentamente hasta alcanzar ese tono chocolate sedoso. Abrió los ojos y le entrego la varita.

-Y este es mi color-respondió Sidney.

-Me gusta-respondió el.

Ella sonrió y se acerco para abrazarle, se tumbo sobre él y con un coco apoyado en la almohada y su mano sosteniendo su cabeza le miro.

-Creo que tenemos que hablar.


Severus se tenso rápidamente, solo habían pasado la noche juntos y ya había problemas, pensó en que habría hecho mal.

-Dime-contesto el tratando de saber que era lo que pasaba.

-No te quiero presionar, ni quiero que tomes decisiones rápidas, solo quiero que me hables con sinceridad. Sé que te dije que me conformaba con tu amistad, pero mis sentimientos siguen creciendo y yo ya no puedo controlarlos. Hemos pasado la noche juntos y...

-¿Y?-trato de ayudarla él a continuar sabiendo que probablemente lo estaba pasando mal por la vergüenza.

-Y...no sé que implica. No sé si, bueno, si esto nos convierte en algo más, seguimos siendo amigos, no quieres verme más o no sé.

-Te consideraba más inteligente, me estas decepcionando-trato de bromear él y ella dibujo una mueca de fingida indignación en su cara-Si estas aquí significa que si quiero verte, si no te habría echado a patadas ¿no crees? Ni tampoco estaría desnudo contigo desnuda encima de mí.

-Está bien, eso responde a una parte de mis dudas, pero sigues sin aclarar las otras.

Severus deslizo sus manos hacia su espalda, dejando al descubierto su piel, acariciándola con delicadeza y suavidad. Descendiendo lentamente, disfrutando de las reacciones en su cara, viendo como a medida que bajaba su piel se estremecía.

-Implica que si quiero seguir viéndote, implica que sigo siendo tu profesor y tu eres mi alumna e implica que no sé la relación que tienes con Barty Crouch-respondió el en su tono de voz sedosa.


-Severus-respondió Sidney tratando de sonar seria pero sin serlo debido a lo que provocaban sus caricias-El y yo no tenemos nada, te lo juro, solo es mi amigo.

-¿Un amigo que te ayuda a atacar a un estudiante de mi casa con el que habías tenido problemas? ¿Sin nada a cambio?-pregunto levantando una ceja.

-¿Qué insinúas?

-Insinuó que nadie hace nada por nadie sin obtener un beneficio.

-¿Y la amistad? ¿Qué es para ti entonces? ¿Un intercambio de favores entre dos personas que han sellado un acuerdo?

-Bueno, ciertamente podría definirse así...pero no es eso lo que discutimos. Entiende que me refiero a que si no me equivoco el solo ha sido tu ayudante ¿no es así?

Sidney solamente asintió.

-Así que él no tenía nada que ver, sin embargo se implica en algo así, atacando a alguien de su propia casa cuando los Slytherin nunca nos atacamos entre sí. ¿Entiendes la gravedad de ello, lo que podría haber acarreado?

-Si.

-¿Y aún así serias capaz de decirme que ese chico solo lo hace por amistad?


Supo que dio en el clavo en cuanto ella dejo de mirarle para bajar la vista hacia su pecho.

-Lo sé. Pero el no me ha dicho nada, además lo que el sienta o no me es indiferente, sabes cuales son mis sentimientos, no debería preocuparte. Tal y como tú has dicho-levanto su mirada-Con quien estoy desnuda sobre él mientras que esta desnudo debajo de mi eres tú.

-Juego sucio.

-Buen maestro.


Agacho su cabeza y la boca de el ya la estaba esperando, tan dulce y firme como siempre, le encantaba encontrarse con ella. La hacía sentir en una nube de la que no quería bajarse, esa sensación se multiplicaba teniendo en cuenta que sus cuerpos desnudos estaban en contacto total. Era una situación tan intima para ambos que sintieron que rozaba la perfección, no había nada que pudiera embellecerla aún más.

Se separo de él en busca de aire, le sonreía sin saber que lo hacía, en realidad solo se dedicaba a mirarle. Se veía tan hermoso, no entendía como el podía tener esas ideas sobre sí mismo. Acaricio su torso, pasando las yemas de sus dedos con suavidad por sus cicatrices.

-Eres tan perfecto Severus que ni siquiera estas cicatrices te afean-le miro a los ojos profundamente dándole a entender la seriedad de sus palabras-No dejes que los demás te hagan pensar lo contrario. No pienses tú lo mismo.


Severus agradecía sus palabras, que ella se fijara en sus cicatrices y no las rechazara sino que las tomara como parte de él, sin mirarlas con asco o repulsión le había sorprendido la primera vez. Ahora, en esa especie de burbuja de tranquilidad que tenían ambos que ella estuviera observándolas sin temor e incluso acariciándolas le parecía una visión hermosa de los sentimientos que esa joven tenía hacia él. Eso era mejor prueba que sus palabras por mucho que estas también fueran bellas. Se decidió a demostrarle lo que el sentía sin utilizar sus palabras.

Aún tumbado y con ella encima atrajo su cara hasta rozarse con sus labios, recorrió sus mejillas, las cuales iban sonrojándose por ese delicado contacto, su nariz, tan fina y delicada, sus parpados, tan sensibles, su frente, lisa y suave. Descendió hasta llegar a su cuello, hacia caricias con su nariz mientras inhalaba el aroma que ella desprendía, era tan delicioso, casi irresistible. Sus manos viajaron por su espalda hasta situarse en la curva de su columna, como si la estrechara más contra él. Besaba sus hombros mientras se deleitaba con la visión del cuerpo de ella pegado al suyo, de cómo sus pechos estaban completamente aplastados contra el suyo. Sus suaves suspiros pasarían desapercibidos para otros pero no para él, quien atesoraba cada uno de ellos como si de una recompensa se tratara.

-¿Te he dicho ya que eres preciosa?-pregunto Severus haciéndola sonreír.

-¿Vale jodidamente bella?-respondió sarcásticamente ella haciéndolo sonrojarse por lo que le había dicho anoche mientras lo hacían.

Pensó en las palabras que le dijo, aquellas de las que era consciente y otras de las que le susurro a su oído, sumido en la excitación. Se puso nervioso ante ello y fingió molestia ante la risa que empezaba a sonar debido a ella.

-¿Nervioso acaso?-besos sus labios brevemente-No debes estarlo, me encanto lo que dijiste. Me gusta saber que te provoco eso.

-¿Ah sí?

Ella asintió mordiéndose el labio, pobre, no sabía lo que acababa de revelar.

-Abre tus piernas-susurro en su oreja terminando de decirlo mordiéndole ligeramente el lóbulo.


Sidney le miro pícaramente aunque expectante ante lo que el haría aunque se imaginaba que podía ser, lo había estado notando todo ese rato de caricias entre ellos mientras iba creciendo cada vez más. Palpitando entre sus piernas. Obedeció y deslizo sus piernas a cada lado del cuerpo de Severus. Instintivamente movió sus caderas frotándose contra su miembro, sin embargo el la detuvo. Le miro algo confusa y observo como esos ojos negros brillaban como pocas veces lo había visto. Sus manos bajaron por su espalda dejando un rastro de calor a su paso, una se detuvo en su trasero mientras lo tocaba obscenamente, la otra siguió descendiendo hasta llegar a su entrepierna.


Como una caricia comenzó a dedicarse a ella, frotando y recorriendo su intimidad, explorándola y sintiendo sus reacciones. Desplazo la otra mano hasta su cabeza y comenzó a decirle al oído muchas cosas que sentía.

-He soñado muchísimas noches con hacer esto, sentirte estremecer, darte placer. Saber que gemías por mí, que yo tenía el privilegio de tocarte. Recorrer con mis manos tu cuerpo, lamerte entera. Te veía en clase, en los pasillos o en cualquier otro lado y solo tenía ganas de arrancarte la camisa y quemar esa falda que me vuelve loco. Quería saber cómo es tu piel y ahora lo sé, es mucho mejor que en mis fantasías.


Probablemente nunca habría podido decir que era lo que más le excitaba, si sus dedos masturbándola, sus ardientes palabras o era una mezcla de ambas lo que la había conseguido volver loca. Solo atinaba a escuchar lo que el decía como si fuera algo lejano a pesar de tenerlo a su lado, el placer que le daba no la hacía pensar coherentemente y con esfuerzo se movía al ritmo de los dedos de él. Provocando que estos se movieran más rápidos y con más ansia. Con voz temblorosa consiguió decir.

-Dime Severus... ¿qué sientes ahora? ahhh-jadeo ella-¿Qué...te gustaría hacerme?


Nada le volvía más loco que ella le diera carta blanca para dejarle hacer lo que quisiera, porque a pesar de que ella le decía que expresara lo que él deseaba le estaba incitando explícitamente a hacerlo. Podía haber dejado de ser virgen anoche pero su perversión y el deseo ya estaban antes de hacerlo.

-Siento tu interior, recibiéndome con placer, me encanta. Puedo sentir como vibras, como te gusta lo que hago, como a pesar de estar más que satisfecha con mis dedos te gustaría que fuera otra cosa con la que lo hiciera ¿no es así? Dímelo.

-Si, joder...

-Eso es exactamente lo que me muero por hacerte, lo que durante muchas noches he soñado.

-Hazlo-dijo ella mirándole.

-Claro que lo haré-cogió una de las manos de ella y la llevo hasta su miembro dejando que ella lo tomara-Pero serás tú la encargada.

Anoche fue él quien tuvo todo el control, quien la guio en esa primera experiencia, y aunque sabía que ella aún no sería una experta quería dejar que fuera ella la que dominara la situación. La que controlara. Que se dejara llevar por sus propios instintos e hiciera lo que literalmente quisiera. Aunque ella no lo supiera esta era la primera vez para el que depositaba el control en la mujer, jamás dejaba que la mujer lo dominara. Cuando entraba a las habitaciones de los burdeles Severus Snape dejaba claro quién mandaba, se dedicaba a satisfacerse cuanto deseaba y después se iba. No se preocupaba por nada más. Esta era la primera vez que el dejaba que fuera la mujer la que marcara el ritmo y ciertamente, en cuanto sintió como ella lo guiaba con decisión hasta su entrada y se deslizaba sin ningún problema dentro de ella sintió que era cierto todo lo que decían sobre el valor Gryffindor.


Le encantaba lo que le estaba haciendo, se balanceaba sobre él a un ritmo frenético, sabía que haberla estimulado antes había hecho que ahora ella estuviera tan excitada y que lo más seguro seria que llegara antes al orgasmo. Pero no le importaba, al contrario, deseaba todo lo que ella le hiciera. Disfrutaba viendo su cuerpo sobre el suyo, escuchando los golpes de su cama contra la pared. Se preguntaba mentalmente si el efecto del hechizo insonorizador seguiría funcionando, porque de no hacerlo estaba seguro que medio castillo se habría enterado ya de lo que ocurría en las mazmorras. Su cama y los gemidos de ella lo delataban.

Comenzó a mover su cadera en unos círculos, mientras decía su nombre entrecortadamente. Había deseado oírlo tantas veces en sus labios, cuando lo escucho sonrió satisfecho y siguió disfrutando de como ella retomaba el ritmo de antes, notándola cada vez más errática y sabiendo que sus piernas incluso estando apoyadas comenzaban a temblar. Como si se tratara de afianzarlas coloco sus manos en ellas, dándole esa seguridad.

-Severus...-gimió ella cansadamente mientras su cabeza se echaba hacia atrás. Parecía que en cualquier momento se desmayaría.


Esa descarga de energía la había dejado relajada pero había afianzado una idea que llevaba pensando desde que el empezó a susurrarle lo que deseaba hacerla. Creía que era el momento perfecto para cobrarse antiguas venganzas. Retomando poco a poco la claridad de sus pensamientos y aún con una sonrisa en su cara volvió a mirarle mientras el seguía dentro de ella, complaciéndose. Apoyo sus manos en su pecho y fue rebajando el ritmo hasta obligarle casi a parar. El sorprendido abrió los ojos y la miro. Sabía que se estaría preguntando porqué había parado. Siguió sonriendo y en sus ojos esta vez brillo una pizca de maldad.

-Demonios mujer ¿Pretendes volverme loco?-exclamo el desesperado sabiendo que le faltaba tan poco por llegar y que ella se lo estaba impidiendo.

-Si, eso es exactamente lo que quiero.

Sus manos se deslizaron por su pecho impidiéndole seguir, miro el estado de la entrepierna de Severus y supo que lo tenía justo donde quería, más excitado imposible. Se rozo contra el sabiendo lo que provocaría, dejaba que su contacto fuera lo suficiente como para hacerle rabiar.

-¡Para de una vez!-decía cada vez más alterado Severus, no soportaba el roce de ella para después dejarlo así.

-¿Qué es lo que quieres?-pregunto inocentemente ella mordiendo su labio mientras retenía a la gran serpiente que tenia bajo ella que trataba de escurrirse de su agarre y finalizar lo que habían empezado.

-Ya lo sabes.

-No, no lo sé.


La muy zorra se estaba vengando, lo sabía, no pudo resistir a entrar en su mente y se encontró de lleno con la imagen que esperaba. El echándola de su habitación mientras ella echa una autentica furia juraba que habría una siguiente vez y que esa vez el seria quien la suplicaría. No quería acceder a chantajes ni rebajarse a suplicar pero estaba seguro que ella no cedería. Lo tenía muy bien enganchado, literalmente. Lo peor es que ella seguía con la tortura. Probablemente Severus explotaría como siguiera así. Dejo de lado su orgullo y cayó en la tentación.

-Por favor, déjame hacerte mía.

Su sonrisa se hizo más ancha y él lo vio, parecía que había obtenido lo que quería porque ella descendió pero no, no era así.

-Creo que puedes matizar un poco más, profesor. Ya me has hecho tuya, ¿qué es lo que quieres?

-¡Joder mujer! Déjame que reviente, quiero que me sientas hasta que termine.

-Eso está mejor-respondió ella permitiendo que él se abalanzara en busca de ese control.

Apoyo sus piernas permitiéndole un mejor acceso y agarro sus caderas, volvió al ritmo frenético de antes. La fina línea entre el placer y lo que le rodeaba se desdibujaba por momentos hasta dar paso por completo al placer. Dando rienda suelta a sus instintos. Con cada embestida disfrutaba más, la escuchaba gritar, porque aquello ya no era gemir y la acallo besándola mientras sujetaba su cuerpo. Sentía como los gritos quedaban ahogados en su propia garganta, como apenas podía respirar correctamente. Como su vista se nublaba por momentos volviéndolo todo borroso. Pero en medio de todo aquello estaba ella, ese ángel. La estrecho contra sí y termino con un par de movimientos más, liberándose en su interior, haciendo que ella le sintiera y que él la sintiera a ella.

Ni siquiera gimió cuando exploto, era algo más cercano a un rugido lo que su garganta había expulsado. Era tan profundo que asustaba, y excitaba a la vez.


De nuevo juntos, de nuevo con esa paz que envuelve todo tras el sexo, cada uno sentía los latidos del otro. Ya no estaba claro de quien era el sudor, todo estaba mezclado.

Ambos estaban ajenos a lo que pasaba fuera de esa habitación, ajenos a que una bibliotecaria amargada se estuviera dirigiendo como cada mañana a su lugar de trabajo. Ajenos a que encontraría la biblioteca sin limpiar, ni rastro de la persona que debería estar cumpliendo el castigo ni de ninguna nota que explicara porque no había limpiado. Ajenos a que esa bibliotecaria se dirigiría al despacho de McGonagall para buscar a esa persona.


Muy buenas! Que tal? Perdonad la tardanza, en parte por quedarme sin inspiración y en parte porque deseaba alejarme de más textos después de estar el verano estudiando, merecia un poco de desconectar y disfrutar. Me alegro un montón de que os haya gustado el capítulo anterior ^_^ y espero que este también este a la altura.

Ha costado lo suyo pero ya hemos llegado a lo bueno =P Además, para que veais que no me olvido de las cosas y que os tengo en cuenta, os acordais cuando ella juro que el suplicaria por tenerla? Dijisteis que queriais suplica. Ahí lo teneis, nuestra chica siempre cumple sus promesas.

Un saludo y como siempre sugerencias, comentarios, etc. son bienvenidos.