27. El sol rojo
El mausoleo de la familia Weasley estaba al fondo del cementerio de Ottery Saint Catchpole. Se elevaba por encima del resto al estar ubicado en una pequeña loma. La última vez que estuvieron allí, Harry pudo ver a lo lejos La Madriguera. A esas horas estaba cerrado al resto de la gente, quizás por eso eligieron ese momento, para que nadie le diese por visitarlo. Eso no impidió que se le aplicara un hechizo de alejamiento de muggles.
Caminaban en silencio por el lugar hasta que llegaron al mausoleo. Era una especie de pequeña ermita de mármol blanco, con runas en la puerta de acceso y sin ningún símbolo religioso visible. Esperaron a que el señor Weasley dijera unas palabras para que la puerta se abriera sola. Entrar allí le supuso una conmoción la primera vez, volver a hacerlo para despedir a Ginny, sería peor aún. Harry bajó unas escaleras de piedra clara para encontrarse de nuevo en aquella gran sala. Como casi todo lo mágico, no había relación entre lo que se veía afuera y lo que había adentro.
La estancia era enorme y parecía estar vacía pero nada más lejos de la verdad. En las paredes de piedra blanca estaba tallado un extenso árbol genealógico. Por lo que Ron le había explicado a Harry, allí se encontraban todos lo miembros de su familia y eso que el apellido Weasley se remontaba a la época de Merlín. En cada casilla se veía el nombre completo, la fecha de nacimiento y de defunción y, por último, una frase con la que el difunto se pudiese avenir. En la del abuelo de Ron, o sea, el padre del padre de Ron, se leía: "Quiero una vasta descendencia". Al parecer, si de algo estaba orgulloso Arthur Weasley, era de haber cumplido el mandato de su padre. Tenían que esperar allí a que llegasen los demás y así fue pasando. Minutos más tarde entraban por la puerta abierta Dumbledore, McGonagall y Hagrid, más tarde lo hacía el compañero del señor Weasley con su familia más directa, poco después un grupo de aurores y, por último, el Ministro de magia y su séquito. Harry oyó decir a George: "¿Te has fijado, Fred? Fudge sigue con cara de malas pulgas" "Se habrá mordido la lengua y le picará su propio veneno". Una mirada de Molly les valió para quedarse callados por el resto de la ceremonia.
Los presentes se distribuyeron a los costados, dejando el centro de la sala y la pared principal despejadas. Se abrieron dos losas en el suelo para luego crearse un camino hasta un arco en el muro del fondo, en donde se leía, con grandes letras, el nombre del primer miembro de la familia Weasley. Ese arco se descubrió dejando pasar la luz de la tarde. Fue entonces cuando ascendió una barca de madera, en la que descansaba el cuerpo sin vida de Ginny, vestida de riguroso blanco y toda ella rodeada de flores. Molly soltó un grito y se puso a llorar abrazada a su marido. Cada uno de los hermanos estaba impactado. Bill negaba y juraba por lo bajo, Charlie lloraba en silencio, Fred y George apretaban los puños y se veían en ellos una ira incontenible, y Ron... Ron estaba totalmente hundido. Se veía en su cara que las lágrimas le dolían, que no soportaba ya nada de lo que trajese ese horrible día. Estaba cansado, abatido, rendido y sin fuerza. Se mantenía en pie con un ligero vaivén, signo de estar mareado por el agotamiento, mirando como la barca giraba y tomaba el sendero que la llevaría afuera.
Harry sólo la vio un segundo y sintió como un puñal atravesaba su corazón. "Esto es una pesadilla. Esto es una pesadilla" Se repetía cerrando los ojos con fuerza y poniendo sus manos delante para mayor convencimiento. Volvería a abrirlos y se encontraría en su cama, seguramente incluso su tía estaría allí despertándolo de aquel mal sueño. Pero no podía, no se atrevía a hacerlo. Aquello sólo era una actuación, una obra teatral de mal gusto, una escena hiriente que tenía que vivir de nuevo ¿Por qué no le dejaban vivir en paz? ¿Por qué le apartaban de las personas que él amaba? Se sentía pequeño, débil e indefenso. Fue entonces cuando notó que lo abrazaban. Era Emy, su olor era inconfundible. Se aferró a ella y se dejó llevar. Caminaba de forma torpe pero ella le tenía bien aferrado. Le hablaba mentalmente: "Venga cariño, sólo es una ilusión, no más que una mala función" Harry abrió los ojos, todo seguía allí, martirizándole. Caminaban detrás de la barca hacia la puesta de sol. Una vez todos estuvieron fuera, formaron un medio círculo en torno a una pequeña laguna de agua cristalina. Aquella parte le había fascinado a Harry cuando la vio por primera vez, imaginando que así habría sido el final de sus padres. Dumbledore se adelantó dos pasos, elevó sus manos a la altura de su boca y sopló con fuerza. La barca comenzó a arder.
Harry separó su vista de aquella imagen y miró al cielo. En aquel preciso instante, un sol rojo fuego comenzaba a rallar el horizonte, lleno de nubes naranjas, moradas y malvas que permanecían quietas en señal de luto. Un increíble temor comenzó a crecer en él ¿Cómo es que el cielo les daba semejante tributo? ¿Acaso era cierto que enterraban a la verdadera Ginny, Guardiana de Hufflepuff y portadora de La Llama de Fuego? "No", se respondió "porque de ser así, estaría con ella en la barca". Emy le abrazó con fuerza, quizás porque sintió lo que su sobrino pensó, quizás porque ella también necesitaba apoyarse en alguien. El sonido del fuego llamó la atención de Harry. Era como un susurro, como si le estuvieran hablando desde muy lejos. Sin embargo no podía entenderlo porque el dolor físico que le hacía sentir todo aquello era más fuerte, porque su alma se rompía en dos.
El sol se escondió a la vez que las llamas consumían la barca. El silencio se rompía por el crujido de las brasas y por el llanto de alguno de ellos. Como si alguien hubiese quitado el tapón, el agua comenzó a girar en remolino y con él los últimos resquicios de la barca hasta que desapareció. La gente fue yendo hacia el matrimonio Weasley para darle el pésame. Abrazos, apretones de manos, besos y palabras de consuelo se daban de corazón a los padres de la muchacha por parte de la mayoría pero no por todos. El Ministro de magia se limitó a decir que no entendía el porqué de una ceremonia tan reducida e íntima. Al señor Weasley se le cambió la cara pero no contestó lo que le pasaba por la cabeza. Luego Cornelius Fudge se dirigió hacia Emy y Harry.
- Era tu novia ¿no, Potter? – El Ministro mantenía aquel gesto entre incómodo y malhumorado – Al parecer siempre te ves metido en esta clase de incidentes
- Quítese de mi vista antes de que cometa una imprudencia – La voz de Emy era fría como el témpano
- Siento decirle, señora, que no admito amenazas
- No lo entiende, no era una amenaza, era una advertencia y no se la volveré a repetir
Todos lo habían oído y no creían la rudeza con que Fudge se había atrevido a hablar. Nadie juzgó mal el comportamiento de Emy. A Arthur Weasley ya se le habían hinchado las narices suficientemente y fue a encararse con él sin temor alguno.
- Quien siempre se ve metido en estos incidentes, es usted – Le espetó a su cara incrédula – Si no hubiese sido tan necio de no creer las advertencias que se le estaban dando sobre el regreso de Voldemort, no estaríamos lamentando momentos como este
- Entiendo que en estos duros instantes usted no sepa cuál es la mejor manera de dirigirse a mí, así que no lo tomaré en cuenta
- Pues tómelo, porque me tiene más que harto con su actitud, está llevando a la comunidad mágica de este país a la ruina, y lo que es peor, a la muerte
- ¡Weasley! No le permito...
- Usted permitirá ¡claro que permitirá! ¡Maldito mequetrefe! – Emy soltó a Harry, que estaba atónito, y se quedó a menos de un dedo de la nariz del Ministro
- ¡Fudge! – Llamó Dumbledore – Me temo que ya ha terminado aquí
- Esto no son formas
- Lo que no son formas son las suyas – Exclamó el padre de Ron – Márchese inmediatamente
- Ya hablaremos en el Ministerio – Se dio media vuelta y enfiló el camino de salida - ¡Vámonos!
Parte de su séquito se quedó quieto mirando a los señores Weasley, en sus ojos se veía claramente la vergüenza ajena. Arthur hizo un gesto de comprender y se marcharon tras él. El grupo de aurores fue saliendo poco después, criticando sin temor el comportamiento del mandatario. De entre ellos se quedó Kingsley Shackebolt, jefe de los aurores, que volvió a abrazar a Arthur y a Molly y se acercó a Harry y a Ron. Les puso una mano a cada uno en el hombro y les habló con rudeza.
- Supongo que esto no ha declinado sus intenciones de estudiar para aurores. Necesitamos jóvenes como ustedes y para mí será un placer y un gran honor enseñar a dos muchachos como vosotros. Creo que han vivido peripecias que ni parte de mis chicos han experimentado aún
- No – Contestaron tímidos los dos
- Bien, bien – Sonrió él – Pues aplíquense este último año, que se necesitan buenas notas para entrar en la academia
Se limitaron a sonreír a medias. Luego que él se marchara, volvieron todos al mausoleo. Nada más entrar, el arco se cerró de nuevo, no dejando señal alguna de que en el suelo se hubiesen abierto losas de piedra de toneladas de peso.
- Es hora de volver a casa – Dijo el patriarca de la familia
- Ya está todo preparado – Comentó Dumbledore – Nosotros vamos también
Salieron de allí cuando la noche le ganaba la partida al día. Las tumbas parecían crear sombras tétricas y el aire que se respiraba se podía denominar como rancio. Harry y Ron caminaron en silencio entre sus mayores, se miraban de vez en cuando pero no dijeron nada. De nuevo el gancho en el estómago para llegar al salón de los Weasley.
- ¿De qué va ese gilipollas? – Dijo nada más llegar Bill – De ganas le hubiese hundido la dentadura en la mollera
- Bill, hijo, la violencia no... – Intentó calmar Molly
- No, querida, deja que hable porque tiene razón – Exclamó Arthur – Bien sabéis que yo no soy partidario de esos métodos pero en ocasiones y con ciertas personas, uno no se puede contener
- ¿Qué le hubieses hecho, Emy? – Preguntó ansioso por saber Fred
- ¿Quizás le hubieses convertido en una dentadura de viejo para que Bill la destrozase? – Se esperanzó George
- ¿O en un escarabajo patizambo al que poder patear? – Añadió Fred
- ¡Basta ya! – Paró Molly – Emy no hubiese hecho nada y punto
- De seguro – Ironizó Sirius viendo como la aludida sonreía por la inocencia de los gemelos
- No entiendo como no ha dimitido o le han destituido ya – Comentó Charlie en un tono bastante más serio – Está claro que está siendo un incompetente
- Jamás dejará su cargo voluntariamente – Habló Dumbledore – Me temo que el poder le tiene demasiado cegado
- Si se demostrara que trata con Lucius Malfoy – Siguió Arthur Weasley – Y sabiendo que éste es un mortífago reconocido, la comunidad mágica se plantearía un referéndum contra él
- Eso es poco probable – Admitió McGonagall – Esa comunidad mágica de la que hablas, debería haberse dado cuenta que lo único bueno que ha hecho es por el consejo de nuestro director y no por propia iniciativa. Nunca en mi vida vi semejante mentecato y eso que por mis manos han pasado unos cuantos
- Me apostaría una generosa suma a que detrás del intento de robo de esta noche, está él – Acusó Sirius
- Y yo – Acompañó Remus la acusación – Solo Kingsley y él sabían en dónde se guardarían los cuerpos
- Jamás desconfiaría de Kingsley – Afirmó el señor Weasley
- Ni yo – Habló por primera vez Hagrid – Él quiso ayudarme cuando me llevaron a Azkaban pero me negué a que perdiera su puesto de trabajo por dejarme escapar. Además se horrorizó al ver que le iban a hacer a Buckbeak. Se nota que es un hombre de principios, me alegro de su ascenso a cargo de los aurores
- Sí, es un mago de grandes convicciones y lleno de humanidad, equilibrio fundamental para ser auror, porque puedes perder el rumbo en ese trabajo – Dijo Dumbledore mirando a Harry y a Ron
- Señor – Volvió a hablar Hagrid – Si Fudge se entera de que tenemos a Emerald en los terrenos de Hogwarts, va a tener usted problemas
- No se enterará, además ese asunto ya le habíamos zanjado ¿no? – Sonrió el director de la escuela – Hablando de esto. Charlie ¿lo tienes ya todo preparado?
- Sí, señor, marchó cuando usted me diga
- No puedo prescindir de mis profesores por más tiempo, así que mañana, después de comer, puedes ir con Sirius, Emy y los chicos en el coche al castillo
- Ningún problema
- ¿De que habláis? – Preguntó Fred
- Era una sorpresa – Respondió Charlie
- ¡Estoy tan orgullosa! – Exclamó de pronto Molly – Un hijo mío dando clases en la mejor escuela de magos que existe ¿No es genial, Arthur?
- Sí, si es lo que él quiere, querida – El padre de Ron siempre tan comprensivo
- ¿Vas a ser nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas? – Preguntó Ron a su hermano
- Eso parece
- ¡Ah! – Logró decir Ron sin determinar si eso era bueno o malo
- No saltes de alegría – Le contestó Charlie
- Es porque hoy están un poco descolocados – Se apresuró a justificar Emy – Estarán encantados de tenerte allí ¿verdad, chicos?
- Sí – Contestaron los dos sin seguir sabiendo si era bueno o malo
- Yo he de irme – Atajó Dumbledore – Me temo que tendré que hablar con Fudge y aclarar unas cuantas cosas
- Antes de que te marches – Dijo Sirius – Quería comentarte lo que nos ha pasado esta tarde al volver de dejar los coches
Harry miró a su padrino sin entender qué es lo que iba a decir. No había pasado nada en absoluto, de hecho no habían tenido el más mínimo incidente para volver.
- Tu dirás – Se interesó el anciano profesor
- No hemos visto ni uno solo de los mortífagos que rondaban por los alrededores – Informó Sirius
- Te puedo asegurar que esta mañana estaban allí – Aclaró Remus – Bella y yo tuvimos algún que otro inconveniente para venir hasta aquí sin que nos viesen. Al menos eran veinte
- ¿Y a qué se debe que ya no estén? – Preguntó Dumbledore
- Pues eso es lo que te quería preguntar ¿Ha habido algún plan para alejarlos de aquí y no se nos ha informado?
- No, en absoluto
- ¡Hum, hum! – Tosió fingidamente Emy. Sus ojos denotaban un claro indicio de culpabilidad al respecto – Bueno... digamos que se tuvieron que marchar
- Ya me parecía a mí que no salieras tú con algo – Dijo Dumbledore con cierta acritud en el tono de voz
- No iba a permitir que se quedaran ahí todo el día esperando a atrapar a mi niño – Soltó Emy con un increíble tono maternal que consiguió ruborizar a Harry
- ¡No, claro! – Contestó Dumbledore como si fuese lo más normal del mundo – ¿Y dónde dices que se tuvieron que ir?
- Pues... digamos que están tomándose un descanso ¡Les hacen trabajar muchas horas! – Emy sonrió con malicia
- No sé si quiero enterarme de esto – Dumbledore también sonrió y más al ver la cara de embobados que los gemelos tenían hacia su musa – Te dejaré que se lo expliques a tu marido y ya me contarás, se me está haciendo tarde y no quiero que se me escape Fudge
- Mañana nos vemos – Se despidió Emy añadiendo – Y ya te contaré
- Tener mucho cuidado por el camino... mejor en general – Dumbledore sabía que Emy no se quedaría quieta esa noche
- Nosotros también nos vamos – Dijo Arabella – Debemos volver a Hogwarts
- Sí, no vemos en la cena de mañana – Añadió Remus - ¿Vamos?
- Por supuesto – Habló la profesora de Transformaciones – Vete tú a saber si esos aprendices de magos han desmontado el colegio
- Nos vemos, chicos – Se despidió Hagrid
- Adiós – Contestaron los chicos
Los señores Weasley fueron a despedir a los profesores a la cocina, llegarían al colegio por la chimenea, al igual que el director, que iba al Ministerio. Cuando regresaron al salón, pudieron ver que la tensión se olía en el ambiente. Fred y George agasajaban a Emy, Bill y Charlie hablaban de su nuevo empleo, Sirius pasaba las páginas del Profeta como si fuesen de plomo y Harry y Ron se miraban en silencio.
- Sacaré unas cosas de picar para que cenemos – Anunció Molly
- No te molestes, nosotros nos vamos a casa – Dijo de mal talante Sirius
- ¿Cómo vais a iros sin cenar?
- Compré algo esta tarde, podemos hacerlo en casa – Informó Emy
- ¡Claro! – Exclamó de nuevo Sirius, poniéndose de pie y haciendo aspavientos – Mi mujer es especialista en eso, tan pronto aniquila veinte mortífagos, como luego te hace la compra ¿no es encantador?
Todos se quedaron de piedra. Harry pasaba la mirada de Emy a Sirius y al revés. No le cabía la más mínima duda que se iba a montar una buena. Se pensó el quedarse con Ron pero le pudieron más las ganas de irse a su cuarto a estar solo.
- Creo que es hora de que nos marchemos – Anunció Emy, que no había abandonado su mirada tranquila – Harry ¿nos vamos?
- Sí – Contestó tímidamente mientras le echaba una significativa mirada a Ron de "ya te contaré"
- Pues entonces, hasta mañana – Emy le dio un abrazo a Molly y un beso a Arthur – Intentar descansar algo, hoy ha sido un día difícil. No te preocupes por el desayuno, también me dio tiempo a comprarlo. Increíble ¿verdad?
- Hasta mañana, querida – Molly se limitó a sonreír
El recorrido por el jardín de atrás fue preámbulo de lo que sucedería al entrar a la casa. Sirius iba delante con paso rápido y pisando fuerte. Emy le seguía como si estuviese de paseo un domingo por la tarde y Harry cerraba la comitiva, pensándose seriamente en volverse con los Weasley. En cuanto el último en entrar cerró la puerta, estalló la tormenta.
- ¿Pero qué te has pensado que es esto? – Preguntó furioso Sirius - ¿No éramos un equipo? ¿No nos consultábamos los planes? ¿No se habían terminado los secretos?
- A la primera pregunta responderé con: "es una guerra" – Contestó tranquilamente Emy desde la butaca del salón – A la segunda, me limitaré a decir que tú has hecho lo que te ha parecido correcto al volver a encargarte de misiones. Con respecto a la tercena, diré en mi defensa que no había plan, fue improvisado y creo que eso contesta la cuarta pregunta. En ningún momento he guardado deliberadamente tal secreto, simplemente no voy a llegar antes del entierro y anunciar que he despejado el camino, tampoco lo voy a hacer en medio de la ceremonia. Sinceramente, querido, mis sentimientos estaban más próximos, exactamente en las personas que estábamos allí
- Bonito discurso ¡sí, muy bonito! – Volvió a hablar Sirius furioso – Hace dos días me dices que no te gusta que yo me arriesgue y vas tú y sales a las calles de Londres sin protección alguna, para encargarte SOLA de veinte mortífagos ¿Te costaba esperarme? ¿No confías en que sea capaz de proteger a Harry? ¿Acaso me crees inútil?
- Creo que estás desenfocando el tema – Emy se había puesto de pie y había abandonado el tono tranquilo, ahora caminaba hacia él y literalmente se iba a encarar para dejarle unas cuantas cosas claras a su marido – Yo jamás...
Un fuerte ruido sonó en ese instante. De la nada había aparecido Fawkes, el fénix de Dumbledore, y al parecer venía con una carta para entregar, que cayó directamente en manos de Sirius. No tardó ni un segundo en abrirla y leerla para él. Su cara iba cambiando de furia a asombro, hasta quedarse con la boca completamente abierta y los ojos desorbitados.
- ¿Qué sucede? – Preguntó Emy preocupada - ¡Sirius! Di algo
Éste le pasó la carta y ella la leyó en voz alta. Harry y ella se quedaron completamente embobados por las noticias que se narraban allí:
"Sirius: Vente al Ministerio lo antes posible, ya he avisado a Arthur para que venga también. El Ministro ha sido asesinado. Al parecer la única persona que se hallaba dentro de su despacho es Viktor Krum pero él me asegura que ha sido obra de Lucius Malfoy. El muchacho está muy asustado, ya que ha sido detenido. Como bien sabes, uno no puede aparecerse en el Ministerio y mucho menos en el despacho de Fudge. Dile a Emy que tardarás en volver, seguramente se tendrá que ir sola mañana con los muchachos.
Albus Dumbledore"
- ¿Asesinado? – Preguntó Harry
- Esto va a crear un caos horrible – Sirius hizo desaparecer la carta – Debo marcharme
Se dirigía a la cocina cuando Emy lo llamó. Su voz había cambiado totalmente, nada quedaba de lo que iba a contestar. Su mirada denotaba miedo y su rostro parecía el de una niña asustada.
- Sirius... no te vayas así... bésame, por favor
Harry vio la cara de su tío cuando se dio la vuelta. Observó conmovido como de cuatro zancadas había llegado a ella y la había besado con pasión, abrazándola y llevándola hacia él.
- No puedes hacerme esto, Emy – Le dijo con voz suave – Tengo mi carácter y me gustaría conservarlo. No es justo que consigas romperlo
- Yo también te amo – Emy le besó más dulcemente y él se marchó con una sonrisa en la boca
Unas palabras le llegaron a la mente. No eran lejanas, de apenas una horas atrás. Era Fred quien lo había dicho: "La que puede hacer con un hombre lo que quiera". Si hubiese visto aquella escena, grabaría la frase en una piedra para el resto de la eternidad. Era cierto, su tía era capaz de cambiar la voluntad de un hombre, de hecho él nunca podía resistirse a sus abrazos maternales, por mucho que pensara que llevaba años sin ser un niño para recibirlos.
- Lo siento – Se disculpó Emy – No me gusta que nos veas así
- No me gusta veros así, aunque he de admitir que sois los dos todo un temperamento
- ¡Mira quién fue a hablar! – Emy se acercó a él y le revolvió el pelo – Hoy no debí permitir que pasara esto, tú ya has tenido bastante
- No te preocupes
- Son estos malditos nervios, nos juegan malas pasadas también a los mayores – Emy le abrazó y Harry confirmó lo anteriormente pensado, era incapaz de resistirse – Siento tanto todo lo que está pasando
- Gracias
- No digas tonterías, no hay motivo para darlas – Emy le besó en la frente - ¿Cenamos?
- No tengo mucha hambre
- ¿Qué te parece un buen vaso de leche con unos croissants a la plancha?
- Suena bien
- Perfecto
Tampoco pudo Harry impedir que su tía lo arropara como a un niño chico. Sentía que debía decírselo, porque sabía lo que iba a hacer, porque así no habría secretos. Harry estaba convencido de que su tía no pasaría la noche en su cuarto, y aún mucho menos en el desván. Ella se marcharía aquella noche y él no quería que se fuera sin decirle que él lo entendía. No quiso que se marchara sin aclarar que las gracias no eran porque ella se preocupara por él.
- Gracias
- ¿Otra vez?
- No lo entiendes – Harry sonrió – Gracias por intentar buscarlas
- ¡Ah! ¡Eso! – Emy negó con la cabeza – Me temo que quien no lo entiende eres tú. Ha sido pura arrogancia, quería comprobar qué tan bien se habían escondido. Si yo no logro encontrarlas... digamos que los demás lo tendrán muy difícil para hacerlo, incluido tú, por si te da por investigar
- No diré que no se me ha pasado por la cabeza
- ¡Mi niño! – Emy le acarició la cara – Que no haya podido encontrarlas, no significa que no sepa en donde están
- ¿Qué? – Harry se incorporó de la cama pero Emy volvió a echarle con dulzura
- Estoy segura que tarde o temprano hallarías la respuesta tú solo pero los nervios, como te he dicho, juegan mala pasadas – Emy le dedicó la mirada más tierna que tenía. Ella le quería como si le hubiese parido, le quería como a un hijo – Si ella se tuvo que marchar por ser quien puede leer, no me cabe la más mínima duda que le han puesto a ello. Y si la otra tiene que hallar la manera de vencer, sólo se me ocurre un lugar en donde obtenga semejante información, como también sólo se me ocurre una persona que pueda ayudarlas
- ¡Ellas están en...!
- ¡Shuss! – Calló Emy con el dedo - No lo digas, el aire escucha
- Tía
- ¿Sí?
- Te quiero
- ¡Oh, mi amor! Algo bueno he tenido que hacer entonces, si la vida me da tu cariño y el de Sirius
- Claro que lo has hecho – Harry se abrazó a ella y le susurró – Ve esta noche sin miedo, yo estaré bien
- Pero...
- No – Ahora fue Harry quien calló a su tía – Lo entiendo. Ya no soy un niño, puedo pasar la noche solo. Eso sí, trae más croissants para desayunar, no los hemos acabado todos
- Lo haré y tendré cuidado. No será tan fácil que nos vuelvan a separar – Ella sonrió desde lo más profundo de su ser
- Eso es lo que quería oír – Harry miró a su tía a los ojos y supo que estaría a la mañana siguiente
