Nada de lo que aparece aqui me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.
Me gustaría equivocarme en algo
-¿¡CÓMO QUE NO ESTA EN LA TORRE!?-grito una encolerizada Minerva McGonagall tras lo que la señora Pince le había dicho.
-Minerva, no he dicho eso. Obviamente es una posibilidad, pero recalco que ella no se ha presentado a cumplir el castigo. Las estanterías están intactas y las cosas para limpiar en donde estaban. Es obvio que esa niñita se dio la vuelta en cuanto me marche y se largo. ¡Qué descaro! Necesita una buena reprimenda.
Sin duda para algunos la situación podría resultar cómica vista desde fuera pero para Minerva y la señora Pince no lo era. La jefa de Gryffindor seguía en bata escocesa y con el pelo recogido, a pesar de la hora aún estaba en la cama cuando la bibliotecaria llamo a su despacho y esta la invito a pasar. Después ella le conto y el grito de Minerva no se hizo esperar.
Si había algo que McGonagall no soportaba era la poca información, eso la hacía crear un montón de hipótesis, a cada cual peor. Quién sabía lo que podía haber pasado con la chica. Su mente trabajaba a toda velocidad mientras daba vueltas por su despacho. Pince tan solo se limitaba a criticar a la chica y eso crispaba los nervios de la profesora.
-¡Cállate ya Pince!-termino diciendo Minerva-No sabemos lo que ha pasado y no ganamos nada insultando o creando teorías sobre ello. Lo mejor será que nos pongamos en marcha. Avisa a Filch de la situación y averigua por si él sabe algo. Yo iré a la torre de Gryffindor.
Tras decir esto Pince salió bastante enfadada aunque decidida, Minerva se arreglo y en menos de un minuto ya estaba de camino a la torre a toda prisa. En cuanto entro por el retrato de la dama gorda subió las escaleras hacia la habitación de la chica, sin delicadeza abrió la puerta del cuarto e inspecciono rápidamente la habitación. Todas las camas tenían el dosel puesto menos una. Se acerco hasta ella, ni siquiera estaba desecha, estaba claro que no había estado allí. El ruido hizo que lentamente los doseles se abrieran asomando a las chicas aún somnolientas en ellas.
-¿Profesora?...-dijo Helena aún bostezando.
-Señoritas, lamento molestarlas tan temprano.
-¿Qué ocurre?-dijo Christinne frotándose los ojos.
-¿Saben dónde está la señorita Potter?
Las tres se miraron entre sí y las tres miraron la cama donde su amiga a estas horas debería estar durmiendo. ¿Qué ocurría?
-¿Alguna sabe algo?-dijo de nuevo la profesora-Por favor es importante.
-Yo no sé nada profesora-contesto Christinne algo asustada-Ella siempre suele venir temprano, aunque otras veces...
-Otras veces viene un poco más tarde-se apresuro a completar Rominna temiendo que su amiga metiera la pata.
-¿Cómo de tarde?
-Una media hora, es que limpiar hace que venga llena de polvo y se pone a estornudar. Por eso a veces toma un baño y después viene directamente-en el fondo Rominna sabía que decía la verdad, aunque ocultando cosas. El descubrimiento de esa misma noche que le hizo su amiga la impulsaba a protegerla, puesto que sabía que ella habría ido a buscarle. Lo que no esperaba era que tardase tanto.
-¿Creen entonces que podría encontrarse allí?
-Probablemente, ¿pero por qué lo pregunta?-le dijo Rominna.
-Su compañera no ha acudido al castigo, y como ya han visto tampoco esta aquí-se giro hasta encaminarse a la puerta-Lamento la interrupción.
En cuanto cerró la puerta todas se miraron sin saber qué hacer, ahora mismo Rominna solo tenía en mente dos cosas, esperar a que su amiga no estuviera en una situación comprometedora con Snape y que le diera tiempo suficiente a volver. De lo contrario se hallaría en un serio aprieto. Lo peor es que no podía ayudarla, no tenía manera de contarle lo ocurrido. Solo podía quedarse a esperar.
Minerva ya había recorrido media torre y no había rastro alguno de ella, en el baño no había nadie e incluso en el de prefectos tampoco. Estaba desesperada, no sabía que le había podido pasar y cada minuto que pasaba se angustiaba más. Ella no había estado de acuerdo con ese castigo, sabía que trasnochar en un sitio solitario solo podía llevar a que pasara algo. Caminaba a paso rápido, en cuanto estuvo en el hall se encontró con Filch.
-¿Alguna noticia?
-Ninguna profesora, por aquí la joven no ha pasado.
-Oh Merlín ¿donde diablos estará?-se preguntaba angustiada-Filch por favor llama inmediatamente a los demás jefes de casa, ponles al corriente de la situación y que se reúnan aquí. Buscaremos por todo el castillo si hace falta. Yo iré a hablar con los fantasmas.
Seguían acostados, estaban abrazados mientras se miraban. La luz del amanecer no hacía más que incrementar lo preciosa que se veía esa escena. Estaban tan tranquilos que cuando el ruido de unos golpes en la puerta retumbaron en la habitación ambos se asustaron. Ella lo miro asustada, Severus inmediatamente salió de la cama y se puso el pantalón de pijama junto con una bata que tenía en la silla. La hizo un gesto para que permaneciera en silencio y salió de la habitación dejando la puerta cerrada.
A pesar del gesto estaba muy nerviosa y no se iba a quedar así, presentía que se trataba de algo malo y sin pensárselo dos veces se levanto, con todo el sigilo que pudo recogió sus prendas y comenzó a vestirse apresuradamente. Cuando termino se acerco hasta el espejo y comenzó a arreglarse el pelo lo mejor que pudo. En ese momento la puerta se volvió a abrir mostrando a un Severus totalmente lívido. Preocupada por ello Sidney se abalanzo casi hasta el.
-¿Qué pasa? Cariño dime algo-le decía mientras le agarraba de la cara.
-Tienes que irte.
-Eso ya lo se...
-No, no lo entiendes. McGonagall ha descubierto que no has pasado la noche ni en la habitación ni en la biblioteca.
Se quedo paralizada, el castigo.
-¡Mierda se me olvido!-trato de serenarse y buscar una solución rápida.
-Lo importante ahora es que te vea cuanto antes, está poniendo el castillo patas arriba.
Abrocho los últimos botones de su túnica y salió hacia el despacho con Severus siguiéndola tras ella.
-¿Dónde vas?-dijo agarrándola del brazo-¿Qué tienes pensado? ¿Salir de mi despacho así sin más? ¿No piensas acaso?
-Severus cállate ¿si? No soy estúpida, vístete y sal, avísame si hay alguien y si no hay nadie salgo.
Con un simple toque de su varita en apenas unos segundos Severus lucia sus prendas habituales, le hizo un gesto para que se pusiera a un lado mientras el abría la puerta y salió. Miro hacia ambos lados del pasillo, no había nadie y no se escuchaba absolutamente nada. Se quedo parado unos segundos más agudizando el oído y la vista pero todo estaba en orden. Se metió en el despacho.
-Ahora.
El no se esperaba que ella le diera un beso tras decirle eso, más bien esperaba que se lanzara a correr por el pasillo, así que se quedo inmóvil y un instante después ella salía del despacho dejándolo solo, con el corazón palpitando y las manos sudorosas. Rogaba a Merlín, Morgana y todos los magos porque ella llegara a algún sitio seguro sin ser descubierta. Dejo pasar un rato hasta reunirse donde McGonagall les había dicho según Filch y salió de ahí caminando con decisión aunque no tenía ninguna.
En cuanto llego vio como Minerva y Sprout estaban conversando ambas algo asustadas.
-¡Oh Severus!-dijo la primera arrojándose casi a sus brazos, la mujer se veía bastante preocupada y podía notar como sus ojos brillaban de las lagrimas que estaba conteniendo, se sentía mal por tener que mentir de esa forma.
-¿Qué ha ocurrido Minerva? Filch me conto pero ¿no se sabe nada más?
-No, ni rastro. He tratado de hablar con todos los fantasmas pero me ha sido imposible, la mayoría están durmiendo quien sabe en qué parte del castillo. Los pocos con los que me he encontrado aseguran no haberla visto.
En ese momento llego el jefe de casa restante junto al conserje, por sus caras se veía que tampoco la habían visto. Respiro tranquilo en parte, si estaban todos congregados y no la habían descubierto por el camino eso significaba que estaba a salvo, en parte.
-Si la llega a pasar algo yo...-decía acongojada la jefa de Gryffindor mientras Sprout se encargaba de consolarla.
-Shh, tranquila Minerva, seguro que está bien. Es una chica muy inteligente.
-¿Deberíamos avisar a Albus?-pregunto la bibliotecaria sacando se consuelo a ambas profesoras.
-Si, si. Sin duda esta es una situación que debe saber-contesto McGonagall-Iremos en dos grupos por si nos la encontramos en el camino. Deberíamos ir revisando los pasillos, los retratos por si encontramos a alguno despierto y sabe algo. Sin duda si encontramos alguna pista no dudéis en...
Las instrucciones que estaba dando McGonagall quedaron silenciadas en cuanto escucharon una tos. Todos se giraron buscando el origen de esta, sin embargo no veían nada. Se miraron unos segundos hasta que escucharon pasos y como la tos se hacía más profunda y se acercaba hasta ellos.
Ahí fue cuando la vio, acababa de aparecer por uno de los pasillos.
-¡Señorita Potter!-exclamo la profesora en cuanto ella la reconoció-¿Qué diablos?
McGonagall se abalanzo corriendo hacia ella, la chica venia cubierta de suciedad y su aspecto era totalmente lamentable, no hacía más que toser.
-Agua, agua ¡rápido!-dijo Sprout y McGonagall no tardo en hacer aparecer un vaso con agua que la chica tomo rápidamente.
-¿Se encuentra bien? ¿Qué le ha pasado?-la profesora no hacía más que estar casi encima de ella preguntándola y revisando su aspecto una y otra vez, a decir verdad todos la mirábamos.
-¿No es obvio lo que ha pasado?-dijo de repente la bibliotecaria-No cumplió su castigo, esta joven es una altanera que a saber en que habrá empleado su valioso tiempo ¿no es verdad señorita?
Sidney ni siquiera la miraba, aún estaba tratando de recuperar su respiración y en ese momento recibió más ataques de ella.
-¡Qué maleducada! Ni siquiera responde. No es más que una estúpida engreída que considera que puede hacer y deshacer a su antojo-dijo Pince acercándose peligrosamente hasta estar frente a ella.
En vista de que no levantaba la vista por estar tosiendo Pince la agarro de la cara con fuerza sujetándola mientras seguía con su sarta de reproches.
-Mírame bien jovencita, no eres más que una malcriada. Tus padres deberían haberte metido en cintura hace mucho tiempo. Oh sí, pero tus padres también dejan mucho que desear.
-Pince ya basta-dijo Minerva.
-No, no basta. Te voy a tener fregando el suelo de la biblioteca hasta que me jubile.
-Pues para eso no queda mucho vieja desgraciada-con un manotazo Sidney se deshizo del agarre que la bibliotecaria tenía en su cara dejando atónitos a todos los presentes pero sin duda los ojos de la bibliotecaria expresaban una sorpresa mayor al resto.
La mano de la bibliotecaria se alzo y antes de que a Severus le diera tiempo a detenerlo la mano impactaba contra la cara de la chica.
-¡Estúpida! ¿Cómo te atreves a decirme eso?-vociferaba la bibliotecaria mientras las mujeres la sujetaban.
-Pomona, será mejor que te la lleves de aquí, está muy alterada-dijo Minerva y la otra mujer asintió llevándosela entre gritos.
-¿Qué ha pasado?-volvió a repetir la mujer.
-Lo siento, yo...-tosió de nuevo-Peeves.
-¿Te ataco?-ella solo asintió-¿Qué te hizo?
-Me estuvo fastidiando en la biblioteca, yo le seguí y me encerró en un aula llenándome de todo esto. Me tiro polvo de tizas y ceniza. Como no tenía varita no podía salir.
-¿Y cómo has salido?
-Me abrió la puerta un chico de Ravenclaw, no recuerdo su nombre pero se lo agradezco enormemente. He tenido que aguantar encerrada toda la noche ahí.
Sinceramente, de no ser porque Severus sabía que había pasado la noche con él se hubiera lanzado a consolarla y a buscar inmediatamente a Peeves para castigarlo duramente. Esa chica sabía mentir demasiado bien, y eso no le gustaba. Sin embargo reconocía que en aquel momento toda esa historia tenía sentido y no encontraba razones para que no la creyeran.
-Ese poltergeist es un demonio-dijo la profesora-Hablaré con Albus para que le dé un duro escarmiento. Sin duda no deberías haber salido tras él, te dejaste engañar y mira lo que te hizo.
-Lo sé profesora, y lo siento mucho. Usted sabe que me controlo pero esta noche estaba tan cansada que no se qué fue lo que me hizo ir tras él.
-Está bien, por hoy he tenido suficientes sustos. Ve a ducharte y quitarte toda esa mugre, no podrás ir a descansar así que ve tras ello al desayuno y luego a clases.
-Si profesora McGonagall.
-¿Alguien podría acompañarla hasta la torre? Yo iré a ver el estado de Pince y hablaré de todo el asunto con Albus.
-Puedo encargarme yo-contesto fríamente Severus.
-Muchas gracias.
Camino hasta estar al lado de ella y ambos dejaron atrás a los profesores dirigiéndose hacia la torre de Gryffindor. Contentos por saber que nadie había descubierto nada y que ni siquiera sospechaban de donde había pasado realmente la noche esa chica.
Cuando estaban cerca del séptimo piso la introdujo en un aula asegurándose de que nadie les viera.
-¿Tienes ganas de más pelea, búsquedas y aventura?-pregunto irónicamente ella sin saber el verdadero motivo por el que él la había metido allí.
-Hoy has tenido suerte-saco su varita de la túnica y frente a ella aplico un hechizo para limpiarla de toda la suciedad.
-Gracias-contesto ella.
-¿Con qué Peeves no?-pregunto él con una mueca.
-Peeves es tan malo-contesto ella con voz infantil, sonrió ampliamente-No he tenido más remedio que meterme en un aula y llenarme yo misma de polco de tiza y coger un poco de ceniza y tirármelo por encima.
-Niña mala, ese Peeves me las pagará algún dia.
De nuevo apunto su varita hacia ella, esta vez hacia su estomago y un rayo de luz blanca entro en su interior, ella sin comprender le miraba.
-Pero no queremos que nos descubran por otras cosas ¿no?-dijo el creyendo que con eso bastaba para que ella entendiera.
-¡Ah! Lo siento, ni siquiera había pensado en eso.
-Tranquila, debería haberlo sabido, para otra vez tendré poción, es más eficaz.
-Mmm, suena bien eso de para otra vez-no pudo evitar sonreír ante su comentario.
Los días pasaron en el castillo sin que hubiera más alborotos, a excepción de la aparición en el lago de Marcus y sus amigos, todos hicieron un pacto de silencio en el cual ninguno revelo quienes habían sido los atacantes. Sidney los miraba con recelo aunque con orgullo temiendo que en cualquier momento hablaran, pero eso nunca ocurrió. Cuando veía como agachaban la cabeza en su presencia sonreía con satisfacción y recordaba las frases que le había dicho Barty sobre lo mucho que ella valía. En especial una palabra "Justicia", si, eso era lo que había conseguido.
Sus visitas a Severus se aplazaron, aunque siempre aprovechaba el final de las clases para quedarse un poco con él. No volvieron a tocar el tema de Barty y ella tampoco menciono que seguía quedando con él, aunque ahora no practicaban hechizos ni leían el libro. Tan solo hablaban y reían, era un muchacho tan simpático, agradable e inteligente que a ella le encantaba compartir su tiempo con él. Le contaba miles de cosas sobre el ministerio, discutían sobre la política y las posturas del ministro, incluso hablaban de leyes mágicas. Podían pasarse horas así y no se cansaban. Sin embargo la proximidad de los exámenes de Barty la hizo dejar de verle para centrarse en el último partido de quidditch de la temporada. Hufflepuff iba a perder, de eso estaba segura, así que no se preocupaba demasiado.
Lo que realmente la preocupaba eran sus castigos. Desde el incidente con Pince las cosas habían empeorado, ella se resistía a darle su varita todas las noches, no confiaba en lo que esa vieja bruja pudiera hacerle sin poder protegerse. La bibliotecaria trataba de aguantar despierta todo el tiempo posible vigilándola, ahora no podía limpiar como antes y debía volver a la rutina y profundidad del principio. El ambiente era tan tenso que McGonagall tuvo que interceder con Albus para que la levantara el castigo, y así fue como el sábado por la tarde ella recibió un pergamino de parte del director citándola en su despacho.
Subía las escaleras de piedra tras la gárgola que daba paso al despacho de Dumbledore, llamo a la puerta y su voz la indico que pasara. Al entrar camino hasta estar frente a la mesa.
-Siéntese señorita Potter.
Tomo asiento frente a él esperando para ver que quería el director.
-¿Un caramelo? Los he traído de Hogsmeade-le tendió el anciano y ella acepto.
-Gracias señor.
-No hay de que-indico con una sonrisa amable-Imagino que te estarás preguntando el motivo de la conversación.
-Si señor.
-Bueno, estoy al tanto de todo lo ocurrido en el castillo como sabrás, sin duda tu percance con Peeves no está exento. Me informaron del desagradable incidente con la señora Pince y sé que a raíz de ello la relación entre ambas no es agradable.
-En realidad señor nunca lo ha sido, pero sin duda desde que ella me dio la bofetada y me grito las cosas han ido a peor.
-Comprendo. Bueno, es por ello que tras reflexionarlo mucho he decidido que lo mejor es que de por finalizado tu castigo.
-¿De verdad señor?-pregunto ella desconfiando-Aún no he terminado de limpiar ni siquiera la mitad de la biblioteca.
-No creo que quiera limpiar la otra mitad ¿o me equivoco?-dijo el anciano con una sonrisa-Creo que es suficiente con lo que ya ha hecho.
-Muchas gracias director-contesto ella sin poder contener la alegría sabiendo que no tendría que aguantar más a esa vieja loca.
-No es nada. Por cierto ¿que tal va el equipo?
-Oh la verdad es que muy bien, hemos conseguido...
En ese momento sus palabras cesaron debido a los golpes en la puerta.
-Adelante-contesto el director.
La puerta se abrió y por ella apareció Severus, firme y serio como siempre, el cual no evito un gesto de sorpresa cuando la vio en el despacho.
-Lo había olvidado por completo, tranquilo Severus pasa.
El profesor pasó y se situó al lado de la otra silla aunque de pie.
-Director si quiere puedo retirarme-le dijo él.
-No hace falta Severus, los temas importantes con la señorita Potter ya han sido tratados. Pero dígame ¿ganaremos este domingo?
-Por supuesto director-contesto ella con una sonrisa levantándose de la silla-Puede ir diciéndoles a los elfos que preparen un menú especial para la victoria.
-Me alegra esa seguridad-contesto Albus.
-Si me permiten, director-se despidió de el-Profesor.
Ambos inclinaron su cabeza a modo de despedida. Ella se había girado y estaba bajando las escaleras, justo cuando abría la puerta para salir la voz del director la detuvo.
-Señorita Potter, una última cosa.
-Dígame.
-¿Qué tal se encuentra su madre?
-Bien, ella está bien.
-¿Y su embarazo? ¿Cómo se encuentra?-dijo el anciano observándola por encima de sus gafas de media luna.
-Bueno, en la última carta me dijo que seguía teniendo molestias, pero por lo demás está en perfecto estado.
-¿Para cuando se espera la llegada del bebe?
Sidney se quedo pensando, ¿por qué el director se interesaba tanto por su madre? De no ser porque le había quitado el castigo le habría dicho que se metiera en sus cosas, ella no era el periódico, si quería noticias que fuera a la fuente.
-Según lo que yo sé es para julio, finales de julio.
-Ah, muy bien. Muchas gracias por la información y si habla con ella dele saludos de mi parte.
-De acuerdo. Buenas tardes.
Abrió la puerta y salió de ese despacho, si Dumbledore pensaba que iría corriendo a mandarle una carta con los saludos de él para su madre se equivocaba. Lo que menos quería ser era una lechuza. Camino hasta la sala común, aprovecharía para hablar con sus amigas y distraerse además de contarle la noticia del castigo.
Mientras tanto en el despacho del director los dos hombres se encontraban en silencio, pensativos. Severus aún no relacionaba la información pero el cerebro del gran Albus Dumbledore ya estaba barajando varias hipótesis.
-Por primera vez me gustaría equivocarme en algo-dijo el director rompiendo ese silencio.
Severus lo miraba sin saber que decir, habían quedado para hablar sobre los últimos planes de la orden y sin embargo el director se encontraba allí sin decir nada desde que Sidney había salido del despacho. No entendía el porqué, no creía que hubiesen hablado de quidditch todo el rato. La cuestión estaba en lo que habrían hablado antes, ¿qué habrían conversado para que él se encontrara así?
-Director, siento preguntarle pero no entiendo a qué se refiere.
-No creo que no lo entiendas, si no que creo que no lo quieres entender, tu cerebro te está protegiendo de esa información.
-¿De qué Gryffindor ganará el partido este domingo?-dijo irónicamente Severus.
El director se giro a mirarlo y pudo ver total seriedad en sus ojos, incluso el mismo sintió que no era un tema para bromear.
-Severus ¿te acuerdas de nuestra visita a Hogsmeade?-el asintió-Creo que hemos encontrado la clave.
Buenas! Disculpas por la tardanza, estoy algo enfermilla y la inspiración no llegaba a mi =(
Supercontenta de que os haya gustado el capítulo anterior ^_^ y tranquilas que habrá más así =P
Un saludo!
