30. Cuenta conmigo

- Te digo que los muchachos no están en su habitación – Dijo alarmado Sirius a su esposa

- Cariño ¿has mirado bien? – Emy deseó que su sobrino apareciese de la nada. Si les pillaban, se les caería el pelo, a ella incluida

- Pues claro – Replicó él – He ido a despedirme y allí no había nadie. Molly ¿Te dijo Ron que iban a estar en algún otro sitio?

- Pensé que estaban allí – La señora Weasley abrió la habitación de su hijo y comprobó que estaba vacía. Emy cerró los ojos y se preparó para la tormenta - ¿Has mirado si están con los gemelos en su cuarto?

- No, no se me ha ocurrido, ellos estaban conmigo en el cuarto de Bill y Charlie

- ¿Nos llamabais? – Preguntó Fred saliendo de la habitación de sus hermanos

- ¿Habéis visto a los chicos?

- Claro – Contestó George

- ¿Y?

- ¿Y qué? – Preguntaron los gemelos a la vez. Sabían que habían escapado por la ventana de su cuarto, que daba a la parte de atrás, en donde nadie advertiría que se estaban fugando por el jardín

- ¿En dónde están? – Sirius estaba perdiendo la paciencia, se tenía que marchar, Arthur ya lo había hecho hace un rato y él tenía una reunión a las doce ¡Sólo faltaban quince minutos!

- Pues estarán en su habitación

- Evidentemente, Fred, no están allí, ya lo hemos mirado – Se enfadó su madre - Tramáis algo ¿verdad?

- ¡Qué va! – Contestaron los dos pelirrojos

- ¿Qué pasa? – Preguntó Bill, al llegar con Charlie al descansillo del primer piso y verlo lleno de gente

- Los chicos no aparecen

- ¿Habéis mirado en su cuarto? – Preguntó inocentemente Charlie

- ¡Esto es absurdo! – Exclamó enfadado Sirius - ¡Emy!

- ¿Sí, querido?

- ¡Haz algo!

- ¿Yo? – Se oyó un ruido en la habitación de los gemelos

- Igual es que están en nuestra habitación – Fred intentaba que no le entrara la risa nerviosa

- Seguro que han ido a coger municiones antes de volver al castillo – George optó por una excusa que le mantuviera el semblante para no reírse - ¡Malditos ladronzuelos!

- ¿Chicos? – Sirius abrió la puerta de la habitación de los gemelos y se encontró a Harry y a Ron tirados en el suelo. Exhaustos por la falta de respiración, miraban al resto con cara de absoluta culpabilidad. Acababan de llegar, corriendo como locos, y se las habían visto muy malas para subir por la tubería de la fachada - ¿Qué se supone qué estáis haciendo? ¿Y por qué no habéis salido si llevo un buen rato llamándoos?

- George, se nos olvidó quitar el hechizo de insonorización

- ¡Menudo susto! – Se quejó Molly – Como si no tuviese bastante con lo que ha pasado como para que creer que habíais salido sin permiso

- ¿Cómo vamos... – Comenzó Harry a decir

- ...a hacer eso... – Siguió Ron

- …nosotros? – Terminó Harry incorporándose y mirando a su tía

- ¿Y entonces por qué estáis así? – Preguntó Sirius, sabiendo perfectamente que le estaban mintiendo

- Estábamos peleando – Contestó Ron

- ¿Qué? – Preguntaron todos a la vez

- Sí, como entrenamiento – Aclaró Harry

- ¿Y por qué en este cuarto? – Sirius no se iba a marchar sin pillarles, sabía más el zorro por viejo que por zorro

- Porque... – Ron miraba a Harry pidiendo ayuda

- Porque... – Harry miraba a Emy pidiendo ayuda

- ¿Sí? – Sirius veía cerca su victoria. Entonces vio que Harry sonreía

- Es que hemos estado entrenando con las cosas de los gemelos, para ver si podíamos intuir cuál de ellas era más peligrosa

- ¡Eso sí que es una buena idea! – Exclamó Fred

- ¡Sí, muy buena! – Admitió George

- Está bien, me rindo por el momento porque tengo que irme pero ya hablaremos tú y yo – Le dijo Sirius a su sobrino

- Si no he hecho nada malo – Se quejó Harry

- Eso ya lo veremos – Le dio un beso a su esposa, que permanecía demasiado callada, con lo cual estaba en el cotarro, y se fue hacia la cocina para desaparecer por la chimenea

- Por los pelos – Les dijo Emy cuando todos estuvieron desperdigados – Espero que haya merecido la pena

- La mereció – Soltó Ron sonriendo

- Preparar el equipaje. Harry, ayúdale y luego vamos a casa y haces el tuyo, tenemos que irnos nada más comer

- Vale – Contestó sumiso el muchacho. Le dio un beso en la mejilla – Gracias por esto

- No hay de qué – Ella quitó importancia al asunto – Si fuera yo, ya lo habría hecho hace tiempo ¡No debí decir eso!

Charlie metió todas las cosas en el maletero mientras los demás se despedían, él ya lo había hecho. Sirius y Arthur habían ido a casa a comer. El primero traía una cara de cabreo considerable y el segundo de asombro absoluto. En la sala del Departamento de Misterios se había multiplicado los mortífagos convertidos en estatuas. Emy no cedió ni un palmo. Dejó claro que no movería ni un dedo para devolverlos a su estado normal y que fuesen detenidos y llevados a prisión, prefería que se quedaran en aquel estado, así nadie tendría que vigilarlos. Arthur tuvo que aceptar esa aptitud de momento. Se despidió de sus hijos, deseando al mayor que su nuevo empleo le fuese bien y al más pequeño que se metiese en los menos problemas posibles. No se despidió sin decirles que estaba enormemente orgulloso de ambos, lo que a Ron le sentó de maravilla. A Harry le llevó un poco a parte y le pidió que le escribiese si Ron no se encontraba bien, sabía que su hijo no pasaría una buena época después de lo acontecido. Harry, por supuesto, agradeció el gesto y le prometió que le escribiría en tal caso, aunque él procuraría que sus ánimos se elevasen. Con un: "Cuídate mucho, muchacho" se despidió de él, ya que debía volver al Ministerio.

Sirius se fue con Arthur, prometiéndole a su familia que no dejaría que pasase el tiempo suficiente para que le echasen de menos. Besó a su esposa y achuchó a su sobrino. A Ron le hizo un guiño y le susurró: "En el próximo viaje conduces tú ¿vale?". El pelirrojo se puso como loco con la expectativa. Así sólo quedaron los hermanos y una madre llorosa y desquiciada de los nervios. Los gemelos les obsequiaron con un paquete a cada uno de sus surtidos especiales. Bill les hizo prometer que se comportarían más acordes con las circunstancias y Molly se sació de abrazarles y darles besos a los cuatro.

Londres les acogió para que se sumasen al tráfico y así servirles de perfecto camuflaje. Conducía Charlie y Ron iba con él delante. Para Emy fue una suerte, porque después de la abundante comida que les sirvió su amiga y de no pegar ojo, ya no sabía en cuanto tiempo, el sueño le vencía y ni las seis tazas de café le mantenían los párpados abiertos. Apoyada la espalda contra el cristal, algo recostada y con Harry entre sus brazos, se fue quedando dormida, al igual que su sobrino, con el bienestar que le proporcionaba tenerlo protegido bajo su manto. Ya no existía el cansancio, sólo la sensación maternal de que no podían quitarle a su niño. Dejó la orden de que cuando llegaran a Newcastle, le avisaran para volver a parar en aquel precioso y tranquilo pueblo.

Y así lo hicieron. Charlie y Ron se fueron a estirar las piernas, mientras que Emy y Harry se sentaron en la misma mesa de días antes. Septiembre traía los atardeceres más pronto y a esa hora, ya veía al sol dándose por vencido débilmente, dejando ver un espectáculo de colores malvas, naranjas, grises, azules y amarillos en el cielo. Para Harry, septiembre era, sin duda, su mes favorito. Observó a Emy tomándose otro café y no pudo evitar compararla con su otra tía. ¡Qué poco tenía que ver con Petunia y sus cuidadas y delicadas tazas de té! Eran hermanas, en realidad, medio hermanas, pero nada absolutamente en su físico o en su personalidad, podría encontrar semejanza. Petunia estaba muerta y Harry lo sentía de verdad, a pesar de todo, no deseó jamás que acabara así. Emy estaba viva y él aún no entendía muy bien porqué, se le salía de los conceptos lógicos e incluso de los mágicos. Sin embargo estaba allí, frente a él, reclinada, con la rústica taza entre sus dos manos y mirándole con una sonrisa. Harry no desaprovechó la oportunidad que le daban de un momento a solas con ella.

- No me puedo creer que le llamaras "montón de mierda" – Dijo Harry riendo

- ¿Cómo sabes tú eso? – Preguntó asombrada Emy dejando la taza en el plato

- Porque estaba allí

- ¿Qué?

- Soñé y yo estaba metido en ti. Veía a través de tus ojos y sentía lo que tú sentías – Explicó Harry mientras jugaba con la lata del refresco – Siempre me dices que tenga respeto a Voldemort, porque él es inteligente, sin embargo tú le tratas con absoluto desprecio, no le temes y encima te cachondeas de él

- Es diferente – El rostro de Emy se endureció

- No sé por qué – El de Harry también

- Yo puedo mostrarme vanidosa y tú no, él aún te puede

- Eso terminará pronto, pienso entrenar mucho este año – Soltó con determinación

- No te quepa la más mínima duda de ello – Aseguró aún con más arrojo

- ¿Por qué no te duele la cicatriz cuando estás a su lado?

- ¿Qué te hace pensar eso? Si dices que sentías lo que yo, habrás notado el dolor y la quemazón

- Pensé que era por mí y no por ti

- La que no entiende ahora por qué, soy yo

- Pues salta a la vista – Exclamó Harry como si fuese lo más evidente del mundo – Has vuelto como si nada hubiese pasado, como si te costase lo mismo pelear contra él que ir a por croissants

- Cariño, las apariencias engañan – Emy dejó escapar una sonrisa más bien melancólica – En verdad me dolía hasta el alma. Esta vez lo he llevado mal pero ha sido volver a casa y veros, y se me ha ido pasando. El amor es un buen reconstituyente, sobre todo para estos casos

- Me alegra saberlo – Dijo Harry – Por un momento pensé que el dolor y el cansancio, que sentía al despertar, me lo había trasladado Voldemort

- Quizás antes no digo que no hubiese pasado pero después del entrenamiento de Myrddin, sería extraño – Concluyó Emy

- ¿En verdad crees que si la abuela no le hubiese abandonado, él no sería Voldemort?

- No sé que creer – Dijo Emy mirando el atardecer – Lo que pasó por aquel entonces, es difícil de analizar

- Yo creo que no – En Harry se pudo ver un brillo de odio y rencor – Yo no tuve a mi madre y no elegí el lado oscuro

- Cierto, elegiste bien. Tuviste todo en tu mano para convertirte en alguien odioso y resentido y, sin embargo, eres lo contrario – Emy le miraba con orgullo - Recuérdame que cuando lleguemos, le pida a Sinitra el estado de las estrellas de anoche, no es normal que vinieses conmigo

- Ginny lo hizo cuando saltamos por el acantilado

- Pues entonces consultaré también aquella noche. Estoy segura de que existe alguna conexión

- Te lo recordaré

- ¿Cómo llevas lo de las chicas? – Le preguntó al muchacho, agudizando los sentidos para advertir si le estaba mintiendo

- Mejor y Ron también. Lo hemos hablado y después de lo que hemos vivido ayer, nos damos cuenta que es mejor esta situación. Ellas están a salvo, eso es lo que importa

- Así es

- Aunque se las echa en falta... Ginny conseguía que todo pareciese mejor, que valía la pena seguir

- Ella te apoyó mucho cuando yo no estuve

- Casi no la dejé hacerlo, fui un capullo – Harry bajó la cabeza

- Aún así, no dio ni un paso hacia atrás, te quiere mucho

- Y yo a ella – Su voz era apenas un suspiro

- Me preocupa Ron, tienes que sacarle de ese letargo, él no es así

- Saldremos los dos

- Me alegra oírte decir eso

- ¡Por cierto! Menos mal que llegaste esta mañana con el desayuno, no sabía qué decirle a Sirius – Necesitaba cambiar de tema, ese aún dolía

- Sí, te oí llamarme

- A mí también me pasó cuando estábamos en el parque, te oí llamarme

- Nos hemos librado de una buena – Rió Emy

- Yo más que tú, Sirius está un tanto irascible

- Es normal, yo en su lugar estaría histérica – Emy sonrió a Harry – No me gustaría nada que él se fuese a cazar mortífagos como si se tratara de gamusinos

- ¡Jejeje! Los gamusinos no existen – Ahora rió Harry

- Los mortífagos, dentro de nada, tampoco – En los ojos de Emy se veía un brillo de malicia

- Tía

- Malo, cuando me llamas tía...

- ¡Siempre te lo llamo! – Reprochó Harry

- No es cierto, sólo lo utilizas cuando quieres saber algo inconveniente o cuando quieres pedirme algo

- ¡No! – Negó rotundamente el muchacho

- ¡Sí! Anda, suéltalo

- Bueno... si puedes acabar con todos ellos ¿Por qué no lo haces? – Era cierto, había una pregunta inconveniente detrás

- Digamos que no quiero que Tom se vuelva más peligroso de lo que ya es

- No entiendo

- Si no le quedara nada que perder... te estaría persiguiendo en estos mismos instantes, hasta darte caza y matarte. Necesito algo más de tiempo, aún no estás preparado, aún no ha llegado el momento

El último tramo hacia Hogwarts le condujo Emy con Charlie al lado. La noche ya estaba sobre ellos, no les quedaba mucho camino, lo cual era una suerte, porque los cuatro estaban hambrientos, aunque Ron más que el resto, le había vuelto el apetito. Charlaban de las posibles clases especiales que Emy impartiría ese año y, al parecer, tenía muchas ideas, entre ellas la música. Harry y Ron estaban encantados con la expectativa de que el sábado por la mañana, pudiesen dedicarlo a practicar con el órgano electrónico. Terminarían por aprender a manejarlo y quizás podrían comenzar a componer.

Charlie se apuntó de ayudante en unas cuantas clases, incluida la de música. Resultaba que le encantaba cantar, cosa que sorprendió muchísimo a Ron. Después de que Emy le insistiese para que le demostrara qué tal voz tenía, Charlie dejó atrás su vergüenza, con la promesa que ella le imitaría luego. Para asombro de su reducido público, Charlie Weasley cantaba muy bien. Emy le hizo un sin fin de preguntas sobre lo que sabía de la música, las cuales fueron bastante simples de contestar, él nunca había estudiado nada de nada, sólo cantaba y tocaba un poco la guitarra de oído. La profesora le prometió que cuando acabara con él, le aumentaría la voz y sabría tocar bien la guitarra.

Los que iban detrás, no dejarían pasar la oportunidad para que a ellos también se les prometiera que aprenderían a tocar el órgano y la guitarra. Emy intentó hacerles entrar en razón, diciéndoles que tendrían mucho trabajo, ese año, como para que asistieran a clases de música. Tuvo que desistir en su razonamiento, los muchachos se negaban a perderse ni una sola de esas lecciones, así que se conformó con entender que algún entretenimiento tendrían que tener. Luego llegó lo anteriormente prometido y Emy les cantó la primera canción que se le vino a la cabeza. Curiosamente trataba de una chica que echaba de menos a su chico, diciéndole que le esperaría y le mandaría su voz y sus canciones a través del viento. Ron y Harry se pusieron algo melancólicos pero Charlie se entusiasmó por cómo cantaba Emy. Le pidió que algún día hiciesen un dúo, eso sí, con el consentimiento de Sirius. De inmediato, Harry pensó que su padrino no se lo daría.

Guardaron el coche en el garaje y subieron por la escalinata que Hagrid les había enseñado. Los elfos se encargarían de dejar sus equipajes en los dormitorios correspondientes. Entraron en el Gran Comedor cuando estaban en mitad de la cena. Harry y Ron se fueron a la mesa de Gryffindor mientras que Charlie y Emy se dirigieron a la de profesores, en la cual se hallaban Albus Dumbledore en su puesto de director y Sirius Black al lado del profesor de DCAO.

Verles entrar juntos, provocó los rumores que se temían. A oídos de Harry llegaron frases de fascinación por Emy, por ser La Unión, por haber vuelto, por haberse casado con Sirius, por atreverse a ser espía, por todas sus hazañas y por un montón de cosas más, mayoritariamente con respecto a su forma de vestir y a su belleza. No se había dado cuenta de preguntarla qué tal fue el recibimiento. En cierta forma, era normal, después de todo lo que había pasado desde el comienzo de curso. No fue el único en recibir miradas, a Ronald Weasley le observaban continuamente, bastante más que a Harry, lo cual, en aquellos momentos, no le hacía ni pizca de gracia, quizás unos años antes lo hubiese agradecido pero, justo aquel día, no.

- A debido salir publicado – Le susurró Ron a Harry mientras iban a sentarse con Neville, Dean y Seamus

- No me cabe la más mínima duda – Saludó con un gesto a Remus y a Bella, que le sonrieron, y se sentó junto con sus compañeros

- Hola – Dijeron todos los del grupo a los recién llegados

- Hola – Contestaron los dos

- ¿Cómo estáis? – Preguntó Lavander. Ella siempre era la más sentimental de todas las de su curso. Se le notaba una verdadera preocupación que, tanto Harry como Ron, le agradecieron – Sé que es una pregunta tonta, no sé qué decir...

- Venga – Dean atrajo a su novia con el brazo y dejó que llorara en su hombro. Llevaban más de un año juntos y se les veía muy bien – Tranquila, son ellos los que necesitan nuestro apoyo

- Con respecto a eso – Comenzó a hablar Ron – A mí, personalmente, me gustaría que no se me tratase diferente. No es que yo vaya a estar igual que siempre pero me ayudaría que los demás mantengan sus habituales estados de ánimo, conversaciones, bromas. De todas formas, Lavander, te agradezco de corazón el gesto, erais amigas y es normal que te sientas así

- ¡No sabes cuánto lo siento, Ron! Hermione era mucho mejor desde que estabais juntos ¡Oh! ¡Qué horroroso es lo que he dicho! – Lavander se volvió a hundir en el hombro de su novio

- Queremos que sepáis que podéis contar con nosotros para lo que queráis – Dijo Parvati con lágrimas en los ojos pero más comedida

- Incluido para vengarlas – Soltó Neville

No parecía el mismo chico tímido y desastroso de siempre. En ese momento no se veía su cara de buena persona, sino una que reflejaba dolor y venganza. Harry, que estaba sentado al lado suyo, se le quedó mirando fijamente. Sí que la guerra podía cambiar a las personas. Neville le devolvió la mirada y entonces ambos asintieron, como cerrando un trato, el que firmaban con el dolor por la pérdida de los que amaban. Harry supo que podría contar con Neville, aunque en verdad siempre había sabido que podría contar con él. Ron, al otro lado de Harry, le ofreció la mano a Neville y éste la estrechó con firmeza. Luego miró a su mejor amigo. El pelirrojo estaba dispuesto a dar su vida por él, por el que consideraba un hermano. Ese año haría lo que estuviese a su alcance para averiguar cómo trazar la batalla final y así acabar, de una maldita vez, con todos esos hijos de mala madre, que no hacían más que intentar hundirles la vida. Llevó su mano hasta Harry y se la ofreció con sincera lealtad. Para Ron, Harry era como su rey y le seguiría hasta el mismísimo infierno.

- Cuenta conmigo – Ron le apretó la mano mientras se miraban. Harry sintió en ella el compromiso de lealtad

Pero algo ocurrió que dejó a los profesores callados. Neville le dio la mano a Harry y repitió: "Cuenta conmigo". Luego fueron Dean y Seamus quienes lo hicieron, tanto a Harry como a Ron, y pasó a repetirlo Lavander y Parvati. Daniel Gutt estaba cerca de ellos y no les había quitado un ojo de encima. Lo había oído todo, así que decidió levantarse y acercarse a los recién llegados. Con absoluta solemnidad extendió su mano y le dijo en voz alta a Harry: "Cuenta conmigo" para luego repetirlo con Ron. Y con aquel último gesto, se formó una fila en la mesa de Gryffindor que quiso ofrecer su lealtad a ambos muchachos. Los que no se acercaban a ellos, se levantaban y lo gritaban sin el menor reparo. El significado de aquello era tan claro, que se fue extendiendo de mesa en mesa. Así, compañeros de clase de Harry y de Ron de otras casas, se levantaron de sus respectivos asientos y fueron a imitar el gesto con sus mejores deseos, dándoles ánimos y ofreciéndose para lo que ellos quisieran. Pero no se quedó ahí, todos los alumnos de las casas de Ravenclaw y Hufflepuff igualaron el gesto. Y lo que pocas veces se había visto en público, por no decir que ninguna, fueron a los más de treinta alumnos de Slytherin, que no temieron las represaliáis de sus compañeros de casa por ir a ofrecer su lealtad al mayor de los Gryffindor, a Harry Potter.

A los ojos de Dumbledore surgió el milagro. Esa era la señal. Nadie les había dicho nada, no se les había dado orden de mostrar un comportamiento similar. Había nacido del sentimiento y se había propagado con el fuego de los corazones de aquellos que estaban hartos de injusticias ¿Cómo podría él imaginar que una mentira despertara semejante pasión? Las cuatro casas unidas en rebeldía contra la oscuridad. Muchachos con fuerza vital en sus venas peleando contra la tiranía, apoyando a los destinados y tomando conciencia de que participarían en la lucha por un mundo mejor, un mundo para todos, sin importar clases, procedencias ni sangres. Chicos y chicas que no estaban dispuestos a perder ni a uno más de sus compañeros, que con un: "Cuenta conmigo" gritaban: "Basta ya". Alzaban sus voces mostrando su lealtad hacia una vida de expectativas para todos. Todos ellos habían conseguido que aquel anciano, saciado de ver de todo en su larga vida, se levantara y aplaudiera aquel gesto, premiando así el maravilloso y espontáneo comportamiento con la mayor muestra de orgullo hacia ellos.

El resto de profesores se levantaron para aplaudir igualmente. No en todos se veía la satisfacción en sus caras, uno en especial se limitaba a imitar a su director mientras pensaba cuán patéticos eran esos arrebatos de cursilería y sentimentalismos que no servían para nada. Sin embargo, el resto del profesorado se mantenía sonriente y lleno de satisfacción por sus alumnos, ovacionándole eufórico y mostrando su entusiasmo ante las miradas atónitas, a la vez que felices, de los muchachos. Poco tardaron en comenzar a sumarse a los aplausos y en dirigir sus miradas hacia Harry y Ron, que permanecían sentados y atónitos. Aquella cena no la olvidarían fácilmente ninguno de los dos, porque no siempre puedes ser testigo del instante en que las personas se empeñan en cambiar el curso de la vida, y aquella cena era uno de esos instantes.

Cuando Harry llegó a la habitación de los chicos, del séptimo curso de Gryffindor, lo primero que hizo fue abrir el cajón de su mesita, sacar el libro de "El Conde de Montecristo" y extraer la nota de Ginny. "Si me dieran a elegir, nos veríamos esta noche en el frondoso bosque en que me soñaste cuando me marché". Si ella pudiese ver lo que había propiciado su marcha y la de Hermione ¡Qué orgullosa estaría! Harry miraba el papel como si en él estuviese el rostro de ella dibujado tras las letras. Deseaba cerrar los ojos y verla al borde del acantilado o en el bosque en que la soñó. Su bosque. Si estuviese allí se abrazaría a ella y le diría que aún no había encontrado la forma de solucionar las cosas, que ni con toda la confianza que le habían dado los demás, sabía cómo poder salvarles, darles un futuro. Le hablaría de sus dudas, de sus miedos, de sus tontos complejos. Si estuviese allí, le rogaría que le dejara dormir en su pecho rodeado por sus brazos. Si Ginny estuviese allí, él podría sonreír.

Guardó de nuevo la carta y selló el cajón de la mesita para que nadie pudiese abrirlo. Se desvistió despacio con el sonido de la conversación de fondo de sus compañeros en sus oídos. Eran más altos sus pensamientos. Se metió en su cama y se arropó entre las cálidas sábanas. Despidiéndose con un simple: "Hasta mañana" cerró los doseles de su cama y los ojos esforzándose por ver a Ginny. Por su mente pasaron muchas imágenes de ella en distintas ocasiones, hasta que se quedó concentrado en una de ellas. Ginny luchando codo a codo con él en la batalla de La Madriguera. Jamás había sido tan efectivo en un duelo como aquella noche al lado de ella ¿Cómo podría enfrentarse al lado oscuro sin ella? La echaba en falta tanto como la necesitaba para sentirse a salvo ¿Cuándo se había convertido Ginny en parte de su alma, de su cuerpo, de su mente? ¿Cuándo había pasado a ser parte de él? Aquella niña corriendo tras el tren, era ahora el motor de su vida. Tenía un largo camino hasta encontrarla. No sabía el porqué pero sentía que tardaría en verla, sentía que su último año allí estaría marcado por su ausencia.