Siento muchísimo la demora en la actualización. Sólo puedo alegar problemas personales y créedme cuando digo que hubiese preferido no tener que alegarlos. Gracias por la paciencia a quien siga ahí. Ahí, en ciertos momentos, en que te apetece saber que se está bien rodeada de amor. Un beso.
31. Un mal día
Al abrir los ojos y ser consciente de que estaba en Hogwarts, no pudo evitar sonreír. En realidad lo hacía por dos motivos: uno, porque volvía a su rutina de clases, con lo que tendría menos tiempo de comerse la cabeza de mala manera, y dos, porque había soñado con Ginny. Harry se hundió en las sábanas para alargar un poco más aquel bello sueño. Paseaban por la playa de madrugada, cogidos de la mano y con los pies desnudos, sintiendo la templada arena. Recordó el día en que ella confesó que le encantaba andar descalza. Parecía que había sido el mes pasado, cuando ella despertó del ataque y él le preparó una cena en la enfermería. Nunca había pensado en su aniversario ¿Sería desde aquel día o, en cambio, ella preferiría datarlo a cuando volvieron a verse? El día en que ella le despertó en la sala común con un beso, que no olvidaría jamás. Un beso. Sus labios dejaron de sonreír y se prepararon para recibir un beso. Cerró los ojos y se imaginó parando su paseo por la playa, acercándola hasta él y besándola mientras le agarraba fuerte por la cintura. Gin. Gin.
- ¡Harry! ¿Has visto la hora que es? – Gritó de pronto Ron
- Hum - ¿Quién osaba arruinarle su momento?
- ¡Harry! Son más de las ocho y diez – Volvió a gritar Ron corriendo como loco hacia el baño
- ¡Joder!
Y ya no hubo sonrisa, ni sueño, ni recuerdos de primeros besos, ni nada que no fuese: ¿Dónde narices están mis pantalones? Sin lavar la cara, atándose los botones de la camisa y con sólo puesta una manga de la túnica, bajaban por las escaleras hacia la sala común, en donde no había, evidentemente, nadie. Cuando llegaron al comedor, para al menos beberse un zumo y coger provisiones para comer por los pasillos, quedaban pocos alumnos, todos de otros cursos, y menos profesores, aunque sí que estaba Emy, que les echó una mirada fugaz que significaba claramente "mal empezamos". No se sentaron en los bancos, se marcharon con los bolsillos repletos de bollos, que manchaban de crema y mermelada los interiores, en los que luego nos les importaba meter una pluma, un cromo, alguna moneda o su misma mano, resultando todo un auténtico pringue. Llamaron a la puerta del aula de Pociones y entraron apenas sin resuello. En el fondo de la mazmorra estaba el profesor Snape con cara de pocos amigos. Ron ni siquiera preguntó si podían pasar, vio que había dos asientos libres en la segunda fila y allí se dirigió. Harry, que iba detrás, decidió no decir nada tampoco, de seguro que se encargaría Snape de recriminarles su llegada tardía. No miró más que a las escaleras y a Ron. Se sentó junto a él y se preparó para la reprimenda.
- No digo que no deban estar en esta clase – Comenzó Snape con su habitual tono desagradable – De sobra es conocido su ineptitud en mi asignatura y si se hubieran dignado a mirar al resto de las personas que aquí se encuentran, se habrían dado cuenta que este no es su curso
A Harry se le atragantó el zumo ¿Qué? Giró la cabeza hacia su izquierda y vio a Colin Creevey sentado junto a Alyson Johnson ¡Estaban en el curso de Ginny! Todos les miraban fijamente, nadie se reía por la metedura de pata y si nadie lo hacía, es porque allí no había ni un solo alumno de Slytherin, la clase era de Gryffindor y Hufflepuff, y estaba claro que no le reirían la pedantería a su profesor. Snape miró un cuaderno y se le iluminó el rostro.
- Estoy pensando que será mejor que les guíe hasta su próxima clase. En su embobamiento cotidiano, podrían volver a equivocarse y molestar a otro profesor, que tenga mejores cosas que hacer, que verles a ustedes dos
La cara de Ron era de rojo fuego, su cerebro hervía entre todos los insultos que se les estaban ocurriendo. Harry no era menos ¿Hasta cuándo tendría que aguantar las impertinencias de ese hombre?
- ¿A qué esperan? ¿Es que se les ha dormido la única neurona que les queda en la cabeza? ¿Quizás aguardan una orden del Ministro? ¡Venga! ¡Muévanse! – Snape subió las escaleras con paso enérgico – Y a ustedes, si cuando regrese no hay un color dorado verdoso en cada caldero, les restaré veinte puntos a cada uno
Snape, Harry y Ron caminaban por los pasillos. El primero, delante y muy decidido, los otros dos, detrás, con paso más descansado y hablando mentalmente entre ellos. Cuando Snape paró, entendieron a la perfección porqué se había ofrecido a llevarles hasta la siguiente clase, el tormento no había terminado. Con una sonrisa de satisfacción, el profesor de pociones llamó a la puerta y no esperó contestación, entró sin más. Era la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras pero el profesor no era Remus Lupin, sino Sirius Black, cubriendo una de las bajas de su amigo. El deleite de Snape era pleno, él sabía que estaría allí, sabía que tendría la oportunidad de machacar a su compañero más odiado y que lo haría utilizando a su alumno más detestado, Harry Potter, el adorado ahijado y sobrino de su oponente.
- Perdone esta interrupción – Snape habló con su tono distante y altivo - Es que dos de sus alumnos más atolondrados, han acabado en mi clase por su habitual simpleza supina
Sirius vio aparecer a Harry y a Ron tras de Snape y se le cambió la cara por completo. Si ese resentido se iba a pensar que dejaría que ridiculizaran a sus dos muchachos, estaba muy, pero que muy equivocado.
- Y usted ha sido tan amable de traerlos aquí para que no se pierdan ¡Qué gran acto! – Contestó Sirius con una clara aptitud de cinismo en su voz – Esta es una muestra más del gran tutor que es, profesor Snape
- ¿Qué quiere decir, Black? – Inquirió con la cara más cetrina que de costumbre
- Solamente digo que en su amplia comprensión hacia estos dos alumnos, les ha guiado en su despiste hasta su clase correspondiente, demostrando así que entiende las circunstancias por las que han pasado – Sirius desplegó su sonrisa más dañina – La comprensión hacia los alumnos, es la mayor muestra de la grandeza de un profesor ¿No cree? De esa forma, uno se convierte en el perfecto educador y el alumno lo paga con su atención en la asignatura, se relaja porque confía en su maestro y aprende a la perfección todas las lecciones que se les da
- Enternecedor discurso, Black, pero he de irme – Snape se dio la vuelta y quedó cara a cara con Harry y Ron. No ocultó su mirada de desprecio - Avísame cuando te llegue el premio al profesor del año
- Lo haré, no lo dudes – Sirius mantuvo su sonrisa de triunfo y luego mandó pasar a los muchachos
Intentaba escuchar las explicaciones de Sirius pero es que estaba tan rabioso, que lo único que podía hacer era mantener la mirada quieta en la hoja de su libro de Defensa.
Menudo circo habían montado en un solo momento, menos mal que su tío le había sacado de él de la forma más digna, no habría soportado que encima Snape se burlara de Sirius también ¿Cómo era posible que ayer fuese un heroico mago al que seguir y hoy fuese un torpe muchacho que no sabía dónde estaba pinado? El que había escrito su destino, o estaba borracho, o es que se lo pasaba bomba a su costa. ¡Maldito destino! Destino. Los rayos de sol temprano que entraban por la ventana del aula, disiparon la rabia para traerle pensamientos aparcados.
Su padre tuvo el destino de su madre en su mano. Había dejado a un lado ese tema, se había quedado pendiente en una charla con Emy. De lo que había hablado con ella y de lo que había oído en una conversación entre su tía y Molly, se podían sacar varios puntos. El destino de Lily Potter estaba escrito, no todos los destinos estaban escritos, o como ella había dicho, marcados ¿Por qué el de su madre sí? ¿Por qué el de él? ¿Sabía todo al respecto de ese asunto? No, aún quedaban muchas cosas por averiguar y Emy era una fuente de respuestas, sólo tendría que hallar las preguntas correctas para encauzar este asunto, asunto que no dejaría pasar.
Luego estaba Ginny. Él lo había oído, ella también tenía su destino escrito, marcado ¿Por qué? Ella era especial desde su nacimiento, la única niña en muchos años ¿Qué le tendría deparado el destino a Ginny? ¿Sabía ella su propio futuro? ¿Sabía ella más de lo que decía? Emy había leído el destino de su hermana y él quería leer el de Ginny, saber que estaba bien, que lo estaría, que no se la arrebatarían de forma permanente, como hicieron con sus padres ¿Se atormentaría él como lo hizo su padre? ¿Sería tan loco como para remover cielo y tierra para encontrar ese destino?
Estaban guardados, eso es lo que había dicho Emy a Molly ¿Dónde? Y al saber las respuestas ¿Cambiaría eso las cosas? ¿No sería horrible saber que se dispone de poco tiempo? Fue un regalo de la vida no hallar la contestación, eso es que lo dijo Emy, que a su padre le regalaron la dicha de no saber que Lily moriría tras él, que dejarían solo a su hijo ¿Qué había querido decir Emy con que su madre les mandó con la abuela Sunny, por ser la única que logró cambiar su destino? ¿Qué había dicho de su familia? Harry hizo memoria, quería recordar cada detalle que escuchó tras la puerta de la cocina de los Weasley. Ahora sus ojos ya no permanecían fijos en un sitio, sino que se movían intentando encontrar la respuesta en cada visión. Intentaban cambiar su destino ¡Eso era lo que había escuchado! Que sus padres estuvieron a punto de lograrlo y que él... que él tenía que conseguirlo ¿Cómo? Cada acto de su vida daba miles de consecuencias posibles, era un juego de locos. Era imposible saber el momento exacto, el lugar adecuado y la elección perfecta, para que se diese el milagro de salvarles a todos, de ofrecer un futuro para todos ¿Estaría él encaminado a dar esos pasos? ¿Sería un simple títere al que manejaban unos hilos desconocidos? ¿Tendría que romper esos hilos? Aquella presión iba a acabar con él, no podía pensar en las muertes que ya se habían dado, ni en las que estaban por venir mientras él daba con todas esas variantes. ¡Maldito destino!
- ¿Lo tenéis claro? – Preguntó Sirius con voz potente mientras sonaba la campana – La siguiente clase es con el profesor Lupin. Le pondré al tanto de que debéis entregarle un trabajo, de tres pergaminos al menos, sobre los ataques defensivos contra los vampiros
- ¿Tres pergaminos? – La protesta fue a coro
- No os quejéis, estáis en el último curso y esto se pone cuesta arriba. Así fue para todos y no se nos ha acabado el mundo, o sea, que lamentaciones las mínimas, que os queda mucho para ser auténticos mártires – Sirius se rió de su propio comentario, lo cual no hizo nadie más – No me miréis así, que estoy seguro que lo haréis muy bien. El trabajo os dejará grabados los hechizos en vuestra cabezota y veréis que cuando os topéis con un vampiro, habrá valido la pena – Volvió a reírse de su otro comentario, era una pena que no entendiesen su humor - ¡Harry! ¡Ron! Quedaos un momento
- ¿Qué pasa? – Preguntó Harry, una vez salieron todos del aula
- ¿Sabéis dónde tenéis que ir?
- ¡Muy gracioso! Hoy estás de un ingenioso...
- Sí, es cierto, la culpa es de tu tía – Revolvió el pelo a su sobrino – No quiero que ese resentido os dé el día, así que la siguiente clase la tomáis con un poco más de entusiasmo
- Vale – Contestaron los dos
- ¿Y cuál es? Vuelvo a repetir – Sirius vio que el uno miraba al otro y viceversa - ¿No tenéis los horarios?
- Sí, por supuesto – Ron tiró la mochila en una mesa y comenzó a rebuscar en ella – Creo que lo tenía por aquí... ¡Ah! ¡Aquí está!... ¡Mierda! Ahora sí que tenemos con Snape
La hoja de horarios era clara:
Viernes
8:30 a 10:30 Defensa contra las artes oscuras
10:45 a 12:45 Pociones
Almuerzo
14:45 a 16:75 Herbología
17:00 a 19:00 Historia de la Magia
- Este viernes es peor que el jueves del año pasado – Se quejó Ron con cara de auténtico desacuerdo
- Eso no podrás decirlo el año que viene – Un nuevo tono jocoso salió del profesor
- Definitivamente, el matrimonio te está afectando demasiado – Harry agarró su mochila y se fue con paso tranquilo hacia la puerta
- ¡Eh! Me ha dicho mi esposa que os quiere ver después de cenar en el apartamento
- Dile a tu esposa que nos verá – Dijo Harry de forma distraída – Vamos, Ron, no pienso correr de nuevo
Después de la clase de Snape, Harry abandonó la idea de que era mejor volver a sus clases, ese tipo cetrino era capaz de convertir un buen día, en uno nefasto, y uno malo, en aún peor. En la comida se encontraron con el anuncio del nuevo profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas. Charlie Weasley lucía una nueva túnica, que poco le duraría limpia con su trabajo, se levantó e hizo un leve gesto de cabeza, para saludar ante los aplausos mayoritarios de los alumnos. Dumbledore explicó que Hagrid estaría en su puesto de siempre y que no podía dar clases porque se iba a encargar de un nuevo "proyecto". Sin duda, aquel hombre sabía salir de una mentira. Ron y Harry aprovecharon para echar un vistazo al horario completo.
Lunes
8:30 a 10:30 Pociones
10:45 a 12:45 Encantamientos
Almuerzo
14:45 a 16:15 Cuidado de Criaturas Mágicas
16:30 a 18:30 Herbología
Martes
8:30 a 10:30 Transformaciones
10:45 a 12:45 Historia de la Magia
Almuerzo
14:45 a 16:45 Defensa contra las artes oscuras
17:00 a 18:30 Estudios no mágicos
Miércoles
8:30 a 10:30 Encantamientos
10:45 a 12:45 Cuidado de Criaturas Mágicas
Almuerzo
14:45 a 16:45 Pociones
17:00 a 18:30 Herbología
Jueves
8:30 a 10:30 Transformaciones
10:45 a 12:45 Defensa contra las artes oscuras
Almuerzo
14:45 a 16:15 Herbología
16:30 a 18:30 Estudios no mágicos
Viernes
8:30 a 10:30 Defensa contra las artes oscuras
10:45 a 12:45 Pociones
Almuerzo
14:45 a 16:45 Transformaciones
17:00 a 19:00 Historia de la Magia
- Todos los días salimos a las seis y media menos hoy, justo los viernes nos hacen quedarnos hasta la siete – De nuevo volvía a quejarse Ron
- Es para que no nos vayamos por ahí – Dijo Seamus
- Pues no sé dónde se piensan que nos vamos a ir – Rebatió el pelirrojo
- A mí no me importaría llevar a esa morena al pueblo y dejarla claras unas cuantas cosas – Seamus se comía con los ojos y con las palabras a una chica de quinto curso de Hufflepuff
- ¡Cómo te oiga Parvati! – Advirtió Harry señalando con la cabeza a la chica, que estaba unos cinco asientos más alejada con sus amigas
- ¿No lo sabéis? No estamos juntos desde principios de verano, somos amigos y eso, pero se acabó... ya me entendéis
- No, no te entiendo – Contestó Ron con la mayor de las sinceridades
- Llega un momento en que si no hay, pues no se puede sacar
- Mira, Finnigan, si no te explicas mejor, no lo cojo y no me considero precisamente corto
- Pues que Parvati y yo ya habíamos llegado al punto más alto de nuestra relación y ninguno de los dos sentía que lo nuestro avanzaba, así que lo hablamos y lo dejamos de común acuerdo
- Te entiendo – Dijo Neville en voz baja – A mí me ha pasado
- ¿Ah, sí? – Preguntaron todos los chicos asombrados
- El problema es que Susan no pensaba lo mismo y no se ha tomado muy bien nuestra separación
- Ya decía yo que no te veía nunca con ella – Dedujo Dean - ¡Quién diría que fueses tú el que diera el paso! No tienes precisamente pinta de rompecorazones, Neville
- Ni pretendo serlo pero no voy a alargar algo que no funciona, ante todo hay que ser sincero
- A veces alucino contigo, Neville – Dean le hizo un gesto con los pulgares a su amigo para expresarle su aprobación
- ¡Eso nos convierte en más solteros! – Exclamó Seamus con entusiasmo, aunque de inmediato se dio cuenta que dos de ellos habían sido a la fuerza – Yo no quería...
- No te preocupes – Cortó Harry – Siento que no saliera bien, Seamus
- ¡Va! lo bueno es que sigue siendo mi mejor amiga, hasta me cuenta que ha echado un ojo a uno de Ravenclaw, ese tal Michael Print
- Juega al quidditch de golpeador ¿No? – Preguntó Harry
- Sí y hablando de eso...
- Lo sé, tenemos que tratar sobre el equipo. Mejor mañana – A Harry se le vino el mundo encima. Ginny no jugaría este año con ellos. Tendrían que buscar una nueva cazadora – Ron recuérdame que te comente una cosa luego ¿Ron?
Su mejor amigo estaba sumido en sus pensamientos y no había que ser muy inteligente para saber que tenían nombre propio, Hermione. Le miró y asintió, dando a entender que le había oído. Harry intentó prestar atención a las preguntas que le hacían a Neville sobre su separación pero de vez en cuando giraba la cabeza para ver como Ron seguía sumido en su tristeza y como sus propios pensamientos le llevaban a la misma sensación. Continuaba diciendo lo mismo, aquel año iba a ser una mierda sin ellas, sin Gin. Estaba terminando sus bolitas de nata con crema caliente, cuando alguien a su espalda le habló.
- ¿Quieres que ideemos una estrategia para que cuando salga reciba otra paliza?
- ¿Eh? – Preguntó Harry. Era el chico de primer año. Seguía con esa mirada de determinación tan extraña para alguien de su edad. Por supuesto, estaba acompañado por su habitual banda de seguidores, su hermana y unos cuantos chicos y chicas de primero
- Perdona si te he interrumpido los pensamientos – Se disculpó él, como si lo hubiese hecho el mismísimo Dumbledore – Te preguntaba si querías que tramásemos alguna táctica para cuando Malfoy salga de la enfermería
- ¡Malfoy! – Ron ya no estaba sujeto al recuerdo de Hermione, ahora sus ojos estaba bien abiertos y mostraban la palabra venganza en ellos - ¿Cómo era tu nombre, chaval?
- Daniel Gutt, pero prefiero que se refieran a mí como Dan
- Pues bien, Dan ¿Se puede saber por qué le preguntas a Harry eso?
- Es sencillo, después de la paliza que le habéis dado, habrá que recordarle que puede volver en innumerables ocasiones a la enfermería
- Nosotros no hemos dado... – Harry le iba a explicar al muchacho que ellos no habían tenido nada que ver con ese asunto pero Ron le paró los pies
- ¿Cómo te has enterado de lo de la paliza?
- Tuve que ir a la enfermería después de que un alumno de Slytherin me partiera una ceja – Dijo señalando su herida – Al parecer no le gustó que le llamara sucio mortífago rastrero
- ¡Este chaval es la monda! – Exclamó Seamus riéndose – Chicos, todo el colegio sabe que le disteis una paliza a Malfoy
- Pero si no...
- Harry, por favor, la evidencia es la evidencia – En la cara de Ron asomó una sonrisa tétrica que dejó pasmado a su amigo - ¿Así qué continua en la enfermería?
- Pues sí – Contestó el muchacho, ya impaciente por saber cuál era el próximo paso
- ¿Tú estás dispuesto a colaborar en este asunto? – Ron comenzaba a disfrutar de ese juego
- Ya os dije ayer que podías contar conmigo, yo nunca hablo de forma gratuita
- Bien, bien, no hace falta que te pongas tan solemne – El pelirrojo posó su mano en el hombro del chico, lo cual hizo que éste se irguiera más, y le habló bajo para que entendiese que era primordial que no se divulgase – Si estás con nosotros, entenderás que hay ciertas normas que...
- Se pueden saltar, sí, hasta ahí llego, soy pequeño, no gilipollas
- Jejeje – A Harry le hizo mucha gracia esa contestación y aún más la actitud de Ron, que daba por comenzado el proceso de martirio hacia el asqueroso rubiales
- Se nota, Dan, se nota – Ron se acercó aún más – Pues entérate de cuándo sale de la enfermería y de sus horarios de clase. Este año no coincide con nosotros y no tenemos esa información. Eso sí, si ves que es mucho pedir pues...
- En absoluto, lo tendréis mañana mismo – Y sin más salió del comedor con paso firme
- ¿Qué os parece el enano? – Preguntó Dean viendo como se marchaba
- Me temo que con tres años más y es capaz de enfrentarse al mismísimo Snape – Se rieron Seamus y Dean
- No debiste meterle en este asunto – Le recriminó Harry a Ron
- ¿Por qué no? Él se ha ofrecido, no voy a desperdiciar la oportunidad de tener un espía que me informe de las habituales costumbres de Malfoy, es menos trabajo para mí
- Te estás pareciendo a tus hermanos
- Lo sé y por propia experiencia en el lado contrario, te diré que nuestro pequeño amigo y aliado, quiere verse involucrado en nuestros chanchullos
- Si le pilla Malfoy o tiene un enfrentamiento con él ¿Qué? Es muy joven para defenderse – Harry intentó hacerle entrar en razón
- Le diré que tenga cuidado y le enseñaré un par de hechizos – Le calmó Ron
- No sé si será buena idea – Exclamó Seamus – Si le das armas de defensa a ese temerario, la próxima vez será peor. El que le hizo eso en la ceja era Goyle. Se metió con uno de séptimo, sin importarle, lo más mínimo, ser de primero
- Yo no sé de dónde saca tanto arrojo – Exclamó Neville
- Seguramente de la batalla de La Madriguera – Contestó Harry dejando las palabras ahí, como suspendidas en el aire, como si con ellas dijese que el valor te nace cuando asesinan a tus padres
- ¡Oye! – Seamus hizo un movimiento con la mano para que se acercaran al centro de la mesa – Me ha dicho el hermano de Lee Jordan...
- ¿Quién es el hermano de Lee Jordan? – Interrumpió Ron
- Uno de los amigos de Dan ¿No le has visto? ¡Es clavado a él! – Contestó Dean
- ¡Ya decía yo que se me parecía a alguien!
- Bueno, me ha dicho que la profesora Martín era espía en Scotland Yard y que incluso estuvo al servicio de la reina – Seamus miraba de reojo a Emy – Harry ¿Eso es verdad?
- ¡Esto es el colmo! – Harry se puso claramente a la defensiva - ¿De dónde sacas una idea tan absurda?
- ¡No es absurda! Dice que estudió para ello, que fue entrenada por los muggles y que después, entre su entrenamiento y la magia que tiene, ha podido espiar al-que-no-debe-ser-nombrado durante todos esos meses – Se defendió Seamus
- No... pero… ¿cómo?... ¡Ron! – Terminó diciendo Harry sin saber qué contestar
- ¿Qué? – Le miró y lo supo – Yo no tengo la culpa de que mis hermanos sean unos bocazas y se lo hayan contando a su mejor amigo, que se lo ha contado a su hermano, que como es un enano, lo va largando por ahí
- ¡Así que es cierto! – Exclamó Seamus - ¡Lo sabía! A parte de estar imponente es espía ¡Tío, qué envidia!
- ¿Envidia? – Harry no paraba de asombrarse
- Sí, te contará miles de cosas, de aventuras, además se ha casado con Sirius, que también es un miembro activo a las órdenes del Ministro y de Dumbledore – Seamus parecía encantado por estar con la elite del colegio - Por cierto, Ron, debido a los últimos acontecimientos, la gente no se atreve a darte la enhorabuena por lo de tu padre pero espero que a mí me lo permitas ¡Felicidades, Ron!
- ¡Eh! ¡Gracias! – Ron miró a Harry y le dijo mentalmente – "Tenemos que ponernos al día sobre lo que se va diciendo de nosotros"
- "Espera que se entere Emy, ya verás la que se monta" – Contestó Harry – "Esto es por los artículos en El Profeta, si estábamos antes en el ojo del huracán, ahora lo estamos más"
- Pero no debes decirlo – Regañaba Neville con su tono de bonachón – No se debe hablar así de una profesora
- ¡Neville!
- ¿Qué? ¿Qué? ¡Me he perdido! – Interrumpió Ron
- Pues que está muy buena
- ¿Quién? – Preguntó Harry
- Tú tía
- Como entenderás, no te voy a decir si Emy está buena o no – Harry comenzaba a apretar los puños bajo la mesa, no sabía que le sentaba peor, si que todo el colegio supiese que Emy había sido espía o si que dijeran que estaba muy buena
- Pero Ron si lo puede decir
- Ron no dice nada – El pelirrojo contestó rápido al ver a Harry recoger las cosas para largarse. Decidió hacer lo mismo y levantarse. Harry se despidió con un simple "Hasta luego" y Ron se quedó tres pasos atrasado para decir en voz baja – Es aún más preciosa de lo que veis
En la mesa de profesores, la más joven de todos ellos, sonreía divertida, aunque no se sabía si por algo que su marido le explicaba con mucha vehemencia, o por haber podido escuchar la conversación de unos adolescentes. No podía evitar estar pendiente de su sobrino siempre que se hallase en su presencia y últimamente menos. Era consciente de que se había convertido en un ave rapaz. Le seguía con la mirada y con el pensamiento, no podía dejar descansar ese instinto protector que nacía en ella ¿Significaría que se acercaba el peligro?
