Nada de lo que aparece aqui me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.


A tus labios también.

Severus Snape había tenido unas vacaciones de lo más complicadas. Si estas solían calificarse en el pasado como tranquilas e incluso repetitivas, este año podían ser como un pasaje a uno de esos parques muggles donde habían diversos artefactos en los que subía el nivel de adrenalina de cualquiera, por muy preparado que estuvieras para ello.

Tras abandonar el colegio tuvo que reunirse de inmediato con el señor tenebroso y ahí empezó un sinfín de misiones y reuniones de mortífagos. El principal objetivo era conseguir más adeptos y con ellos mayor financiación. Se separaron en grupos y mientras que una parte, mayoritariamente expertos en el tema y recién integrados se dirigía a reunir un ejército de criaturas, la otra parte se agrupaba para formar un sequito de seguidores humanos. Voldemort lo consideraba una pieza importante debido a su posición en Hogwarts, con lo cual no le mandaba cumplir con ese tipo de tareas, pero si que tenía que acompañarles cada vez que él lo requería. Principalmente para ataques a poblaciones o para que él en persona se reuniera con futuros adeptos. Las reglas eran claras, matar o torturar hasta matar a no ser que el señor oscuro interviniera. "Mejor la muerte que una persona inservible" había repetido en constantes ocasiones Voldemort.

El tiempo que no dedicaban a esas misiones lo pasaban en las mansiones de los seguidores más fieles. Las dos más frecuentadas eran la Mansión Malfoy y la Mansión Lestrange. Ambos familia. Cada vez que Snape pisaba una de esas casas le hervía la sangre, el, de origen humilde, criado casi entre la pobreza, pisaba ahora casas fastuosas. La elegancia rebosaba en ellas, cualquier pieza que decorara alguna de ellas sabia que costaba más de lo que podría costar su casa entera. Ellos simplemente se afanaban en decorar y repletar su casa para presumir, lucir su poder y demostrar su dinero y posición. Aunque hubiera una ideología común entre ellos las diferencias de clase seguían estando presentes y ellos eran los primeros en trazar esas líneas. Aunque fueras mortifago y estuvieras al lado del asiento de Voldemort eso no significaba para ellos que pudieras tener el mismo derecho que ellos. Se creían superiores. Severus pensaba a menudo en la hipocresía de esa situación, ellos, que precisamente habían amasado gran parte de sus riquezas bajo el equilibrio del mundo mágico, y en muchas ocasiones debido a gente no mágica o mestiza, ahora pretendían imponer la pureza de la sangre. Ratas, eso es lo que eran.

En las mansiones no había mucho que hacer, a excepción de las reuniones los mortífagos tenían tiempo libre para descansar y hacer lo que les plazca. Era algo parecido a unas vacaciones vigiladas puesto que no podías confiar plenamente en alguien, nunca se sabía quien podía ser un chivato y delatar. Lo único que podía hacer era escuchar conversaciones en la biblioteca, meditar y aclarar sus ideas. Tenía mucho tiempo para pensar, demasiado, pero parecía una paradoja. Esos momentos podía aprovecharlos pensando en todas las dudas que tenia sin embargo sabia que ese no era el lugar más adecuado para hacerlo. Aunque era un excelente oclumante sentía que si pensaba en esas dudas seria descubierto por alguien, como si se sintiera acechado, con alguien observando su mente cada segundo. Trataba de reprimirlo, de pensar en otras cosas pero a veces era sencillamente imposible. Aparecía ella, o mejor dicho, ellas.

Se preocupaba por lo que estarían haciendo ambas, probablemente a esas alturas Lily debería estar dando a luz, quien sabe si el bebe no habría nacido ya. Estaría en San Mungo, rodeada de sus familiares y amigos, feliz, con un bebe entre sus brazos y el bastardo de James Potter a su lado. Sonriente, y sobre todo a su lado. Apretaba sus puños en señal de rabia, como lo detestaba e incluso tan solo imaginándose la situación. Allí, en medio de esa rabia aparecía esa pequeña luz. Ella, probablemente en su casa apartada de sus padres o peleada con ellos. Incluso si el imbécil de Potter la arrastro al hospital estaba seguro de que lo habría hecho para humillarla más. No sabía por lo que estaría pasando Sidney, y se contenía en escribirla cientos de veces. No sabía siquiera si ella lo habría escrito, no tuvo tiempo de ir a su casa. Se sentía mal sabiendo que probablemente ella le habría escrito y ahora estarían acumulándose cartas en su casa y ella estaría desesperada sin tener respuesta. Como deseaba aparecerse a su lado y tan solo tranquilizarla. Había llegado a conocer a esa chica y sabia que con un solo abrazo bastaría para calmarla.


Con uno de los últimos ataques a una comunidad casi enteramente mágica, donde tuvo que encargarse de matar a cuatro personas, todos magos, tres hombres y una mujer que opusieron bastante resistencia pero finalmente sucumbieron ante el Avada. Tuvo que torturar a un mago ante la presencia de los Lestrange y de Voldemort. Aún tenía en su mente grabados los gritos pidiendo piedad, mientras su hijo adolescente miraba la escena aterrado. Recordaba ese momento una y otra vez y a sus ojos no acudía ni una sola lágrima, nada perturbaba su expresión, y eso le daba miedo. Cuando Voldemort le pidió que parase se encargo el mismo de asesinar al mago, quien rechazo unirse a ellos. Tras ese ataque el señor oscuro disolvió la reunión en casa de los Lestrange y ordeno a sus mortífagos que volvieran a sus puestos pero que estuvieran atentos a su señal.

Eso tan solo ponía fin al cautiverio en la mansión, pero no a las reuniones. La mayor parte de ellas cerca del callejón Knocturn, en pubs que tenían la peor reputación. En esos sitios sórdidos se dirigían los ataques, se daban lugar las filtraciones y tenían sitio las reuniones entre infiltrados del ministerio y mortífagos. Que revelaran información era fácil y rápido, saber si la información era cierta y la persona de confianza era lo más costoso. Tras muchas puertas de esos pubs se escondían autenticas salas de tortura, donde nunca sabían si uno de los que entraba saldría con vida. Por supuesto los mortífagos no contentos con esas reuniones siempre optaban por terminarlas trayendo a muchachas, algunas eran prostitutas que traían de burdeles cercanos, otras eran traídas a la fuerza. Si no las traían al pub ellos iban al sitio. En dos ocasiones tuvo que acudir Severus a uno de los burdeles más visitados por ellos. Jamás lo reconocería abiertamente pero sabía que necesitaba esa visita. Tras estar casi más de un mes sin acostarse con nadie hacia que su mente le jugara malas pasadas y que por las noches no viera otra cosa que su rostro. Si, el suyo, no el de Lily. Recordaba su cuerpo, sus caricias, su boca. Podía sentir hasta su sudor y escuchar sus gemidos. Sin embargo cuando despertaba siempre lo hacía solo, empapado en sudor y frustrado. Las primeras veces se enfado bastante, al principio con ella, aunque sabía que era una locura pero no podía evitar culparla de que fuera ella y no Lily la que aparecía en sus sueños. Sin embargo tras varias noches dejo de culparla, dejo de culparse, su mente solo centraba en saborear la fantasía hasta que se despertaba y tenía que ser el mismo quien bajo las sabanas de su cama o el agua de la ducha terminara de satisfacerse hasta acabar gimiendo su nombre.

Esos sueños hicieron que las visitas fueran necesarias, pensaba que si realmente se acostaba con otras sus sueños y su deseo se apagaría, además de no levantar ninguna sospecha entre sus compañeros. La primera visita fue para él como la primera vez que visito un sitio así, incluso estaba algo nervioso. Escogió a una chica morena con un cuerpo menudo, podría decirse que hasta era bonita, pero cuando la mirabas a la cara te dabas cuenta de que era como un objeto roto, sin vida. Trato de ser delicado, incluso en su mente aparecían recuerdos de las veces con ella pero su pasividad lo frustraba y le hacía recordar que no era ella. Finalmente los gritos se escucharon en toda la habitación y el mortifago cruel salió a relucir dejando a una muchacha asustada cobijada por las sabanas en ese cuarto mientras el terminaba de abrocharse la túnica y bajaba los escalones alejándose de allí lo más rápido que podía. Cuando llego a su casa se emborracho hasta que no pudo consigo mismo, ese día ni siquiera durmió en su cama sino tirado en el sofá del salón. Se sentía despreciable.

La segunda visita fue rápida y trato de buscar algo lo más alejado a ella posible, no quería que volvieran recuerdos. Esa mujer ya estaba acostumbrada a la visita de los mortífagos y a sus gustos, ni siquiera se sorprendió ante las cicatrices de él aunque si que las miraba con cierto asco. No pudo evitar agarrarle la cara para que dejara de mirarlas. Cuando la soltó vio que las marcas de sus dedos estaban allí, y que probablemente causarían hematoma al día siguiente. Pero la rudeza con la que se había desahogado no había evitado lo que el quería.

Sus sueños permanecían todas las noches aguardándole, como si ella estuviera esperándole en la cama cada vez que el entraba a dormir. Sus ganas de verla no cesaban. Sin duda esas visitas no habían servido de nada, tan solo para que Severus supiera que una vez que había probado lo que era estar con ella no quería nada con el resto porque ni siquiera se podían igualar. A veces pensaba que quizás eso era a lo que se referían con hacer el amor, probablemente no había tenido solo sexo con Sidney como él pensaba siempre. Esas vacaciones le sirvieron para saber que había algo más.


Esa tarde tras una visita al callejón Diagon para mirar la tienda de calderos y hacer un pedido tuvo que aparecerse en el Londres muggle, ordenes de Dumbledore para organizar un nuevo encuentro con los de la orden. El sito quedaba tan cerca de donde vivía que tras el encuentro ni se le paso por la cabeza aparecerse en su casa directamente. Sus pies tuvieron vida propia y le guiaron por esas oscuras calles que tantas veces había recorrido de niño y de adolescente. Las calles y las casas eran todas iguales, ese ambiente gris y decadente le ponía enfermo y nostálgico. Recordaba su infancia a cada paso que daba, la repulsión lo invadía pero no frenaba sus pasos. En ese barrio se había criado, en esas calles había crecido. Al finalizar la calle por la que andaba se dio cuenta de donde había ido a parar. El final de Spinner´s End daba una calle estrecho que conducía al parque. No cualquier parque, sino el parque. El sitio donde conoció a Lily. Recorrió esa calle en pocas zancadas, sentía como si pudiera reencontrarse con ella, su corazón latía violentamente contra su pecho, sintiendo el anhelo de que fuera cierto. Que ella lo esperase sentada en el césped a la sombra del árbol como antes lo hacía. Pero al llegar a la acera que daba acceso al parque ella no estaba allí.

Nunca volvería a estar allí, pero si que había alguien. Escuchaba el sonido de una risa y unas palabras sueltas que no sabía a qué se referían, esa persona debía estar tras el árbol, Severus no veía nada pero a cada paso que daba la risa se escuchaba con mayor claridad. Agarro su varita en el bolsillo y avanzo por ese césped, agudizaba el oído y se le hacía familiar. ¿Pero quien podía estar aquí? Al llegar cerca del árbol vio como bajo su sombra había un carro de bebe. Se relajo, lo más probable es que fuera alguna mujer con su hijo disfrutando de la tarde. Se iba a dar la vuelta, pensó por un segundo en que esa mujer fuera Lily, disfrutando con su hijo, pero que tontería ¿Qué iba a hacer ella aquí? Este sitio solo era especial para él, para nadie más.

-¿A qué es un lugar precioso?-escucho Severus de una voz con la que había soñado esa misma noche.

No, ¿ella aquí? Una sonrisa se formo en su cara, esperaba que fuera verdad, seria duro volver a casa sabiendo que no había sido más que una ilusión. Avanzo un par de pasos y fue descubriendo los pies, las piernas con ese pantalón hasta la rodilla, los brazos y finalmente la cara. Hasta que reparo en lo que cargaba entre sus brazos. Ahí fue cuando todo se congelo, el mundo entero se detuvo para él.


Pero ella si se percato de una presencia y extendió rápidamente la varita en dirección a donde estaba. Al levantar la mirada y verle se detuvo sin bajar la varita. La sorpresa inicial dio paso a la alegría. Se levanto con toda la rapidez que pudo y se apresuro a dejar a Harry en el carro. Una vez libre se abalanzo contra él.

-¡Severus!-solo pudo decir con la voz entrecortada.

Las lágrimas comenzaban a caer por su rostro, muchas de alegría, muchas de tristeza, muchas de miedo y muchas de esperanza. Sus brazos no querían soltarlo, no quería darse cuenta de que se había quedado dormida con el bebe en el parque y que ahora era un dulce sueño del que tendría que despertar. No, prefería agarrarse a él.

Pero sus manos parecían tan reales, se aferraban a su cintura y a su pelo con tanta fuerza y anhelo que era imposible que fuera un sueño.

-¿De verdad estas aquí?-dijo con los ojos cerrados.


El solo pudo sostenerla y asegurarse de que tampoco estaba soñando, se veía tan alegre de verlo, tenía tanta ansia como la tenía el de verla, de estrecharla entre sus brazos. No le importaba ni que estuvieran en un parque a la vista de cualquiera, solo ella. Nadie más importaba.

Olio su pelo, seguía tan delicioso como siempre, su cuerpo estaba algo más delgado y parecía haber crecido unos centímetros más. Su mano recorría su espalda asegurándose que fuera como siempre, tan perfecta como antes.


Pudieron estar abrazados minutos u horas, a él se le hizo corto, solo cuando unos ruidos hicieron reír a Sidney y que le dejara de abrazar volvió a conectar con el mundo. Vio como se acerco hasta el carro con una sonrisa en su cara, con el brillo en sus ojos pero con el rastro de lágrimas aún en sus mejillas. Se acerco hasta el bebe y le tendió un peluche con el que empezó a hacerle juegos y lo dejo a su lado volviendo a verle.

-De verdad que no me lo creo-dijo ella.

-Estoy aquí-con una tímida sonrisa se acerco hasta ella y la cogió de las manos.

-Te he echado de menos, muchísimo.

-Y yo-contesto sinceramente Severus sintiendo que su corazón liberaba una carga.

Se quedaron mirándose, sin saber que más decir, cualquiera que los viera podría pensar que eran como dos adolescentes, o mejor dicho, que ese adulto frente a esa chiquilla se estaba comportando como un adolescente. Vamos, decía su cerebro, dile algo.

-¿Qué tal estas?

Alzo su ceja y con un ligero bufido dijo.

-¿Responde eso a tu pregunta?-volvió a sonreír de nuevo-¿Qué tal estas tu?

-Bien. Cansado, anhelo Hogwarts.

-No eres el único.

Ella entrelazo más sus manos, Severus podía sentir como la sangre corría a toda velocidad por las venas de Sidney, como el calor irradiaba de ellas. Se fijo un momento en sus manos, unidas, tan normales. Y deslizo la vista hacia el atuendo de la chica.

-Veo que no llevas puesto el uniforme, no echas tanto de menos Hogwarts como dices-contesto burlón.

-¿No te gusta lo que ves? Iba a decir que tú tampoco llevas puesto tu traje habitual pero...este, es...demasiado parecido. Solo alguien que se fije mucho notaria la diferencia.

-Pequeña observadora.

-Me gusta hacerlo, fijarme en ti.

Acorto la distancia entre ellos y se acerco hasta el besándole con delicadeza. Dios, esos labios, ¡cuanto los había echado de menos! Hacia menos de 12 horas que los había besado en sus sueños, pero esto, esto solo podía ser la entrada al paraíso. Sus comisuras sabían salado, sus lágrimas habían atravesado esos jugosos labios. Sentía de nuevo la respiración de ella golpeando suavemente contra su piel, haciéndole cosquillas, en el momento en que iba a pasar a otro nivel detuvo el beso, muy lentamente. Abriendo los ojos y encontrándose con su sonrisa al hacerlo.

-Te he echado muchísimo de menos, y a tus labios también-le dijo en un susurro.

Solamente pudo sonreír, daba igual todas las cosas que tenía que realizar, ella con una sola frase podía hacerle sonreír, tenía el poder de hacerlo.

.Yo te he echado de menos a ti, a tu boca, a tu pelo, a tu parloteo, a tu risa.

-¿Quién eres tú y que has hecho con mi Severus?-dijo Sidney en un tono infantil.

El reflejo de luces en el cielo les hizo mirar hacia este, donde los rayos comenzaban a verse y los truenos comenzaron a resonar en todo el vecindario. Se miraron sin saber qué hacer, Severus deseaba pasar más tiempo con ella y estaba seguro que ella también, ahora que la tenía enfrente no podía dejarla marchar, no quería. Había pasado demasiado tiempo sin ella, no podía conformarse con cinco minutos y abandonar por unos truenos. Pero ¿qué hacer?

-¿Vives cerca?-respondió ella a su pregunta mental.

Severus asintió, parecía no comprender la información y ella lo supo al ver que no reaccionaba.

-¿Te importa?-dijo mirando alternativamente a ella y al pequeño.

Miro al bebe unos segundos y luego a ella, ¿llevarlos a su casa? Era una completa locura, pero puestos a hacer locuras Severus Snape ya había cometido unas cuantas. Asintió y ella cogió el carro empujándolo y dejándose guiar por esas calles mientras el caminaba en silencio a su lado.


Buenas! Último dia antes de que mañana comienze la facultad de nuevo =s aún no pasa nada asi que mi ritmo de escritura seguirá siendo el mismo.

Muchas gracias por la lectura a todos/as y a sus reviews a Alexza y Mama Shmi, se las quiere ^_^

Espero que este capítulo casi enteramente dedicado a Severus sea de su agrado =P

Un saludo!