32. Altibajos
- ¿Y qué esperas si les llamas tontos delante de él? – Preguntó Emy a Snape. Iban de camino a la sala de profesores, ya habían terminado las clases del viernes y era hora de recoger y cenar - ¡Es lo lógico!
- Tú marido nunca es lógico – Recriminó Severus
- Venga, sabes que no hablas desde el punto de vista más objetivo. Lleváis años picados, pensé que lo teníais medio solucionado pero veo que no
- Si no fuera un soberbio
- ¡Sev! – Emy negó con la cabeza mientras tiraba de la puerta de entrada a la sala de profesores. Pasó su acompañante y esperó a que entrase Minerva McGonagall, que a pesar de no llegar con ellos, lo hacía a pocos pasos. Se sonrieron con complicidad, seguramente porque la Jefa de Gryffindor entendía que estaba discutiendo con el Jefe de Slytherin
- Un auténtico arrogante, como lo fue su querido amigo Potter y como lo es su querido ahijado Potter Junior – Severus Snape se sentó en el extremo de la mesa más cercano a la puerta sin hacer caso a la presencia de los profesores que allí estaban. Con un solo movimiento de su varita, hizo aparecer un té y siguió tan campante hablando, sin importarle si sus palabras herían a su interlocutora – Creo, incluso, que el hijo supera al padre
- Mi niño no es arrogante, Sev, ni mucho menos, lo que pasa es que vuelcas en él tu resentimiento hacia su padre
- ¡Qué no me negarás era un auténtico arrogante y engreído!
- Jamás fue un engreído y te pido que respetes su memoria
- Pero sí un arrogante – Insistió Snape
- James fue arrogante...
- ¿QUÉ? – Sirius Black acababa de entrar por la puerta y lo primero que veía y oía era a su mujer llamar arrogante al que había considerado su propio hermano
- ¡Sirius! No es lo que tú crees
- ¿Y qué tengo que creer? – Preguntó él con la voz en grito y los ojos furiosos
- No saques de contexto esa frase, que está metida en una conversación
- Una conversación en la que deberías tratar de defender a tu familia, no insultarla – Recriminó - ¿Acaso has llamado también tonto a Harry?
- ¡Sirius, por favor!
- Ella no ha dicho más que la verdad – Severus sonreía, al final del día había ganado él
- ¡Y tú, cállate! ¡Mira la que has organizado! – Riñó Emy
- Jamás ¿Me oyes? Jamás pensé que tú dirías que él era un arrogante. Él, que te quería más allá de lo imaginable, que estaba ahí para defenderte, que te protegía siempre ante todos, incluso ante Lily
- ¿Es que ahora me llamas traidora? – Esa palabra, que siempre hirió a Emy, volvía a aparecer en su conciencia
- Si le acusas de arrogancia ¡Claro que sí!
- Te he dicho que estaba dentro de un contexto y que sólo has escuchado una parte y no me has dejado acabar – Ahora era Emy la que gritaba
- ¿Qué pasa aquí? – Natalie McManaman era la siguiente en entrar por la puerta y se encontraba con una discusión muy fuerte
- Pues que tu amigo, "el serpiente", ha hecho que mi mujer acuse a su hermano de ser un arrogante
- ¿Severus? – Inquirió ella para que él diese su versión
- Yo no he hecho nada – Siguió con su taza de té y tan altivo
- ¿Y tú hablas de arrogancia? Cuando eres el que se ha llevado la palma siempre – Censuró Sirius
- Yo jamás he ido de salvador del mundo por ahí – Dijo el aludido con voz de héroe de pacotilla
- No, tú ibas matando – Sentenció Sirius, que estaba ya con la varita en la mano
- Será mejor que dejemos esta conversación - Interrumpió Lie en su habitual tono de sosiego, mientras bajaba con calma la varita de Sirius – Emy ¿Por qué no te le llevas y así os tranquilizáis los dos?
- Tienes razón, gracias Lie ¿Vamos? - Le echó una significativa mirada a su marido y se marchó por la puerta
- No sé, Lie, cómo puedes soportar a este ser
- Oye, tú – Snape se levantó del asiento para encararse con él pero Lie se lo impidió
- Severus, déjale
Harry y Ron salían del pasillo del segundo piso cuando vieron pasar a Emy y a Sirius enfrascados en una discusión. Apenas entendieron algo pero escucharon las palabras "James", "Severus" y una pregunta "¿Cómo has podido?". Decidieron dejarles discutir tranquilos mientras ellos cenaban, luego irían a ver qué era lo que pasaba. Con esta premisa, la cena duró poco más de media hora, y eso porque se entretuvieron en decir al resto de los integrantes del equipo de quidditch que, a la mañana siguiente, había reunión a las doce en la sala común. Cuando llegaron a la puerta del apartamento, aún oían voces de disputa. Dobby les abrió con una gran sonrisa y detrás de ellos se encontraba Winky lloriqueando.
- Buenas noches, señoritos
- Buenas noches, Dobby
- ¡Ay! ¡Ay!
- ¿Qué pasa, Winky? – Preguntó Harry
- ¡Ay! ¡Ay!
- Llora porque los amos están discutiendo, Harry Potter – Explicó Dobby
- Ya, eso ya lo oigo – Harry puso cara de circunstancia – No os he dado las gracias por lo que hicisteis
- No hay porqué darlas, claro que no, siempre tratan bien a Dobby y Winky, estamos muy agradecidos
- Aún así – Corroboró Ron – Gracias por vuestra ayuda
- ¡Ay! ¡Ay!
- Winky deja de llorar – Ron le iba dando palmaditas a la elfina mientras pasaba al salón - Se les pasará enseguida, son riñas de enamorados ¿No tendrás por ahí una de esas ricas pastas que tanto me gustaron la otra vez?
No había casi terminado de hablar, cuando Sirius apareció con cara de obelisco por la puerta de la cocina. Por un momento se pensó si hablar o no pero pudo con él las ganas de descargarse, para que le diesen la razón en la discusión.
- ¡Bien! ¡Ya estáis aquí! – De dos pasos llegó hasta su butaca y se sentó de golpe – Os gustará saber que ella le ha dado a Snape la razón, de hecho, está de acuerdo en que James era un arrogante
Emy permanecía apoyada en el quicio de la puerta, con los brazos cruzados y la mirada un tanto oscurecida. Su rostro mostraba seriedad y su respiración era un tanto entrecortada. Harry había seguido con la vista a Sirius hasta que éste terminó de hablar y se volvió de golpe hacia su tía al oír el motivo de la disputa ¡No se lo podía creer! Él había defendido el honor de su padre siempre delante de Snape y ahora ella lo había roto por completo. Un claro viso de rencor apareció el gesto de Harry.
- Gracias, Sirius, gracias por hacer que él me dedique su mejor sonrisa – Emy se fue hacia la puerta – No me apetece seguir discutiendo, así que diles tú lo que iba a decirles yo
- Lo haré
- Bien
- Vale
- Adiós – Y con las mismas, salió dando un portazo
Harry se quedó un tanto desorientado. Viró hacia Sirius y se sentó en el sofá. Más le valía que se explicara sin humos, porque ya estaba harto de que últimamente se comportara peor que un adolescente rabioso, o sea, peor que él.
- Estoy esperando una explicación
- Pues no sé si la tengo – Sirius se había quedado hecho polvo, odiaba discutir con ella, ambos tenían un carácter muy fuerte y más cuando le tocaban uno de sus puntos flacos, James – Oí que le decía a Snape que James fue arrogante
- ¿Y qué más?
- ¿Cómo que qué más? ¿Te parece poco?
- No, no me lo parece pero estaría dentro de una conversación sobre algún tema – Harry notaba que su paciencia se agotaba
- Pues sí, hablaban de lo sucedido esta mañana
- Lo siento pero no me creo que Emy defendiera lo que Snape hizo esta mañana
- No digo que lo haya hecho, yo sólo digo lo que oí – Se excusó Sirius
- ¿A ti te ha dicho que creía que James era un arrogante? – Preguntó lo más delicadamente posible Ron
- Me ha dicho que cuando se enfrentaba a Snape se convertía en un arrogante, o sea que sí, me ha dicho que...
- Eso no significa que ella crea que mi padre lo era – Dijo Harry – Simplemente que, cuando peleaba, no se hacía el memo. Yo tampoco me lo hago con Malfoy, así que si eso es ser arrogante ¡yo también lo soy!
- ¡Vale! Podéis tener razón pero eso no impide que ella no debiera admitirlo frente a Snape. Tu padre le soportaba aún menos que yo
- ¿Y has montado todo este tinglado por esto? – Preguntó atónito Harry - ¿Se puede saber qué te pasa últimamente para que estés tan irascible?
- No lo sé – Sirius tapó su cara con las manos y se restregó – Creo que es una forma de no creer esta felicidad, que a veces me llena tanto, que temo perderla
- Pues es lo que estás haciendo con tu actitud, la estás perdiendo
- Es que no soporto que sea amiga suya, ni que vaya por ahí enfrentándose a mortífagos, o que los hombres le miren como si estuviese hecha de chocolate caliente...
- Sirius, ya sabes cómo es ella, independiente, no le gusta que la amarren corto, si no es ella quien se deja
- Así eres tú
- Y Emy
- ¿Todo esto lo dices porque temes perderla? – De nuevo era Ron quien preguntaba dando en el clavo
- Sí
- Te ha vuelto el miedo cuando las chicas se han... ido – Concluyó Ron
- No es ético leer los pensamientos, Ronald
- No lo he hecho – Se defendió el pelirrojo
- Entiendo que no te guste que ella le dé la razón a Snape y que sea su amiga, a mí no me hace ni la más mínima gracia pero de ahí a poneros como os habéis puesto...
- Somos de mucho temperamento
- Lo que tú quieras pero ya estás tardando en ir a buscarla
- No, es mejor que nos demos un tiempo... el justo para que os pregunte cómo queréis plantear los entrenamientos este año
- Pues como siempre – Soltó Ron en tono de obviedad
- ¿No queréis que sea más relajado que los años anteriores? – Preguntó Sirius un tanto asombrado
- No – Contestó Ron
- No, es más, por mí puede ser más duro, así se pasará antes y podremos enfrentarles mejor – Harry miró a su amigo - Eso si a Ron no le importa
- Por mí encantado, mientras no nos quiten el quidditch
- ¡Ah! De eso quería hablarte – Dijo Harry – ¿Te importaría ser el capitán tú este año? La verdad es que prefiero no serlo, ya tengo bastante con lo que tengo. Estoy un tanto despistado y no creo que plantear las jugadas sea lo mejor que se me dé este año. Tengo otras cosas en qué pensar y quiero hacer unas cuantas investigaciones
- ¿Qué clase de investigaciones? - Cuestionó Sirius receloso
- Sobre métodos de protección y defensa – Harry aún no estaba dispuesto a revelar que seguiría el camino de su padre
- Puedo ayudarte si quieres – Se ofreció su padrino más para controlarle que para colaborar
- Ya te diré pero prefiero hacerlo solo
- Bueno no me importaría ser el capitán pero no sé si el resto estará de acuerdo – El pelirrojo no quería hacerse ilusiones
- Lo someteremos mañana a votación, yo te propondré a ti y haber qué pasa
- ¡Vale!
- ¿Crees que ya ha pasado el tiempo justo para ir a buscar a Emy? – Harry se lo había preguntado como si fuese él mismo el que no aguantara ni un minuto más sin ir a pedirle perdón
- Creo que ya estoy tardando
- ¡Pues venga! – Exclamó Harry poniéndose en pie
Nada mas abrir la puerta, apareció Remus. Estaba claro que se había enterado de la discusión, de hecho, había sido la comidilla de todos los profesores, porque la mayoría estaban allí, incluida la profesora McGonagall que le había ido con el cuento a Remus en la cena.
- Vengo a decirte que eres idiota – Lupin fue claro y directo
- ¡Ah! Es bueno saber que se puede contar con los amigos – Sirius se quedó helado y no se le ocurrió otra cosa que contestar que esa
- ¡No me vengas con milongas! – Reprobó Remus – Hace mucho tiempo que debí decírtelo. Te comunico que Minerva oyó la conversación completa y que Emy estaba defendiendo a toda su familia, incluso, incomprensiblemente, a ti. Ya es hora de que aceptes los defectos de James y los tuyos propios ¡Sí! Él era arrogante con Snape, así que Snape tiene todo el derecho a llamárselo. Se comportaba altivo y despreciativo con él desde el primer día. Se tenían aversión mutua, que nos contagió a nosotros ¿Me podrías decir ahora que volverías a mandar a un muchacho entrometido a una muerte segura? James sonreía arrogante cuando le daban puntos delate de él y ni te quiero recordar cómo se portó cuando Snape se juntó a Lily. Por tu parte, te recalcaré que tu mayor defecto es ser un obtuso cabezón, que no ve más allá de sus narices y que mi defecto, es ser demasiado pasivo en ciertas cosas. Yo lo asumo, así que asúmelo tú y discúlpate inmediatamente con Emy, que lo único que ha hecho es querer aclarar las cosas con Snape, para que deje en paz a Harry de una maldita vez, pero con tu actitud, eso va a ser menos que imposible, porque le das las excusas suficientes para que siga machacándole a él, cuando debería machacarte a ti
- No estás siendo muy pasivo ahora – A Sirius le faltó poco para ser un perro con las orejas gachas
- ¡No te mereces que lo sea! – Mientras que Lupin se convertía en un lobo feroz
- Iba a pedirle perdón
- Pues estás tardando
- ¿La has visto?
- Sí y vas a tener que ir a buscarla – Remus sonrió con malicia – Pidió permiso a Dumbledore para remojarse un rato
- ¿Remojarse?
- Está en el lago – La sonrisa de Remus fue en aumento
- ¿No habrá saltado desde...?
- La piedra más alta y vas a tener que hacer lo mismo para llegar hasta ella
- ¡Sólo los pirados se tiran desde ahí! – Sirius comenzó a recular hacia atrás - No sé por qué le ha dado a esta familia con tirarse desde allí, es de locos
- Lo dices porque nunca has tenido el valor suficiente para hacerlo por ti mismo
- Estás hablando con alguien que va en moto voladora – Sirius debía defender la imagen que se tenía de él
- Sí y con alguien que no sabe dar un simple salto al agua
- Porque es absurdo
- Pero ahora es necesario, así que te subes hasta allí y saltas. No creo que haya mejor manera de demostrarle a Emy, que eres un cafre arrepentido
- ¡Bueno, ya lo he cogido! – Sirius intentó parecer ofendido, aunque sabía que se había comportado como tal
- ¡Esto no me lo pierdo! – Harry se frotó las manos
- ¡Harry! – Exclamó la nueva víctima, sorprendido ante la diversión de su ahijado
- ¡Ni yo tampoco! – Ron sonreía aún más que Remus
- ¡Ron!
Lupin agarró a su amigo del brazo y se lo llevó pasillo abajo hasta los terrenos. Seguido iban Harry y Ron que se miraban expectantes. Por la conversación que llevaban los dos adultos, no les quedaba más remedio que reírse, parecían dos críos en medio de una apuesta. Harry recordó su viaje al pasado y a pesar de los años y de las barbaridades vividas, Sirius y Remus, aún guardaban a aquellos dos muchachos en su interior. Ron notó la repentina añoranza de Harry por su padre.
- ¡Ey! Lo de hoy lo hace oficial
- ¿Qué es oficial?
- Que tienes una familia como la de todos, con discusiones absurdas incluidas
Ron no supo cuánto agradecía Harry esas palabras, no alcanzaba a verse detrás de su sonrisa. Últimamente su amigo se pasaba la vida salvándole de sus propias hogueras, esas que querían quemar los ánimos. Esperaba poder corresponderle de la misma manera.
En la orilla del lago se les juntó Bella, que sabía perfectamente, sin que nadie se lo explicara, lo que iba a pasar. Sirius subió a regañadientes por las rocas hasta llegar a la más alta. Era la que estaba más alejada y la que más sobresalía, tanto que con un buen salto, podría llegarse hasta la mitad del lago. Si no había unos veinte metros, poco le faltaría. Sirius se pegó a la pared cuanto pudo, se le veía realmente asustado. Comenzó a llamar a Emy a gritos y ésta apareció en mitad del lago junto a unas sirenas.
- Emy ¿Me oyes? - Sirius esperó la respuesta pero no llegó, seguro que ella no le hablaba – Deberíamos tratar sobre este tema
- Me apuesto tres galeones a que no se tira – Dijo de pronto Remus viendo el espectáculo como quien ve una película de cine
- Lo acepto, tres galeones a que se tira en menos de cinco minutos – Exclamó Ron
- ¡Ni de coña! – Se rió Remus - ¡Cómo no suba yo a tirarle!
- Cariño, no deberías frivolizar este asunto – Riñó Bella – Aunque bien mirado me sumo a la apuesta con Ron
- Pues yo creo que no se tira – Sentenció Harry. Después de haberle visto en una situación semejante y con mejores condiciones (la noche no había llegado del todo pero el sol se había escondido ya hacía rato) estaba convencido que no se iba a tirar
- ¡LO SIENTO! – Gritó Sirius apoyando las manos contra la piedra, por si acaso con la salida de su voz, se fuese para delante – Soy un intransigente y un capullo ¿Estás ahí?
- Tres galeones a que no se tira – Harry se sumó a la puesta
- ¡Hecho! – Ron apretó la mano de Harry para confirmar la apuesta - ¡Venga Sirius! ¡Tú puedes!
- ¡No valen alicientes! – Se quejó Remus
- ¡Eso es trampa! – Protestó Harry
- Eso es porque vosotros no podéis animarle – Dijo riéndose Bella - ¡Sirius, salta! ¡Ella te espera abajo!
- ¡Emy! ¡Emy! – Llamó Sirius desesperado – Voy a saltar, por favor estate ahí porque esto es lo más absurdo que he hecho en mi vida y no sé si saldré de está
- Jajaja – Remus se partía de risa en la orilla del lago
- ¡Emy! ¡Te quierooooo! – Sirius saltó de la roca más alta hacia el centro del lago. Caía gritando el "o" y agitando las piernas y los brazos
- ¡Bien! – Exclamó Ron
- Cariño, me debes tres galeones y tú, Harry, no te vas a librar, para que la próxima vez confíes más en tu padrino – Bella alargaba su mano exigiendo el dinero
- Ahora no llevo encima, mi vida
- Ni yo
- Pues no os vais a librar – Amenazó ella con una sonrisa
- ¡Uy! Yo con seis galeones, soy el rey de mundo – Soltó Ron, haciendo reír a los dos adultos, sin embargo Harry no se rió, miraba fijamente el lago y en él no se veía ni una sola cabeza, sólo las vagas ondas que quedaban del choque de Sirius contra el agua - ¿Qué sucede?
- Que Sirius no sale – Dijo con tono preocupado. Remus dejó de reírse
- Ya debería subir a la superficie
Se quedaron allí mirando la plana extensión plateada del lago pero nada ocurrió. Un sudor frío de inquietud fue apareciendo en Harry ¿Le habría pasado algo a Sirius? ¿Dónde estaba Emy? Al cabo de unos dos minutos se vio una estela en el agua que se acercaba a ellos. Expectantes fijaron su vista en ella pero no salió quienes ellos esperaban. La figura que se presentó era una preciosa sirena. Sonreía y movía su pelo de forma coqueta para captar la atención de los asistentes.
- Hola
- ¿Dónde está Sirius? – Preguntó Harry omitiendo saludos absurdos
- Al parecer le ha gustado encontrarse con su esposa convertida en sirena – Emitió una risita seductora – Han decidido perdonarse y se están reconciliando en una caverna solitaria muy adecuada para esos momentos
- ¿Pero están bien? – Harry en su preocupación no había pillado el mensaje oculto
- ¡Oh, sí! – La risita floja y vergonzosa de la sirena decía más que las palabras – Estupendamente, ya os digo que ese sitio es muy propicio para estos actos
- Gracias por avisarnos – Dijo Remus – Bueno chicos, ya podemos marcharnos tranquilos
- ¡Esto es la bomba! – Exclamó Ron riéndose
- Son recién casados y han sufrido mucho alejamiento en su relación, es normal que tengan estas reacciones
- Claro, querida – Remus le dio la razón a su esposa – Recuérdame que tomemos branquialgas en alguna ocasión y visitemos la cueva acuática
- ¡Remus!
- Nosotros nos vamos, será mejor que le diga a Dumbledore que todo ha vuelto a la normalidad – Y cogidos del brazo se alejaron dejando a los chicos, uno riéndose y el otro con cara de pasmado
- Deberíamos irnos nosotros también ¿No querrás estar aquí cuando salgan?
- No, vámonos – Harry negó con la cabeza en señal de no entender a los mayores – Gracias
- No hay de que, mi señor – Contestó la sirena para luego desaparecer en las profundidades del lago
- ¿Ha dicho mi señor? – Preguntó el aludido a su amigo
- Eso parece ¿No tendré que referirme a ti, a partir de ahora, así? – Bromeó Ron
- Vaciles, los mínimos – Dijo riéndose Harry mientras le amenazaba graciosamente con el puño
- Retiro lo que dije antes – Ron y él caminaban hacia el castillo –Tú familia no es normal
- ¡Pues anda que la tuya! – Que refrescante era volver a tener algo de que reírse para variar
A las doce en punto, los miembros del equipo de quidditch de Gryffindor estaban reunidos en un rincón de su sala común. El tiempo fuera era estupendo, con lo que había muy pocos alumnos merodeando por allí, casi todos de pasada. Hablaban unos con los otros antes de comenzar la reunión. También se encontraba Neville, suplente de Ron como guardián, aunque sabía que no tendría oportunidad de volver a jugar. Harry llamó la atención de todos con un carraspeo y se hizo el silencio. Expuso en un discurso, pensado la noche anterior, sus motivos para dimitir como capitán y las razones por las que pensaba que Ron lo haría mucho mejor. El pelirrojo no pudo evitar sentirse un poco cohibido con los halagos de su mejor amigo, que agradeció en el alma. Una vez que se decidió votar a mano alzada la propuesta, ésta fue unánime y Ron pasó a ser el nuevo capitán del equipo. Así que Harry no tuvo que hablar más, le dejó el resto de temas pendientes al nuevo cargo.
Durante los primeros diez minutos, Ron habló un tanto cortado pero luego se fue soltando, ya que venía su parte favorita, las expectativas de ese año ¡GANAR! Acordaron hacer la selección del nuevo cazador el fin de semana siguiente y anunciarlo esa misma tarde en el tablón de anuncios. Una vez estuviese el equipo formado, comenzarían los entrenamientos, de los cuales tendrían que consultar el horario a la jefa de su casa. Con la promesa de investigar cada uno nuevas tácticas de sus puestos, se dispersaron para seguir con su día libre. Colin salió de la mano con Alyson, prueba irrefutable de que por fin estaban saliendo. Seamus y Dean les dejaron a Ron y a Harry la lista de deberes de toda la semana y se marcharon a dar una vuelta por los terrenos antes de ir a comer. Neville había quedado con la profesora Sprout para un nuevo injerto botánico que había ideado, lo cual no dejaba de sorprender al resto. Y Harry y Ron se quedaron en el mismo sitio en el que estaban sentados en la reunión. El pelirrojo esperó a que se fueran todos para agradecer a Harry su presentación. Evidentemente Harry no le dio la más mínima importancia. Ron siguió hablando.
- Sé que puede parecer raro lo que voy a decir a continuación pero es que... bueno, es que creo que... principalmente porque estamos en el último año y...
- Yo agradezco que me consideres una persona inteligente, Ron, pero es que no me encuentro en el mejor momento para adivinanzas, tengo el cupo de acertijos cubierto – Ironizó Harry
- ¡Qué gracioso! – Ron se dejó caer en el sillón, bajó la mirada y respiró hondo – Ahora que no está Mione, creo que deberíamos tomarnos las tareas más en serio
- ¿Y por qué ahora que no está ella?
- Pues para demostrarnos a nosotros mismos que no necesitamos que nos digan las cosas, que somos suficientemente responsables como para organizarnos nuestros estudios y llegar a la mejor nota que podamos
- Si te oye, se muere... – Harry se quedó pálido al decirlo y al ver la cara de su amigo. Se sentó a su lado y habló en voz baja – Entiendo, quieres que de alguna forma se sienta orgullosa de ti
- Y de ti, sí ¿Acaso es tan horrible? - Ron se lanzó hacia delante y comenzó a hablar con énfasis y muy rápido – Sólo es un poco de sacrificio por nuestra parte y, bueno, ya sabemos que es sacrificar cosas, incluso personas... Esto es una mierda... No digo más que gilipolleces... No sé, Harry, es que no sé qué me pasa, es que... Creo que simplemente la echo demasiado en falta, la necesito y no sé qué hacer para no hundirme, no puedo hundirme ¿Entiendes?
- ¡Cómo para no entenderlo! – Afirmó Harry moviendo la cabeza en señal de obviedad
- Lo sé, estamos en el mismo barco
- Este año es una mierda sin ellas – Harry repetía la frase de nuevo
- Una auténtica mierda – Secundaba Ron – Esa es la palabra
- Tienes razón, nosotros podemos organizarnos para estudiar – Harry quiso apoyar a su amigo, ninguno de los dos iba a hundirse, no podían permitírselo y además le había prometido al señor Weasley que cuidaría de la salud mental de su hijo
- Hay que ser valientes, podemos luchar contra este supino aburrimiento ¡Qué coño! atrevámonos con un trabajo de Historia
- No, tío, eso es muy fuerte para empezar – Harry negaba con la cabeza y con las manos. Ron se quedó callado mirándole y de pronto los dos soltaron unas sonoras carcajadas – Jajaja, a veces me asustas
- Me asusto hasta a mí mismo ¡Empezar con Historia! Sólo nos falta atender en una clase de Binns – Ron sonreía sinceramente
- No jorobes ¡Menos mal que ya no está!
- Eso sí que sería todo un reto
- Haremos que ellas se sientan orgullosas – El rostro de Harry también estaba iluminado con el risueño gesto
- ¿Entonces estás conmigo?
- ¿Cuándo no lo he estado?
Harry ofreció la mano a Ron para cerrar el trato de ese nuevo compromiso. Los pocos chicos que pasaban por allí se les quedaban mirando, sin entender muy bien qué estaban haciendo. Sin embargo, para ellos era el comienzo de un año lleno de compromisos.
