Nada de lo que aparece aqui me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.

Advertencia: En este capítulo aparece violencia verbal (palabrotas) leer bajo vuestra responsabilidad.


Las cosas ya se ven con otra luz.

-¿ESTAS BIEN? CARIÑO RESPONDEME POR FAVOR-gritaba su madre revisando su cabeza y su cuerpo para ver si tenía alguna herida.

-¡QUITATE!-grito ella en cuanto pudo reaccionar, se zafo de los brazos de su madre y se puso en pie-Eres tan patética y estúpida como él, no necesito tu caridad ni tu falsa inocencia y cariño. Resérvalos para tu jodido marido y para tu bebe.

Estaba tan furiosa y a la vez tenía tantas ganas de llorar que no sabía lo que hacía en ese momento, lo único que quería era perderlos de vista. Su padre se acerco a ella y la agarro del brazo obligándola a bajar los escalones que había subido para quedar a la misma altura.

-¡Jamás trates a tu madre así! ¡Nunca! Niñata insolente, ¡eso es lo que eres!-le espeto el hombre enfadado por la manera en que Sidney hablaba a su madre.

Sidney respondió escupiéndole en la cara, sin duda no esperaba la reacción de su padre.


James Potter perdió los estribos y si hubo una acción, junto con declarar públicamente que renegaba de su hija, que cambiaria todo era esa. Levanto su mano y abofeteo con tanta rabia a su hija que la partió el labio. La bofetada tenía tanta ira que tumbo a su hija en las escaleras mientras el contemplaba la escena de pie.


Se hizo el silencio. Nadie parecía saber cómo reaccionar, todos contemplaban la escena.


Lily, detrás de su marido había visto la bofetada y no creyó que eso hubiera pasado. Sabía que si alguien era capaz de sacar de sus casillas a James esa era su propia hija, y que si había alguien que podía hacer perder el control a Sidney ese era su padre. Pero de todas las peleas que había presenciado jamás, jamás hubiera apostado a que llegarían a esto. Le dolían todas las palabras que se habían dicho pero que llegaran a ese punto sabía lo que significaba, eso era un punto y aparte.


James por su parte temblaba, notaba como la sangre fluía por sus manos con rapidez como nunca antes. En el momento en que levanto la mano supo que actuaba mal, lo supo y se maldijo incluso antes de actuar por hacerlo. Pero tenía tanta rabia acumulada, no sabía cómo hacerla comprender que se estaba portando de una mala manera. Que ese no era el camino correcto, ese camino por donde sus padres la habían criado desde que era pequeña. No entendía cómo ella había pasado de sentir devoción por ellos a tratarlos como esta noche. Se arrepentía profundamente de haber hecho lo que hizo pero no encontraba otro modo de herirla como ella había herido con sus palabras a sus padres esa noche.


Sidney, eso sí que era caso aparte. Si la situación era tensa sabia que esta noche había llegado al máximo. Esa noche la goma elástica le estallo en la cara, literalmente. Esa noche trato de herir todo lo que pudo y más a sus padres, muchas de esas cosas solo eran producto de resentimiento, rencor, dudas y envidia, las cuales almacenadas durante tanto tiempo habían dado como resultado eso. Una sarta de insultos y palabras más que hirientes. Sabía que a cada palabra que decía les dejaría más y más dolidos, más y más humillados. Pero no podía parar, ni quería. La cosa había llegado a un punto de no retorno. Su padre no se había quedado atrás y había respondido a cada insulto con uno peor, la cosa había subido a un nivel en el que ambos no sabían en que desembocaría. Cuando Sidney le escupió lo hizo con toda la rabia y el asco que sentía. ¿Esperaba ella una bofetada? No. James podría ser un padre pésimo con ella pero no había sido violento.

No quería llorar, no le daría ese gusto. Aún en las escaleras y tocándose la cara se aparto el pelo y sin girarse a mirarles subió lentamente a su cuarto, al llegar a su puerta abrió y cerro con cuidado.


Quería actuar fríamente por ello fue directa al armario, cogió toda la ropa y la metió al baúl sin importarle el orden. Vacio los cajones y estanterías. Metió los libros sobre la mesa, todo el material. Vio el desorden que estaba montando pero poco le importo. Dio un rápido vistazo metiendo en el baúl las últimas cosas que creía necesarias. Cuando alzó la vista sobre un estante con fotos cogió las de sus amigas y también las metió dentro del baúl. Lo cerró y su ira estallo.


Cogió las fotos restantes con su familia y las arrojo al suelo rompiendo todos los marcos al caer. Los cristales estaban por todas partes, pero no le importo cortarse cuando cogió las fotografías y comenzó a romperlas en mil pedazos. La sangre manchaba las fotografías, empañándolas de tristeza y amargura. Caían al suelo rotas, no solo por fuera, sino por dentro. Ahora no eran más que papel, solo eso. Cuando no había más fotos que destrozar pego un puñetazo al armario rompiendo su puerta y fracturándose la mano al instante y machacando sus nudillos en los posteriores golpes. Las patadas se encargaron de destrozar la mesilla y el resto del armario. Sus propias manos fueron las encargadas de romper la almohada y desgarrar las sabanas. No había nada que la apaciguara a pesar de toda la destrucción que la rodeaba. Sentada en el suelo, en medio de cristales, fotografías rotas, manchas de sangre, todo daba igual.

Pero se levanto, ella era fuerte, siempre se lo habían dicho y siempre lo había sabido. Ella era la que destrozaba no a la que destrozaban. Sacudió su ropa y cogió el baúl y la jaula con su lechuza Noppy. Abrió la puerta y salió de esa habitación dejando atrás algo más que caos, algo de su interior.


Arrastro el baúl escaleras abajo y encontró a sus padres junto con Remus en el salón, estos al oír el ruido se giraron y vieron como ella bajaba con el baúl. No trataba de ir rápido, solo trataba de ir firme y segura. Demostrar que confiaba en sus actos y que era fiel a su palabra. Antes de que pudiera coger el pomo de la puerta su madre ya se había atravesado en el camino impidiéndole el paso.

-¡Sidney por favor! Cielo, recapacita...no, no-decía acongojada su madre-No, me hagas...no nos hagas esto.

-Apártate-contesto serena.

-¡No! Cielo no lo hagas.

Remus se acerco agarrando a Lily y apartándola de ahí.

-Por favor Sidney relájate, te pido que recapacites, solo eso. Si no quieres hablar no lo hagas.

Ella le miraba pero no atendía a sus palabras aunque lo pareciera.

-Tan solo sube a tu cuarto, duerme, recapacita. Solo eso. Mañana las cosas se verán con otra luz, te lo prometo-termino de decir su padrino.

-Las cosas ya se ven con otra luz-dijo lentamente y separando cada palabra Sidney.

Su madre gritaba mientras seguía llorando, ella ni se fijo, tan solo procedió a agarrar el pomo y girarlo.

-Por favor-susurro Remus de nuevo.

-No-dijo firme ella enfrentándose a él.

Remus lo entendió y se aparto lentamente de la puerta dejándola salir ante las súplicas de Lily.

Salió de allí sin mirar atrás, la noche envolvía todo el vecindario, y no tenía claro que hacer o donde ir, solo sabía que esa casa era el último sitio donde quería estar.


Volvió a caminar hacia el parque, aunque este ahora estaba a oscuras y no se atrevió ni siquiera a adentrarse en el cómo lo hacía a plena luz del día. Los truenos y el viento que mecía las hojas daban un aspecto terrorífico a esa noche. Más oscura y fría de lo normal. Parecía que todo se aliaba en su contra para fastidiarla. Resignada y con frio no tuvo otra que abrir el baúl y sacar una capa, lo cerro de nuevo y se la puso. Volvió a sentarse en ese banco y por primera vez se desahogo de un modo sano. Comenzó a llorar. Esa noche volvía a pasar a cámara rápida ante sus ojos una y otra vez, siempre deteniéndose en la bofetada. Llevo sus dedos al labio y notaba como este se comenzaba a hinchar escociéndole. Frustrada agarro sus piernas y se hizo como un ovillo mientras escondía su cabeza en ellas y seguía llorando.

¿Por qué todo había acabado así? ¿Por qué? Ella no quería ser la mala pero siempre lo era. ¿Cómo reaccionas ante algo como eso? Sus sollozos eran cada vez más altos pero los truenos lo amortiguaban. Las primeras gotas del torrencial que estaba por venir comenzaron a caer. Ella al principio no lo noto, estaba tan ensimismada que no se percato de la lluvia. Pero cuando se dio cuenta de que el agua no era de sus lágrimas sino de la lluvia sobre ella levanto la vista y pudo ver como llovía cada vez con más fuerza. Se levanto del banco, agarro su baúl y se puso la capucha. Puso rumbo hacia un sitio donde esperaba encontrar apoyo.


Tras caminar todo lo deprisa que pudo aunque no le importaba ya mojarse porque estaba calada hasta los huesos paro frente a la puerta de madera y dejo sus cosas a un lado. Con algo de duda golpeo la puerta esperando que la abrieran. Paso cerca de un minuto y no obtuvo respuesta así que volvió a llamar con más insistencia esta vez. A los segundos la puerta se abría y aparecía ante ella la persona que buscaba.

-¿Qué te ha pasado?

-Me...él, el,...me golpeo.

Sus lágrimas eran visibles incluso con esa tormenta, ella las sentía por su calidez en contraste con las frías gotas de lluvia.

-Pasa-dijo inmediatamente haciéndola un hueco para que entrara junto con el baúl y la jaula.


Estaba sentada en el sillón frente a la chimenea que el acababa de encender, tenía la vista fija en el fuego, no reparaba en que estaba llorando silenciosamente. Parecía estar en otro mundo, ajena a lo que pasaba en ese momento.


Sin embargo Severus si que la miraba atentamente tratando de reaccionar lo más rápido posible. Acomodo sus cosas en el pasillo, aplico un hechizo para limpiarlas y secarlas. Volvió de nuevo al salón y la encontró sentada en silencio. Se arrodillo frente a ella y se fijo en su aspecto. Aún tenía la capa con la capucha puesta, estaba empapada, retiro la capucha y pudo ver como su pelo, habitualmente sedoso, brillante y hermoso ahora estaba lacio, pegado a su cara debido a la lluvia. Por su cara resbalaban gotas, de lluvia y de lágrimas. Trato de secarlas con un pañuelo que hizo aparecer, sin embargo se centro en el hilillo de sangre que caía desde el interior de su pelo cayendo por su frente. Busco el origen de la herida y se encontró con una brecha poco profunda pero de la que tenía que ocuparse para que dejara de sangrar. Se levanto y fue hasta su armario del cual extrajo varios frascos, volvió al salón con ellos y comenzó a aplicarle díctamo en la brecha. Ella ni se inmutaba ante el escozor, eso para él era una mala señal, algo grave debía haber pasado. La brecha comenzó a cerrarse lentamente y se dedico a limpiar la sangre que quedaba. Volvió a arrodillarse y se fijo en sus labios, esta vez no porque sintiera necesidad de ellos, sino por el golpe que tenia. Allí también había sangre y uno de ellos estaba levemente inflamado. Cogió otro frasco y con un paño limpio aplico un poco de poción sobre el labio y la herida. De inmediato la inflamación desapareció pero la herida seguía allí. Limpio las gotas de sangre que tenia y se quedo mirándola. Ella tenía la vista fija en otro lado, sus ojos estaban vidriosos y su mandíbula tensa. Parecía a punto de romperse. No aguanto más verla así y tímidamente la abrazo, al instante ella correspondió el abrazo aferrándose a él como si no hubiera otra cosa en el mundo.


Paso mucho tiempo, tanto que ella se quedo dormida entre sus brazos, exhausta y cansada. Aún con la ropa mojada y la cara hinchada de llorar. Cuando Severus se dio cuenta de ello trato de ser lo más cuidadoso posible y la cargo en brazos. Subio las escaleras hacia el piso de arriba y abrió la puerta del que había sido el cuarto de sus padres. La deposito en la cama con cuidado y una vez ahí saco su varita. Aplico un hechizo para secarla, otro para que entrara en calor y otro para cambiarla de ropa y ponerla más cómoda.

Se fijo en el color rojo de sus manos y se dio cuenta que era sangre. Severus se acerco hasta ella y con cuidado examino sus manos. Tenían decenas de cortes e incluso muchos de ellos tenían pequeños cristales aún en ellos. Conjuro los frascos que había utilizado antes para curarle las heridas y se sentó en un borde de la cama limpiando con sumo cuidado cada herida. No podía evitar levantar de vez en cuando la vista y comprobar que ella seguía durmiendo. Le sorprendió que no se despertara ni una sola vez, el ya había tenido que enfrentarse varias veces a curar este tipo de heridas con cristales y sabia que no eran precisamente indoloras. Cuál sería la sensación de cansancio y vacio que ella debía tener para ni siquiera reaccionar al dolor físico.

Al terminar con una mano pasó a curar la otra y se dio cuenta de que esta tenía más contusiones, vio los nudillos ensangrentados y la hinchazón general. Estaba fracturada. Curo las heridas y luego la deposito sobre la cama, saco su varita y aplico un hechizo para volver a colocar el hueso. Tan solo un leve fruncimiento del ceño le advirtió que ella había notado algo, pero seguía durmiendo. No pudo evitar tomar su mano entre las suyas y posar sus labios en ella.

La arropo y se quedo observándola. Esta no era la Sidney a la que estaba acostumbrado, no había una pizca de ella. La que tenía dormida en esa cama se veía tan débil, tan frágil que inspiraba lástima y dolor. Sentía rabia por no saber qué demonios le había pasado, intuía que podía haber sucedido pero necesitaba oírlo de su boca, de esos labios que hace poco habían sido heridos. Se sentía impotente sabiendo que ella estaba ahí y el sin poder hacer nada por ella, salvo vigilarla y cuidar de que no le faltara nada.


Sentía un vacio en todo su cuerpo, era como si le hubieran arrancado una carga y ahora sentía ese hueco por dentro. Era una sensación muy extraña, una mezcla de dolor, tristeza y rabia. Recuerdos de lo sucedido venían a su mente y entonces, antes de recibir la bofetada de nuevo sus ojos se abrieron. Estaba empapada en sudor, lo primero que pensó fue que aquel sitio tenía un olor muy raro. Miro a su alrededor y comprobó que era una habitación muy antigua, oscura, con una sensación de agobio. Todo era de un color marrón oscuro, la única luz venia de una ventana tapada con unas gruesas cortinas. Podía ver como motas de polvo flotaban en el aire. Fue incorporándose lentamente y se acomodo contra el cabecero. La casa de Severus, se encontraba allí.

-Buenos días, o mejor tardes casi.

Miro hacia el umbral de la puerta y pudo ver como entraba él con una bandeja.

-Hola-se limito a contestar ella tratando de sonreír.

El avanzo hasta la cama llevando la bandeja y dejándola junto a una mesita al lado de la cama, tomo asiento a su lado.

-¿Qué tal estas?

-Bien.

Severus asintió aunque mirándola fijamente y ella sabía que debía explicarle todo.

-Gracias...esto significa mucho para mí. Lamento las molestias que te pueda ocasionar.

-No digas nada de eso-la callo inmediatamente el-No me molestas.

-Aún así. Supongo que tú tendrías tus planes y mi llegada ha debido trastocarlos. Gracias por atenderme.

Volvió a asentir y se acomodo más en la cama acercándose a ella hasta rozar su mentón y hacer que levantara su cara.

-Se que te debo contar lo que me ha pasado-comenzó ella-Solo te pido una cosa, oigas lo que oigas prométeme que no harás nada-le miro a los ojos esperando respuesta-Por favor-Severus asintió algo confundido-Ya sabes cómo es mi situación con mis padres. En estas últimas semanas solo ha ido a peor...el caso es-respiro tratando de tranquilizarse-Que anoche se salió de todos los límites-sonrió tratando de aplacar las lágrimas-Tuvimos una fuerte discusión, el renegó de mi. Me dijo que le daba asco, que le repugnaba que yo fuera su hija-agacho la cabeza y Severus la obligo a que levantara la cara.

-Oye, no dejes que esas palabras te afecten. ¿Qué paso?

-El caso es...que, bueno, ni siquiera ella dijo algo. Estaba de acuerdo con lo que él dijo, en todo...yo, yo, solo pude devolverle los insultos. Trate de huir, evitar que fuera a más. Pero...pero...

-¿Pero qué?

-Me ataco-dijo mirándole a los ojos y dejando que las lágrimas surcaran su rostro-Me hechizo haciendo que cayera por las escaleras, me abrió la cabeza. Él, el...estaba muy furioso, me agarro y me tiro al suelo. Yo...-tomo aire de nuevo-Solo pude gritarle, no paraba. Mi madre no decía nada, no...No hacía nada, por ayudarme. Yo solo lloraba, y el...el me agarro y me golpeo.


Severus estaba paralizado, sabía por experiencia propia lo que era que ese desgraciado atacase a traición pero jamás hubiera imaginado que lo hiciera a esa edad y mucho menos con alguien de su sangre. Imbécil, estúpido, cabrón, todos los adjetivos se quedaban cortos para definir lo que era. Un gusano, un asqueroso gusano al que si pusieran en su camino pisotearía sin remordimiento. ¡Cómo se arrepentía de no haber utilizado un conjuro a tiempo cuando eran estudiantes!

-Solo...solo me dio tiempo a coger mis cosas e irme. No, no podía...no podía estar en una casa con ellos, todos bajo el mismo techo.

Se levanto deprisa, pensaba hacer algo, quizá aparecer en casa de los Potter y atacarle, pero el atacaría de frente, no era un cobarde como él.

-Severus ¿dónde vas?-exclamo ella.

-A poner en su sitio a ese imbécil.

-¡NO! ¡NO, POR FAVOR!-gritaba Sidney-Me lo prometiste, por favor, quédate...aquí. Te necesito.

Una parte le obligaba a quedarse y protegerla mientras que otra le obligaba a marcharse y enfrentarle. Su lógica y su corazón mantenían una lucha encarnizada en esos segundos, estaba tan confundido que se quedo quieto, de pie, miraba alternativamente a ella y a la puerta.

-Está bien-volvió a sentarse a su lado aunque lleno de rabia-Pero tu harás algo por mi-ella lo miro sin saber a qué se refería-Come lo que te he traído, no quiero que enfermes.

Se quedo a su lado mientras ella comía poco a poco, no hablaron pero tampoco hacía falta. Sentía que tenía que protegerla y eso implicaba estar ahí, a su lado.


Después de que terminara de comer se quedo dormida y el aprovecho la ocasión para bajar al despacho. Tenía que hacer algo, la cuestión era el que. Sidney Potter estaba en su casa, había abandonado la casa de sus padres para ir a la suya. Obviamente no podía avisar a sus padres ¿a quién? Pensó en Dumbledore pero era una opción tan arriesgada. "Hola Albus, ¿qué tal el verano? ¿Recuerdas lo que me dijiste de no acercarme a Sidney? Bueno pues no tienes de que preocuparte, está durmiendo en mi casa pero no pasa nada, total ya me he acostado con ella en Hogwarts." Justo lo ideal para decirle. Paseaba frustrado de un lado para otro, sabía que tenía que avisar a alguien pero no daba con la persona indicada. Se sentó en el sillón, apoyo los codos en la mesa y reposo la cabeza en sus manos. El cansancio hizo mella y se quedo dormido en cuestión de segundos.


Debía ser ya casi de noche, no estaba segura. Se levanto de la cama algo mejor que antes. Había descansado y ya no le dolía nada. Lo mejor era que se sentía protegida, Severus le inspiraba eso y agradecía lo que había hecho por ella. Sonrió tímidamente y por primera vez se fijo en profundidad en ese dormitorio donde se encontraba. Ya había visto que era muy sobrio y antiguo pero no había reparado de quien era. Ella solo había visto la parte inferior de la casa y muy poco. Paseo por la habitación fijándose en cada detalle que esta tenia. Las mesas estaban llenas de polvo, estaba segura de que las cosas que allí había no se habían movido en años. ¿Esta era la habitación de invitados o pertenecía a alguien? Supo que era lo segundo, parecía como si se tratara de mantener la habitación como estaba. Pudo distinguir a una pareja en unas fotografías que había en una mesilla. La mujer que aparecía en ellas era muy delgada, tanto que daba un ligero aspecto enfermizo. Su cabello era negro, liso y llegaba hasta los hombros. Vestía una ropa sencilla y su porte era algo tímido, como escondiéndose. El hombre que estaba a su lado era más alto que ella, bastante más grande, imponía solo por la forma en que posaba, tenía el pelo corto marrón oscuro, su cara reflejaba seriedad, parecía estar incomodo. ¿Acaso eran los padres de Severus? Ella no sabía mucho acerca de ellos, pero ese pelo negro era reconocible, incluso el porte serio e incomodo del señor. Dejo la fotografía en su sitio y vio otra donde la mujer aparecía con un niño en brazos, el pequeño tendría unos dos o tres años, estaba de pie junto a ella, agarrado de su mano, ambos parecían felices. Esta vez si que estaba segura de que el niño era él. Sonreía. Era tan diferente, parecía lleno de felicidad. Mirando al pequeño ella también sonrió y sus dedos acariciaron la cara de ese niño.

El armario de la habitación era pequeño, le sorprendió porque al tratarse de una habitación de matrimonio esperaba que fuera más grande. Llena de curiosidad abrió las puertas. Un fuerte olor desprendió del interior, sin duda llevaba sin ventilarse mucho tiempo. Se dio cuenta de la división en el interior, había prendas negras en la parte izquierda, todas de caballero. Prendas muggle, ni una sola capa o túnica. Sin embargo en el lado derecho veía túnicas y capas, no eran muchas ni muy ostentosas. Eran simples, muy sencillas. Sin duda la persona que se las ponía no era de las que le gustaba destacar, más bien esconderse. Muy tímida la verdad pensó al ver varias prendas. Pero sin embargo una llamo su atención, se encontraba al fondo, aparto el resto de ropa y extrajo esa. Se trataba de una túnica verde con detalles en negro. Tampoco era muy costosa pero si que valía bastante más que el resto del armario supo Sidney en cuanto la toco. La tela era muy fina pero abrigaba lo suficiente. Era sencilla pero daba la impresión de sobriedad y elegancia. No pudo resistirse a admirarla y se acerco hasta el espejo que estaba al lado del armario. No se la puso, solo la puso frente a ella, encima de su cuerpo.

-Te queda muy bien.

Se dio la vuelta algo asustada y avergonzada, enseguida retiro la prenda.

-Yo, lo siento. Es solo que tuve curiosidad.

-No pasa nada, solo que deberías ser más precavida. Nunca se sabe cuando te puede atacar un boggart.

Es cierto, Sidney eres oficialmente imbécil. Sabes que estás en un sitio antiguo, oscuro y silencioso y lo que se te ocurre es abrir un armario sin tu varita a mano.

-Tienes razón, no pensé en ello la verdad.

-No suelo entrar aquí-dijo Severus mirando la habitación con un repaso general-No me gusta si te soy sincero. No me ocupo de la limpieza como te habrás dado cuenta, pero si que lo hago de boggart y demás amenazas que pueda haber. Hace poco que me encargue de ello.

-¿Es...la habitación de tus padres?-pregunto ella tímida e insegura.

-Si, era su habitación.

-¿Que paso con ellos? Si quieres no me contestes no hace...

-Murieron, ambos. Hace mucho.

-Lo siento Severus.

-No tienes nada que lamentar-trato de forzar una sonrisa-La túnica que tienes en tus manos era de mi madre, de las pocas cosas valiosas que tenia a decir verdad. Mis padres era muy humildes, no tenían nada que valiera la pena, ni riqueza, ni posesiones, nada. Con lo poco que le daba su familia y lo que ahorro ella mi madre se compro esa túnica. Solo la lucio una vez, nunca más se la puso.

-¿Por qué? Es preciosa-dijo ella sin comprender cómo alguien se compraba algo así y no lo lucia.

-Mi padre no se lo permitió.

-¿Cómo?-contesto ella sin comprender a que se refería.

-El era...bastante controlador-Severus respiro profundamente-¿Quieres probártela?

-No...No.

Coloco la prenda en su sitio y cerró de nuevo el armario dejando los recuerdos atrás.


Buenas! Muchas gracias por la lectura ^_^ cómo siempre me haceis muy feliz y gracias por los comentarios =D Espero que estos capítulos no esten resultando demasiado tristes, ella tiene que pasar por eso para comenzar esta segunda mitad.

Un saludo! Y que tengais buena semana! =P