33. Se acabó el recreo

- El resultado no es muy allá pero así se queda – Ron miraba el cartel que anunciaba las pruebas para cazador en el equipo de quidditch de Gryffindor

- Lo entenderían aunque estuviese escrito en runas antiguas – Harry repasaba la lista de deberes pendientes a la vez que escuchaba a su amigo

- Pues así le dejo – El pelirrojo se levantó del sillón con un cartel en la mano derecha y un bollo en la mano izquierda. Excusaba su hambre continua con la angustia de estar sin las chicas, lo que a Harry le parecía una mero pretexto para comer más dulces de los habituales - ¡Ey! Han debido poner los carteles de las clases extras de los sábados a la hora de la comida

- Por eso igual no la hemos visto – Dijo Harry refiriéndose a su tía mientras alzaba la cabeza para fijarse en el cartel - ¿Qué dice?

- Que mañana hay reunión a las once en la Gran Comedor para todos los interesados que quieran saber de los talleres de este año

- No sé de dónde saca el tiempo – Se quejó como sobrino

- Bueno ¡Emy es Emy!

- Sí, ya

Pasaron la tarde enfrascados en los deberes que tenían, así, con un poco de suerte, podrían disfrutar de todo el domingo para ellos. Se les unió Neville y de vez en cuando les daba charla Seamus, que se pasó mayoritariamente la tarde persiguiendo a chicas de cuarto, quinto y sexto curso, ya que era "territorio no explorado". A Ron le hacía mucha gracia pero Neville no veía bien que acosara de esa manera a las pobres muchachas, a las que, según él, intimidaba con su fuerte olor a colonia y con sus exageradas aventuras imaginarias. Para Harry era igual de gracioso que para su mejor amigo, más que nada, porque en cuanto Dean y Lavander se escabullían a su paseo de eternos enamorados, lo cual le daba una envidia terrible, a Seamus se le encendía la luz verde del semáforo para "acosar" a toda persona del sexo femenino, al que se le hubiesen desarrollado suficientemente los pechos.

Justo antes de bajar a cenar, apareció Charlie Weasley en la sala común acompañando a la profesora McGonagall. La jefa de la casa venía a dar a Harry el horario de entrenamientos y las fechas de los partidos, que ese año habían planeado mucho antes. Fue informada que el nuevo capitán del equipo era Ronald Weasley, lo que hizo que a su hermano le asomase una enorme sonrisa, mientras que la profesora le dedicó una clara amenaza "Más le vale que ganemos, mi trofeo queda perfecto en donde está y no pienso cedérselo a nadie y menos a ese..." Murmuró algo y se marchó dejando al nuevo profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas allí con los chicos.

- ¿Habéis visto el cartel de los talleres?

- Sí – Le contestó Ron a su hermano – Ya veo que Emy empieza pronto

- Mandé a Rebecca Book que lo pusiera a la hora de comer. Es la prefecta de quinto de Gryffindor – Explicó Charlie al ver la cara de incertidumbre

- ¡Qué, por cierto, está muy buena! – Comentó desde el sofá contiguo Seamus

- ¿Entonces por qué no ha ido Emy a comer? – Preguntó Harry. De pronto vio una sonrisa bastante pícara en Charlie y entendió, a la vez que Ron, el motivo de su ausencia – Déjalo, no me lo digas

- Sirius se marcha esta noche y no vendrá hasta mañana – Susurró Charlie – Según Remus, están aprovechando aún la reconciliación

- Jejeje – Rió Ron

- ¿Son todos los profesores tan cotillas? – Preguntó Harry medio ofendido, medio en bromas

- Creo que menos Snape, a los demás les gusta enterarse de todo y más sobre la pareja de moda en el mundo mágico. Cuando Emy vea el reportaje de su boda en la revista Corazón de Bruja, se van a tambalear las piedras del castillo – Charlie soltó una carcajada

En la cena tampoco estaban sus tíos. Lo que sí estaba, eran las malditas revistas por todos lados. Cuando cayó en sus manos una, más exactamente la de Parvati, Harry casi se pone a gritar. Alguien había filtrado fotografías tomadas por Viktor Krum ese día, de hecho, en la portada de la revista estaban los dos posando alegremente, mientras se dedicaban besos bastante efusivos pero es que en el interior, había una foto de los ocho juntos. Ver a Ginny abrazada a él, le supuso un mal trago y el tormento de cada noche, echarla de menos hasta casi no poder respirar. Para Ron no significó menos, de hecho sólo había una cosa que le medio calmaba en esa situación, y era la venganza contra Malfoy. Así que no había ni leído los titulares, con las fotos ya le bastaba, para ir directo hacia su pequeño cómplice, Dan, y preguntarle por sus avances. Cuando volvió, traía consigo una sonrisa de malicia que no dejaba lugar a dudas.

Sirius se acercó al final de la cena de los chicos para decirles que se marchaba. Esa noche tenía misión y por mucho que Harry y Ron le preguntaron, cuando salieron a despedirle al vestíbulo, no les dijo nada más que se iba al Ministerio. Eso sí, les ordenó ir al apartamento enseguida.

Mientras subían las infinitas escaleras hasta la torre sur, Ron le contó a Harry que al día siguiente iban a dar de alta a Malfoy y que eso bien se merecía una visita al rubiales, para recordarle que ellos sí seguían estando en el colegio. Harry no opuso resistencia al plan, sabía que se estaban buscando problemas y que su comportamiento de camorristas no estaba bien pero Malfoy se tenía que conformar entre eso o que él diera rienda suelta a su lado más oscuro y matarlo con sus propias manos. Por mucho que las dos mujeres que más quería en su vida, le dijeran que no valía la pena semejante venganza, a él no se le pasaban las ganas de quitarle todos los sentidos que había utilizado para atacar a su novia.

Esta vez les abrió Winky con una sonrisa de oreja a oreja, lo cual ocupaba toda su cara. Les sugirió esperar en el salón hasta que Emy volviera, ya que al parecer seguía reunida con Dumbledore, sin embargo ellos prefirieron hacerlo en la habitación de Harry, así aporrearían un rato el sintetizador. Cuando la flamante señora Black apareció, se encontró a su sobrino y a su amigo haciendo mezclas de lo más extrañas con su "juguetito". Evidentemente, aquello, menos sonar a música, sonaba a cualquier cosa.

- No me extrañaría que ahora mismo aparezca un macaco del África central a vuestro reclamo de apareamiento ¿Qué estáis haciendo?- Preguntó riéndose Emy

- Pues exactamente eso – Contestó Ron siguiéndole la broma – Mientras no venga Emerald, no damos por contentos

- Vamos al salón, par de dos

Winky les trajo tres cervezas de mantequilla y se marchó de allí con destino a las cocinas de Hogwarts, donde a esas horas se necesitaba de su ayuda. Harry y Ron miraban de reojo a Emy, la cual estaba espléndida aquella noche. La piel y el pelo le brillaban espectacularmente pero eran sus ojos los que irradiaban una luz especial. Ellos no preguntaron el motivo, sus sospechas las daban por certeras, así que ella se les quedó mirando, intentando analizar qué pasaba por la cabeza de sus dos muchachos.

- ¿Se pude saber qué os ocurre? ¡Dejad de mirarme así!

- ¿Así, cómo? – Preguntaron a la vez

- Borrar ahora mismo esas miradas y sonrisas de lujuriosos que tenéis

- Si te ríes, porque te ríes

- ¡Harry!

- Y si no te ríes, que por qué no te ríes

- ¡Ronald! – Emy terminó por soltar una carcajada – No deberíais andar con tanto vacile, porque os voy a poner las pilas y puede que se me acabe la piedad

- No hemos hecho nada

- ¡Ese es el problema! – Emy miró de forma cariñosa a ambos – Se os va a acabar el recreo, os tenéis que poner manos a la obra y de inmediato. Creo que le habéis dicho a Sirius que no tenéis problema en un entrenamiento duro, porque así se os pasa antes el año

- Sí, eso hemos dicho – Confirmó Harry

- ¿Por qué queréis que se acabe pronto este año? ¿No será que creéis que cuando eso ocurra, vais a volver a ver a dos personas en particular?

- Bueno... creo que eso ha llegado a pasarme por la cabeza – Ron no estaba seguro de querer oír lo que venía luego

- Pues me temo que esto no es un contrato, que cuando finaliza todo vuelve a la normalidad. Nadie os ha asegurado tal cosa y yo tampoco puedo daros como acertado semejante pensamiento – Emy les habló con el máximo cariño posible – De verdad, me encantaría afirmar que fuese a ocurrir pero no puedo

- ¿Has tenido alguna premonición últimamente? – Preguntó Harry sin demora

- ¿A qué viene eso?

- ¿No has visto a las chicas? ¿No puedes decirnos cuándo podremos volver a verlas aproximadamente? – Harry se oía desesperado y sólo había pasado una semana desde su marcha

- No, Harry, nada al respecto – Emy recordó que su última premonición había sido en España, nada más volver a recibir su magia

- O sea, que nos mentalicemos de una espera larga – Harry lo dijo con resentimiento, como si fuese la última gota que colmase el vaso

- Pues sí, eso me temo – Emy miró a Ron, no soportaba verle con aquella cara de abatimiento. Su sobrino lo tomaba diferente, sin embargo para el pelirrojo parecía un castigo - Eso no quiere decir que un buen entrenamiento no os dé fuerza para aguantar hasta ese momento

- ¿En qué consistirá este año? – Preguntó Harry al ver que Ron no tenía el más mínimo interés en abrir la boca

- Digamos que os prepararé del todo, a partir de este año, lo único que estará en mi mano será entrenar con vosotros, al mismo nivel

Los ojos de ambos muchachos se abrieron de par en par. Eso significaba muchas cosas y aunque sabían que el esfuerzo iba a ser considerable, también sabían que iba a merecer la pena. Emy hablaba de los planes de ese año y a cada palabra, su tono se volvía más serio, como tomando conciencia del porqué de aquella situación.

- Mañana mismo comenzáis, así os iréis acostumbrando a madrugar cada día

- ¿En serio quieres que vayamos a correr una hora antes de prepararnos para las clases diarias? ¿Antes incluso del desayuno? – Con sólo decirlo, Ron ya estaba sofocado

- Sí – La contestación de su entrenadora no daba lugar a dudas – Ya he hablado con Dumbledore sobre este asunto y lo haréis en el jardín de Los Guardianes, así dará igual que nieve, llueva o haga calor. Llegareis allí desde la última ducha de vuestro baño, sólo tenéis que girar dos veces a la derecha en el grifo del agua caliente y otras dos a la izquierda en el de agua fría y decir "Custos"

- ¿Sólo?

- ¿No me digáis que no sois capaces de acordaros de algo tan simple?

- Claro – Harry intentó arreglar la imagen de tonto que había mostrado

- ¿Todos los días? – El pelirrojo casi estaba en estado de shock

- Todos, Ronald

- ¿A parte del entrenamiento de la tarde?

- ¡Qué sí! – Dijo cansinamente Emy - ¿No queríais que fuese un buen entrenamiento? pues os adelanto que cuando os vea en forma, se sumaran otras clases de ejercicios

- ¿Nos vas a hacer nadar en el lago congelado? – Preguntó irónico Harry

- ¡Muy gracioso! – Se quejó Emy, aunque no era tan mala idea – No, hay otros deportes que considero debéis practicar para que seáis mejores guerreros

- No somos guerreros, somos magos – Ron quiso hacer esa pequeña apreciación pero al ver la mirada de Emy se arrepintió

- Pues me temo que vais a ser Los Guardianes Guerreros Magos de La Unión de las Cuatro Sangres

- ¿Sólo nos entrenarás tú?

- No, Sirius, Remus, Bella y Los Fundadores me ayudaran. Por supuesto, tendréis clases especiales con Dumbledore y tú, Ron, seguirás con tus partidas de ajedrez con el director

- ¡Madre, mía! no vamos a dar a vasto

- Y ahora una advertencia – Emy habló aún más seria – No quiero ni una sola queja de parte de ningún, y repito con énfasis, ningún profesor en ninguna asignatura. Quiero que entreguéis los trabajos al día y que sean trabajos bien puntuables, quiero todos los deberes hechos y las lecciones aprendidas. Tenéis ventaja, así que vais a aprovecharla. Ni por asomo creáis que porque ya no esté Hermione os permitiré que bajéis las notas, de hecho las quiero mejores, eso sí, nada de alardeos en clase, al menos los justos. Esto no es negociable y no me vale que paséis por malos momentos emocionales, físicos o metales, es parte de vuestro entrenamiento. No os quepa duda que en el conocimiento se esconde armas que nos pueden ser de mucha ayuda, así que nada de fallos ¿entendido?

- Cualquiera te lleva la contraria

- ¿Eso significa entendido? – Preguntó Emy con la ceja alzada a su sobrino

- Sí – Contestaron los dos

- Bien, espero que no tenga que volver a repetirlo, porque entonces seré menos simpática

- Una pregunta – Harry quería ser diplomático para obtener el resultado deseado - ¿Los talleres...?

- O los talleres, o el quidditch

- ¡No es justo! – Se quejó Harry

- No, no lo es – Emy no cedió ni un palmo pero entendió que sería mejor que ellos se diesen cuenta – Haremos una cosa, si dentro de dos semanas seguís con ganas de entrar en algún taller, veré qué puedo hacer

- Vale – Acordaron los dos a dúo

- Siguiente punto. Entro en vuestras cabezas con tal facilidad, que me pasma que no lo pueda hacer Voldemort desde donde esté ¿Es que Myrddin no os enseñó a cerrar la mente? ¿Es que no hicisteis clases de meditación y relajación? ¿Es que tan pronto se os olvida lo importante que es que tengáis la mente cerrada a los extraños?

- Tú no eres una extraña – Harry quiso defender un poco el honor de haber hecho caso omiso a tales lecciones en los últimos tiempos

- Yo no tengo derecho a saber nada que no queráis decirme y, sin embargo, sé que lo que planeáis con Malfoy, está rozando lo tenebroso

- Pero...

- Me da igual... de hecho no quiero saber nada más, porque tendría que castigaros – Emy les miró con rudeza – Ambos sabéis a la perfección lo que pienso de ese tema y lo que hemos acordado, así que vosotros mismos, ya no sois niños a los cuales recordar que cada acto trae una consecuencia

- Eso lo sabemos de sobra – Harry no entendía el porqué hacía frente a su tía pero quería revelarse, darle a entender que no había motivo para aquella charla ¿O sí lo había?

- Quiero que, en una semana, yo no pueda entrar con todo mi poder dentro de vuestra mente – Emy no amilanó su mirada - Os advierto que será duro pero ya habéis comenzado este entrenamiento con Myrddin y le vamos a acabar

- Pero una semana... – Harry ya se estaba quejando

- ¡Una semana! – Atajó Emy con severidad - Así que durante todas estas siete noches, no quiero ensoñaciones románticas, ni tácticas de venganza, ni problemas de autoestima, ni de superación, ni curiosidades, ni planes para descubrir la conspiración mundial o cómo acabar con el cabrón ese. No quiero recuerdos, ni represalias contra uno mismo, ni deportes, ni mujeres y siento decir esto pero con eso me refiero a los sueños eróticos. Tendréis que vaciar vuestra mente por completo, mantenerla en blanco durante el mayor tiempo posible. Ordenaros despertar al notar que soñáis y vaciar de nuevo la mente. No quiero flaquezas, no me valen debilidades y ni mucho menos excusas por estar en un momento malo ¡Yo inventé ese pretexto y no hace mejorar la situación, os lo aseguro! Así que tendréis que pensar muy bien por el día, porque a partir de las diez de la noche, os quedareis en blanco absoluto ¿Entendido?

- Entendido

- Mañana, en el entrenamiento de la tarde, que comenzará a las cuatro, repasaremos los hechizos de defensa, así hasta que yo vea que los tenéis dominados para pasar a otros nuevos. Lo mismo haremos con los de ataque y distracción. Una vez entremos en materia, os hablaré más largo y tendido sobre los propósitos a seguir y las formas de conseguir los mejores resultados. Quiero el cien por cien de vosotros en cada cita de cada día

- ¿No crees que te estás pasando un poco? No es tu forma de ser...

- ¿Mi forma de ser? ¿Es que con mi forma de ser puedo cambiar el hecho de que Voldemort mate a personas? ¿Que sus asquerosos mortífagos vayan minando a la población mágica y que no respeten a nada ni a nadie?

- No me estaba refiriendo a eso – Se defendió Harry con mal talante– Sólo que se te ve demasiado solemne, nosotros ya sabemos de qué va esto y no creo que necesitemos que nos hables con rudeza para concienciarnos

- ¡Ah! – Emy fijó su mirada en Harry y habló aún con mayor brusquedad – Entonces tampoco es necesario que os diga que las chicas están muertas, con lo que no se debe hablar de ellas en presente, ni en cuchicheos, ni siquiera que las mencionéis en voz audible. Si esto llega a saberse se va todo al retrete y no queremos eso ¿verdad?

- Verdad – Harry elevó el tono de voz, estaba dejando salir esa rebeldía que descansaba en lo más profundo de su ser

- ¿Quizás te he hablado con rudeza? ¿Quieres mantener una conversación con Voldemort, haber si es más cariñoso? – Emy no estaba dispuesta a dejar que su sobrino se saliese con la suya

- No me hace falta mantener una conversación con él, lo que me hace falta es que las personas que estén conmigo me apoyen, sobre todo si tienen el poder suficiente como para ahorrarme tener que pasarme la vida sin mi novia y mi mejor amiga

- Jamás pensé que diría esto, estás demasiado consentido

- ¿Consentido? – Repitió gritando Harry

- Sí, consentido – Recriminó Emy – Si algo no te sale como quieres, le echas la culpa a quien tú crees que todo lo puede ¿No se te ha ocurrido pensar que las cosas tienen que ser así? ¿Es que crees que ellas se fueron forzadas? Decidieron por sí solas y decidieron sabiendo qué era lo mejor

- ¿Y cómo sabes tú eso si se supone que no tenías nada que ver?

- Porque no me creo que, con quien están, les haya puesto un cuchillo en el cuello para sacarlas de aquí

- Hermione no quería irse, quería acabar sus estudios aquí ¡Yo sí que me apuesto el cuello por eso! Y Ginny no se alejaría de nosotros, no se alejaría de mí

- No sé a qué viene ahora esta pataleta tuya – Emy estaba notando que podía perder el control, cosa que no estaba dispuesta a hacer

- ¡A qué no entiendo por qué tenemos que pasar continuamente por esto! – Gritó Harry - ¿Acaso es una prueba más? Es que tenemos que estar continuamente sometidos a presión para demostrar que somos capaces de vencer. Francamente, me veo más capaz de vencer a Voldemort teniéndolas a ellas a mi lado

- Por mi parte está todo dicho esta noche, podéis iros – Emy arrastró las palabras haciendo ver en ellas que no estaba dispuesta a seguir con la discusión

- ¡No puedes terminar una conversación así! – Chilló Harry con rabia

- Tú no quieres conversar – Le espetó Emy – Tú quieres discutir conmigo para sentirte mejor pensando que yo puedo solucionar todos tus problemas. Ojalá pudiera, Harry, aunque ahora veo que es mejor no hacerlo

- No lo hagas, porque no lo has hecho nunca – Harry se levantó y se marchó sin decir nada más

- Es mejor que vayas con él – Dijo Emy mirando su jarra de cerveza, después de que el portazo hubiese dejado de sonar

- Debes perdonarle, cada uno explota de manera diferente – Ron defendió a su mejor amigo

- Lo sé, Ron, lo sé

- Es que son demasiadas cosas y nos cuesta asimilarlas

- ¿Lo harás tú? – Emy le miró con los ojos vidriosos. Ron sintió esa sensación que sólo Emy podía trasmitir, un sosiego de melancolía – ¿Te perdonarás y te darás cuenta que esto no es un castigo, que sólo es por el bien de ellas?

- Quizás más adelante, cuando vea las cosas con otra perspectiva – Ron sonrió tristemente – Para Navidad me pido una de estas jarras en las que nunca se acaba la cerveza de mantequilla

- Jajaja – Emy soltó una risa sincera, no se esperaba aquello - ¡No sabes cuánto te quiero! Mi pelirrojo favorito

- ¡Ey! ¡Ey! – Ron le dio un abrazo – No me tiré los tejos, señora, que usted ya está casada y yo tengo el corazón ocupado

- Tendré que resistirme – Emy siguió sonriendo

- Te prometo que mañana entrenaremos y que podremos el cien por cien de nosotros cada día

- Me alegra oírlo – Emy le siguió con la mirada hasta la puerta

- Cuando llegue a la Sala común, ya se habrá dado cuenta que pagó con quien no debía

- Para eso estoy aquí, Ron, para lo bueno y para lo malo

No vio a Harry hasta dos horas más tarde. Ron sabía que se había marchado a dar un paseo por los terrenos, a desfogar su mal genio, su mala conciencia y sus remordimientos. Cuando le preguntó desde su cama si ya estaba mejor, sólo emitió un sonido gutural, claro signo de que no le apetecía hablar. El resto de los chicos ya estaban dormidos y Ron no tardó en hacerlo.

Harry seguía vestido tirado encima de su cama y con un libro entre las manos, "El conde de Montecristo". Le apretaba fuerte, como si con ello no se fuese a escapar la sensación que ella le daba. Y es que verla en aquella foto, junto a él, le había removido todo. Sí, ella era su punto débil, el mayor de todos, más que sus padres, más que sus tíos, que sus amigos, que la magia, el mayor de todos, Gin. No lo había podido evitar. Emy le estaba diciendo que no se verían al terminar el curso, que no se sabía cuando iban volver. Y encima comenzar a entrenar ¡Sin ella! Sin su compañera. Él sabía que habían formado un equipo excepcional, que se compenetraban a la perfección. Él sabía que con ella era más fuerte, más capaz, sólo por el hecho de no fallarla, de protegerla. Sin embargo, tendría que afrontar nuevos entrenamientos sin ella, sin el aliciente de saber que luego podrían estar juntos, conformándose con el disfrute de una mirada cómplice, de un roce de sus manos, de un beso que le llenaba o de su mera presencia.

Le encendía la rabia de saber que estaba lejos mientras que ese cerdo estaba cerca. Se le nublaban los sentidos por verse un chulo de tres al cuarto planeando artimañas con que atacarle. La vida le había quitado a la persona que le hacía ser mejor para dejarle a un cretino que le provocaba ser un camorrista. Y encima Emy tenía que atacar a su conciencia repitiéndole que sus actos traen consecuencias. Esos actos que quizás ya estaban escritos. Se sentía una marioneta, un prisionero en hilos de fuego del que sólo desea escapar a un lugar mejor, un lugar en donde estuviese ella.

Y para colmo le quitaban lo único que le quedaba, el momento en que cerraba los ojos y soñaba con ella, juntos, paseando por la playa. Ahora eso tampoco podía tenerlo, ahora tenía que ser lo suficientemente voluntarioso como para que llegaran las diez de la noche y mantener su mente en blanco, cuando trabajaba a tope para que no se le olvidase el aroma de Gin, su tacto, su piel suave y aterciopelada, sus gestos, sus sonidos, su risa, sus palabras. Tenía que borrarlas de su mente y dejarla en blanco. Detestaba aquello, detestaba el poder mental. Siempre le producía un terrible dolor de cabeza, siempre le traía preguntas sin respuesta, siempre recuerdos dolorosos. Merlín se lo había dicho, tenía que dominar esa materia para ser más fuerte pero era sin duda lo que peor llevaba. Ahora tenía que demostrar que podía cerrarla, ante cualquier intromisión, en una semana, frente a alguien que era pura magia ¡Poco más que un imposible!

"Pura magia" un eco en su cabeza repetía esas dos palabras referidas a Emy ¿Por qué ella no le traía a Ginny? ¿Por qué no les daba una solución para verse de vez en cuando? Nadie lo sabría, no cometerían fallos, acatarían las órdenes que fuesen, sólo cuando ellos dijesen. "¿Seguro?", se preguntó a sí mismo y con la misma voz burlona de su conciencia se contestó: "Querías más, querías verla siempre, a todas horas y entonces ¿para qué se habría marchado?".

Harry se dio la vuelta y ahogó un grito de rabia en la almohada. Neville se movió en su cama pero no se despertó. Ron paró de roncar pero no dijo nada. Seamus y Dean simplemente se quedaron tal cual. Harry cerró los ojos, estaba cansado, cansado mentalmente, sólo quería un momento de paz con ella, era tan poco pedir y, sin embargo, tan imposible. "Mañana comenzaré, pero déjame soñar esta noche con ella". Los sentidos se fueron aflojando, el cuerpo comenzó a pesar, a acoplarse a la mullida cama, su consciencia caía en picado a otro mundo mucho más oscuro, más lento, más silencioso. Pocos segundos más tarde, Harry estaba sumido en un profundo sueño, aunque poco tendría que ver con su Gin.


Gracias a todos aquellos que dejan reviews, realmente es motivador para continuar con la historia, aunque sueno repetitivo no deja de ser cierto. Lo dice alguien que mucha veces lee y no comenta. No importa, sólo decir que sigo escribiendo y mientras eso ocurra, todo va bien.