Nada de lo que aparece aqui me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.
Advertencia: En este capítulo aparece contenido sexual, leer bajo vuestra responsabilidad.
Eres especial...para mi.
Avanzo por el otro extremo y con todo el cuidado se metió en su cama. Se quedo mirándole unos segundos, estaba tan relajado que le gustaba verle así. Las ganas con las que había entrado al dormitorio ahora se debatían entre dejarle dormido y acostarse a su lado o...poner la cosa algo más interesante.
Iba a ser una chica buena, lo iba a ser, se acostaría a su lado y dormiría sin hacer nada. Pero como todas las buenas intenciones fracasan esta no iba a ser una excepción. Severus, que estaba tumbado de lado, se movió recostándose sobre su espalda. La visión de su pecho con sudor y lo que el movimiento de la sabana había revelado dejando una vista magnifica de la entrepierna del hombre pudieron más que las buenas intenciones.
Se movió hacia él y acaricio con sus dedos desde su cara, pasando por su cuello, bajando por su pecho y terminando en las piernas. Un murmullo salió de la boca de Severus, ella lo miraba en parte deseando que se despertara y por otra no, disfrutaba con ello. Recorría las gotas de sudor como siguiendo su trayectoria, admirando su terso y firme pecho, sabia donde estaban sus cicatrices pero observaba como a las anteriores se habían unido algunas más. ¿Dónde diablos se las había hecho? En ese momento no era su principal preocupación, fue bajando hasta estar entre sus piernas, se inclino y comenzó a besar su ombligo. Suave, como una caricia, rodeaba la zona y al ver que el no había despertado aunque si comenzaba a hacerlo su amiguito decidió ser algo más insistente. Lamio la zona, despacio, saboreando su piel y sintiendo en ocasiones el sabor salado del sudor. Su pálida piel comenzaba a erizarse y sintió como el se movía, como buscando su contacto. Siguió lamiendo encontrándose con sus oblicuos y miro hacia su cara, seguía dormido pero ahora parecía con el gesto serio, su ceño estaba fruncido. ¿Que estaría soñando?
Siguió bajando y rozo con sus manos sus piernas, las cuales parecían tensarse ante su paso, tenía ante sí a ese hombre tan atractivo ante ella, desnudo y dormido ¿Qué otra cosa mejor podía hacer? Sonrió y se inclino de nuevo tomando entre sus manos su miembro, caliente y comenzando a endurecerse poco a poco. Se acerco hasta la punta y decidida comenzó a lamer.
Tenía el sueño ligero, era cierto, así que en cuanto sintió el movimiento de la cama supo que había alguien más ahí. No le hizo falta abrir los ojos para saber que era ella. Su aroma le llegaba e inundaba sus fosas nasales como si de un bálsamo se tratara. Decidió hacerse el dormido y esperar a que ella se tumbara junto a él, espero pero ella parecía inmóvil. Se movió para que ella no fijara atención en su rostro y notara que no estaba dormido. Espero a que ella se tumbara pero no lo hizo, sintió como le miraba, sus ojos parecían atravesarlo, y entonces lo sintió, el contacto de sus dedos sobre su piel. ¡No! eso era lo que menos necesitaba ahora. Desnudo, en su cama, con ella acariciándole. Sentía como acariciaba su pecho y trataba de controlarse. Cuando sintió que paro lo agradeció, podía hacerse el dormido pero no podía controlar que ciertas partes de su cuerpo no reaccionaran ante los estímulos.
Escucho como se movía y la cosa fue peor ¿estaba entre sus piernas? Si, lo estaba. Instantes después sintió sus labios en su ombligo y tenso su mandíbula de inmediato, al sentir su lengua sobre su piel sus manos se tensaron y se obligo a no responder, a apagar su deseo de atraerla hacia sí y hacerla el amor salvajemente. Pero el no mandaba sobre su cuerpo y este estaba reaccionando. Sus manos acariciaban sus piernas que estaban como la gelatina al notar la cercanía de la chica a esa zona. No, por favor, no lo hagas, rogaba mentalmente Severus, detente ahora y aún me podre controlar. Al sentir sus manos rodeándolo pensó que ella pararía pero su lengua fue demasiado. ¿Cómo no reaccionar ante eso? Incluso aunque quisiera no podría. Su boca siguió y se perdió a lo largo de su longitud, explorando y lamiendo. Su respiración se hizo más pesada y su pecho se oprimía. Sentía fuego a cada pasada. Sin soportar un segundo más llevo su mano hasta la cabeza de ella, acariciándola y apresando su cabello.
Levanto su cabeza y la miro, ella le miraba aunque aún seguía ocupada satisfaciéndole, ¡Merlín! esos ojos, su mirada a pesar de la oscuridad reflejaba ese deseo. El mismo que había visto en otras ocasiones en sus ojos o el mismo que había sentido el horas antes en su salón. Temía que no le gustara y sin embargo al mirarla supo que estaba equivocado. Nunca se lo había pedido por ese temor a pesar de que fuera una faceta del sexo que le encantara. Ahora estaba disfrutándolo con ella y se sentía tan bien.
Su mano guiaba a la chica y le hacía saber lo que quería, ella lo hacía a la perfección, si sus manos no estaban acariciando su miembro estaban ocupadas en acariciar su torso o las piernas. Cualquier cosa que pudiera excitarle aún más, y lo conseguía. Acariciaba su pelo, la apretaba junto a él y su calidez le enviaba el mejor de los estímulos. Sus labios envolviéndolo y su lengua jugando y lamiendo, alternando el ritmo, desde uno lento saboreando todo hasta uno más rápido haciendo crecer más su erección.
-¡Joder!-dijo Severus cuando una de las veces chupo con más presión haciendo creerle que se derramaría en ese mismo momento.
Su mano ya no era suficiente y empujaba su cadera contra ella, levantaba su cabeza y cada vez que la miraba se excitaba mucho más. Si seguía así no aguantaría mucho tiempo más así, disfruto un poco más de esa sensación y la aparto de ahí con algo de fuerza tirando del pelo.
La miro y vio como limpiaba su boca con la mano.
-¿Te he despertado?-dijo ella con una sonrisa.
Sin soportarlo más la atrajo hacia él, se dio la vuelta y la dejo debajo mientras el retenía sus muñecas.
-Has despertado más cosas-contesto con la voz ronca él.
Devoro sus labios y se adentro en su boca, reclamando cada parte de ella. Cuando sus manos tocaron la tela del camisón sonrió con malicia y al instante tiro de el rasgándolo y dejándola sin nada, salvo sus braguitas. Ahora fue él quien se situó entre sus piernas y dejando la delicadeza a un lado se las quito en un abrir y cerrar de ojos. Arrodillado en la cama la atrajo hacia sí situándola encima de el. Sujeto su cadera y la embistió con fuerza ganándose un fuerte agarre en su espalda y un mordisco en su hombro. No le molestaba, al contrario, le gustaba. La abrazo y siguió meciéndola sobre él, haciéndolo cada vez con más fuerza mientras escuchaba sus gemidos mezclados con los suyos. De nuevo sentía ese fuego en su cuerpo, ese cosquilleo en su vientre, las ganas de no parar, de tenerla por siempre entre sus brazos. Lo que las otras no habían conseguido, despertar ese deseo y ansiedad por adentrar en ella y ser dueño de cada parte de su cuerpo y de su ser. Su boca recorría sus hombros, su cuello y su cara y sus manos la espalda por la que comenzaban a caer algunas gotas de sudor. Amasaba su trasero guiándolo en ese vaivén, haciendo que se moviera más.
Ella estaba abrazada a él, recorriendo su espalda y dejándose guiar, Severus notaba la ansiedad y la fuerza con la que acariciaba su piel, notaba como vibraba con cada embestida. Se separo un poco de él y guio una de sus manos hasta su cuello mientras que la otra acariciaba su torso descendiendo hasta llegar a su intimidad y comenzaba a acariciarla. Sin duda se había dado cuenta que el pronto llegaría y quería hacerlo junto a él. La miro unos segundos mientras volvía a adueñarse de su boca y apagaba sus gemidos en ella. Lo que no se podía evitar era el ya muy sonoro ruido de la cama, el chirrido de los muelles y la madera a cada movimiento que hacían. Pero en ese momento a ambos les daba igual ese ruido, lo único que ansiaban era sentirse el uno al otro.
En un impulso se abalanzo sobre ella dejando sus piernas en sus hombros y adentrándose todo lo que podía, cada vez más rápido y más fuerte. Perdía el control, sentía que sus manos se quedaban sin circulación de tanto apretar la almohada. De su boca solo salían graves gemidos pero cuando escucho como ella le incitaba a seguir más se atrevió a preguntar.
-¿Te gusta?-dijo junto a su oreja.
Al instante vio como ella asentía.
-He hecho una pregunta, y me gusta que me respondan-dijo mientras seguían haciéndolo y el cogía su cara guiándola hasta la suya para que le mirase-¿Te gusta?
-Si... ¡Joder Severus sabes que si!
Satisfecho sonrió.
-Una señorita como usted diciendo esas cosas tan sucias, tendré que emplearme a fondo.
Y lo hizo, nunca antes había disfrutado del sexo como ahora, le importaba muy poco si rompían esa cama o si ninguno de los dos salía de la cama mañana o en toda la semana. Siguió moviéndose incluso cuando sintió como su interior se apretaba y le envolvía con más calor. Los golpes del cabecero contra la pared indicaban la fiereza con la que ambos se expresaban. Esa pasión contenida durante todo el verano. No pudo más, con un ronco gemido exploto en su interior dejando su cuerpo paralizado.
Se sentía de gelatina, si en esos momentos tuviera que levantarse se caería, estaba seguro, pero no quería dejarla, no quería marcharse de su lado. Se quedo unos segundos en su interior, descansando apoyando su frente contra la suya y calmando sus latidos.
-Eres especial...para mí-dijo en un susurro el contra sus labios antes de besarlos y de besar su frente.
Rodo y se apoyo en su espalda llevándose consigo a ella, no quería distanciarse de su cuerpo, quería seguir sintiendo ese calor y que ella sintiera el suyo. Parecían piezas, encajaban a la perfección, sin errores. Perfecto. De nuevo esa sensación llenándole su pecho, era relajante, se sentía en paz, tranquilo y lleno. Solo ella lograba eso. Beso de nuevo su frente y se quedo dormido junto a ella. Esa noche había conocido lo que era el amor en esa casa.
Sus brazos se sentían tan bien, eran protectores, le encantaba sentirse así entre ellos. Por eso cuando se despertó esa mañana y seguía allí la sonrisa apareció y todo pareció más fácil. Severus no tardo en despertar y como ella lo hizo con una sonrisa a la que siguió un delicado beso y unas caricias por su cara. Sus cuerpos seguían unidos y sin arropar, no le importaba, solo estar junto a él.
-Buenos días-dijo él.
-Lo serán cuando me vuelvas a hacer sentir lo de anoche-no escondió su sonrisa y vio como el rostro de ese impasible hombre se iluminaba y le devolvía la sonrisa.
-Lo haré, y tú lo harás en mí. Pero antes es mejor desayunar.
Perezosamente dejo de agarrarle y se estiro en la cama. Sintió como si hubiera montado en escoba durante días y días. Gemidos de dolor se escapan y el reía aunque pudo escuchar como al levantarse también gimió. Seguro que estaba dolorido como ella. Era un salvaje pero le gustaba, no se iba a quejar por ello. Cogió la sabana y se cubrió, fue hacia la ventana y descorrió un poco las cortinas.
El cuarto ese día se veía mejor, no sabía cómo ni porque o quizás fuera porque acababa de despertarse de un humor increíble, pero hasta le gustaba ese cuarto. Sonrió ante lo absurdo de la idea y ni siquiera trato de impedir a Sidney que abriera más las cortinas. Le gustaba.
Dejo de pensar en ello y volvió a la realidad lentamente, tomo sus ropas y se vistió, alcanzo la varita y camino hasta ella, vestida con la sabana enroscada a su cuerpo, se veía tan preciosa.
-Si mal no recuerdo tienes algo que hacer-comento como quien no quiere la cosa Severus.
-¿La cama?-contesto ella.
-No, algo más importante.
-¿Ducharme?
Volvió a negar.
-Avisa a tu padrino-vio la cara de fastidio y dijo-Lo prometiste.
-Está bien ¿pero por qué no mejor después de desayunar?
Ella lo miraba tratando de ablandarlo pero él no iba a ceder de nuevo, derrotada asintió y Severus se encamino hacia la mesa de su cuarto donde saco pergamino, pluma y tinta.
-Ten, escribe el mensaje y luego puedes enviarlo con mi lechuza.
Salió del cuarto dejando a la joven espacio y privacidad para escribir y descendió las escaleras con una sonrisa, la primera vez que sonreía completamente feliz en esa casa. De buen humor entro en la cocina y se puso a preparar el desayuno.
"Remus, estoy bien, no te preocupes por mí. Te mando el mensaje para que nadie se preocupe. En unos días volveré a Hogwarts. Todo está bien, no pasa nada. Besos, Sidney"
Le parecía lo suficiente para avisar de que estaba bien y de sus planes. No tenia que avisar de donde estaba ni con quien. Ato el pergamino a la lechuza de Severus y partió de inmediato hacia su destino. Mientras tanto ella fue directa hacia el baño y comenzó una larga ducha para quitar todo el sudor que tenía acumulado.
Tras ducharse pudo ver su imagen en el espejo, a pesar de todo se sentía bien, feliz. Estaba junto a la persona que quería y esta le dijo anoche por primera vez algo más que palabras de deseo. "Eres especial...para mi" eso había dicho el. Se sentía muy bien, como si esas palabras la llenaran. Volvió al cuarto donde estaba su baúl y saco de el unos pantalones cortos y una camisa, se puso las zapatillas y dejo su pelo húmedo que se secara por sí solo. Bajo las escaleras y se dirigió hacia la cocina, con una sonrisa giró el pomo.
-Severus he estado pensando...
Mierda. ¿Por qué Severus no la había advertido de aquello? Agradecía no haber hablado más ni haber bajado a la cocina con la toalla o desnuda. Que Albus Dumbledore estuviera sentado en la cocina de la casa de Severus y la viese entrar ya era de por sí algo malo, hubiera sido peor si lo hubiera hecho ligera de ropa.
-Buenos días Señorita Potter-dijo inmediatamente el anciano director.
Reacciono lo más rápido que pudo y avanzo hasta quedar frente a el tendiéndole la mano.
-Director que sorpresa verle.
-Más sorpresa me llevo yo de verla aquí créame-contesto Dumbledore con un doble sentido que solo el comprendió.
Miro unos instantes a Severus, el cual había retomado su rol serio e impasible.
-¿Puede tomar asiento?-le indico el director señalando una silla frente a él-¿Me permites tutearte? No me gustan las formalidades-comento con una sonrisa.
-Claro Director-dijo ella tras sentarse frente a él.
-Albus, solo Albus ¿Qué te apetece desayunar?
Sin duda no creía que el director de Hogwarts hubiera venido a la casa de Severus para servirle el desayuno a ella, esto era demasiado raro, el estaba siendo demasiado amable, probablemente quiere algo, la cuestión es el qué.
-Un café por favor-contesto amablemente ella.
El anciano hizo aparecer tres tazas y en unos instantes Severus llego con la cafetera sirviendo las tazas.
Sidney miraba la escena sin decir nada, observaba a Severus tenso en su asiento en medio del director y ella. Dumbledore parecía relajado, eso la ponía más nerviosa. No se atrevía a hablar pero esperaba que alguien hablara de una vez.
-Me imagino que te estarás preguntando el motivo de mi visita-dijo de repente Albus.
-Sinceramente no creo que venir a preparar desayunos sea un pasatiempo que tenga-contesto ella con una sonrisa.
-No, lo cierto es que no-contesto el al comentario-Es un tema delicado la verdad. Tus padres me informaron de lo ocurrido.
Dejo la taza en la mesa provocando un fuerte ruido.
-Tranquila, no vengo a llevarte a la fuerza a ningún lado-la miro sobre sus gafas de media luna-Te lo aseguro.
-Puedo preguntarte ¿Cómo me has encontrado?
-La lechuza con la que le enviaste el mensaje a tu padrino, estaba reunido con él cuando llego con el mensaje y supe quien era su dueño. Supuse que estarías por tanto aquí.
Se relajo un poco más pero no pudo evitar seguir escuchándole con recelo.
-Me contaron su versión de los hechos de ese día y estoy terriblemente disgustado con el comportamiento de tu padre, no debió hacerlo. James esta devastado, al igual que Lily. Las personas cometen errores, somos humanos y no somos perfectos, tus padres te quieren, solo desean lo mejor para ti no tengas duda de ello. Sé como debes sentirte pero...
-¿Qué sabe cómo me siento? Que sabes cómo me siento dices Albus-repitió de nuevo lentamente mirándole con enfado-James y Lily Potter, aquellos que dicen ser mis padres solo se han dedicado a amargarme cada minuto de existencia, tanto en casa como en Hogwarts. Hasta ahora había tolerado todas sus estupideces porque a pesar de faltarme el respeto con ellas nunca habían traspasado la barrera. Pero esa noche lo hicieron, puede que el que me pegara fuera James pero Lily no hizo absolutamente nada, nada, por impedirlo. En ese momento perdieron el derecho a llamarme hija. Y tú, ¿pretendes venir aquí a decirme que ellos están arrepentidos y desconsolados? Albus, a otros con ese cuento porque yo ya he leído bastantes. ¡Sabrías como me siento si la persona que te dio la vida te abofeteara! ¡Sabrías como me siento cuando la persona que te dio la vida gritara en tu cara que se avergüenza de que lleves su sangre! ¡Sabrías como me siento cuando la única forma con la que se comunican contigo es a gritos! Entonces, y solo entonces, podrás decir que sabes cómo me siento.
No se dio cuenta hasta entonces cuanta rabia tenia acumulada en su interior, mientras dijo todo aquello se había levantado del asiento para inclinarse sobre la mesa y quedar frente a la cara del director. Prácticamente escupiendo con furia cada palabra. Que viniera aquí con esa hipocresía haciéndole creer todas esas cosas era lo último para colmar el vaso, por ahí no pasaba.
-Es cierto, no he pasado por ello. Pero sé muy bien lo que es que te partan el corazón. La situación con tus padres ha hecho eso en vosotros, en vuestra relación. Os ha separado, habéis llegado a un punto en que solo os comunicáis desde el rencor y eso es lo peor que podéis hacer. Tenéis el juicio nublado por la ira, diciendo cosas que realmente no sentís. Estoy seguro de que quieres a tus padres, como ellos te quieren a ti.
-Albus-lo corto de inmediato ella-Hemos conversado muchas veces sobre ello. Eres un excelente director de colegio, limítate a ello. La relación que yo tenga con esas personas no es de la incumbencia de nadie. En pocos meses habré terminado mis estudios, con suerte trabajaré en el ministerio, en cuanto salga de la escuela me llevaré todas mis cosas hacia otro lado y comenzaré con mi vida. Lejos de ellos.
Los hombres se quedaron en silencio, escuchando cada palabra que ella decía. La verdad es que desde que la relación comenzó a empeorar ese era el plan que tenia establecido para su vida, sin embargo el saber que ahora lo tendría que realizar si o si la hacía sentirse como al borde de un precipicio, pero ella tenía claro que no iba a volverse atrás.
-Permite que te diga algo-dijo tímidamente el anciano-En ese corazón ¿no hay espacio para todos los buenos momentos que has pasado junto a ellos? ¿Para todas las cosas buenas que han hecho y has hecho por ellos? ¿No hay espacio para tu hermano?
Se quedo callada, sabía que Dumbledore se caracterizaba por decir las cosas justas que en ese momento necesitaban oír las personas. Por encontrar la pieza que desarmaba la torre. La sabiduría junto con la experiencia de la vida eran una de las armas más poderosas que podía tener un hombre, empleada de un buen modo podían hacer cosas mayores que la magia.
-Yo sé que lo hay, confió en ti. Debajo de esa capa gélida se esconde una persona maravillosa, una persona que solo desea que la quieran tanto como quiere ella a los demás. Una persona que desea volver a los tiempos en los que todo era más sencillo. Estas a tiempo de ello. No te pido milagros, tan solo un simple favor, solo eso.
-¿Cual?-se atrevió a decir ella.
-Una conversación con ellos, solo eso, ni siquiera te estoy pidiendo una reconciliación, te lo aseguro-los tres volvieron a quedarse en silencio y unos minutos más tarde el director añadio-Despues de ella te prometo que te apoyaré decidas lo que decidas.
Resultaba una opción de lo más infernal y a la vez tentadora, como la mayoría de grandes ofertas. Todas con un lado bueno y a la vez uno malo. Sidney mentalmente ponía en una balanza los pros y los contras, aunque con la diferencia de que tenía la idea predispuesta de que esa conversación iría mal y que por lo tanto podría recibir el apoyo de Dumbledore tras ella. Quedaría bien aceptando la conversación y a la vez tendría asegurado sus planes. ¿Cuál era la parte mala? Volver a enfrentarse a ellos. Y eso era mucho.
-Está bien, hablaré con ellos-el anciano ya iba a sonreír cuando ella dijo-Con una condición-Albus asintió-Que me traten con respeto, en el momento en que no lo hagan se acabo.
-De acuerdo-dijo Albus.
Tras acordar la conversación quedaron en reunirse esa misma tarde en la casa de los Potter, donde por seguridad estaría presente el director. Para esa tarde había muchas expectativas, nadie sabía cuales se cumplirían y cuáles no. O si se cumpliría alguna.
Buenas! Actualización rápida =D jajaja. No estoy muy conforme con cómo me ha quedado la reunión entre ellos tres, no os extrañeis si lo mismo la cambio.
Buenos, gracias por la lectura como siempre y por los comentarios que animan muchisimo ^_^ He notado un odio general a Lucius (pobre hombre xD) jajaja.
Alexza como siempre mil gracias =) me alegro que te gustara el capítulo y la otra escena que meti en el anterior, espero que este te guste ;D
A mi comentarista de Brasil pues también gracias por los comentarios y espero que te guste este nuevo capítulo.
Sevsnap no desesperes con Lucius xD en este capítulo se han podido resarcir un poco ;D y como bien dices menos mal que ella no le escucho, pero esto no significa que las cosas queden ahi con el.
Parte para excusas mil xD, jajaja pues sólo decir que en la facultad ya estan agobiando con trabajos así que mi ritmo se vera mermado un poco por ello pero sacaré tiempo de debajo de las piedras aunque haga falta.
Por cierto ¿Cómo creeis o quereis que termine esa reunión entre ella y sus padres? Tengo una idea pero estoy abierta a opiniones.
Un saludo!
