Nada de lo que aparece aqui me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.

Advertencia: En este capítulo aparece una ligera violencia verbal (palabrotas).


Está cambiando

Se encontraba en el salón, sentado en el sillón, mirando hacia ningún punto en concreto. Lo único que estaba haciendo era pensar, pensar en todo aquello que iba a pasar o lo que no iba a pasar. ¡Era todo un caos! Algo le decía en su interior que esa reunión no iba a traer nada bueno, ni siquiera le tranquilizaba el hecho de que Dumbledore asistiera como mediador. Si el bastardo de James Potter ha sido capaz de levantar la mano a su hija no confiaba en que ni siquiera se contuviera ante el considerado como mejor mago de todos los tiempos. Severus Snape no estaba tranquilo, en absoluto. Estaba inconscientemente agarrado de los reposabrazos dando vueltas a todo lo que podría ocurrir en esa casa mientras esperaba a que ella bajara. Desde la conversación en el desayuno Sidney se aisló en su cuarto y solo bajo a comer, no cruzo palabra con él y volvió a subir al cuarto tras terminar. No presagiaba nada bueno. Ese silencio, la reclusión. Sentía lo mal que lo podía estar pasando y sin embargo no sabía cómo actuar, qué decir o qué hacer. Esto era tan angustioso como cuando tenía que esperar a Voldemort en alguna de sus reuniones.

Media hora antes de la hora acordada para reunirse Severus escucho pasos y se levanto automáticamente del sillón caminando hacia el pasillo. Sidney descendía las escaleras, se la veía muy insegura, la ropa muggle no ayudaba a darle ese toque de elegancia que ella tenía. Ahora tenía ante sí a una adolescente nerviosa, tímida y poco confiada. Cuando se planto frente a el Severus noto que mirarle a los ojos parecía ya un esfuerzo. Sin darle tiempo a hablar le dijo.

-Iré contigo.

Lo miro sorprendida pero con un tono de voz bajo le contesto.

-Eso ya lo sé Severus.

-Me refiero a la reunión, no solo a aparecerme contigo para dejarte en casa-su tono de voz era autoritario, parecía una orden de las que dictaba en clase.

-Severus yo...

-No te lo estoy pidiendo, iré contigo.

La chica agacho de nuevo la cabeza y en un susurro el pudo escuchar cómo le decía.

-¿Puedes acompañarme antes a un sitio?

-Claro.


Ambos salieron de casa, bastante distanciados, ella parecía meditativa y distante y el quería darle el espacio para relajarla. Seguía sus pasos, no sabía donde quería ir aunque pensaba que podría ser a visitar a su abuela. La cuestión es que no entendía el por qué, sin embargo no lo iba a cuestionar, estaría ahí para apoyarla. Las dudas se despejaron pronto cuando llegaron a un camino conocido para él. Atravesaba una calle y frente a ellos estaba el parque, ese parque. Sidney cruzo a paso lento y se adentro en el, Severus al contrario parecía clavado en esa acera, sin cruzar la calle. No entendía porque había querido venir aquí. Se fue acercando lentamente hasta donde estaba ella, apoyada frente a un árbol. Se situó a su espalda, lo único que se escuchaba eran las hojas meciéndose por el viento.

Sidney se giro tras unos segundos, tenía otra expresión, le desconcertaba como se veía. De repente su rostro se alzo mirando hacia el cielo poblado de nubes y dijo.

-Está cambiando.

El miro también y respondió.

-Si, lo está haciendo.

Lo que Severus desconocía era que ella no se refería al tiempo.

Le mostro su mano, esperando a que la aceptara para aparecerse y después de que ella la mirara con duda unos segundos la acepto.

-Voy a estar a tu lado-le dijo Severus mirándola a los ojos, ella asintió y le dio un suave beso en los labios antes de aparecerse.


No era una situación cómoda, en absoluto. No controlaba esta situación y el no tener control la desorientaba. Desde el desayuno se había encerrado en su cuarto pensando qué podía pasar en esa reunión y sobre todo qué hacer. No tenía previsto que acudiera Dumbledore y mucho menos Severus. Todo se complicaba. Estaba intranquila y eso la ayudaba para dar la sensación que ella quería dar. Dejo sus emociones de lado y recomponiendo su máscara camino junto a Severus por el camino en medio de ese césped que daba acceso a su casa. Frente a la puerta trato de trasmitirse seguridad, nada tenía por qué ir mal. Llamo a la puerta y espero.

No tuvieron que esperar mucho para que la puerta se abriera y por ella apareciera una ojerosa y afligida Lily Potter.

-¡Mi pequeña!-dijo angustiada antes de lanzarse a abrazar a su hija rompiendo a llorar.

Se quedo inmóvil aunque no pudo evitar que algunas lágrimas resbalaran por su rostro, su madre la decía cuanto la había echado de menos y cuanto lo sentía. Ni siquiera estaban dentro de casa, su madre no se había podido contener. Un carraspeo las hizo separarse y frente a ellas se encontraba Dumbledore.

-¡Qué bueno verla Sidney! Severus-saludo el anciano a ambos.

-Dumbledore-contesto él a modo de saludo.

-Hija entra-su madre estaba agarrándola de las manos haciendo que ella entrara, con sutileza se deshizo del agarre y entro al interior pasando directamente al salón.


Su corazón no pudo evitar bombear frenéticamente al ver a Lily, pero lo que más le angustiaba era verla en ese estado. Se veía tan triste. Severus no entendía como ella podía permitir semejante trato hacia su hija si tanto sufría luego por su ausencia. Recordó a su madre de inmediato. Ella también sufría, sin embargo le quería. Estar pensando hizo que Severus se dedicara simplemente a observar el abrazo entre madre e hija y a ver como esta última se metía en la casa. Lily miraba alternativamente hacia el director y hacia él, sin saber qué hacer.

-Si no es mucha molestia preferiría estar presente en la reunión.

No espero a que lo invitaran para pasar y cerrar tras él la puerta, no quería dar la oportunidad a que dijeran que no, quería estar si o si. No iba a permitir que pasara algo malo.

Dumbledore asintió y Lily se relajo, la mujer los guio hacia el salón. Mientras pasaba pudo ver algunas de las fotografías de la familia. Se veían tan felices, aparentaban ser la familia perfecta. Cualquiera que viera una foto de esas y no conociera la situación actual no creería que ellos habían terminado así. Teniendo que reunirse con personas de por medio para evitar enfrentamientos. De la felicidad al caos.

Entro al salón y rehusó a tomar asiento, quedándose alejado, cerca de una pared, contemplando lo que sucedía. Sidney estaba sentada en un sillón alejado, Dumbledore en el sofá, a su lado Lily conteniendo las lágrimas y por la puerta acababa de aparecer James Potter, cargando en sus brazos y entretenido jugando con su hijo con un peluche de un dragón. El muy infeliz iba sonriendo, sus miradas se cruzaron y ambos parecieron congelarse.

-¿Qué hace el aquí?-espeto James cambiando su sonriente cara por una gélida.

-Tranquilo James, el solo está aquí por mí. Vamos muchacho toma asiento.

-No quiero que nadie ajeno a mi familia y mucho menos él se entere de mis asuntos-contesto el castaño.

-Si te empeñaras en no destacar sea como sea, si actuaras como un hombre y no como un cobarde infeliz, el resto del mundo créeme que no nos enteraríamos de tus asuntos simplemente porque no nos importan-contesto lo más sereno que pudo Severus.

-¡Muchachos! Por favor no hemos venido a pelear-la mirada que Albus les lanzo acallo los comentarios.

James se sentó en el sofá y el silencio se apodero de la sala.

-Bueno, ya que ninguno se atreve a comenzar lo haré yo-dijo Albus-Sidney, Lily, James. Si estamos aquí reunidos es para que traten de resolver sus diferencias, de que comprendan como se siente la otra persona cuando les lanza insultos. Se trata de que sean sinceros y hablen con sus sentimientos sinceros, sin dejar que la rabia los enturbie.

-Sidney, cariño-dijo Lily limpiando las lágrimas de sus mejillas-Lo siento. Lamento todo lo ocurrido...no sabes todo lo que he sufrido estos días, sin saber dónde estabas, ni cómo estabas. Te queremos, te queremos, nunca haríamos nada para hacerte daño. Por favor, perdónanos. Vuelve con nosotros.

Estar frente a una Lily derrotada y sin hacer nada era el mismo infierno. Pero a la vez sentía dolor porque Sidney se encontraba también en ese estado. Sentía que si defendía a una estaba culpando a la otra, eso sí que era una tortura.

-No he venido aquí...a que me pidáis perdón-dijo con voz delicada Sidney-He venido solamente para que os deis cuenta de lo que paso ese día, y de todos los días anteriores.

-¿De qué estás hablando cielo?-pregunto Lily.

-Hablo del trato que me habéis dado durante años, hablo de que este ha ido empeorando año tras año hasta convertirse en esto.

-¿El trato que te hemos dado durante estos años?-repitió con sarcasmo James-¿De qué estás hablando? Nunca, jamás te ha faltado de nada, te hemos dado siempre todo lo que hemos podido y todo lo que tú has pedido. Has tenido la mejor ropa, las mejores escobas, comida, habitación. Parece que todo eso no influye en que tengas educación y seas agradecida con lo que nosotros te hemos dado.

-Se te olvida una cosa, me habéis dado todo lo material ¿pero hace cuanto que ninguno de vosotros se sienta a mi lado y me pregunta que tal estoy?-la sala se quedo en silencio, Lily y James se miraban entre sí y Albus intercambiaba miradas con Severus. El se sentía tan descolocado-El amor es algo que no he encontrado en esta casa, ni tengo ya la esperanza de hacerlo-nadie se atrevía a hablar-Parece que el gran James Potter se ha quedado sin habla.

-Cariño quizá tienes razón, pero comprenderás que los tiempos están cambiando, nuestras obligaciones han aumentado y el pequeño Harry...

-¡No me vengas con esa excusa!-Sidney se levanto del sillón y comenzó a caminar dando vueltas frente a la chimenea-¡No! No sé que los tiempos están cambiando, ni el número de responsabilidades que tenéis. ¿Sabes por qué? Porque ni tú ni tu marido me dicen absolutamente nada. Esto es una prisión, no un hogar y juro que no pienso sufrir más la estancia aquí.

Lily se puso a llorar silenciosamente mientras observaba a su hija, James se levanto dejando al crio en brazos de su madre y poniéndose frente a su hija.

-Conmigo puedes hacer lo que te dé la gana pero jamás consentiré que hagas llorar a tu madre ¿entendiste?

-¿Qué piensas hacer? ¿Mmm? ¿Pegarme? Eso es lo único que se te da bien, pegar a tu propia hija por decir las verdades. ¡Vamos, adelante! ¿A qué esperas?

-¡James!-vocifero Dumbledore levantándose de su asiento e interponiéndose entre ambos.

-¿Ves lo que tengo que soportar Albus? Esto es el infierno, no tengo una hija, lo que tengo es una muchacha insolente que viene a nuestra casa a gritarnos.

-Por favor James, sientate-respondio el anciano.

-Albus, ya sabes lo que acorde para venir a esta conversación, si no se controla me iré-dijo Sidney mirándolos mientras su voz temblorosa se rasgaba a cada palabra.

-¡Encima con condiciones! ¿Quién te crees que eres? ¿El ministro de magia? Niña estúpida y...

-¡James por favor!-le corto esta vez Lily.

-Acompáñame por favor-dijo Dumbledore al castaño mientras lo sacaba del salón y se iban fuera para tranquilizarle.

Mientras tanto en el salón se quedaban esas dos mujeres mirándose entre sí, Severus las observaba con el corazón en un puño. Se encontraba en el medio y miraba alternativamente a ambas. No sabía cual le daba más tristeza, se veían desoladas. No solo las separaba una mesa, las separaba todo un mundo. Ver como esas dos mujeres para las cuales quería la felicidad se encontraban así de distanciadas era la peor escena que podía presenciar.

-Severus...por favor-le dijo Sidney mirándolo amargamente-Solo un momento.

Comprendió el mensaje y aunque le costara mucho asintió y a paso lento dejo el salón dedicándole una última mirada a Lily, quien cruzo su mirada e hizo que su corazón se parara.


Sin Dumbledore y sin Severus, ahora era su oportunidad de dejar las cosas claras y desahogarse como había querido. Se cercioro de que ninguno de esos hombres estuviera cerca y el verdadero espectáculo comenzó.

-Me encanta tu papel de madre abnegada, triste y desolada. Déjame decirte una cosa, si realmente no fuera porque yo sé que eres así de estúpida y rastrera habría picado. Pero es que lo eres-chasco la lengua mientras se quitaba con asco las lágrimas que antes había dejado escapar.

-Cariño ¿qué estás diciendo?-respondió Lily.

-Hablo de que hoy solo he venido a deciros una cosa-se acerco hasta estar frente a ella, de pie mientras ella estaba sentada-Me dais asco. Me repugna volver a esta casa y todo lo que dije la noche que la abandone es cierto, lo siento en mi corazón. No quiero pertenecer a esta familia y me alegro de haber abandonado la casa. Cada día que me despierto y veo que no estoy encerrada aquí es un día feliz.

Lily la miraba boquiabierta, Sidney sabía que a cada palabra que añadía el corazón de su madre se rompía más, pero le daba igual. Lo único que hizo su madre fue cogerla de las manos.

-Cielo se que no es verdad. ¡Lo sé, no trates de engañarme! Nos quieres, quieres a Harry ¡Lo he visto en tus ojos!

-¿Yo? ¿Quereros?-aparto de un tirón el agarre de sus manos-Óyeme bien, lo único que puedo sentir por vosotros es odio, lastima y asco. Ese niño solo me inspira lástima, es otro que crecerá bajo vuestra estupidez. ¿Amor por Harry?-dijo con sarcasmo-Quedaos con él, quedaos con el niñito. Que él sea el que os soporte. Yo me voy, feliz, lejos de vuestra vista. Para siempre.

Una Lily rota y deshecha ante ella lo único que hacía era gritar, ella solamente respondía con una sonrisa ante su llanto. Miro a Harry quien la miraba con una sonrisa a la que ella no contesto, se dio la vuelta pero no se dio cuenta de la mesa y tropezó cayendo al suelo. Se llevo las manos a la cara por el golpe recibido contra el suelo. En ese instante Severus apareció en el salón y contemplo la escena.

-¿Estás bien?-dijo preocupado acercándose hasta ella y examinándola.

Sidney solo comenzó a llorar y se aferro a él.

-Tranquila, shhh-acaricio suavemente su cabeza mientras la consolaba-¿Lily qué diablos ha pasado? De tu marido podía esperármelo ¿pero de ti?

La voz con la que él hablaba tenía un tono de sorpresa y de reproche. ¿Qué había creído Severus que había pasado? Instantáneamente una luz se encendió en su cabeza y surgió la idea.

-Severus...yo...-su madre se levanto y trato de acercarse hasta ella.

-¡No me toques! Quiero irme de aquí, no quiero volver-contesto nerviosa Sidney.

Sidney se deshizo del abrazo de Severus y salió de su casa corriendo.


-¿Cómo has podido? Es tu hija-le dijo Severus frente a ella.

-¿De qué estás hablando?-respondió ella entre el llanto.

-Tú sabes bien por lo que yo pase de niño, estuviste a mi lado. ¿Cómo has podido hacer tú lo mismo?

-¡Severus yo no la he pegado si es lo que insinúas! Jamás sería capaz de eso.

-Claro, no impediste que eso cerdo la abofeteara hace un par de días y ahora esto.

-¿Severus? ¿Cómo puedes pensar eso de mí?

Lily lo miraba atónita y sorprendida, sin embargo el estaba molesto. Enfadado por haber puesto durante años a Lily en un pedestal, creyendo que era perfecta y sin embargo no lo era. Lo había demostrado y él lo había comprobado. Sentía rabia de quitarse la venda de los ojos que durante tantos años lo había cegado. Con decepción y tristeza la miro a los ojos y se marcho de ahí en busca de quien de verdad estaba sufriendo.

La encontró en el jardín, sola y llorando. Se acerco hasta ella y puso su mano en su hombro. Lo que de verdad quería hacer era estrecharla entre sus brazos, llevársela lejos de aquí, reconfortarla, hacerle sentir que todo había pasado y que no tendría que volver allí, que el se encargaría de todo. Pero seguían estando en presencia de ellos, y no podía hacer todo eso, lo único que podía hacer era trasmitirle todo su cariño mediante esos gestos.

-Estoy a tu lado ¿me oyes?-le dijo en voz baja Severus y ella asintió mientras llevaba una de sus manos hacia su hombro apoyándola junto a la mano de él.

Unos pasos se escucharon tras ellos y ambos se giraron, Dumbledore caminaba hasta donde se encontraban con rostro serio.

-Sidney, no podrías...

-Albus, no pienso entrar ahí-se fijo en cómo le costaba tragar saliva-Me pediste una conversación y la hemos tenido. ¡No puedo entrar ahí para que me pisoteen de nuevo! ¿Eso es lo que quieres acaso? ¿Quieres que entre y me deje pegar?-se arrodillo en el suelo-Vamos, diles a ambos que pueden salir y lanzarme maldiciones si es lo que quieren-y tal y como se temía empezó a llorar-No puedo más.

Severus la ayudo a levantarse y trato de contenerse para no apaciguarla.

-Te espero en Hogwarts, espero que para la cena ya estés instalada-dijo seriamente y cabizbajo el director, se giro y volvió a meterse en casa.

Los dejo a ambos mirando hacia esa puerta sin saber qué hacer, instantes después se escucharon los gritos de Lily y la puerta se abrió saliendo por ella la pelirroja hecha un mar de lágrimas mientras se acercaba hasta ellos.

-Severus...-dijo solamente Sidney pidiéndole partir.

La miro a los ojos viendo la tristeza en ellos y la tomo de las manos para desaparecerse, antes de que lo hicieran el escucho otra petición.

-Severus por favor-pidió Lily casi implorando, giro su cabeza para verla y sintió una opresión en su pecho, segundos después sintió el tirón de su estomago provocado por la aparición. Había tomado una decisión.


De nuevo en la hilandera, en el salón. Lejos de toda la tensión vivida pero sin poder quitarse esa sensación que había invadido su cuerpo. Se alejo de el sintiéndose sucia y corrió escaleras arriba para encerrarse en el cuarto y tumbarse en la cama. No quería pensar, no quería revivir lo ocurrido. Sentía que esta vez sí, había roto todo lo que la rodeaba. Había plantado cara y se había desahogado todo lo que quería, pero para ello había tenido que adoptar esa faceta cruel. Había mentido a Severus, lo había hecho. Le había dejado creer algo que no era cierto. La culpa le oprimía el pecho y el estomago, se sentía despiadada. El no merecía eso, pero lo había hecho. Su juicio sobre el bien y el mal, la razón, su conciencia, todo le pesaba. Lo había hecho y ahora no iba a dar marcha atrás, por muy culpable que se sintiera.


Se quedo preocupado cuando ella le dejo solo en el salón, su primer instinto fue ir tras ella pero después pensó en lo que él hacia cuando sentía algo parecido. También se encerraba, quería estar solo y que nadie le molestara. Lo pensó mejor y la dejo que se relajara sin agobiarla, ella tenía ahora que asimilar todo y tranquilizarse, después el la demostraría que estaría ahí para ayudarla.


Tras varias horas se decidió a subir, Dumbledore había dicho que tendría que estar en el castillo, con lo cual no aceptaba que ella estuviera un día más en casa junto a él. Con mucho pesar tenía que aceptar la orden, llevarla al castillo y dejarla allí, sola, hasta que las clases comenzaran. Eso era lo peor que podían hacerla, Dumbledore no parecía sensato con esa decisión, pero no podía hacer nada al respecto. Cuando entro a la habitación se la encontró dormida, su cara estaba pálida e hinchada, sin contenerlo paso su mano por ella.

-Todo saldrá bien, estaré ahí-susurro Severus.

Cogió su varita y empaqueto todas sus cosas, las envió directamente a su habitación en el castillo y con mucho cuidado la cogió entre sus brazos. Se removió algo inquieta pero se aferro a él, poso sus labios en su frente, cerró los ojos y aparecieron frente a las verjas del castillo.

El propio Dumbledore los fue a buscar para que pudieran entrar cuando Severus envió su patronus al director avisándole. Se encargo de llevarla a su cuarto y la dejo sobre la cama, arropándola y deseando que los días pasaran rápido para que ella no estuviera sola. Hizo aparecer un trozo de pergamino, pluma y tinta y escribió un sencillo mensaje dejándolo a su lado antes de marcharse de allí. Cuando termino de escribir puso el trozo de pergamino junto a la almohada y beso una de sus manos con ternura, la dejo descansar y se marcho de allí dirigiéndose al despacho de Albus.


-¿Estás seguro de que es la mejor decisión?

-Severus, confía en mí. No hay mejor opción que esta, ella estará bien aquí, tan solo son unos días. Luego volverá a la normalidad, las clases, sus amigos, todo volverá.

-Siempre he confiado en sus decisiones, sin embargo en cuanto a ella se han tratado lo único que han provocado es daño ¿Acaso no ha visto lo de hoy?

Dumbledore resoplo agotado recostándose en el respaldo de la silla.

-Hijo, trato de hacer siempre lo mejor para todos.

-A veces por defender lo mejor para todos se olvida que destroza a las personas.

Severus se marcho del despacho enfadado, ya no sabía lo que pensar y estaba cansado de acatar siempre las decisiones de Albus.


Acababa de salir de la ducha, se sentía más reconfortada y por lo menos más tranquila. Volvió a su habitación pensando que de nuevo estaba en Hogwarts, al menos lejos de ellos, triste lejos de él. Se sentó en la cama sosteniendo de nuevo el pergamino que le había dejado y ella descubrió al despertarse.

"Siempre a tu lado"

-Siempre a tu lado-respondió ella en la soledad de la habitación imaginando que él pudiera escucharla.

Se llevo el pergamino a su corazón, abrazándose a él, cerrando los ojos e imaginando que todo pasaría, que el estaría apoyándola y que solo tenía que esperar unos días para volver a verle, el estaría ahí.


Buenas! Aquí estoy con un nuevo capítulo =) Creo que de los más difíciles que he escrito la verdad porque tiene que percibirse una cosa que es la fundamental para esta segunda parte porque es en lo que se va a basar. Espero haberlo conseguido. No quiero comentar mucho más del capítulo porque espero a que me lo digaís vosotras para ver si lo habeis captado ^_^ Solo deciros que mientras lo estaba haciendo estaba escuchando "The day that never comes" de Metallica (esa banda que inspira mi vida =P) Así que os recomiendo escucharla.

Gracias por la lectura a todos y por sus comentarios a mi lectora de Brasil y a Alexza =D

Un saludo!