38. Superando expectativas
- No, no, no y no – Se quejó con vehemencia Merlín – Sabéis que las respiraciones deben ser profundas, desde el fondo de vuestro ser hasta la garganta y expulsando el aire despacio, no en un bufido ¿Se puede saber qué os pasa?
- Pues que estoy harta de estar calada hasta los huesos mientras estoy sentada en una húmeda y fría piedra, que está dejando mi trasero más duro que ella misma – Soltó Hermione de mal humor
- Ya os dije que solucionarais el problema de las inclemencias – Recriminó el anciano – No por nada tienes al lado a la Guardiana de Hufflepuff, con el Poder de la Llama, y aún es más sangrante que seas tú quien tenga el Poder del Viento y no hagas nada para que tu trasero y tu cabezota estén calentitos, jovencita
- ¡Claro, cómo es tan fácil! De un soplido hago que desaparezca el viento del norte y deje de llover, y de otro soplido, Ginny aviva la roca para que mi "trasero" esté caliente ¿Me dices también cómo ablandar la piedra para que sea más mullida?
- Ironías las mínimas, querida, además no me parece mal que pruebes con soplidos ¿Qué es el viento sino un gran soplido? Jajaja – Merlín se rió de lo lindo por su propia metáfora, eso sí, lo hizo solo porque a Hermione no le hizo ni pizca de gracia - ¿Ves que yo esté mojado? no, pues tú deberías estar en mi misma situación
Hermione se quedó atónita, era cierto. Estaba tan cansada por llevar toda la tarde allí entrenando con la Magia Antigua, recitando sin cesar conjuros larguísimos que luego hacían cualquier nimiedad pero que su fuerza y perdurabilidad eran impresionantes, que no se había dado cuenta de semejante detalle. Merlín, al saber que esos ejercicios las dejaban completamente agotadas, terminaba la jornada siempre con unas relajaciones. Así que después de tres horas de arduo trabajo, de calarse por la incesante lluvia fina pero multitudinaria, a la que Sunny llamaba sabiamente "calabobos", se encontraban frente a su tutor, totalmente seco y de un humor envidiable. En un acto reflejo Hermione se levantó y se puso al lado del mago. Su asombro fue mayor al comprobar que a su lado no llovía, mientras que desde allí veía como Ginny seguía mojándose en silencio, con la mirada perdida y sin prestar la más mínima atención a su particular discusión.
- ¿Y no me vas a decir cómo logras permanecer seco y caliente bajo un día como el de hoy?
- Ya te he dicho, Hermione, que el tema de las inclemencias debéis solucionarlo vosotras
- ¡Merlín! ¿Cómo lo has hecho? – Inquirió la joven
- Es que a mí la lluvia me respeta
- ¡Sí, ya! Menos misterios, que te tengo calado – Si a Hermione le hubiesen dicho a los once años que le hablaría así a Merlín, se hubiese reído del que soltase semejante blasfemia. Pero es que el comportamiento de Merlín desde que había llegado le crispaba, porque se comportaba como un crío en batalla contra Sunny y las tenían a ellas como rehenes, todo para ver quién era mejor tutor para ellas. Así que las exigían hasta la saciedad, exprimiéndolas al máximo, hasta quedar exhaustas en la cama, sin ganas de abrir la boca para una charla tranquila o sin que su mente tuviese el tiempo suficiente para crear una ensoñación, porque al minuto de arroparse, ambas dormían como bebés hasta la mañana siguiente
- Ya te digo que yo no me mojo, aunque veo que tú sí – Merlín le aplastó aún más el pelo mojado contra la cara. Sus dedos nudosos, arrugados y extremadamente largos le pasaban acariciando por la cabeza a la vez que el mago se reía
- ¡Qué simpático! – Hermione se apartó de mala gana por la tomadura de pelo y se dirigió de nuevo a su sitio – Ginny, si fueses tan amable de calentarme la piedra de un soplido, te estaría eternamente agradecida
La pelirroja miró un instante antes de entender que se dirigía a ella, su cara mostraba absoluta incomprensión por la conducta irónica de su amiga. Para ella sólo habían sido dos sombras emitiendo ruidos. Consiguió irse lejos con su mente y sus sentidos, aprovechar esos escasos momentos para concentrarse en sentir a Harry. Ahora le era mucho más fácil, seguramente porque volvía a tener puesto, cerca de su corazón, el colgante de estrella que le regaló. Harry se lo había quitado tras la batalla de La Madriguera y ella sabía porqué, así le era más sencillo hundirse en su pena, adentrarse en el oscuro mundo de los recuerdos y los reproches sin que a ella le pudiese afectar ¡Qué equivocado estaba! Después llegó el verano con Emy y todo cambió, ni siquiera ella se había acordado de pedirle que volviese a colgar en su cuello el talismán, ese que Helga Hufflepuff había intensificado con su magia. Sentirle mejor era prueba de que su primera vez era tan cierta como una noche con estrellas. Los mechones de pelo le chorreaban por la cara y por la ropa, sin embargo sus mejillas estaban encendidas como si se hallase cerca de una buena chimenea. Las gotas pasaban por su rostro para hacer de lupa a sus pecas y sus ojos brillaban con tal intensidad que cualquiera hubiese dicho que en ellos se escondían lingotes de oro bañados en miel pura. Nada parecía apagar semejante fulgor en la pelirroja, nada desde hacía dos semanas le hacía disminuir esa viveza que asomaba a su cara y de la cual Hermione insistía en saber el secreto. Ni el cansancio, ni los duelos, las meditaciones o las relajaciones acababan con ella. No lo perdía cuando se hundía entre los múltiples libros que tenía que estudiar, o entre la infinidad de los que tenía que mirar por su investigación para su misión, porque había algo oculto, algo que aún no había hallado pero que el corazón le decía que debía seguir buscando. Pero sobre todo, el amor que se habían profesado el uno al otro, en aquel dulce sueño, había borrado las pesadillas y tormentos que le azotaban al recordar su experiencia con Malfoy. Ese problema se había esfumado, dejando sólo un leve sabor agrio que estaba dispuesta a quitar definitivamente frente al culpable. No sabía cuándo o dónde pero sabía que tendría la oportunidad de hacerlo, lo presentía y su experiencia en ese campo, ya le hacía tener la absoluta certeza de que iba a ocurrir.
- ¿Te encuentras bien? – Hermione le tocó la frente y notó como ésta ardía - ¡Tienes fiebre! ¿Ves? ha cogido una pulmonía por estar empapada
- Me encuentro perfectamente, tranquila – Contestó Ginny con dulzor en la voz – Eres tú la que no parece estar bien, deja que caliente la piedra
- Como si pudieras... – Hermione fue abriendo los ojos todo lo que le daban para ello, pues delante de sus narices estaba presenciando como su mejor amiga, soplándole a la piedra, le arrancaba la humedad en forma de vaho, como si la mismísima roca entrara en ebullición
- Te dije que soplando se solucionaría – Se burló Merlín
- Espero no haberlo dejado muy caliente – Dijo Ginny indicándole con la mano que se sentara, lo cual Hermione hizo con algo de cuidado
- No, está perfecto – Contestó ésta mirando primero a la piedra, luego a Ginny y por último al cielo, mientras las miles de gotitas seguían mojándole la cara. Como si de formular un deseo se tratara, comenzó a soplar dibujando con el movimiento de su cabeza una cúpula que les tapara a todos y a medida que lo iba haciendo, las gotas diminutas iban salpicando al chocar contra... absolutamente nada. No es que hubiese un muro de cristal, o una nube los protegiese, es que había creado una corriente de aire cálido que les aislaba de la lluvia y les dejaba bajo ella con una agradable sensación de calor. Hermione observaba atónita su obra mientras que Merlín y Ginny sonreían – Lo he hecho, lo he hecho
- Sólo debías creer que eres capaz – Merlín pasó de nuevo sus largas manos por la cabeza de Hermione convirtiendo su pelo mojado en uno perfectamente seco y arremolinado – Mira si soy bueno, que voy a poner debajo de tu trasero un poco de hojarasca para que no esté tan duro
- Gracias – No terminó de agradecerlo cuando ya lo sentía debajo de ella
- Y ahora no hay nada que no nos permita realizar una buena relajación – Merlín tomó asiento junto a ellas y comenzó de nuevo la sesión – Respiramos profundamente... otra vez... otra vez... sentimos nuestro cuerpo caer... vaciamos nuestra mente y nos sumergimos en el fabuloso mundo del relax...
La discusión se podía oír desde la cocina pero Hermione y Ginny tenían cosas mejores que hacer que prestar atención a las continuas replicas de Merlín y de Sunny. Su día libre lo dedicaban casi por entero a la maravillosa labor de vaguear, de hablar de sus cosas, de ver películas, de dar paseos tranquilos, que ahora serían con o sin lluvia, y con o sin frío, eso sí, sin abusar, siempre sin abusar de la magia, como ambos tutores repetían en incontables ocasiones.
- Seguro que se lía con Parvati... siempre le miraba con ganas
- No diga tonterías ¿quieres?
Comían unos bocadillos que habían preparado con esmero, era una de sus actividades favoritas allí, investigar nuevos platos culinarios. Aquel domingo, día en que se esforzaban en ello, la especialidad de la casa consistía en bocadillo de pollo, con cebolla, champiñones y queso brie, todo calentito y bien tostado en el horno. Por supuesto, lo acompañaban con una suculenta ración de patatas bravas, que hacían que saliese humo por su boca.
- ¿Crees que a alguien se le haya ocurrido este bocadillo? – Preguntó Ginny por si colaba
- No quiero que cambies de tema – Gruñó Hermione – Tu hermano terminará con esa pellejo y será culpa mía
- Vamos, no digas eso, además Parvati está con Seamus
- Fuiste precisamente tú quien me dijo que no les quedaba ni un mes juntos ¡Y eso fue en junio!
- ¡Ah, sí! – Disimuló Ginny
- No te hagas la tonta
- Y tú no seas paranoica
- ¿Paranoica? – Exclamó elevando la voz con enfado para luego bajar los hombros en señal de derrota – Tienes razón, me he convertido en una paranoica
- Y una exagerada – Añadió Ginny ya pensando en lo siguiente que agregaría a la lista
- Lo que no entiendo es desde cuándo tienes tú ese aplomo, se supone que era mi cualidad y no la tuya – Dijo enfadada de nuevo Hermione – Yo soy la razón y tú el corazón
- Quizás es que al estar con el corazón, la razón se ha quedo rezagada – La pelirroja metió un bocado enorme al bocadillo y se le hizo complicando masticar
- ¡O sea que es culpa tuya!
- ¡Lo que me faltaba por oír! – Intentó decir con la boca llena - Ahora la culpa la tengo yo
- No me hagas caso, es no sé si te lo he dicho pero... ¡Hecho tanto de menos a Ron!
- No, no me lo habías dicho – Dijo Ginny con sorna por ser la frase que oía alrededor de veinte veces al día
- ¡Qué cuajo tienes! Tú búrlate, aún me pregunto por qué tú pareces tan campante ¿Es que no les echas de menos? – La indignación de Hermione era evidente, aunque venía un tanto por la envidia
- Tanto que duele – Soltó en un suspiro Ginny
- ¿Entonces?
- ¿Qué? ¿Quieres que pase el día llorando por las esquinas y lamentándome?
- Como hago yo, quieres decir – Hermione se hundió en la silla dejando el bocadillo tirado en la mesa, se le había quitado el apetito
- Mione, no, no era un reproche – Se disculpó su amiga
- Pero es cierto y... no... no lo puedo evitar. A veces creo que he perdido la capacidad de razonar
- Eso sí que es un cumplido para mi hermano – Ginny se puso en pie y la abrazó por detrás dándole besos en el pelo - Sólo te está costando, nada más, el tiempo nos hará soportarlo mejor, ya verás
- ¿Y cómo? porque yo no puedo quitarme de la cabeza que fui tan estúpida de pedirle a Ron que se buscara a otra, alguien que le quisiera y le entendiera, y ahora me como las entrañas por pensar que pueda haberme hecho caso
- Mi hermano no se irá con nadie y menos con Parvati, nunca le gustó, de hecho creo que sólo le gustas tú. Los Weasley somos así, cuando nos enamoramos estamos perdidos
- Pues no lo dirás por los gemelos, que menuda lista de conquistas creo que han tenido
- Bueno, es que aún no han encontrado las chicas ideales y no me extraña, las pobres tendrán que pasar por los múltiples inventos y bromas suyas, así que, como mucho, las valientes se marchan a la tercera jugarreta – Ginny se rió sólo de pensarlo
- Quizás Ron encuentre a alguien mucho mejor que yo, las hay a miles
- ¡A millones! – La pelirroja se sentó a su lado de nuevo
- Gracias por tu apoyo, Ginny
- El problema no es que existan millones de mujeres iguales o mejores que tú, el tema es que para mi hermano eres la mejor, la única – Ginny sonrió - ¡Parece mentira que no lo sepas!
- ¡Oh! Eso sí que te lo agradezco – Contestó con emoción la aludida
- Es la verdad
- Al menos sabemos que Harry te esperará
- ¿Lo crees? – Preguntó la pelirroja con más brillo en sus ojos
- Totalmente convencida – Hermione clavó la mirada en su mejor amiga - ¿Qué es eso de que te despertaste por añoranza?
- ¿Otra vez con lo mismo? – Ginny puso cara de aburrimiento
- Sí – Mientras que Hermione puso cara de súplica
- Está bien... soñé con él – Confesó Ginny
- ¿De verdad? Yo caigo rendida y no sueño ¿Y qué soñaste?
- Que... nos encontrábamos de nuevo en el bosque
- ¡Qué bonito!
- Sí... ha sido precioso, el mejor sueño de mi vida – Ginny no pudo evitar que una lágrima cayera por su rostro
- ¡Oh, Cariño! ¡No llores! – Hermione se fue hacia ella y la abrazó - ¿Ves? he perdido la capacidad de razonar, seré tonta, te he hecho flaquear
- No te preocupes, ya se me pasa, sé que debo ser fuerte, tengo motivos para serlo, y también quiero que lo seas tú, tenemos cosas muy importantes que hacer
- Sí, las tenemos, nuestras misiones son fundamentales, además tenemos los mejores maestros, no deberíamos quejarnos, somos unas privilegiadas – Hermione oía sus palabras y sabía que en el fondo eran huecas, todo eso estaba muy bien pero sin Ron a su lado, las cosas carecían de menor sentido - ¿Te diste cuenta de lo que somos capaces de hacer con un soplido?
- Así me gusta verte – Ginny entendió que había demasiado aire en esa afirmación pero algo era algo, aunque sólo fuese decirlo, sabía que Hermione podría comenzar a creerlo, a enfocarlo y amainar por tanto el dolor de la añoranza - ¿Te imaginas lo que seremos capaces de hacer con un poco más de tiempo?
- No, me asusta pensar a dónde podemos llegar ¿Esto será legal?
- ¿Legal? ¡Hermione! – Ginny soltó una sonora carcajada bajo el sonrojo de su amiga – No digas tonterías. Ahora termínate el bocadillo, nos toca peli, debemos aprovechar los descansos de los domingos, porque esto cada vez se pone más agotador
- ¡Ni que lo digas! Pero se te olvida que esos dos están en el salón discutiendo...
La puerta batiente de la cocina se abrió de golpe y por ella apareció Merlín, con cara de pocos amigos. No había abierto del todo cuando volvió a cerrar de un portazo. Menos mal que la abuela Sunny era un fantasma, porque de no haber sido así, le hubiese aplastado la nariz contra la madera y se le hubiesen saltado alguno de los pocos dientes que le quedaran. Por supuesto, eso terminó de crispar a la anciana, que no hacía nada para disimularlo, de hecho las chicas vieron por primera vez que su color gris habitual, se volvía un tanto anaranjado. Merlín, con todo el aire pomposo que se pudo dar, se fue a sentar en una de las sillas de la cocina que estaban alrededor de la mesa y si no hubiese llevado la barbilla tan alta, hubiese podido observar que en ella, sorprendentemente, descansaba un cuerpo espín. Fue tal el salto que metió, acompañado con un gracioso grito, que tanto Hermione como Ginny, no pudieron esconder la carcajada.
- ¡Maldita bruja!
- ¿Yo? – Se rió Sunny – Si sólo soy un vestigio gris que pulula por la casa
No hacía falta que nadie les explicara que le estaba echando un comentario en cara. De inmediato se desató una nueva bronca entre ellos, de la que entendían palabras sueltas como: paramecio, resentida, viejo enclenque, alcahueta, perturbado, chismosa... A Hermione se le estaba acabando la paciencia por momentos, así que de un solo grito les calló a ambos.
- ¡BATA YA! – Y se hizo el silencio en la cocina - ¿Qué clase de conducta es esta? Parecéis dos críos pequeños a los que jamás se le enseñó ningún tipo de comportamiento ¿No os avergüenza vuestra actitud infantil y salvaje? ¿No os dais cuenta que estas no son formas de mostraos ante nosotras?
- Lo que no pienso tolerar es que no se me respete en mi propia casa – Dijo tajante Sunny – Este individuo se piensa que por haber conservado el cuerpo es mejor que yo, y de eso nada de nada ¡Se le ha subido la fama a la cabeza! ¡Cómo me gustaría que la gente supiese que en verdad eres un vago y un egoísta!
- Te pica que a la gente le importe un bledo quién seas tú en verdad
- ¡AHHHHH! – Gritó Sunny – Me debes un respeto. Ha sido mi familia la que te ha sacado de esa jaula en la que estabas metido ¡Cómo venero a la bruja que te encerró!
- ¡Ni la mientes! ¡Y yo no le debo nada a tu familia!
- ¿Cómo que no? Emily te sacó de tu cárcel de cristal y te dio un cuerpo en el que vivir
- Yo ya tenía mi cuerpo
- ¡Oh, sí! Hecho una auténtica porquería. Absorbiste la energía de mi nieta como una sabandija y así es como nos pagas, tratándome a mí como si yo fuese un despojo, un lastre, menospreciando mi labor, mi cuidado hacia mi familia, metiéndote con mis métodos y encima desdeñando a mi sexo
- Porque sois unas cotillas, siempre queriéndolo saber todo para chismorrear, para juzgar sin parar
- ¡Yo no vigilo a mis chicos para chismorrear! – Chilló Sunny – Que en tus tiempos tuvieseis sometidas a las mujeres, que no las dejaseis hacer nada más que hablar entre ellas, no te da derecho a comerte años de evolución social, aunque claro, tú es que eres prehistórico, un vetusto viejo mental, que no entiende del conocimiento humano global, sino del suyo propio encima de las heces de unos hastíos animales del bosque ¡Qué gran sabiduría!
- Por eso estáis las mujeres mejor en un corrillo cerrado, metidas en casa, porque cuando soltáis la lengua sois venenosas ¡Ojalá te muerdas para anestesiarte un rato y dejarme en paz!
- ¡BATA YA! – Gritaron las dos jóvenes para callar los chillidos de ambos
- Nosotras necesitamos un entorno más calmado, porque ya estamos de los nervios como para que vosotros aún nos pongáis peor – Dijo Hermione enfadada
- Estropeáis nuestra estancia aquí con absurdas riñas de tiempos pasados, demostrando que los dos sois unos resentidos y que ambos necesitáis un buen tirón de orejas – Siguió Ginny igual de cabreada
- Ambas estábamos muy orgullosas de que seáis vosotros quienes nos instruyan ¡No lo jorobéis! – Riñó Hermione
- Todos los que vivimos en esta casa, incluida Anjana y José, estamos hasta las narices de vuestro comportamiento, así que hemos decidido que solucionaremos este asunto con diálogo, con una conversación civilizada entre todos – Ginny se sacó de la manga a Anjana y a José pero estaba segura que también lo pensaban
- Y eso es lo que haremos ahora mismo... jorobando así nuestra tranquila tarde de domingo. En primer lugar quiero que nos expliquéis qué significa eso de que vigiláis a la familia
Hermione no había dejado pasar ese detalle, quizás pudiese ella también vigilar a cierto pelirrojo, bueno, más que vigilarlo, verlo, sólo verlo. Merlín abrió un poco los ojos, nada perceptible y antes de que pudiese idear algo para salir de aquella situación, Sunny estalló en una sonora bronca contra el anciano mago, echándole la culpa de la situación en la que se encontraban ahora y de la que ya podía dar él una explicación, pues ella no iba a abrir la boca.
- Si no te pasaras el día escupiendo lo primero que se te viene a la cabeza, no tendría que explicar ahora nada de esto – Recriminó Merlín con el mayor tono ofensivo que pudo
- ¿Qué no habéis entendido de "basta ya"? – Ginny se mostraba tremendamente enojada – Aburrís hasta las piedras. Si queréis explicarnos eso pues vale y sino pues...
- No, no, yo quiero que lo expliquen – Aseguró Hermione
Sunny hizo un gesto de afirmación en su postura, no sería ella quien hablase de los motivos y del modo en que vigilaba a su nieta y su biznieto. Merlín endureció sus facciones, luego se cruzó de brazos y comenzó a hablar, más bien a narrar lo que parecía una historia interesante.
- Hace muchos, muchos años, en las altas y verdes tierras del norte del país, descendió del cielo una bola de fuego que al caer arrasó todo un poblado. Antiguamente las comunidades eran mixtas, pues los magos eran mayoritariamente respetados. De aquel municipio sólo sobrevivieron cinco jóvenes magos. Después de rendir luto a su pueblo, idearon una expedición para investigar lo que había acabado con sus familiares y amigos, y así llegaron hasta la piedra de fuego
Merlín ya había captado la completa atención de Hermione y Ginny, e incluso se podía ver a Sunny algo más relajada. Fue así como comenzó a contar una historia que para las dos chicas tendría una relevancia crucial, descubriendo detalles antiguos que explicaban situaciones actuales. No echaron de menos ver una película o que contestaran directamente a la pregunta de Hermione, se dejaron llevar por el susurro de las palabras bien dichas, por el armonioso baile de Merlín entre ellas y por sus expresiones de tragicomedia antigua hasta colarse en una leyenda tan magnífica, que ni notaron que sus cuerpos se movían y cambiaban de estancia, incitados por las largas y grandes manos del anciano, para postrarse a descansar en los mullidos sofás del salón.
La lluvia fina e incesante volvía a hacer acto de presencia pero dentro de la casa el calor arriaba, abrigando a los habitantes, dejándoles confortablemente en sus cómodos asientos sin interrumpir, pues parecía que el mismo aire escucha la voz grave, firme, envolvente y enigmática de quien hablaba.
