Nada de lo que aparece aquí me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.

Advertencia: letra en cursiva para recuerdo o flashback.


La reunión-Segunda parte

Bastante desconcertado, así es como Severus abandono la sala de profesores horas después de la reunión con el resto de compañeros. La conversación con Albus se alargo hasta pasada la medianoche. Al principio creía entender la idea que tenía en mente el director pero conforme le preguntaba más y más cosas Severus simplemente se sorprendía y sus hipótesis se desvanecían. ¿Qué estaba tratando de averiguar el anciano? Le había preguntado por sus alumnos, el pensó de inmediato que se trataba porque los consideraba responsables de las últimas agresiones en el castillo, y en el fondo no andaba desencaminado. Pero en cuanto se centro en el grupo de Crouch y en especial en saber todo lo relevante a él fue cuando comenzó a perderse. ¿Que tenía que ver todo lo que Dumbledore había dicho hasta ahora? ¿Por qué estaba relacionando a los Slytherin con eso? ¿Para que necesitaba Dumbledore su apoyo y consejo? Ninguna de esas preguntas que rondaban su mente habían tenido respuesta esa noche, ni siquiera le hizo falta mencionarlas puesto que el director se adelanto diciéndole que no preguntara nada por ahora, que lo sabría en su momento. Como siempre Dumbledore y sus momentos, ese viejo anciano y su manía de hacer esperar a la gente. Lo único que tenía que hacer por ahora era esperar, esperar y hacer lo que el director le había pedido por ahora, observar.


Ese fin de semana termino agotada o mejor dicho, extenuada. Los trabajos que le habían mandado los profesores habían ocupado la mayor parte de tiempo del que disponía. Las noches parecían ahora el refugio perfecto para terminar con todo lo que no podía hacer de día, con lo cual el nivel de ojeras que tenía se vio considerablemente aumentado. Las jaquecas ahora eran constantes y muy punzantes, eso hacía que su mal carácter estallara en cualquier momento, era una situación bastante insoportable. Ni siquiera sus amigas se libraban de la cólera que estallaba cada vez que alguien a su alrededor hacia algo que enfadaba a Sidney. Lo peor de todo fueron las pruebas de selección para el equipo. Pensaba que sería el rato perfecto para descansar, sin libros, ni pergaminos, tan solo tendría que observar y decidir. Nada más lejos de la realidad.

Aún podía recordar la pelea que tuvo en el campo de quidditch con el equipo de Ravenclaw, quienes habían usurpado el campo a pesar de que los Gryffindor tenían autorización. Grito enfurecida haciendo que la jaqueca regresara con fuerza y golpeara su cabeza a cada milímetro. Cuando por fin consiguió tener el campo para ellos se tuvo que enfrentar a un panorama pésimo. Las gradas estaban bastante llenas de estudiantes de primeros años quienes querían ver al equipo y animarles, generaban alboroto y ruido que aumentaba el dolor y que lo único que provocaba era desconcentrarlos a todos, a los del equipo haciendo que saludaran y a los aspirantes por la presión de ser observados. No podía echarlos de allí, tampoco quería que la vieran como un ogro con mal carácter pero no le agradaba que estuvieran allí generando ruido. Estúpidos, pensó Sidney decenas de veces. Con falsa amabilidad tuvo que sonreír un par de veces ante los gritos de los estudiantes para que se girara. Cerrando los ojos y respirando profundamente para tranquilizarse dio comienzo a las pruebas y observo a cada uno de los aspirantes que se habían presentado.

A pesar de que la noticia de las pruebas había corrido como la pólvora y que solo los valientes se atrevían a realizarlas Sidney tuvo que enfrentarse a más de treinta personas para suplir solo dos plazas. ¿Están de broma no? Pensó en cuanto vio a tantos en el campo. Pero no, uno a uno fueron presentándose y realizando la rutina habitual con los pasos que ella les daba. Afortunadamente conto con la ayuda de Bane y dos chicos más de su equipo a la hora de las pruebas físicas. En ellas elimino en la primera tanda a dieciocho aspirantes debido a su mala actuación. Todos ellos se marcharon bastante avergonzados ante las palabras que ella les había dedicado, algo así como: "Para la próxima vez que queráis hacer el ridículo os aconsejaría que entrarais al gran comedor declarando vuestro amor por el calamar gigante y no haciendo perder mi preciado tiempo." o "Si realmente queréis demostrar vuestras habilidades ¿Por qué no vais directamente a Filch? El seguro que sabrá apreciarlas". Si, esas habían sido algunas de las frases que les había dedicado. La segunda tanda de pruebas las cosas se pusieron más difíciles a la hora de seleccionar y tuvo que recurrir a forzar las cosas para eliminar, finalmente quedaron cinco alumnos. Esto era algo mejor, una cifra aceptable. A los que quedaron se dirigió de una manera más amable o al menos eso creía ella porque el dolor de cabeza la estaba torturando y hacia que el tono con el que salía su voz y su mirada fueran tan agresivas que la amabilidad para ella era vista para ellos como amenazas. Lo que quería trasmitir era el esfuerzo que habían hecho todos y que si estaban en esa ronda es porque eran los mejores pero que aún así tendrían mucho que mejorar y que demostrar a la hora de seleccionarles para el equipo.

Finalmente bajo la mirada atenta y algo interrogadora de Sidney y la más pacifica de Bane consiguieron elegir a tres aspirantes para las dos plazas, ambos jugadores conversaban sobre las habilidades de los aspirantes. No se decidían a la hora de elegir solamente dos personas y optaron por tener un jugador reserva. Tras más de dos horas de pruebas de selección y con la jaqueca más aguda que cuando había salido esa mañana de la torre de Gryffindor Sidney pudo regresar a la biblioteca y hacer los trabajos para clase.


Los días fueron pasando y un martes en el desayuno Sidney se encontró con correspondencia, bastante sorprendida recogió las cartas sin mirarlas siquiera y las metió en la mochila mientras ella seguía leyendo apresuradamente "El Profeta".

"Violentas muertas y extrañas desapariciones en Bath. Los aurores continúan investigando."

Un titular como ese no podía pasar desapercibido y continuo leyendo en el interior del periódico donde continuaban explicando la noticia, o mejor dicho haciendo suposiciones porque sinceramente no ofrecían datos relevantes y todo se basaba en opiniones de testigos o suposiciones de las autoridades. Bastante inútil, no había ninguna información ofrecida por el Ministerio y eso le parecía extraño.

Ajena a las conversaciones a su alrededor en la mesa de Gryffindor tomo el periódico bebió lo que quedaba de café y se marcho de allí sin despedirse poniendo rumbo a la biblioteca.

Igualmente estaba ajena a las miradas que desde hacía semanas la seguían sigilosamente, observando atentamente cada reacción, cada mirada, cada palabra. Sopesando las hipótesis que había estado tramando desde el inicio de curso. Señalándola como la persona más indicada para lo que estaba planeando.


Aprovecho un descanso entre las clases para leer las cartas que recibió esa mañana, se sentó en uno de los bancos de piedra del pasillo más lejano y las abrió. Una era de Christinne, por fin pensó ella, alguna noticia de su amiga. Se alegro mucho cuando al leerla se entero que la situación estaba algo mejor pero que las cosas no estaban lo suficientemente bien para regresar aún. Eso la entristeció. No contar con uno de sus apoyos hacia que la situación fuera extraña, si, estaban el resto pero faltaba ella. Las cuatro habían empezado juntas, habían pasado por mucho a lo largo de los años. No tener a una de ellas era un hueco que afectaba a todas. Esperaba que pronto pudiera regresar y anoto otra tarea más por hacer a su ya infinita lista, contestar a la carta de su amiga cuanto antes mejor.

Por otro lado una carta a la que no se quería enfrentar. Podía haber pasado tiempo pero encontrarse en las manos con esa carta y la caligrafía en su exterior la hacían temblar. Su mano temblaba ligeramente ante las simples letras que su madre había escrito en el exterior. Su propio nombre Sidney Potter era lo que le asustaba, o mejor dicho, saber que esa carta iba dirigida a ella, escrita por su madre. Las cosas podían estar ahora más relajadas que en el momento en que a gritos y con reproches abandono su casa en verano pero sin duda nada se había arreglado. Abandonar no es una solución, aunque en aquel momento a Sidney le pareciera lo más lógico y sencillo del mundo. ¿Qué querría? Esa era la pregunta. Tomo aire y la abrió despacio, como temiendo ver su contenido. De su interior cayo una fotografía antes de que ella pudiera tomar siquiera el pergamino. La miro por unos segundos sostenida entre sus dedos con ligereza, como si ella pensara que apretarla con más fuerza le causaría una maldición. En ella se encontraban los tres, Lily, Harry y ella. Esa fotografía la consiguió tomar Remus en San Mungo el día después de que Harry llegara al mundo, podía recordar el momento exacto. Acababa de llegar para visitar a su madre después de haber pasado la mayor parte del día anterior en San Mungo a la espera de que su madre diera a luz. Acompañada por Remus, ya que su padre ni la había acompañado esa noche en casa sino que se quedo allí con su madre y el recién nacido, entro a la habitación y vio a la familia. La familia, porque ella en ese momento sentía que eran eso, la familia, alguna familia, no la suya. Era la sensación que se tiene cuando ves algo a lo que no perteneces, cuando tratan de incluirte en algo y tú sabes que no es tu sitio, eso era lo que a ella le pasaba. Se sentía como una pieza sin encajar en un puzle ya completo. Quería salir de allí pero Remus y Lily se lo impidieron, después de que James dejara unos minutos la habitación la convencieron para unirse a ambos y conocer al bebe y tomarle entre sus brazos.


-Es tu hermano-decía en ese momento su madre con una gran sonrisa-Mira, estaba esperando por ti, ha abierto sus ojos solo para verte.

-Son iguales a los tuyos-contesto Sidney tras ver el color verde en ellos.

-Si, pero mira, tenéis la misma nariz y esa expresión es la que tu siempre ponías de pequeña-trataba de bromear Lily consiguiendo una efímera sonrisa en el rostro de su hija.

-Vamos, poneos juntas quiero retratar este momento-dijo su padrino.

Ella se puso a regañadientes al lado de su madre mientras esta sostenía a su hermano.


Ese fue el momento de esa fotografía y ahora parecía que le quemaba en las yemas de los dedos. La dejo a un lado y se centro en el pergamino.

Palabras y palabras sin sentido para ella aparecían a cada línea que seguía leyendo, su madre lo único que hacía era repetir los vagos y torpes argumentos de las últimas veces que se vieron, trataba de convencerla de volver a casa. De demostrarle que la querían, que la necesitaban, que tenía que estar de vuelta en casa. La novedad para Sidney fue quizás que su madre empleara la situación que se vivía fuera del castillo para tratar de razonar con ella y convencerla. Por lo general el que le informaba siempre era Remus, que su madre dijera ese tipo de cosas era insólito, y signo de que realmente las cosas desde fuera deberían pintar bastante mal para que alguien como su madre, Lily Potter este preocupada.

Bastante desinteresada en profundizar en la carta la doblo de mala manera y la metió al fondo de la mochila, sin importarle si se rompía o no, al igual que la fotografía, que ahora se encontraba arrugada en su puño y que ocupo el mismo espacio que la carta. Se levanto del banco, cerro la mochila y se marcho de allí para hacer la ronda que le tocaba como prefecta aunque con bastante desgana. Fuera el que fuera quien se cruzara en su camino iba a sufrir una pérdida de puntos considerable.

Iba tan obcecada en las palabras de ambas cartas y sobre todo en la fotografía que no se dio cuenta de como había llegado al sexto piso pero lo aprovecho para tener un momento de relajación en medio de esa vorágine en la que se veía envuelta diariamente. Miraba los tapices, los cuales le devolvían la mirada con gentileza y algunos la guiñaban, pero ella los miraba sin fijarse a observarlos. Lo único que hacía era recordar sus caras, la de ella, la de su madre y la de Harry. Juntos, y a la vez separados. La sangre parecía hervir en sus venas, se alteraba tanto con ese tema que no se dio cuenta de cuando una tiza impacto contra su cabeza y no fue hasta el segundo trozo cuando se dio cuenta. Se giro enfadada queriendo saber quien se había atrevido.

-¡Uh! Mira quien tenemos aquí, la presumida Pipi-Potter.

-¡Cállate Peeves!-le grito ella-No eres más que un estúpido.

-¿Estúpido? ¡Vas a ver lo que es bueno Pipi-Potter!-el poltergeist se acerco hasta ella a toda velocidad con cara terrorífica comenzando a cantar-Niñita engreída con pelo de hipogrifo, se cree una veela y no es más que un basilisco.

-Imbécil-le contesto ella enfurecida marchándose de allí todo lo deprisa que pudo pero el poltergeist la seguía.

Corría literalmente escaleras abajo sin mirar, poco le importaba ya que Filch la viera, ahora solo quería librarse del endemoniado de Peeves y su dichosa canción. Para su propia fortuna se choco con una persona en el último tramo de escaleras perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo.

-¡Auch!-exclamo Sidney llevándose una mano a la pierna golpeada en la caída.

-Debería dejar de quejarse y mirar por dónde camina, o mejor dicho corre. 5 puntos menos para Gryffindor señorita Potter.

Levanto su mirada y con una sonrisa Severus la miraba con unos ojos que la derretían trasmitiéndole sensaciones tan distintas que sería capaz de confundirla, para otros podría pasar por miedo o enfado, pero ella podía calificarlo como satisfacción o ironía. Conocer a este hombre tan complejo era un arte.

-Disculpe profesor-se excuso ella mientras se ponía en pie tomando la mano que Severus le ofrecía de ayuda.

-¿Puede decirme de que estaba huyendo?

-¿Cómo sabe que estaba huyendo?-pregunto Sidney algo molesta-Además tampoco estaba corriendo, solamente caminaba con prisa.

Pero sus excusas no sirvieron de nada en cuanto la canción comenzó a escucharse, Severus alzaba su cabeza en busca de su origen. Finalmente pudo ver a Peeves que se acercaba hasta ellos con una sonrisa malvada en el rostro.

-¡Pipi-Potter ha venido corriendo a esconderse!-dijo burlándose de ella el poltergeist.

-Cállate-le espeto ella.

-¡Oh! La niñita se enfada-puso un gesto dramático haciendo pucheros-¿Acaso vas a volver a ponerte a llorar como antes viendo fotos de tu madre?

-¡No estaba llorando estúpido! Ojala fueras humano porque te estrangularía con mis propias manos-grito encolerizada ella ante la burla.

-¡Que miedo! Voy a esconderme-y el poltergeist comenzó a reír y hacer pedorretas.

-Peeves márchate ya-dijo tranquila pero amenazadoramente el profesor.

-No-respondió el poltergeist y le hizo una pedorreta-Parece mentira, defendías a la Pipi-Evans y ahora a la Pipi-Potter. Sin embargo ninguna...

-¡Cállate!-le grito rabioso Severus.

Sidney se quedo mirándole pero Snape no la miraba a ella, sus ojos estaban ahora centrados en el poltergeist quien parecía asustado.

-Ahora márchate o llamare al Barón Sanguinario-agrego el profesor más calmado.

De inmediato Peeves se fue aunque se escuchaba su risa en la lejanía.

Sidney seguía mirándole pero el parecía seguir mirando al vacio.

-¿Severus...

Al instante recibió su mirada de forma reprobatoria, ella se había olvidado de donde estaban y el estaba molesto por ello.

-Profesor, ¿se encuentra bien?-pregunto ella aunque esa no era en realidad la pregunta que tenía en mente, sin embargo le parecía tan absurdo lo que había pensado que no quería planteárselo.

-Si, ¿y usted señorita Potter?

Ella asintió aún envuelta en una sensación incomoda donde su mente aún estaba molesta por el incidente con Peeves, enfadada con la carta de su madre y extraña con lo que había llegado a pensar sobre Severus.

-¿De verdad?-dijo el tomándola de la barbilla para alzar su cara.

-Si, si. Gracias...por lo de Peeves, me estaba molestando.

-No hay de que-respondió el despreocupadamente.

Se quedaron durante unos segundos uno frente al otro sin nada más que decir, ella temía que alguien los viera, sin embargo no se resistía a su contacto. Sin mirar a su alrededor se lanzo a los brazos de él, quien la recibió con frialdad pero en esos instantes a ella no le importaba, tan solo poder abrazarle unos segundos.

El mago la separo de él y pudo ver el enfado en su rostro.

-Lo siento profesor-dijo ella avergonzada-Le ruego me perdone.

Con la cabeza agachada se marcho de allí corriendo escaleras abajo para poder distanciarse todo lo que pudiera de ese hombre al que tanto necesitaba y que por la situación en la que se encontraban tenía que estar separada de el.


Una persona había observado la escena por casualidad, mientras se dirigía a una de las aulas se topo con algo de lo más inesperado, algo que había estado buscando por semanas. Una debilidad, un punto flaco en esa persona que había espiado por semanas. Ahora lo tenía. Había visto como Snape protegía a la joven y como esta le miraba. A veces una imagen vale más que mil palabras y en esa situación lo había visto, pero sin embargo escucharles había refutado sus teorías. Sabiendo esa debilidad la persona se marcho de allí dirigiéndose a su despacho para redactar una carta lo antes posible.


La clase de trasformaciones estaba a punto de terminar, los alumnos habían conseguido realizar los hechizos de manera correcta y McGonagall se sentía muy satisfecha de ello. Es posible que tuviera una clase reducida de alumnos pero aún así les formaría lo mejor que pudiera. A dos minutos de finalizar la profesora hablo.

-Muy bien, felicito a todos, sin duda la clase de hoy ha sido muy productiva. Espero que continúen así, pueden retirarse.

Los alumnos recogieron sus cosas y comenzaron a salir del aula para dirigirse a sus salas comunes hasta que llegara la hora de la cena. Antes de que abandonara el aula la llamo.

-Señorita Potter usted no por favor, la necesito un minuto.

La joven algo extrañada se quedo mientras sus amigas abandonaban el aula.

-Profesora

-No se preocupe, no es algo malo. La felicito por su trabajo de hoy.

-Muchas gracias-respondió la joven.

-Si continua así estoy segura de que obtendrá sin problemas el EXTASIS en trasformaciones.

-Eso espero profesora.

-Señorita Potter, si la he pedido quedarse es porque el director me ha entregado esto para usted.

La profesora le extendió el pergamino sellado por Dumbledore y la joven lo tomo algo nerviosa.

-No estés preocupada, seguramente querrá hablar contigo de algo del equipo-puso su mano en su hombro-Tranquila.

Sidney asintió y le dedico una breve sonrisa mientras abandonaba el aula.


A las diez y cincuenta y cinco de la noche Sidney estaba frente a la gárgola de piedra que la llevaría al despacho del director. Apenas había cenado, tras salir de trasformaciones abrió apresuradamente el pergamino del director y este la citaba escuetamente en su despacho a las once. Nada, ningún motivo, ninguna pista sobre por qué. En la cena había querido observar al director pero este no se encontraba en la silla. El hueco vacio en la mesa de profesores la ponía más nerviosa aún. ¿Por qué no estaba ahí? ¿Acaso se había ausentado? ¿Debería ir al despacho o no? En la cena pensó sobre ello y tras dejar a un lado las dudas decidió acudir al despacho y averiguar de qué se trataba.

Con paso decidido dio la contraseña a la gárgola y subió por las escaleras hasta que estuvo frente a la puerta del despacho. En el interior se escuchaban voces conversando. Pudo distinguir la del director y tras unos segundos la de Severus. Se atrevió a llamar en cuanto dieron las once exactas.

-Adelante-contesto el director.

Abrió la puerta enfrentándose inconscientemente a su destino.

Pudo ver al anciano director sentado en la silla del despacho y a su lado a Severus de pie con un gesto muy serio, más de lo habitual y eso no paso desapercibido para ella y no ayudo en nada a sus nervios.

-Adelante señorita Potter, no sea tímida por favor.

Cerró la puerta tras ella y se dirigió con paso firme y decidido hacia la mesa, subía los escalones mirando a ambos hombres.

-Siéntese por favor-dijo el anciano con amabilidad, ella obedeció-¿Un caramelo de limón?

-No gracias-contesto ella con una sonrisa.

Unos segundos de silencio reinaron en el despacho, ella podía notar la tensión en el aire, los dos hombres habían estado discutiendo, eso estaba claro. La mirada penetrante de Severus sobre ella no la ayudaba a sentirse segura, sin embargo le parecía muy intrigante la mirada de Dumbledore. El anciano solo era amable cuando tenía algo que pedir.

-Señorita Potter, no quiero que se sienta incomoda, el motivo de esta reunión no es algo grave, se lo aseguro. Puede estar usted tranquila.

-Pero señor...

-¿Conoce usted algo sobre mitología muggle?-le pregunto el anciano.

Ella muy sorprendida se quedo pensando unos instantes la pregunta para luego responder.

-Solo un poco señor, lo que me enseñaron durante los años de colegio muggle.

-Entiendo. ¿Conoce usted a los dioses?

Sidney asintió.

-Sabrá por tanto que en la antigua Grecia existía la creencia de que los dioses influían en la vida de los mortales, estos eran caprichosos y se enfadaban con facilidad-el director se levanto del asiento y comenzó a caminar por el despacho observando los cuadros-Los mortales realizaban ofrendas para que la ira de estos no cayera sobre ellos. Los mortales creían que su destino estaba en manos de ellos y lo aceptaban.

Dumbledore se giro y ella le miro fijamente.

-¿Conoce lo que son las moiras?

Sidney negó y el anciano prosiguió hablando.

-Son la representación del destino de los hombres en la mitología. Se dice que eran tres deidades, empleaban el hilo como símbolo de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Una era la encargada de hilar el hilo de la vida desde la rueca hasta el huso, otra se encargaba de medir el hilo de la vida, y por último la otra se encargaba de cortar el hilo, escogiendo la forma en que la persona moriría.

El director se giro y la miro con una sonrisa.

-Que maravilloso debe ser confiar en que el futuro está en manos ajenas, ajeno a nosotros ¿no cree?

Confundida y bastante extrañada Sidney miraba al director tratando de controlar su expresión aunque no era consciente del atisbo en su rostro de sorpresa e ironía.

-Director, ¿me está diciendo que me ha reunido aquí para hablarme sobre mitología y el destino?

El tono escéptico destaco sobre la pregunta y ambos hombres fueron conscientes de ello. Dumbledore sonrió y le dedico una mirada a Severus quien seguía contemplando la escena sin participar.

-No, debo admitir que no. Son solo divagaciones de un anciano-volvió a sonreír-Me he tomado la libertad de enterarme de que usted lee asiduamente El Profeta.

-Si, así es-contesto ella.

-Y puedo preguntarle ¿Por qué se caracteriza el periódico últimamente?

-¿Cómo?

Sidney estaba totalmente desorientada con esa conversación, Dumbledore cambiaba de tema cada tres segundos y se le hacía muy difícil seguir el hilo de para que la había reunido. Ahora no tenía nervios, lo que estaba era molesta.

-Director, tal vez sería mejor que fuera directo al tema-intervino por primera vez Severus con voz crispada, al igual que lo estaba ella.

Por unos microsegundos compartió una mirada de complicidad y apoyo con Severus y rápidamente desvió la mirada hacia los ojos azules del director.

-Le preguntaba cual es la temática por la que se caracteriza actualmente El Profeta.

-Bueno...últimamente, supongo que por malas noticias la verdad. Los asesinatos, muertes y torturas son muy frecuentes.

-Veo que está bien informada-respondió el director-Como sabe los tiempos están cambiando, y muy a pesar lo están haciendo a peor. Todo lo negativo está influyendo en lo demás, es como un virus, propagando la tristeza a cada paso. Fuera, como ha podido comprobar los tiempos se están volviendo inestables y muy oscuros. A pesar de que Hogwarts siempre se ha caracterizado por ser un sitio feliz, seguro y estable me temo que la situación del exterior le está afectando.

Como prefecta, premio anual y ante todo una de las alumnas más inteligentes que ha habido en este castillo estoy seguro de que has notado ese clima aquí. Corriendo por los pasillos, deambulando sin control, arrasando todo a su paso. Hay menos alumnos, la tristeza esta en el aire y las peleas son continuas. Según tengo entendido también incluso una de sus amigas se ha visto afectada por esta situación.

-Christinne-el nombre de ella escapo de sus labios y el anciano asintió-Pero...yo, no acabo de entender.

-Es una situación difícil señorita Potter, no la culpo de no entenderla-dijo Dumbledore pacientemente-Habrá notado que últimamente se han formado extraños grupos-ella asintió-Grupos que por alguna razón extraña persiguen estudiantes, como si los intimidasen. Los prefectos al igual que los profesores habéis cumplido una labor extraordinaria a la hora de actuar ante ese tipo de situaciones. Me enorgullezco de ello. Sin embargo he de decir que no ha sido suficiente.

-¿Está queriendo decir que deroga nuestras funciones o que acaso las incrementa?-pregunto Sidney bastante molesta, ella había cumplido con creces, que ahora viniera el anciano a reclamar le parecía una falta de respeto.

-No, en absoluto. Lo que quiero decir es que...hay determinados sitios a los que no podemos acceder-el director se cayó unos segundos tratando de meditar-Hay situaciones en las que nos vendría muy bien ayuda interna.

-¿Ayuda interna?

-Tengo entendido que usted mantuvo una relación sentimental con el señor Crouch ¿estoy en lo cierto?

Respiro tan profundamente acumulando su rabia que fue audible para ellos, estaba tratando de contenerse. ¡Por qué diablos no le decía lo que quería y ya está!

-Mi relación con ciertas personas solo me incumbe a mí y solo a mí, director-respondió altivamente ella-No obstante le contestare diciendo que tuve una relación de amistad con el señor Crouch.

-Si me permite la indiscreción ¿Por qué se rompió?

Sin poder resistirlo miro a Severus y luego mantuvo su vista fija en sus propias manos entrelazadas sobre la falda.

-Por motivos personales.

-Comprendo-contesto Dumbledore-Pero me permitiré preguntarle si ha sido consciente de que el señor Crouch parece estar ahora rodeado de un grupo muy selecto.

-Si, así es.

-¿Y sabe por qué?

Negó con la cabeza.

-Es ahí donde necesito su ayuda. El motivo por el que estamos reunidos esta noche es ese, debo pedirle un favor, un gran favor a decir verdad. Estamos al tanto de la situación pero no del por qué o sus planes, es ahí donde necesitamos ayuda interna, es ahí donde entra en juego su ayuda. La he escogido a usted porque confió en su capacidad y sus habilidades y sé que no me defraudara. Necesito que retome su amistad con Barty Crouch Jr.


Un jarro de agua fría, eso es lo que sintió ante sus palabras. ¿De verdad la estaba pidiendo eso? No podía creerlo. Así que estos eran los planes del anciano. Un topo, un infiltrado. No podía dejar de obviar el gesto frio de Severus ante la petición y se preguntaba ahora si acaso estaban discutiendo antes por ello, pero no, era ilógico. Severus no pondría en riesgo la situación que tenían, no se descubriría de esa forma.

-Con que ¿retomar mi relación de amistad con él? ¿Con que fin?

-Con los que le he explicado. Estamos al tanto de la situación pero necesitamos llegar hasta el fondo. La estabilidad en Hogwarts no debe romperse y las situaciones que se están dando en este curso no pueden tolerarse, debemos actuar de inmediato. Para ello hemos pensado acudir a la raíz del problema.

-Así que mi función seria...

-Proporcionarnos la información. Sabiendo las razones y los planes todo estaría controlado. Estoy totalmente seguro de que puede ganarse su confianza de nuevo, no le seria difícil llegar hasta lo más privado de él y su círculo. Le aseguro que su posición no correría ningún riesgo.

Decenas de ideas surcaban su mente tratando de lanzarlas hacia el anciano a toda velocidad, más dañinas que las maldiciones, sin embargo se contenía por la presencia de Severus.

-He de decir que se que es algo más a la lista de sus responsabilidades pero piense en la recompensa moral. La cantidad de compañeros que se verían recompensados con ello.

¿Recompensa moral? A Merlín con la recompensa moral.

-¿Puedo saber cuáles serian...los limites de mi relación con el señor Crouch?

-Por supuesto a lo que usted acceda. Jamás la obligaría ha realizar algo en contra de su voluntad. Su implicación con él la determinaría usted misma, lo único que le pido es que se gane su confianza, tal como lo haría un amigo.

-¿Y tendré que venir como una lechuza cada vez que me entere de algo relevante?

-Me temo que si-respondió el.

Sidney se levanto de su asiento, sopesaba las opciones que tenia pero en realidad no tenía muchas. Tendría que aceptarlo si o si, sin embargo a su mente venían ahora las formas de volver a retomar su relación con Barty sin ser demasiado artificial y poco creíble y las implicaciones que eso tendría en su relación con Severus.

Tras dar varias vueltas al despacho escucho su voz, suave y pausada. Como si la guiara por el camino correcto.

-No pretendo forzarla a nada señorita Potter, sin embargo he de decirle que si lo que frena su decisión son sus nervios no tema por ella, le aseguro que tanto el director como yo responderemos por su seguridad y su situación.

Se volvió a mirarle, frio y serio pero sin el brillo en sus ojos que acostumbraba a ver.

-Gracias por las palabras profesor Snape-el aludido asintió.

Ella se acerco hasta estar frente al escritorio del director.

-¿Quienes estarán al corriente de mi situación?-pregunto ella.

-Tan solo nosotros tres, nadie más. Comprenderá como toda estudiante que cuantas más personas lo sepan más difícil es contener el secreto.

-Si, lo sé-tras unos segundos mirándole finalmente tendió su mano al director-Acepto.

Ambas manos se fundieron en un breve apretón hasta que se soltaron.

-Gracias señorita Potter, se lo agradezco profundamente.

Ella asintió.

-Severus, ahora que estamos al corriente todos de esta situación te pediría que seas de ayuda a la señorita Potter-el profesor asintió-¿Puedes encargarte de acompañar ahora a la señorita Potter a la torre de Gryffindor? El toque de queda comenzó hace rato y no me gustaría que anduviera sola en mitad de la noche.

-Por supuesto director-respondió Snape.

-Una vez más le reitero mi agradecimiento señorita Potter, espero que actué con cautela y precaución. Buenas noches.

-Buenas noches director-respondió ella.

Se giro hacia la puerta donde la esperaba Severus para abrirle la puerta y acompañarla.


Buenas! jo que gusto actualizar en serio. Os he tratado de recompensar la ausencia con un capítulo más largo que de costumbre, espero que os haya gustado =)

Pues ahora empieza la historia de verdad, ¿qué pensáis que va a pasar?

Como siempre mil gracias por la lectura, reviews y demás. Animan muchisimo y me sacan una sonrisa enorme cada vez que los veo.

Comentarista de Brasil, muchas gracias por el comentario, al menos ahora Minerva va a dejar de agobiarla ^_^ un saludo!

Alexza, tranquila que Sev va a apoyarla mucho (con lo tierno que es ^_^) y más ahora con la que se le viene encima, aunque me da que van a tener que confiar mucho el uno en el otro porque sino habrá muchas peleas =)

Tamara Cohen, bienvenida a la historia! me alegro que te guste y espero que te siga gustando =D ya sabes, cualquier cosa deja un coment (sea buena o mala)

Sevsnap, me hizo mucha gracia tu comentario sobre la nariz xd jajaja y la verdad es que si, no vas nada desencaminada, espero que tus sospechas se hayan confirmado con este capítulo ^_^

Bueno pues solo me queda deciros que trataré de actualizar lo antes posible, mis ganas de seguir con la historia no desparecen lo que pasa es que los profesores de la facultad nos acribillan a trabajos y exposiciones xd De todos modos aqui sigo, escribiendo cada vez que puedo y actualizando cuanto antes posible.

Un beso a todos!