Nada de lo que aparece aquí me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.
Avertencia: Contiene escenas sexuales leer bajo vuestra responsabilidad.
Quien nada tiene que temer es porque nada tiene que ocultar
La cabeza le iba a explotar en esos instantes, se quedo de espaldas al escritorio donde se encontraba Dumbledore, pasando su mirada por los libros que ocupaban los estantes junto a la puerta, pero sin realmente ver. Tan solo trataba de relajarse, de apaciguar la rabia y de controlar sus sentimientos, tenía que volver a ponerse la máscara de frialdad, ante Dumbledore y ante Sidney. Estar en su posición no era nada fácil.
Escuchaba de fondo el movimiento de plumas de Fawkes cuando este se vio cortado por tres secos golpes en la puerta.
-Adelante-respondió Dumbledore.
La puerta se abrió y escucho esos pasos tan conocidos ya para él.
-Buenas noche director, profesor Snape.
-Buenas noches-contesto secamente el sin girarse aun.
Avanzo hacia el escritorio escrutando con mínimo detalle la situación, ambos hombres parecían tensos, era muy raro aquel silencio sepulcral que reinaba en el despacho nada más llegar. Que el director estuviese sumergido en sus asuntos mientras Severus se encontraba en la otra punta de la estancia le daba la sensación de que habían discutido. Lo que no entendía era la razón. Tomo asiento frente a la mesa y espero pacientemente mientras fijaba su vista en el libro que el director tenía entre sus manos.
-La curiosidad mato al gato-dijo este asomando sus ojos azules por encima del libro mientras lo cerraba y lo dejaba sobre la mesa-¿No es ese un refrán muggle?
-Entonces el gato murió noblemente, en efecto-contesto ella-Alguien me dijo que la curiosidad es una de las características verdaderas y permanentes de una mente vigorosa. ¿Me permite saber?
Dumbledore señalo con sus ojos en dirección al libro.
-Depende de la persona que lo lea puede ser tan solo un libro o un libro muy valioso.
-Sin duda un enigma entonces-se aproximo hasta él lo suficiente para que el director lo tomara entre sus manos y lo apartara de su vista-Me gustan los enigmas, representan un reto a la mente de los más inteligentes.
Escucho como abría el cajón y lo metía en su interior para volverlo a cerrar. Ambos se miraron a los ojos unos segundos, completamente en silencio.
-Bien…si le parece comenzamos cuanto antes, no quiero hacerles perder tiempo-sugirió ella.
-Si, por favor-dijo el amablemente-¿Qué ha ocurrido estos días?
-El viernes no hay mucho que destacar, estuve con Crouch y con dos de sus amigos desde el almuerzo, uno de ellos, Antonin, se ausento a eso de las seis de la tarde y no volvió hasta las siete pasadas. No traía nada sospechoso ni hizo nada delante mía que dé lugar a sospechas No hablamos de nada fuera de lo común, alrededor de las once me separe de ellos.
-¿Estuvieron toda la tarde juntos entonces a excepción de el muchacho que se fue?
-En efecto-Dumbledore le hizo una señal para que prosiguiera-El sábado me reuní con ellos a las diez de la mañana, Crouch estaba algo enfadado al parecer por un paquete que le había llegado.
-¿Sabe la procedencia?
-De su casa, muy probablemente de su padre.
-¿Y qué le envió?
-Lo desconozco, no podía ahondar en el tema con los amigos delante pero suele tener esa reacción cuando se trata de algo de su padre, no se llevan muy bien.
-Necesito que indague un poco mas por favor, es de suma importancia-dijo Dumbledore tratando de presionarla.
Sidney asintió.
-Bueno…tras eso estuvimos en los terrenos y…bueno, dos chicos estaban justo donde solemos estar nosotros, el caso es que Barty le ordeno a sus amigos echarlos de allí.
-¿Son los alumnos de 4º que estuvieron en la enfermería?
-Probablemente-respondió ella.
Dumbledore se levanto de su asiento cabizbajo.
-Solo por estar ahí-dijo en voz baja el director.
-Después de eso solo se que Barty y yo nos fuimos, dejamos a sus amigos ahí con ellos. El domingo solo estuve con él, estuvimos en la biblioteca y paseando, hicimos la ronda y poco mas, sus amigos no estuvieron con nosotros ese día. Es curioso porque tampoco nos cruzamos con ellos ni en el desayuno, ni en la comida o en la cena.
-Tomare nota pues-dijo Albus-¿Y ayer?
¿Qué decir de ayer? Esa pregunta cruzo su mente una decena de veces antes de serenarse y responder tranquilamente.
-Uno de los chicos, Bill, tuvo una actitud muy extraña toda la mañana, estuvo muy irritable a todo, se que se enfrento a un chico de Ravenclaw, le insulto sin razón, después parecía bastante distraído, Demian le dijo algo entre susurros, yo tan solo escuche algo de que le recordaba una carta y sobre reclutar a mas.
Parecía haberle dado información correcta porque en los ojos del director se encendió la chispa y la miro sumamente interesado.
-Necesito que recuerdes todo lo que puedas sobre ello, por favor, señorita Potter recuerde cada detalle, céntrese. Si necesita cerrar los ojos, tómese tiempo, es muy importante.
Ella trato de recordarlo todo, cerró los ojos y volvió a ese día. No recordaba ninguna palabra más. Frustrada abrió los ojos y negó con la cabeza.
-Lo siento señorita Potter pero necesito hacer esto, tengo que hacerlo-contesto el sacando su varita.
Sidney se tenso ante ello y se irguió en la silla. Por primera vez Severus intervino durante todo ese rato.
-¿Hacer que, director?
-Entrar en su mente-respondió el.
Esa podría ser su perdición, si Dumbledore veía alguno de sus recuerdos mas íntimos estaba perdida, ella y Severus correrían peligro, se verían expuestos, si hasta entonces el director tan solo tenía algo más que ligeras sospechas ahora tendría la confirmación. Incomoda con la situación y tragando saliva carraspeo ligeramente.
-No es por contrariarle director-contesto ella poniendo su mejor voz dulce-Pero…que le parece si mejor me deja esta noche para recordarlo tranquilamente y sin presiones y además averiguar todo el asunto del paquete. Mañana podría estar aquí y darle ambas informaciones, así evitaríamos perder el tiempo ¿no cree?
-Si hablamos de perder el tiempo eso es lo que estamos haciendo ahora señorita Potter-Dumbledore se inclino sobre la mesa taladrándola con sus profundos ojos azules-¿Acaso no confía en mí?
Su mandíbula se tenso y eso la delato como respuesta, el muy astuto estaba acorralándola y no veía salida alguna ¿podía negarse a que entrara en su mente? ¿O podía inventarse alguna excusa para que no lo hiciera?
-Director…-intervino Severus salvándola por lo menos en esos instantes del borde del precipicio-Como profesor y jefe de casa le puedo asegurar que absolutamente todos los estudiantes de Hogwarts siempre tienen…algo que…ocultar. No obstante, tanto usted como yo mismo hemos sido alumnos de esta escuela y ninguno estamos exentos de haber cometido alguna…travesura.
El director se levanto de su asiento, parecía dispuesto a contraatacar, Sidney sabía perfectamente que Severus no podía protegerla eternamente y menos ante Dumbledore, sin embargo espera que a su mente viniera rápido alguna idea que impidiera que este se saliera con la suya.
-Lo que te atreves a calificar de travesuras Severus puede estar incurriendo en un grave delito. Como director de Hogwarts es mi deber asegurar el bienestar de todos y cada uno de sus alumnos.
-¿Incluso si para eso tiene que usar como un peón a un alumno y hurgar en su privacidad?-espeto ella rabiosa sin poder contenerse.
Los ojos de Dumbledore se vieron congelados durante unos instantes para luego parecer arder furiosos por su respuesta, no lo veía pero notaba la mirada penetrante de Severus taladrándola por haberle contestado así.
-Quien nada tiene que temer es porque nada tiene que ocultar.
-Le noto ciertamente muy filosófico últimamente director, quizás, el pasarse tanto tiempo entre la lectura de tan diversos libros le hace olvidarse de los sentimientos humanos para verse inmerso en cientos de pergaminos y litros de tinta.
El silencio se hizo en la habitación, era la primera vez que un alumno se atrevía a rebatir de tal manera al director, Sidney lo supo, Severus también y por supuesto el. Su ceño se frunció, ella sabía que estaba frustrado por no conseguir lo que quería. Ella sabía que se estaba arriesgando demasiado, en cualquier momento la cuerda podía tensarse tanto que estallaría y probablemente lo hiciera en su cara y Severus no podría ayudarla.
-Director, si me permite tengo una sugerencia que hacerle que podría resolver la situación-Sidney miro a Severus quien esperaba la aprobación de el director para seguir hablando, este cabeceo y el continuo-Podría enseñarle a la señorita Potter a extraer recuerdos personalmente para que así ella no sienta una intromisión en su intimidad, además...le seria de utilidad si de aquí en adelante usted le pide algún recuerdo especifico.
Su mirada contacto con la de Severus unos segundos mientras Dumbledore parecía tener su mirada perdida en las estanterías en algún tomo que descansaba en ellas. Los ojos oscuros del profesor la trasmitieron confianza y ante todo seriedad y compostura, no era hora de tener berrinches tontos, era hora de ganar terreno.
-Está bien-dijo Dumbledore, sin embargo su voz no tenía un ápice de derrota, parecía al contrario de alguien que quería jugar, apostar fuerte y sobretodo ganar-Quiero que comiences a instruir a la señorita Potter desde ya. Dirigíos a las mazmorras y comenzar el aprendizaje, Snape...no me importa cómo pero mañana a primera hora quiero el frasco con ese recuerdo en esta mesa.
Sidney se había dado cuenta de algo, no les iba a dar tregua a ninguno de los dos, especialmente a ella, y eso era peligroso. Se levanto de su silla para encaminarse a las mazmorras junto a él. Sin embargo a escasos centímetros de cruzar el umbral de la puerta el anciano la freno.
-Si no te importa adelántate Severus, ve preparando los materiales para que cuando llegue la señorita Potter esté listo.
Snape cabeceo a modo de respuesta y paso por delante de ella dejando que su capa ondeara y la rozara a su paso para salir del despacho. Una vez cerrada la puerta y con él fuera Albus la miro de otra manera, como aquel que mira a su enemigo con gesto de superioridad y a la vez de desprecio. Una actitud muy diferente, opuesta a la que tenía con todos sus alumnos.
-Esta vez, solo por esta vez lo has conseguido ¿me entiendes?-dijo Dumbledore mirándola mientras bajaba a paso lento los escalones de su despacho.
Ella sonrió y puso un falso gesto de incredulidad.
-No sé a qué se refiere director, pero…desde luego mi privacidad es algo con lo que no me gusta que otros jueguen.
-¿Tu privacidad o tus trapos sucios? Tan solo déjame decirte que alguien tan poderoso como yo puede entrar en tu mente en cuestión de segundos a pesar de la resistencia que opongas, solo quiero que lo tengas presente…si no he entrado en tu mente es solo porque no he querido.
-¿Por qué no has querido o por qué realmente te has dado cuenta que eso sería actuar tan suciamente como un asqueroso mago oscuro? ¿Tan terrible te resulta que otros vean como mancillas tu reputación de intachable hechicero?-se atrevió a contestarle en su mejor tono de ironía sacando de sus casillas al anciano frente a ella que la miraba con desprecio-Sabe, siempre me he preguntado por los orígenes de todos los "grandes" magos-dijo ella poniendo énfasis sarcástico en resaltar su magnitud-¿De verdad habrán sido un ejemplo admirable toda su vida o es que acaso están tan podridos desde el inicio que buscan desesperadamente cualquier hazaña que pueda convertirlos en lo opuesto a lo que eran?
-¡Lárgate!-espeto furibundo el director señalando la puerta del despacho.
Con una media sonrisa y una última mirada abrió la puerta para salir de allí.
-Buenas noches Albus-se despidió tuteándole y empleando su voz más dulce para rematar el enfrentamiento.
Se sentía eufórica, exaltada, poderosa, grande. Ella, Sidney Potter, había salido victoriosa de un enfrentamiento contra uno de los grandes magos de todos los tiempos y estaba ahí para contarlo, sin ninguna herida, nada. Sonrió ampliamente y movió su cuello hacia ambos lados de sus hombros, des estresando la tensión acumulada, disfrutando de esa victoria.
Cuando llego a las mazmorras aun seguía con la sonrisa en su cara pero parecía haberse relajado algo más, su adrenalina tras salir del despacho estaba altísima, el camino hasta allí la había ayudado a tranquilizarse. No toco la puerta tan solo entro en su despacho viéndolo vacio aunque iluminado, al cerrar la puerta fue cuando pudo verle tras ella, con gesto serio. Antes de que pudiera decir nada se abalanzo sobre sus brazos y le beso. No espero a hacerlo con delicadeza, quería sentir su lengua jugando con la suya tal y como lo hacían cuando se besaban apasionadamente, sentía el calor de la sangre corriendo a toda velocidad por sus venas y las ansias de tenerle hacían que su estomago flotara. Sus manos se adentraron en su pelo tirando de él, acercándolo hacia ella, sus dientes mordieron el labio inferior del oscuro hombre y le obligaron a abrir su boca para aceptarla. A pesar de la frialdad del principio las grandes manos de Severus rodearon su cintura apresándola junto a él, abarcándola y haciéndola sentir segura y protegida. Su boca húmeda y con ese sabor que le recordaba a la frescura de la hierba la esperaba a ella y a su lengua, para que ambas jugaran y se acariciaran como tantas veces lo hacían. Su respiración profunda choco contra su mejilla, acariciándola como una brisa de aire caliente y ahí fue cuando se acordó que ella misma tenía que respirar y que esa sensación de quemarse en su interior venia de la falta de aire en sus pulmones.
Muy a su pesar se separo de él quedando cerca, entonces fue cuando pudo ver la mirada abrasadora con la que él la estaba contemplando. Era una mezcla de furia y enfado. Instantáneamente las manos de Severus que la apretaban firmemente la cintura la guiaron hasta que su espalda choco con la puerta y su torso aprisionaba su cuerpo. Sus manos se apoyaron entonces en la puerta reteniéndola, realmente asustaba.
-¡Eres una completa insensata!-le susurro con voz amenazante-¿Cómo diantres se te paso por la cabeza siquiera contestarle así a Dumbledore? ¿Te das cuenta de la situación en la que te has puesto? ¿En la que nos has puesto a ambos?
-Claro que lo sé, aunque parezca mentira sé lo que hago Severus…
Su rostro se acerco peligrosamente.
-¡No tienes ni idea de lo que haces!
-Por un segundo párate a escucharme, cree en mis palabras, confía un poco en mi. Sabes perfectamente que no sé nada de Oclumancia, no tengo manera alguna de proteger mis pensamientos, aunque me cueste admitirlo ante una intromisión de él no tendría ninguna posibilidad-como pudo coloco sus manos en el rostro de Severus calmándole, parecía escucharla-Sabes perfectamente lo controlador que es, sus intromisiones ¿crees de verdad que con las sospechas que tiene sobre nosotros no aprovecharía para cerciorarse? ¿Crees que va a ser tan noble y educado de solo mirar ese recuerdo y dejar intacto el resto? Cielo…tú y yo sabemos que no es así. Lamento las formas en que lo he hecho pero sabes tan bien como yo que lo único que podía hacer para protegernos era negarle la entrada.
-Pero no deberías haberlo hecho así, te mostraste débil, temerosa…eso solo lo hará sospechar más, no parara hasta que pueda hacerlo el de primera mano y no un frasco con tus recuerdos seleccionados.
-Lo sé, pero por las buenas no iba a conseguirlo. Con esto logro tiempo.
El la miro interrogante.
-Tiempo de que un buen oclumante como tú me enseñe a tapar aquello que no quiero que vean.
-No tendrás tanto tiempo para aprender por completo.
-Pero al menos si lo suficiente-acaricio su mejilla y el la miro con gesto serio-Vamos Severus, confió en ti. Soy una buena alumna, se que puedes enseñarme.
Durante lo que parecieron horas se miraron fijamente hasta que el cerro los ojos en señal de aceptación y exhalo profundo. Ella se permitió acercar su rostro y quedar pegada a él, beso sus labios dulcemente, aunque parecía que para el tuvieron sabor amargo, y dejo un rastro de besos por su mejilla hasta llegar a su oído y en apenas un susurro le dijo:
-Nadie nos descubrirá, te lo aseguro-dejo escapar su aliento cálido sobre la oreja de Severus al que sintió tensarse tras ello y soltar todo el aire que tenia-Te quiero y no te pondría en riesgo por nada del mundo.
Ante la presión que llevaba acumulada durante toda esas semanas y lo sucedido en el despacho hace un rato Severus no pudo hacer otra cosa que liberarse, dejar caer su armadura, soltar toda la carga emocional, toda esa rabia y enfado que tenia acumulado. Sentía como su corazón se encogía solo de pensar en la posibilidad de que el director viese alguno de los recuerdos que había en la mente de Sidney y los descubriera. Todo saldría por los aires como un expeliarmus, su labor de espía, su puesto en la orden, ella…No, no podía permitir que eso pasara, la enseñaría, la instruiría lo mejor que pudiera para que ella no se viera indefensa ante ataques. No podía permitir que la separasen de su lado, la única persona que le aportaba un poco de paz a su vida y lo reconfortaba.
Sus manos pasaron de estar apoyadas en la puerta a deslizarse hasta encontrar su piel, una de ellas se adentro en su melena atrayendo su cabeza hacia él para besarla con intensidad a lo que ella respondió de inmediato, pero en esos momentos el era aún más posesivo, le aterraba perderla, era suya. Sus manos y su cuerpo se lo hicieron saber adentrando la otra que tenia libre por sus ropas, delineando sus curvas con firmeza. Bordeo su pecho, deslizándose por su tronco, pasando por su cadera hasta llegar a su pierna, paso de largo de su falda para sentir su piel, se hundió en ella y adentro su mano tras la ropa. Con tan solo ese gesto logro que ella subiera su pierna y ambas se enroscaran en su cintura, presionándose contra él. Justo lo que quería. La sangre le hervía y comenzó a desesperarse más aun cuando escuchaba los gemidos de ella que se concentraban en su boca. La manera en que lo besaba y como se aferraba a él le encantaba y hacia que la pasión y la urgencia de tenerla aumentara. Como pudo se las ingenio para sostenerla contra la puerta y desabrochar lo imprescindible de su levita para poder quitarse el cinturón y mandar a Merlín sus pantalones. Ella besaba su cuello, lamia su piel y su lengua se deslizaba hasta lamer su lóbulo y conseguir hacerle gemir. Como si una corriente eléctrica atravesara todo su cuerpo hasta terminar en su entrepierna, con prisa y desesperación entro en ella haciendo que ambos gimieran escandalosamente, se quedo quieto unos segundos disfrutando esa sensación hasta que ella le apremio moviendo sus caderas incitándole. Comenzó entonces a moverse y cada vez que se hundía en ella parecía que se escuchara el silbido de una serpiente junto a su aliento chocando en el cuello o en los labios de ella. Era tan estrecha y se adaptaba tan bien a él, ¡por Morgana como extrañaba esto! Empezó a ir más rápido, las manos de Sidney apretaban con fuerza sus hombros y decía su nombre entrecortadamente. Le beso, pasaba su lengua por su labio inferior y después lo retuvo entre sus dientes, entonces el profundizo llegando a esa zona que le enloquecía y ella le mordió sin querer. A pesar de ello no paro y continuaron haciéndolo, estaban tan absortos que cuando escucharon unos golpes en la puerta sus corazones se pararon en seco para volver a latir con mucha fuerza, ambos se quedaron en silencio, mirándose.
-Profesor Snape-de nuevo volvieron a tocar-Profesor.
El gesto de terror inundo las caras de ambos, la voz de Argus Filch tras la puerta consiguió devolverles a la realidad. Severus soltó a Sidney y la indico su almacén personal, ella se fue corriendo hasta entrar y cerrar la puerta. El tuvo que vestirse y justo cuando estaba abotonando el último botón de la levita la puerta se abrió y por ella se asomo la cara del conserje.
-Profesor…
-¿Qué diablos hace entrando en mi despacho?-la voz de él y su enfado quedo patente en la pregunta pero por si fuera poco se acerco hasta el con actitud amenazante.
-Lo lamento profesor, llame a la puerta pero no me contestaba.
-¿Y eso no le basta para saber que no tiene que entrar?
-Escuche ruidos que venían de dentro y pensé que le había pasado algo o que alguien entro-dijo el conserje inspeccionando con la mirada el despacho.
-Escúcheme bien, su labor es rondar por los pasillos, no en los despachos.
-Pero profesor…
-¡Nada! Ahora vaya a terminar su ronda-espeto Snape casi echándole de ahí.
-Tiene sangre ¿seguro que no le paso nada?
Maldita sea, el viejo se había fijado en la mordedura del labio, Sidney se las iba a pagar.
-No es nada que le incumba, buenas noches.
Cerró la puerta y soltó todo el aire. Se abrió la del almacén y pudo ver a Sidney salir casi conteniendo la risa. El puso un dedo sobre sus labios indicándole que no dijera nada por si el conserje aun estaba fuera, entonces saco su varita y cerró la puerta y la insonorizo.
-Maldita seas, por poco…
Ella se acerco lentamente hasta el sonriendo traviesa.
-No es mi culpa que te distraigas y se te olvide algo tan sencillo como eso.
-Filch nos escucho.
-Filch escucho ruidos, estoy seguro que lo más cerca que ha estado ese hombre de algo sexual es cuando le da el celo a la señora Norris, seguro no sabe distinguir un grifo cerrándose de una pareja haciéndolo.
Severus la miro recostando su cabeza en la puerta y sintió sus manos sobre su pecho.
-¿Por donde íbamos?
Gracias por su lectura y comentarios! Perdón por la ausencia, (aunque en los últimos capítulos es ya algo habitual en mí xD) Me resultaba difícil encontrar un hueco para escribir. Trataré de que antes de mes haya otro capítulo pero no prometo nada porque el 30 tengo examen.
Un saludito y recuerden dejar review que anima mucho a seguir!
La frase "La curiosidad es una de las características verdaderas y permanentes de una mente vigorosa" pertenece a Samuel Johnson
