Capítulo 5

Tan solo una media hora antes de comenzar el Baile de Honor de Halloween, Draco Malfoy se hallaba en los dormitorios de los chicos de la casa Slytherin. Después de la cena, se habían reunido allí todos, básicamente para alardear de a quién llevarían como cita, qué tenían pensado hacer después de la fiesta (la mayoría habían estando sopesando la posibilidad de robar algunas botellas de whisky de fuego de la despensa y coger una buena borrachera donde McGonagall no pudiera encontrarlos) o más simple todavía: a quién se llevarían después a la cama.

Entre el griterio y las risas, Crabble y Goyle, que asombrosamente, decían haber encontrado también pareja (a no ser que se acompañaran el uno al otro, cosa que a Malfoy no le extrañaría en absoluto), se peleaban estúpidamente sobre la manera correcta de atarse una corbata o una pajarita, y se pegaban y empujaban entre ellos para intentar atársela al otro bien, mientras éste se escabullía y le gritaba cosas como ''¡Así no, lo estás haciendo mal!''.

-Memos.-pensó Draco, que en esos instantes había empujado a un niño pequeño y se había colocado delante del espejo, robándole el sitio para admirarse. Valía la pena: su figura alta y delgada estaba vestida con una túnica de gala nueva, de excelente calidad y seguramente, cuyo precio sería el más caro de toda la tienda. Su pelo rubio, casi blanco, estaba perfectamente peinado, y parecía que, el llevarlo engominado hacia atrás, como solía hacer cuando era más pequeño, resaltaba sus facciones finas y sus ojos azul iceberg, casi grises.

-Ey, tío -le dijo Zabini mientras se giraba para rebuscar en su baúl.- Si no fuera porque sé que eres la pareja de Pansy... -miró entonces hacia arriba, como si estuviera pensando- Y de esa otra flacucha... ¡Ya te hubiera llevado a un rincón oscuro! -bromeó estúpidamente con socarronería. Draco le rió el chiste, aunque no le había hecho ni puta gracia. Blaise tenía un humor bastante especial, y era necesario comprenderlo y aunque sabía que estaba muy bueno, no le gustaba que se lo dijera un tío.

Los demás sí rieron descaradamente. Excepto Theodore Nott, que estaba sentado en su cama, junto a la ventana, también con su túnica de gala nueva, pero callado y pensativo, mirando la nieve que caía fuera. En realidad, siempre era así. Hablar mucho nunca había sido una de sus mejores virtudes, y aunque no siempre iba con él y su grupo y siempre se mantenía un poco alejado, a Draco le caía bien, y le parecía un tío legal. Quizá también influyera el que fuera sangre limpia, pero por algo había acabado en Slytherin.

-Ey, por cierto.-dijo alguien por ahí.-¿Y eso que se han inventado las tías este año de las flores? ¿A qué ha venido?-preguntó uno de sus compañeros mientras terminaba de vestirse y colocarse la pajarita en otro espejo. Draco tampoco lo había comprendido muy bien, ¿por qué a las chicas les gustaba que les regalasen flores, que se marchitaban y se morían, cuando podrían obtener por ejemplo, un beso de él, que seguramente duraría mucho más? De todos modos, conocía a Pansy, y sabía el espectáculo que podría armarle si no le regalaba esa noche lo que le había pedido, por lo que la tarde antes, había llamado a un elfo doméstico y, después de humillarlo y ridiculizarlo un rato (seguro que a Granger le encantaría cuando se enterara), le había encargado el recado:

-Una orquídea. ¿Sabes lo qué es? -le había preguntado Draco lentamente, como si le hablara a un niño pequeño o a un tonto, agachándose hasta llegar a la altura de la aterrorizada criatura que lo miraba con sus grandes ojos.- Una flor. Una orquídea. Púrpura. Y no me decepciones.

-Sí, señor Malfoy -había dicho el elfo, y después, chasqueó los dedos y desapareció de la habitación con un ¡plof!

Así pues, encontró una cajita brillante y plateada, que supuestamente contendría la flor en su interior, en el cajón de su mesita de noche esa misma tarde. Ni siquiera se había dignado a mirarla, pero no le importó porque estaba convencido de que su encargo había sido realizado satisfactoriamente. Si no, le pegaría una paliza a ese elfo doméstico, y todos serían un poco más felices ese día.

Cogió la cajita, la guardó en el bolsillo de su túnica, comprobó en el espejo que sus dientes eran tan perfectos y blancos como siempre regalándose una sonrisa torcida a sí mismo, y salió de la habitación seguido de sus amigos, dispuesto a encontrarse con Pansy.


Mientras, en las habitaciones de Gryffyndor, en las de las otras casas de Hogwarts, las escenas que se sucedían no eran mucho más diferentes, la verdad: chicas histéricas porque su vestido no les ajustaba tanto como querían y requerían reducirlo mágicamente a toda prisa, adolescentes peleándose por un hueco en el espejo, pero que se daban por vencidas cuando otra les pegaba un codazo y hacían que medio bote de máscara de pestañas se desparramara por su cara... Y en las habitaciones de los chicos, el panorama también era parecido, aunque sin duda, las dosis de gritos y alboroto se veían claramente reducidas a risas cómplices y algún que otro comentario gracioso.

Hermione estaba tirada en su cama, vestida con un chándal azul marino que utilizaba como ropa de estar por casa, o para esas noches de invierno en las que se dedicaba a leer al lado de la chimenea de la Sala Común hasta altas horas de la madrugada. Observaba divertida a Ginny rebuscar en su baúl, prácticamente metida de cabeza, como si se hubiera zambullido en una piscina, gritando nerviosamente algo acerca de unos zapatos de tacón perdidos. Mientras, Lavender, que estaba claramente emocionada (como siempre, en realidad), pegaba saltitos y agitaba los brazos, provocando que una chica que por desgracia estaba a su lado, acabara con media cara cruzada por un trazo de pintalabios rojo.

-¡Oh, Lavender! Mira lo que has hecho -se giró la chica con cara de enfado, mientras acercaba la varita a su cara y borraba hábilmente la mancha, dejando en perfectas condiciones el resto del maquillaje de sus mejillas.

-¿De verdad no quieres venir, Herms? -preguntó Ginny a su amiga, que sin duda solo observando se lo estaba pasando genial. Aparentemente, la pelirroja había encontrado los zapatos que buscaba, y en ese mismo instante los estaba tirando al suelo dispuesta a ponérselos.

-De verdad de la buena, Ginny. Yo no tengo nada que hacer ahí -contestó Hermione con toda la sinceridad del mundo, mientras se encogía de hombros, aunque no parecía triste ni desconsolada - Pasadlo bien vosotras, ya habrá más Bailes de Halloween para mí.

Y dicho esto, todas las chicas salieron de la habitación como una jauría, mientras Ginny se giraba antes de cerrar la puerta para mirar a su amiga con cara apenada.

-Estaré bien. No te preocupes por mí -y le guiñó un ojo sentada desde la cama.


Draco Malfoy había planeado encontrarse con Pansy en una de las galerías cercanas al Gran Comedor un poco antes de las nueve y media, para entrar triunfalmente cogidos del brazo y que todas las miradas se dirigieran a ellos esa noche. Como ella misma había prometido, el vestido de la chica era corto, y tan ajustado que apenas podía respirar, pero estaba tremendamente buena, pensó Draco.

Se colocó enfrente de ella, y le dio la caja plateada con la flor en su interior, esperando que pocos segundos después, la chica se tirara a su cuello y lo besara apasionadamente. Pero la reacción de ella, no se parecía nada en absoluto a lo que Malfoy esperaba:

-¡Imbécil! -le chilló Pansy, mientras le estampaba la caja en el pecho fuertemente. -¡Yo no quería esto, nunca escuchas nada de lo que te digo!

Draco no entendía una mierda, pero cuando miró lo que tenía en sus manos, lo comprendió. En la caja había una flor blanca, no púrpura como Pansy Parkinson había pedido. Y era una rosa, en lugar de una orquídea. ¡Ese puto elfo doméstico se la había jugado! Cuando lo encontrara al día siguiente, lo estrangularía y haría picadillo con sus restos, y después lo serviría en la mesa de Gryffyndor.

-El estúpido elfo se equivocó -intentó explicarle él, pero sin mucho éxito. Pansy ya estaba montando en cólera hacía un buen rato.

¡Ni siquiera había tenido la... decencia de comprarle él las flores!

-Pero... Es bonito, ya te regalaré otra cosa otro día -intentó convencerla Draco, tendiéndole de nuevo la cajita con las flores, pero que ella rechazó.

-No las quiero. Son vulgares. -de un manotazo, Pansy tiró la rosa al suelo, y caminando rápidamente, dando grandes zancadas con unos tacones que resonaban en el suelo de piedra del castillo, la joven morena se alejó de Draco, al menos, hasta que estuviera segura de que se le pasaría el enfado.

No supo por qué, pero el chico se agachó para recoger la flor, que había quedado un poco dañada, y se la guardó en el bolsillo, supuso que como prueba para demostrar la inutilidad de los elfos domésticos empleados en Hogwarts.


Creía que resultaría sencillo, pero Hermione ya había deborado (un poco a su pesar) prácticamente todas las revistas que las hermanas Patil y Lavender habían dejado tiradas por toda la habitación, creando una especie de alfombra de ''Corazón de Bruja'' y ''El Mago de tus Sueños'', y sin embargo, ya estaba aburrida de nuevo, sin saber qué hacer para pasar el rato. Ella misma había decidido no ir al baile, pero sin embargo, se sentía patética por estar tirada en una habitación vacía y en chándal, sin nada que hacer, cuando podría estar pasándoselo bien allí abajo.

Y cuando ya estaba casi a punto de conjurar un ''¡Accio helado de chocolate!'' para pasar la noche deprimida como Merlín mandaba, le volvió a la cabeza la idea que tan solo un rato antes, cuando se había encontrado con Neville, le había cruzado por la cabeza y que había desechado por creerla demasiado estúpida.


En el Gran Comedor se respiraba un ambiente festivo, y parecía que todo el mundo había olvidado los asuntos de la guerra, Lord Voldemort y los ataques de los mortífagos para centrarse en bailar, reír con sus amigos y simplemente, divertirse. La orquesta amenizaba la velada desde un entarimado dispuesto especialmente para la ocasión, y muchos de los profesores allí presentes, aunque fingían estar vigilando a los cientos de jóvenes que en esos momentos llenaban la sala, también se lo estaban pasando realmente bien. Harry Potter intentaba seguir los pasos de baile que Ginny daba graciosamente a su lado, mientras un poco más cerca de donde estaba la música, Luna Lovegood y Neville Longbottom reían y chocaban las manos en un extraño baile que la chica rubia parecía conocer muy bien.

-Enternecedor -pensó Draco Malfoy, mirándolos con asco a todos en general. La mayoría de la gente no se merecía estar en esa sala, ni siquiera estar en Hogwarts o... Quizá ni siquiera existir. Y cuando este pensamiento pasó por su cabeza, la imagen de la sangresucia también hizo una pequeña aparición fugaz por su mente. No la había visto, así que, lo más seguro fuera que estuviera lloriqueando estúpidamente en su habitación, más sola que la una, lamentándose, y su sola imagen lo hizo sentirse realizado y orgulloso de sí mismo, aunque él tampoco es que hubiera echo nada en especial. Esta vez había reservado toda su maldad para la freaky transparente de turno, a la que por cierto tampoco veía cerca.

Desde lo de la dichosa flor, Pansy también había desaparecido, así que, Malfoy tendría que buscarse algún otro entretenimiento mientras ella se arrepentía de haberle gritado y volvía corriendo a sus brazos, lo que seguramente llevaría un rato. Se giró para buscar a alguno de sus amigos, pero supuso que estarían ocupados... En otros menesteres.

Y entonces la vio: estaba sentada en una esquina, y observaba a la gente, como si quisiera analizarla y estudiarla detalladamente. Su pelo estaba pulcramente sujeto en un elegante recogido, y su vestido, de color gris claro, era sencillo, pero marcaba un cuerpo delgado y esbelto que estaba seguro no había visto en su vida por Hogwarts, o al menos, no creía recordarlo. Y su cara...

Su cara estaba tapada por una jodida máscara que no le dejaba ver nada. ¡Estúpido Baile de Halloween! Draco Malfoy se maldijo por no saber quién era la chica misteriosa del antifaz de plumas de colores, aunque si Pansy no aparecía, siempre podría intentar averiguarlo más tarde, en su dormitorio, después de una visita guiada. Se acercó a ella, con paso lento y elegante. Como otra mucha gente, él no llevaba ningún tipo de disfraz, ni nada que ocultara su rostro, por lo que seguramente ella sí que sabría quién era él. Se le ocurrió algo en ese mismo instante, y agradeció ser alguien de mente rápida.

A medida que se acercaba, el pequeño fragmento que la máscara mostraba de la cara de la chica mostró una boca abierta, sorprendida, quizá por el hecho de que Draco Malfoy se acercara a ella. O quizá por el hecho de que Draco Malfoy se acercara a ella con la habitual mirada seductora que utilizaría para cualquiera de sus líos. El caso es que, una vez estuvo a pocos pasos de ella, bajó la mirada y supo que esos ojos grandes y marrones, expresivos, que le miraban con algo que se parecía al asombro, y que casi llegaba a la incredulidad, le recordaban a alguien, pero no sabía a quién.


Fue entonces cuando los gritos y el alboroto que Pansy estaba armando buscándolo lo despertaron de ese extraño trance en el que se había sumido pensando en quién era la chica misteriosa. Si Parkinson lo pillaba allí, con otra, lo mataría. Tampoco es que le importara lo que ella pensara, o le hiciera, ya que estaba convencido de que no le tocaría un pelo, pero no quería más dolores de cabeza esa noche, y menos tener que escuchar la estridente voz de Pansy Parkinson gritándole cosas sin sentido otra vez. Con la ''broma'' que le iba a gastar a la fantasma, era suficiente.

Así pues, y antes de que su histérica cita llegara para arrastrarlo, Draco sacó del bolsillo de su túnica la ahora perjudicada flor que Pansy había rechazado, y sin mediar palabra, se la entregó a la atónita joven que la aceptó vacilante. Sin darse cuenta de que en su túnica se habían quedado prisioneros dos pétalos caídos, y sin darse cuenta de que esa chica alucinada era Hermione Jean Granger.


Pansy Parkinson llevó a Draco al centro de la pista de baile a empujones. Quería que todo el mundo los viera juntos, y, ¿qué mejor que estar en el foco de toda la fiesta? Justo cuando se disponía a agarrarlo para comenzar un baile lento juntos, apareció por enmedio de la multitud una figura transparente, vestida con sus mismas ropas extravagantes y su sombrero que el chico conocía muy bien. Joder, ni siquiera se había dignado en arreglarse un poco, pero... ¿Qué esperaba? Era una fantasma freaky.

Entonces, fue él el que se agarró a la que realmente era su cita, y la besó apasionadamente, mientras Savina los contemplaba. Se había hecho el silencio en el Gran Comedor.

-Draco... Te quiero tanto... -dijo Pansy Parkinson en sus labios. Malfoy se apartó de ella en esos momentos, y al levantar la cabeza, miró a la chica fantasma con su habitual mueca de desprecio en la cara. Todo el Gran Comedor observaba, pero sin duda alguna, Blaise Zabini y una gran parte de Slytherin se las había arreglado muy bien para quedar en primera fila y ver el espectáculo como debían.

-¿Qué estás mirando? -dijo él mientras se aproximaba a la chica, que flotaba en el aire. - ¿Realmente pensaste que alguien como yo iba a invitar al Baile a alguien como tú? -sin duda, una bienvenida a Hogwarts no era una bienvenida si Draco Malfoy no estaba por el medio, y se lo estaba demostrando. Sin embargo, ella no parecía triste, ni afligida. Ni siquiera parecía afectada, sólo estaba allí, parada, mirándolo con una mirada intensa.

-¡Perdedora, perdedora, perdedora! -comenzaron a jalear algunos Slytherin, seguidos por gente de otras casas pero, sin duda, ningún Gryffyndor. Eran demasiado buenos y blandengues como para reír una gracia.

Y entonces, algo extraño ocurrió. Para Draco Malfoy, todo comenzó a volverse borroso. Luego, la gente a su alrededor pareció dejar de prestar atención al acontecimiento para continuar con sus bailes, esta vez, ralentizados, como si formaran parte de una inusual secuencia a cámara lenta.

-Lo que yo no pensaba realmente era que tu fueras alguien tan, tan cruel. Tan vacío. -dijo Savina, que había aparecido de repente, a sus espaldas, con una voz sombría. Él se giró, pero ella ya no estaba. Su voz volvió a sonar de nuevo.- Solo vine para darte una segunda oportunidad.-y esta vez, apareció de nuevo ante las narices de Draco. Ya no llevaba una túnica ni un sombrero horrendos, si no que sus prendas se habían convertido en un vaporoso vestido blanco y su pelo, antes cortado desigualmente y escondido bajo el gorro, estaba suelto y le llegaba a mitad espalda.

-Supongo que la desaprobeché. -dijo él, serio. Vale, todo esto estaba empezando a acojonarle.

La sala continuaba girando, y toda la gente con ella, ajenos a lo que realmente ocurría allí.

-Draco Malfoy, recibirás tu castigo.-continuó ella, que ahora se hallaba justo enfrente de él.

-Mi castig... ¿Por qué? -preguntó él, incrédulo ante todo lo que estaba pasando ante sus narices. Seguramente esto era un sueño, sí, un sueño. A la mañana siguiente despertaría en Malfoy Manor tan tranquilo, y un elfo doméstico le llevaría el desayuno como todos los días.

-Por tu maldad. Por todas las cosas viles y horribles que has hecho. ¿Recuerdas a todos y cada uno de los niños pequeños que has estado maltratando y machacando sin piedad prácticamente desde que tú también estabas en primer curso? -le recordó ella. Él quería replicar, decir algo, pero se había quedado sin argumentos. Y aunque sabía a la perfección todas las cosas que había hecho, jamás las reconocería, y menos que eran malas.-¿Qué hay de Harry, y Ron? ¿Y Hermione, qué hay de ella, a la que sin duda, has estado torturando todos estos años? -¿cómo sabía ella eso? ¿Acaso lo había visto, se lo habían contado? ¡Imposible! No llevaría tanto tiempo en el castillo.

-P-puedo... ¡Puedo remediarlo! Cambiaré, lo prometo. -había empezado a temblarle la voz, y se sentía como uno de esos chiquillos a los que había amenazado tantas veces. Savina continuaba mirándolo fijamente, con unos ojos impenetrables. Para él, una promesa significaba lo mismo que llamar sangresucia a un ser humano, a una persona nacida de muggles. Es decir: nada.

-Claro que lo remediarás... -un reloj había comenzado a sonar de fondo, sobresaltando a Draco, que había comenzado a sudar y su pelo estaba tremendamente despeinado, con mechones cayéndole en la blanquecina frente.-Sufrirás en tu propia piel todo el desprecio y vanidad que has hecho padecer a otros. -continuó ella, con una voz profunda y misteriosa.- Serás tan feo por fuera, como ya lo eres por dentro.- Draco volvió a temblar.-No obstante, un pequeño gesto de bondad en estas últimas horas, me ha hecho recapacitar un poco, y creo que te mereces una oportunidad.

Malfoy la miró extrañado, y con un poco de miedo al mismo tiempo. ¿Es que ahora iba a cambiar de opinión? ¿Iba a matarlo, o a despedazarlo a trocitos poquito a poco?

Ella rió. -Esa flor, la que le diste a la chica.-ahora caía en la cuenta. ¡La chica del antifaz extraño, y ese estúpido gesto involuntario y totalmente espontáneo dándole la rosa!- En tu túnica quedaron dos pétalos. Te doy un año por cada uno de ellos. Dos años para demostrar que más hallá de tu fealdad, existe algo bueno, algo que amar. Si tú correspondes ese amor, y antes de que acabe el plazo son pronunciadas las palabras ''Te quiero''... El hechizo se romperá.

-¿Hechizo? ¿Qué hechizo? -preguntó él. No entendía nada. ¡¿Por qué mierda no se despertaba?

Savina pareció ignorar su pregunta, y mientras se desvanecía como una ligera niebla, su voz quedó en el aire:

-Tienes dos años. Si no, vivirás y morirás con esta forma; te quedarás así para siempre. Buena suerte, Draco.

Y dicho esto, dejando a un Draco Malfoy mareado de nuevo en la pista de baile, desapareció completamente. Unas palabras retumbaban en su cabeza, y no supo por qué, sufrió un escalofrío. Y tuvo miedo, después de mucho, mucho tiempo.

Para siempre

Para siempre

Para siempre


Nota de autora: Ujujuy, hola! Je, je, je... Qué os ha parecido el capítulo?

Espero que os haya gustado! Por fín parece que Draco Malfoy ha recibido su merecido, pero... Qué pasará ahora? Para siempre... Qué? x)

Creo que hasta ahora es el capítulo más largo que he escrito, pero si os soy sincera, no estaba muy segura de dejarlo así. Al principio pensé que estaría bien ''cortarlo'' por la mitad, para que no resultara tan largo, pero... Tampoco quería dejaros con la intriga tanto tiempo, sabía que luego me sentiría mal por ello D:

Así que, finalmente, es como un ''capítulo doble''; prefiero dejarlo así, ya que como ya sabéis muchas de vosotras (y lo dije anteriormente), tenía la impresión de que esto iba terriblemente lento, y de que la acción en esta historia brillaba por su ausencia... Al menos al principio. Así que, aquí tenéis! :DD Por ahora, ya hemos tenido un poquito de Dramione, pero, lo que viene será mucho, mucho mejor, lo prometo!

Muchísimas gracias por vuestros reviews y opiniones, realmente me animan muchísimo a seguir escribiendo. Os aviso de que esta semana próxima me voy de viaje, y, aunque voy a continuar escribiendo (el próximo capítulo lo tengo casi terminado) no sé si dónde voy tendré posibilidad de conectarme a Internet, por lo que intentaré publicar antes de irme... O nada más vuelva.

Os espero en el próximo capítulo. Un beso, y ya sabéis... Quiero vuestras opiniones al respecto!

Clicka a ''go'' si tu también quieres que Draco Malfoy te regale flores bonitas, pero nada de Pansy por el medio ;)