Capítulo 6

La mayoría de los alumnos de Hogwarts había estado esperando el Baile de Honor de Halloween prácticamente desde que había sido anunciado a principio de curso. Parecía mentira que hubiera acabado pocas horas antes, y muchos pensaban que la noche había sido fantástica (para unos más que otros) y que todo había sucedido rápido. Demasiado rápido, incluso.

Sobretodo para Draco Malfoy, que esa mañana se hallaba todavía durmiendo en su mullida cama, entre sábanas de terciopelo negro, todavía sintiendo en sueños la resaca de la noche anterior, sabiendo perfectamente que al levantarse lo lamentaría. Todo había ocurrido como él había planeado satisfactoriamente en mayor o menor medida, pero sus planes habían rozado el éxito: su cita con Pansy (que finalmente, terminó pasando la noche con él después de la fiesta), la chica misteriosa, la flor, la broma a la fantasma, el hech... Un momento.

-¡MIERDA! -gritó Draco, levantándose repentinamente de su cama, claramente sobresaltado debido a todo lo que había recordado gracias a estos últimos pensamientos que sin querer, habían saltado uno a uno, poco a poco, enlazándose y llevándole a rememorar todo lo ocurrido. Para siempre.

En realidad, no es que hubiera tomado muy enserio todo lo que esa chiquilla transparente le había dicho. De hecho, comenzaba a pensar que todo había sido un estúpido sueño, y que realmente, nada de lo que creía haber vivido era real. Seguramente, el Baile de Halloween se celebraría pocas horas después, y él llevaría a cabo sus planes y...

Automáticamente, se levantó, y tuvo la sensación de que algo iba mal. Algo de lo que no se había dado cuenta, algo que estaba diferente la noche anterior. No supo qué era exactamente, pero su primera reacción fue mirarse de arriba a abajo, comprobando que todavía vestía el pijama negro y plateado de seda que no le había dado tiempo de quitarse esa mañana, al menos sus piernas parecían seguir en su sitio. Movió los hombros y el cuello, todo en orden.

Pero lo que no se esperaba era que al acercarse al espejo, allí no apareciera su figura. ¿Su única reacción? Gritar. Desesperadamente. Tanto que, hubiera despertado a la gran mayoría de chicos Slytherin que dormía en la misma habitación que él, aunque por suerte, allí tan solo habían pasado la noche él (¿cómo coño había llegado allí, por cierto? Seguramente habría estado tan borracho después de estar con Pansy, que volvió solo y sin darse cuenta), Theodore Nott, Crabble y Goyle. Éstos dos últimos seguían roncando aparentemente, pero el chico de pelo negro y mirada misteriosa, parecía haberse despertado, revolviéndose entre las mantas.

-¿Qué demonios pasa? -preguntó Theodore, alarmado, y con una voz terriblemente adormilada. Las cortinas todavía estaban cerradas, y la cantidad de luz que entraba al dormitorio era la justa para mantenerlo en penumbra, pero suficiente para que Draco pudiera ver el horrible monstruo que estaba plantado delante de él, reflejado en el espejo. Sus manos habían dejado de serlo, para convertirse en una especie de garras grandes, con uñas que estaba seguro, estarían peligrosamente afiladas. Casi como si fuera una necesidad, se arrancó la camisa del pijama, asustado y nervioso, para descubrir un pecho lleno de cicatrices profundas, que parecían haber sido echas por los peores hechizos de Magia Negra que ningún mortífago pudiera conocer, y que le recorrían también los brazos y la espalda.

Y cuando llegó a su cara... La rabia y la exasperación pudieron con él al ver su propio rostro, y comenzó a patear todo lo que encontró a su alrededor. Nott ya se había levantado con avidez de su cama, y antes de abrir las cortinas casi con desesperación para ver qué ocurría, tuvo el presentimiento de que dejar a Crabble y Goyle durmiendo, ajenos a aquél asunto fuera el que fuera, les convendría, por lo que les lanzó un intenso hechizo somnífero.

-¡No puede ser! ¡Esto es un puto sueño! ¡Debe serun puto sueño! -gritaba Draco, mientras soltaba maldiciones y blasfemias, con una voz profunda y que parecía rugir. Y cuando lo vio, Theodore Nott comprendió por qué su compañero se había estado comportando así en los últimos minutos: además de su cuerpo, su cara ahora estaba maltrecha con cicatrices, heridas y costurones, que lo dejaban irreconocible, a no ser porque lo único que no había cambiado en su rostro, sus ojos, continuaban siendo del mismo color grisáceo y como siempre (aunque ahora de una manera reforzada) expresaban rabia, furia y odio.

-Fue esa fantasma -dijo Draco, adelantándose inconscientemente a la pregunta que Nott se disponía a formular.- Esa zorra freaky me ha convertido en esto. - y ahora, no sabía por qué, estaba perfectamente convencido de que no era un sueño, y que se había convertido en una bestia, en un ser totalmente horrible, y que esto era el mundo real.


Hermione Granger despertó tarde esa mañana en su habitación de la torre Gryffyndor. La noche anterior, a pesar de que en un principio se había negado a bajar al Gran Comedor, se lo había pasado realmente bien, incluso sus amigos se sorprendieron de verla allí (aunque les costó reconocerla al principio). Luego de la fiesta, los profesores habían enviado a todos los alumnos a sus respectivos dormitorios, y habían insistido especialmente en que no hubiera cambios de habitación, ni remolones por los pasillos, por lo que Hermione, después de pasar también un agradable rato con Luna Lovegood (que al parecer iba disfrazada de dama de una extraña región cuyo nombre no había escuchado en su vida), se dirigió a su cuarto mientras Lavender y Ro-Ro se despedían y se daban las ''buenas noches'', al igual que Harry y Ginny.

Así pues, se había tumbado en su cama, y cuando el resto de chicas volvió intentando causar el menor alboroto posible, ella seguía haciéndose la dormida, pensando y dándole vueltas a su cabeza, sin poder caer en la inconsciencia del sueño. ¿Había sido realmente Draco Malfoy? Se había acercado a ella con paso elegante durante la fiesta, y ya cuando Hermione pensaba que iba a abrir su bocaza para insultarla o decirle algo desagradable, simplemente se había quedado callado y le había regalado una rosa. Era imposible que Malfoy hubiera sido el artífice de aquello. Seguramente, sería una apuesta, o una broma, o alguien disfrazado de él.

Pero Hermione se equivocaba. La rosa que él le había regalado seguía allí, en el cajón de su mesita de noche, y (por ahora, al menos) no había explotado, ni se había convertido en una masa verde y pegajosa que la atrapara, ni había ocurrido nada extraño. Bueno, sin contar ese simple acto que ya era muy raro.

Entonces, la chica se sentó en su cama, abriendo los ojos, y se estiró un poco para alcanzar el tirador del cajón que, entre otras cosas, contenía la flor blanca regalada en tan extrañas circunstancias. La cogió con cuidado entre sus manos, y la observó, entre las penumbras y sombras de la habitación, cuyas cortinas todavía no se habían abierto. Escuchó voces y cuchicheos, y, rápidamente, volvió a estirarse para dejar la rosa en el cajón.

-¡Demasiado tarde, Mioni! -gritó entonces Lavender, que se había abalanzado contra ella e intentaba agarrar lo que la chica castaña escondía entre sus manos. Un par de chicas se había subido también a la cama de Hermione, todavía en pijama, apuntándola a la cara con una varita iluminada y una sonrisa malvada en la cara que a la joven le empezaba a dar muy mala espina. -¿Es un regalo de un chico? ¡Oh, no sabía que ayer finalmente tu también consiguieras una cita! -continuó, sin esperar respuesta a la pregunta que había formulado. Ginny ya había abierto las cortinas de un tirón, y se sentó junto a las demás chicas a los pies de la cama de Hermione, mirándola con los ojos muy abiertos.

-Yo... No... Esto... No... -tartamudeaba Hermione avergonzada, con el pelo cayéndole en rizos desordenados por los hombros, nada que ver con el aspecto que tenía su peinado la noche anterior.

-¡Oh vamos, Hermione! -la animó Ginny con una sonrisa.- ¡Cuéntanoslo, nosotras no tenemos secretos!

Pero ella seguía sentada en la cama, quieta como un pajarillo asustado. No sabía qué decir, ni qué hacer. No podría ni imaginar lo que ocurriría si sus amigas se enteraran de que... Bueno, de que había sido él quién le había regalado esa bonita flor. Ni siquiera estaba segura de que Malfoy supiera que había sido a ella a quién se la había dado, y eso podría tener consecuencias dramáticamente terribles.

-¿Quién es, Hermione? ¡Vamos, dínoslo! -la apremió Parvarti Patil, que ya había apagado la luz que pocos minutos antes brillaba en la punta de su varita.

No lo diría ni loca. Ni aunque la emborracharan con whisky de fuego o le prometieran que si lo dijera, el mismísimo Lord Voldemort se pondría a bailar ballet delante de ella. Con tutú incluído.

-N-no, es que, chicas, yo no... -intentó explicar ella, pero dio poco resultado.

-¿Es guapo, Mioni?

Zas. Esa pregunta sí que la había dejado totalmente muerta. Vale, era Lavender quién la había formulado pero... ¿Qué porras iba a contestar ella?

¡Se trataba de Malfoy, por el amor de Merlín! El mismo Draco Malfoy que desde que había llegado en primer curso, se había dedicado a hacerles la vida imposible a ella y a sus amigos. El mismo que se metía con ella y la insultaba constantemente, sólo porque era de ascendencia muggle. El mismo Draco Malfoy alto, de figura delgada y piel nívea que siempre iba por ahí martirizando a todo el que se le pusiera por delante con su actitud de superioridad. El mismo dueño de ese pelo rubio, casi blanco, siempre perfectamente peinado; y de esos ojos grises, profundos, imperturbables, sumamente imprevisibles... Vale, a pesar de todo, le parecía un chico bastante... Ehm... Sí, guapo.

-Eeehm, esto... Yo... -empezó a decir ella.- S-supongo que s-sí... -tartamudeó Hermione, muerta de la vergüenza. ¡¿Pero cómo porras le estaba pasando esto a ella, la prefecta perfecta de Gryffyndor, la intachable Hermione Granger?

No es que le gustara Malfoy, (¡nada de eso, ni pensarlo!) pero era consciente de que si tenía tanto éxito entre las demás chicas, era precisamente por algo, y nada más.

-¿Y fuiste con él al Baile ayer y no nos dijiste nada? -preguntó Lavender, claramente ofendida y poniendo a propósito una exagerada expresión triste, bajando las cejas y entornando los ojos.

-Yo... Es que... Veréis, no fui exactamente a la fiesta con él. Bueno, yo... -y sin poder más, explotó.- ¡Sólo os he mentido! ¡No fui con nadie ayer, fui totalmente sola! ¡Nadie me regaló la flor! La... La encontré en el jardín.

Jamás podría reconocer que había sido Draco Malfoy quien se la había regalado, aunque no sabía el por qué del extraño momento vivido la noche anterior, y tampoco quería saberlo. Lo único de lo que estaba segura era que no quería dar explicaciones y que además, luego lo fueran contando por ahí. Así pues, las chicas se bajaron de la cama de Hermione un tanto decepcionadas, y se dirigieron a sus propios asuntos, mientras Ginny miraba a la chica sentada con cara pensativa sobre su cama, sabiendo perfectamente que ocultaba algo.


Draco Malfoy y Theodore Nott ni siquiera habían bajado a desayunar esa mañana. El chico moreno se había encargado de sellar la puerta del dormitorio de los chicos, para que no entrara nadie y viera el estado en que se encontraba Malfoy. Tanto física como psicológicamente. El muchacho rubio había estado un buen rato relatándole al otro lo que había ocurrido, y el motivo por el cual pensaba que estaba así. Llegaron incluso a comprobar si era un sueño, utilizando desde pequeños y sencillos hechizos, hasta el viejo truco del pellizco en el brazo, pero nada había funcionado. Era real.

-Maldita sea... ¡Los fantasmas no hacen magia! -había gritado Draco en un repentino ataque de rabia en el que se había levantado bruscamente de su cama, en la que había estado sentado un rato después de haber recorrido la habitación varias veces en círculos.

-Una vez escuché a alguien decir que sólo un mago muy, muy poderoso puede hacer magia después de muerto. Como el Lord Oscuro, por ejemplo, cuando revivió. -le explicó Nott, que había leído alguna cosa al respecto, y estaba seguro de que su padre o un familiar cercano también le había contado algo una vez.

-Pero... ¿¡Pero qué mago poderoso, ni ocho knuts? -había respondido Malfoy, con claro nerviosismo.- ¡Pero si esa chiquilla no tendría más de catorce años!

-No sé, Draco... Nunca subestimes a alguien en el mundo mágico, recuérdalo, aunque supongo que tu padre te lo habrá dicho innumerables veces.

Draco se acercaba esta vez a Theodore, sentado en su cama tranquilamente, dispuesto a agarrarlo del cuello de la camisa del uniforme. -¡No te atrevas a nombrar a mi padre, o...!

Pero Nott habló, con una voz calmada, como si estuviera en medio de una biblioteca comiendo libros con Granger, y no a punto de morir a manos de un Draco Malfoy muy cabreado.

-Escucha: yo no tengo la culpa de que te haya pasado esto, eso sólo es cosa de la chiflada que te lo hizo. -dijo, y Draco se detuvo, y se quedó de pie plantado delante de Theodore. - Pero, recuerdo que me has dicho algo antes... Algo de que esto se acabaría cuando alguien dijera que te quiere...

-Sí pero... ¿Quién coño va a quererme con este aspecto? ¡Soy un puto engendro! -contestó Draco, cuyos nervios iban y venían como un barco a la deriva.

-Bueno... Pansy está diciéndotelo siempre a todas horas... -contestó Theodore Nott, con una sonrisa sagaz en los labios. ¡Eso era, Pansy Parkinson lo sacaría de esa mierda! Y en ese justo instante, Draco Malfoy comprendió el por qué un chico como Theodore Nott había acabado en la casa Slytherin.


Pansy Parkinson se sentía satisfecha ese día. Después de comer a mediodía en el Gran Comedor, había encontrado una notita en su habitación cuando había vuelto a ella para alisarse el pelo mágicamente. En realidad, no le extrañaba el hecho de haber recibido una nota. Era consciente de que cientos de chicos de todas las edades y casas estaban detrás de ella, no por algo estaba considerada la tía más buena de todo Hogwarts. Sin embargo, lo que le sorprendió fue el nombre de la persona que firmaba el breve mensaje, que decía así:

''Te espero en el salón de té anexo a la Sala Común en media hora. Ven sola.

Draco M.''

No lo había visto desde la noche anterior, cuando después de la fiesta, los besos y caricias habían ido más allá. Luego, él se había marchado, y no lo había vuelto a ver. No había bajado a desayunar, ni lo había visto esa mañana por los terrenos de Hogwarts, donde había ido a pasear con otras chicas de Slytherin, y tampoco había estado en la comida. ¿Qué querría?

Aunque la verdad, preguntar eso era un tanto estúpido por su parte. ¡Claro que sabía lo que quería: un nuevo rato de diversión!

Ella no tenía nada más interesante que hacer en esos momentos. Era fácil: iría a dónde él le había pedido, se besarían, puede que se acostaran juntos, y después la vida seguiría. Como siempre pasaba.

Así pues, se dirigió al salón de té. Casi siempre acababan en ese lugar, ya que las chicas no podían entrar a los cuartos de los chicos y viceversa: las escaleras siempre se convertían en resbaladizos toboganes que los hacían caer ridículamente y los llevaban de vuelta a la Sala Común para que tomaran el camino correcto.

Pero cuando llegó allí, él no estaba esperándola sentado en una mesa como solía hacer de costumbre. De hecho, ni siquiera sabía si estaba, porque no veía nada en absoluto. La chica morena se dispuso a sacar su varita y conjurar un lummus, pero entonces escuchó una voz.

-No lo hagas -era claramente la voz de Draco. - Deja la luz apagada y acércate -dijo con un tono imperativo.

-Oh, con que hoy quieres oscuridad... Está bien, me gusta esa faceta misteriosa tuya... -dijo ella seductoramente, acercándose a paso lento hacia donde creía que había escuchado la voz de él. Cuando estuvo suficientemente cerca, se sentó en la misma mesa donde él estaba, pegando su hombro contra el de él.

-Te he hecho llamar porque... Para... Quería arreglar lo de ayer, lo de esa flor... -dijo él, con un tono que ella nunca jamás había oído.

-Pero si ya lo remediaste ayer por la noche -dijo ella, pícaramente, mientras reía. Quería acercarse a él. Besarlo. Estaba tan, tan bueno... Continuó hablando antes de precipitarse, esta vez quería dejárselo más difícil - ¿Por qué están las luces apagadas, Draco?

-Quería... Ehm... Quería que resultara romántico -ignoró la pregunta. Se daba asco a sí mismo, pero necesitaba pasar por este trago para no pudrirse el resto de su vida con ese cuerpo deforme. Cuanto más dulce y cariñoso fuera con Pansy, antes ella le diría que le quería, y toda esa mierda se habría acabado. - Te quiero tanto, Pansy... -y se acercó para besarla, pero ella lo paró.

-¿Qué puta mosca te ha picado, Draco? -le preguntó ella. Él nunca le había dicho que la quería y conociéndolo, sabía que eso no ocurriría nunca, por más que le doliera. ¿Es que acaso algún vapor en la clase de pociones lo había dejado imbécil?

Pero él no contestó. Más bien, respondió con otra pregunta: -Tú... ¿Tu me quieres, Pansy?

Y la chica ya no pudo más. Se levantó, y con un toque de varita, encendió la luz.

-¡NO! ¡NO! -gritó Draco al ver la cara de asombro y miedo que había puesto Pansy cuando la habitación había dejado de estar oscura. Le había visto.

-¡Aaah! -gritó la chica. - ¿Quién eres? ¿Q-Qué eres? -preguntó ella.

-Soy yo, Draco. Draco Malfoy. -le dijo él, intentando acercarse. Pero a cada paso que daba, ella retrocedía dos más.

-Tengo que salir de aquí -dijo Pansy casi en un murmullo, mientras se acercaba a la puerta. Pero él era mucho más rápido que ella, y antes de que cogiera el tirador, él ya estaba delante, bloqueándole el paso.

-Tu siempre... Siempre decías que me querías... Que era tu Draquito... Dímelo y esto se acabará.-dijo él, con un tono de súplica que era consciente, jamás había utilizado con nadie.

-¿Yo? ¿Quererte a tí? ¡Eso era cuando estabas bueno! -dijo ella con un grito, y le apuntó con la varita al pecho, cubierto con una camisa que le había robado a Crabble de su baúl, porque las suyas ni siquiera le cabían. - ¡Aléjate de mí, monstruo! ¡Aléjate o... O te lanzaré un Avada...! -le chilló Pansy, amenazadoramente.

-¡Por favor! ¡Te quiero! -y Draco Malfoy supo que eso no era suficiente, y que, además de que él sólo lo decía porque podría ser la solución a su problema, era consciente de que ella tampoco lo sentía. Ella entreabrió la puerta, y Malfoy supo que no tenía nada más que hacer. Una puerta cerrada, una posibilidad menos de recuperar su apariencia normal. Plof. -Al menos... Prométeme que no le contarás esto a nadie.

-¿Esto? Si contara esto pensarían que estoy chiflada, así que, por eso no te preocupes, porque no voy a decírselo a nadie. -y dicho esto, ella salió de la habitación velozmente, tanto como pudo. Y Draco Malfoy rugió furioso, sabiendo perfectamente que el asunto era mucho más grave de lo que parecía, y que nadie podría amarlo nunca jamás, porque era cruel, malvado... Además de feo y aterrador.


Nota de autora: Hola! Cómo estáis, qué tal vuestro verano? :)

Espero que bien. Bueno, aquí tenéis un nuevo capítulo. La verdad es que, después del anterior, parece que le he cogido el ''truco'' a esto de escribir capítulos largos y, aunque me cuestan un poco más (tanto a la hora de redactar, como pensar en las diferentes situaciones...) creo que es mucho mejor así, ya que es más cómodo para mí escribir menos capítulos pero algo más largos e interesantes y, aunque me sabe mal que esperéis un poquito más, también me gusta que estéis un poquito intrigadas acerca de qué pasará en el siguiente! Ahora mismo estoy en Mallorca, de vacaciones en la playa, así que, hasta la semana que viene, no podré escribir más!

Yendo con el capítulo... Draco Malfoy está empezando a desesperarse, no creéis? La verdad es que yo no me podría imaginar a Malfoy, prepotente y vanidoso, suplicando a nadie, pero no creo que sea tan malo como para no llegar a sentir lo que le está pasando (sobretodo en este capítulo) y la simple idea de quedarse así de por vida está arruinándolo. Pobrecín pero... Él se lo ha ganado, por tonto! x)

Espero muchos reviews, tanto si la historia os gusta como si no, y para ver qué opináis y qué creéis que va a pasar próximamente, jujuju. Los reviews son mi aliciente para escribir más y saber qué hago mal (o no), y no me importa si me leéis dos o dos mil, pero me encantan vuestras opiniones y leer qué pensáis al respecto de la historia, así que, come on! :D

Un beso muy, muy fuerte, y gracias mil a la gente que me está leyendo, jamás pensé que podría llegar a esto!

Ya sabes: click a ''go'' para que Draco Malfoy te diga que te quiere... ¡Y decirle que tú también! xD