Capítulo 7

Se respiraba una extraña paz en Hogwarts esos días. Sobretodo, a ojos de Hermione Granger.

Al caminar por los pasillos, los Slytherin no prestaban apenas atención a los Gryffyndor, algo verdaderamente extraño, pero la joven maga supuso que se debía a la todavía presente resaca de la noche de Halloween, cuando sabía que se habían creado ciertos lazos entre alumnos de diferentes casas, y todos éstos querían últimamente llamar la menor atención posible, no fuera que las relaciones que habían surgido esa noche, salieran a la luz.

-Ja. Como lo de Malfoy y y... -se le pasó por la cabeza, en un fugaz pensamiento y de pronto, se vio pegándose un manotazo en la frente, sintiéndose estúpida. ¡No había pasado nada entre Malfoy y ella! ¡Na-da! Simplemente, él estaría bajo los efectos de alguna poción extraña o defectuosa, o quién sabe si también bajo los efectos del alcohol... No valía la pena matar pobres e inocentes neuronas en ese pensamiento, simplemente, había sido extraño y punto.

Pero ahora que caía en la cuenta... No lo había visto desde el extraño incidente del baile, y desde entonces, parecía que estaba desaparecido totalmente. Quizá lo hubieran llevado ya definitivamente a Azkaban, con su querido papi mortífago.

Lo que estaba claro, era que ello, fuera lo que fuera, tenía que ver bastante con la aparente calma que Hermione estaba viviendo esos últimos días, y la verdad es que le encantaba poder ir tranquilamente por los pasillos, sin necesidad de escuchar algún ''apártate sangresucia'' o similares.


Draco Malfoy había agotado prácticamente todas las opciones que le quedaban. El ''plan P'', como él lo había llamado ante Theodore, había sido una total pérdida de tiempo, así como las siguientes dos o tres chicas con las que Draco había estado tonteando en un pasado no muy lejano, y que también habían intentado contactar. Así pues, como último recurso, y provisionalmente, había decidido esconderse en la Sala de los Menesteres, para que nadie pudiera ver su horrible figura circulando por Hogwarts a sus anchas. Podrían echarlo a patadas al bosque, a vivir con las apestosas criaturas que allí habitaban. O se dedicarían a estudiarlo en clase de Transformaciones, seguramente a McGonagall le encantaría hacer su disección como escusa perfecta para cortarlo a trocitos. Podrían hasta hacer llamar a los dementores si alguien le viera, y sólo Merlín sabía qué horribles cosas podrían sucederle entonces.

Tampoco podía volver a Malfoy Manor: su madre ya tenía suficiente con desconocer el paradero de Lucius, como para además cuidar de un hijo deforme, mitad muchacho, mitad engendro. O quizá, noventa por cien bestia y sólo diez por ciento humano; sí, eso resultaría mucho más exacto.

Así pues, mientras Theodore Nott buscaba alguna solución, o le daba alguna idea más interesante, Draco Malfoy se había instalado en la Sala de los Menesteres, al mismo tiempo que todo Slytherin pensaba que el chico padecía una enfermedad no muy grave, y que había sido llevado a un hospital mágico.

Vivir allí no era precisamente la ilusión de su vida: había polvo, y mucha suciedad. Los cachivaches se amontonaban en pasillos interminables, donde alcanzaba la vista hasta el techo, por lo que le había costado encontrar algo que le resultara medianamente habitable, o al menos un lugar en el que poder dormir. Un par de días después, llegó a la conclusión de que a pesar de que para un Malfoy era totalmente denigrante vivir en esas condiciones, si tuviera unos diez o doce años menos hubiera resultado hasta divertido una expedición por la sala. Y justo esa tarde, aburrido, mientras esperaba unas noticias de Nott que no llegaban nunca, se levantó del polvoriento colchón en el que dormía y se dispuso a explorar. Los trastos que allí habían normalmente no eran reclamados por nadie, por lo que podría quedarse con cualquier cosa que le gustara.

Dos horas después, además de basura, chismes extraños , y cosas totalmente inservibles, lo único que había encontrado aprovechable era algo de ropa de su talla, hortera y que jamás se hubiera puesto en otras circunstancias, pero que ahora debía utilizar porque la suya le estaba pequeña. Así, mientras se dirigía de regreso a donde había montado su pequeño ''campamento'', tropezó con un baúl grande, con llamativas pegatinas y adhesivos en su exterior, y fotografías de viaje recubriendo su tapa. No parecía muy antiguo, pero ya que había estado a punto de lesionarse (o matarse, quién sabe) por su culpa, lo abrió, dispuesto a destrozar todo lo que en su interior encontrara.

Pero al abrirlo, sus deseos de destrucción se contuvieron, al comprobar, asombrado, que en el interior lo único que había era un espejo de mano de plata grabada, deteriorada supuso que por el paso del tiempo: parecía realmente antiguo. Lo cogió, y se lo acercó a la cara, sabiendo perfectamente lo que iba a encontrar en su reflejo, no obstante, lo que allí vio lo dejó sorprendido: era él, Draco Malfoy. ¡El Draco Malfoy real! El rubio, pálido, apuesto y sangrelimpia Draco Malfoy de siempre le sonreía desde el espejo, con su mueca socarrona y su narcisismo habituales. ¿Es que acaso había vuelto a ser normal y no se había dado cuenta de ello? Recibió una rápida respuesta instantáneamente, cuando el deslucido cristal del espejo se emborronó, y le mostró de nuevo el rostro lleno de cicatrices y señales, las orejas puntiagudas (y un tanto peludas también) y las evidentes ojeras que llevaba bajo sus párpados, de no dormir sabiendo que tendría que empezar a acostumbrarse a esa horrible cosa que vería todos los días al levantarse... Durante el resto de sus días.


Theodore Nott había estado buscando y recabando durante toda la semana información acerca del estado en el que se encontraba Malfoy, pero no había encontrado nada relevante al respecto. Como todo Slytherin, no ayudaba a Draco por gusto, pero sabía que si le ayudaba, éste le ayudaría a él a que la gente lo respetara un poco más... Si salía de esa.

Nott era un chico muy callado, y la mayoría de las chicas se moría por él solo porque tenía mucho dinero y según unas cuantas, era muy misterioso. Como todos los Slytherin, pertenecía a una extensa familia de magos de sangre limpia, pero eso era algo que no le importaba en absoluto, a él lo que le gustaba era la investigación de fenómenos, hechizos y cosas inusuales, como lo que le pasaba a su compañero, y además, le interesaba aprender a salvar su pellejo, nada más. Por eso, con un poco de miedo a que Draco lo matara, cuando se dirigió a la Sala de los Menesteres sin ningún dato que aportar al respecto, no se lo dijo directamente, sino que sólo se lo sugirió levemente, alegando que no parecía ser un hechizo común.

-... pero he descubierto que existen unas pociones muy interesantes para hacer desaparecer las cicatrices... -le dijo Nott, intentando encontrar alguna solución alternativa al problema.

-Ya lo he probado -le interrumpió Draco, malhumorado.- He intentado cerrarlas con mi varita, incluso he tomado alguna cosa que encontré por un armario lleno de potingues y frascos raros. Incluso me he dañado a mí mismo, pero... -explicó, callándose bruscamente porque ni siquiera sabía cómo explicar lo que le pasaba.- Las heridas se cierran. Cicatrizan solas. Supongo que ahora me he vuelto inmortal también, o algo así.

Después de un rato de charla, Theodore Nott se marchó, asegurándole a Draco que nadie sabría de su paradero, y que seguiría extendiendo el falso rumor de que se había puesto enfermo, y que no volvería a clase en una buena temporada. Tenía hasta dos años para romper el hechizo pero, de nuevo surgió la pregunta en su cabeza... ¿Cómo iba a encontrar a alguien que le amara con ese aspecto terrorífico? Y cómo iba a amarla él a ella, también resultaba un punto interesante, si no imposible: él no amaba a nadie, al menos a nadie que no fuera él mismo.


Hermione había pasado una tarde realmente divertida con Ron y Harry, en los terrenos de Hogwarts, como en los viejos tiempos cuando aún eran niños de primer año. Lavender se había ido con sus amigas a pintarse las uñas, y Ginny tenía que acabar unos deberes de Transformaciones, por lo que los tres amigos habían decidido ir a visitar a Hagrid. Se habían cruzado en su camino con Pansy Parkinson y un grupito de chicas de Slytherin que la seguían como si fueran sus mascotas, y la chica, a diferencia de otras veces, no les prestó la más mínima atención, si no que pasó de largo, un tanto pensativa. Hermione pensó que esto era realmente raro en ella (''¿Pansy Parkinson, pensando?'' sonó en la cabeza de la Gryffyndor), pero no dijo nada.

Después de despedirse de sus amigos, fue a su habitación intrigada, y cuando abrió su libro favorito para leerlo antes de ir a dormir, no pudo evitar sonreír al ver aquella florecilla blanca que había decidido conservar allí, sólo porque sabía que en un futuro se reiría de todo aquello. Sintiéndose extrañamente satisfecha al verla allí, entre aquellas páginas, porque sabía que probablemente Pansy Parkinson se hubiera quedado sin una bonita rosa, y fuera quizá eso el motivo de su aparente desazón.


Al día siguiente, al despertar, encontró el sobre que esperaba sobre su improvisada mesilla de noche. Perfecto. Al menos, aunque no estuviera su padre en casa, tenía la impresión de que las lechuzas de Malfoy Manor seguían siendo tan eficientes como siempre. Aunque todavía estaba un poco adormilado, rasgó con avidez el sobre perfectamente lacrado que contenía el sello de su familia, y leyó unas letras que se movían un poco por el pergamino, supuso que el motivo serían sus ojos entreabiertos todavía por el sueño. Cuando consiguió enfocar las letras, leyó lo que ellas decían, y no pudo contener su sonrisa de colmillos ahora afilados.

''Hijo:

realmente me sorprende que estés tan enfermo como dices, ya que tengo entendido que posees una salud excepcional. Deberás haber considerado que tu dolencia es grave, ya que lo que me pides implica tu salida del colegio, pero ya he ordenado que acondicionen y preparen la residencia Malfoy en Londres para tu llegada en breve. No entiendo por qué no deseas re-instalarte en Malfoy Manor, pero creo que las circunstancias familiares me hacen intuir tus motivos.

Mejórate pronto.

N.''

Estaba convencido de haber escuchado alguna vez a sus padres hablar de aquella mansión de Londres, justo en el centro, que poseían desde hacía muchos años y a dónde alguna vez había ido a pasar un par de meses cuando era pequeño, en verano. Pero ahora que la ciudad estaba todavía más repleta de muggles e impuros, su padre había decidido cerrar aquella propiedad, por la obligación que tenía de mantener a su hijo lo más alejado posible de aquellos traidores a la sangre que ahora poblaban Londres. Hacía muchos años que no iba allí, pero sabía que sería el sitio perfecto para que nadie lo encontrara en Hogwarts, y vivir más tranquilo fuera de aquella polvorienta Sala de los Menesteres que, como medida provisional no estaba mal, pero que dejaba mucho que desear como morada permanente.

Sabía que no saldría de allí, así que poco le importaba esa vez estar rodeado de impuros, siempre que no estuvieran dentro de la casa. Así pues, con una sonrisa que se parecía bastante a una de sus muecas habituales, esas que utilizaba cuando todavía era Draco Malfoy, se dispuso a empaquetar algunas de las cosas que había ido reuniendo, sabiendo que si bien nunca podría cambiar su apariencia deforme, siempre sería un poquito más feliz gracias a la fortuna de su familia. Y eso le hacía sentirse satisfecho y más tranquilo consigo mismo.


Nota de autora: Hola! :) Cómo estáis? Siento mucho haberos echo esperar, pero llegué ayer mismo de Mallorca (el viaje ha sido muy tranquilo, he pasado prácticamente toda la semana en la playa sin hacer nada, y cuando no, de turismo por la isla) y nada más llegué a casa, me puse a contestar reviews. Muchas gracias a las (y los si los hay, también) que me leéis, y a las que me dejáis reviews también, mil gracias! Realmente me animáis a seguir con esta idea descabellada que me vino a la cabeza xDD

En cuanto al capítulo... Bueno, igual os parece un poco aburridillo, pero ya tengo totalmente asumido que esta es una historia muy lenta, que necesita capítulos ''de transición'' para explicar un poco qué va pasando con los personajes, y cómo éstos van transformándose y cambiando poquito a poco, por lo que NECESITO este tipo de capítulos en los que aparentemente no pasa nada. Espero que lo comprendáis (si no, se aceptan tomatazos, calabazas, y lanzamiento de todo tipo de frutas y hortalizas a mi cara) x)

Os adelanto un poquito que, el ''Dramione'' en sí (100% Dramione), vendrá como en unos... Mmmm, dos o tres capítulos, espero. Intentaré hacerlos más amenos, y además, darme más ''aire'' a la hora de escribir, que tengo que recobrar la costumbre de escribir un poquito todos los días :)

Y nada, os dejo ya. Espero que os haya gustado mucho el capítulo!