Capítulo 8

Apenas hacía dos días que había llegado a Londres, y lo último que Draco Malfoy quería hacer era desembalar las numerosas cajas que contenían algunas de sus pertenencias, y que se amontonaban en el recibidor de la mansión. Su nueva casa. Quizá, un nuevo hogar. Un lugar donde estar a salvo de miradas y comentarios bochornosos que, por suerte, no había recibido en Hogwarts, pero que había estado muy próximo a sufrir si no se hubiera escondido en su debido momento.

Agradeció mentalmente a su madre, y a la fortuna familiar Malfoy el haberle permitido instalarse (''Temporalmente, hasta que esta pesadilla termine'', pensaba Draco) en aquel lujoso edificio en el centro de la ciudad, donde estaría a salvo de cualquier mirón. No era Malfoy Manor, pero al menos, podría sobrevivir allí. La casa era grande, casi como un castillo, pero su fachada exterior no desentonaba en absoluto con el resto de edificios de los alrededores de Oxford Street. Sin duda, no quedaba muy lejos del Callejón Diagón, pero además de que no podía salir a la calle con su nueva apariencia, a Draco le desagradaba la simple idea de tener que mezclarse con muggles por las calles de Londres, por lo que se prometió a si mismo que no saldría de la casa. De todas formas, ¿qué más daba? Tenía entretenimiento de sobra allí dentro: tres pisos y una azotea para él solo, y una casa con todas las comodidades que un mago necesitaría, como una radio y un ajedrez mágicos. Si no, siempre podría retomar las clases de piano que abandonó a los cinco años.

El edificio poseía innumerables estancias, como una biblioteca, cuyos volúmenes anticuados no pensaba leer en su vida (dudaba incluso en entrar); una pequeña lechucería con dos aves que su madre le había regalado por si necesitaba comunicarse con ella, un jardín trasero totalmente destartalado, y varias salas que sabía no utilizaría nunca jamás.

Así, después de salir de Hogwarts escondido, y con varios permisos especiales firmados por los profesores (su madre ya se había encargado de ello), se pasó dos noches tirado en una gigantesca cama con dosel situada en la que ya había empezado a considerar su habitación, y unos tres días más vagando por la casa sin rumbo o intención de hacer algo. Comía algo de vez en cuando, de una bandeja que aparecía misteriosamente a las horas pertinentes en la puerta de su habitación, y que cuando acababa, volvía a desaparecer en el mismo sitio donde la había dejado.

-Elfillos domésticos -murmuró Draco para sí, con cierto asco pero sin duda, un tanto agradecido también por ayudarlo a no morir de inanición.

Ya habían pasado casi dos meses desde su horrible cambio, y la mayor parte del tiempo la había pasado durmiendo, o emborrachándose con unas botellas de whisky de fuego que había encontrado escondidas bajo los escalones que conducían a la cocina. Casi eran navidades, y sabía que este año, no habría regalos para él, aunque tampoco es que le importara mucho. Lo que más le dolía es que este año, no habría nadie en su cama para acompañarlo en Nochebuena o Año Nuevo. ¿Quién querría pasar tiempo con alguien feo como él? Ni siquiera las cartas que le había escrito a algunas de sus ex-conquistas habían sido contestadas, y eso que éstas ni siquiera sabían de su estado (o enfermedad, como Theodore Nott se había encargado de distribuir por todo Hogwarts, y que había provocado que gran parte de Slytherin no le diera importancia a la extraña desaparición de Draco Malfoy).

Se aburría muchísimo, tanto que incluso había comenzado a mirar por la ventana y observar la vida fuera de aquellas cuatro paredes, en las calles del Londres muggle. Bien era cierto que le repugnaban los impuros, pero le hacía gracia ver cómo éstos andaban tranquilamente por los callejones cerca de Oxford Street, totalmente ajenos al hecho de ser observados. Se había fijado en que muchos de ellos hablaban solos cuando caminaban (la mayoría llevaban extraños cachivaches colocados sobre sus oídos, o aparatos brillantes que se acercaban a la boca), o cantaban estridentes (y, aunque le avergonzara incluso pensarlo, muchas veces, pegadizas) melodías que parecían ser comunicadas a sus cerebros por extrañas diademas que llevaban en sus cabezas. Los muggles estaban como putas cabras, sin duda. Quizá debiera localizar cuanto antes la madriguera de ese elfo doméstico que le servía, y al menos, podría martirizarlo de vez en cuando para mantenerse ocupado y dejar de pensar en estupideces.

Una de tantas noches sentado en su cama, pensativo y totalmente ocioso, le vino a la cabeza aquél viejo espejo que había encontrado en la Sala de los Menesteres, y que había conservado más por curiosidad que otra cosa. Estaba en uno de los estantes de su armario, ahora totalmente vacío de camisas negras y entalladas, tan del estilo Malfoy, siendo asaltado su ropero por ropa cutre y y horrenda (quizá, a juego con él mismo) de mayor talla, debido a un extraño ensanchamiento de sus hombros y espalda, a causa de su repentina 'bestialización''.

Así pues, el chico agarró el espejo con poca delicadeza, y se volvió a observar en él, pero volvió a ver lo de siempre: su cara, repleta de cicatrices y manchas, además de unos ojos grises resignados y ahora, tremendamente enfurecidos de nuevo a causa de su visión. Algunas veces, el espejo lo engañaba mostrándole su antigua imagen, para poco después volver a cambiar, como si éste tuviera vida propia y le gustara burlarse de él. Esta vez, Draco Malfoy montó en cólera, y se dispuso a estampar el espejo contra el suelo de pura rabia y frustración, pero algo lo detuvo.

O más bien, alguien.

-¡No! No lo hagas -le gritó una voz desde el espejo. Una voz que conocía bastante bien, y que la última vez que la había escuchado, había sido para convertirlo en el engendro que era.

-¿Qué mierda estás haciendo aquí, y qué quieres? -lo que le faltaba a Draco Malfoy. Hablarle a la zorra que lo había hechizado vía espejo. ¿Qué quería, que se hiciesen amiguitos?

-Escúchame: no rompas este espejo. -le dijo ella, con tono más calmado, y mirándolo directamente a los ojos a través del cristal. - Es especial.

-¿Y qué? ¿Quieres que ahora me ponga a llorar? ¿No pretenderás que ahora, después de todo, me acueste contigo? -le vociferó él. Se sentía estúpido. Hablar con alguien por medio de una chimenea tenía su lógica y utilidad, incluso la Red Flu la tenía. Pero... ¿Hablar por espejo? ¡Venga ya!

Ella ignoró sus preguntas, y le contestó seriamente:

-Ya te advertí una vez, no me hiciste caso y ya viste qué ocurrió. ¿Es que no aprendes nunca, Draco Malfoy? -le acusó Savina. - Te he estado observando por medio del espejo. Vi cómo intentabas curar de algun modo las heridas de tu cara. Vi tu jugada con Pansy, y espero que comprendieras que no iba a funcionar.

-¿Pero qué mier...? -interrumpió Draco. Joder, estaba más chalada de lo que había pensado, ¿ahora lo espiaba? - Pansy me quiere, lo sé, y me faltó muy poco para...

-Y tú, ¿la quieres a ella? -interrumpió esta vez el pálido rostro de la chica en el espejo. - Te advertí que esto no funcionaba así. Las dos partes deben colaborar. De nada servirá que ella te ame si tu no sientes nada por ella, aunque tampoco es el caso. -zanjó totalmente Savina, con cierto retintín en su voz, como si quisiera burlarse de él.

No obstante, Draco sabía perfectamente que las palabras de la chica fantasma eran ciertas: Pansy alardeaba mucho, pero sabía que a la hora de la verdad, probablemente había tenido hasta más líos que él. No obstante, que lo supiera no significaba que no le doliera la idea de perder una buena oportunidad, y quedarse así el resto de su vida. Se quedó callado, sin saber qué decir.

-El espejo te mostrará a quién quieras con tan solo decir su nombre. -le explicó ella, sacándolo de sus pensamientos.- Ellos no podrán verte ni oírte, pero tú a ellos sí. -Draco pensó entonces en su madre, y la imagen en el espejo cambió para mostrarle a Narcissa Malfoy, sentada en una cómoda butaca en medio de un salón amplio alumbrado por una chimenea, escribiendo algo en un pergamino con expresión seria. La imagen cambió rápidamente a la de la chica fantasma, de nuevo. - ¿Lo ves? Hazme un poco de caso, y las cosas te irán bien. ¿Has decidido qué vas a hacer ahora? ¿Volverás al colegio? -le preguntó Savina, cambiando radicalmente de tema como había echo en las anteriores conversaciones que había mantenido con ella.

-No puedo volver a Hogwarts. La gente no le ha prestado mucha atención a mi ''desaparición'' ya que piensan que estoy enfermo, en Malfoy Manor o algún hospital, y que lo que tengo es sumamente contagioso. -explicó él. Seguía furioso, pero ya se había calmado un poco. ¿Podría realmente alguien acostumbrarse a ser una bestia? Quizá solo a sobrellevar su estado con resignación, pensó Draco. - Me quedaré aquí, encerrado durante lo que supongo serán el resto de mis días. -intentaba darle lástima, aunque totalmente fingida.

-¿Has pensado cómo romper el hechizo? -le preguntó de nuevo ella.

-Tú podrías cambiarme.

Ella esquivó su mirada.

-No, no puedo. Esto está ahora en tus manos. Por más que quisiera, no podría cambiarte, eres tú el que debe encontrar a alguien que vea algo bueno debajo de esa fachada. Son las leyes. -le respondió ella. Él volvió a cabrearse, y sacudió el espejo.

-¡Nadie me querrá así! -le gritó Malfoy.

-¡Eres un cabrón! ¡Y deja de sacudir el espejo! -le espetó Savina. - No me arrepiento en absoluto de haberte transformado, pero sin duda, sé que me arrepentiré al considerar ayudarte. Te daré algunos consejos, ¿de acuerdo? -él rodó los ojos, y desvió la mirada, fingiendo que no le interesaba en absoluto. - Para empezar, no rompas el espejo. Podría serte útil algún día, ¿de acuerdo?

Y dicho esto, Savina se desvaneció, dejando la superficie del espejo totalmente lisa, y a un Draco Malfoy bastante anonadado y con cara de sorpresa porque por primera vez en su vida, alguien le había dejado con la palabra en la boca.


Hermione Granger llevaba tres días preparando sus cosas para meterlas en el baúl, pero parecía que éste había hecho un complot contra ella, porque nada encajaba dentro, y cuando lo abría, éste le escupía toda su ropa, mientras Crookshans pegaba saltos, apartándose.

-¡Argh! Maldito sea. Alguien debe haberlo encantado.- dijo ella para sí, totalmente indignada. Pero nada más lejos de eso: no estaba encantado, sino que parecía que el propio baúl se negaba a cargar con tantos libros y ropa, y por eso los rechazaba.

A pesar de que pasaría las Navidades en su casa, con su familia, y no en ''La Madriguera'' como otras vacaciones, siempre le gustaba cargar con un par de sus libros favoritos. ''Orgullo y prejuicio'' era sin duda su favorito, y aunque lo había leído y releído casi millones de veces, nunca se cansaba de él y lo llevaba encima a todas partes. Escuchó una risa mientras intentaba volver a cerrar su baúl, empujando la tapa fuertemente con las manos, y al girarse y ver a Ginny en el marco de la puerta, el baúl volvió a abrirse repentinamente, desperdigando muchas de sus pertenencias por toda la habitación.

-Creo que tu propio baúl se ha cansado de ti, Hermione -dijo la pelirroja, mientras se acercaba a la otra, que estaba arrodillada en el suelo, intentando alcanzar los libros que habían quedado tirados por el suelo.

-¡No lo entiendo! Si siempre cargo con las mismas cosas... -dijo ella con cara de disgusto. Mientras, Crookshans se intentaba acercar a su dueña, pero el baúl pegó un salto, como si estuviera protestando, y el gato salió corriendo.

-Supongo que no me queda más remedio que ayudarte. -le contestó Ginny, recogiendo los últimos libros y camisetas que había por los alrededores, y dándoselos a Hermione para que los colocara en el interior del arcón. - Yo me subo encima de la tapa, y a la de tres, tú cierras los broches, ¿vale?

Y dicho esto, Ginny trepó hasta la tapa del arcón, mientras Hermione se colocaba en su posición para abrochar las engorrosas cerraduras.

-Una, dos... -la chica pelirroja sujetaba fuertemente la cubierta del baúl, para que no se abriera.- ¡Tres, ahora! -y dicho esto, Hermione se dio prisa para colocar los cierres correctamente, mientras el baúl pegaba botes y Ginny estaba a punto de caer. Finalmente, aún con la aparente oposición del baúl, consiguieron cerrarlo entre las dos.

-¡Por fín! Gracias, Gin -le dijo la joven castaña a su amiga, mientras se pasaba una mano por la frente- Llevo dos horas intentando cerrar este cacharro. ¡No entiendo por qué ahora hace estas cosas!

-Lo que no entiendo, Herms, es por qué llevas tantas cosas siendo que te vas a tu propia casa. ¡Luego tendrás que traerlas otra vez! -le contestó Ginny, con falsa indignación. -Si al menos vinieras a ''La Madriguera'' con nosotros y con Harry...

-Ya lo sé, Ginny... Y me encantaría ir. Pero... -dijo ella, bajando la mirada tristemente.- Con la guerra tan cerca, y los ataques de mortífagos de vez en cuando... Quiero estar cerca de mi familia ahora que puedo. No me gustaría que pasara algo y que yo estuviera lejos y ellos, preocupados. Al menos, estando en Hogwarts saben qué es de mí...

-Te entiendo perfectamente -interrumpió Ginny, zanjando el tema. - Yo también quiero estar cerca de mi familia y de mis seres queridos en estos tiempos... -y cuando pronunció las últimas palabras, Hermione supo que se refería a Harry. Al menos, ellos dos estarían juntos en Navidades, mientras ella pasaba las vacaciones en Londres, con su familia, alejada del mundo mágico. Aunque fuera por su propia voluntad, y por más que sus padres le hubieran dado permiso para quedarse con los Weasley, ella quería pasar unos días en el mundo muggle, por el simple echo de olvidar un poco todo lo que estaba pasando en esos momentos en la sociedad mágica.

Y sin pensar en dejarse llevar por la tristeza ni un minuto más, Hermione habló:

-Ey, ¿y si vamos al Gran Comedor a buscar a Harry y Ron? Me apetece merendar algo. -y dicho esto, las dos amigas se olvidaron por un buen rato de que la paz y la tranquilidad del mundo mágico pendía de un hilo, y salieron hablando y riendo para ir al encuentro de los dos chicos.


Draco Malfoy había probado ya todas las formas de entretenimiento habidas y por haber en su casa. Era como estar encerrado en una cárcel, y por un momento, pensó en su padre, y en si no hubiera estado mejor confinado en Azkaban con él. Aunque, lo más posible es que, si hubiera sabido del nuevo aspecto de su hijo, lo hubiera repudiado y hubiera enviado a cientos de mortífagos tras su búsqueda. Eran solo suposiciones que Draco se hacía, supuso que por culpa de su ociosidad.

La radio mágica no dejaba de decir que reinaba una extraña calma en toda la zona, sin ataques del Lord Oscuro y sus seguidores desde hacía un par de meses, lo que a Malfoy le extrañaba mucho. No es que estuviera muy enterado, ya que era el último mono que se enteraba de lo que a los planes de los mortífagos se refería, pero sabía perfectamente que la tranquilidad no tardaría mucho en romperse cuando menos lo esperaran. Así pues, apartó la radio a un rincón, y estuvo unos días sin utilizarla.

El ajedrez mágico tampoco es que le gustara especialmente, mucho menos después de haber estado jugando innumerables partidas desde que lo había encontrado en el ático de la mansión. Incluso, había localizado el escondrijo del elfo doméstico, que parecía llamarse Robby (supuso que sería primo-hermano o algo así de uno de los elfos que habían estado sirviendo en Malfoy Manor, y que se había echo muy amiguito del cara rajada y sus amiguitos) y había estado fastidiándolo un rato, pero ni siquiera eso había conseguido saciar su aburrimiento.

Fue entonces cuando tuvo una idea, una idea fugaz que pasó volando por su cabeza, pero que seguramente, le serviría. De entre las muchas cosas que había encontrado durante su (breve) estancia en la Sala de los Menesteres, había un libro que también le había llamado la atención. Más concretamente, un anuario, bastante reciente, y que seguramente había pertenecido a un Slytherin debido a sus tapas adornadas con tela verde brillante y plateada. En los últimos dos o tres días, su entretenimiento había consistido en coger el anuario y abrirlo al azar, para posteriormente pronunciar el nombre de la persona que aparecía en la página y que el espejo se lo mostrara. Había visto a Pansy Parkinson, con sus amigas, y una vez también con un chico de Ravenclaw haciendo manitas en un pasillo. No se apenó sin duda, sabía que ella era así.

También encontró a Zabini, y a Snape, incluso a Potter, que parecía estar pasando las vacaciones en casa de las comadrejas. Algunas veces también había localizado a Nott, cómo no, en la biblioteca, y de vez en cuando alguna gente le preguntaba si sabía algo de la presunta enfermedad que había dejado a Draco Malfoy en cama, pero parecían no darle mucha más importancia cuando él les decía que no sabía nada más. Si salía de esa, lo primero que haría estaba convencido de que sería hacer una estatua en honor de Theodore Nott, ya que no era alguien agradecido ni le gustaba deberle nada a nadie, pero en cierto modo, le respetaba por haber sido la única persona que lo había ayudado.

Pero entonces, el dichoso anuario le jugó una mala pasada. Ocurrió algo que no se esperaba en absoluto: al abrir el libro una de tantas veces, lo que vio fue una foto del cara rajada, la comadreja y la comelibros. Estaban los tres juntos y reían en la estación del Expreso de Hogwarts, supuso que antes de coger el tren. Justo al lado de la página donde halló esa foto, encontró otra, con una cara rodeada de rizos desordenados, y unos ojos grandes y marrones. Hermione Granger. Matrícula de Honor en Transformaciones, Herbología, Historia de Hogwarts, Premio Anual... Y comelibros, además de sangresucia por mención especial, se dijo Draco Malfoy a sí mismo, mientras, por una extraña razón, no podía despegar sus ojos de la foto de ella.

-Mierda. Estar solo comienza a afectarme -pensó Draco Malfoy, poniendo cara de asco, y apartando la vista. Tiró el libro verde a un lado de su cama, y como en un impulso, cogió el espejo. - Es sólo pura curiosidad.-se decía a sí mismo.

Y entonces, cuando lo tuvo en la mano, pronunció las palabras.

-Muéstrame a la sangresucia.-pero el espejo no funcionó. ¿Se habría roto de repente? ¿Habría perdido su ''magia'', o es que su uso estaba limitado a una semana y luego había que pagar? Pero entonces, tuvo una pequeña sospecha, y comprendió por qué no funcionaba. - Muéstrame a Hermione Granger.-dijo, por fín.


Nota de autora: Hola a todos y todas! Siento muchísimo la tardanza y el haberos hecho esperar tanto. Soy una mala persona, pero, tenía este capítulo medio escrito cuando volví y, entre unas cosas y otras, al estar casi una semana sin escribir ''diariamente'', perdí la costumbre y no encontraba cómo seguirlo. Además, para que ya las cosas se fueran poniendo un poquito más interesantes, quería hacerlo más largo para no teneros aburridas e intrigadas tanto tiempo, así que, ha costado un poco más de lo normal, pero aquí lo tenéis por fín! :)

En cuanto al capítulo, uff... Qué decir? Draco ha ''hablado'' con Savina mediante el espejo y creo yo que ésta está siendo hasta demasiado buena con él, ya que se ha ofrecido a ''ayudarle'' un poquito por así decirlo. A mí personalmente, el pobre chico está ya empezando a darme pena, porque, aunque se lo merece totalmente... Bueno, está más solo que la una, y eso ya empieza a afectarle. Draco Malfoy, en condiciones ''normales'' os aseguro que no se quedaría mirando una foto de Hermione Granger así como así (a menos que lo drogaran o algo así, pero eso ya son otras circunstancias xD). Y bueno, no sé qué más... Bueno sí, Hermione quiere pasar las vacaciones de navidad con su familia porque los mortífagos van y vienen y, aunque Harry y los Weasleys le importan mucho, creo que lo más lógico es que la chica también quiera pasar un tiempo con sus padres, etc. Además, estando las cosas como están en el mundo mágico...

Y bueno, me dejo ya de rollos. En cuanto al siguiente capítulo, lo tengo ya empezado, pero, más o menos, supongo que me costará una semana volver a actualizar, porque también quiero hacerlo largo y si puedo, añadir ya algo de acción de la buena x) *se rie malvadamente*

Ya sabéis: tomatazos, críticas, comentarios, preguntas y dudas, etc... Házmelas saber con un review!

Muchísisisisísimas gracias a la gente que me está leyendo (tanto la que deja reviews, como la que no), y que me anima en cada capítulo a continuar! Muchísimos besos, y hasta el próximo capítulo! :D