Capítulo 9
Hermione estaba tumbada encima de una cama, en lo que Draco supuso sería su habitación. Probablemente sería su casa muggle, donde debería estar pasando las vacaciones de Navidad. Estaba leyendo un libro, cuyo título no alcanzaba a ver el chico. Llevaba el pelo castaño suelto, cayéndole por la espalda, y lo llevaba alisado totalmente, hasta llegar al punto en que él apenas la había reconocido en un principio, aunque no le quedaba nada mal (nada más darse cuenta de lo que había pensado, Malfoy se dio un manotazo en la frente, como si así fuera a alejar esas ideas de su cabeza).
El espejo entonces le mostró su cara más de cerca, y Draco pudo apreciar que las mejillas de la joven estaban surcadas por finas lágrimas. ¿Por qué lloraría? Seguramente, y estaba casi convencido de ello, todavía le dolía no haber ido al baile con nadie, y que ningun chico se hubiera fijado en ella, ni siquiera cara rajada o Weasley, que debían estar mucho más ocupados en otros asuntos. Pero su teoría se desmoronó cuando se fijó un poco más en ella: ¡lloraba mientras leía el libro!
Sin duda, era mucho más de lo que Malfoy había llegado a pensar nunca y, aunque sabía que le encantaban los libros (de ahí, uno de los motes que él más utilizaba contra ella, comelibros) no pensaba que llegaran hasta el punto de hacerla llorar. ¿Tan malo era el libro que estaba leyendo Granger?
Supo entonces que se trataba de algo parecido a una novela romántica cuando vio los adornos rosas en la portada, y alcanzó a leer el título: ''Orgullo y prejuicio''. Desde su habitación, Draco exhibió una mueca de asco para sí. ¡Además de sangresucia, Granger era una total cursi! No obstante, antes de dejar boca abajo el espejo de mano sobre su almohada, Draco Malfoy le echó un último vistazo a la chica, y se dio cuenta de que había algo, no sabía exactamente qué (quizá fuera la curvatura de sus labios, la fina nariz o los grandes ojos marrones) que le recordaba a otra persona. A otra chica. Pero, ¿a quién?
Sin embargo, si Draco Malfoy hubiera esperado un poco más mirando en el espejo, se hubiera dado cuenta de que del libro que Hermione leía, había caído una flor, una rosa blanca que guardaba entre las páginas de su libro favorito, y que había quedado suavemente depositada al lado de la chica. La misma rosa que él le había regalado algo así como por casualidad. La misma flor que le había dado una oportunidad, y un margen de dos años al ahora monstruoso Draco Malfoy.
-¡Harry, cielo, come un poco más, que estás muy flacucho! -le decía la señora Weasley cariñosamente, mientras ponía al menos tres cucharadas más de carne con guarnición en el plato del chico. Ginny, sentada al lado de él, se tapaba la boca mientras reía. ¡Se alegraba tanto de que Harry estuviera pasando las Navidades con ellos!
Todo estaba resultando perfecto: su familia, Harry, todos poniendo el árbol de Navidad juntos, y además, Lavender llevaba unos cuantos días sin acosar a su hermano (Ro-Ro) con lechuzas porteadoras de cartas rosas con perfume. Era una lástima que Hermione no hubiera ido con ellos, aunque supuso que también se lo estaría pasando bien.
Al día siguiente sería Nochebuena, y por la mañana, todos juntos abrirían sus regalos en el comedor de ''La Madriguera''. Supuso que, aunque no había ido, ese año también su madre haría uno de sus característicos jerseys para su amiga, así como para el resto de los habitantes de la casa en esos instantes. Ginny simplemente era feliz.
Lo que la pelirroja no sabía es que esa felicidad iba a durar poco para ella, casi tan poco como la cena.
Hermione y sus padres habían sido invitados a cenar a casa de sus tíos, algo así como un preludio a la cena de Nochebuena que celebrarían al día siguiente en casa de la chica. Siempre se había sentido cómoda entre adultos, ya que se acoplaba bastante bien a sus conversaciones, y era muy capaz de seguir el hilo de ellas, hasta de intervenir con comentarios ingeniosos e inteligentes. Sin embargo, cuando sus tíos comenzaron a interesarse por su año escolar, la situación comenzó a volverse un tanto incómoda.
-¿Y dices que es un internado? -le preguntó su tío Joey, mientras sujetaba con una mano una copa de vino tinto. - No pensaba que te gustaran ese tipo de sitios, creía que eras más la típica chica que iba a un instituto a diez minutos de su casa.
Hermione empezó a removerse en su silla. Sin duda, sus tíos no sabían que Hermione era una bruja, y que por lo tanto, iba a Hogwarts, el mejor colegio de magía y hechicería de toda Inglaterra, por lo que sus padres se habían inventado la escusa de que pasaba el resto del año en un internado para señoritas. ''Muy ingeniosos'', había pensado Hermione. ¡A ella no se le daba bien mentir! ¿Y si decía algo que contradijera otra cosa que sus padres habían dicho? Menudo desastre.
-Yo, esto... -dijo Hermione, mirando a sus padres con cierta cara de angustia. ¡Al menos, podrían explicarlo ellos!
-Hermione estudia en la Academia Hogwarts para señoritas, en Edimburgo. -contestó su padre, interrumpiéndola y salvando la situación. Dudaba mucho que sus tíos colocaran en Google el nombre del colegio, y si eso ocurría, sabía que no pasaría nada, quizá salieran un par de escuelas perdidas por Edimburgo como mucho. Hermione respiró tranquila, y miró a su padre con una mirada de agradecimiento que él comprendió de inmediato, y que respondió con una sonrisa. El hombre siguió hablando, y consiguió cambiar de tema mientras la joven se disculpaba diciendo que ya había acabado su cena, y que le gustaría ir a vigilar a sus primos, que jugaban en la sala de estar.
Pero lo que realmente quería, era hablar con Ginny y preguntarle qué tal les iban las cosas por ''La Madriguera''. Sabía que además, la Orden del Fénix planeaba reunirse pronto, con motivo de esa extraña y tensa calma que estaban sufriendo todos, debido a la ausencia de ataques en una buena temporada. ¿Qué estaría planeando Lord Voldemort? Y entonces, reparó en alguien en quien no había pensado desde hacía bastante tiempo: ¿estaría Malfoy con ellos?
Esa misma noche, ajenos a lo que le sucedía a su amiga en Londres, en ''La Madriguera'', Harry y Ginny estaban sentados en un sofá, cerca de la chimenea. Su conversación, bastante tranquila hasta entonces, se había tornado un tanto incómoda cuando Harry había tocado el tema de la próxima reunión de la Orden del Fénix.
-Supongo que nos reuniremos antes de que terminen las vacaciones... -le comentó Harry a la pelirroja, que estaba sentada a su lado.- Me gustaría... Bueno, tenerlo todo preparado por si Voldemort ataca en cualquier momento. -dijo él por fín.
Ginny se removió en su sitio, preocupada.
-Pero... Llevan dos meses sin aparecer por ahí... ¿Por qué deberían hacerlo ahora? -preguntó ella.
-Sabes que les encanta llamar la atención, por lo que, es normal que dejen pasar el tiempo, para intentar despistarnos. No me gustaría que atacaran Londres estando allí Hermione... -dijo él, también preocupado por la seguridad de su amiga.
-Pues en caso de que lo hagan... ¡Iremos y acabaremos con ellos! -le contestó ella, pegando un brinco en el sofá, intentando sonar optimista. Pero la cara de Harry se emsombreció.
-Tu no vas a ninguna parte. -le contestó él. Ella se quedaría en ''La Madriguera'', con Charlie y Fred o George.
-¿Qué? Espera Harry, creo que he escuchado mal... -protestó ella, tornándose seria su expresión.
-He dicho que tú te quedas aquí. No quiero que corras peligro, ¿vale? Te quedarás aquí con algun miembro de la Orden haciendo guardia, y no pienso dar mi mano a torcer.
¿Por qué ella no podía ir a luchar también? ¡También era su causa! Si le pasaba algo a Harry y ella no podía hacer nada... Sin embargo, lo dejó estar: sabía que el chico era demasiado tozudo, y que no conseguiría hacerlo cambiar de idea. Sus ojos comenzaron a empañarse, y cuando se dio cuenta de que iba a empezar a llorar, se levantó rápidamente del sillón.
-¡No tienes derecho! ¡No puedes decirme qué debo o no hacer! ¡Ya soy mayorcita! -gritó, y salió corriendo escaleras arriba sollozando. Harry supo entonces que aunque las cosas fueran así, no correr peligro innecesariamente era lo mejor para ella.
Aunque unos días atrás había estado seguro de que iba a ser totalmente incapaz, Draco había cogido uno de los muchos libros que poblaban las estanterías de la biblioteca de la mansión.
-Estar jodidamente aburrido, es jodidamente horrible. -pensaba, mientras entraba con algo de desgana a la amplia habitación llena de novelas, poesías y a saber qué más tipos de texto. La lectura nunca le había entusiasmado especialmente. Es cierto que leía si tenía obligación de realizar algún trabajo o redacción para alguna asignatura, pero normalmente intentaba evitárselo pidiéndole a alguien que le comentara ligeramente el contenido del libro. Pero ahora, se encontraba tan inactivo que ni siquiera ordenar a Robby que se estampara contra las paredes de la casa o le preparara complicadas cenas de siete platos (que luego nunca terminaba), le servía de entretenimiento. Lo había comprobado personalmente. Así pues, con la radio mágica diciendo siempre la misma sarta de tonterías, y el ajedrez mágico totalmente ignorado, sólo le quedaban los libros. La sangresucia debía encontrarles algún encanto, porque se pasaba casi las veinticuatro horas del día con la cabeza metida en ellos así que, como última opción (además del espejo, y observar por la ventana), resultaba una actividad aceptable.
Se negaba a aceptar que tenía cierta curiosidad por el libro que había visto leer a la chica, ''Orgullo y Prejuicio'', pero extrañamente había encontrado algunos otros libros cuyos autores eran muggles. Muchos le habían llamado la atención, pero de entre todos, le había gustado cómo sonaba el título ''El fantasma de la ópera''. Lo más seguro es que le aburriera más leerlo que el hecho de hacer nada, o quizá, odiaría demasiado el hecho de que su autor fuera muggle y llegaría un punto en el que no soportaría seguir leyendo.
Pero la verdad es que no fue así. Draco Malfoy había vuelto a equivocarse. Había cogido el libro, y había comenzado a leerlo sentado en uno de los sillones del gran salón de la mansión, resultándole tan adictivo que no se había dado cuenta de que había pasado toda la noche leyendo, y de que empezaba a amanecer. La verdad es que no estaba tan mal, además, se sentía bastante identificado con el protagonista (un chico que vivía escondido también debido a su horrible apariencia) y, el hecho de que éste encontrara a una chica a la que querer, le otorgó cierta esperanza (que creía ya había perdido) en lo que a su propia situación se refería.
Tenía sueño, había pasado casi seis horas leyendo y ya era de día, pero sin embargo, un sentimiento de curiosidad viajó hasta él. ¿Qué sería de Granger? La había estado observando la tarde anterior, y exceptuando su pelo alisado, no había encontrado nada más interesante ni ninguna novedad. Supuso que estaría durmiendo en esos momentos de la mañana. No obstante, no pudo evitarlo y, antes de caer dormido, cogió el espejo y pronunció las palabras pertinentes.
Eran aproximadamente las diez de la mañana, y a pesar de haberse acostado tarde (más de lo habitual, al menos) la noche anterior, Hermione ya estaba despierta, y había bajado a la cocina para desayunar con su madre. Su padre había ido a trabajar temprano, y las dos habían pensado que esa mañana la podrían aprobechar para hacer las últimas compras, al día siguiente era Navidad y todavía les quedaban algunos regalos que encontrar.
-¿Cómo has dormido esta noche, cariño? -le preguntó su madre mientras le ponía café en su taza, y se frotaba los ojos, claramente adormilada como también lo estaba Hermione en esos momentos.
-Bien, mamá, aunque anoche me acosté un poco tarde... -contestó la chica, cuyo pelo se había ondulado ligeramente mientras dormía, y que le daba vueltas a la leche con cereales de su tazón, quedándose ensimismada mirándolos.
-¿Te quedaste otra vez leyendo? -le interrumpió su madre, aunque creía saber la respuesta a su pregunta.
-No, estuve buscando cosas por Internet. - o más bien, asegurándose de que poner ''Hogwarts'' en Google no daba ningún resultado.
¿Internet? ¿Qué coño era eso? Draco llevaba un rato observando a Granger, y después de pasar algunos días mirando por la ventana a otros muggles, se había dado cuenta de que ella no era una excepción, y de que estaba tan loca como todos ellos. ¿Sería algún tipo de libro o archivo eso de Internet?
Sabía que su padre lo mataría si se enterara de ello, pero, reconocía que le encantaba observar a los no-mágicos (¿desde cuándo había dejado de llamarlos impuros?) y estudiar su comportamiento, así como intentar descubrir para qué servían muchos de sus extraños artilugios. No se arrepentía de no haber prestado atención a las clases de ''Estudios Muggles'' que Hogwarts ofrecía, sabía perfectamente que allí no habría aprendido nada útil sobre ellos. Sin embargo, gracias al espejo y a sus tardes en la ventana del desván, había estado aprendiendo cosas curiosas. Como que los muggles no llevaban túnicas para trabajar, pero algunos sí maletines, como en el Ministerio. O que la mayoría adoraban la música, con esos cachivaches que la aparentemente la transmitía a sus cerebros. ¿Cómo podrían meter en aparatitos tan pequeños a gente que cantara las canciones? No entendía nada, y aunque no lo reconocería jamás, le fascinaba ese nuevo mundo al que no estaba acostumbrado (y ni siquiera había salido a la calle).
-¿Quieres que vayamos a Oxford Street? Oí a tu padre decir algo sobre una mochila que le hacía ilusión... -la voz de la madre de Hermione a través del espejo sacó a Draco de sus pensamientos.
-Oh, está bien. Yo quiero mirar alguna cosa para Ron, Harry y Ginny... Intentaré enviarlo por lechuza urgente esta noche.-dijo Granger, mientras tomaba un sorbo de café de su taza. Debía abrasar, porque la sangresucia abrió mucho los ojos, pegó un brinco, y la taza casi cae de la mesa. Draco estalló en carcajadas. ¡Esto era mucho más divertido de lo que pensaba, no dormir valía la pena!.-¡Quema muchísimo!
-Lo siento, cariño, lo acababa de sacar de la cafetera. -dijo su madre mientras terminaba de ordenar la vajilla en los estantes de un pequeño armario sobre su cabeza. Y con un suave ''no pasa nada'', Hermione esperó a que el contenido de su taza se enfriara mientras terminaba con los cereales y la tostada, para luego subir las escaleras hacia su habitación, cambiarse rápidamente de ropa, coger una pequeña mochila y esperar a su madre mientras ésta cogía las llaves del coche.
Harry había decidido reunir a la Orden del Fénix antes de que terminaran las vacaciones, justo el día siguiente a Año Nuevo, que era jueves, por lo que se verían ese mismo viernes. No tenían que volver a Hogwarts hasta el lunes siguiente por la mañana, así que, en cuanto a las fechas no había ningún problema.
No había visto a Ginny desde la discusión que habían tenido el día anterior, pero George lo había tranquilizado diciéndole que últimamente su hermana no había estado pasando buenos momentos, y que tenía cambios de humor muy a menudo.
-Mujeres... -habían dicho los dos gemelos a coro, mientras se acercaban a la cocina.
Supuso que por ser Nochebuena, a la hora de la cena, Ginny lo perdonaría.
Cómo no, había comprado regalitos para sus amigos los pobretones y el cara rajada. Típico en ella.
Draco había acordado consigo mismo calificar a lo que él hacía (espiar, lo llamarían algunos) como ''estudio sociológico de la vida muggle'', aún sabiendo que le encantaba observar por el espejo, y que por eso mismo no podía llamarlo estudio. Como excusa, se dijo a sí mismo que quizá esos datos ayudaran en próximos planes de los mortífagos o el Señor Oscuro. Daba igual: de lo que sí estaba seguro es que las cosas horribles que Granger había comprado para sus amiguitos, no les iban a gustar. No eran caras, ni parecían valiosas.
No obstante, muy dentro de él, la envidia lo carcomía. Tampoco es que le entusiasmara recibir una sudadera la mañana siguiente, como iba a ocurrirle a Harry Potter, o una mochila nueva de color rojo y negro, que seguramente estaría destinada a la comadreja que siempre los acompañaba. Intentaba camuflar esa envidia pensando que era por el simple hecho de que él no recibiría nada el día de Navidad. Pero le daba igual. No le importaba, y punto.
Fue justo en ese momento cuando algo le vino a la cabeza. Era una gilipollez en realidad, pero, cansado de estar solo entre cuatro paredes consigo mismo y un elfo doméstico que apenas salía de su madriguera para hacerle la comida, tomó una decisión: contrataría un tutor.
Ahora que había dejado Hogwarts atrás, pensaba que el hecho de no estudiar le encantaría. Y estaba en lo cierto, pero además del espejo, leer libros muggles le incitaba a saber más cosas sobre ese mundo. Sin duda, a la parte más Malfoy de su cabeza no le gustaba una mierda esa idea, y el simple hecho de pensarlo, le repugnaba. Pero, otra parte de él que últimamente le estaba jugando muy malas pasadas y que nunca hubiera jurado tener, le susurraba ''¿por qué no?''.
Nota de autora: Cof, cof... Hola! Bueno, finalmente, he podido subir el capítulo antes de lo que pensaba, he conseguido encontrar wifi en la playa, y bueno... Pues aquí está :)
El de hoy es un capítulo más largo, y, aunque como siempre, no tiene mucha acción (ya me resigno: no soy de las que escriben capítulos cortos en los que pasan muchas cosas, si no más bien al contrario T-T) pero ya vemos que van pasando cositas. Yo creo que ya Draco se nos está volviendo chiflado: reconozcámoslo, yo creo que le está cogiendo el gusto a eso de observar gente por el espejo y, para qué nos vamos a engañar, yo creo que le encanta mirar a Hermione. ¿Vosotras no? xD También lo del tutor... Uff... El pobre sí que debe estar muy desesperado (y aburrido) como para meter a un muggle en su casa y que le enseñe cosas sobre su ''mundo''. ¿Os apatece ver a un Draco Malfoy utilizando Internet? Jajajaja!
Como últimamente escribo capítulos más largos, tendré que actualizar menos seguido, pero bueno, como mucho os haré esperar una semana entre capítulo y capítulo, lo prometo! Oh, por cierto... Gracias por las casi 1,000 visitas a esta historia! Sin vuestra ayuda, esto no hubiera sido posible!
Os veo en el próximo capítulo. Muchísimos besos, y ya sabéis: comentarios, tomatazos, citaciones para pegarme una paliza, peticiones para que Draco Malfoy haga una aparición estelar con delantal y gorro de cocinero... Lo que queráis, en un review x)
