Capítulo 12

Theodore Nott era consciente de que acababa de firmar su sentencia de muerte. Que fuera Slytherin, no significaba que siguiera a los mortífagos y a su Lord, por lo que, si salvar alguna vida estaba en sus manos, él se ofrecería sin mostrar resistencia alguna. No obstante, sabía que a Draco Malfoy no le haría ni puta gracia, y puede que llevando a una Hermione Granger herida y moribunda a su nuevo hogar en Londres, éste acabara con su vida y la de la chica en menos de lo que se decía ''Crucio''. Si no era así, y Lord Voldemort se enteraba de que se había ofrecido a ayudar a Potter y sus amigos a cambio de la vida de Granger, espiando para ellos, estaba muerto igualmente. Ocurriera lo que ocurriera, sabía que Draco no era precisamente un amante de los impuros, pero era la única opción que le quedaba. Aquél día en el baile, a pesar de las máscaras y los disfraces, Theodore Nott vio algo que le esperanzó, un simple gesto que probablemente liberaría a Malfoy. Aunque él no hubiera sido consciente de ello, Theodore Nott sí se dio cuenta de a quién entregaba Draco aquélla rosa. Y aunque puede que fuera algo totalmente imposible, Nott guardaba ciertas esperanzas de que su descabellada idea funcionara.

No se consideraba un amigo de Draco, sin embargo, y a pesar de saber que éste odiaba la caridad para con su persona, le daba un poco de lástima. Por eso había decidido ayudarlo cuando vio su estado, por eso lo ocultó del resto de Hogwarts. Estaba seguro de que a nadie le gustaría verse en la situación en la que se encontraba Draco, y más aún estando totalmente sólo, con una madre recluida en su propia mansión, vigilada por mortífagos, y un padre encerrado en la cárcel. En el fondo, sólo era un adolescente de diecisiete años asustado, metido en una guerra en la que no quería participar. Como él.

Por ello pensó que la mejor forma de salvar a Granger sería llevarla con Malfoy. Sabía que su reacción no sería buena, desde luego, pero también sabía que en el fondo, Draco no era una mala persona, y que no dejaría que alguien muriera así como así. Aunque ese alguien fuera la sangresucia. Lo más seguro que, cuando se apareciera en casa de Malfoy y éste lo viera en aquél estado, lo echara a patadas de allí, pero valdría la pena, estaba seguro. No tenía miedo, y Theodore Nott siempre cumplía sus promesas, aunque ésta hubiera sido echa a Weasley, y se tratara de mantener a Hermione Granger a salvo... En casa de Draco Malfoy.


Draco Malfoy se había levantado extrañamente pronto ese día. Había tenido pesadillas durante toda la noche, y no había dormido precisamente bien después de observar por el espejo cómo Hogwarts era destruido y moría gente la noche anterior. Por ello, le había dicho a Jack que comenzaran sus clases un poco más tarde ese día, o que incluso las dieran por la tarde. No se sentía de humor para leer al deprimente Víctor Hugo y comentar ''El jorobado de Notre Dame'' ese día, dado que Jack consideraba que ya había aprendido bastantes cosas sobre tecnología, y consideraba pertinente darle también algunas clases de literatura y comentario de texto.

Se duchó y se vistió rápidamente. Sabía que si se quedaba en su habitación, la tentación de mirar por el espejo de nuevo se adueñaría de él, y no se hacía responsable de los nombres que pudiera pronunciar entonces. Una insistente curiosidad acerca de si Hermione Granger había muerto o no, le carcomía. Nada tenía que ver que por esa misma curiosidad la hubiera estado observando muchas veces por el espejo, si no que, simplemente, ver morir a la gente no era su pasatiempo favorito, y se preguntaba si estaría viva o no. Si se encontraba bien, o mal, eso ya le no le importaba.

Así pues, bajó a desayunar, sabiendo que no encontraría a nadie en el comedor, y así fue. Se dirigió hasta la cocina en la habitación anexa, para coger unas galletas o un trozo de bizcocho que había sobrado de la cena de la noche anterior, pero se sorprendió al encontrarse allí con el elfo doméstico, que pegó un saltito en cuanto lo escuchó entrar por la puerta.

-¡Señor Malfoy! Oh, dígame en qué puedo ayudarle. ¿Quiere desayunar? Robby prepara ahora mismo algo bueno para el señor, sí, Robby prepara. -dijo la criaturilla, con voz temblorosa, sin atreverse a mirarlo a los ojos. Últimamente Draco lo encontraba por los pasillos, y aunque ya no se metía con él, ni lo maltrataba (incluso intentaba entablar alguna conversación con él), Robby parecía temerle, y se hechaba a temblar nerviosamente siempre que lo tenía cerca. Eso sólo le recordaba su aspecto monstruoso, y Draco se sentía furioso al momento.

Sin embargo, no le gritó, tal y como el elfo esperaba. Tampoco le ordenó que se estampara contra una pared, como otras muchas veces le había dicho. Simplemente, negó con la cabeza, y habló mientras se acercaba a uno de los armarios.

-No, sólo comeré unas galletas. ¿Queda algo del postre de ayer? Me gustó. -dijo, secamente mientras rebuscaba en un armario encima de los fogones. Le gustaban esas extrañas pastas muggles que Jack compraba y que sabían a menta y chocolate.

-Robby prepara desayuno para el señor Malfoy. Así el señor Malfoy no tiene que comer galletas muggles. -insistió él, pero Draco ya había encontrado la caja, y no le apetecía otra cosa. Tampoco discutir con el elfo doméstico que, aunque sabía que tenía buena intención, empezaba a provocar que le doliera la cabeza.

-Escúchame. -dijo Draco con tono serio, acuclillándose ligeramente para estar a la altura del elfo doméstico, que había retrocedido un poco, y parecía asustado. - Hoy no quiero que prepares nada. Tienes el día libre, Robby puede hacer lo que él quiera. -le dijo, y la criatura sólo abrió mucho sus ya grandes ojos, sorprendida. Él quería servir a su amo, aunque a veces fuera malo con él. Era su deber. Se sorprendió todavía más cuando Draco le tendió una mano con una de las galletas de chocolate, se levantó y después de entregársela, salió con paso rápido y ligero por la puerta, sin mirarlo. - Y come algo, no quiero elfos domésticos flacuchos y enclenques en mi casa.

Con la galleta fuertemente agarrada en una de sus manitas, Robby sonrió y pensó que decididamente, el amo Malfoy no era tan malo como todos pensaban, y se sintió feliz.


-¿Dónde mierda está Hermione? -preguntó Harry, al borde de la desesperación. Desde el día anterior no había vuelto a ver a su amiga, que sabía había estado escondida en un lugar cercano mientras él luchaba contra Voldemort. Éste y todo su séquito de mortífagos habían logrado escapar, aunque con dificultad, y dejando a muchos de sus secuaces muertos tras de sí.

Ron tampoco había hablado mucho desde entonces. La noche anterior, después de asegurarse de que Hogwarts había quedado a salvo, de hacer recuento de bajas (habían muerto dos chicos de Hufflepuff y una chica de Gryffyndor había quedado gravemente herida), y curas a algunos alumnos y profesores heridos, todos habían intentado recobrar la normalidad, yendo a sus respectivas casas para intentar dormir. Fue entonces cuando Harry y Ginny se habían reunido con Ron, y le habían preguntado por su amiga, sin obtener nada más que unos balbuceos casi ininteligibles de parte del pelirrojo. Después, en la soledad de los dormitorios, donde a esas horas no había nadie, Ron se echó a llorar.


Un rato después de haber desayunado, Draco había estado mirando la televisión, cambiando de canal utilizando el mando a distancia todavía torpemente, y después de estar un rato intentando prestar atención a un programa que sinceramente, no le interesaba, se levantó lánguidamente del elegante sofá de terciopelo negro, buscando algo más interesante que hacer, y que le ayudara a alejar los pensamientos que tenía acerca de lo que había visto la noche anterior.

Como un autómata, se dirigió a la biblioteca. Moría de curiosidad por abrir aquél libro, precisamente aquél, aunque más tarde se arrepintiera y se pegara de golpes contra las paredes por cursi y ñoño. Cuando traspasó las puertas de la habitación, la tenue luz que entraba por los altos ventanales le descubrieron una sala llena de estanterías hasta los altos techos abovedados, dando la impresión de que las paredes estaban echas de libros y no de ladrillos. Se dirigió al estante que recogía todos los libros de ''Literatura Romántica'' y se puso a buscar por orden alfabético el volumen que buscaba. Lo estaba tocando con los dedos, y cuando se dispuso a estirar hacia fuera para liberarlo de entre los otros libros, sonó la puerta con un repiqueteo constante y aparentemente, nervioso.

Mierda, pensó Draco. Jack había salido con Piloto a dar una vuelta por los alrededores, y a comprar algunas cosas a ese sitio que llamaba ''supermercado'', debido a que habían cambiado definitivamente sus clases para antes de la cena. ¿Y si era un muggle el que llamaba? Robby no podía abrir la puerta. Quien sea que fuera, volvía a tocar la aldaba del gran portón de entrada. Debía... ¿Debía abrir él? Seguramente, si alguien viera su horrible cara, saldría corriendo horrorizado. Aunque ahora que lo pensaba, sería mejor ya que en un futuro nadie osaría volver a molestarlo.

Bajó los escalones que llevaban al segundo piso, donde se encontraban dos dormitorios (además del de su tutor) que estaban totalmente vacíos, y que creía poco probable utilizar. Siguió bajando por las escaleras, con algún resquicio de su antigua elegancia humana y Slytherin, y finalmente llegó hasta el majestuoso recibidor de la mansión. Se dirigió hasta la puerta acristalada, que precedía al gran portón y se quedó allí plantado, sin saber qué hacer en aquélla pequeña antesala en la que tan sólo había un perchero para colgar abrigos y un paragüero de latón muy viejo y abollado. Pudo escuchar la fuerte lluvia que estaba cayendo fuera. Y abrió la pesada puerta de madera cuando ésta volvió a resonar. La arrastró lentamente, y asomó la cabeza por la rendija que había quedado.

Se sorprendió gratamente al ver a Theodore Nott. No lo había visto la noche anterior en Hogwarts, y supuso que por ello, se hallaría muy, muy lejos de allí, puede que en un lugar a salvo. Un Slytherin siempre sabía qué le convenía para mantener su pellejo a salvo. Llevaba el pelo negro pegado a la cara sucia y con algunos arañazos, y estaba totalmente empapado. Draco abrió un poco más la puerta, dejándose ver él también, patéticamente vestido con un pantalón de tela vaquera y una sudadera gris holgada con capucha. Tan muggle. Nott bajó la mirada ligeramente, y Draco se percató de que cargaba con un bulto envuelto en una túnica negra.

-¿Pero qué mierd...? -dijo, por fín, Malfoy, totalmente sorprendido. ¿Realmente Nott había sido capaz de matar a alguien? Si así era, ¿por qué coño estaba en su casa con el cadáver?

-Escucha. -le dijo Theodore imperativamente y aparentemente tranquilo, entrando a trompicones por la puerta, intentando no golpear el bulto que cargaba. - Anoche en Hogwarts...

-Ya lo sé -le interrumpió Draco. Seguía sin entender nada.

-Sé que no te va a hacer ni puta gracia. Pero necesita... Ayuda. -dijo el chico de ojos azules, refiriéndose a lo que fuera que cargaba en sus brazos. Cuando entró en la casa seguido de Draco, miró nerviosamente hacia ambos lados. Parecía que buscaba algo, y ese algo se hallaba en el salón. Draco no estaba furioso con Nott, pero comenzaba a intrigarle todo aquéllo, y era eso lo que le enfadaba. Se acercó al sofá con cautela, donde Theodore había depositado la túnica, que pocos segundos después pudo averiguar que ocultaba el cuerpo de una chica.

-Theodore, te lo repito: ¿Qué mierda pasa aquí?

-Voldemort la hirió. No está muerta, pero debe tener un par de costillas rotas, y necesita descansar. Tu tía Bellatrix... Escuché algo sobre un ataque próximo al castillo. Me pidieron que la protegiera. -aclaró él, mientras cubría con la túnica a la chica a la que se refería, y que temblaba ligeramente. ¿Quién sería, se preguntaba Draco? Y entonces, recordó algo, dejando al margen aquélla situación descabellada que estaba viviendo en esos instantes.

-Mi madre... Tú... ¿Viste a mi madre? ¿A mí padre, quizá? -le preguntó, con sus ojos grises ensombrecidos, y olvidando momentáneamente dónde estaba y qué estaba pasando a su alrededor.

-No, lo siento. No sé nada de ellos. -declaró Theodore. Sabía que cuando Draco se enterara de la identidad de la chica, los echaría a ambos a patadas de su casa, estuviera ella viva, muerta, moribunda o como fuera. O le pediría explicaciones, y luego los echaría a patadas. No sabía qué pasaría, pero sabía que fuera lo que fuera, habría patadas de por medio. Habló de nuevo, creyendo conveniente involucrar al chico antes de que se diera cuenta de todo. - Necesito que se quede aquí. -le pidió Theodore, señalando la silueta tumbada sobre el sofá.- Al menos hasta que se recupere un poco. Es una chica, igual... Igual ella también pueda romper tu hechizo. -y entonces, Draco volvió a albergar una nimia esperanza después de mucho, mucho tiempo.

-¿Quién es? ¿La... Conozco? -preguntó Draco, pero Theodore ya se había levantado, y con disimulo, había comenzado a encaminarse hacia el hall. Entonces, Draco vio algo que no le gustó. Entre la túnica negra que la cubría, sobresalía una bufanda, algo ensangrentada y llena de tierra y mugre, pero que aún así, era fácilmente identificable. Rojo y dorado. Dorado. Rojo. Gryffyndor. ¡Era una Gryffyndor! Comenzaba a exasperarse, y cuando sus nervios estaban a punto de estallar, tiró de la túnica violentamente, dejando ver el rostro de la chica, que mantenía los ojos cerrados y una mueca febril. Granger. Hermione sangresucia Granger.

Al principio, sintió algo que no esperaba. Tranquilidad. Ella no había muerto la noche anterior, seguramente había conseguido huir antes de que el Señor Oscuro volara por los aires su escondite. Pero luego, cayó en la cuenta, y quiso despertar de su pesadilla. Esto no podía le podía estar pasando a él. Él no... ¡Él no alojaría en su casa a la comelibros! ¡Nunca, jamás, en su vida! Ya bastante consideración y acercamiento había tenido con los impuros teniendo en su casa a su tutor y a ese chucho sarnoso que cada vez que fijaba sus ojos en él, parecía tener muchas ganas de pegarle un mordisco. ¿Por qué no se quedaba con Potty y Weasel?

-¡Theodore! ¡Joder, Nott! -gritó y abandonando el sofá, salió corriendo, siguiendo los pasos de Theodore Nott, pero el chico ya estaba prácticamente saliendo por la puerta de cristal, rápido como una gacela.

-¡Lo siento! ¡No tuve elección! -se disculpó mientras abría la puerta de madera, y Draco, soltando maldiciones, alcanzó a agarrarle una manga de la túnica hecha jirones, con el emblema de la casa Slytherin. Pero apenas tuvo tiempo de partirle la nariz, porque debajo de la lluvia, el joven moreno había conjurado un hechizo no verbal, y se había desvanecido en el aire, pronunciando unas últimas palabras misteriosamente. - Piensa el lado positivo: ella puede salvarte.

Y Draco se quedó allí, plantado bajo el dintel de la puerta, observando extenuado cómo caía la lluvia y los relámpagos iluminaban las calles de Londres. Él nunca sería capaz de amar a nadie. Y ella... Ella nunca se enamoraría jamás de Draco Malfoy.


Nota de autora: Cof, cof... Hola! Os he hecho esperar mucho? Espero que no! D:

Siento haberme retrasado un poco, pero esta semana ha sido una total y completa locura para mí. Con la vuelta de las vacaciones y de mis amigos, he estado saliendo... Demasiado, y por tanto, no he podido escribir tanto como me hubiera gustado, por lo que este capítulo lo he escrito a toda prisa entre ayer y hoy xDDD

Esta semana va a ser peor, porque vuelvo ya a entrenar casi todos los días, y tengo varias salidas nuevas pendientes, pero bueno... Voy a intentar hacer lo posible por publicar antes del fin de semana, porque luego cuando lleguen las clases (la semana que viene ya T.T), aviso que probablemente, me sea todavía más difícil actualizar (eso sí: NO VOY A ABANDONAR LA HISTORIA, ni voy a dejaros a medias, así que, que no cunda el pánico!).

En cuanto al capítulo... Jujuju, creo que ya tenemos aquí el tan esperado momento. No me ha gustado NADA el principio, pero bueno, no estaba muy inspirada que digamos, y tampoco he sabido cómo podía cambiarlo a mejor... En cambio, me ha gustado más cómo me ha quedado el final. Nott es... Pfff, creo que adoro a ese chico xDDD (eso sí: bien que ha huído rápidamente, eh?) y ya véis cómo se ha quedado Draco: totalmente patidifuso, con encontronazo de sentimientos incluído (que Hermione le caiga mal, no significa que le resulte agradable verla morir delante de sus narices a través de un espejo, no creéis?). Y Robby... Aish, ese elfo doméstico me parece genial, creo que es un personaje que ayuda mucho a ver cómo Draco va cambiando poquito a poquito, porque... Vosotras creéis que el Draco Malfoy de antes, le hubiera dado una galletita a un elfo doméstico e incluso, se hubiera portado bien con él? Yo creo que no xD Por cierto... Cuál era el libro que quería leer Malfoy antes de que se armara la marimorena en su casa? Acepto apuestas! xDD

Así que nada, os dejo por hoy. Voy a intentar ponerme ahora mismo a escribir el próximo capítulo para que no tengáis que esperar tanto. Se avecinan curvas en cuanto a Draco y Hermione, MUCHAS CURVAS!

Gracias por seguir leyéndome, tanto las que me dejáis reviews como las que no! Sin vuestro apoyo, ideas, comentarios, preguntas, esto no hubiera sido posible!

Ya sabes... Click a ''go'' si tú también quieres que Draco Malfoy te encuentre en las cocinas... Para darte una galletita de chocolate, bwahaha.