Capítulo 13

Por muy sangresucia que fuera, sabía que si la echaba de su casa, luego se sentiría mal, aunque fuera muy, muy nimiamente. Nott se la había jugado, totalmente. ¿Qué iba a hacer ahora? Podría tenerla un par de días allí, y cuando Granger se recuperara, mandarla de nuevo con sus amiguitos predilectos, en el primer tren a Hogwarts que saliera. Era una buena idea. Lo último que Draco Malfoy necesitaba era a una sabionda campando a sus anchas por su casa. Y además, ¿qué pasaría con él si lo reconocía? Aunque era una posibilidad totalmente remota, uno nunca puede decir con seguridad qué podría ocurrir, y quizá ella lo fuera contando por todo el colegio. Lógicamente, nadie la creería, pero la ''bestialización de Draco Malfoy'' causaría revuelo. Y Pansy siempre podría hablar, y entonces sería el fin.

Decidió apartar aquéllos sombríos pensamientos de su cabeza. Por el momento, ella seguía en el salón. Draco se había acercado cautelosamente a la habitación, casi como si le diera miedo darse cuenta de que todo aquéllo era real. Había asomado la cabeza muy, muy despacio, apoyándose en el marco de la puerta para no perder el equilibrio y caer al suelo. Granger seguía dormida... O algo así. De vez en cuando parecía sobresaltarse, y cuando se removía ligeramente en el sofá, emitía un gruñido, como de dolor. Entonces, Draco pegaba un salto, y continuaba vigilándola en la distancia, sin saber qué hacer.

-¡Ya he vuelto! -escuchó Draco en la antesala del paragüero. Era la voz de su tutor, y poco después escuchó el tintineo del collar de Piloto, que se sacudía el agua de encima. Vale, tenía que explicarle a Jack lo que pasaba. Bueno, sin detalles mágicos y esas cosas, pero él le ayudaría. Jack sabía dar consejos. Se alejó del salón, donde los destellos del televisor y sus constantes parpadeos eran la única luz que alumbraba tenuemente la estancia. Se acercó a Jack y a Piloto, que puso mala cara y le gruñó. Decidió además que si tenía que explicar las cosas, prefería hacerlo sólo una vez, y no tener que repetirlo.

-¡Robby! -llamó.

-No, soy Jack. -corrigió su tutor, sabiendo perfectamente a quién estaba llamando Draco (ese ayudante bajito que tenía y que colaboraba con las tareas domésticas), queriendo únicamente fastidiar un poco con su habitual sarcasmo. El chico ciego le acarició la cabeza al perro, que se removía nervioso a su alrededor, y decidió soltar su correa, para que éste saliera disparado cual cohete hacia el salón. Notando el nerviosismo de Malfoy, volvió a hablar, poniéndose serio. -¿Ha pasado algo, Draco?

-Yo... Esto... -no sabía cómo empezar a explicar todo aquello. Robby apareció entonces a su lado, con un ¡plof! - Tenemos una invitada. Está... Ha sufrido un accidente y deberá quedarse con nosotros hasta que se recupere. Además, he tomado una decisión. Considero que... Desde que llegué aquí he cambiado. -en realidad, él sabía que no tanto en realidad, pero necesitaba una excusa. - Por lo que quiero que dejéis de llamarme Draco, o señor Malfoy. -dirigió una mirada al elfo doméstico, que abrió mucho los ojos y se encogió de hombros con actitud culpable. - A partir de ahora soy Nicholas. Es muy importante que olvidéis mi antiguo nombre. -y remarcó esto último. Ahora que había perdido su cara y su belleza, además de ser apartado de la guerra y prácticamente todo el mundo mágico, ya ni siquiera se sentía Draco Malfoy. Se sentía... Como alguien sin nombre. Era como si su propio nombre ya no respondiera ante él, si no que necesitaba una nueva identidad. Además, si su nombre era pronunciado delante de Granger, aquéllo significaría el fín. -¿Entendido?

Tanto Jack como el elfo doméstico asintieron.

-Y bien... ¿Dónde está la chica, eh? - preguntó su tutor curioso, mientras Robby se ponía a pegar vueltas por el hall nerviosamente, sin saber qué hacer. Debía ayudar al señor Mal... Al señorito Nicholas, pero no sabía qué hacer. Puede que él le riñiera si hiciera algo mal, así que, tiró ligeramente de la manga de la sudadera que llevaba el chico, que todavía estaba parado en medio del recibidor sin saber qué hacer, absorto en sus propios pensamientos.

-¿Debería Robby...? -preguntó éste, tímidamente.

-No, retírate. Si te necesitamos, te haré llamar más tarde. -dijo seriamente, aunque no con rabia ni enfado, y el elfo doméstico supo que era el momento de desaparecer. Jack, que ya se había acercado al salón, donde se hallaba Piloto, se había girado, esperando la respuesta de Draco. - Ella... Está ahí... N-no sabía dónde llevarla y... -volvía a sentirse estúpido, pero supuso que se debía a que realmente y como quería creer, ya no era Draco Malfoy, si no alguien con una personalidad parecida a la suya, pero que últimamente dudaba demasiado en cuanto a cosas tremendamente estúpidas se refería.

-¿Hay más dormitorios en la segunda planta, verdad?

-Sí, pero ninguno está acondicionado. -declaró el chico de ojos grises, que se había acercado a su tutor, y observaba asombrado e incluso, divertido, cómo el perro guía lamía la mano de la chica, que colgaba lánguidamente del sillón. ¿Por qué a él sólo le gruñía? Maldito chucho...

-Está ahí, ¿verdad? Donde está Piloto. -dijo, señalando con la cabeza, y aproximándose mucho, a la localización exacta del sofá. - ¿Qué le ha pasado?

-Se... Se cayó en la calle, y... La reconocí. -empezó a mentir Draco. Si le decía que tenía un par de costillas rotas, y puede que una pequeña conmoción, Jack le recomendaría llevarla al hospital más cercano. Y entonces, sería peor el remedio que la enfermedad. - Es... La hija de un amigo de mis... Tíos. -continuó explicando. No se le daba tan mal mentir, al fin y al cabo.

-Pues yo que tú, la llevaría a algún sitio más cómodo que ese sofá. Si pasa mucho más tiempo ahí, cogerá un grave dolor de espalda. -dijo Jack y, llamando a Piloto, que se despegó de la chica gimiendo lastimosamente, se dirigió hacia las escaleras. - Creo que hoy nuestras clases quedan suspendidas... Pero mañana no te libras, Nicholas. -y dicho esto, se dispuso a subir hacia su cuarto.


Para empezar, Draco subió las escaleras hasta el tercer piso, tropezando varias veces en algunos escalones, debido a su velocidad. Se estaba convirtiendo en un torpe, además de idiota, joder. Quería coger su varita. Aunque últimamente no le había servido de mucho, seguramente ahora podría utilizarla para algo, como tratar las heridas de la sangresucia, y hacer que ésta abandonara su casa en menos de dos días. Muy útil, sin duda.

En su habitación, que ocupaba casi todo el tercer piso, todo estaba bastante ordenado, a pesar de las circunstancias. El espejo mágico estaba tirado encima de su cama, y supo que su varita, así como el anuario de Slytherin y algunos de sus cachivaches mágicos estaban guardados en el último cajón de su escritorio, que albergaba además el ordenador y algunos folletos y revistas sobre su superficie de madera tallada. Cogió la varita, rebuscando lo mínimo en el cajón, y bajó las escaleras de nuevo con paso rápido y ligero. De todas formas, no sabía por qué corría, porque la salud de Granger no le importaba lo más mínimo.

Llegó al salón, por fín, y rebuscando entre los cojines, y en la mesita, encontró el mando de la televisión y la apagó. Necesitaría algo de tranquilidad, hacía tiempo que no realizaba ningún hechizo con su varita. Encendió la lámpara que quedaba en un rincón, y que daba a la habitación una luz tenue y suave, pero aún así, Hermione se removió en su sitio, y apretó sus párpados, incómoda a la claridad. Draco se quedó mirándola. Cómo sus tirabuzones castaños contrastaban contra el color negro del sofá, y cómo la piel de sus mejillas, aunque ahora llenas de tierra y suciedad, combinaban también con su pelo. Se sentó cerca de ella, aunque evitando en la medida de lo posible tocarla. ¿Se despertaría ella ahora y se asustaría al ver su horrible apariencia? ¿Lo reconocería?

Sin pensarlo dos veces, se armó de valor y diciéndose para sí mismo que le daba exactamente igual lo que pasara, acercó la varita al abdomen de la chica. Ésta volvió a agitarse nerviosa, y cuando él susurró con cierto titubeo el hechizo ''Episkey'', Hermione comenzó a gemir y a agitar los brazos nerviosamente. Mierda, pensó Draco.

-Shhh... Ey, y-ya está. -dijo él, apartando la punta de la varita, que todavía brillaba, e intentando bajarle los brazos a la chica sin tocarla demasiado, cosa que resultaba un tanto difícil pero sin duda, bastante gracioso. Lo más seguro fuera que sus heridas no se hubieran cerrado del todo, ya que apenas había aplicado el hechizo. Cuando Hermione parecía un poco más calmada (y además, dormida), volvió a acercar la varita a sus costillas, esta vez sin sobresaltarla. Ella tan sólo se limitó a balbucear algo, adormilada, con los ojos un poco entreabiertos.

-¿H-Harry... R-Ron? -dijo ella, y a Draco le sentó como una patada en el estómago. Por Morgana, ¡era él, Draco Malfoy, su peor enemigo el que estaba haciendo todo aquéllo, sin ninguna necesidad, y no sus amados San Potty y Weasel! Le entraron ganas de abofetearla y sin embargo, no lo hizo, si no que volvió a susurrarle y ella recuperó su expresión de tranquilidad.

Él no quería tenerla allí. Y sabía que cuando ella despertara, tampoco le haría gracia quedarse en la casa de un desconocido, menos todavía si le veía la cara. Sería lo mejor para los dos: él la alojaría en su casa, y después la echaría, cuando estuviera bien. Supuso que no serían más de dos días. Podría soportarlo, pero aún así, resultaba inaudito, y también bastante increíble: él, Draco Malfoy, estaba ayudando a la sangresucia Granger., Seguro que el chiflado de Dumbledore le daría una medalla si se enteraba de aquéllo.

Volvió a mirarla. Parecía más tranquila. Se fijó en que no era realmente tan fea, pero no tenía nada de especial. Aunque le gustaba el color que obtenían sus mejillas, y sin apenas ser consciente de ello, sus ojos se dirigieron rápidamente hacia sus labios. Joder, la soledad lo estaba volviendo loco. Granger era fea, y tenía dientes de rata. Punto y final.

Como queriendo evitar caer en una tentación de la que no quería ser presa, y hacer cosas de las que luego estaba seguro, se arrepentiría, Draco pronunció un nuevo hechizo, y con su varita, hizo levitar el cuerpo de la chica, que subió por las escaleras lentamente. ¿Encima tendría que llevarla en brazos? Una cosa era ayudarla porque lo necesitaba. Otra muy distinta era tocarla, cuando era totalmente innecesario gracias a su varita.


Subió los dos tramos de escaleras. Jack y Piloto dormían en el segundo piso, donde además había dos habitaciones contiguas que estaban llenas de trastos y suciedad. Su habitación estaba en el tercer piso, junto a la biblioteca, siendo éstas dos las estancias más grandes de toda la casa. El desván sólo contenía más trastos y suciedad, un piso más arriba. Draco suponía que era allí dónde Robby tenía su madriguera.

No le hacía ni puta gracia, pero tendría que dejar a Granger en su dormitorio. Cuando ésta se largara, cambiaría todo el mobiliario, y todo lo que ella hubiera tocado. Era la única habitación medianamente en condiciones. Las del segundo piso ni siquiera estaban amuebladas, así que, le tocaría dormir esa noche en el sofá. ¿Desde cuándo se había vuelto una especie de amante de los sangresucia? Supuso que desde que ahora, su nombre había cambiado al de Nicholas, un nombre falto de gracia y personalidad (no como Draco Malfoy) pero que había pertenecido a uno de sus antepasados, o a un tío abuelo lejano, o algo así. Fue lo primero que le vino a la mente, así que debería ser suficiente. No sería por mucho tiempo. Sólo hasta que ella se fuera.

Abrió la puerta de su cuarto con un ligero empujón de pie, teniendo las manos ocupadas en mantener la varita apuntando hacia la chica, ya que si bajaba el brazo, la haría caer. Aunque la idea parecía divertida, y estuvo convencido de que la escena le haría reír muchísimo, no lo hizo, por alguna extraña razón. La dejaría en su cama, aquélla con tan caras sábanas negras y plateadas sobre las que él dormía. La dejaría allí, y luego saldría corriendo, sin mirar atrás, sin ni siquiera asegurarse de si ésta había caído en el colchón, o no.

Sin embargo, no la dejó caer cual saco de patatas sobre la cama. Su varita lo había traicionado, además de su mano, que con un suave movimiento de muñeca, hizo que la chica cayera suavemente sobre la mullida superficie. Bajó los estores que cubrían las ventanas intentando no hacer ruido, y cogió algunas cosas, como su espejo, el anuario, y algunas otras que le delatarían como Slytherin. Con los brazos cargando una pesada caja en la que lo había embutido todo deprisa, salió dando torpes bandazos por la puerta, cerrándola con el pie. Al menos, había cumplido una de sus promesas internas: no se había quedado mirándola dormir, y aquéllo había sido ya un gran logro.


Nota de autora: Hola! Siento el retraso. Esta semana ha sido una locura para mí, y ni siquiera he empezado todavía las clases, así que... Imaginad... Ni siquiera he podido contestar muchos de vuestros reviews, lo siento! Eso sí, los he leído. Muchas gracias! :)

Como ya dije en el anterior capítulo, ahora que el verano se ha acabado, y que he empezado mi vida ''normal'', no tengo muy claro si podré actualizar. No significa que vaya a dejar la historia abandonada (que no lo voy a hacer), pero es posible que tarde muchísimo en escribir, puede que incluso uno o dos meses, ya que este año va a ser muy duro para mí y primero que nada, necesito sacar buenas notas en los exámenes.

De todas formas, que no cunda el pánico, porque intentaré hacer lo posible por escribir, aunque sea en mis ratos libres o fines de semana. Como véis, en este capítulo, Draco no ha dejado a la pobre Hermione a su suerte, si no que, además, el chico hasta se ha portado ''bien'' y la ha ayudado un poco. Eso sí: no lo habéis notado muy confuso? Yo creo que eso de estar solo lo está cambiando muchísimo, y, aunque sé que el ''antiguo'' Draco Malfoy no hubiera dejado a nadie morir así como así (aunque seamos realistas: Hermione tampoco estaba TAN mal xDD), bueno... Creo que le hubiera costado mucho más comportarse así. Aunque ha dejado bien claro que cuando ella se recupere, la pone de patitas en la calle x) (nah, en el fondo no es tan ''maloso'' como todas pensamos, seguro que la adopta... O algo así xDD)

Así que, bueno, me despido de vosotras sin saber muy bien cuándo podré volver a actualizar. Empiezo las clases ya el miércoles! T-T

Un beso, y como siempre: GRACIAS!

P.D: Si te ha gustado el capítulo... Click a ''go'' para que Draco Malfoy te lleve también a su habitación... Pero se quede allí contigo xDD