Capítulo 15

Se había quedado realmente bien gracias a la ducha que se había dado. Intentando ordenar sus todavía confusos pensamientos acerca de todo lo que la rodeaba, y después de examinar las pequeñas, pero indoloras cicatrices que habían quedado en su costado, había salido del baño rodeada con una toalla, encontrándose en el suelo un montoncito de ropa, compuesto por una camiseta, una sudadera y unos pantalones de chándal. Después de discutirlo consigo mismo durante un rato, Draco había ordenado al elfo doméstico que rebuscara en uno de los baúles que había traído consigo desde Hogwarts, y le prestara a la chica lo más viejo y barato que encontrara. Más que nada, porque no quería que fuera semidesnuda por la casa con esa túnica hecha harapos.

Durante el tiempo que Hermione estuvo encerrada en uno de los cuartos de baño de la casa, Draco había subido hasta el tercer piso y había recogido las pocas cosas que quedaban en su habitación, decidiendo que sería ella la que dormiría allí de ahora en adelante. Más que nada, porque toda la estancia, incluida su cama con dosel ahora olía como ella, y aunque era agradable y se parecía al caramelo (aunque él nunca lo reconocería), Draco no quería quedarse allí ni tocar nada que ella hubiera tocado. Se mudaría a una de las habitaciones del segundo piso, que ya había limpiado de polvo y suciedad con un golpe de varita, y donde pondría unos bonitos muebles que había encargado por Internet esa misma mañana. De todas formas, solo sería algo temporal.

Tratando de no chocar ni coincidir con ella por los pasillos de la mansión, Draco bajó corriendo hasta su nueva habitación, todavía vacía. Hasta el día siguiente, tendría que dormir en el sofá, algo que no le hacía ni puta gracia, y a su ya deforme cuello, aún menos. El nuevo dormitorio no era tan majestuoso como el anterior, pero sin duda, era bastante grande, y entraba mucha luz. Escuchó tocar a la puerta, y después de escuchar un ''Jack'' tras ella, le dejó pasar.

-Vaya... Así que, ¿la chica se queda? -preguntó él, dejando bastante claro que resultaba evidente el por qué del cambio de habitación.

-Todavía no lo sé, tengo que... Tengo que hacer algunas averiguaciones al respecto y... Avisar a mi tío para que hable con sus padres. -contestó Draco, retomando la mentira que había utilizado como excusa. En realidad, sí que tenía que hacer averiguaciones. Para empezar, quería coger el espejo y dedicar una tarde entera a ver cómo estaban las cosas por Hogwarts. Ni siquiera hacía dos días que los mortífagos habían atacado y si sus teorías resultaban ciertas, y los conocía tan bien como él creía, no tardarían mucho en atacar de nuevo dado el estado de la escuela y sus habitantes.

-Comprendo. -asintió el joven ciego detrás de él.- Parece una buena chica, no estaría mal que se quedara si sus padres lo permiten. En fín... ¿Seguimos hoy con el estudio de El jorobado de Notre Dame? -y después de un neutral ''lo pensaré'' de Draco como respuesta, Jack salió de la habitación silenciosamente.


Hermione quería molestar lo menos posible, así que, nada más cambiarse con la ropa que le habían prestado, se encerró en la habitación en la que había dormido la noche anterior (y la que por tanto, había supuesto, sería para ella el breve tiempo que estaría allí) y dejó el arrugado uniforme de Gryffyndor sobre la cama perfectamente hecha. Se sentó en una esquina, y observando la túnica, pensó en sus amigos. Debía volver a Hogwarts, cuanto antes. La necesitaban.

Algo la sacó de sus pensamientos. Algo que sobresalía ligeramente de uno de los bolsillos laterales del trozo de tela negra, y que no recordaba haber puesto allí. Acercó la mano, y estiró con cuidado para sacar la rosa seca que tanto tiempo había estado utilizando de marcapáginas, y que desde el baile de Halloween había estado conservando sin saber muy bien por qué. Se acordó entonces del imbécil de Malfoy, y se preguntó por millonésima vez qué se le pasó por la cabeza en esos momentos. Llegó a la conclusión de que gracias a su disfraz, él no la había reconocido esa noche, y eso la tranquilizó. Se preguntó qué sería de él. No lo había visto en la batalla, ni en un bando ni en el otro y, aunque sabía que era lo suficientemente cobarde como para no apoyar ni a los unos ni a los otros, era extraño que no hubiera estado por allí. Tampoco estaban ni su madre ni su padre, aunque sí su tía Bellatrix. Tampoco le importaba qué había sido de él. Aunque agradecía la extraña hospitalidad, debía salir de aquélla casa cuanto antes, y encontrar a Harry, Ron y Ginny. Era su principal prioridad.


Theodore Nott se había citado esa noche con Weasley en uno de los pasillos del segundo piso. Los profesores habían aplicado un toque de queda por precaución, y nadie debía salir de sus habitaciones pasada la cena, por lo que ese momento era ideal para no ser vistos por nadie. Eso sí: no contaban con mucho tiempo para hablar y por supuesto, resultaba evidente que para ninguno de los dos era una situación cómoda.

-¿Y bien?-preguntó el pelirrojo, escondido detrás de una estatua de una gárgola.

-Granger está sana y salva, como prometí. No puedo decirte dónde, ni con quién, pero te aseguro que no con mortífagos. -al decir esto, Ronald suspiró, liberando gran parte de la preocupación que llevaba consigo desde hacía unas horas. - Creo además que el Señor Oscuro planea algo. No he podido averiguar mucho, pero yo que vosotros, tendría cuidado próximamente. -advirtió Nott.

-Está bien, no me queda otra opción que creerte, dadas las circunstancias. Gracias... Supongo.

Y dicho esto, Ron Weasley se marchó cabizbajo hacia su Sala Común, intentando por todos los medios creer al chico Slytherin en todo lo que éste le había contado.


Draco había escuchado la conversación a través del espejo. ¡Theodore era un auténtico cabrón! Había pactado todo este lío con la comadreja pelirroja, y, aunque tampoco le importaba que les estuviera haciendo de topo al cararajada y sus amiguitos, le preocupaba que eso pudiera tener consecuencias para la seguridad de cualquiera. El Lord tenebroso era capaz de cualquier cosa si se enteraba de que había traidores entre sus filas, o al menos, entre los hijos de aquéllos que le habían jurado fidelidad. No obstante, ahora lo tenía claro: iban a atacar el castillo en breve, y conociendo a su tía Bellatrix, no quedaría satisfecha hasta darle caza a Granger, sólo porque Voldemort había intentado matarla y no lo había conseguido. Ella terminaría el trabajo sucio, y lo único que quería Draco es que nadie que no lo mereciera fuera asesinado cruelmente. El problema era entre Potty y el Señor Oscuro, ¿no? Pues que se mataran entre ellos. Los muggles realmente tampoco eran tan asquerosos como él pensaba antaño, incluso algunos eran inteligentes y no tenían la culpa de no poder hacer magia.

Con todo este amasijo de ideas en su cabeza, Draco tenía que pensar algo. Granger le caía mal, es cierto, pero ahora necesitaba que se quedara con él. Esa simple idea, le erizó el vello de sus ahora peludas garras, y no pudo evitar que un escalofrío le recorriera el cuerpo lleno de cicatrices.


Hermione no quería suponer una carga para el dueño de la casa. Apenas había recorrido la mansión, pero ya tenía pensado abandonarla al día siguiente, cumpliéndose cuatro días desde su llegada allí, desde la batalla aquélla noche en Hogwarts. A pesar de saber que estaba en una casa de magos (había un elfo doméstico, fotografías muy, muy antiguas que se movían y saludaban colgadas por las paredes, así como varias escobas y fregonas encantadas que siempre andaban cerca de la cocina o las escaleras limpiando. No obstante, no entendía por qué había un televisor ni una Xbox en el salón, y eso la desconcertaba) no había tenido la oportunidad de conocer a su dueño ni darle las gracias, salvo aquél día que lo había visto de espaldas en la despensa. A veces encontraba a Jack por los pasillos, y él era quien se encargaba de comunicarle que Nicholas (al parecer, ese era el nombre del amo) sabía de su agradecimiento. También de vez en cuando encontraba a Robby en las cocinas, y, después de sermonearlo un par de veces e informarle de los derechos de los elfos domésticos, y de decirle que no tenía por qué estar allí, éste siempre le decía que le gustaba estar en aquélla casa, y permitía a Hermione que le ayudara cocinando u organizando los cachibaches de la cocina, alegando que se sentía un poco inútil estando allí sin hacer nada.


Aquélla tarde, después de pasar en su habitación estudiando con Jack algunas poco interesantes (pero necesarias, según su tutor) lecciones de literatura moderna muggle, Draco había bajado a las cocinas algo hambriento, con intención de coger algo para cenar y llevárselo a su habitación. No quería que ella lo viera, pero cuando bajó los tres escalones que conducían a la estancia y escuchó su voz, se quedó detrás de la puerta, inmóvil, sin saber qué hacer o cómo actuar si ella lo pillaba. Lo más seguro es que saliera corriendo aterrada, o que gritara, o las dos cosas tal vez, debido a su horrible cara. Por eso, lo único que fue capaz de hacer fue asomar un ojo entre la hoja de la puerta abatible, sólo para comprobar que ella no iba a darse la vuelta en cualquier momento para ir hacia su habitación o algo así.

Hermione estaba de pie enfrente del banco de mármol de la cocina, con un bol delante y un tenedor, un montón de ingredientes desperdigados a su alrededor, e inclinada ante un pequeño libro abierto, leyendo unas instrucciones. Mientras, Robby iba de un lado para otro con pilas de objetos entre sus raquíticos brazos, que se tambaleaban sobre su cabeza peligrosamente. Draco volvió a centrar su atención en ella, que ahora estaba intentando vertir los ingredientes con cuidado en el bol, y mientras, le pedía a Robby que buscara algún tipo de molde para hacer galletas. Éste, perdía el equilibrio, y todo lo que llevaba en los brazos salía volando estrepitosamente para acabar cayendo en el suelo, mientras gritaba cosas como ''Robby es torpe, Robby no sabe hacer nada bien''. Hermione, pegando un brinco por el estruendo, acababa con parte de la cara manchada de harina. El joven detrás de la puerta observaba divertido aquélla situación, y sorprendentemente, se dio cuenta de que hacía mucho, mucho tiempo que no se reía así, con una total falta de burla o desprecio en su carcajada.


No era excesivamente temprano cuando Hermione se levantó esa mañana, pero sin duda, era una buena hora para salir a buscar un método para llegar a Hogwarts. Quizá en la estación King's Cross...

No quería despertar a nadie, pero tampoco parecer una desagradecida, así que, dejó una nota en la cómoda que había en el hall principal, dando las gracias por haberse portado tan bien con ella, y diciendo que algún día quizá volviera para devolver el favor. Si es que sobrevivía a lo que sabía sería una dura batalla en el colegio...

Después, se encaminó hacia la puerta principal con paso sigiloso. Por una parte, se quedaría siempre con la eterna duda de quién era aquél chico que llamaban Nicholas por la casa, el cual no había osado presentarse ante ella, y al que apenas le había visto unos momentos la espalda y la cabeza, cubierta por una capucha.

Totalmente desarmada sin su varita, y sin idea de hacia donde encaminarse (según Jack, se hallaban cerca de Oxford Street, así que, si llegaba hasta allí, podría dirigirse fácilmente hasta King's Cross para encontrar un transporte que la llevara hasta Hogwarts...), se dispuso a abrir la puerta principal con total sigilo. Una vez fue a estirar del picaporte, se encontró con una desagradable y extraña sorpresa: la puerta no se abría.

-Quizá está cerrada con llave... -pensó Hermione. Siguió estirando, y estirando, y no pudo abrirla. Así que, se decidió a esperar a que algún otro habitante de la casa se despertara, para preguntar si podrían abrirle la puerta, o incluso para esperar que Jack o el tal Nicholas salieran y entonces, salir ella a escondidas.

Sin embargo, después de esperar casi dos horas que le resultaron interminables, nadie abrió la puerta. Ni siquiera se acercaron a ella. Robby hizo aparición por el hall unos momentos, pero tan sólo pasó para acercarse a la cocina, llevando entre sus brazos una cubeta que triplicaba su escaso tamaño, llena de ropa para lavar. No podía ver nada, pero por el ruido, sabía que fuera estaba diluviando. Como la noche de la última batalla en Hogwarts.

No sabía cuándo, pero sabía que Voldemort y sus seguidores volverían a atacar el castillo. Y sabía que sus amigos estarían preocupados por ella. Que la necesitaban.

-Tengo que salir de aquí. Como sea. -dijo Hermione para sí misma, mientras subía las majestuosas escaleras que conducían hasta su habitación en el tercer piso.


Nota de autora: Sé que voy a morir entre terribles sufrimientos por haberos hecho esperar tantísimo por este nuevo capítulo. Lo siento! Sabéis que ha sido un año muy difícil para mí, y que no he tenido todo el tiempo que me hubiera gustado. Por suerte, tenía adelantado este capítulo, pero no ha sido hasta esta tarde (como casi tres meses después de empezarlo, y apenas una semana después de acabar los exámenes y las clases) cuando he podido acabarlo y por tanto, subirlo lo más rápido que he podido.

A partir de ahora, la espera será menor. No sé cuándo volveré a actualizar, pero seguro que no me lleva más de una semana, lo juro! En cuanto al capítulo... Sé que por ahora no hay mucho Dramione, pero ya empezamos a ver algo... Dadme un poquito de tiempo y un par de capítulos más!

Un beso a todos/as, espero que sigáis ahí!

ammy94

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