Capítulo 16
Draco se hallaba confuso, y cada día más irritable. Quizá la presencia de Hermione Granger en su casa los últimos días tuviera algo que ver con su reciente estado de ánimo, irascible y abstraído. Pegando vueltas por la mansión todo el día, aunque evitándola. Como una bestia enjaulada. Como la bestia en la que se había convertido. La repentina aparición de la chica muggle provocaba en él un amasijo de sentimientos que no era capaz de desenredar. Por una parte, no le hacía gracia que ella estuviera allí. Él no era una amable monjita que ofreciera caridad, ni su casa un orfanato para no mágicos. Era incómodo tener que estar todo el día escondiéndose por los rincones para que ella no lo viera. Y sin embargo, esa sería la forma más sencilla de que Granger se marchase: que viera su horrible apariencia y se asustara, que volviera con sus amiguitos Potty y Weasel a su amada Hogwarts.
Pero sin embargo, sabía que si ella volvía allí, algo malo ocurriría. Jamás lo reconocería, pero la idea de que el castillo fuera atacado de nuevo y ella estuviera allí no le hacía gracia. No es que sintiera algo por ella. ¡Eso nunca, por Merlín! Pero a pesar de todo, a pesar de las convicciones sociales que le hubieran impuesto, no quería más muertes de inocentes a manos del Lord Oscuro.
Además... Ella... No. Era una estupidez. Theodore no podía hablar enserio cuando sugirió que ella podría servir para romper el hechizo. Ella era muggle. Antaño había sido la sangresucia, aunque esa palabra dadas las circunstancias, ahora había perdido todo significado para él. Se habían odiado toda su vida. Él no pertenecía a su mundo. Aunque... ¿Qué más daba ahora? Él había perdido a los que antes había creído sus amigos, se había quedado solo en un lugar ajeno a él. Su familia había perdido su credibilidad debido a la guerra. Ya no le quedaba nada, por lo que quizá, tampoco perdería nada por intentarlo...
-¿Sabes? Quizá sería interesante que fueras a hablar con la chica. Lleva aquí un par de días y... -Jack interrumpió sus pensamientos entrando en la que ahora era la nueva habitación de Draco, ya casi ordenada por completo después de haber limpiado y encargado el mobiliario pertinente. - ¿Sabes si se va a quedar mucho tiempo con nosotros?
Draco pegó un respingo, sobresaltado por la presencia de su tutor, que le había pillado totalmente por sorpresa al irrumpir en la estancia. Supuso que habría llamado a la puerta, como siempre hacía, pero sus cavilaciones le habían impedido oír correctamente. Apenas meditó la pregunta que el chico le había formulado, y contestó con tranquilidad y una voz totalmente neutra muy poco común en él:
-Sí. Va a quedarse mucho tiempo con nosotros. El que sea necesario. -y ésto último lo dijo en un tono de voz tan poco audible que lo confundió con sus pensamientos.
Lo último que quería era parecer desagradecida, pero Hermione sentía que debía salir de aquélla mansión cuanto antes, y regresar a Hogwarts para ayudar a sus amigos ante el incierto pero próximo ataque de Voldemort y sus mortífagos. Viendo que por la puerta sería imposible salir, y ante la urgencia del asunto, no le quedaba más remedio que practicar una huida de la forma menos ortodoxa y educada posible: saldría por la ventana. Dudaba mucho que si le pedía permiso al ''amo'' o a Jack, éstos le dejaran salir por su propio pie; alegarían quizá que todavía estaba débil, y puede que incluso le pidiesen explicaciones sobre el lugar al que se iba. Ya pensaría en alguna solución para sobrevivir sin varita y sin dinero, por ahora, sólo debía preocuparse de llegar al suelo con vida. ¿Serían una buena solución un par de sábanas atadas para descolgarse por una fachada de más de diez metros de altura? En las películas funcionaba.
Abrió la ventana y se encaramó a ella. Miró hacia abajo y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Estaba realmente alto, pero debía hacer algo. Se encaminó hacia la elegante cama, y ató a una de las patas de roble macizo todo lo que encontró en la habitación: la funda de la almohada, las colchas, mantas y sábanas. Las lanzó por la ventana, pero aún así, no parecía suficiente para cubrir el trozo que quedaba hasta el suelo. Comenzó a desesperarse.
Alguien tocó a la puerta. Hermione se sobresaltó. Sin saber qué hacer, intentó recoger la improvisada cuerda que había construído. Otro toque de nudillos en la puerta entreabierta. La chica no conseguía recoger todo aquéllo que había lanzado por la ventana, y tan apresurada iba que se cayó al suelo y quedó sentada. Otro toque y finalmente, un chirrido de bisagras.
-La cena está, ehm, lista... -dijo Draco con poco tacto. Sin duda no se sentía cómodo, ni sabía cómo entablar una conversación con ella. Llevaba la capucha puesta, y estaba cabizbajo para no ser descubierto. Al no hallar más respuesta que el silencio y una respiración entrecortada, decidió levantar la vista.
Para encontrarse a Granger sentada en el suelo, envuelta entre un lío de sábanas y mantas atadas a la pata de la cama. De su cama. Y la ventana abierta. Eso sólo significaba...
-¡TÚ! ¿Querías escapar? Estos días te he intentado tratar bien, te he acogido en mi casa, y tú... -Draco estalló. Se sentía pisoteado, y humillado. Había llegado a pensar que ella sería el medio para deshacer el hechizo del que estaba preso. Sólo por eso, por ser una herramienta útil había decidido acogerla en su casa, la había cuidado (más o menos) cuando Theodore la llevó medio muerta hasta su salón... Su tono de voz era cada vez más elevado y grave, terriblemente similar al que empleaba cuando todavía era el Draco Malfoy humano, y no la deformidad en la que ahora se había convertido. Sólo que ahora, su grito se había convertido en un feroz rugido, mucho más intimidante.
Hermione se había agazapado contra el espacio que limitaban la pared donde se hallaba la ventana y la cama, intentando en vano protegerse de aquélla figura sombría con el amasijo de sábanas que retenía contra sí. Estaba asustada, pero aún así, pudo deducir que aquél debía ser el ''amo'' Nicholas del que Robby y Jack tanto hablaban.
-Yo... Sólo... Pensé que no me dejaríais salir... Quiero ayudar a mis amigos.-dijo ella, temblorosa. Sin varita, y en territorio desconocido, por muy Gryffindor que Hermione fuera, sabía que estaba indefensa.
-¿Tus amigos? Que yo sepa, hemos sido nosotros quienes hemos cuidado de ti mientras has estado aquí, y no ellos. -fue entonces, cuando se dio cuenta de que ella estaba asustada, y de que su reacción había sido un poco excesiva. Dio un par de pasos hacia el frente, pero una corriente de aire que entraba por la ventana en ese momento le traicionó, y bajó la capucha que le cubría el rostro desfigurado y lleno de marcas y cicatrices, dejándolo al descubierto.
Hermione gritó, y comenzó a llorar. Era una de las posibles reacciones que Draco sabía que ella tendría si descubría su aspecto. Sin embargo, aunque se había hecho a la idea de que aquéllo ocurriría, le dolió, más de lo que pensaba. Hermione Granger, la prefecta perfecta, la que no tenía miedo de nada ni de nadie... Le tenía miedo a él. Y eso significa que la situación era peor de lo que él esperaba. Infinitamente peor.
Una cosa era tenerla en su casa a regañadientes. Otra distinta era que ella le tuviera pánico, algo que hubiera deseado un tiempo atrás, pero que ahora le mortificaba.
-No... Esto... -odiaba sentirse así. Él no suplicaba, ni pedía las cosas por favor. Adoraba que todo el mundo le tuviese miedo y sin embargo, ahora no podía evitar sentirse mal por ella. Porque en cierto modo, sabía cómo se sentía Granger en esos instantes: sola y desamparada. Perdida. Como él. Se quedó quieto, e hizo amago de extender un brazo... Pero éste era ahora una espeluznante garra.
Hermione no sabía que hacer. Aún agazapada en el rincón, sólo lloraba, sin atreverse a levantar la cabeza para ver aquéllos enormes y distantes ojos que la escrutaban. ¿Le haría daño?
-¿Qué quieres de mí? -se atrevió a preguntar ella. Pero él no contestó, sino que apartó ligeramente la mirada. Se acercó hacia ella despacio, y ella, aún en el suelo, retrocedió aún más. Draco sólo llegó hasta la ventana, donde aún había algunas sábanas que Hermione no había conseguido descolgar. Alargó el brazo y tiró de las hojas del ventanal hacia sí, para cerrarlo con toda la delicadeza que pudo. Se alejó de ella con movimientos lentos, pero la chica continuaba sollozando. Obvió su pregunta, y habló con la voz más suave que pudo:
-No vuelvas a intentar saltar por la ventana. Es peligroso. Le diré al elfo que te traiga algo de cenar. -y dicho esto, salió de la habitación con un ligero portazo. Hermione supo entonces que era la prisionera de la bestia, y que jamás podría salir de allí.
-Estás de mal humor. -intuyó Jack cuando Draco cruzó la puerta abatible de la cocina cual huracán.
-Muy sagaz. Ha sido gracias a ti y a tu genial idea de hablarle y darle la bienvenida. -gruñó él, mientras se acercaba a uno de los armarios para alcanzar con facilidad un paquete de Kellog's. No tenía hambre, pero necesitaba mantenerse ocupado con algo. Se sentó a la mesa enfrente de su tutor, que tenía entre sus manos una taza humeante de chocolate.
-Dale tiempo. Si lo mejor es que se quede aquí, a la larga lo comprenderá. -explicó él, dirigiéndose a Draco a través de sus gafas oscuras. - No va a ser fácil.
Cada vez que se ponía a pensarlo, se desesperaba más. No sabía cómo actuar en esas situaciones. Ella debía quedarse, por su bien, por su seguridad. Y él era de los que hacían entender las cosas a la fuerza. Ya lo había intentado unos escasos minutos atrás, y lo único que había logrado era una huésped traumatizada, quizá de por vida. No sabía cómo comportarse en una situación así, porque nunca la había vivido. Estaba acostumbrado a que todos hicieran lo que él quería, cuándo y cómo él quería, sin que nadie pidiera explicaciones.
-¿Qué le gusta? -preguntó de pronto su tutor, consciente de que Nicholas estaba desesperado. La pregunta sobresaltó al chico, que dejó de introducir posesivamente copos de maíz en sus fauces. Se quedó pensativo un segundo.
-Libros. Adora los libros. -contestó él. - Y supongo que... No sé, también las cosas bonitas que les gustan a las chicas... -se levantó de un salto de la mesa sin decir nada más. Había tenido una idea. Montones de ellas, de hecho. Recordó a la chica a la que había dado la rosa la noche en que fue maldito, y en cómo ésta se sorprendió por su gesto. A las chicas les gustaban ese tipo de cosas. La sorprendería, y ella no querría marcharse a Hogwarts.
Comenzó a trazar un plan en su cabeza, y aunque no quería pensar en ello, la simple idea de que Hermione se quedara con él pasó fugazmente por su mente. Y eso le hizo sentir un poco menos desgraciado.
Hermione estaba tumbada en la gran cama, sollozando. Había sido secuestrada, privada de su libertad cruelmente por un monstruo. Desde que él había cerrado la ventana, ella no había vuelto a abrirla, ni siquiera a intentarlo, porque intuía que algún tipo de magia se lo impediría. Desde el día anterior no había comido nada. Había rechazado la bandeja que Robby dejó en la puerta, y también el desayuno.
Se abrazó a la almohada, y se dio cuenta de que dentro de ella, había algo. Algo que ella había dejado allí un par de días atrás, cuando vació los bolsillos de su túnica.
-Ni siquiera alguien tan ruin como Malfoy podría hacerle a alguien algo así. -pensó en voz alta, mientras recorría con sus dedos los pétalos de la rosa. - Seguramente, ahora mismo estará contento de no tener que verme la cara en clase.
Unos golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos repentinamente. Se sobresaltó, y lo último que quiso fue volver a ver a aquél ser horrible que no le dejaba marchar para ayudar a sus amigos.
-¡Fuera! ¡Lárgate! -gritó ella. Pero hubo un par de golpecitos más.
Aún con miedo de lo que podría encontrarse, Hermione, enfadada, se levantó de la cama y abrió la puerta de un tirón. Pero no encontró nada, ni a nadie. Asomó su cabeza al gran hall del tercer piso, pintado con colores cálidos, y cuando se disponía a volver a encerrarse en su oscura habitación, bajó la cabeza y lo encontró.
-''Orgullo y prejuicio'' -leyó Hermione despacio, mientras se agachaba para coger el libro lentamente. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué precisamente aquél libro? Era uno de sus favoritos, pero, ¿qué hacía allí?
Sin pensárselo dos veces, lo cogió y lo introdujo en la habitación con ella, sin ser consciente de que alguien había estado observándola desde la puerta entrecerrada de la biblioteca. Alguien que acababa de soltar un suspiro de alivio, y que ahora sabía qué camino tomar.
Nunca le habían gustado ese tipo de mariconadas. Para empezar, Granger nunca había estado en su punto de mira como conquista. Ni lo iba a estar ahora. Una cosa era acogerla en su casa, otra muy diferente enamorarse de ella. Sin embargo, necesitaba que ella estuviera a gusto para que se quedara. Por ahora, el libro parecía haber funcionado. Seguro que si le regalaba ropa, o maquillajes, se olvidaría de volver a Hogwarts y se quedaría con él. Por eso, conectó su portátil a Internet, y encargó todo aquello que encontró oportuno. Túnicas bonitas y ropa muggle cara, perfumes.
Un ruido en las escaleras lo sobresaltó. Ladridos de perro, una puerta abriendo y cerrándose. Pisadas en los escalones de madera.
-Shhh, chico, no hagas ruido. -dijo Hermione, lo más probable dirigiéndose a Piloto. ¿Por qué salía ahora de su cuarto? ¿Estaba contenta?
Comprobó que las pisadas continuaban bajando escaleras, hasta la planta baja. Draco dejó el portátil encima de su cama una vez lo hubo encargado todo, y la siguió, con cuidado de no ser descubierto. Se metió en la cocina, y Piloto desapareció en el salón. Detrás de la puerta abatible de la cocina, Draco pudo escuchar ruido de platos y cajas, y una queja de desaprobación, quizá al no encontrar lo que buscaba. Era pronto todavía, pero fuera empezaba a anochecer, por lo que la casa aún estaba a oscuras, antes de que las luces de los pasillos fueran encendidas automáticamente.
-¿Buscas algo? -preguntó él lo más amablemente que pudo, pero no pareció servir de mucha ayuda, porque Hermione comenzó a comportarse de nuevo como la noche anterior, y aquéllo que tenía en las manos voló por los aires.
-No, esto, yo... -balbució, asustada de nuevo. Él se acercó con sigilo, despacio, sin su capucha puesta. No sabía si daría más miedo encontrárselo por la casa en tinieblas con ella puesta, o con su horrible rostro al descubierto. El chico se dio cuenta de la impresión que causaba, y que ella estaba otra vez temblando.
-No quiero hacerte daño. Querías... Querías preparar palomitas, ¿verdad? Me gustan las palomitas -dijo él, intentando sonar amistoso. Le resultaba extraño cómo todo había dado aquél giro, él intentando entablar una conversación agradable con Hermione Granger. Bajó ligeramente la vista hacia el suelo, y se encontró con montones de maíz desperdigados por las baldosas. Efectivamente: quería preparar palomitas.
-No encontraba nada para calentarlas... -dijo ella, retrocediendo un poco, quedándose pegada contra el banco de mármol. ¿Se la comería por haber derramado todo el preparado para hacer palomitas de maíz por la cocina?
-Tenemos un, ehm... Microondas. -dijo Draco, mientras cruzaba la estancia hacia el armario que hacía de despensa, y abrió una de las puertecillas que quedaban en el mueble de al lado, mostrando uno de los aparatos muggle más normal y corriente de lo que ella jamás había visto. No entendía nada. - Puedes calentarlas ahí si quieres. Robby recogerá lo del suelo más tarde.
Se dispuso a marcharse. Se sentía estúpido. Ella en cambio se sentía desconcertada, después de lo de la noche anterior, y que él ahora se comportara así. Además... ¿Quién o qué era el ''amo'' Nicholas? ¿Por qué tenía una casa repleta de fotografías, cuadros y cosas mágicas, pero también un microondas, televisión, bolsas de palomitas y Kellog's? Sentía ganas de preguntar, de hacer millones de preguntas y que éstas fueran contestadas, pero no sabía si sería conveniente y todavía tenía un poco de miedo.
-Gracias. -se limitó a decir, antes de que él saliera por la puerta abatible de la cocina.
Necesitaba hablar con Savina, aquélla que lo había convertido en lo que era ahora. Él también necesitaba respuestas. Agitó el espejo.
-Vaya, vaya. Cuanto tiempo sin ver tu... Cara. -dijo ella, un poco ía pasado una semana desde la última vez que había hablado con ella, quizá más. - ¿Quieres algo?
-Quiero que me prometas algo.
-Yo no prometo cosas. Tu cumples, o te quedas así de por vida, ese fue nuestro trato. -le contestó ella, sin dejarlo acabar.
-No lo entiendes. Quiero ayudar. Si consigo que ella sea feliz aquí conmigo, si por alguna coincidencia del destino rompiera tu estúpido hechizo. -no le hacía mucha gracia. Ello implicaba enamorarse de Granger. ¡No! - ¿Ayudarías a Jack? Es un buen tipo, pero no puede encontrar otros trabajos que no sea ayudándome a mí porque no puede ver. Y en cuanto al elfo... Podría entregarle la prenda...
-Puedo ayudarte en cuanto a lo de tu tutor. Pero comprende que no soy un genio, y que no concedo deseos. Pero, si tiene que ver con tu hechizo, puedo hacerlo. En cuanto al elfo doméstico... Quizá sería más conveniente que se quedara aquí. Tu no lo ves, pero él es feliz.
-Está bien. Pero que sepas que ella nunca se va a enamorar de mí. Ni yo de ella. -aclaró Draco. Eso quería decir que, lo más seguro es que ayudar a Jack fuera imposible.
-A veces ocurren cosas inesperadas. -dijo ella, misteriosamente, y su reflejo en el espejo se desvaneció.
Nota de autora: Hola hola! Como he estado diciendo a lo largo de toda la semana en las respuestas a vuestros reviews, aquí está el nuevo capítulo. Esta vez no he tardado tanto, como prometí. El siguiente capítulo está también en proceso, pero creo que me va a costar un poco más escribirlo. Con un poco de suerte, también estará la semana que viene listo, pero igual me retraso un poco más.
Bueno... ¿Qué os ha parecido? Si no me equivoco, había ya cierto sentimiento de desesperación en el ambiente por que hubiera algo de Dramione... ¿Me equivoco? xDD Ha habido algo, pero creo que casi hubiérais preferido que no hubiera pasado nada, visto lo visto. Él se ha enfadado, y ella está asustada. Han habido gritos, y casi vuelan vajillas, platos y secadores por los aires. Muajajaja, ¿qué va a pasar ahora?
Realmente tengo miedo de que los personajes me estén quedando demasiado OoC (¿se dice así?) y que esté haciendo con sus personalidades lo que a mí me de la gana, pero... Intento hacerlo lo más fiel posible, lo juro. Por ahora, según lo que leo en los reviews, parece que no voy mal encaminada pero bueno... Me fiaré de vosotros/as! :)
Como siempre, muchísimas gracias por leerme y escribirme reviews tan genialosos, apoyándome y animándome a que siga escribiendo esta historia a la que sin duda, aún le quedan unos cuantos capítulos!
Muchísimas gracias, y ya sabes...
Click a ''go'' para que Draco Malfoy te ayude a hacer palomitas en un microondas... *risa diabólica*
