Capítulo 19

Esa noche, Draco soñó algo extraño. Volvía a estar en Hogwarts. Voldemort atacaba el castillo, y la gente huída despavorida por los pasillos, buscando refugio, o tratar de esconder a los niños más pequeños. Corrían hacia él, como si fueran una marabunta, y cuando creía que era para atacarlo, pasaban de largo, y él se hallaba corriendo también, en contra dirección de la marea humana. Él quería quedarse quieto, marcharse de allí, despertar. Pero no podía. Era como si su cuerpo no quisiera obedecer a su mente, tanto en el sueño como en la realidad. Había llegado hasta el claustro del colegio y el pequeño jardín de su interior, aquél donde el profesor Moody lo había convertido en hurón un par de años atrás. Algunas columnas habían caído, y estaba desierto, excepto por un par de figuras no muy lejos de él. Una de ellas era su tía Bellatrix, con su piel pálida y su mirada cruel, varita en mano, amenazando a alguien que, de espaldas a él, se removía entre las garras de la mortífaga.

-¡Suéltala! -gritaba él, contra su voluntad. Ahora, parecía que hubiera salido de su propio cuerpo, y observaba la escena como un mero espectador, como si fuera una de esas películas de la televisión que solía ver por la noche después de cenar para llamar al sueño. Aún en su forma de bestia, continuaba gritándole a Bellatrix, y ésta comenzaba a reír de forma cruel. Draco sacaba su varita de un bolsillo de sus raídos pantalones vaqueros, y la persona que su tía mantenía retenida, se daba la vuelta, mostrando una expresión agonizante.

Unos rizos castaños. Unas mejillas sonrosadas llenas de magulladuras. Una mirada brillante. Ella. Granger.

La bestia se abalanzaba sobre la figura vestida de negro, y la inmovilizaba con un hechizo. Luego, el escenario cambiaba, y se veía a él mismo, a Draco Malfoy, con su figura humana, su apariencia normal, en el Gran Comedor. Estaba rodeado por todos los alumnos de Hogwarts. Le recordaba a la noche del Baile de Halloween. Los Slytherin, Potty y Weasel estaban en primera fila. Él abrazaba a Granger con gesto protector, y le acariciaba el pelo mientras ella lloraba contra su cuello. Y entonces, escuchaba carcajadas, veía dedos índices señalándolos, risas y más risas.

Y entonces, se despertó. Empapado en sudor, se incorporó sobresaltado de su cama, y se dio cuenta de que estaba en su nuevo cuarto, en su habitación en la Mansión Malfoy de Londres, y que aún era de noche. Su respiración era agitada, y su corazón latía a mil por hora. ¿Qué mierda ha sido eso?, fue todo lo que se le pasó por la cabeza.

Sin levantarse de la cama, vio que fuera todavía estaba oscuro, y gracias a las tenues luces que emitían los edificios más altos de la ciudad, Draco pudo ver que se aproximaban unas nubes muy feas por el cielo. Quizá lloviera por la mañana. Sintiendo que sus paranoias lo habían abandonado ya, decidió volver a meterse debajo de las sábanas, aún con un sentimiento extraño encima.


Hermione y él apenas hablaban fuera de las clases con Jack. A pesar de eso, Draco era consciente de que las cosas estaban cambiando. Se había dado cuenta de que él no era estúpido, ni mucho menos. Había aprendido acerca de muchísimas materias que a pesar de no impartirse en Hogwarts, seguramente algún día le servirían para algo, aunque se tratase tan solo de algo de cultura general. Y se había dado cuenta también, de que ella no era lista con el fin de hacerse notar ni para atraer la atención de los demás. Simplemente, era lista. Si sabía algo, debía demostrarlo, y si no, se encargaba de memorizarlo convenientemente, para no caer la próxima vez en el mismo error.

Además, le gustaba verla jugar con Piloto. Cuando éste no estaba ocupado acompañado a Jack, en sus ratos libres como perro guía se quedaba espatarrado en su cuna al lado del televisor, y Hermione siempre que no tenían clase o había un pequeño descanso, se acercaba a él para tirarle su hueso de goma o una pelota. Draco tenía una pequeña relación amor-odio con esto. Para empezar, el perro la adoraba. No como a él, al que se dedicaba a gruñirle de vez en cuando si no estaba conforme con las chucherías que le daba. Por otra parte, ella parecía un poco más feliz cuando jugaba con el chucho, y a él esto le provocaba sentirse un poco menos culpable por retenerla allí contra su voluntad.

Jamás hubiera pensado que algo así le provocaría tal remordimiento de conciencia, pero lo cierto es que así era.

Había empezado a darse cuenta de que, tampoco era tan horrible no insultarla, ni meterse con ella. Quizá si ella hubiera sabido quién era en realidad el que se escondía detrás de aquélla horrible apariencia de bestia, no hubieran podido mantener una conversación civilizada durante mucho tiempo. Bueno, tampoco es que hablaran mucho, pero lo poco que estaban juntos, no se tiraban cosas a la cabeza, y ni ella lo llamaba hurón, ni él a ella sangresucia. Aquélla palabra había perdido todo significado para él.

Un par de veces, y Draco era consciente de que fue por accidente, Hermione rozó una de las garras de él con su mano. Ella tan sólo le había pasado una libreta para que él viera unas anotaciones, y entonces, ella lo había tocado involuntariamente y no se había apartado, ni había dado un respingo. Nada. Recordó la reacción de Pansy cuando lo vio con aquél aspecto, y le resultó curioso el contraste que producían las dos situaciones entre sí. Ahora que se había dado cuenta de que él no le haría daño, Hermione parecía no tenerle miedo, ni sentirse incómoda con su presencia, y aquéllo le hacía sentirse extrañamente bien.

A veces la veía mirar por la ventana, y poner la misma expresión melancólica que ponía siempre que pensaba en Hogwarts. Parecía que estaba en trance, y tan solo un ladrido de Piloto o algún grito proveniente de la televisión la sacaba de ahí. Otras, cuando no tenían clase, salía al invernadero y se quedaba mirando el horizonte abstraída. Draco lo sabía porque desde su cuarto en el piso de arriba podía verla sin que ella se diera cuenta.

Sintió entonces que debía hacer algo por ella. Algo parecido a la caridad que había sentido cuando le entregó la flor que Pansy no había querido a aquélla chica desconocida, en el Baile de Halloween. Pero, esto era un poco diferente. Ella era algo así como su prisionera, pero aún así, y aún debido a las rencillas del pasado, un extraño sentimiento de lástima (podría llamarlo así) se instalaba en su pecho cada vez que la veía así, al borde de las lágrimas. Antes, ver a alguien vulnerable y decaído le hacía sentirse bien, poderoso, sabiendo que él tenía el control. Ahora le hacía sentirse ruín, y malo, tal y como Savina le había hecho ver, porque se había dado cuenta de que él tenía parte de la culpa de que Hermione estuviese así. Aquéllo sólo reafirmaba lo que él ya sabía, y que ahora no le hacía ni puta gracia: era tan malvado, que nadie sentiría jamás nada bueno por él.

Por eso, quería hacer algo por ella. Algo bueno, dentro de sus posibilidades, y que no le hiciera sentirse demasiado estúpido o cursi.

Tal y como había predicho cuando se despertó de su pesadilla, llovía. Había estado toda la mañana así; el cielo gris lleno de nubes, la ciudad de Londres bajo una densa neblina oscura. Era de día, pero parecía que fuera medianoche. Jack no habría podido elegir un mejor día para salir a la calle. Les había dado el día libre, aunque poco importaba, porque era domingo, y ése día nunca daban clase.

Aquél día, Hermione no había bajado a comer. De hecho, rara vez comían todos juntos en el comedor, sino que Robby se encargaba de llevarle una bandeja con comida a la chica a su habitación, y Draco comía con Jack o solo, en la mesa donde daban sus clases. Era consciente de que, si ella no bajaba a comer con él, no era porque le incomodara su presencia, tan sólo no le apetecía. A él también le gustaba pasar tiempo a solas últimamente, en su habitación con el ordenador o sus libros, o simplemente cuidando el jardín.

La tarde se aproximaba, y seguía lloviendo. Draco decidió que aunque hacía un día un poco raro para dar sorpresas, ése era su momento. Subió las escaleras, con sigilo, hasta llegar al rellano donde se hallaban la puerta de la biblioteca, cerrada a cal y canto con llave, y su antigua habitación, donde ahora vivía Granger. Se aproximó un poco, y las tablas del suelo de parqué crujieron ligeramente. Aproximó sus nudillos, ahora convertidos en garras a la puerta de madera lacada. Y un segundo antes de tocar, dudó. ¿Pensaría ella que estaba loco? ¿Se negaría a hablar con él? Había quedado patente en sus clases que no se llevaban mal (para sorpresa de Draco), y que ella sin duda, ya no le tenía miedo. Pero no eran amigos, y ella parecía no tener demasiado interés en que lo fueran; simplemente le dirigía alguna mirada neutral a modo de saludo cuando se encontraban por el pasillo (cosa que ocurría muy poco) o le preguntaba algo para romper el hielo en las lecciones de Jack. Pero eso era todo. Él en cambio, sabía que se arrepentiría de aquéllo. Pero ahora daba igual. Ya lo tenía todo perdido, y el reloj ya hacía bastante tiempo que había comenzado su cuenta atrás hacia el día en que se quedaría así de por vida. No perdería nada por intentarlo, y a pesar de ser un Slytherin, se armó del valor que podría tener cualquier Gryffindor, y tocó a la puerta.

No contestó nadie. Nada en absoluto. Ni un ''adelante'', o un ''puedes pasar''. ¿Lo habría escuchado? ¿Estaría enfadada con él? ¿Habría intentado volver a escapar?

Mientras un montón de preguntas se agolpaban en su cerebro, y sin querer perder los nervios, volvió a tocar, un poco más fuerte esta vez. Encontró la misma respuesta.

Más por curiosidad que por rabia, empujó un poco la puerta y asomó la cabeza por la rendija que quedaba entre el marco de madera. Vio la cortina subida hasta la mitad de la ventana, y la tenue luz que entraba por la ventana, salpicada por innumerables gotas de agua, iluminaba la habitación, dejándola casi en penumbras. Temeroso de que ella hubiera hallado el modo de romper el hechizo protector sobre la casa, abrió del todo la puerta, con tan mala suerte que en ese justo instante, un rayo cayó cerca, iluminando en un flash la estancia, y haciendo un horrible estruendo. Draco escuchó un grito sobresaltado.

-¡Ah! ¡Me has asustado! -dijo ella, con su cierto tono de reproche, y respirando fuertemente debido al susto. Había vuelto a meter la pata. ¡Mierda, era un completo inútil! Hermione estaba tumbada boca arriba sobre la cama con dosel, con la ropa deportiva vieja que Draco le había prestado. Un poco más calmada, ella habló. - Estaba pensando, y casi me había quedado dormida. Entonces has entrado tu, y ha caído el rayo... Y me he asustado. -había recuperado su tono de marisabidilla, esa vocecilla que utilizaba en clase cada vez que sabía una respuesta a ciencia cierta. Entonces... No estaba enfadada con él. Ni él la asustaba... Bueno, no del todo.

Ignorando su explicación, pero sin duda teniéndola en cuenta, Draco habló:

-Yo... He venido porque quería enseñarte algo... -Hermione, ahora sentada encima de la cama con las piernas cruzadas, atendía, y ponía una expresión extraña. Mierda otra vez. - No, no. No tiene nada que ver con eso. Es... Una especie de regalo para ti. Para que te sientas un poco... Mejor. Aquí... Conmigo. -aquéllo le sonaba raro. Demasiado extraño para salir de boca de un Malfoy. Más raro aún porque era él quién lo estaba diciendo.

-Oh. -fue lo único que contestó ella, pero no cambió su posición en la cama.

Draco dio media vuelta y se dirigió hacia el gran y vacío rellano del tercer piso. No dijo nada y con un simple gesto indicó a Hermione que le siguiera. Con el pelo aún enredado, se levantó de la cama y descalza, caminó detrás de él, a cierta distancia, sin saber qué esperar.

El chico se detuvo ante la gran puerta de la biblioteca. También de madera blanca, como el resto de puertas de la casa, pero sin duda bastante más grande y majestuosa. Con sus torpes garras, hurgó en uno de los bolsillos de su pantalón, y una vez la tuvo entre sus ''manos'', con cuidado de que no cayera al suelo debido a sus patosos gestos de bestia, metió la llave en la antigua cerradura, girándola ligeramente. Empujó la pesada puerta hacia delante, y entró en la estancia, que estaba a oscuras totalmente. Hermione aguardó insegura ante la estancia en penumbras.

Conocedor de lo extraño de la situación, la invitó a pasar.

-Pasa. Esto te gustará.

-Puede que no sea un viejo, pero igual sí que es un pervertido.-pensó Hermione. ¿Iba a violarla en aquélla habitación que parecía la boca del lobo? Hasta ahora, no le había hecho daño, casi ni se había acercado a ella. Pero quién sabe... Un par de segundos después, Draco se dio cuenta de que había vuelto a provocar que ella pensara mal. Llegó a la conclusión de que Nicholas era un completo idiota sin habilidades sociales, alguien totalmente opuesto al que algún día fue Draco Malfoy, el Príncipe de Slytherin. Sin embargo, aún le gustaban las cosas bien hechas, aunque fuera aquéllo. Pero decidió no taparle los ojos a la chica, tal y como tenía planeado desde un principio. Sabía que si lo hacía, Hermione huiría.

Pasó a la segunda fase del plan, sin haber siquiera completado la primera, dado que Hermione se había quedado en el marco de la puerta. Con ligeros toques de varita al aire, ésta empezó a emitir pequeñas chispitas por aquí y por allá, y de las paredes comenzaron a caer con suavidad lo que parecían unas cortinas. Atraída por la ligera luz que se colaba por las ventanas, típica de un día lluvioso pero suficiente para ver con claridad, Hermione levantó la vista hacia el techo, mientras las paredes se desprendían de las telas. Estanterías repletas de libros, aquélla fue su visión. Llegaban hasta el techo, y éste parecía no acabar nunca. Incluso había varios pisos con pequeños balcones, a los que podías acceder a través de unas escalinatas. Todo el lado izquierdo estaba cubierto por unos enormes ventanales de cristal, y a su derecha, debajo de otra gran estantería, una chimenea y un gran sofá de seis plazas, que contrastaba bastante con la decoración, más clásica.

Se acercó corriendo hacia uno de los estantes, y leyó los títulos de algunos volúmenes, organizados por temas. ''Pociones y brebajes para ir de cacería'', ''Secretos para atrapar un Monki'', ''Plantas y pócimas curativas''...

-¿Te gusta? -preguntó él, de repente, desde el centro de la habitación. Era obvio que sí, pero quería escucharla a ella decirlo.

-Es... Es impresionante. -dijo ella finalmente, girándose para mirarlo.

Draco no podía creer que él estuviera haciendo aquéllo por Hermione Granger. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Ir juntitos a la biblioteca y quedarse discutiendo hasta altas horas de la madrugada libros aburridos? Podría ser. Draco era últimamente una completa contradicción. A veces se sentía mal por ella, luego se sentía estúpido por sentir lo anterior, y finalmente, acababa actuando y haciendo algo que un Malfoy jamás hubiera hecho. ¿Se trataba de eso? ¿En eso consistía el hechizo de Savina?

Ella estaba absorta. Parecía que dos ojos no eran suficientes para observar las maravillas que aquélla biblioteca albergaba. Draco giró sobre sus pasos y decidió largarse de allí sigilosamente. Sabía que si se quedaba, acabaría diciendo o haciendo alguna tontería. Y no quería implicarse emocionalmente. No más todavía. Estaba a punto de llegar a la puerta, cuando, Hermione se percató de que él se iba.

-¿Nicholas? Gracias por traerme aquí. Me gustan mucho todos estos libros. Volveré.


Hogwarts estaba sumida en una extraña calma. Las clases habían continuado sin sobresaltos, y ya habían pasado tres meses desde el último ataque, aquél que se llevó a Hermione Granger. Los profesores habían notado su ausencia, pero al igual que la de Malfoy, había sido disimulada mediante justificantes médicos y millones de documentos falsos que Theodore Nott y Ronald Weasley se habían encargado de conseguir. Harry Potter, al igual que el resto del colegio, seguía pensando que su amiga estaba enferma en su casa, con sus padres, y que padecía de una enfermedad leve pero muy contagiosa que no le permitía acudir a clase. Incluso se había encargado de escribirle cartas que nunca eran enviadas por Ron, dado que jamás llegaban a la lechucería.

Mientras tanto, Theodore Nott estaba al tanto de los familiares y compañeros de clase cercanos a mortífagos o los círculos más próximos a Voldemort. Nada. Hacía semanas que no escuchaba ningún rumor, ninguna pista, nada que hiciera pensar que habría algún ataque inminente al colegio de nuevo. Si estaba en lo cierto, decidirían espaciar sus actuaciones. Tanto como fuera necesario, para sumir a la escuela en una especie de letargo, hacer que todo el mundo se olvidara de ellos, para estar en lo cierto de que la próxima vez que atacaran, ellos fueran los vencedores.


Desde el día en que Draco le había enseñado la biblioteca, las cosas habían empezado a cambiar. Continuaban dando clases juntos con Jack, pero más tarde, ella ya no se encerraba en su habitación, si no que se pasaba horas y horas en la biblioteca, cuya puerta estaba ahora siempre abierta.

Draco observaba todas las tardes el espejo meticulosamente, para cerciorarse de los libros que ella escogía. Al haber tal variedad de lectura en la sala, se dio cuenta de que no se centraba en un solo tema, si no que leía un poco de todo: tratados de hechicería, recetas para hacer pociones, novelas muggles antiquísimas... Pero sin duda, había uno que parecía gustarle especialmente, un ejemplar raro, del que Draco era consciente no existían más que tres o cuatro volúmenes en toda Gran Bretaña: ''Historia de Hogwarts''.

Todas las tardes se repetía la misma escena: ella entraba a la biblioteca y miraba a su alrededor, como intentando averiguar si esa tarde tendría compañía. Al comprobar que esa tarde tampoco ocurriría, vagaba de estantería en estantería hasta encontrar lo que buscaba. Cargaba con varios volúmenes de gran tamaño sobre sus delgados brazos, tambaleándose ligeramente, para luego acabar sentada en el sofá, delante de la chimenea, ésta encendida mágicamente. Leía un rato, luego se quedaba dormida, para despertar un rato después de un salto.

Una de tantas noches, y aburrido ya de jugar con el ordenador, Draco decidió subir a la biblioteca, convencido de que era demasiado tarde para encontrársela allí. Puede que Hermione llevara ya un buen rato dormida en su cuarto. Le apetecía leer algo, casi cualquier cosa que le pusieran delante. Estaba convencido de que la biblioteca sería para él solo, pero su idea se truncó al atravesar el magnífico arco de madera maciza de la puerta, y ver una figura de espaldas, sentada en el sillón, observando el anaranjado fuego de la chimenea crepitar.


Nota de autora: Hola! :) Cómo estáis? Siento haber tardado tanto en subir este capítulo. No lo tenía terminado, y quería haberlo subido ayer o incluso antes, pero me he venido al pueblo y aquí es muy difícil encontrar conexión a Internet para poder subirlo. Ahora mismo estoy en la biblioteca, y bueno, puedo actualizar. No me ha gustado mucho cómo ha quedado el capítulo, pero bleh... Creo que no puedo mejorarlo más y se va a quedar así.

Seré breve... Parece que Draco y Hermione se van acercando más, jorjorjor. El chico sigue confuso, MUCHO, porque parece que está empezando a sentir... Cómo lo diría? Empatía por ella, y hasta le ha ''regalado'' una biblioteca (bueno, vale, sigue siendo de él, pero ella puede ir siempre que quiera xD)! Sinceramente, creo que Draco Malfoy no es tan de hielo como todos nos hemos pensado, y que tiene su corazoncito. Tan sólo es... Frío y calculador, pero no creo que sea tan mala persona como todos nos hemos creído, y hasta él podría tener estos gestos con otro. Especialmente si ese ''otro'' se llama Hermione Granger y la tiene recluída contra su voluntad (y porque él no tiene tampoco otro remedio...) en su casa.

En fín, creo que el capítulo habla por sí solo y no me hace falta resumirlo, jajaja. Os dejo por hoy que no tengo mucho tiempo, la batería de mi portátil se está agotando. No sé si podré actualizar en breve, quizá un último capítulo antes de comenzar las clases (you know: Universidad. Primer año. Grado en Arquitectura en septiembre. Yay!) o quizá sea más lo que pueda actualizar... No lo sé, sólo os pido que por favor no me metáis prisa, que me siento mal por haceros esperar tanto xD. Además, tengo que volver a hacer mi examen de conducir (lo suspendí, T.T) así que, voy a tener tiempo escaso.

Eso sí: me encantan los reviews, y leer vuestras opiniones al respecto. Tomatazos y arrojamiento de cualquier tipo de verdura y/o hortaliza están permitidos. Un besito!

Am