Capítulo 20

No esperaba encontrársela allí a esas horas. Rara vez solía ella pasar tiempo en la biblioteca después de cenar, y por eso, sus planes se fueron al traste. Esperaba pasar un rato allí, sin preocuparse de nada ni de nadie, tan sólo él y sus desdichados pensamientos respecto a su vida y su futuro (si es que iba a tener de eso). Y ahora, ella estaba allí. ¿Debería darse la vuelta y volver por dónde había venido?

Demasiado tarde para eso. Ella ya se había percatado de su presencia (quizá lo había delatado la sombra que proyectaba en la pared junto a la chimenea, quién sabe), y se había girado, con la típica sonrisa tímida que dirigía a sus amigos y profesores, a aquéllos que le caían bien dibujada en su cara. ¿Era su caso? ¿Le caía bien, aunque sólo fuera cómo Nicholas?

Se quedó plantado debajo del quicio de la puerta, sin saber qué hacer, pero ella habló antes de que la bestia, ahora insegura, huyera de allí.

-¿Quieres estar un rato aquí conmigo? -le invitó ella, con voz adormilada pero firme. Entonces, cayó en la cuenta y se sintió un poco estúpida. - Oh, ¿pero qué digo? Es tu casa, y tu biblioteca.

Como atontado, y sin saber muy bien por qué había dicho aquéllo último, Draco se acercó un poco a donde estaba ella, sin hacer movimientos bruscos. Seguramente, se esforzara lo que se esforzase, acabaría haciendo algo mal y lo fastidiaría todo, como siempre. ''Simplemente no quiero que ella se ría de mi y piense que soy torpe o peor aún, un inepto. Sería el colmo'' intentaba autoconvencerse Draco.

-¿Q-Qué lees? -dijo él, todavía demasiado lejos del sofá, pero estirando un poco su cuello lleno de marcas y horribles cicatrices.

-Historia de Hogwarts -cómo no. Además de las novelas románticas, como ''Orgullo y prejuicio'', aquél parecía ser uno de sus favoritos. Conociéndola, lo más seguro es que tuviera millones de libros preferidos. ¿Es que nunca dejaba de leer?

-Ya veo... ¿Puedo sentarme contigo? -preguntó él, justo detrás de ella. Quizá a Granger le importara demasiado su demacrada apariencia y quisiera tenerlo lejos de ella, para evitar que la distrajera en su lectura.

-Claro. Es tu biblioteca, tienes todo el derecho a estar aquí. -le respondió ella con suavidad. A Draco le dio la impresión de que ahora su tono de voz se parecía mucho al que empleaba normalmente con sus amigos, y aquéllo lo tranquilizó un poco. Mejor tenerla aquí de buen humor, que asustada y huidiza.

Draco se sentó, de nuevo sin hacer ningún movimiento brusco, y a casi un metro de ella en el sofá enfrente de la chimenea. La sala estaba en silencio, y tuvo la impresión de que Hermione tampoco sabía muy bien qué decir, aunque puede que también fuera que estaba cansada y a punto de quedarse dormida, y no tenía muchas ganas de hablar.

Intentando disimular lo mejor posible, y como excusa para entablar una conversación, él habló, y ella levantó la mirada lentamente de las páginas del gran volumen. No lo miraba con desprecio o reproche por haberla interrumpido en su lectura, tan sólo con cierta curiosidad, y aquéllo es algo que Draco Malfoy no se esperaba de ella en aquélla situación.

-Tú... ¿Estudias en Hogwarts, verdad? ¿Por eso te gusta tanto ese libro?

-Sí. Al principio sólo lo consultaba para hacer trabajos de clase de varios pergaminos, de esos que parece que no se terminen nunca. -hablaba más para sí misma que para él, y no pudo evitar soltar una ligera carcajada. - Luego, al pasar un par de años en el colegio y recorrer sus pasillos, conocer a su gente y su historia un poco por encima, me interesé más por el castillo y por saber por dónde estaba pisando realmente.

Interesante historia, a la par que muy intelectual. Típico de Granger. No obstante, a pesar de la vocecilla interior de su cabeza, Draco no dijo nada, tan sólo se dedicó a escucharla. Cuando acabó su explicación, Hermione se quedó mirándolo. ¿Qué ocultaría aquél extraño chico debajo de su horrible apariencia? Si bien es cierto que en un principio lo odió por apartarla de sus amigos y seres queridos, y tan sólo lo veía como alguien egoísta y malvado, ahora Hermione había empezado a darse cuenta de que no era tan vil. Incluso le dio la impresión de que manteniéndola encerrada en aquélla mansión en Londres, la estaba protegiendo. Quizá de la Guerra y Voldemort; aunque si ese era el caso, discrepaba por completo en sus métodos para apartarla de aquél asunto y desconocía los motivos por los que ella había sido la elegida. Algo no le encajaba en todo aquéllo, y tarde o temprano descubriría qué era.

-¿Puedo preguntarte algo? -inquirió ella, rompiendo el extraño silencio en el que los dos se habían sumido, cada uno metido dentro de sus propios pensamientos. Hermione se giró en el sofá para quedar de cara a él, sentada con las piernas cruzadas y el gran tomo apoyado sobre sus rodillas. Él giró un poco su cabeza, pero no se acercó.

-Depende. -contestó, temiendo que Granger pudiera hacerle alguna pregunta inadecuada y él perdiera los papeles. Otra vez.

-¿C-cómo te sentiste? -preguntó ella, levantando ligeramente la nariz. Como cuando quería saber algo en clase de Transformaciones. Hermione comprendió por la expresión del chico que éste parecía no haber entendido su pregunta demasiado bien. - Cuando te hechizaron. -puntualizó.

Aquéllo lo tomó por sorpresa. Totalmente. Esperaba una pregunta del tipo ''¿Comes humanos?'' o ''¿Saldré algún día de aquí?''. Pero no esperaba aquéllo. Nunca nadie la preguntaba cómo se sentía, o su opinión al respecto de las cosas. Él mandaba, y los demás acataban sus órdenes, sin importarles los motivos que lo movían a ello. Puede que por aquéllo mismo tampoco pensara nunca en sus sentimientos, y funcionara por impulsos. Si le apetecía hacer algo, lo hacía. Si quería algo, lo conseguía. Daba igual el por qué. Por eso no supo contestar a aquéllo.

-No lo sé. -admitió, avergonzado por no poder contestar a Granger por primera vez en su vida. Ella pareció un poco despagada al no recibir respuesta, pero no se lo reprochó, sino que se acercó un poco más a él.

-Debe ser incómodo hablar de algo así. No debería habértelo preguntado, pero a veces la curiosidad puede conmigo. -se disculpó ella, sintiéndose un poco culpable, y sin duda muy estúpida. Pero necesitaba saberlo. Alzó la cabeza y entre todas las marcas y cicatrices de su cara, encontró sus ojos, bajo una espesa mata de pelaje. Grises, y azul iceberg. Pensó que eran bonitos, pero de inmediato supo que aquéllos ojos que miraban al fuego fijamente guardaban mucha soledad, ira y tristeza. Había algo más en ellos, pero no sabía qué. Una cierta familiaridad con su color, o puede que con su forma. Cuando su cabeza empezó a reunir datos, y empezó a ver caras de conocidos, amigos y compañeros, creyó que su cabeza iba a explotar, así que decidió olvidar aquél detalle que le pareció insignificante. Habría miles de personas en el mundo con aquél color de ojos. O no.

Draco se percató de que ella se había quedado mirándolo. ¿Volvía a ser guapo, o es que ahora también tenía monos en la cara? Además, ella había quedado peligrosamente cerca de él en el sofá. ¿Ya no le tenía miedo? ¿Se habría dado cuenta de quién era en realidad? Se revolvió, un poco incómodo, y ella apartó la mirada de inmediato, para después esconder un bostezo.

Incómoda con el silencio reinante en la sala, Hermione echó un vistazo al libro que reposaba sobre sus rodillas, y lo abrió por una página cualquiera. Habló de repente, sobresaltando a Draco.

-¡Oh! El ataque de los elfos y la rebelión de los duendes. -dijo ella, con la mirada brillante y emocionada. Por Merlín, tan sólo había abierto un libro. - Me gusta bastante esta parte, ¿la conoces? -preguntó ella, haciendo que Draco, antes absorto en el crepitar de la chimenea, dirigiera su mirada hacia ella.

-No, no la conozco. -decía una verdad a medias. Si bien estudiaba en Hogwarts, y sabía algo de su historia, lo cierto es que en las clases de Historia propiamente dichas no prestaba demasiada atención al fantasma que la impartía. Era un tipo demasiado aburrido, y Draco siempre acababa dormido en las lecciones, o pasándose notitas con otros Slytherin. Pero sí que le sonaba algo de aquéllo... Quizá de haberlo escuchado en alguna parte, o quizá por su familia. No tenía ni idea.

-¿Te apetece... Que lo leamos juntos? -preguntó ella, volviendo a dejarlo sin palabra por segunda vez en la misma noche. ¿Era así normalmente? Probablemente sí, si había libros o conocimiento de por medio. ¿Se comportaba así con sus amigos, o tan sólo intentaba ser agradable con él? Cuando él estuvo a punto de objetar algo, ella no le dejó mover ficha y le acabó convenciendo de que sería divertido.

-Está bien. -dijo él, dándose por vencido finalmente. Cuando se cansara, se levantaría y se marcharía de nuevo a su habitación. No duraría demasiado tiempo allí. Ella se acomodó en el sofá, al lado de él, y abrió totalmente el libro, acomodándolo en sus piernas cruzadas. Draco percibió un suave olor, como a caramelo, y supo que era ella. Empezó a leer con calma, siguiendo las líneas con sus finos dedos, para no perderse. Draco nunca se había fijado (quitando de las veces que se metía con ella, o la insultaba, nunca antes le había prestado atención) en que Hermione Granger desprendía una calma casi abrumadora. Sabía que eso no era así cuando luchaba junto a sus amiguitos, y que era entonces cuando su alma Gryffyndor despertaba. Eran dos caras muy diferentes, pero complementarias de la misma moneda.

Hermione seguía leyendo, con voz suave y adormilada. Notaba la mirada de Nicholas sobre ella, pero no la incomodaba. Estaba más que acostumbrada a leer en voz alta para sus amigos, tanto en la biblioteca cuando tenían que hacer algún trabajo, como en la Sala Común, antes de ir a cenar. Estaba acostumbrada a que Ronald se quedara observándola fijamente, con cara de asombro mientras leía, así que la mirada de él sobre su hombro, o rozarlo con el brazo cuando pasaba página no le molestaba.

Otra vez. Ella había vuelto a tocarlo, como en una de las clases que habían dado con Jack, y ni ella parecía haber sentido asco, ni a él le había importado. ¿Qué más daba? Era hija de muggles, pero puede que más inteligente que muchos de los mejores alumnos de Hogwarts juntos. Era una buena amiga, que echaba de menos a dos tipos como Weasley y Potter, y sólo por eso ya merecía cierta admiración. Mentiría si dijese que no le gustaba cómo olía, o cómo parecía hipnotizarlo el gesto que Hermione hacía para apartarse el pelo enmarañado de la cara. Jamás lo reconocería públicamente, pero la compañía de ella le resultaba agradable.

Un rato después, había dejado de escuchar la voz de Hermione hablar sobre bosques encantados, y magos de tiempos antiguos atacando a los elfos encabezados por Dowmpy. No supo cuándo había parado, tan sólo que un ligero peso reposaba ahora sobre su brazo izquierdo.

.-Pero qué... -supo que decir algo sería inútil, porque Hermione se había quedado plácidamente dormida.


Hermione sintió algo extraño, como si le hubieran lanzado un Wingardium Leviosa y estuviera flotando en el aire. Abrió ligeramente los ojos, y parpadeó. ¡Oh cielos! Se había quedado dormida mientras estaba en la biblioteca, y... Y ahora no veía nada. Tan sólo oscuridad a su alrededor.

Draco notó cómo se revolvía. Había estado peleándose consigo mismo, y finalmente había decidido llevarla hasta su habitación y dejarla dormir. Se sentía como un auténtico cursi, un protagonista ñoño de novela romántica, pero no había tenido más remedio que llevarla en brazos. Su varita se habría quedado en alguno de los cajones de su mesita de noche, y así como estaba seguro de que ella sentía cierta compasión por él, él también había sentido cierta compasión por ella al verla dormir en la biblioteca. En otras circunstancias la habría dejado allí, y todo solucionado.

-¿Qué...? -preguntó ella.

-Te has quedado dormida, y te llevaba a tu habitación. No te preocupes, no te haré daño. Ni te dejaré caer. -supuso que ahora que era una bestia, podía cargar más peso del que el delgado (pero atlético) cuerpo de Draco Malfoy podría haber llevado encima jamás. Aunque lo cierto es que ella no pesaba mucho, y desprendía un agradable calor.

-Puedo andar.

-Bueno, puedo dejarte en el suelo cuando quieras. ¿No estás cansada? -para Draco todo aquéllo resultaba una situación extraña. De hecho, debería apartar los brazos y dejarla caer cual saco de patatas al suelo. Pero por algún extraño motivo, ni siquiera la orden llegó a su cerebro.

Ella no respondió a su pregunta, pero asintió ligeramente, y apretujó su cabeza un poco más contra el cuello de la desconcertada bestia, recostándose en sus brazos. ¿Tanto confiaba ella en él como para permitir que la llevara a su habitación en brazos? ¿Así, sin más?

-Supongo que si quisieras hacerme daño, lo habrías hecho ya -dijo ella, de repente, aún con la voz adormilada y los ojos cerrados. Zas. Draco sintió como si un pequeño, pero crucial engranaje hiciera click en su cabeza. Aquéllo era cierto. Si no le había tocado un pelo, si había tratado de no asustarla, si no le había hecho nada malo todavía, era porque no quería hacerlo. Y entonces, sintió muchas cosas. Cosas inexplicables, que no tenían sentido en él, como por ejemplo, qué le estaba pasando respecto a Granger. La cabeza de Draco era un hervidero de pensamientos, y mientras, ella estaba allí, recostada sobre su pecho, esperando inconscientemente que él la llevara hasta su habitación, para dejarla descansar. En otras circunstancias, puede que hubiera llevado a cualquier otra chica en brazos, pero no precisamente para dejarla dormir. ¿Y si...? No. Era imposible. Aquéllo no podía estar ocurriéndole a él.

Sus pensamientos se pararon momentáneamente, al darse cuenta de que por fín había llegado a la puerta de la que un día fue su habitación. Ésta, por suerte entreabierta, fue fácil de abrir al empujarla Draco con un pie, así que no tuvo que soltar a la chica. Y al igual que el día en que Theodore Nott la llevó a su casa, Draco sintió un enorme impulso de dejarla caer en el colchón, cual saco de patatas. Pero no lo hizo. De nuevo, la depositó suavemente sobre la cama con dosel, mientras ella se removía en sueños. Casi contra su voluntad, como si de un impulso nervioso se tratase, dedicó un par de minutos a observarla. Entendió entonces por qué había estado obsesionado con ella desde un principio, por qué se había dedicado a insultarla, y a amargarle la existencia. Porque pensó que así evitaría que rondara su mente. Porque era inevitable encariñarse de ella.

Enfadado consigo mismo por no haberlo entendido antes, por sentir que todo lo que había hecho contra Hermione había sido inútil y además perjudicial, se alejó de ella. Le había hecho daño durante todo el tiempo que habían estado en Hogwarts, y retenerla en su casa no sería precisamente la solución perfecta para que ella lo perdonara. Abrió la puerta de la habitación con sigilo, y volvió a mirarla. Definitivamente, ni su pelo era una horrible maraña, ni tenía dientes de conejo. Pero no podía ser para él, porque no se la merecía.

-¿Nicholas? -escuchó su voz cansada, en la penumbra. - Buenas noches.

Y Draco lo entendió. Encontró la respuesta que no le había podido dar a Hermione un rato antes, en la biblioteca.

-¿Sabes? Al principio pensé que era injusto, y una mierda. Luego caí en la cuenta de que quizá aprendiera algo de todo esto. -dijo él, mientras cerraba la puerta de la habitación y salía de allí.


Nota de autora: Si os soy totalmente sincera, tenía escrito este capítulo desde hacía un par de semanas, o puede incluso que más, pero quería añadirle algunas cosas más, y finalmente, se ha quedado como estaba un poco por falta de inspiración, otro poco por falta de ganas, y otro poco por culpa de la falta de tiempo que ya empieza a atacarme. Empiezo las clases el lunes en la Universidad, y me han dicho que Arquitectura es una carrera que te absorbe muchísimo, y te quita la poca o nula vida social que tuvieses, así que quiero estar lo más centrada posible durante el curso. Eso significa que no vais a saber de mí en mucho, mucho tiempo, ya que escribir me emplea un tiempo que sé que no voy a tener. Como ya dije, no pienso abandonar la historia, pero quizá me lleve tiempo continuarla. Espero que me comprendáis.

Por lo demás, espero que os guste el capítulo. No tiene mucha acción, pero como habréis podido observar, los dos personajes van acercandose un poquito más :) No tengo más que decir, creo que el capítulo ya habla por sí solo.

Un saludo. Aprovechad el tiempo libre que tengáis antes de volver a clase, es un consejo!

Am