¡Hola! :D. Espero que les guste mucho el capítulo y les dejo mis mejores deseos. Gracias desde ya, a todos quienes lean y déjenme un comentario por favor, con sus opiniones :).


Capítulo 1: Cuéntame una historia.

Los días continuaban pasando y cada vez veía más y más cerca, el tan temido ingreso a Hogwarts. Nunca había pensado encontrarse en el papel de madre y tener que despedir a sus hijos, por largos meses, añorándolos de vuelta muy pronto. En verdad se arrepentía de haber declinado su puesto como directora de Hogwarts o jefa de la casa Gryffindor. Continuó mirándose en el espejo y acariciando la piel fuera del camisón de su pijama, las cicatrices que Umbridge le dejó en el pasado.

- Qué ocurre, Minerva. - escuchó la voz de Snape tras ella y no tardó en mirar su reflejo a través del espejo. - llevas mucho tiempo contemplándote en el espejo.

- Severus... ¿crees que mi cuerpo se vea mal, luego de dos embarazos? - preguntó.

Snape no tardó en alzar una ceja hasta la máxima altura posible. Ella se mordió el labio inferior frente al vidrio y bajó la vista hasta su cintura, deslizando sus manos en ella y tratando de hacer una imagen mental de cuánto medía en el pasado.

- ¿Estás hablando enserio, Minerva McGonagall? Te ves exactamente igual que antes e incluso te veías muchísimo mejor. Preciosa, con tu vientre y su tamaño. Recuerdo lo feliz que te hacía el amamantar, sostenerlos entre tus brazos. La primera palabra que dijeron, siempre fue mamá.

- Con esos pechos enormes y los kilos de más por cada bebé. - masculló en voz baja, para que Snape no pudiera oírlo. Pero sabía que su esposo era un excelente espía y escuchar era lo que mejor hacía. - Severus... ¡no creo poder imaginarme no tener a mis hijos cerca! Ya no estamos en Hogwarts para cuidarlos y aunque Voldemort haya muerto ya hace un par de años, sigo temiendo que algo terrible pueda pasarles.

Sostuvo su barbilla con dos de sus dedos y miró directamente a sus ojos verdes y brillantes. A veces le causaba dolor hacerlo. Le recordaba a Lily y a sus fantasmas del pasado, pero sólo por el color. Minerva era totalmente diferente a Evans y cometería una injusticia, si la comparaba con ella. Al ver la expresión de ruego y tristeza en sus ojos, acarició una de sus mejillas con otro dedo y le sonrió cálidamente.

- Mi amor... - le dijo y eso causó que Minerva se relajara entre sus caricias. Casi nunca le escuchaba decir expresiones así y las pocas veces que lo decía, hacía que su corazón literalmente se derritiera al escucharlo. - eres la mujer más hermosa que jamás conocí y dos hijos no han cambiado ese hecho. No tienes nada que temer, la señorita Granger es la nueva jefa de casa y el señor Potter es el nuevo director. Draco es el nuevo jefe de Slytherin y en lo personal, creo que las cosas están perfectas así.

McGonagall suspiró mientras su esposo continuaba acariciando su rostro y su cuello, con ternura. Se paró ligeramente de puntas, ya que estaba descalza y Severus traía sus pesados mocasines negros, para besarlo suavemente. Un pequeño beso mariposa, como una pequeña caricia de sus mejores amigas. Snape sostuvo su rostro con ambas manos y besó su frente con delicadeza, permaneciendo inmóvil por unos minutos, con sus labios sobre su frente.

- ¡Mamá! - escucharon ambos y Severus se separó un par de milímetros, alzando la mirada y negando con la cabeza.

- Éstos niños... - sonrió Minerva, mirando a su esposo. - pronto me llenarán todo el cabello de canas. Más de las que seguro ya tengo.

Su esposo se apartó de ella y caminó en dirección al vestíbulo. Rowan estaba echado sobre el sofá, de cabeza y con aspecto de estar aburrido. Su cabello era tan negro como el de su padre y hasta tenía una nariz aguileña como su padre y pequeños ojos negros, ocultos entre largas cortinas de cabello. Su pálida piel tenía un único contraste y era la ropa que traía puesta. Una túnica negra.

Olivia estaba sentada en un sofá alto y miraba a su hermano, cruzada de brazos y con una expresión a su vez, de estar enfadada.

- Qué sucede. - preguntó Snape, arqueando sus cejas ante ambos niños en el salón. Rowan no tardó en acomodarse y darse la vuelta para encarar a su padre.

- Olivia dice que en Slytherin, todavía hay gente mala. - dijo Rowan rodando la vista como si su hermana hubiese dicho la mayor estupidez del mundo. - pero yo digo que eso no es verdad, que Slytherin ya ha cambiado y no busca dominar al mundo.

- Rowan tiene razón, Olivia. - contestó Minerva, caminando hasta sentarse junto a su hijo y acariciar su cabello, sonriendo de pronto ante el recuerdo de un joven Snape. - Slytherin ha cambiado mucho, desde que tu padre y yo fuimos profesores en la escuela. Incluso mucho desde que tu padre y yo estudiábamos. Slytherin siempre fue una casa de temer, ya que todos los magos tenebrosos descendían de ésta. - miró a Effy la elfina de la familia, que llevaba la ropa limpia a las habitaciones. - pero creo que eso sólo se tomó en consideración cuando Tom Riddle y tu padre, entraron en la escuela.

Olivia se levantó del sofá alto en el que estaba y no tardó en correr y sentarse junto a su madre, mientras ella pensaba. Recordaba el pasado como si apenas hubiesen pasado un par de días, cuando realmente habían pasado años y años en su historia.

- Tom Riddle era un muchacho muy educado y respetuoso. Nunca se dirigió a mí de mala manera, pero en sus ojos se podían ver sus ansias de poder y de conocimiento. Era un alumno muy brillante y no aceptaba un no por respuesta, lo cuál a veces me ponía muy nerviosa. Era muy persuasivo y conseguía que los demás hicieran lo que él quería que hiciesen. Horace Slughorn, el jefe de la casa Slytherin en ese entonces, le temía aunque sentía gran respeto por él. En cierta forma, jamás nos imaginamos que se convertiría en nuestro peor enemigo y que con él, se llevaría a toda una generación de magos. Los mortífagos, la marca tenebrosa y Lord Voldemort o el que no debe ser nombrado.

Olivia despegó los labios con sorpresa y Minerva tembló ligeramente ante los recuerdos. Los ojos de ese niño y luego, de ese terrible hombre, posados sobre ella y mirándola como si fuese un jugoso pedazo de carne. Supuso que Albus no habría previsto jamás, que el joven se convertiría en uno de los más temidos magos de todos los tiempos y que asesinaría a tantas personas inocentes. La sola idea de volver a un tiempo tan desagradable como aquel, le erizaba los vellos de la nuca.

- Tu padre, tristemente, fue uno de esos estudiantes que decidió irse con Voldemort. - no podía mentir, ya habían visto esa terrible marca que se borraba con el pasar del tiempo. Ya estaban en edad de saber la verdad y entender las implicaciones de la misma. - también, tu padre tenía una fuerte afinidad con la magia negra y había tenido una infancia muy dura y difícil, con padres que se peleaban todo el tiempo. Siempre quiso ser reconocido como un gran mago oscuro y para mi suerte y alegría, se dio cuenta de que no tenía sentido y decidió cambiar. Debo aclarar que hasta donde sé, tu padre nunca mató a nadie. No temas.

Ladeó la cabeza para mirar a su esposo tras ella en el sofá y Snape negó con la cabeza, lentamente, mientras Olivia y Rowan lo miraban en silencio, sorprendidos. Especialmente Olivia. Había visto la marca en el brazo de su padre y no había tardado en indagar sobre ella y sobre la historia mágica. Voldemort y los mortífagos saltaron a la vista muy pronto y de repente, la niña se preocupó de vivir con un asesino. Pero no, su madre no lo permitiría.