Hola otra vez, espero que les guste mucho y les dejo todo mi cariño. No olviden comentar si les gusta o si tienen alguna cosa que decirme :).
Capítulo 2: Cuéntame una historia, parte 2
Olivia parecía muy emocionada mientras Minerva miraba la lista de compras que había escrito durante tantos años. Rowan en cambio, parecía entretenido con la vieja copia de pociones nivel principiante que su padre guardaba celosamente.
- "Príncipe mestizo". - leyó y Snape tomó el libro de sus manos. - ¡Oye!
- Sin trampas... - le sonrió con malicia, negando con la cabeza. - Lo escribí cuando era joven y lo llené de datos y anotaciones para cada poción. Pero no, lo tendrás que descubrir por ti mismo.
- Mira por donde caminas, Rowan. - dijo Minerva, señalando un grupo de personas a las puertas de Madame Malkin y su hijo estaba a punto de chocar con ellos. - Veamos... un juego de plumas y pergaminos, tinta y repuestos. Un caldero, un par de túnicas, encantamientos nivel I, todo lo que hay que saber sobre la magia y también lo que no. Historia mágica de nuestro siglo y siglos pasados. Pociones y antídotos básicos, cómo defenderte - guía práctica para la defensa contra las artes oscuras, criaturas mágicas de nuestro universo. ¡Vaya, no tenía ni idea de que pidiéramos tantos libros! Una escoba por supuesto, una varita, una lechuza tal vez...
Pero Minerva no tardó en darse cuenta de que se había quedado sola junto a la tienda de túnicas, mientras sus hijos ya entraban en la tienda de mascotas, arrastrando a Snape con ellos.
- Bueno, al menos podré tachar las mascotas de la lista. - sonrió de camino a la tienda de mascotas y al abrir la puerta para entrar, no pudo evitar cubrirse sus sensibles oídos casi felinos, al escuchar la gran cantidad de maullidos y sonidos de los animales en las jaulas. No tardó en alcanzar a Rowan, quien sostenía un enorme sapo frente a Olivia y ella se escondía tras Snape, gritando llena de terror.
- Ya basta, deja a tu hermana en paz y escoge una mascota de una buena vez. - dijo Severus, quitándole el sapo de las manos y colocándolo de vuelta con el resto. Olivia miraba las jaulas con los gatos, mirandola muy atentos.
Por alguna extraña razón, los gatos parecían muy interesados en su hija mayor y Minerva no podía explicarlo con exactitud. Le recordaba a ella misma y el olor que desprendía como animaga, atrayendo la atención de otros gatos. Pero su hija no era como ella en ese aspecto y tampoco desprendía ese olor característico animal. Quizá imaginaba cosas.
- ¿Puedo tener éste gato, papá? - preguntó mientras sostenía lo que parecía ser un joven gato negro. - me ha estado mirando desde que entramos en la tienda y creo que seremos muy buenos amigos. Trataba de contarme algo, pero no he podido entender muy bien lo que quería. - dijo Olivia sonriente y tanto Snape como Rowan, arquearon sus cejas y se dieron la vuelta para mirar a Minerva quien se encogió de hombros.- ¿lo puedo conservar?
Severus asintió y su hija no tardó en abrazar a su nueva mascota, muy contenta. Rowan también parecía haber encontrado una mascota acorde a sus gustos personales. Para disgusto de su hermana, se trataba de un sapo al que había llamado Tom.
- Sólo manten a tu gato lejos de su sapo y todo estará bien. - le sonrió la mujer y luego miró al joven felino, acariciando su peluda cabeza. - y tú, querido amigo, mantente alejado del sapo de mi hijo.
El gato ronroneó, acurrucándose entre los brazos de su nueva dueña y Olivia miró a su madre con mucha ilusión.
- ¿¡Qué dijo mami!?
- Dijo que no podía prometerme nada, pero que haría todo lo posible. Le caes muy bien.
A mitad de la lista, Minerva pensó que era un buen momento para descansar y tomar algo en las tres escobas. Severus leía lo nuevo en los libros, desde sus estudios y época de profesor, mientras sus hijos estaban distraídos con las nuevas compras.
- Mientras descansamos, creo que debería continuar con la historia y desde el lugar donde nos quedamos en casa. - miró a su pequeño Rowan y sonrió. - tu padre era idéntico a ti, Rowan, cuando era joven. Era el niño más peculiar que jamás había visto y por un momento, creí enloquecer con él alguna vez. ¡No podía entenderlo! Aunque todo cambió cuando supe de su triste vida familiar y las dificultades por las que pasaba. - Severus tosió un poco, pero Minerva lo ignoró por completo. - aunque no puedo negar que tu padre tampoco era un angelito y le gustaba meterse en problemas. Cuando era más joven, muchos de mis estudiantes tenían un cierto... amor platónico, conmigo.
- ¡Claro, si tu eres la mamá más bonita de todo el universo! - exclamó Rowan y Minerva se ruborizó de inmediato.
- Gracias, mi amor. - sonrió, estirando una de sus manos para acariciar el rostro de su hijo. - En fin, apostaban que podían entrar en mi despacho y tomar mis cosas para reclamarlas como trofeos de amor. Por supuesto, Severus no era uno de ellos y él prefería demostrar su amor de otra forma. Algo más directo. Tu padre pasaba mucho de su tiempo libre espiándome y prácticamente lo sabía todo sobre mí. Me regalaba mariposas, muchos pequeños detalles y yo me sentía terriblemente culpable por ser su profesora y sentirme alagada también, por los obsequios. Su amor lo distraía casi por completo de meterse en problemas y una parte de mí, se contentaba de poder distraerlo de todo aquello que le causara dolor. ¡Si pudieran ver lo atento que su padre era conmigo! ¡Todo un romántico!
Severus trató de ignorar la conversación, pero Olivia no tardó en recostar su cabeza sobre uno de los brazos de su padre y suspirar risueña. Dejó la copa de vino tinto de elfo que había estado bebiendo desde el inicio de la historia y no pudo evitar sonreír y acariciar el largo cabello de su hija, imaginándose a una joven y pequeña Minerva.
