La luna se había levantado en el centro del cielo cuando White se atrevió a moverse; con movimientos lentos, se levantó de su lugar de descanso, estirándose por un momento y dejando que la brisa del aire de la noche recorriera su pelaje; sólo en la noche, cuando era la hora de dormir, pensaba en tomar su forma de lobo. Era la manera perfecta para acurrucarse cerca de Sigfrid, como a ella le gustaba por el momento, descansando su cabeza en el brazo de Sigfrid, mientras que el otro brazo del cazador estaba alrededor de su cuello. White quitó sus patas con cuidado, para no despertar a Sigfrid, era un alivio que Sumika ni siquiera se moviera cuando la mitad lobo poco a poco dejaba de su lugar y se dirigía hacia el árbol que habían elegido para refugio en esa noche, donde estaba Rino. El corazón le dolía al saber lo que estaba a punto de pedirle a su viejo amigo, y la culpa dolía en su estómago. Pero tenía que hacerlo. El gran macho café obviamente estaba esperándola, con su nariz olfateo su olor y poco a poco se sentó, sus ojos brillaban con la luz de la luna, ahora estaba vendado gracias a Sigfrid y se movió un poco más lento de lo que le hubiera gustado, pero todavía estaba vivo. White tomó un momento para juntar su hocico con el de él, cerrando los ojos y respirando su aroma. Él podría hacerlo por ella; de eso estaba seguro. Su vínculo era demasiado fuerte, también para el. -¿Qué tienes que hablar con migo?- preguntó en voz baja, acostándose mientras la miraba.
-Tigre tiene la intención de matarme, pero cometió un error.- Se sentó, envolviendo su cola alrededor de las patas y de mantenimiento sus orejas alertas para poder escuchar a Sigfrid o a Sumika. -Él me ha dado tiempo, no sé cuánto, pero aún me ha dado tiempo. Puede que no sobreviva a la batalla, pero voy a matarlo, aunque me cueste la vida...- Movió su cola para callar a Rino antes de que pudiera protestar. -Y tú sabes, también como yo, que esto sólo puede terminar con los dos muertos.-
-White...-
-¿Te acuerdas, Rino, aquella noche cuando Sigfrid me curó por primera vez? Cuando me hablaste de las preocupaciones de nuestros compañeros Jefes?- Sus ojos estaban tranquilos, parecían casi negros con la luz de la luna.
-Sí-. Él entendió, ella podía verlo en su mirada. -Acerca de continuar con tu herencia.-
-En ese momento, yo no lo quería.- White miró hacia otro lado, mirando a sus patas ahora. -Y para ser honesta contigo ... Amo a Sigfrid. Yo lo quiero como mi pareja. Quiero una vida con el, Rino-.
-lo sé. –
-Pero ... nunca podríamos tener crías.- Su voz temblaba por el peso de lo que estaba a punto de hacer. -Nadie sabe que he estado con el. Los Jefes nunca lo aceptarían como mi pareja, incluso si fuera un lobo. Y sé que para que se establezca la paz, los lobos con mi sangre todavía deben estar en este mundo. Incluso si no saben que son de mi sangre ... todavía tienen que existir. –
-White-. La voz de Rino era suave, y rozó el hocico a lo largo de su cuello, tratando de calmarla a pesar de que sabía sus siguientes palabras.
-En aquel entonces, dije que yo elegiría al padre si alguna vez fuera a tener crías.- Su voz se convirtió en un susurro. -Rino ... has sido todo para mí desde el principio. Mi padre, mi hermano, mi mejor amigo. Si alguna vez tuviera que estar con un macho... serias tú. Sé lo que estoy pidiéndote, aunque no estoy enamorada de ti. –
-Si te sirve de consuelo, yo no estoy enamorado de ti tampoco.-
-Es bueno saberlo.- Ella se río suavemente incluso cuando unos temblores comenzaban a recorrer su cuerpo. -Yo sé que lo que te pido es ... y entiendo que si no quieres hacerlo. Solo lo hago... porque ...- Lo que pensaba decir después fue abruptamente cortado, ya que en un abrir y cerrar de ojos e ignorando lo adolorido de su cuerpo, Rino se hizo humano y la jalo a sus brazos; ella cayo en su abrazo, haciendo el cambio tan rápido como él lo hizo, y puso su cara en la curva de su cuello, sollozando entrecortadamente mientras el pasaba dulcemente sus dedos por su pelo y por la espalda. Sus brazos quedaron sujetando su cuello y ella se acurrucó en sus brazos como un niño que busca consuelo, dejando caer las lágrimas.
-Nunca podría negarte nada-, murmuró, manteniendo su vínculo mental fuerte mientras lloraba. - Lo sabes tan bien como yo.-
-Lo siento, Rino-. Su voz estaba llena de lágrimas. -De verdad lo siento.-
-No te disculpes por estar enamorada.-
-Un día más. Sólo necesito un día más.-
-Sí-. - Apoyó la mejilla en su cabello y cerró los ojos, dejándola que lo mojara con su dolor, dejando que sus lágrimas calentaran su piel. El deseaba que ella pudiera resistirlo, así como él siempre había podido en el pasado. -lo sé. –
0-0-0-00-0-0-0-
Parecía que unos hombrecitos golpeaban alegremente en su cráneo con picos, y Flaky estaba lista para correr en el bosque y ser lobo nuevamente, sólo para recordar donde estaba su lealtad. Pero los recuerdos de esa mañana, al despertar en los brazos de Flippy se mantenían frescos, y se sentó en lugar de andar dando vueltas en su habitación intranquila, como un animal enjaulado. No es que ayudara mucho, pero daba igual. Sabiendo que Flippy estaba haciendo algún tipo de práctica para cazadores de lobos en ese momento, Flaky fue hacia su cama y se sentó en el piso para asomarse bajo de la cama, agarrando el enorme libro que había sacado de la biblioteca. Había dejado ahí el libro en caso de que alguna vez necesitara para leer o si sólo quería hojear algo al estar aburrida, y ahora parecía ser un buen momento para leerlo de nuevo. Sorprendentemente, Flaky había explorado la mayor parte de la sección de los cazadores del libro, pero nunca había visto en la sección de los lobos. La sección de los lobos, lo sabía, no sería tan detallada como la de los cazadores- en la mayoría probablemente tendría imágenes de lobos atrapados y el apodo que algún cazador de lobos les habría puesto, nada más. Sin embargo, ella no tenía nada mejor que hacer. El primer lobo que vio era un macho grande, amarillo, delgado y musculoso y que aparecía ser muy joven; Flaky parpadeó varias veces por un momento, explorando en su memoria, antes de pensar que el lobo que miraba era Cuddles, con unos años menos. Terror amarillo. -Giggles desapareció casi al mismo tiempo que el terror amarillo ... sí, ese es Cuddles. - Sonriendo un poco, Flaky siguió leyendo. La mayoría de las notas fueron de un par de años atrás y no tenia a ninguno de sus amigos o ella, aunque pensó que era sólo cuestión de tiempo para que los agregaran al libro simplemente por existir y por no ser humanos- sintió una ira repentina que la atravesó de lado a lado y la hizo apretar los dientes. El siguiente lobo llamó la atención de Flaky, porque estaba mirando directamente a la cámara, casi como si estuviera retando a los humanos para tomar su imagen. Era un macho grande y musculoso, con ojos tranquilos, de pelaje café brillante. Estaba sentado cómodamente, sin parecer importarle la presencia del humano; miro su nombre, Flaky vio que alguien había sobre escrito el nombre del Gigante Amable. Parece que le queda, pensó, estudiando la imagen un momento más. El color del cabello de Flaky reflejaba el color de su piel, entre el tono del macho con un pelaje brillante café y un marrón claro, y reflexionó que si fuera por un par de generaciones, fácilmente podría estar relacionada con este misterioso Gigante Amable, que no parecen temer los humanos. Encogiéndose de hombros, pasó a la página siguiente. Y se congeló. Alguien había visto a White en su tiempo en el bosque y le tomó una foto rápidamente, una delgada loba roja, con la cabeza volteada hacia un lado mientras recorría su territorio, el ojo que Flaky pudo ver era carmín oscuro y parecía perdido. Debajo de su foto de alguien había garabateado Luna roja, aunque Flaky no le prestó atención al ridículo nombre. No, lo que llamó su atención fue la luna colgando alrededor del cuello de White, y el hecho de que en esa foto el Gigante Amable de antes también estaba a su lado, mirando en la misma dirección en la que estaba, con la cabeza más levantada que antes. El mismo cazador también había anotado el nombre del macho antes de circularlos y dibujarle unas flechas entre estos. -Pareja?- Poco a poco, temblando, la mano de Flaky se levantó y se cerró sobre el colgante de la luna que estaba en su cuello- el mismo colgante, su padre le había dicho, que había estado en su familia por generaciones.
0-0-0-0-0-0-0-0-0
-White-chan? ¿Pasa algo?-
La mujer de cabello rojo sonrió débilmente, mirando sobre el arroyo. -¿Qué te hace decir eso, Sigfrid?- Sigfrid frunció el ceño, sentadose a su lado.
-No me gusta que me mientan, ya lo sabes,- murmuró, mirando a White con ojos preocupados. -Estabas viendo tu reflejo hace un momento como si fueras a cometer un crimen o algo así.- Ella bajó la voz. -¿Es Rino?-
-No. Está bien. Acabo de verlo ... es más lento de lo que le gustaría ser, además de adolorido, pero vivirá.- White forzó una sonrisa. -Sólo estoy pensando en mi manada.-
-Tu manada?-
-Sí. Ya sabes. Quizá debería volver pronto ... asegurarme de que estén en una sola pieza. Tomar medidas para garantizar que esto no vuelva a suceder. Ya sabes las responsabilidades de un jefe. –
-Estás… pensando en irte?- la voz de Sigfrid había disminuido.
-No tengo otra opción ... tendré que hacerlo, en algún momento.- White se mordió el labio. -Pero ... voy a tratar de volver. No puedo dejarte así por que si.- -Dios, perdóname por haberle mentido-.-Así que no tienes que preocuparte de nada, tú sabes que no quiero perderte- Las palabras White se perdieron en el silencio cuando Sigfrid bajó la cabeza, gentilmente apoyó su frente en el hombro de la pelirroja y cerró los ojos. White se sentó ahí por un momento antes de que sus ojos se llenaran de lágrimas, y se giro ligeramente para que su mejilla descansara en el cabello de Sigfrid.
-Te amo, lo sabes,- el cazador de cabellos verdes murmuró después de un momento.
-Sí-. Algo dentro de White se rompió en mil pedazos, sangrado. -Yo también te amo.- -Lo siento, Sigfrid. Por favor ... regálame el perdón en tu corazón algún día...-
Esa noche, una vez más, White esperó hasta que salió la luna antes de pararse, por un momento ella sólo miraba a Sigfrid, durmiendo profundamente, antes de bajar la cabeza y tocar la mejilla del chico suavemente con su hocico, con la esperanza de calmar el dolor en su corazón .
-White-chan-, Sigfrid murmuró soñoliento, White lloró cuando tuvo que obligarse a huir del campamento, en dirección a los árboles. Rino ya estaba ahí, y poco a poco se paró cuando White se acercaba, se movía lentamente mientras se quejaba, debido a que sus heridas acababan de cerrar, pero todavía dolían. Por un momento, White hundió su hocico en el hombro del macho haciendo que su cuerpo se estremeciera con las lágrimas de la loba que no podía reservarse. -Estoy haciendo lo correcto-, susurró con voz ronca, -o no, Rino?-
-Así es.-
-duele-.
-Ya lo sé. –
-De verdad, duele mucho.-
-Ya lo sé. - Volteó para acariciar su cuello. -Lo sé, White -.
-Necesito alejarme de la manada durante mi embarazo. Es la única manera de garantizar la seguridad de los cachorros.-
-Me quedaré contigo. Y voy a decirle a mi hermano ... Kiba. Él estará dispuesto a ayudarnos. Él y su pareja estuvieron juntos anoche, así que ...-
-Sí-. Ella cerró los ojos. -Rino ... gracias. Muchas gracias.- Se quedaron así durante un momento; Rino fue el primero en romper el contacto, dando un paso atrás.
-Tenemos que irnos-, murmuró, -antes de que despierten.-
-Sí ...- Por un momento, White dudó, mirando con nostalgia el campamento, donde sabía que estaba Sigfrid, cerró los ojos, se armó de valor, y se obligó a alejarse, caminando hacia los árboles, a sabiendo que Rino todavía estaba muy mal herido para correr. Después de un momento, el lobo café la siguió. Ambos sabían que era el principio del fin.
0-0-0-0-0-0-0-0
Flippy se detuvo, sorprendida cuando Flaky pasó frente a él, sin molestarse en mirarlo cuando sus hombros chocaron, el ojiverde frunció el ceño, dando vuelta. -Flaky?- La chica quedó congelada antes de voltear a verlo, sonrió débilmente.
-¿Sí?-
-¿Hay algo mal?-
-No, sólo necesito salir rápido.-
-salir a dónde?-
-... Sólo salir. Ya sabes.-
Era ambas, una verdad y una mentira, y Flippy notó que una sutil diferencia sobresalía , frunció el ceño, acercándose más a Flaky. -De hecho no lo se.-
-No es nada de que preocuparse.- Flaky volteó la cabeza para encontrarse con los ojos de Flippy, aunque nunca dejó la sonrisa de sus labios. -Es algo que tengo que hacer. He descubierto algunas cosas y sólo necesito confirmarlo-.
-... Es necesario hacer que y con quien?-
La confusión sobresalía en la voz de Flippy quitándole la gravedad a la situación, y Flaky no pudo evitar reírse, la risa se desvaneció rápidamente, al igual que su sonrisa. -Flippy-kun?-
-¿Sí?-
-¿Te acuerdas de lo que dije esta mañana? Acerca de ir a un lugar donde no me puedes seguir?-
-Sí-. Sus ojos se cerraron ligeramente.
Por un momento la chica pelirroja parecía querer dar marcha atrás, como si estuviera pensando en lo que estaba a punto de hacer y qué posibles consecuencias podría tener en el futuro; entonces ella se acercó a Flippy, levantó una mano .
-Considera esto el primer paso para irme.-
Y en un movimiento fluido, Flaky tomó el cuello de Flippy y atrajo los labios del peliverde hacia ella.
Fue un beso rápido, que quería dejar huella y una marca en el alma de la persona que lo recidiva, y hubiera hecho el trabajo muy bien si Flippy lo hubiera dejado ahí y que Flaky terminara el beso cuando ella quería, pero, siendo quien era, no podía dejar que terminara ahí. La ira y la confusión se sentían aún muy calientes en sus venas, y todo lo que ahora buscaba eran respuestas.
Pero cuando el tomo de las mejillas a Flaky y pegó sus labios contra los de la otra chica nuevamente, fue sin lugar a dudas algo cálido, deseado y hermoso.
El primer beso, a pesar de su brevedad (intencional o no) fue el que tenia mas dolor, enojo, la intención de lastimar y dejar su marca en una forma que no podía ser ignorado. El segundo beso, a pesar de las emociones que habían nacido, fue suave - La boca de Flippy empezó a exigirle más demandada, y en contra de su voluntad, Flaky sin darse cuenta le respondió, con timidez, pero no se detenían.
Este había sido un error. Un error muy, muy grande. Lo sabia, pero ya era demasiado tarde. El daño ya estaba hecho.
El beso se rompió, sin querer hacerlo, porque ambos necesitan desesperadamente respirar un momento. Cerrando los ojos, incluso mientras las lágrimas comenzaron a caer, Flaky acarició del cuello a Flippy por un momento, sintiendo el reconfortante calor del cazador.
-el cazador de lobos. Un cazador de lobos con sangre de Sakai Sigfrid. -
Oh, Dios, Qué tonta fue. Al igual que White.
-Lo siento- susurró con voz ronca. -Lo siento mucho, Flippy-kun-.
Con eso, la chica pelirroja confundió al chico y huyó, corriendo tan rápido como sus piernas podían permitir. Flippy se quedó helado por un momento, sus ojos se abrieron, y salió corriendo tras la chica. -Flaky! Flaky, espera!-
En el momento en que llegó a la puerta y salió, ya era demasiado tarde. Flaky ya se había ido.
