-Voy a ir a patrullar rápido, antes de que caiga la noche. ¿Te parece?-

Sigfrid alzó la mirada, frunciendo el ceño un poco cuando Sumika se detuvo junto a los árboles, esperando la respuesta de su hermanastro. -No sé, Sumy-chan-, dijo al fin. -Acabamos de llegar aquí, y no conocemos bien el territorio. Yo no podría llegar a ti rápidamente si pasara algo.-

Sonriendo, Sumika cruzó el campo a pasos agigantados y suavemente golpeó la nariz de Sigfrid. -¿Qué? Preocupado de que tu hermana no se pueda cuidar en la oscuridad?-

Sonriendo con cansancio, Sigfrid pasó su brazo por el cuello de Sumika y la jaló para darle un fuerte abrazo. -es por que eres la única hermana que tengo.-

-Ni siquiera estamos unidos por la sangre.- Sumika le devolvió el abrazo, insensible.

-¿Cuándo ha importado eso?-

-Touché-.

A pesar de todo, Sigfrid termino riéndose, débil y suave como lo era; satisfecha, Sumika se apartó, dándole a un mechón de su pelo un suave tirón. -Vamos, no te preocupes. Estaré bien.

-Nunca se sabe.- Cerró un ojo y sonrió.

-Tal vez encuentre a White-chan y te la traiga de regreso, ¿o no?-

-Tal vez-. Sigfrid sonrió suavemente.

-Pues bien. Voy a vigilar.-

Después de hacer una graciosa reverencia, Sumika se apartó, en dirección a los árboles y puso una mano en la pistola que se encontraba en su cadera. Por un momento Sigfrid sintió un escalofrió de temor; así ha sido casi doce semanas desde la desaparición de White, y algo dentro de él no se sentía agusto al dejar que Sumika se fuera sola esta vez.

-Sumy-chan, ten cuidado- le dijo a la chica. -Lo digo en serio.-

Sumika se río entre dientes en respuesta, agitando una mano descuidadamente por encima del hombro para mostrar que había escuchado las palabras de Sigfrid. -Sí, sí, lo sé- respondió.

Con esto, desapareció entre los árboles.

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El instinto ocupó el lugar de la lógica, tan pronto estuvo cubierta por la sombra de los árboles, con la hierba húmeda y fresca bajo sus pies, Flaky cambió su piel por un pelaje brillante, y empezó a seguir el rastro de un aroma de un grupo de caza que había detectado hace unos minutos, sus piernas, ojos y aspectos se hicieron mas pequeños. Sus músculos se marcaban bajo su piel mientras ella fácilmente podía seguir al grupo de caza, dejando sus emociones a un lado, después le haría frente a Flippy y todo lo que paso. En este momento, ella tenía cosas más importantes que tratar.

A medida que se acercaba y el olor se hacia más fuerte Flaky cambio su carrera frenética a un trote, anunciando su presencia con un aullido a los que dirigían al grupo para que así la identificaran y no la confundieran con un lobo solitario. Ella saltó fácilmente sobre un pequeño grupo de rocas pero tropezó y al final se dio cuenta que estaba que estaba tocando su nariz con la Sneaky. Risa estaba parada atrás de él con otros dos lobos. -Flaky?- Sus ojos verdes se hicieron mas grandes de la sorpresa, y Risa se acercó a su lado. -¿Pasó algo malo?-

-Tengo algunas preguntas acerca de mi herencia.- Flaky miró a Sneaky, dándose cuenta del ligero peso de la luna que descansaba en su pecho. -Preguntas que creo que los Jefes me pueden responder.-

El gran macho bajó lentamente las orejas. -Entonces te lo imaginas.-

-Más o menos.-

Por un momento Sneaky no contestó, giró su cabeza ligeramente hacia un lado, hablándole en voz baja al oído de Risa, frunció el ceño y entrecerró los ojos antes de asentir, y bajó su otra oreja antes de ver a Flaky.

-Bueno, vamos entonces.-

-No están ... ¿no están cazando?-

-¿Quieres unirte a nosotros?- Los ojos de Sneaky brillaron. -Sólo por un momento. Te ves estresada.-

Fue la cosa más maravillosa que Flaky había oído en bastante tiempo, y ella aceptó fácilmente ir con sus compañeros de la manada para seguir la caza.

Sneaky estaba en lo cierto. Eso calmaría su cabeza, aunque sólo sea por un momento.

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Rino se tumbó boca abajo sobre una roca, con la cabeza apoyada sobre sus patas y dejó que el sol penetrara en su piel mientras dormitaba ligeramente, manteniendo las orejas alertas sobre cualquier sonido raro. El sol empezaba a caer, dándole al cielo tonos rojos y amarillos que se fundían en comparación con la piel café del gran macho.

Una risa suave y un grito alegre de la guarida hicieron que abriera un ojo, sus labios se curvaron ligeramente. Eran dos voces femeninas provenientes de la oscuridad de la guarida, una regañaba a la otra quien defendía a su cachorro -como diciendo que sólo estaba jugando con su hijo.

La que estaba regañando probablemente era Hana, pensó, la pareja de Kiba. La que solo estaba jugando con su hijo probablemente era….

Una voz grave hizo que Rino abriera los ojos y levantara la cabeza, mirando hacia arriba, su hermano, Kiba, parado frente a él, puso un conejo en sus patas y sus ojos estaban insensibles. Miró brevemente la guarida mientras el descolorido brillo del sol bailaba a lo largo de su pelaje de color marrón oscuro. -Por lo que me habías dicho, estaba seguro de que abandonaría a Dante después del parto de Hana, pero ...-

La piel a lo largo de sus hombros se erizó. -Sólo porque ella esté enamorada de un humano no significa que dejaría a su hijo como si nada.-

-Sólo lo pensé, ya sabes, como la madre será la hija-

Con un gruñido Rino subió a sus patas, y Kiba rápidamente tropezó atrás, resbalando y cayendo cerca de la roca. -De cualquier forma-gruñó cerrando los dientes, -por qué usted estás comparando a White con alguien que nunca la crio? -

-Hey, vamos, hermano,- Kiba se quejó dolorosamente, bajó las orejas mientras se apoyaba de sus patas. -Sólo decía-

-Ya lo sé. - El coraje siguió corriendo por sus venas, Rino se sentó con los ojos entrecerrados. -Pero eso no es excusa.-

Con ese regaño, Kiba bajó la cabeza para tomar al conejo antes de entrar a la guarida, ni siquiera era capaz de mirar los ojos de su hermano mayor. Todavía furioso, Rino centró su mirada en los árboles y trató de calmar su respiración y relajar sus músculos. Parpadeó con sorpresa cuando un hocico pasó sobre su hombre. -White-.

-Estas bien, gigante?- Sus ojos se veían preocupados al mirar a su amigo.

-Podría ser mejor, lo admito.- Él dejó escapar un largo suspiro. -Lamento que hayas tenido que escuchar eso.-

-No me molesta, ya lo sabes.- Ella lamió su oreja. -Y Kiba no me conoce tan bien como tú.-

-Aun así-.

White río suavemente, soltándolo y parándose; la luna que estaba en su cuello brillaba con el moribundo brillo del sol. -Voy a entrar. Dante se pone nervioso si me salgo por mucho tiempo.- Ella pasó suavemente su cola por el hombro de Rino antes de desaparecer en la guarida nuevamente. Rino la vio irse antes de regresar su mirada al paisaje, sus ojos se enternecía solo con pensar en Dante.

El nacimiento del cachorro había sido más por necesidad que por amor, pero eso no disminuyó la dedicación y amor de Rino y White hacia su hijo. Tenia el pelaje rojo de su madre y los ojos verdes de su padre, era un cachorro muy amable, de voz suave que jamás haría daño a una mosca y que constantemente tropezaba con sus patas, que parecía que algún día serian enorme con un cuerpo musculo al ser adulto.

Por supuesto, cuando White dijo esto, Rino sabía a ciencia cierta que se refería a que después Dante tomaría una forma más parecida a su padre que a su madre.

Un sonido ahogado lo hizo parpadear, y sus orejas giraron hacia delante. El sonido se repitió, aún ahogado por los árboles, pero al mismo tiempo, era un poco más claro. Cerró ligeramente los ojos. Disparos? Lentamente se puso de pie.

-Rino-. White estaba de vuelta en la entrada, Dante estaba escondido entre sus patas, con los ojos muy abiertos y temerosos.

-Ahorita regreso-, dijo el lobo café, mirándola a su brevemente. -Solo necesito ir a comprobar eso rápidamente. Y asegurarme de que no es un cazador el que está cerca de aquí-.

-Papá va a hacer que los chicos malos se vayan?- Los ojos de Dante se iluminaron.

-Sí-. Los ojos de Rino se enternecieron. -Así es, campeón.-

-Buena suerte, papá!-

Asiente con la cabeza brevemente, mirando a White por última vez, Rino saltó de la roca y corrió hacia los árboles.

Su cuerpo era grande pero no gordo, se movía con rapidez y en silencio mientras la oscuridad empezaba a caer y las estrellas pintaban el cielo. En sólo cuestión de minutos había llegado a la zona de los disparos, no era el claro que White tantas veces visitó en memoria de su madre humana, pero era un claro pequeño con un pequeño arroyo atravesaba la hierba en una noche plateada.

Con la luz de la luna, que se mostraba en los espacios entre los arboles, vio a un hombre en la hierba con una pistola en la mano. A sus pies estaba la forma de una mujer joven, su cinturón estaba notablemente desgarrado. Su pelo captaba la luz plateada, que brillaba ligeramente mientras soltaba unos débiles quejidos.

El corazón de Rino calló hasta sus garras y estableció el vínculo mental sin darse cuenta.

-Sumika!-

Al escuchar su grito de angustia, el hombre levantó la vista. Su pelo negro brillaba azul en la luz de la luna, y él mostró los dientes en una sonrisa fría cuando sus ojos verdes brillaban.

Riendo en voz baja, Tigre bajó la mano y dejó caer la pistola de Sumika. Esta golpeó la hierba con un ruido sordo.

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La caza era menos una cacería y más una patrulla, entonces Flaky fue brutalmente honesta con ella misma; no cambia el hecho de que después de unos minutos de correr con sus compañeros de manada y de regresar a casa con ellos, se sentía casi como un lobo nuevamente.

La sensación duró hasta que entro a través del arbusto, cuando Sneaky suavemente le acarició el hombro con la cola y vio los ojos Risa, ella sabía que era el momento cumplir su objetivo del viaje. Asintiendo con la cabeza entró en silencio después de los dos Jefes, manteniendo la cabeza baja y negándose a relajar su cuerpo. Al entrar en el claro donde estaban los otros Jefes, instintivamente se dirigió a la hierba cuando Sneaky y Risa es iban a sus lugares.

-Flaky-. Cuddles parpadeó. -que sorpresa.-

La loba rojiza entendió el comentario sarcástico que soltó y cerró los ojos por un momento, sacando un respiró entre sus dientes. Obligó a su piel a calmarse. Lentamente abrió los ojos y miró hacia arriba, mirando a cada uno de los jefes, sus ojos se suavizó un poco cuando vio a Splendid, pero su propósito nunca cambio.

-¿Desde cuando saben que Petunia y yo somos descendientes de White?- Ni siquiera dudó al añadir el nombre de su prima. Era la verdad; si ella estaba relacionada con White, entonces Petunia también lo estaría.

El silencio era tan ensordecedor que Flaky podría haber jurado que casi la aplastaba; la noticia impactó a Splendid y giró su cabeza para mirar a sus colegas jefes, con los ojos muy abiertos, pero los lobos viejos apenas si se estremecieron por la mirada de Flaky. -Así que lo has descubierto-, contestó Cuddles al final.

-Sí. ¿Desde cuando lo saben?- Sus ojos eran oscuros, como los soles gemelos. -De alguna manera tenía entendido que ´acaban de saber´ noticias que han estado siendo rumores de otros lobos.-

Giggles rozó el hombro de Cuddles con su nariz. -Hemos sabido desde el principio, Flaky-. Su voz era suave. -Solo que hemos decidido revelarlo porque creemos que podría pasar algo más adelante.-

-¿Por qué?- Ella dejó que el coraje se marcara en su voz. -¿Por qué no me lo dijeron?-

-¿Qué habrías ganado con saberlo?- La voz de Pickles era firme, pero igual de suave como la de Giggles. -Si todos los lobos supieran quien eres, tu y Petunia habrían sido perseguidas desde su nacimiento, esperando que siquiera los mismo pasos que White. Nunca abrías tenido una vida propia, o una manera de vivir. Si se hubiera revelado hace tiempo, ustedes dos hubieran sido moldeadas a su forma de vivir y no al que ustedes querían. -

Flaky forzaba a su piel para que siguiera lisa, algo de la ira se esfumó, pero todavía tenía una preocupación que tenia que expresar antes de decirles a los Jefes. Ella entrecerró los ojos y se sentó más derecha. -¿Sabias que Flippy Kuma lleva la sangre de Sakai?- preguntó en voz baja.

-Eso no lo sabía.- Ella vio la sorpresa impresa en los ojos de Cuddles. -Flippy Kuma está relacionado con Sigfrid Sakai?-

-Él es su sobrino.-

En el silencio que siguió mientras los Jefes procesaban esta nueva pieza de información, Flaky miraba sus patas y cerró los ojos, tratando de no temblar.

Ella no sabía mucho sobre el pasado- obviamente ella no estaba ahí para ver como pasó. Pero de alguna manera, tenía la sensación de que en algún momento Sigfrid y White se habían cruzado, aunque sólo sea temporalmente.

Y ahora, 17 años más tarde, sus descendientes lo hicieron nuevamente.

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-¿La conoces?- Tigre se echó a reír, volviendo a empujar a Sumika con el pie. -Qué lindo bueno. Eres el favorito de mi hermana, ¿no? Su- gigante amable-? - Sus ojos brillaban con frialdad.

-Ella es una buena madre.-

Él estaba hablando en voz alta, ni siquiera se molestó en crear la conexión mental entre ellos; Rino sintió que un gruñido aumentaba en su garganta y le enseñó los dientes. -¿Por qué lo hiciste?-

-Bastardo!-

Tigre posó su atención en Sumika por un momento, la estaba estudiando. -Ella es la compañera de aquel humano en el que esta tan interesada mi hermana, ¿no?- Sus ojos brillaban de nuevo cuando miró a Rino nuevo. -Me pregunto qué van a hacer las dos cuando la encuentren. Tal vez pueda matar tres pájaros de un tiro, ¿eh?-

Eso sí, las delgadas riendas de control que Rino tenía se rompieron, y con un gruñido se lanzó hacia él. Tigre sabia que eso pasaría, y por un momento lo único que vio el enorme lobo café fue una sombra del movimiento que Tigre hizo hacia el suelo, agarrando la pistola y moviéndose a un lado-

El dolor estalló en el pecho, y el macho verde tropezó en un punto muerto, abriendo sus ojos mientras su cuerpo comenzó a temblar. El dolor empezó a desaparecer poco a poco, casi quemaba, y lentamente recorría todo su cuerpo. El mundo se apagaba y giraba antes de que sus ojos, así como su fuerza comenzaran a desvanecerse, y ligeramente algo caliente y húmedo que mojaba el pelaje de su pecho.

Rino cayó silenciosamente en la hierba.

Por un momento Tigre miró a la gran masa café de piel, aun sujetaba la pistola todavía humeante en la mano. -Oh, esto es un tesoro-, murmuró, acercándose y arrodillándose junto al cuerpo de Rino. -Una manada de lobos no puede vencerte, pero un solo tiro te envía a la hierba. Qué ironía.- Él le enseñó los dientes en una mueca cruel cuando Rino abrió lentamente los ojos, lo miraba través de unos nublados ojos verdes. -Aún con vida?- Tigre se movió, sonriendo. -Bueno, esto podría ser demasiado, pero más vale prevenir que lamentar, ¿no?-

Con esto, más rápido de lo que los ojos de Rino pudieron comprender, Tigre pasó de un joven de pelo azul a un lobo de color gris oscuro, sus mandíbulas se veían borrosas..

El sonido de la carne rasgada llenó el aire y la sangre salpicó la hierba.

Mientras las nubes se unían en el cielo tapando la luz de las estrellas y la luna, empezó a llover.

Con otro gemido, Sumika lentamente se volteo, enfocando su visión en el lobo café de gran tamaño que estaba a su lado, derramando la sangre de la herida de bala en el pecho y que brotaba de la garganta desgarrada. Y, sin embargo, él todavía estaba vivo- a duras penas, se veía por su mirada vidriosa en sus ojos verdes.

Por otra parte, ella no era nadie con quien pudiera hablar, ella sentía su propia sangre, como se filtraba entre su ropa, y lentamente cerró los ojos. Ella probablemente no tenía mucho más tiempo, tampoco. Un suave me sonido de movimiento la hizo abrir los ojos otra vez, y ella parpadeó en estado de shock cuando Rino atontado se apoyaba en sus patas, haciéndolo con pura fuerza de voluntad. -Oye-, dijo ella, haciendo caso omiso de la debilidad de su voz. -No se supone ...-

-Simplemente ... no digas nada ...-

Rino se movía, lentamente mientras derramaba mas sangre, pero empezó a cojear hacia ella, la sangre goteando en la hierba con cada paso que daba. La lluvia empapó en su piel, enfriándole hasta los huesos hasta haciéndolo sentir casi muerto. Miró a Sumika y siguió caminando, a pesar del dolor, la sangre y la lluvia fría cayendo a su alrededor.

-Te estás matando más rápido, lo sabias?,- murmuró Sumika, tosiendo un poco de sangre, a pesar de su estado cerca de la muerte, sus ojos todavía estaban alertas.

-Tú ... tú quieres ... morir sola ...?-

-... Buen punto ...-

Le tomó unos minutos, pero pareció haber sido mucho mas, cuando finalmente la fuerza Rino le falló y cayó, su cuerpo quedo inmóvil junto a Sumika, con la cabeza situada en su brazo. -Lo ... lo siento ...- Sus ojos comenzaron a apagarse y se cerraron. -... Sólo… déjame descansar aquí ... para recuperar mi fuerza ...-

-No ... no hay problema, gigante. - Sumika no se molestó en luchar con el temblor de su voz, las lágrimas empezaron a salir de sus ojos. -Eres un amigo de White-chan, ¿no? Descansa el tiempo que necesites-.

-Gra ... gracias ...-

Con un suspiro suave, Rino finalmente cerró sus ojos, sus músculos se suavizaron, de pronto su cabeza se sintió más pesada en el brazo de Sumika.

Con la lluvia cayendo a su alrededor, en los brazos de un ser humano, con la sangre empapando su piel, el corazón de Rino dejo de latir, y su respiración se calmó de la nada.

Fríos por la lluvia, sin buscar nada sólo el calor, el escape de la sangre y la muerte a su alrededor, Sumika también cerró los ojos y silenciosamente siguió a Rino, dejando su alma libre y sin pelear.

La lluvia siguió cayendo.

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-Flaky-.

La voz de Giggles sacudió a Flaky de su concentración, y loba rojiza la miró, parpadeando. Los Jefes la miraban nuevamente, y envolvió su cola alrededor de sus patas, incorporándose un poco. -¿Sí?- Obligó a su voz a no temblar.

-Me parece interesante-, retumbó Sneaky, mirando a Cuddles. -Es interesante que un lobo de sangre White se lleve con un cazador de sangre de Sigfrid. Cuddles ...-

-Esto no cambia nada.- El lobo amarillo grande agitó su cola para silenciar a su hermano adoptivo. -Nada en absoluto. ¿Entiendes, Flaky?-

-Sí, Primer Jefe.-

Cuddles la estudió con atención, pero Flaky también lo miraba y ni una sola vez miró hacia otro lado, después de unos momentos, se relajó.

-Parece que tu tiempo como humano está llegando a su fin-, dijo el lobo blanco al último. -Nuestro temor es que si te quedas más tiempo, el riesgo de descubrirnos aumente. ¿Has visto alguna señal de que nos quieran atacar?-

-No, primer jefe.-

Un murmullo recorrió entre los Jefes; Cuddles levantó la cabeza, y parecía haber tomado una decisión.

-Muy bien. En ese caso, no hay razón para que sigas siendo humana por más tiempo.-

-Quu-qué?- el corazón de Flaky se dejó caer en sus patas.

-No te podrás quedar por ahora; por lo que Risa y Sneaky me dijeron, puede que hayas dejado un lío detrás, y los humanos pueden sospechar si simplemente te desvaneciste con el aire.- la voz de Cuddles estaba calmada, y era evidente que no quería ningún reclamo. -Pero me niego a arriesgar tu vida por más tiempo. Mañana, antes de que salga el sol y de que despierten los humanos, volverás a nosotros, Flaky. Regresaras a casa.-

Flaky tragó saliva y asintió con la cabeza, mirando sus patas y poco a poco bajó las orejas. No podía decir que no. Esto era lo que había estado esperando todo el tiempo. Sabía que esto pasaría. Cerró los ojos lentamente.

-Sí, Primer Jefe.-

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La lluvia caía con fuerza sobre White, sin remordimiento mientras estaba parada en silencio entre los árboles, mirando el claro con sus oscuros ojos. El corazón le dolía y gritaba cada músculo de su cuerpo, pero no se atrevía a salir al claro; Sigfrid había encontrado los cuerpos con la gente de un pueblo cercano, y un lobo no sería bienvenido en esos momentos.

Su corazón se encogió con en el sonido de los sollozos de Sigfrid, mas audible que la lluvia, incluso en la oscuridad podía verla silenciosamente, la sangre empapaba el pelaje verde de Rino, y sintió como su corazón se partía en dos.

Ella enseñó los dientes, un temblor recorrió su cuerpo, y por un momento casi cedía a la tentación de convertirse en humano y entrar en el claro, para llorar sobre Rino de la misma forma que Sigfrid lloró por Sumika.

Pero no pudo. Ahora no. No cuando el suave aroma de Tigre estaba fresco en el aire empapado por la lluvia.

Ella sólo necesitaba pasar por la guarida una vez más, pensó mientras las gotas de lluvia goteaban en su luna. Ella tenía un regalo que darle a Espumosa antes de ir a buscar a su hermano ... probablemente para no volver jamás ..

Con un gruñido dio la vuelta y salió corriendo entre los árboles, una sombra con el corazón roto y la venganza en mente.

Esta noche, Tigre morirá.

Te lo prometo Rino ...

-¿Por qué? No quedaras decir, ¿cómo?- Se encogió de hombros, pasándose una mano por el pelo. -Bueno, el cómo es fácil ... tuve la pistola por ella, le disparé al forcejear, creo no fue mi culpa.- Cerró un ojo, sonriendo. -Le disparé por segunda vez. Porque me dio la gana.-

White sabía que debía seguirle inmediatamente la pista a Tigre. Sabía dónde estaría, y cuanto antes lo encontrara y peleara con el mas pronto terminaría todo- el dolor, la tristeza, la ira.

Pero en lugar de ir hacia el claro, las patas de la loba roja se dirigieron de vuelta al lugar donde estaba Rino.

Por ahora, la lluvia había cesado, a pesar de las oscuras nubes que amenazaban con iniciar la lluvia nuevamente. En algún momento Sigfrid y la gente del pueblo se habían llevado el cuerpo de Sumika para enterrarlo, no seria de otra manera, de todos modos, ignorarían el gran charco de sangre que muestra donde pasó sus últimos momentos. White se sentó en silencio, envolvió su cola alrededor de sus patas, y después de un momento cedió a la tentación y bajó la cabeza, hundiendo su hocico en el cuello de Rino como había hecho tantas veces en el pasado.

El calor que había conocido tan bien durante tanto tiempo hacía tiempo que había desaparecido de su cuerpo, la piel de Rino se sentía fría y húmeda, y ya no era como antes. White cerró los ojos, pero no se apartó. -¿Por qué me dejaste entrar, ¿eh?- -susurró con voz temblorosa. -Si sólo me dejaras morir, esto no habría sucedido-.

No hubo respuesta, no la que ella había esperado. Un viento frío soplaba a través del claro, removiendo la hierba y la piel de White.

-Supongo que tu corazón es demasiado grande como para detenerse por un sangrado, ¿no? Siempre has sido muy amable ... a veces pienso que tienes un gran cuerpo solo para guardar tu gran corazón.- Su voz se quebró, vaciló. -Por supuesto, nunca he pensado que un corazón tan grande como el tuyo jamás dejaría de latir-.

Ella deseaba que en algún lugar, en lo más profundo, que sus palabras hicieran reaccionar a Rino, estaba decepcionada. Poco a poco inhala su aroma una vez más, dejándolo andar en toda su cabeza y haciendo caso omiso del hedor de la sangre que ya la había manchado. Por último, exhaló con fuerza y dio la vuelta, lentamente se detuvo y miro que el cielo nocturno estaba despejado.

-Mamá ... cuida al gigante amable por mi ´hasta que yo llegue con ustedes´- Ella volvió a mirar a Rino una vez más, bajó la cabeza y le dio a su oreja una ultima lamida, sintiendo que su corazón se desmoronaba en mil pedazos. -No te preocupes demasiado por mí, de acuerdo gigante? No vamos a estar separados por mucho tiempo.-

Estaba muerto; Rino estaba muerto, la sangre estaba seca en su piel, su corazón y su respiración se habían detenido. Pero por un instante, cuando el aire comenzó a soplar de nuevo, White creyó oír su voz, susurrándole al oído. -Estoy tan cansado, White ...-

Con un pequeño gemido, sollozando como si fuera el llanto de un humano, White bajó la cabeza y una vez más acarició el cuello de Rino, su cuerpo temblaba por los sollozos, sin lágrimas, mientras el dolor la volvió a llenar, ella cerró los ojos y bajó las orejas, sintiendo que la lluvia comenzaba a caer de nuevo.

-Lo sé, mi gigante amable-, susurró. -Ya lo sé. -

Evitando que salieran las lágrimas, White cruzó el césped, mientras la lluvia caía con renovado vigor, ni siquiera necesitaba que la guiara un olor, ella sabía dónde estaría Tigre. No era la primera vez, sintió que algo le faltaba en su pecho por que este comenzaba a doler..

En la oscuridad de los árboles, Sigfrid vio a White desaparecer, en busca de su hermano; después de un largo rato, siguió a la loba roja, haciendo caso omiso de la lluvia y el trueno que sonó.