Danza
Arya podía sentir todos esos sentimientos recorriéndole diariamente. Y que por supuesto, se quedaban allí dentro. No tenía una buena razón para lloriquear por los rincones o destartalarse a carcajadas.
Se dobló sobre si misma. Intentando controlar las lágrimas mientras el viento trataba de secar sus ojos y deshacía los mechones que cubrían su rostro.
Y él era aquella inexplicable excepción.
¿Por qué? ¿Qué era lo que lo traía hasta ella de esa manera tan insistente?
Lo escuchó sentarse a su costado, atravesándola con su mirada como solamente él podía hacerlo. Por supuesto, Eragon jamás se había dado cuenta del extraño poder que tenía sobre ella. A veces, hasta creía que realmente había entrado en su mente y requisaba cada rincón.
Sin embargo, sabía que eran divagaciones suyas, pues al menos, Eragon no había demostrado estar atentando contra su privacidad. Y era algo meritorio, vivió subestimándole y ahora, lo tenía allí ofreciéndole su otra mejilla para demostrarle que él podía ir mucho más allá de cualquiera de sus expectativas.
Lo escuchó suspirar pesadamente. Comprendió que ninguno de los dos sabía qué palabras usar, aunque hubiera tanto para decir. Sintió su mano posarse levemente en su hombro, la forma suave en la que pronunció su nombre, casi temiendo que la inestable tranquilidad se tensara y acabara por romperse en mil trozos de cristal.
Lo miró con intensidad, por largos segundos, sintiendo el aire que él exhalaba chocar levemente contra su piel, en una ráfaga tibia. Y él se quedó estático con expresión sentida. Verdaderamente era un extraño recelo que rayaba en el temor el que los envolvía aún en el más íntimo momento que se hubieran permitido.
-Estoy bien Eragon, no tienes que preocuparte por mí.- le dijo, doblando la comisura de sus labios para formar una muy leve sonrisa.
El jinete negó con la cabeza.
-Por favor, permíteme que lo haga.- contestó murmurando casi sobre su rostro, una sonrisa triste atravesó su expresión templada.
Y Arya supo que él sólo estaba allí por su silencioso llamado. Como si necesitara de su hombro para llorar.
Tal vez, era ella quien lo llamaba, quien recurría a él con insistencia. O tal vez ambos. Danzando uno alrededor del otro. Siempre ante una incómoda expectativa. Siempre esperando, como si el tiempo y los problemas no fueran más que un agregado en los pasos de su eterno baile. Arya se preguntó cuánto más tardaría el destino en acabar con su música.
Buenas! Antes que nada espero que les haya gustado y muchas gracias a las personas que dejaron reviews :)! Este drabble en especial tiene una contraparte que voy a subir la próxima ;)
