Culpabilidad
Nihil est miserius quam animus hominis conscius ― Plauto
― ¿A qué temes, pajarito?― dice Evan con su voz seductora, dando un paso hacia delante, aún con sus brazos extendidos―. Termina lo que empezaste, puta.
Marlene parpadea y da un paso atrás, como si aquellas palabras le hubiesen dolido especialmente. Entrecierra los ojos, como intentando serenarse. Evan sólo puede pensar en seguir provocándola. Tiene que conseguir que le ataque.
― Vamos, adelante. Atrévete.
― ¡Desmaius!― chilla ella, al fin, agitando su varita.
El plan de Evan era dejarse hacer. Quizá algo de dolor físico fuera capaz de aliviar la pena que lo corroía, pero cuando ve el rayo rojizo que vuela hacia él se aparta con un giro practicado en cientos de duelos. La apunta con su varita y un hechizo corre a sus labios antes, incluso, de que pueda llegar a pensarlo:
― ¡Sectumsempra!
El hechizo, que se lo ha visto lanzar miles de veces a Snape, golpea a Marlene en el pecho y en el rostro. Es un hechizo poderoso, doloroso y mortal si se sabe utilizar bien. Ella chilla, con los ojos abiertos de par en par y cae hacia atrás.
― ¡Rosier!― jadea Wilkes bajando las escaleras y llegando hasta él―. ¿Qué…?
Los preciosos ojos de Marlene están clavados en los suyos, fríos, inertes, acusadores. Siente un nudo en su garganta y aparta la mirada. Tiene el pecho abierto y la sangre, roja, tan roja que parece carmín, le empapa sus rizos rubios y la moqueta.
― Un miembro de la Orden― murmura Evan, intentando eliminar cualquier sentimiento de sus palabras.
Wilkes se acerca a ella. Toma su muñeca entre sus dedos y busca su pulso.
― Muerta― susurra con una sonrisa de placer. Pasa su mano a lo largo de su brazo, hasta su hombro y acaricia su rostro.
Una oleada de rabia inunda a Evan.
― ¡NO LA TOQUES!
Aparta a Wilkes con una patada. Ha sido algo tan visceral que no ha llegado, si quiera, a apuntarle con su varita. Sólo tiene que alejarlo. No puede tocarla, no. Nadie la puede tocar ya. Es suya, completamente suya.
Marlene le sigue mirando y Evan se remueve nervioso.
― Deberíamos marcharnos.
― Pero a ti… ¿qué mierda te pasa?― gruñe Wilkes desde el suelo.
Evan no puede decírselo. No tiene palabras que expliquen la presión que siente en el estómago, el dolor de su pecho, el peso de la mirada de Marlene sobre sus hombros, la risa que ya nunca va a volver a oír. Sus jadeos, esa hermosa armonía que le volvía loco.
― Vámonos― ordena con voz trémula. Quiere agacharse y cogerla en brazos, llevársela consigo para que ya nadie pueda separarlos, pero a la vez teme sus silencios. No podrá soportar eternamente esa mirada vacía, vacía de emociones y de sentimientos… Vacía de ella.
Wilkes se levanta lentamente.
― Estás loco. Completamente loco.
Evan simplemente sonríe, aunque es una sonrisa vacía de cualquier emoción. Casi tan vacía como sus ojos.
― Cállate.
Un estruendo hace que ambos hombres se volteen hacia la entrada de la casa. La puerta ha salido volando y se ha estampado contra la pared de enfrente. Evan levanta su varita, de nuevo, con el corazón en un puño.
La Orden está a punto de llegar, había dicho Marlene. La Orden está a punto de llegar. La Orden está a punto de llegar. La Orden está a punto de llegar. Sus palabras resonaban una y otra vez contra su cabeza, como un dulce (y tormentoso) repiqueteo.
Wilkes agita su varita y lanza uno de los sofás del apartamento contra la puerta, que se desvanece antes de llegar a golpear a nadie.
― ¡Nos vamos!― gruñe Wilkes, agarrando a Evan del antebrazo y tirando de él.
― ¡No!― se suelta rápidamente y apunta a la entrada―. ¿No querías a los aurores? ¡Pues es tu momento!
Ellos se la habían robado, le habían obligado a matarla. No iba a perdonárselo. No podía, tenía… Sí, tenía que acabar con ellos. Con todos y cada uno de ellos. Por Marlene. Por él. Quizá así Marlene dejaría de mirarlo con aquella expresión acusadora.
~X~
― ¡Sectumsempra!― grita Evan desde el suelo. Apenas puede sentir su cuerpo y tiene la vista nublada. Nota a su lado a Marlene, rígida. Su mirada posada en él, lo mira con esos ojos muertos. Da igual lo que haga, lo que diga, lo que sienta. Nota su mirada que se clava hasta lo más profundo de su ser.
Ya no la ve. Sólo es un borrón, una impresión, una cicatriz, una huella. Ya no es Marlene, todo piernas y cabellera. Ahora solo tiene ojos. Unos ojos azules, muertos, que le seguirán hasta el mismísimo infierno.
― ¡Hijo de mala banshee!― gruñe una voz grave.
Alguien le da una patada en el costado y Evan se retuerce. El impulso del golpe hace que se gire hasta que nota su hombro, están tan cerca que, si tuviera fuerzas, podría abrazarla, podría volver a tocarla.
― ¡Marlene!― oye como jadea una voz, un borrón se lanza a su lado. Tiene el cabello oscuro y largo―. ¡Marlene, di algo! ¡Hijo de puta!
Alguien le golpea. Le da un puñetazo, otro y otro más, mientras todo se va oscureciendo a su alrededor. Intenta respirar lentamente, necesita olerla una vez más.
― ¡Sirius, ya es suficiente!― gruñe la voz grave―. Vete a ver si el otro está muerto…
― ¡La han matado, Moody!― grita Sirius Black.
Evan intenta sonreír, pero todo lo que consigue es dibujar una mueca que sabe a sangre. Cierra los ojos y respira muy lentamente. Alarga su mano, en un último esfuerzo, y atrapa la de Marlene entre sus dedos. Fría y pequeña, como siempre.
Yo te quería, piensa con rabia. Lo siento, añade otra voz en su cabeza.
Pero los muertos no perdonan.
Nunca lo hacen.
~X~
Fin.
Notas finales: Bueno, antes de que nadie me corrija, tengo que explicar la razón por la cual decidí que la chica de Rosier fuera Marlene en vez de otra cualquiera. Y es que releyendo los libros descubrí algo.
En el quinto libro Moody dice que a Marlene y a toda su familia los mataron los mortífagos. La gente normalmente tiende a pensar que los mataron a todos junticos, pero realmente hay algunas pistas que indican lo contrario. Veamos:
- Moody dijo que a Marlene la habían matado dos días después de sacar la foto. Después añade que su familia también murió. Esa forma de expresarlo es un poco ambigua y puede dar a entender que no murieron a la vez.
- Moody tenía la nariz entera. La cicatriz de la nariz se la hizo Evan antes de que lo mataran. Es decir, cerca de un año antes de que Voldemort cayera. Huelga decir que esto nos data la muerte de Marlene, al menos, un año antes de la caída de Voldemort.
- Lily escribió en su carta a Sirius que los McKinnon habían muerto el verano previo a la caída de Voldemort. Es decir, apenas unos meses antes.
En fin, creo que ya ha quedado clara mi postura. Muchas gracias por leer.
