DURANTE EL ATARDECER…
Hace varias horas que Link salió a hacer algo muy importante, por lo que me quedé en el balcón de mi habitación mirando el bello atardecer, mientras que las hojas se movían de un lado a otro por el viento. Sentía mucha tranquilidad cada vez que miraba a mi alrededor y olvidaba mis problemas.
-Estoy aburrida- dije en mis pensamientos- Podría ir a pasear un rato por todo Hyrule, sirve que les ayude en algo a los habitantes-.
Salí del balcón, tomé mi capa negra que estaba colgada en la pared y salí de mi habitación a buscar a Impa para decirle que saldré por un momento, pero lo más raro fue que no la veía por ningún lado.
-¡Impa!- grité pero ella no acudió a mi llamada- Que extraño-.
Seguí caminando por el pasillo y seguía sin encontrarla. Supuse que estaba en el entrenamiento ayudando a los soldados, así que decidí ir allí, pero en cuanto llegué tampoco estaba allí, con excepción de los soldados.
-¿En dónde estará? ¿Se habrá ido con Link?- decía para mis adentros-.
Decidí irme del Castillo sin avisarle a nadie y en cuanto llegué a la Ciudadela, no había absolutamente nadie por las calles y comenzaba a preocuparme un poco, hasta que pude ver a dos habitantes discutiendo, así que decidí acercarme a ellos.
-Hola, disculpen por interrumpir, pero ¿saben por qué no hay nadie en las calles?- dije amablemente y ellos me miraron sorprendidos-.
-¡Su majestad! Por todas las Diosas, qué pena- dijo un habitante y los dos hicieron reverencia-.
-No hace falta que se sientan así, no tiene importancia- dije un poco tímida-.
-Bueno, los habitantes están con Li…- dijo el otro habitante y su compañero le dio un golpe en el estómago mientras fruncía el ceño, como si tratara de decirle de que se quedara callado-.
-¡Cállate! Prometimos no decirle nada a la Princesa…- le susurró-.
-¿No decirme qué cosa?- pregunté confundida-.
-Este…emm…Nosotros…amm…- dijeron los dos al mismo tiempo- De que estaremos organizando dentro de poco la reconstrucción de Kakariko, majestad-.
Ellos me miraron con una sonrisa demasiado falsa, a lo que yo asentí no muy convencida, así que decidí retirarme a otra parte. ¿Reconstrucción de Kakariko? Link no mencionó nada sobre eso, la cual decidí investigar sobre eso.
Caminé hacia la Villa de Kakariko y en cuanto llegué, tampoco había absolutamente nadie a las afueras de las casas. Miré por algunas ventanas de varias casas pero no había nadie, la cual comencé a preocuparme.
-Veo que al parecer los habitantes me mintieron… me pregunto qué estarán escondiendo a mis espaldas- dije para mis adentros un poco disgustada-.
De repente, pude escuchar unos ruidos extraños que venían desde lejos y miraba a mis alrededores para ver de quiénes eran esos ruidos, hasta que pude ver que eran varios Lizalfos acercándose lentamente a mí, la cual me espanté.
A medida que los Lizalfos se acercaban a mí, yo me alejaba, incluso intenté sacar mi Espada hasta que supe que la había dejado en el Castillo. No sabía qué hacer para detener a aquellos enemigos, quienes cada vez se acercaban más a mí.
-¡AYUDA! ¡LINK!- gritaba pero nadie me ayudaba-.
Después, uno de los Lizalfos saltó, preparándose para atacarme con su grande espada y yo estuve a punto de caer al suelo, sabiendo que había sido mi fin pero me equivoqué. En cuanto abrí los ojos, pude ver que era sostenida por Link, quien con su brazo me había protegido con el Escudo Hylian y así éste cayera al suelo sin que me hiciera daño. Me quedé realmente sorprendida de ver a Link, quien nuevamente me salvó la vida.
-¿Estás bien, mi princesa?- dijo mirándome, a lo que yo asentí con una medio sonrisa-.
Él me ayudo a levantarme y me coloqué detrás suyo para evitar que alguno de esos enemigos me lastimara y Link comenzó a atacarlos con su gran espada de Hierro. Finalmente fueron derrotados esos Lizalfos y Link tenía la respiración muy agitada, guardó su espada y su escudo y se acercó rápidamente a mí.
-Perdóname Zelda, fui un completo idiota al dejarte sola expuesta a esos peligros- dijo él apenado-.
-¡Tranquilo Link! No tienes que lamentarte, si no hubiera sido por ti ya me hubieran matado a mí y al bebé- interrumpí- Oye, ¿por qué no hay absolutamente nadie en las calles? He estado yendo por todas partes intentado encontrarte o a cualquier persona, pero no había nadie-.
Él me sonrió.
-Sígueme- dijo tomándome de la mano y me hizo caminar hacia alguna dirección-.
