¡Hola Corderitas!
¿Cómo estais? Aquí teneis la continuación del fic :3 Creo que os va a gustar el contenido de este jojojojo

¡Nos leemos! Comentadme porfa :c


Después de muchos dolores de cabeza habían conseguido ponerse de acuerdo para formar un grupo de siete personas para la prueba final que exigía la escuela.

Cada día ensayaban todos juntos, la verdad era que la chica había echo un gran trabajo a la hora de componer aquella canción pensando en los seis.

Cuando Tokiya se enteró de que Otoya había elegido a Haruka para formar el grupo no le dijo nada, ni le reprochó, pero en su rostro podía verse que no le había echo mucha gracia. Por su parte, Otoya se había sorprendido cuando descubrió que el peli azul había elegido a la pelirroja.

De hecho, desde aquella noche en el bosque apenas habían hablado, se habían limitado a seguir con su vida tal y como hacían siempre. Solo, de vez en cuando, Tokiya lo sorprendía, agarrándolo sin previo aviso, besándolo apasionadamente, para después seguir a lo suyo, sin decir nada más al respecto. Otras veces se colaba en su cama por las noches, cogiendo su mano para quedar rendido unos instantes después.

Era una situación verdaderamente extraña y confusa, pero le daba tanto miedo enfrentarse directamente con Tokiya que no decía nada. Le daba la sensación de que el peli azul era una bomba apunto de estallar y que al mas mínimo toque le explotaría en las manos. Por eso guardaba silencio, al fin y al cabo se sentía cómodo con aquello. Sabía que era raro que se besase con su compañero de cuarto de aquella manera, y que tenía que significar algo, pero no sabía descifrar todo aquello.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

-Hoy nos falta uno de los miembros… otra vez-. La voz de Ren retumbó por la sala donde se encontraban todos trabajando.

Hijirikawa miró hacia el rubio sin decir nada. Todos parecían afligidos por este comentario.

-Tokiya llegó tarde ayer también-. Mientras decía esto, Syo jugaba con su sombrero, haciendo girar.

-Él dijo que estaba ocupado con su trabajo de medio tiempo, pero…- Otoya intentaba defenderle, pero sabía que era difícil en esas condiciones.

-¡Estoy segura que enseguida llegará! Sigamos practicando-. Aquella chica era un cielo.

-¿Cuál es el trabajo de medio tiempo de Ichinose?-. Hijirikawa miró a Otoya, esperando una respuesta a su pregunta.

-Realmente, no lo se… -. Sintió una pequeña punzada en su interior.- Él se va inmediatamente después de clase y vuelve tarde en la noche… Muchas veces, no vuelve hasta la mañana siguiente.

Lo recordaba muy bien, despertarse de madrugada al sentir al peli azul meterse en su cama, acurrucándose contra su cuerpo, buscando su calor, sin decir nada.

-Como siempre, él hace las cosas a su ritmo, cómo si fuese la única persona que le importa…-. Las palabras de Ren le dolieron profundamente.

-¡E-eso no es cierto! ¡Tokiya no es así!

Todos voltearon a mirar al pelirrojo, que se sonrojó, sorprendido por sus propias palabras.

Justo en ese preciso instante, por suerte o por desgracia, Tokiya apareció por la puerta, jadeando, como si hubiese corrido para llegar.

Haruka se levantó de la banqueta del piano, sorprendida.

-¡Ichinose-san!

Tokiya entró a la sala, intentando recuperar el aliento.

-Lamento llegar tarde…

Ren arremetió contra él con duras palabras, pero Natsuki intervino intentando poner paz.

-Vamos, vamos chicos… aprovechemos que estamos todos para practicar desde el principio.

-¡Si! ¡Buena idea!-. Ahora que su misterioso compañero de habitación había llegado sentía sus pilas cargadas de nuevo.

Haruka se apresuró a volver al piano, trayendo una nueva letra que había escrito.

El pelirrojo no puedo evitar fijarse en como la chica miró al peli azul cuando éste le dijo que la canción le gustaba. Volvió a sentir una punzada en su interior. Pero seguramente sería imaginaciones suyas, ahora mismo debía concentrarse en aquello, era extremadamente importante para determinar que camino tomarían sus vidas.

No podía permitirse distraerse con esas cosas.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Trabajo y más trabajo, era todo lo que veía Tokiya desde hacía unos días.

Se encontraba en las oficinas de la discográfica que lo representaba, repasando las partes importantes del guion de la serie en la que debía salir cuando su vista se nubló por unos instantes. Frotó sus sienes, intentado despejarse, no podía permitirse el lujo de descansar, se esperaba mucho de Hayato.

Su representante vino a buscarlo para llevarle a su siguiente compromiso.

-¿Estas teniendo problemas para memorizar tus diálogos?

-No, estoy bien, tranquilo-. Miraba distraídamente por la ventana del coche.

-Es bueno oír eso, después de la entrevista de esta tarde tienes una reunión con los guionistas de la serie, más tarde asistirás a una firma de discos.

-¿Cómo? Pero tengo planes para esta tarde…

-¿Qué planes exactamente?-. Su representante lo miró amenazadoramente por el espejo retrovisor.

-N-nada, no importa.

-Tokiya, es muy importante que te concentres en tu trabajo de ahora en adelante, queremos expandir la fama de Hayato a nuevos campos, y necesitamos que des lo mejor de ti, ¿Entiendes? Debes tomarte esto en serio.

-Lo sé…

No podía desafiarle, se esperaba mucho de Hayato, no podía decepcionarles.

Pensó en sus compañeros, seguramente volvería a llegar tarde a la práctica. No quería fallarles, pero ellos no tenían ni idea de quien era él en verdad. Pensó en Otoya, en esos días había tenido pocas ocasiones para verle, apenas había podido hablar con el, y algo no estaba bien con él. Se sentía vacío, su mente estaba ausente en muchas ocasiones, nada más pensando en la hora de regresar a la tranquilidad de su cuarto, para deslizarse entre sus sabanas; oliéndole y sintiendo su calor, era reconfortante después de un duro día de trabajo.

Ahora eso debería esperar, tenía mucho trabajo por hacer como Hayato. Era irónico, aquel frívolo idol que él había creado de verdad estaba empezando a robarle su propia vida.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Estaban todos reunidos en uno de los grandes jardines de la academia, repasaban algunas de los detalles de su actuación.

Tokiya permanecía apoyado en un tronco, un poco alejado de todos los demás. Se sentía un poco ausente, no podía concentrarse bien en lo que sus compañeros decían, notaba su vista nublarse continuamente, masajeó el puente de su nariz.

-Ichinose-san, ¿Te encuentras bien?

Levantó la vista, nervioso, sus compañeros se habían acercado a él, preocupados por su silencio.

-Si, estoy bien, no os preocupéis.

-Hemos quedado a la misma hora que hoy para practicar, ¿Está bien?

-Si, lo tengo, estaré allí.

Todos se fueron alejando, Otoya se separó un poco del grupo, volviéndose para mirar en dirección dónde se había quedado el peli azul. Observó que Haruka no se había apartado de su lado.

Tokiya se levantó pesadamente del suelo, pero su fuerza le abandonó por unos instantes, provocando que cayese hacia delante, quedando sujeto por la chica.

El pelirrojo salió corriendo en aquella dirección. Si hubiese dicho que lo hacía por que estaba preocupado por el peli azul estaría mintiendo, claro que estaba preocupado, pero la verdadera razón es que no soportaba ver a Tokiya en brazos de Haruka.

La chica parecía asustada, intentaba sostener al peli azul, pero era mucho más grande y pesado que ella.

-¡Nanami-chan!-. Se acercó a ellos apresuradamente.- ¿Qué ocurre?

-N-no sé, de golpe se desplomó y…-. Estaba bastante nerviosa.

El pelirrojo agarró a Tokiya, apartándolo de los brazos de ella, y puso su mano en la frente.

-¡Estás ardiendo Tokiya!

El peli azul reaccionó ante la voz del pelirrojo. Se puso erguido con un poco de dificultad.

-Si, no te preocupes, solo estoy un poco cansado…

Se deshizo de su agarre y comenzó a andar en dirección a la academia.

-Ichinose-san, ¡No te sobre exijas! Vas a acabar dañando tu salud-. La chica avanzó unos pasos hacia él.

-Todo esto lo elijo yo-. Siguió andando sin darse la vuelta.

Odiaba aquello, no sabía por qué sentía así. Sentía como algo se rompía en su interior cada vez que veía al peli azul así, y él no podía hacer nada, no sabía nada de él, no podía ayudarlo. Que Haruka pareciese demostrar un especial interés en Tokiya no ayudaba. ¿Por qué le molestaba tanto? ¿Estaba enamorado de ella? No, no era eso, cuando Ren la rondaba no se sentía para nada así. Tenía que aclarar su mente.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Despertó pesadamente. Se incorporó para descubrir que la cabeza le dolía horriblemente. Se fijó en su entorno, comprobando que no se encontraba en la academia. Observó su móvil, que descansaba sobre una silla, junto a toda su ropa. La luz intermitente le avisaba de que tenía alguna llamada o mensajes pendientes. Al desbloquearlo pudo comprobar un montón de llamadas perdidas, todas de Otoya.

¿Qué hora debía ser? Lo comprobó, llegaba tarde a su encuentro con sus compañeros.

Se levantó y comenzó a vestirse, pero fue interrumpido por el director de la compañía, que acababa de entrar a la sala.

-¿Qué te crees que haces? Aún tienes fiebre, acabo de llamar a un doctor, será mejor que descanses por el momento.

-Presidente… um… yo…

-Descubrí que eres un estudiante de la Academia Saotome. Y yo confié en ti…

Tokiya se sintió incomodo ante aquella acusación.

-¡Lo siento! ¡Sé que debí hablarle sobre esto!

-Tu contrato expira pronto. ¡¿Piensas dejarnos después de eso?

-Me disculpo por no contarle todo esto…pero… traté de decirle una y otra vez que yo…

-¿Acaso tienes algún sentido de la obligación y el deber? Estas acumulando trabajo… ¡Deberías agradecerme de rodillas todo lo que hice por ti! Pero no…

Esas palabras le afectaron de lo que hubiese deseado. Se sintió una persona despreciable en ese momento.

-Quiero cantar…

-¡Todos está siendo un desastre!

-E-eso…

-¡¿Acaso hay algo por lo que no debas sentirte agradecido?-. Una fuerte tos lo invadió.- ¿Tan maravillosa es esa academia?

Tokiya recordó a sus compañeros. Todos se esforzaban tanto por cumplir sus sueños… Pensó en Otoya, sonriéndole al verle aparecer por la puerta, haciendo un gran escandalo por que su canción había salido bien, aplaudiendo cada gesto que él hacia.

-Si, lo es…-. Bajó la vista, sin pudiendo soportar la dura mirada de aquel hombre.

Levantó la vista para mirar a aquel hombre, para encontrárselo tirado en el suelo, retorciéndose de dolor.

Asustado se abalanzó sobre él, comprobando su estado. Cogió el móvil pidiendo una ambulancia.

Por lo visto hoy también faltaría a su palabra con el grupo.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Cuando entró por la sala no se encontró con amables palabras, tampoco lo esperaba. Ren lo volvió a atacar, sin siquiera escuchar sus palabras de disculpa, estaba en todo su derecho de estar enfadado. Soportó todo aquello, se lo merecía. No importó lo mucho que los demás intentasen poner paz, el temperamental rubio salió de la sala, argumentando que ya tenía bastante.

Aquello hizo que los ánimos de todos decayesen, y fueron abandonando uno a uno la sala, hasta que sólo quedó Otoya, a una distancia prudencial, ni siquiera le miraba.

-Otoya yo…

El pelirrojo hizo un gesto, dándole a entender que no continuase hablando.

-Déjalo Tokiya…-. Agarró su bolsa y se dispuso a abandonar la sala también.

El peli azul lo agarró por la muñeca, impidiéndole avanzar, Otoya se volteó a mirarle, sus ojos eran tan tristes…

-Otoya… yo, lo lamento… lamento haberla fastidiado, lamento haberos fallado… lamento haberte fallado…

-No es tan fácil, ¿Sabes? Intenté salir en tu defensa… Pero es difícil cuando no sé nada de ti, no sé a dónde vas cuando acaban las clases, no sé por que vuelves a altas horas de la madrugada, no sé nada de ti…

El pelirrojo se deshizo de su agarre al ver que éste no le contestaba, saliendo de la sala sin decir nada.

Esa vez la había fastidiado bien, había metido la pata hasta el fondo. Tomó una decisión, agarró sus cosas y se dirigió al hospital ir a ver al director de su discográfica.

El camino en taxi se le hizo tedioso, sentía un nudo en la garganta que le impedía respirar bien.

Cuando entró a aquella habitación de hospital y vio al director tumbado se le encogió el corazón, parecía un hombre tan débil en aquellos momentos… Se sentó junto a su cama y el hombre abrió los ojos pesadamente.

-Así que has venido… Perdón…

-¡Presidente!-. Se abalanzó sobre la cama.

-El doctor dijo que necesitan operarme, ¿Cierto?-. Tokiya bajó la mirada con los ojos vidriosos, le dolía ver a aquél hombre así.- ¿Estás bien?

-Si, no se preocupe, debe descansar.- Volviendo a sentarse.

-Eres un buen chico… Para mí, todo este tiempo, has sido como un hijo… No quiero perderte.- El peli azul cerró los ojos, sintiendo que podría echarse a llorar en cualquier momento.- Siento haber pisoteado de esa manera tus sentimientos, todo este tiempo… No quise hacerte sentir mal, perdóname.

Tokiya negó con su cabeza, sintiéndose incapaz de hablar.

-Dejar mi agencia… Significa dejar a atrás a Hayato, ¿Estás dispuesto a eso?

Respiró profundamente, intentando reunir la fuerza que le hacía falta para pronunciar aquellas palabras.

-Yo… a partir de ahora… sólo quiero ser Ichinose Tokiya-. Alzó la vista, mirando decididamente a aquél hombre.

-¿Estas cansado de todo esto, Hayato?

-No… yo solo… He encontrado esperanza-. Su voz tembló ligeramente, mientras a su mente vinieron aquellos ojos rojizos, mirándolo cálidamente.

-Ya veo…-. El viejo hombre cerró los ojos, en una expresión de tranquilidad.

Subió apresuradamente al taxi, ahora que por fin estaba todo hablado se moría de ganas de regresar. Paró al primer taxi que vio y le indicó la dirección de la academia.

El conductor asintió y se puso en marcha, por mala suerte, una fuerte lluvia empezó a caer, ralentizando el tráfico.

-¡Vaya faena, no tiene pinta de querer amainar!

Empezaba a ponerse un poco nervioso, quería llegar lo más rápido posible. Para más inri, su móvil se había quedado sin batería.

Miraba distraídamente por la ventana del taxi, observaba la lluvia, era tan densa que apenas se podía ver nada a través de ella. La radio sonaba de fondo.

"Ultimas noticias, al parecer, ¡La super estrella Hayato se retira!"

Se sobresaltó, ¿Cómo se había corrido la noticia tan rápido? Hacia apenas unas horas que había dejado el hospital.

"Al parecer se ha convertido en un alumno de la Academia Saotome"

Aquello iba mal, estaba seguro de que estarían dando la noticia en varios canales. Rezó por que ninguno de sus compañeros lo viese, pero sabía que era imposible.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Aquella mañana no se hablaba de otra cosa en la Academia Saotome, nadie podía creer que Hayato fuese en verdad Ichinose Tokiya de la clase S. Todos sus alumnos estaban emocionados ante aquel hecho. Todos excepto un pequeño grupo que se reunía en su habitual sala de ensayo.

Reinaba un profundo silencio, hasta que Hijirikawa se atrevió a hablar.

-Si resulta que Ichinose-san es Hayato, que faltase a los ensayos y llegase tarde repetidas veces tiene sentido.

-¡Maldito sea! ¡¿Acaso nos estaba tomando el pelo?-. Syo golpeó con furia el piano.

-No entiendo nada-. Natsuki se frotaba las sienes, intentando aclarar su mente.

El que de verdad no entendía nada era Otoya. No lograba comprender el porqué de las acciones de Tokiya ¿Por qué había ocultado que el realmente era Hayato y no su gemelo? Él ya era famoso, ¿Entonces por qué había venido a la academia para tener un segundo debut? Y por encima de todo aquello, ¿Por qué nunca le dijo nada?

Todos parecían muy enfadados con el peli azul, decían cosas horribles de él y por mucho que él y Nanami intentaban convencerlos de que tendría sus razones, el mismo tenía sus dudas interiormente.

Aquella noche en sus cuartos, cada uno pensó sobre el tema, en cual debía ser el próximo paso a dar, ¿Qué iba a pasar ahora que todos sabían que Tokiya era Hayato?

Otoya cogió su móvil, buscando el número de su compañero y presionó el botón de llamada. Nada, su móvil estaba apagado, hacía horas que no lograba contactar con él. Empezaba a preocuparse, ¿Y si no volvía? Sacudió la cabeza intentado sacarse esos pensamientos de la cabeza. Se levantó y se dirigió a la otra mitad de la habitación, se sentía todo tan solo sin Tokiya… Se tumbó en la cama, aspirando el aroma, olía a él. Se abrazó a la almohada, esperaba que Tokiya volviese aquella noche, sino, no sabría que iba a hacer de ahora en adelante.

Se despertó en medio de la oscuridad con un sentimiento de intranquilidad invadiéndolo. Sabía que algo no andaba bien. Se incorporó descubriendo que se había quedado dormido en la cama de Tokiya.

Suspiró y salió de la cama, desperezándose. Ya estaba muy oscuro fuera. Se acercó a la ventana para observar la luna, verdaderamente era hermosa, la podía ver claramente ya que aquella noche el cielo estaba despejado.

Bajó la vista para observar los esplendidos jardines de la academia. Fue entonces cuando observó la figura de alguien cruzando el puente, por la altura debía de tratarse de un chico.

-¡Tokiya!-. Gritó pegándose al cristal con desesperación, como si el otro fuese capaz de escucharle.

Pasaron apenas unos segundos cuando vio como otra persona se acercaba corriendo a Tokiya, estaba convencido de que era Nanami.

Salió corriendo de la habitación hacia el jardín sin siquiera pararse a coger una chaqueta. Corría todo lo rápido que le permitían sus piernas, las sentía de gelatina, como si fuesen a fallarle y hacerlo caer en cualquier momento.

Cuando llegó al puente pudo ver que todos sus compañeros ya se encontraban allí y que Tokiya estaba siendo severamente regañado por ellos. El peli azul permanecía con la cabeza baja, sin defenderse de aquello. Nanami permanecía junto a él.

Sentía que se iba a ahogar, y no precisamente por la carrera que había tenido desde su cuarto hasta allí. Sentía un cúmulo de emociones que no podía describir, se agolpaban todas en la boca de su estómago, haciéndole sentir ganas de llorar.

Avanzó abriéndose paso entre los chicos, ignorando los gritos de Syo, y apartando a Ren, que estaba justo en frente del peli azul. Cuando estuvo delante de él, Tokiya alzó la cabeza y lo miró sin decir nada.

El sonido del guantazo que recibió Tokiya hizo que todos enmudecieran, sorprendidos. El peli azul permaneció con la cara girada sin decir nada sobre aquello.

-¡Imbécil!-. Gritó tanto como le permitían sus pulmones.- ¿A-acaso tienes idea de lo que yo…?

Su voz se fue debilitando a medida que seguía hablando, haciendo que al final no pudiese finalizar la frase. Sentía que iba a llorar, y que una vez empezase no iba a parar.

Tokiya lo agarró por la muñeca y lo arrastró de regreso a la academia, esquivando a sus compañeros, sin decir nada. Otoya se dejaba llevar sin oponer resistencia.

-¡Ei! ¡¿Dónde creen que van?¡Aún no hemos acabado!-. Syo hizo un amago de detenerlos, pero Natsuki lo retuvo.

-Creo que estos tienen algo que solucionar… Y que es mejor que no nos entrometamos en esto…

Todos observaron como Tokiya arrastraba al pelirrojo, que se limitaba a ocultar su rostro con el antebrazo que le quedaba libre, debía de estar llorando.

El peli azul condujo a Otoya hasta su cuarto, cerrando con seguro al entrar, quería asegurarse de que nadie iba a interrumpir bajo ningún concepto.

El pelirrojo estaba de pie detrás de él pero no decía nada. Tokiya se giró para mirarlo, mantenía su rostro oculto entre sus manos. Se acercó a él, agarrándolo por los hombros y bajando la cabeza hasta quedar a su altura.

-Otoya mírame, por favor…

El pelirrojo obedeció, destapó su rostro, mostrando sus ojos un tanto húmedos, aunque las lagrimas ya no salían.

-Tokiya, ¿Por qué?-. Su voz sonaba lastimera y sin fuerza.

-No podía dejar que nadie lo supiese…

-¡¿Por qué no confiaste en mi? ¡Lo habría entendido!

-No es tan sencillo…

-¡Eres tu el que lo complica!

-¡No lo complico! ¡¿Qué debería haber hecho? Si te hubiese dicho que realmente era Hayato, ¡¿Qué habrías echo? Jamás volverías a verme como Tokiya Ichinose, al mirarme sólo serias a ese famoso ídolo de masas, ese cascaron vacío, ¡Ese no soy yo! ¡No podía dejar que tu lo supieses!-. Zarandeó levemente al pelirrojo, gritando muy cerca de su cara.- ¡¿Sabes lo que es perder tu identidad? ¡Creí que me volvería loco! Nunca nadie me ha tratado como Tokiya, siempre soy Hayato, ¡Para todos!

-T-Tokiya… Me haces daño…

El peli azul fue consciente de golpe de que estaba apretando con fuerza los hombros de su compañero, hundiendo sus dedos en ellos.

-Lo siento… No pretendía…-. Soltó a Otoya y se alejó de él.- No pretendo que me perdones por todo, por haberte mentido… Sólo espero que puedas entender por qué lo hice…

-Para mí…-. Hablaba en voz baja, casi un susurro, mirando intensamente a los ojos de su compañero.- Para mi Tokiya siempre será Tokiya… Mi compañero de habitación… No me importa que fueses Hayato después de las clases y de cara a los medios… Yo… Cuando te conocí por primera vez, te conocí como Ichinose Tokiya, el talentoso alumno de la clase S, ese que casualmente se parecía mucho a una persona famosa… Y para mí… Sin importarme lo que pueda decir la gente, siempre será así…

Se aguantaron las miradas durante unos segundos, para luego abalanzarse el uno a los brazos del otro, abrazarse fuertemente.

-Otoya…-. Lo abrazaba tan fuerte como podía, mantenía sus ojos cerrados, sintiendo intensamente aquel abrazo, siendo consciente de la presencia del otro.

-Tokiyaaa-. Dijo en un sollozo.- Pensé que no regresarías aquí nunca más.

El peli azul dejo ir una risita mientras suspiraba.

-Jamás sería capaz de eso, quiero cantar junto a vosotros.- Sonrió dulcemente.

El pelirrojo observó la sonrisa de Tokiya, devolviéndosela.

-Tokiya… Hay algo que quiero preguntarte… desde hace tiempo…

-¿Si?

Las mejillas de Otoya se sonrojaron súbitamente.

-B-bueno… Es que tu siempre… me besabas y me hacías esas cosas… y yo no sé muy bien… ¿Por qué?-. Movía sus manos nerviosamente, era incapaz de mantenerle la mirada durante más de dos segundos.

Ahora fueron las mejillas de Tokiya las que se tiñeron de rojo, aunque tan levemente que en la oscuridad de la habitación, el pelirrojo no pudo notarlo.

-E-eso es… Porque me gustas, pero eso lo sabias, ¿No?

A Otoya se le quedó cara de tonto, con la boca abierta, sin decir nada, parecía que lo hubiese congelando de lo quieto que estaba.

-¿Y-yo te gusto…?-. No parecía creerse las palabras que el mismo acababa de pronunciar.

-… ¿No lo sabías…? Dios, Otoya, a veces pienso que de verdad eres idiota-. Se llevó una mano a la sien.- Esto es ridículo-. Soltando una risita nerviosa.- Mis manos no dejan de temblar por qué te dije eso… Qué patético soy.

Otoya miró al peli azul, mantenía una sonrisa nerviosa, parecía inquieto.

Agarró sus manos entre las suyas, de verdad estaban temblando. Las llevó hasta su rostro, besándolas delicadamente.

-Tokiya…-. Lo miró directamente a los ojos, sin soltar sus manos.

El peli azul se deshizo del agarre, cogiendo al pelirrojo por la nuca, atrayéndolo y besándolo con pasión. Deslizó sus manos por su espalda, pegándolo más contra su cuerpo.

El pelirrojo tardó un poco en reaccionar por la brusquedad con la que había sucedido, pero enseguida rodeo el cuello de su compañero, respondiendo al beso tímidamente.

Tokiya le besaba con hambre, parecía querer devorarlo más que besarlo. Besaba sus labios, los mordía, los succionaba… Introdujo su lengua sin previo aviso, pero Otoya respondió a aquello, jugueteando con su lengua, acariciándola con la suya. Se separaron por falta de aire, pero se volvieron a besar a los pocos segundos. Las manos de Tokiya se deslizaron por debajo de la camiseta del pelirrojo, arrancándole un jadeo de sorpresa.

Pero eso no detuvo al peli azul, que recorría su torso con la palma de sus manos, acariciando toda la piel que se encontraba a su paso. Se le antojó molesta y se separó del cuerpo del pelirrojo, despojándolo de la camiseta, lanzándola lejos.

Se acercó a Otoya, cogiéndolo de la mano y llevándolo hasta la cama, haciendo que se tumbase en ella, después se colocó sobre él. Besó sus labios una vez más y lo miró, éste le devolvía la mirada, sus mejillas encendidas, su respiración agitada, sus labios enrojecidos por la violencia de sus besos, todo eso lo iba a enloquecer.

Se dirigió a su cuello, besándolo húmedamente, dejando restos de saliva, sacó su lengua e hizo un camino húmedo y brillante hasta su pecho. Otoya lo agarraba con fuerza por la camisa, a cada roce que él le hacía con sus manos o su lengua su cuerpo se sacudía en una oleada de placer.

-T-tokya… me… mi cuerpo se siente como si tuviese mucho calor…

Aquello encendió al peli azul, que se incorporó para quitarse la camisa y arrojarla junto a la olvidada camiseta de Otoya. Bajó de nuevo, estrechando a su compañero, sintiendo como sus dos pechos desnudos se rozaban, enloqueciéndolos.

-Yo también me siento caliente Otoya…

Fue bajando por su torso, dejando pequeños besos repartidos en él, entreteniéndose en su vientre, mordiéndolo y jugando.

Se topó con el borde del pantalón de su compañero, y no dudó en bajarlo, ya que al ser un pantalón de cintura elástica cedió sin problemas. El cuerpo del pelirrojo se tensó un poco, pero no hizo nada para impedirlo, se limitaba a observar todos y cada uno de los movimientos que el peli azul hacía. Tiró esa pieza de ropa al suelo, ahora el cuerpo estaba prácticamente al descubierto, únicamente cubierto por la fina tela de su ropa interior, que marcaba perfectamente una erección palpitante.

Otoya se tapó con las manos.

-N-no me mires tan fijamente por favor… es demasiado vergonzoso.

-Pero yo quiero verlo todo de ti… No te ocultes, por favor-. Cogió sus manos, apartándolas delicadamente.

Observó su cuerpo con lujuria, separado las piernas del pelirrojo con ayuda de sus rodillas, posicionándose entre ellas. Dirigió su mano hacia su miembro, acariciándolo suavemente por encima de la tela que empezaba a humedecerse a causa de los líquidos que salían del pene de Otoya.

-Si no lo quitamos se va a ensuciar…-. Cogió la tela por el borde y comenzó a tirar hacia abajo, mirando al pelirrojo a los ojos.

-E-ei, para, ¡No hagas eso!-. Intentaba sujetar sus calzoncillos para evitar que el otro se los quitase, pero era imposible.

La última pieza de tela cayó al suelo, dejando totalmente expuesto a Otoya.

-Me encanta tu cuerpo Otoya.

Aquél bastardo sabía como seducirlo, hablándole con aquella voz prendida por la excitación, mirándole con aquellos ojos cargados de lujuria contenida.

El peli azul agarró su miembro, masturbándolo muy lentamente, subiendo y bajando.

-¿Te gusta esto?

-No me hagas decir esas cosas… sabes perfectamente la respuesta…-. Respiraba entrecortadamente.

-Lo sé, pero quiero oírla de ti…

-… Si, m-me gusta… dios mío, no quiero que te detengas…

Tokiya sonrió complacido. Bajó hacia la parte inferior del pelirrojo, mordiendo el hueso de su cadera con delicadeza, besando el interior de su muslo después. Otoya sintió un cosquilleo en su entrepierna cuando hizo eso, provocando que dejase ir un gemido. El peli azul, que seguía enfrascado en su tarea de torturarlo, acercó su boca peligrosamente a su miembro, respirando sobre él.

-Nnnh… No… Toki… Ah…

Tomó eso como una señal para meterlo en su boca, succionándolo con cuidado.

El cuerpo del pelirrojo se arqueó, inclinando las caderas inconscientemente hacia su boca. Lo sacó de su boca para lamerlo, rodeó la cabeza con su lengua, muy lentamente. Lo sujetaba por las caderas para tener mayor control de la situación, mientras se dedicaba y pasar su lengua por toda la longitud del miembro del pelirrojo, que lo único que podía hacer era gemir como un loco.

-P-para Tokiya… No puedo más… V-voy a… Si no te apartas… ¡Aahh!

-Adelante, no te aguantes-. Metió su miembro nuevamente en la boca, succionándolo con fuerza, podía sentir como el miembro de Otoya se contraía dentro.

-¡No! ¡Aaaahh! No… pue… ¡Aaaaaahhh!

Su espalda se arqueó hacia atrás involuntariamente, los dedos de sus pies se contrajeron y por todo su cuerpo pudo sentir una oleada de placer invadirle, provocándole el orgasmo más brutal que jamás había tenido.

Intentaba recuperar la respiración, su cuerpo se había quedado sin fuerza. Alzó la vista para mirar a Tokiya, que se acercaba. Pudo ver la comisura de sus labios manchada, y como un hilo de substancia blanquecina bajaba por su barbilla. No podía creérselo, de verdad se había corrido en la boca de su compañero.

-L-lo siento…

-No importa, me lo tragué-. Se limpió los restos de su cara con la mano.

-¿En serio? Creo que me moriré de vergüenza…-. Su voz salía pausada, sin fuerza, pero por algún motivo seguía sintiéndose caliente al mirar al peli azul.

Tokiya subió mas, apoyando las rodillas a cada lado de la cabeza del pelirrojo, haciendo que su cadera quedase justo en frente de su cara.

-¿Podrías hacer lo mismo por mi…? ¿Otoya…?-. Se bajaba la bragueta lentamente.

Otoya no dijo nada, observó la erección que se encontraba justo enfrente de él y se la metió en la boca, provocándole un jadeo a su propietario.

No sabía que hacer exactamente, así que comenzó a mover su cabeza de arriba debajo del miembro de su compañero. Era tan grande y duro que le costaba respirar, pero algo le hacía querer lamerlo más y más.

Tokiya lo agarraba por la nuca y acariciaba sus cabellos. Alzó la vista para ver su expresión, mantenía los ojos cerrados, concentrándose en aquella deliciosa sensación húmeda, mientras mordía su labio inferior, dejando salir pequeños jadeos de placer. Abrió los ojos y lo miró con las mejillas sonrojadas por la excitación, lamiéndose los labios. Empujó su pene un par de veces hacia la boca del pelirrojo para después sacarlo, dejando un hilo de baba a su paso.

-Eres tan bueno Otoya… Has hecho que me excite más de lo que ya estaba…

Bajó, quedando nuevamente encima del pelirrojo. Se sacó los pantalones, quedando el también desnudo en frente de su compañero. Se miraron intensamente, luego Tokiya le hizo darse la vuelta.

-¿Q-qué haces…?

Las manos del peli azul acariciaban sus nalgas con suavidad, siguiendo su redondeada forma.

Deslizó una mano entre ellas, rozando el orificio de Otoya con los dedos.

-Nnnhh…Tokiya…

Estaba muerto de miedo, pero también deseaba a su compañero. Sentía su garganta seca a causa de la excitación.

El peli azul se lamió sensualmente los dedos, humedeciéndolos, para volver a acariciar aquel delicioso orificio, mojándolo. Lo frotaba sin parar pero con sumo cuidado, Otoya notó que su pene volvía a levantarse.

Deslizó un dedo en su interior, haciendo dar un salto de sorpresa al pelirrojo. Empezó a hundirlo más y mas en su interior, hasta que hizo tope, después lo sacó despacio, para volver a meterlo.

-S-se siente raro… Nhh…-. Abrazaba la almohada con fuerza.

-¿Lo odias?-. Besaba su espalda.

-…-. Dudó unos instantes.- N-no… No lo odio.

El peli azul entonces introdujo un segundo dedo. No dolía, era más bien una sensación extraña, no sabría como definirla, pero desde luego dolor no era la palabra que usaría. Sentía su cuerpo raro ahí abajo, notando todos y cada uno de los movimientos que su compañero hacía en su interior.

No pudo evitar un grito de dolor cuando sintió un tercer dedo introducirse con dificultad en su ano.

-¡Lo siento! ¿Fui muy brusco?

-Idiota… al menos avísame…

-Relájate…

Sentía los dedos de Tokiya entrar y salir de su interior sin parar, había dejado de doler hace rato, pero sentía algo muy extraño. El peli azul lo hizo darse la vuelta otra vez, encarándolo.

-¿Estás asustado?-. Se apoyó sobre sus codos, recargando su peso sobre él, haciendo que sus erecciones se frotasen.

-Un poco…-. Se sonrojó al admitir aquello, pero era cierto, estaba aterrado.

-No tengas miedo, seré suave contigo…-. Lo besó mientras lo abría de piernas, dirigiendo su miembro hacia su trasero, frotándolo contra su entrada.- Ven Otoya, deja que te haga el amor…

Cerró los ojos, ¿Cómo podría negarse a aquello? ¿Acaso alguien podría?

Sintió como el pene de Tokiya empezaba a introducirse en él, notando como su entrada se ensanchaba lentamente a medida que el peli azul se hundía en su interior. Tokiya hizo una pausa a mitad.

-¿Estás bien?

-S-si…-. Mantenía sus ojos cerrados con fuerza por el dolor.

-¿Entonces por qué lloras?-. Preguntó entre risitas.

Lamió las pocas lágrimas que habían caído, acabando de meterse dentro de Otoya, haciendo fuerza hacia dentro.

-Es tan estrecho como esperaba…-. Su voz era de clara excitación.

-Solo no te muevas… No comiences a moverte aún…

El pelirrojo apretaba las sabanas con fuerza, intentando amainar el dolor que sentía.

-Ei Otoya, no contengas tu respiración… intenta respirar con normalidad… si, así muy bien-. Peinó cariñosamente sus cabellos.- Buen chico Otoya…

Sacó su miembro lentamente, empujando de nuevo hacia dentro sintiendo aquella cálida cavidad envolverlo apretadamente, derritiéndolo de placer.

-D-duele Tokita…

-Ven…-. Lo abrazó, manteniéndolo muy apretado contra su cuerpo.-Abre los ojos, mírame.

Obedeció, abrió sus ojos lentamente, para encontrarse con los de Tokiya, que lo miraban oscurecidos por la lujuria, con sus pupilas intensamente dilatadas por el deseo. Sintió un cosquilleo en su barriga.

El peli azul volvió a moverse, penetrándolo un poco mas profundo.

-Mírame, no cierres los ojos… Mírame.-Cada vez le era menos dificultoso deslizar su miembro dentro del pelirrojo.-Mírame Otoya, siénteme…

Y vaya si lo hacía, no podía apartar sus ojos de la expresión de Tokiya. Tenía una mirada desesperada, anhelante, encendida en deseo.

-¿Qué es esto? Solo con mirar tu rostro... M-me siento raro… Mi cuerpo esta ardiendo… Siento que mi trasero se va a derretir… Aaahh… Tokiya…

-Otoya… Se siente como si estuviese soñando…

El peli azul comenzó a penetrarlo rápidamente, haciendo que sus cuerpos hiciesen ruido al chocar.

-Deja de decir… Esas cosas… ¡Mff!… Hacen que me descontrole…

Sus gemidos invadían la habitación. Seguro que en las habitaciones contiguas podían oírlos, pero eso ahora mismo no les importaba, solo querían más y más del otro, hasta quedar rendidos.

Tokiya agarró el brazo de Otoya, mordiéndolo con fuerza.

-Me vas a volver loco… Quiero comerte… Dios Otoya… ¿Qué estas haciendo conmigo?

Volvió a dejarse caer sobre él, separando más sus piernas, penetrándolo lo más profundo que podía. El pelirrojo lo rodeó por el cuello con fuerza, gimiendo descontroladamente.

-¡Tokiyaaaah! N-no puedo… Voy a correrme de nuevo… ¡Aaaahn!

-Yo también… Quiero correrme contigo Otoya…

No pudo aguantar mucho más, el pelirrojo se agarró con fuerza a su espalda, pegándose a su cuerpo mientras dejaba ir un sonoro gemido, manchando su pecho. Su entrada empezó a contraerse deliciosamente para Tokiya, que no podía soportarlo mucho más, sacó su pene rápidamente, acabando encima del pelirrojo.

Se dejó caer a peso muerto sobre él, notando como aquella sustancia blanquecina le manchaba el vientre. Ambos luchaban por recuperar la respiración. Otoya acarició los finos cabellos de su compañero.

-Me gustas mucho Tokiya…

El peli azul lo miró sin decir nada y sonrió ampliamente, rodeándolo con sus fuertes brazos.

-Me alegro… después de todo tú fuiste mi esperanza…

-¿Mh? ¿A qué te refieres? -. Miró confuso a Tokiya.

-No tiene importancia.- Negó con la cabeza, restándole importancia.- ¿Podemos dormir juntos esta noche?

-Todas las que quieras…