¡Hola de nuevo mis corderitas favoritas!
He tardado lo mio pero aquí os traigo un nuevo capi ^^ estaba un poquitín bloqueada y por eso he tardado bastante más de lo que suelo hacerlo jajaj pero ya todo okay (o eso espero)
Nuevamente dar las gracias a tod s las que comenta que solo leen, que yo sé que estáis ahí aunque permanezcáis anónimos XD os invito a manifestaros :D
Bueno, sin enrollarme más espero que disfrutéis este capi ^^
Hasta ahora no había caído en la cuenta de aquello, pero para esas alturas la situación se había tornado un tanto… tensa.
Allí estaban, desayudando, sin que nada fuera de lo común pasase. Tokiya bebía una taza de café mientras ojeaba sus apuntes con aire distraído, totalmente ajeno a su compañero pelirrojo, que bebía un zumo de naranja, sin poder apartar sus ojos del peli azul.
La verdad que se había tomado todo aquel asunto en broma, pero parecía que para su compañero de cuarto había sido una historia totalmente diferente, pues lo estaba cumpliendo al pie de la letra.
Desde que habían echo aquella pequeña apuesta el peli azul procuraba guardar las distancias, si bien se mantenía a su lado como de costumbre, se limitaba a acariciar su cabeza cariñosamente mientras le sonreía cuando quería demostrarle algo de afecto.
No es que estuviese esperando que Tokiya le hiciese algo, pero a decir verdad, jamás pensó que fuese a cumplirlo. Así, a lo tonto había pasado más de una semana de aquello, ¿Hasta cuando pensaba continuar con la broma? Para Otoya era obvio que solo lo estaba molestando, así que no pensaba ceder ante él fácilmente.
-¿Pasa algo?
La voz del peli azul lo sobresaltó, sacándolo abruptamente de sus cavilaciones.
-¿Eh? Nada, ¿Por qué preguntas?-. Otoya disimuló estar mirando hacia otro lado.
-Hace un buen rato que me estas mirando fijamente.
Mierda, ¿No se suponía que estaba mirando los apuntes? ¿Acaso tenía otro par de ojos? El pelirrojo se sonrojó al haber sido descubierto.
-¿Q-Qué estás hablando? Solo tenía la mirada perdida, aún estoy un poco dormido.
Tokiya sonrió, el pelirrojo no se daba cuenta de lo expresivo que llegaba a ser siempre, era inútil tratar de disimular lo que era obvio.
Se encogió de hombros y volvió a fijar la vista en aquellos papeles. Lo cierto es que no les estaba prestando demasiada atención, le divertía demasiado ver como el pelirrojo se inquietaba a cada minuto que pasaba.
La cafetería del colegio estaba prácticamente vacía a aquellas horas, era raro que los alumnos acudiesen tan temprano. Otoya había cogido la costumbre- impuesta totalmente por Tokiya- de levantarse a la misma hora de su compañero y acompañarlo durante el desayuno. El principio había supuesto una tortura, pero poco a poco empezó a atesorar aquellos momentos de tranquilidad junto a él, puesto que la mayoría del tiempo lo pasaban rodeados de sus ruidosos amigos.
-Creo que ya va siendo hora de ir a clase-. El peli azul dejó su café reposando en el plato mientras hacía el amago de levantarse.
-¿Eh? ¿Ya?-. Otoya observó el reloj en la pared del fondo, aún faltaba al menos media hora antes de que tocase la campana de entrada.
-¿Es que quieres quedarte un rato más conmigo?-. Sonrió burlonamente, tomándole el pelo.
-B-bueno… Si, supongo….-. Sus mejillas se tiñeron levemente de rosa, mientras jugaba nerviosamente con sus manos alrededor del vaso.
Tokiya se sorprendió, no estaba diciéndolo para nada en serio, pero al ver la reacción del pelirrojo el mismo se había sonrojado levemente.
-Que remedio, me quedaré un rato más haciéndote compañía.
-¡Oye! Si tanto sacrificio te supone no es necesario-. Se rascó la nuca con nerviosismo mientras miraba hacia otro lado.
Tokiya alargó la mano y le despeinó la cabellera mientras sonreía cariñosamente.
-No seas tonto.
Otra vez, otra vez su maldito toque, ¿Por qué le afectaba tanto? Desde hacía unos días, cada vez que el peli azul lo tocaba su cuerpo entero se estremecía y se ponía algo nervioso.
Le devolvió la sonrisa a su compañero, con un poco de sonrojo en sus mejillas todavía.
Hablaron de cosas sin importancia alguna, sobre música, sobre que les gustaría hacer ahora que se acercaban las vacaciones de verano y demás temas de los que Tokiya un tiempo atrás se hubiese negado.
El pelirrojo se sorprendió bastante de que su compañero hubiese dejado sus apuntes, que habían quedado a un lado, por lo general el peli azul solía utilizar el tiempo que tardaba en desayunar para repasar. Muy en el fondo aquello lo hizo un poco más feliz.
-¡Este verano me encantaría ir a la playa!-. Otoya sonrió ampliamente mientras apoyaba la barbilla cobre sus manos.
-¿Has ido alguna vez antes?
-Si, pero era tan pequeño que apenas recuerdo, me gustaría volver a ir, ¿Tú has estado alguna vez?
-No, mis padres no solían llevarme a muchos sitios de pequeño-. Parecía un poco nostálgico.
-¡¿Qué? ¡Eso no puede ser!-. Otoya se levantó de golpe mientras pegaba fuertemente contra la mesa, la silla cayó, haciendo un gran estruendo.
Tokiya lo miró sorprendido ante tal repentina y violenta reacción.
-Cualquier niño tiene que haber ido una vez al menos a la playa.
-Bueno, bueno…-. Movió sus manos calmando un poco a su ruidoso compañero.- No hace falta que exageres por algo así…
-¡No! Es un tema muy importante Tokiya-. Se quedó pensativo unos instantes.- ¡Lo tengo!
-¿El qué, si se puede saber?-. Alzó una ceja mientras apoyaba la cabeza sobre su mano.
-¡Te llevaré a la playa! ¡Vamos juntos! ¿Qué te parece?
-N-no tienes que hacer cosas innecesarias, te recuerdo que fuimos al mar en la excursión con la academia.
-¡Pero no es lo mismo! Yo me refiero a unas vacaciones, nosotros dos solos.
El peli azul se quedó perplejo unos instantes, sin saber que responder, para su suerte la campana empezó a sonar.
Se levantó sin decir nada y empezó a caminar en dirección a su clase.
-¡Ey! ¿No me has oído Tokiya? ¿Eh? ¿Tokiya? ¿Me has oído? ¿Eh? ¿Tokiya?-. Otoya caminaba a su lado, sin dejar de mirarle.
El nombrado alzó su mano y lo despeinó, haciéndole bajar la cabeza, mientras seguía andando.
-Te he oído perfectamente.
El pelirrojo se recolocó el pelo y continuó andando detrás de Tokiya. Este por su parte procuraba guardar las distancias, puesto que en ese preciso momento, si no hubiese echo acopio de todo su autocontrol, habría asaltado a su compañero allí mismo y lo habría tomado sobre la mesa.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
No podía estar nervioso.
Tenía que poner toda su atención en los pasos que el profesor de baile les estaba enseñando, pero solo podía pensar en que el día de su debut estaba más y más cerca.
-¡Ittoki! ¿Estas pensando en otras cosas? ¡Tus movimientos están desacompasados con los demás!
-P-perdón, no se volverá a repetir-. El pelirrojo se movió nerviosamente, intentando volver a recuperar a concentración.
El instructor suspiró e indicó que volviesen a repetirlo desde el principio.
Todos se posicionaron y la música empezó a sonar de nuevo. Tenía que concentrarse, él nunca había sido bueno en eso, pero tenia que hacer un esfuerzo. No podía seguir así, no, estaba retrasando a sus compañeros, tenía que darse prisa y concentrarse en lo que estaba haciendo, después de todo lo que había luchado no podía fastidiarla con algo como eso.
-Bien chicos, por hoy es suficiente, pero recordad que esto es solo el principio, la punta del iceberg, nos queda apenas un mes para acabar de prepararlo todo, así que poneros las pilas.
El profesor se retiró con un suspiro, dejando a los chicos solos.
Otoya suspiró un poco aliviado, aquel hombre le estaba empezando a dar un poco de miedo.
Otoya atravesó la habitación hasta llegar al rincón donde todos habían dejado sus cosas. Se agachó y rebuscó un poco hasta encontrar su bolsa de deporte cuando sintió que algo le caía sobre la cabeza suavemente.
-¿Mh?-. Lo agarró para comprobar lo que era, una toalla.
-¿Qué te ha pasado hoy? No he visto ni rastro de tu entusiasmo-. Tokiya se apoyaba contra la pared, a su lado.
El pelirrojo alzó la vista, encontrándose con los ojos del peli azul.
-No se, supongo que estoy nervioso-. Pasó la toalla por su frente y cabellos, enjugando el sudor.- Gracias…
Tokiya peinó sus cabellos con suavidad y el otro cerró los ojos, sintiendo aquel pequeño contacto.
-Hey chicos, ¿Os venís a las duchas?-. Ren agarraba sus cosas y cargaba su mochila al hombro, señalando los vestuarios con el dedo.
-Si, enseguida vamos-. Otoya se levantó cogiendo su bolsa.- ¿Vienes Tokiya?
-Vamos.
El peli azul pasó su mano por la espalda de su compañero, reposándola sobre la zona lumbar, guiándolo en dirección a las duchas.
¿Por qué? ¿Por qué se tenía que sentir así con cada pequeño toque? Lo único que el peli azul había echo era reconfortarlo un poco, entonces ¿Por qué demonios le latía tan rápido el corazón? Era una situación sin sentido.
El grupo de chicos entró al vestuario y dejaron sus bolsas sobre el banco de madera que había allí para comenzar a desvestirse.
-Aah~ Ese maldito viejo pretende matarnos-. Syo suspiraba mientras acababa de desnudarse y ponía una toalla alrededor de su cintura.
-Vamos, deja de quejarte chibi-chan, es normal que nos aprieten un poco dada la cercanía de nuestro debut.
-¡¿A QUIEN LLAMAS OCHIBI-CHAN?
Ren estalló en carcajadas mientras inmovilizaba la cabeza del pequeño bajo el brazo, para así despeinarlo.
-¡Ren! ¡P-para ya! ¡No me abraces mientras estás desnudo!-. Syo forcejeaba por zafarse del agarre del mayor.
-¡Venga ya! ¿Qué más da? Aquí todos somos chicos, ¿Verdad?
Ren alzó la vista para encontrarse directamente con los ojos de Masato. Permanecía de pie completamente inmóvil, sujetando la toalla alrededor de su cadera para cubrirse.
-Aunque reconozco que no tengo ninguna queja con respecto a eso-. Le guiñó un ojo al peli azul.
Masato se sobresaltó ante aquello y se sonrojó, reafirmando el agarre de su toalla y dirigiéndose velozmente hacia las duchas.
El rubio dejó ir al pequeño y también se dirigió a las duchas.
-¡Tarado!-. Syo salió persiguiendo a Ren con intención de darle la paliza de su vida.
Otoya rio ante la escena, acompañado de Natsuki.
-Mejor les imitamos y nos duchamos, he sudado mucho durante el ensayo.
-Si, tienes razón, ¿Vienes Toki…ya?
El pelirrojo se giró en dirección a su compañero, justo en el momento en el que este estaba deslizando su ropa interior hasta el suelo, quedando desnudo.
-¿Qué?-. Tokiya puso los brazos en jarra.- Por favor, cierra la boca Otoya.
El peli azul agarró su toalla y caminó en dirección a las duchas, cuando pasó por el lado de Otoya alcanzó a cerrarle la boca con un ligero toque bajo su mandíbula.
¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldito Tokiya! ¿Por qué narices tenía que ser así? El pelirrojo estaba completamente seguro de que lo había echo a posta para meterse con él.
Recuperó un poco la compostura y acabó de desvestirse rápidamente.
Cogió su toalla y se tapó un poco la zona intima, pero sin llegar a enrollarla alrededor de su cadera. Se dirigió hacia la zona de las duchas y enseguida escuchó las voces de los demás, charlando distraídamente.
Buscó uno de los cubículos que quedaba libre y entró encendiendo la ducha. El vapor se hacía presente en toda aquella zona, emborronando ligeramente la visión, pero generando un calor agradable en el ambiente.
Cogió un poco de champú y empezó a frotarlo contra su cabello, haciendo espuma.
-¡Ey! ¡Estate quieto! ¡No vengas aquí! ¡Jinguuji!
Todos enfocaron su atención en la voz del alterado Masato. El peli azul trataba como podía de tapar sus intimidades mientras intentaba disuadir al rubio de acercarse a él.
-¡Vamos! Solo estoy tratando de ser amable, seguro que es muy difícil enjabonarse la espalda uno mismo.
-¡Te digo que no es necesario!
Masato retrocedía mientras el rubio avanzaba peligrosamente.
-¡Ren, deja a Masato tranquilo de una vez!-. Syo gritó mientras la arrojaba un bote de champú.
-¡No seáis tan aburridos!
El peli azul quedó arrinconado en una de las esquinas del cubículo y en un intento desesperado se dio la vuelta, dándole la espalda a su "atacante".
-¿Por fin te has decidido a aceptar mi ayuda?
-¿Eh?-. Masato giró un poco la vista, pudiendo ver hacia donde se dirigían los ojos del rubio.
-Esplendida vista-. Rascó su barbilla mientras observaba sin ningún disimulo la parte donde la espalda perdía su nombre.
-¡Basta ya Jinguuji! ¡Deja de tomarme el pelo!-. Intentó darse la vuelta de nuevo para encarar al rubio.
-No seas así…-. Había enjabonado su mano, paseándola por la espalda de su aterrorizado compañero.- Deja que Ren niisan te ayude a lavarte.
-¡Waaah! ¡Jinguuji!-. Masato se retorció ante el contacto tan sumamente íntimo sobre su piel húmeda y desnuda.
-Llámame niisan, como cuando eras un adorable niño.
-Tú… Bastardo, aquello fue por…
-¡Para de una vez acosador sexual!
Syo se había acercado a Ren por la espalda y le había propinado un latigazo en el trasero con una toalla húmeda. El mayor se frotó la zona dolorida, pues había sido un dolor punzante e intenso.
-Tu… Maldito Chibi-chan, te voy a enseñar a no entrometerte.
El rubio agarró su toalla, empezando a perseguir al menor por todas las duchas, el cual parecía una lagartija, escurriéndose por los rincones más imposibles de la sala.
Masato suspiró aliviado al verse liberado de su acosador particular, decidió darse prisa antes de que Ren olvidase su nuevo entretenimiento.
Otoya observaba atentamente la situación con la boca abierta, después rio levemente, sintiendo que poco a poco el estrés anterior desaparecía.
Levantó la vista, fijando la mirada en el cubículo que había justo frente al suyo.
No había caído en la cuenta hasta ahora de que su ocupante era Tokiya, que lavaba su cuerpo totalmente ajeno a todo el alboroto formado por sus compañeros.
Permanecía bajo el chorro de agua caliente, que formaba vapor a su alrededor, con los ojos cerrados, disfrutando de la situación. Su cabello ahora se pegaba a su frente y cuello a causa del agua que se paseaba por el. Lavaba cuidadosamente su pálida piel, procurando que no quedase ningún rincón.
Por algún extraño motivo, no podía apartar la mirada de esa imagen. Contemplaba todos y cada uno de los pequeños movimientos que hacía el peli azul, observando como cada pequeña gota de agua resbalaba sobre su piel delicadamente.
El peli azul reparó en la hambrienta mirada que lo recorría de arriba abajo y sonrió, dándose la vuelta para quedar de frente. Pasando sus manos, intencionadamente, por su vientre, pecho, brazos… Le divertía ver como el rostro de Otoya iba volviéndose cada vez más rojo, haciendo juego con su cabellera.
Cerró la llave del agua y agarró la toalla que había dejado preparada a un lado, secándose levemente para luego enrollarla en su cintura.
-Me retiro ya-. Se dispuso a abandonar los vestuarios.- Nos vemos luego Otoya.
El nombrado recuperó la plena consciencia de lo que le rodeaba mientras veía la espalda de Tokiya desaparecer entre el vapor.
¿Qué acababa de pasar? Se había quedado totalmente embobado mirando a su compañero y para colmo había empezado a sentir un calor extraño por todo su cuerpo, más concretamente en la parte inferior.
Sacudió la cabeza y abrió el agua fría, ahora no era el momento oportuno para que su cuerpo decidiese ponerse tonto.
Se apresuró a acabar de lavarse y salió prácticamente corriendo de allí, secándose rápidamente con la toalla. Tuvo que esquivar a Syo, que aún estaba siendo perseguido por Ren, y al parecer Natsuki había decidido unirse a la cacería.
Llegó hasta el banco de madera, donde estaba su bolsa con su ropa limpia, pero allí ya no había ni rastro de Tokiya y sus cosas, era muy rápido cuando le interesaba.
Se puso el uniforme más calmadamente, escuchando como sus compañeros seguían formando escandalo. Agarró su bolsa y abrió la puerta para salir de allí. Cuando salió al pasillo se sorprendió al ver al peli azul apoyado en la pared, a un lado de la puerta.
-¡¿Tokiya? ¿Qué haces aquí?
-¿Así es como me agradeces haber estado esperándote hasta que acabases?
-Ah… Gracias.
El peli azul sonrió e hizo un movimiento con la cabeza, dando a entender que se marchasen ya de allí.
Caminaban silenciosamente por el pasillo, Tokiya por costumbre, Otoya por que se sentía realmente extraño y nervioso en ese momento, caminado tan cerca de su compañero.
Sus dedos se rozaban levemente de vez en cuando, al pelirrojo le daban ganas de aferrarse a aquella cálida mano y caminar así hasta su dormitorio.
-¿No vas a entrar?
Otoya alzó la vista, que había mantenido fija en el suelo durante todo el trayecto. Tokiya había abierto la puerta del cuarto y la sostenía, cediéndole el paso a él.
-Ah, si… Perdona.
Se adentró en su dormitorio, mientras el peli azul pasaba y cerraba la puerta tras de si. Otoya de pronto se quedó parado en medio de la habitación, su respiración se había acelerado un poco, así como los latidos de su corazón y podía sentir la afilada mirada de Tokiya en su nuca.
Giró la cabeza lentamente, sin llegar a darse la vuelta. El peli azul permanecía apoyado en la puerta, mirándole directamente.
-Tokiya, yo…-. Sentía su cara arder, seguramente debía tener las mejillas sonrojadas.
-¿Si?-. Se cruzó de brazos mientras seguía mirándole fijamente, con su semblante serio de siempre.
-N-no, nada, no te preocupes.
Otoya volvió a fijar su vista en el frente y dejó su bolsa de deporte junto al escritorio mientras encendía la luz del cuarto.
¿Qué había estado apunto de hacer? ¿De qué servía decirle a Tokiya que se estaba empezando a sentir inquieto a su alrededor? Eso solo haría que se burlase de él, diciéndole que tenía razón cuando hicieron la apuesta.
-¿Qué ibas a decir?
-No… Nada, no te preocupes.
Fue a darse la vuelta cuando se vio apresado contra la pared por unos brazos, que no llegaban a tocarlo, pero le cortaban las vías de escape.
-¿Tokiya?-. Miró con confusión a su compañero.
-Creo que estabas apunto de decirme algo importante-. Habló cerca de él, pero aun así guardaba las distancias, cosa que no evitaba que su aliento chocase contra la nuca del pelirrojo.
-N-no, de verdad, no era nada-. Se retorció levemente contra la pared, intentando poner tierra de por medio entre ellos.
Aquello era desesperante, la maldita respiración de Tokiya estaba chocando contra su desprotegida nuca, y era cálida, muy caliente. Hacia mucho tiempo que no sentía a su compañero tan cerca y junto con lo que acababa de vislumbrar en las duchas no estaba ayudándole a calmarse.
-T-Tokiya, de verdad que no es nada, así que… Déjame ir…
El peli azul se extrañó ante la reacción tan nerviosa del pelirrojo, después de todo solo estaba tratando de molestarle un poco, pensando que se pondría a gritar y lloriquear como de costumbre, pero aquella reacción le había cogido desprevenido.
-¿Qué pasa Otoya? ¿Por qué estás tan nervioso?-. Acercó su rostro un poco al del pelirrojo, observándolo directamente a los ojos.
Otoya desvió la mirada tímidamente.
Fue entonces cuando Tokiya reparó en mirar un poco más abajo, concretamente entre las piernas de su compañero, donde la ropa empezaba a abultar anormalmente
El peli azul parpadeó varias veces, tratando de procesar si lo que veía era cierto o sus ojos le estaban mintiendo.
Otoya lo miró con la cabeza gacha mientras trataba de taparse con las manos, aunque para esas alturas era evidente que el otro ya lo había visto.
-B-bueno… Mejor déjame pasar, necesito ir al bañ-
Tokiya se había acercado peligrosamente a él, estaban a una distancia prudencial, no llegaban ni a rozarse, pero aun así sentía su espacio personal agresivamente invadido.
-¿Qué haces?-. Quería apartarlo, alejarlo de él, pero a la vez sentía un tremendo miedo en tocarle, como si el simple roce con él pudiese desencadenar algún tipo de hechizo sobre su persona.-Déjame pasar Tokiya…
-¿Y que vas a ir a hacer al baño? Acabas de salir del vestuario.
-¡No es de tu incumbencia!-. Sentía su cara arder de vergüenza, su compañero de verdad sabía como ponerlo nervioso.
El pelirrojo intentó escapar, pero los brazos a los dos lados de su cuerpo le barraban el paso sin intención aparente de liberarle.
-¿Por qué no puedes ser un poco más honesto?-. El peli azul tenía una sonrisa socarrona en los labios.- Si me lo pidieses sería más fácil…
-No tengo nada que pedirte…
-Vas a ir al baño a aliviarte, ¿No?
Otoya sintió una punzada en el estomago al escuchar esas palabras y se giró de golpe a mirar directamente al otro a los ojos, que lo observaba con aquella maldita sonrisa burlona en los labios.
-¡No!
-Vamos, si se trata de eso puedes hacerlo aquí…
-¡¿Estas loco?
-¿Así que era verdad?-. Dejó ir una risita.
-¡Eres…!-. Otoya ahora si lo empujó y trató de apartarlo, pero Tokiya parecía haberse vuelto de roca y no se quería mover ni un centímetro.- ¡Aléjate!
-Me lo debes… tu me has podido mirar todo lo que has querido.
-¿De qué estas hablando?
-En las duchas, ¿Crees que no lo he notado? Era difícil no darse cuenta de como me mirabas con la boca abierta.
-Y-yo no…
-Vamos… Déjame ver como lo haces…
-Tokiya… se acercó para besarle, pero el peli azul se alejó lentamente impidiendo el contacto.- ¿Eh?
-¿Recuerdas nuestra apuesta? Si no me lo pides no voy a hacer nada…
-P-pero yo…
-Si no quieres perderla… Me limitaré a mirar, ¿Qué te parece?
-Tokiya… Eres lo peor…
El nombrado se rio y volvió a acercarse a él, manteniendo aquella maldita distancia de seguridad.
-Ahora déjame verlo…-. Susurró cerca de su oído.
El pelirrojo sufrió un escalofrío que le recorrió la espalda, todo causado por aquel maldito susurro tan cerca de su oreja.
¿Qué podía hacer? El bulto en sus pantalones había empeorado, ahora era mucho más grande y hacía más presión, doliéndole. Miró a Tokiya con ojos suplicantes, este le devolvía la mirada, una miada profunda y oscura, teñida por la lujuria del momento.
Dudó unos instantes antes de llevar sus manos al cierre de su pantalón.
-Bien, buen chico Otoya…
¿Por qué tenia que ceder tan fácilmente ante él? ¿Qué le hacía ser tan vulnerable a cada palabra que el peli azul decía? Sus susurros eran como una voz del más allá que lo arrastraba hasta un abismo de sensaciones, dándole la vertiginosa sensación de que iba a caer en lo más profundo, sin posibilidad de retorno.
Desabrochó su cinturón, que hizo un ruido metálico al ceder, aflojando la cinturilla de su pantalón. Se perdió en los ojos de Tokiya y empezó a bajar la cremallera, lentamente, sin perder de vista aquellos ojos azulados. Sus pantalones cayeron un poco, mostrando su ropa interior, que marcaba perfectamente la forma de su miembro erecto.
-La ropa interior también Otoya…
Tokiya no perdía detalle de todos y cada uno de los movimientos y expresiones de su compañero. Adoraba aquella cara, esa expresión de vergüenza y excitación a la vez, como el rojo de sus mejillas se intensificaba cada vez más.
Otoya agarró el borde elástico de su ropa interior. Aquello era de lo más humillante, mostrarse de aquella manera delante de Tokiya, mientras él observaba todo lo que hacía. Pero a pesar de todo eso, a pesar de la humillación y la vergüenza, se estaba sintiendo bien, el calor de su cuerpo crecía cada vez más, agolpándose en su garganta. Se lo pensó varias veces hasta que cerró los ojos y bajó aquella pieza de ropa, lo justo para liberar su miembro de aquella opresión.
Sintió como el frio de la habitación le hacía estremecerse, contradictoriamente, a su alrededor podía sentir un aura cálida.
Tokiya bajó la mirada lentamente para observar detenidamente aquella erección que se estremecía, como demandando atención en aquella zona.
-Vaya, si que estas duro…
-¡Solo cállate Tokiya!-. El pelirrojo se tapó la cara con las manos.
-Parece dolorosa… ¿A que esperas?
-Pero estas mirando… Es vergonzoso…-. Tokiya acercó su mano al miembro del pelirrojo, dejándola a unos escasos centímetros de éste.- ¡Ah! Tokiya…
Otoya había dejado ir un pequeño grito por la impresión y había cerrado los ojos, expectante ante el contacto. El toque del peli azul nunca llegó, haciendo que el pelirrojo abriese los ojos con confusión.
-Ya te dije que no haría nada que no me pidieses, así que si quieres algo deberías decírmelo o… puedes hacerlo por ti mismo…
¿Suplicarle? Jamás, no iba a perder delante de él de ninguna de las maneras, aunque debía admitir que estaba sobrexcitado en ese momento.
Tokiya estaba tan cerca y a la vez tan lejos que era tortuoso, verle la cara, sentir su respiración e incluso su calor corporal y no ser tocado era desesperante para el excitado pelirrojo.
-Tokiya, eres lo peor…-. Apartó la vista de él, totalmente intimidado.
-¿De verdad lo crees?
El peli azul mostró una sonrisa socarrona de las suyas para luego mirar el miembro erecto de su compañero y morderse el labio. Era más de lo que Otoya podía soportar, su mano prácticamente se movió sola, cerrándose sobre su erección. Se estremeció ante su propio tacto.
Tokiya cambió su expresión a una totalmente seria, concentrado en no perderse ni un solo detalle de lo que estaba ocurriendo justo enfrente de él.
El pelirrojo movía su mano de arriba a abajo de su miembro, lenta pero constantemente, sin parar ni un momento, con la maestría que le daban los años de hacerlo en solitario.
El peli azul lo miraba fijamente, observando aquel hipnótico vaivén de su mano. Inconscientemente había entreabierto los labios, jugando con su lengua, paseándola lentamente de un lado a otro, imaginando todas las cosas que haría.
-D-deja de mirarme tan fijamente Tokiya…
-¿De verdad pretendes que no mire el magnifico espectáculo que me estas dando?-. Dejo ir una risita después de los susurros.
Otoya se estremeció ante las palabras susurradas del peli azul, con una voz teñida por la lujuria y el deseo contenido.
Se retorcía contra la pared, frotándose contra ella con desesperación, intentando tener algún contacto que le calmase de lo que estaba sintiendo, toda aquella ansiedad por ser tocado.
Su mano se movía por inercia, no se daba cuenta siquiera de que estaba acelerando el ritmo constantemente, cada vez que miraba a los ojos de su compañero.
-Tokiya… Ahh…
-No te detengas Otoya.
-P-pero si sigo…
-Quiero ver como lo haces hasta el final.
¿Cómo conseguía tener tanto poder sobre él simplemente con las palabras? Le hacía estremecerse totalmente a su voluntad, bastaba con que dejase salir esa melodiosa voz para hacerle hacer lo que se le antojase.
Estaba comenzando a sentir un placer sobrecogedor, estaba disfrutándolo tanto que incluso llegaba a molestarle tanta intensidad, hacía que sus gemidos se agolpasen en la garganta junto con su agitada respiración, imposibles de contener.
Su propio toque le escocía, el simple hecho que los ojos de Tokiya estuviesen fijos sobre él hacía que todas las sensaciones se multiplicasen.
No estaba seguro de poder alargar aquello mucho más, pero la verdad es que poco le importaba demasiado, es más, quería correrse, se moría por sentir aquella oleada de placer estallando en su interior, quería correrse y que Tokiya lo viese.
-T-Tokiya… No voy a poder… Y-ya casi… Ahh…
-Quiero verlo… Déjame verlo Otoya…
-No… Por favor… Tokiya, por favor… Ah… Tokiya… pelirrojo se adelantó un poco, buscando el calor del cuerpo contrario, apegándose a él, rozándose y restregándose obscenamente.- Por favor… Ahh…
-Si no me lo pides no voy a hacer nada…
-N-no… eso…-. Otoya apoyó la frente en el hueco de entre el cuello y el hombro.- M-me voy a correr… Ahh… Tokiya, m-me corro… ¡Me… Aaah!
-Hazlo… Córrete para mi Otoya…
El pelirrojo escuchó esas palabras tan cercanas a su oído que se estremeció. Eso fue el último empuje que necesitaba para que una gran explosión detonase en su interior, su onda de placer se extendió desde si ingle hasta su garganta, haciéndole arquear la espalda violentamente y gritar, gemir de placer inconteniblemente.
Su blanquecina y espesa semilla salió disparada, manchando su mano y la blanca e impoluta camisa de su compañero.
Otoya perdió toda su fuerza de golpe, cayendo a peso muerto contra Tokiya. Trataba por todos los medios recuperar la respiración, empezando a ser consciente nuevamente de su entorno.
Su frente estaba empapada de sudor y su flequillo se adhería a ella, sus mejillas completamente sonrojadas y sus labios entreabiertos dejaban escapar pequeños jadeos de agotamiento.
-Oh... Vaya…-. El pelirrojo se apartó un poco de su compañero, pudiendo comprobar el estropicio formado.-¡L-lo siento Tokiya! ¡Te he manchado la camisa!
-No te preocupes-. Agarró a Otoya por los hombros y lo separó un poco.- Pero ahora es mejor que vayas a lavarte como se debe.
-P-pero Tokiya yo…
-Anda, no seas pesado y vete-. Empezó a empujarlo delicadamente en dirección al baño.- Yo me cambiaré de ropa mientras tanto.
El pelirrojo, confuso como el que más, decidió hacer caso al peli azul, al fin y al cabo había sudado de lo lindo y le apetecía mucho quitarse esa sensación de estar pegajoso por todos lados. La ducha era definitivamente tentadora.
Tan pronto como se cerró la puerta, Tokiya se quitó la chaqueta del uniforme y la camisa, arrojándolos a un rincón en el suelo. Se dejó caer sobre la silla de su escritorio con pesadez y se desabrochó el cinturón y el pantalón para confirmar sus sospechas, efectivamente, como había intuido, su miembro estaba más duro que una piedra y su ropa interior completamente humedecida por los fluidos que había estado emanando.
Suspiró y se frotó la cara con las manos. Tenía que serenarse, de otra forma esa brutal erección no iba a bajarse.
Si no conseguía calmar ese estado de excitación en cuanto Otoya saliese por la puerta del baño lo agarraría, empotrándolo contra la pared, para violarlo una y otra vez sin descanso.
-Maldición, este chico de verdad está planeado volverme loco de remate…
Había adorado tenerlo así, tan ansioso y deseoso por el, había valido la pena el esfuerzo sobrehumano que había echo por no ponerle ni un dedo encima. Quería más de aquella sensación, la sensación de que Otoya no podía sobrevivir sin él, que le necesitase y anhelase más que a cualquier otra persona o cosa en el mundo.
Necesitaba que le necesitase.
Espero que hayáis disfrutado del capi ^^ estoy pensando en hacer el fic más largo de lo que pretendía hacerlo en un principio, ¿Qué opináis?
Bueno, para cualquier duda, sugerencia, declaración de amor o amenaza de muerte ya sabéis ;D
¡Nos leemos!
