Mis amores,
Siento enormemente la tardanza n subir este capi, pero estaba completamente out de ideas XD vamos, que no tenía ni zorra de que escribir jajaja suerte que mi hermanita me dio una genial idea y ayer pude escribir este capi para vosotras :D
También estoy súper feliz por que me han dado la magnifica noticia de que he aprobado mis exámenes *_* y dentro de dos semanas me voy de vacaciones a Alemania, ¿Se puede pedir más?
En fin, dejo de entreteneros con mi vida XD
Disfrutadlo mucho ^^
El ensayo de aquella mañana había resultado uno de los más agotadores que habían tenido, pero no era para menos, ya que su debut estaba prácticamente a la vuelta de la esquina. A esas alturas ya tenían los trajes y la coreografía a punto, solo faltaba ultimar detalles.
Otoya no podía estar más nervioso, sabiendo que si no conseguía hacer acopio de toda su concentración y esfuerzo, todo aquel sacrificio habría sido en vano y todas sus esperanzas y salto al estrellato quedarían en nada.
El entrenamiento finalizó para suerte del pelirrojo, y los chicos pudieron retirarse a las duchas para asearse después de todo lo que habían estado sudando.
Otoya andaba inmerso en sus pensamientos, perdido entre todo su nerviosismo, que parecía agarrotar sus músculos, haciendo que le costase hasta andar con normalidad, como si no fuese el dueño de su cuerpo.
— ¿Qué mosca te ha picado Otoya?—.Ren le propinó una palmada en su nalga derecha mientras pasaba a su lado. —Espero que te suba la moral pronto, te necesitamos al mil porciento.
— ¡Ren! —. Otoya se llevó las manos a la espalda, cubriendo su trasero.
El rubio se limitó a mirarlo por encima del hombro mientras le guiñaba un ojo.
—Cierto Otoya, no sé que te pasa, pero necesitamos esa vitalidad tuya de vuelta—. Natsuki le acarició la cabeza dulcemente mientras sonreía.
El pelirrojo se quedó quieto en el sitio, sonrojado por las amables palabras de ánimo que sus compañeros le acababan de regalar, mirando como desaparecían tras la puerta del vestuario, riendo y bromeando entre ellos.
— ¿Ves Otoya? No sé como te las arreglas, pero siempre consigues que todos te tengan en cuenta.
El nombrado se giró, observando como Tokiya se había acercado hasta él y apoyaba la mano en su hombro, dándole unos pequeños golpecitos de ánimo.
Si… tienes razón Tokiya, que tonto soy, yo preocupándome de que se puedan enfadar si cometo algún error y ellos preocupados por mi… por si me pasa algo malo…
Otoya miró a su amigo con una sonrisa forzada, cansada y triste.
Ei… Otoya, sabes que eso no me gusta.
¿Mh? —. Miró a su amigo, tratando de ocultar la humedad de sus ojos.
Me encantan tus sonrisas, lo sabes, pero si vas a sonreír sin ganas solo para que no me preocupe prefiero que te eches a llorar, así al menos podré consolarte como se debe.
El menor miró ahora directamente a su compañero a los ojos, tratando de protestar ante lo que este acababa de decir pero no pudo soportar aquella mirada clavada en él, tan profunda que parecía poder leer su mente.
Tokiya yo… de verdad que no me pasa nada, no te preocupes.
Trató de huir de aquello, pues no quería causar más problemas de los que ya estaba causando con su falta de concentración y dificultad para aprender la coreografía, bastante ocupado y preocupado debía estar ya Tokiya como para tener que preocuparse también con sus tonterías.
¿Dónde crees que vas?
Otoya intentó responder a Tokiya pero éste ya lo había agarrado por la cintura, abrazándolo por la espalda.
T-Tokiya… tu habías dicho que…
Lo sé, pero no estoy haciéndote nada, solo abrazándote, no puedes pretender que me quede sin hacer nada cuando veo que la persona que quiero está triste.
Tokiya pero… en serio, no me pa-
¡No me mientas!
Ambos se quedaron en silencio tras aquel grito del mayor. Se podía respirar la tensión en aquella pequeña sala y nada tenía que ver con el cargado ambiente que había quedado tras horas de ensayo en aquella reducida sala.
—Lo siento Otoya, no pretendía gritarte.
El pelirrojo negó con la cabeza y se giró para poder mirar a su compañero de frente.
—Gracias Tokiya…—. Volvió a sonreír, pero esta vez amplia y alegremente, como solía hacerlo, con aquella radiante sinceridad. — Lamento haberte preocupado a ti también, prometo ser más optimista.
¡Maldición Otoya!
¡¿Qué he dicho ahora?
Nada…
Entonces no se por qu-
Tokiya lo dejó con la palabra en la boca, acallándolo con un apasionado beso. Hacía tanto tiempo que sus labios siquiera se rozaban que fue como una explosión atómica entre sus bocas, erizando el bello de Otoya ante aquel húmedo contacto.
A duras penas consiguió aferrarse a los hombros del más alto, intentando mantener el equilibrio que parecía haber perdido.
P-pero tu dijiste que…
Por dios, solo cállate y bésame idiota…
Tokiya agarró a Otoya por la cadera, atrayéndolo de nuevo hacia él mientras que el pelirrojo apenas sin darse cuenta había pasado sus brazos alrededor del cuello de su compañero, buscando aquel ansiado contacto que le había sido prohibido.
Después de casi tres semanas sin apenas tocarse, aquello era demasiado, el choque de sus alientos entre sus bocas, el roce de sus lenguas, el tacto de la piel expuesta…
O-oye… ei… Tokiya…
¿Si? —. Muy a desgana, el nombrado se separó de su amante, jadeando. — ¿Qué es lo que quieres?
Verás… yo… Bueno, es que yo quiero que tu…
El menor apartaba la mirada, totalmente avergonzado, mientras Tokiya lo miraba con los ojos turbios, con la creciente excitación en su interior por las palabras que estaba apunto de escuchar.
Quiero que tu me to-
¡Ei chicos! —. Syo entró abruptamente a la habitación, ya cambiado y con el pelo húmedo. —Estábamos hablando de ir todos juntos a comer fuera, ¿Os apuntáis? Um… ¿Qué hacéis?
El rubio se quedó parado, escrutando con la mirada a sus dos amigos, que se encontraban separados al menos por diez metros.
—Nada, ¿Qué podríamos estar haciendo los dos solos en la habitación?
Tokiya se apresuró a hablar, con total calma y serenidad, tratando de disimular pero sin ser consciente que lo que acababa de decir era cien veces más sospechoso que la escena que su compañero acababa de presenciar.
—Bueno… como sea, ¿Os apuntáis o no? ¿Otoya?
El pelirrojo levantó la vista con notable nerviosismo.
— ¿Uh? ¡Claro! ¿Cómo no? Por supuesto que iré ¿Tú irás Tokiya? Porque yo si, deberías venir, seguro que es divertido, ¿No?
Otoya hablaba rápido y apenas sin respirar, trabándose la lengua entre palabra y palabra, dando origen a una retahíla de sonidos apenas comprensibles para los demás.
—Me tomaré eso como un si… supongo, ¿Tú querrás venir Tokiya? —. Preguntó un poco temeroso el rubio.
—Claro, contad conmigo.
Syo abrió los ojos con sorpresa ante la afirmativa respuesta de su compañero acompañada de una amable sonrisa.
— ¡Genial! Iré a avisar a los demás, quedamos dentro de una hora en la puerta de la academia, ¡No lleguéis tarde!
Cuando el más bajito se hubo marchado Tokiya miró en dirección al pelirrojo, que evitaba su mirada.
—Y bien Otoya… ¿Qué es lo que estabas apunto de decirme?
El mayor hablaba con una sonrisa burlona en sus labios, apoyando sus manos sobre sus caderas.
— ¿De que hablas Tokiya? Yo no iba a decir nada—. Se alejó mientras se dirigía a la puerta. — Si no te importa pasaré a la ducha yo primero, nos vemos en la habitación.
Otoya se marchó en dirección a su cuarto, dejando a un estupefacto y frustrado Tokiya en medio de la sala de ensayos.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Un grupo de chicos se reunía a las afueras de la academia Saotome, totalmente dispuestos a disfrutar de aquella pequeña salida que iba a evadirlos de todo lo estrés acumulado por la tensa situación en la que se encontraban.
¡Chicos! ¿Os he echo esperar mucho? —.Syo apareció corriendo, como siempre, hasta quedar junto todos ellos. —Estaba acabando de preguntar las indicaciones de como llegar.
Muy bien entonces, ¿Podemos marcharnos de una vez? —. Ren estaba empezando a impacientarse un poco y se dedicaba a dar pequeños golpecitos en el suelo con la punta de su zapato.
No, no, aún falta Nanami, pero estoy seguro de que en seguida llegará—. Syo se rascó la cabeza, excusándose.
Oh bueno, si es la corderita puedo esperar un poco más.
Claro, Jinguuji es demasiado caballeroso como para enfadarse con una chica—. Masato habló sin siquiera mirar al rubio.
¿Decías algo Hijirikawa? —. Ren encaró a Masato, de manera sonriente.
Creo que me has oído perfectamente.
Masato también encaró a Ren, quedando los dos de frente, separados por apenas unos centímetros, ninguno de los dos cedía terreno, el más serio con una mirada fría y afilada y el otro con una sonrisa que a pesar de todo daba bastante miedo.
—E-ei chicos, tengamos la fiesta en paz, no os pe-
Ren, sin decir nada o avisar antes, acortó la escasa distancia que lo separaba de su compañero, depositando un corto beso en sus labios para después alejarse y seguir a lo suyo, como si nada.
—Nanami-chan está tardando mucho, ¿Verdad?
Todos quedaron estupefactos ante aquella acción y en seguida dirigieron su mirada hacia Masato, que se había quedado congelado, como si de una estatua inanimada se tratase. Sin embargo, al cabo de unos segundos empezó a parpadear muy rápido y su cara se sonrojó.
—¡Jinguuji!
El chico estuvo a punto de abalanzarse sobre su compañero de cuarto cual fiera salvaje dispuesta a matar y aniquilar, pero por suerte Natsuki y Otoya lo pudieron sujetar, manteniendo así al rubio a salvo.
— ¡Ren! De verdad que no tienes limite con tus bromas—. Le regañaba Syo, dándole leves golpes de reproche.
— ¿Quien ha dicho que fuse una broma?
Ren guiñó un ojo y aquello volvió a desencadenar la furia de Masato, por suerte para todos ellos la chica por fin apareció, corriendo hacia ellos.
—L-lo siento… yo…—. Se doblaba sobre ella misma, tratando de recuperar el aliento perdido por la carrera. — Lo siento tanto… os he tenido aquí esperando tanto rato…
—No te preocupes Nanami-chan, lo importante es que ya estás aquí, ¿Por qué no vamos haciendo marcha?
Todos parecieron estar de acuerdo con Natsuki, que calmaba a la chica mientras le acariciaba la cabeza con cariño.
Así, sin pensárselo más, pusieron marcha hacia la parada de autobús que los llevaría derechos a la ciudad, donde les esperaba aquel nuevo restaurante al que todos tenían tantas ganas de ir.
El viaje en autobús era largo, pero para nada se les hizo pesado, algunos optaron por pasar el rato escuchando música mientras miraban por la ventana, otros hablaban entre ellos y Nanami por su parte sacó una revista de su bolso, distrayéndose en mirar las fotos de los modelos de ropa.
— ¡Ei! ¡Esos pantalones se ven geniales!
Otoya, que estaba sentado detrás de ella junto a Tokiya, asomó la cabeza sobre el hombro de la chica, fijando su atención en la página que estaba mirando Nanami en esos momentos.
—Tienes Razón Ittoki-kun, estoy segura de que te quedarían muy bien.
La chica lo miró sonriente mientras le pasaba la revista para que pudiese observarlos mejor.
— ¿Tú crees Nanami-chan?
—Claro, van muy con tu estilo.
—Um… No se…—. Agarró la revista y se dejó caer sobre su asiento de nuevo, mirando la foto con más detalle. — ¿Tu que opinas Tokiya?
El nombrado apartó su atención de la ventana y el paisaje que veía a través de ella. Miró la foto de aquella revista, un chico muy estiloso, con unas ropas se imaginaba carísimas. Puso su atención en los pantalones, rojos y ajustados, con una lazada imitando un corsé en los laterales, que iban de la cadera hasta el tobillo. Hizo la imagen mental de Otoya vistiéndolos y se sonrió a si mismo.
—Claro, opino que estarías increíble con ellos puestos.
El pelirrojo se sonrojó ante aquella mirada picarona que le estaba dedicando Tokiya.
—Oh, bueno, entonces supongo que si…
Se dio prisa en devolverle la maldita revista a Haruka.
—Vaya, estás de suerte Otoya-kun, aquí dice que los van a poner a la venta en una tienda que no está muy lejos de aquí.
—Nah, no importa, ahora mismo no tengo ni un centavo y mis padres no me volverán a mandar nada hasta el mes que viene.
—Vaya, que pena, te hubiesen quedado genial…
Todo y que se sentía un poco enfadado por que Nanami estuviese "piropeando" a Otoya, debía darle la razón, el pelirrojo estaría increíble con esos pantalones, fue entonces cuando una maravillosa idea cruzó por su mente aunque por el momento al menos, no diría nada.
Sin darse cuenta, el autobús había llegado prácticamente a su destino y todos se apresuraron a levantarse y estar preparados para bajar. Una vez llegaron a su parada todos bajaron, reagrupándose para mirar el mapa que el pequeño Syo traía con él.
—Bueno, según este mapa y las indicaciones que me han dado las chicas de nuestra clase… Deberíamos ir por esa calle—. Señaló una gran calle comercial abarrotada de gente que cargaba bolsas y más bolsas.
—Muy bien entonces, pongámonos en marcha—. Ren puso una mano sobre el hombro de la chica, incitándola a caminar en esa dirección. — Si no te das prisa te quedarás rezagado.
El rubio agarró la mano de Masato, tratando de ponerse en marcha junto a él, pero este lo apartó de un manotazo mientras se alejaba, uniéndose al grupo que formaban los demás.
—Vamos, no me digas que aún estas enfadado Hijirikawa… Solo ha sido una pequeña broma.
—Será mejor que por el momento no lo provoques…
Ren suspiró con frustración ante la pequeña advertencia de Natsuki, mientras veía como Masato caminaba con la cabeza alzada dignamente, junto a los demás.
Todo y no haber estado nunca por esa zona, no tuvieron demasiado problema en encontrar lo que buscaban y al cabo de poco vieron la entrada del dichoso restaurante.
—Se nota que lo han abierto hace poco, se ve todo muy nuevo.
Otoya miraba en todas direcciones con emoción, ansioso de entrar de una maldita vez.
— ¡Vamos! ¿A qué estamos esperando?
El pelirrojo se apresuró a entrar al restaurante y los demás lo imitaron. Era un sitio pequeño pero acogedor, decorado con cierto aire victoriano pero a la vez moderno, dándole un aspecto interesante. En seguida se les acercó una chica sonriendo ampliamente, iba vestida con camisa blanca, pantalones negros y una coleta alta, así que era de suponer que sería una de las camareras.
— ¿Desean comer aquí?
—Eh… Si, mesa para siete por favor—. Otoya parecía aturdido entre tanta cosa nueva.
La chica ladeó la cabeza mientras sonreía.
—Acompáñenme por aquí si son tan amables.
La camarera les guió hasta una mesa del fondo, en una zona bastante íntima y les entregó la carta con el menú.
—Como verán somos un restaurante de comida italiana, espero que encuentren algo de su agrado entre el menú, cuando sepan lo que van a pedir no duden en llamarme.
Una vez atendidos se retiró, dejándolos de nuevo solos, decidiendo que pedir entre tanta variedad. La mayoría de ellos se decidió por diferentes platos de pasta, mientras que algunos se decantaron por los Risottos*.
Cuando supieron lo que iban a tomar llamaron nuevamente a la camarera, que tomó nota del pedido, informándoles de que en unos momentos su comida estaría lista para ser degustada.
Mientras esperaban charlaban entre ellos, comentando cosas de su próximo debut y de las ganas que tenían todos en general de que el momento llegase, ya que la espera se estaba haciendo totalmente interminable.
Durante el tiempo que estuvieron esperando, el restaurante se fue llenando poco a poco de gente curiosa que entraba al restaurante a ver que tal se comía allí o de algunos que buscaban un sitio para comer. A pesar de que casi todas las mesas estaban ocupadas se respiraba tranquilidad y podían seguir con su charla sin molestia alguna.
Al cabo de poco se acercó la camarera junto a otro chico, sirviéndoles la comida, también vino junto con ellos un hombre que iba vestido diferente y parecía un poco mayor.
—Es agradable tener entre nosotros un grupo de jóvenes, le da un aire refrescante al negocio—. El hombre hablaba sonriente y jovial. — Me presento, soy Rick, el dueño del restaurante, un placer.
— ¡Pero si es usted muy joven! —. Otoya habló sin pensar, cubriéndose la boca cuando fue consciente de lo que había dicho.
El hombre rio, mientras negaba con la mano.
—No te preocupes, tienes razón, acabo de cumplir treinta i dos años, soy bastante joven aún, gracias—. Sonrió amablemente. — Mis padres son japoneses, pero yo nací en Londres y he vivido casi toda mi juventud en Francia, estudiando gastronomía. Ahora por fin he vuelto a Japón para abrir mi querido restaurante.
— ¡Eso es increíble! —. Nanami juntó las manos, sorprendida.
—No es para tanto, vais a hacer que me sonroje a estas alturas de mi vida.
El hombre era bastante agradable y se estuvo un rato más con ellos, escuchando como le contaban que estaban estudiando en la prestigiosa academia Saotome, preparándose para su gran debut. El dueño del local, en enterarse todo aquello no dudó en hacerles un obsequio de enhorabuena, dos botellas de su mejor vino, haciéndoles prometer que no dirían nada a nadie sobre aquello mientras se alejaba guiñándoles un ojo.
—Creo que no deberíamos aceptarlo.
—Estoy de acuerdo con Haruka-san, después de todo somos menores de edad.
— ¡No seáis aburridos! Sería de mala educación rechazar el regalo que nos han hecho por nuestro inminente debut—. Mientras decía esto Syo se apresuraba a abrir una botella, sin dejar opción de devolverla.
—Ochibi-chan tiene toda la razón, por una vez no pasa nada, aprended a relajaros un poco—. Ren acercó su copa para que el pequeño le sirviera. —Dos botellas entre siete no es nada.
Masato fulminó con la mirada al rubio, que no se dio por aludido ante esto, mientras degustaba el líquido carmesí.
La comida y el vino empezaron a desaparecer progresivamente de la mesa y los chicos empezaron a notar los efectos de la bebida de Baco, algunos más que otros cabe decir, puesto que Ren y Tokiya apenas parecían afectados, Nanami apenas bebió una copa, junto a Natsuki pero en cuanto Syo, Otoya y Masato, sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos entrecerrados, dando señales claras de su embriaguez.
—Masato, no tienes buen aspecto—. Syo se colgaba de su hombro, claramente borracho.
—Ya… No me siento demasiado- —.Tuvo una pequeña arcada que disimuló casi a la perfección. — V-voy al baño un momento.
Se retiró a los servicios, tambaleándose levemente, teniendo que apoyarse en la pared del pasillo que conducía a los baños.
Ren suspiró y se levantó.
— ¿Dónde vas Jinguuji-san?
— ¿Tú que crees? Dejarlo solo no es lo mejor.
Se dio la vuelta sin esperar respuesta y desapareció por el pasillo, siguiendo a su compañero de cuarto.
— ¿Estará bien dejarlos solos? —. Nanami miraba en la dirección en la que los dos chicos habían desaparecido con preocupación.
—Si, si, seguro, no te preocupes Nanami-chan, estarán bien.
Otoya le quitaba importancia al asunto mientras agarraba su copa, dispuesto a dar un gran trago, pero Tokiya interceptó su mano en al camino.
—Creo que será mejor que lo dejes por el momento.
El pelirrojo miró a su compañero, éste lo miraba con su a típica mirada seria, totalmente decidido a no permitirle beber ni una gota más por el momento.
—No seas así Tokiya…
—Creo que es lo mejor, ¿No estas de acuerdo?
Otoya se perdió en la profundidad de aquellos ojos que lo miraban tan fijamente, haciéndole recordar los momentos pasados durante la mañana, donde se habían besado apasionadamente y él había estado apunto de pedirle a Tokiya que le hiciese toda clase de cosas, que le tocase. Se sonrojó recordando todo aquello y soltó la copa de vino, alejándose de su amigo.
—Yo tampoco me encuentro bien, iré a remojarme un poco la cara, en seguida vuelvo.
Dio gracias a estar bebiendo, por que así podía culpar su sonrojo al estado de alcoholismo, aunque estaba seguro de que Tokiya sabía perfectamente a que se debía.
Caminó hasta el pasillo por el que había visto desaparecer a sus dos compañeros y vio la puerta del servicio de caballeros, con una placa que lo indicaba con un bonito dibujo de un hombre con sobrero de copa y monóculo.
— ¿Aún estáis aquí chic-?
Estuvo a punto de entrar, pero unas acaloradas voces lo detuvieron. Sin saber por qué, tuvo el impulso de quedarse fuera y esconderse.
— ¡Vete de una vez! ¡No sé por que te empeñas en molestarme todo el tiempo!
— ¿Molestarte? Solo he venido por que he creído que necesitarías ayuda.
— ¡No quiero tu ayuda, así que puedes marcharte de una maldita vez!
— ¿No puedes tratar de ser un poco amable por una vez?
— ¿Amable? ¿Por qué debería ser amable contigo? ¡¿Cuándo has sido tu amable conmigo?
— ¿De que estás hablando Masato? Creo que has bebido demasiado, mójate la cara y verás como…
Se escuchó el sonido de golpe, como un manotazo.
— ¡No me toques! Déjame solo.
—Hijirikawa, no sé que diablos te pasa pero si fueses tan amable de ilustrarme…
—No me pasa nada, solo déjame tranquilo, maldición, no necesito que estés aquí, si lo que pretendes es reírte de mi otra vez…
— ¡Te estoy diciendo que no es eso!
— ¡Alto! ¡No te acerques! ¡Jinguuji!
Ruido de pasos y forcejeo, un guantazo.
—No, no voy a soltarte hasta que no me dejes claro por que estás portándote así conmigo.
— ¡Eso debería decirlo yo! Tu… tu siempre te ríes de la gente… nunca te tomas las cosas en serio, ni siquiera te preocupa herir a los demás…
—Así que de eso se trataba…
— ¡Ei! ¿Qué haces? ¡Basta!
Se produjo un breve silencio, donde Otoya se esforzó por contener la respiración, temeroso de que pudiesen escucharlo.
—No… Para, por favor… Jinguuji, no…
—Sé qué no soy el único que quiere esto, Masato…
—Por favor, deja de burlarte de mi, Jinguuji.
La voz de Masato sonaba entrecortada, como si le costase respirar, mientras que la de Ren sonaba susurrante y ronca.
—Te he dicho mil veces que no bromeo.
— ¡No! No me toques ahí, es raro… Nh…
¿Raro malo?
Otoya escuchó como Ren dejaba ir una risita.
—En serio… Jinguuji, para…
—Llámame Ren… Masato…
Se produjo otro silencio, donde Otoya podía escuchar sin dificultad las aceleradas pulsaciones de su propio corazón.
—Ren… No… No debemos…
— ¿Qué problema hay? Se muy bien que lo deseas tanto como yo, si no ¿Cómo explicas esto?
—E-eso es por que tu… No, para de acariciarme ahí… Ren, vendrá alguien y nos verá…
—Si ese es el problema…
Se escuchó el abrir y cerrar de una puerta, después un sonido metálico que debía ser el pestillo.
—Sabes perfectamente que ese no es el problema…
— ¿Entonces?
—Yo…
—Masato…
—Antes me besaste, jamás había besado a nadie, pensar que tú lo hiciste para burlarte de mí…
—No, no es así Masato, lo hice porque me gustas, pero si lo prefieres, me retractaré…
— ¿Q-qué…?
—Esta vez te voy a dar un beso de verdad, así que… olvida el otro.
Se hizo el silencio, pero un leve sonido húmedo se dejaba entrever si ponías atención.
—Ren…
—Masato… Dame tu lengua…
Otoya sintió una punzada de nerviosismo en el estomago cuando empezó a escuchar los leves gemidos de su compañero, que se esforzaba por permanecer en silencio.
— ¿Te parece que este está mejor? ¿O te sigue pareciendo una burla?
—Era mi primer beso, vas a tener que retractarte más seriamente si pretendes que te crea.
—Tu siempre tan sincero…
Se oyó un ruido metálico y el sonido de la ropa deslizándose por la piel.
— ¿Q-qué haces? ¡Ah! ¿Q-qué pretendes? ¡No! R-Ren, ahí no…
—Pretendía esperar y hacértelo en una cama con pétalos de rosa fresca esparcidos sobre las sabanas, pero no puedo esperar.
— ¿De qué estás hablando capullo? Aaah… No… No metas los dedos.
—Shh… Aunque me pone oírte gemir será mejor que controles tu voz.
—Ren, idiota, te odio…
—Estoy seguro de que no vas a tardar en cambiar de opinión…
— ¡No! ¡R-Ren espera! ¡No lo metas!
Otoya dio un respingo al oír eso ¿De verdad pensaban hacer aquello ahí? ¡Cualquiera podría venir y pillarlos! El mismo se estaba enterando de todo.
— ¿Qué es lo que pasa ahora? ¿Tienes miedo?
—N-no, bueno si… pero no es eso… ¿Estás muy borracho?
Ren dejó ir una risita.
—No, no te preocupes, ¿Y tu? No me gustaría aprovecharme de la situación.
—No…
—Perfecto… Aunque creo que estás un poco afectado para decir cosas tan lindas…
— ¡Tu, imbécil qué es lo que…!
—Eso está mejor…
— ¡Aaah! ¡Ren!
—Shh… Sé que es difícil, pero baja la voz…
—Pero duele… E-estoy asustado… Duele mucho…
—Tranquilo… No llores.
— ¡Lloro por que me duele, idiota! No puedo evitarlo.
—Te quiero… No tengas miedo, no haría nada que te hiriera.
—Cállate... No me vengas con esa mierda cursi, no soy una chica.
—Tienes razón, eso es lo que más me gusta de ti.
Se hizo nuevamente el silencio, pero Otoya escuchaba como algo golpeaba la puerta repetidamente, a un ritmo constante, a la vez que un sonido húmedo de choque inundaba todo el lavabo.
No había duda, aquellos dos descerebrados estaban haciendo ESO en el baño, tenía que desparecer inmediatamente de allí, pero sería terrible si alguien venía y los descubría.
— ¿Qué demonios haces para tardar tanto?
— ¡T-Tokiya!
El pelirrojo giró con nerviosismo, mirando a su compañero como si no lo hubiese visto en siglos. Tokiya alzó una ceja mientras miraba a su compañero con extrañeza.
—Pensaba que solo habías venido a lavarte la cara.
—S-si, ¡Así es! Y ya estoy, mejor volvamos al comedor.
— ¿Has visto a Masato y Ren? También esta tardando lo suyo.
— ¡No! Quiero decir, ¡Si! Están en el baño, ¡Pero mejor no vayas! Masato estaba vomitando y Ren lo ayudaba, mejor volvamos y ellos ya vendrán.
—Si tú lo dices…
Tokiya pasó su brazo por los hombros del pelirrojo, dando la vuelta para volver con los demás.
— ¡Ren! ¡Aaaah! N-no, m-me voy a… ¡No puedo aguantar más! V-va a salir… ¡Aahh!
—Déjalo ir Masato, enséñame lo hermoso que eres...
El ruido de la puerta se intensificó y se hizo más rápido.
Otoya se quedó petrificado y se giró lentamente a mirar a su amigo, que le devolvió una mirada inquisitiva.
—Vomitando… Ya veo…
El pelirrojo se quedó callado, completamente rojo sin saber que decir.
—Así que es eso lo que pasaba…
—B-bueno, yo… No estaba espiando ni nada…
Tokiya sonrió socarronamente.
— ¿No será que de escucharlo te han entrado ganas?
— ¡No! Y-yo no… ¡Idiota!
Empujó a su compañero, completamente avergonzado y se apresuró a reunirse en la mesa con los demás.
— ¡Si que has tardado Otoya! ¿Qué diablos andan haciendo Masato y Ren?
—Vomitando.
Tokiya tuvo que hacer acopio de todo su esfuerzo para no reírse mientras decía esto, Otoya prácticamente lo asesinó con la mirada.
Los chicos continuaron a lo suyo, acabando de cenar, algunos pidieron postre y café, no fue hasta que acababan de pedir la cuenta que los dos chicos desaparecidos se dignaron a volver.
Todos los miraron con curiosidad, pues Masato tenía todo el pelo revuelto y la ropa arrugada, al igual que Ren.
— ¡Si que habéis tardado!
—Em ya, es que Masato no se encontraba bien.
—Si, si, lo sabemos, Otoya fue al baño y nos dijo que estaba vomitando.
Ren sonrió y posó su mirada en el pelirrojo, que se apresuró a mirar hacia cualquier otro lado.
—Oh si, perdón, es que Masato volvió a tener ganas de "vomitar" y nos entretuvimos.
Ahora fue el turno de Masato para fulminar con la mirada a Ren.
—Ya bueno, ya estoy mucho mejor, pero me gustaría volver ya a la academia.
El chico se apresuró a recoger sus cosas y poner un billete sobre la cuenta, sin fijarse siquiera de cuanto era y se encaminó hacia la puerta. Syo miró atentamente el billete y se giró hacia los demás.
— ¡Genial! Hijirikawa invita.
El pequeño salió tras su compañero y todos los demás recogieron sus cosas para irse, despidiéndose del personal que tan amablemente les había atendido.
— ¡Masato! ¡Espéranos!
El nombrado se dio la vuelta y vio como Ren se apresuraba a ponerse a su lado, decidió ignorarlo sin más.
—Ei, frena un poco.
—Yo siempre camino así.
—Por mi no hay problema, pero si te pones delante de todos se van a dar cuanta de la peculiar forma de andar que tienes ahora mismo.
Ren se ganó su segundo guantazo en el día, pero al menos se le permitió ayudar a su compañero.
Otoya caminaba lentamente, con las manos en los bolsillos, un poco rezagado del grupo, cabizbajo.
— ¿Qué te pasa?
—Nada…
— ¿Estás triste?
—No—. Alzó la vista para mirar a Tokiya, que se había puesto junto a él. — De hecho hoy me lo he pasado genial.
—No da esa impresión al mirarte, ¿Sabes?
—Ya… es solo que parece todo tan ajeno a lo que estamos apunto de vivir, supongo que me ha sobrecogido un poco pensar que dentro de nada nos la jugamos.
Tokiya no dijo nada, simplemente se limitó a meter su mano en el bolsillo de Otoya, entrelazando su mano con la de él.
—¿Q-qué..?
—No te preocupes… ya sabes, siempre me vas a tener aquí.
—Si, lo se.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Aquella mañana de sábado amaneció sorprendentemente soleada, contra las expectativas del canal del tiempo, que había anunciado lluvias y mal tiempo para todo el fin de semana.
Otoya despertó pesadamente, con la sensación de haber dormido durante días. Las cortinas estaban corridas, así que no hubo molestos rayos de luz cegadores, cosa que agradeció enormemente.
—Buenos días, por fin te has despertado.
Aún somnoliento y aturdido, giró la cabeza en dirección a la voz que acababa de hablarle, tratando de fijar la vista.
Era difícil distinguirlo entre la penumbra del cuarto, pero Tokiya estaba sentado en su escritorio, leyendo algún tipo de libro o revista o algo, no tenía la menor idea, puesto que bastante esfuerzo le suponía mantener los ojos abiertos.
Gruñó un poco y volvió a tumbarse, acomodando su cara contra la mullida almohada, que aún permanecía caliente de haber estado durmiendo sobre ella.
—Ei, ni se te ocurra volver a dormirte, llevo un buen rato esperando a que te despiertes.
—Déjame… tengo sueño…
— ¡Pero si ya son las once!
—Es sábado…
— ¡Ni hablar! ¡Levántate ahora mismo!
Tokiya tiró de las sabanas, destapándolo totalmente, lo que hizo que Otoya se encogiese, buscando darse calor el mismo.
— ¿Qué diablos quieres Tokiya?
— ¡Salir contigo por ahí!
Aquello fue como un balde de agua fría para el somnoliento pelirrojo, se sentó en la cama de inmediato, con los ojos abiertos como platos y el cabello más revuelto que nunca.
— ¿Salir?
—Si, salir por ahí, a la calle.
— ¿Cómo una cita?
—Es una cita.
—…
—…
—…
—Bueno, ¿Vas a quedarte ahí sentado toda la mañana? Ve a arreglarte.
Otoya, como si de un robot se tratase, saltó de la cama de inmediato, entrando a la ducha a toda prisa.
Por algún motivo se había puesto realmente nervioso, no tenía ni idea de por qué, siempre estaba a solas con Tokiya, no entendía que era lo que tenía de especial salir a la calle con él, como si fuese la primera vez que fuesen a estar solos.
Entró en la ducha con el corazón totalmente desbocado, sin poder calmarse por mucho que lo intentase, así que duchó lo más rápido que pudo y salió, cogiendo una toalla para secarse.
Cuando salió del cuarto de baño Tokiya no le hizo ni caso, seguía leyendo aquel libro. Le molestó un poco ser ignorado, pero aprovechó el momento para vestirse con tranquilidad.
—Y-ya estoy…
Tokiya apartó la vista de entre las páginas y le dirigió una mirada de pies a cabeza a su compañero, después sonrió ampliamente y se puso en pie.
—Perfecto, entonces estamos listos para irnos.
Otoya sonrió y asintió con la cabeza.
Ambos salieron de la habitación y se dirigieron a la salida, puede que fuese por que era sábado o muy temprano, pero la calle estaba vacía y no había ningún estudiante a la vista.
—Vamos, la parada de bus está por allí.
Tokiya agarró al pelirrojo por el brazo, deteniéndole el paso.
— ¿Quién ha dicho que vamos a ir en autobús? —. Mientras dijo eso, señaló un coche que había estacionado cerca de ellos.
— ¿Vamos a ir en coche? ¿Cómo lo has…?
—Bueno… Los de mi antigua agencia me debían un favor así que…
—Eres increíble Tokiya…
Otoya se echó a reír mientras su compañero lo cogía de la mano y lo dirigía hacia el interior del auto.
—Bueno, ¿Y donde vamos?
—Eso ya lo verás cuando lleguemos.
Dio las indicaciones al conductor y se pusieron en marcha.
El trayecto duró apenas unos veinte minutos, de los cuales Otoya se pasó casi quince mirando por la ventana, comentando cada pequeño detalle de lo que veía, sin callarse ni un segundo. Cuando Tokiya estaba a punto de estrangularlo con el cinturón de seguridad, el coche se detuvo y el conductor les informó de que habían llegado.
Bajaron del coche y Tokiya quedó en que llamaría al conductor cuando tuviese que pasar a recogerlos.
— ¡Guau! Nunca había estado en esta parte de la ciudad Tokiya, ¿Y tú?
—Alguna vez… pero es como si fuese la primera.
— ¿Eh? ¿Por qué es como si fuese la prime…?
El pelirrojo se calló cuando vio la mirada que le estaba dedicando Tokiya y se sonrojó.
—Bueno, mejor nos movemos, no es demasiado productivo quedarse aquí parado.
Empezaron a andar por las pequeñas calles de la ciudad, hablando de cualquier trivialidad, mejor dicho, Otoya hablaba y Tokiya escuchaba pacientemente, aportando algo cuando era necesario.
—Vamos a entrar aquí.
El mayor lo hizo detenerse frente a una tienda de ropa bastante extremada y llamativa, aquella marca le sonaba de algo.
—De acuerdo, ¿Quieres probarte algo?
—No, pero tú si.
— ¿Qué?
Antes de tener siquiera tiempo a reaccionar, Tokiya lo había arrastrado al interior, y miraba la ropa con curiosidad.
Una chica con un número incontable de piercings y el pelo verde les dijo que si necesitaban algo no dudasen en preguntarle.
— ¡Vamos Otoya, al probador!
— ¿Qué? Pero si yo…
Sin escucharlo, Tokiya lo hizo pasar al probador.
— ¡Pero si ni siquiera he cogido algo que probarme!
—No te preocupes por eso.
El mayor metió el brazo en el probador, extendiéndole una percha con unos pantalones.
—Pero si son…
—Si, exactamente, quiero que te los pruebes.
—Pero si yo…
— ¡Venga! Quiero ver como te quedan.
El pelirrojo suspiró y se quitó los zapatos y pantalones que traía puestos, para pasar a probarse aquellos pantalones rojos que había visto en la revista.
Le costó un poco enfundarse en aquellos ajustados pantalones, pero una vez subidos y abrochados le quedaban como un guante.
— ¿Ya has acabado?
Tokiya asomó la cabeza entre las cortinas, mirando de arriba abajo a su compañero.
— ¿M-me veo raro? ¿No son demasiado ajustados?
No podía soportar aquella mirada sobre él, no quería que lo viese con una pinta extraña.
—Para nada, estas increíble.
—B-bueno, ahora que ya lo sabemos me los quitaré.
Precedió a desabrochar la cremallera, pero parecía no querer ceder.
— ¡Mierda! Creo que se ha atascado…
—No puede ser… A ver, déjame a mí.
El mayor pasó al interior del pequeño cubículo, colocándose detrás de su compañero. Pasó sus manos alrededor de su cuerpo e intentó bajar la cremallera de aquel pantalón, nada, no había manera.
— ¿Ves? Te he dicho que se había atascado…
—Calma… Que no cunda el pánico.
Volvió a intentarlo y cedió un poco, bajando unos centímetros. Miró al frente, observando el reflejo en el espejo. Allí estaban los dos, dentro de aquel estrecho probador y Otoya con aquellos pantalones, aquellos malditos pantalones ajustados, sumamente pegados a sus piernas, marcando su atlética forma. Casi inconscientemente sus manos se pasearon sobre la entrepierna del pelirrojo.
— ¡Tokiya! ¿Qué piensas que haces?
— ¿Mnh? —. Miró a su compañero a través del espejo. — ¿No puedo?
— ¡Por supuesto que no! Estamos en público.
—Técnicamente estamos aquí solos…
— ¡Tokiya!
—Lo siento… solo un poco, por favor…
—No, ¡Tokiya!
Las manos del mayor se introdujeron bajo la camiseta del pelirrojo, acariciando su torso y provocándole pequeños suspiros.
—No Tokiya… Duele…
Bajó la vista y observó como el miembro de Otoya estaba erecto, cruelmente aprisionado entre aquellos estrechos pantalones. Sonrió y procedió a bajar la cremallera del todo, dándole un poco de libertad al torturado miembro.
—Otoya yo…—. Mordió levemente su cuello, mientras sus manos volvían a acariciar su vientre y pecho. — Dios, si supieras…
—Tokiya…
Juntaron sus labios, besando húmedamente. Tokiya hizo a su compañero darse la vuelta y quedar de frente, arrinconándolo contra el espejo, besándolo con voracidad.
—Perdonen, ¿Necesitan ayuda?
La voz de la chica rompió la magia del momento, haciendo que se separasen instintivamente. Tokiya se apresuró a salir del probador, sonriendo lo más formal que podía.
—Perdón, la cremallera se había atascado.
La chica lo miró de arriba abajo con una ceja alzada.
—la cremallera, ya… Bueno, si necesitan ayuda…
La dependienta volvió a colocarse en el mostrador, ojeando una revista y Tokiya bajó la mirada, extrañado, descubriendo la brutal erección que abultaba en sus pantalones.
Al cabo de unos segundos salió Otoya del probador, con cara de pocos amigos.
—Entonces, ¿Te han gustado?
El pelirrojo miró Tokiya con el ceño fruncido y pasó de largo, dejando los pantalones sobre la primera estantería que vio, saliendo a la calle sin siquiera decirle adiós a la chica.
Llevaba ya unos metros andados, sin esperar a su acompañante, cuando éste se puso a su lado.
—Otoya, ¿No vas a esperarme?
No hubo respuesta.
— ¿Otoya? Respóndeme, ¿Por qué no me has esperado?
Sin respuesta.
— ¿Acaso estás enfadado?
— ¡¿Qué si estoy enfadado? ¡Claro que estoy enfadado! ¡Estoy más que cabreado!
—Pero ¿Por qué?
— ¿Cómo qué por qué? ¿Por qué has tenido que hacer eso en un lugar como ese?
—Bueno, parecía que tú también te morías de ganas…
— ¡Claro que me muero de ganas Tokiya! Pero… ¿Por qué has tenido que hacerlo ahí? ¿Es que no piensas las cosas antes de hacerlas? —. El otro escuchaba la retahíla de quejas sin decir nada, con la mirada fija en su compañero. — Es solo que… ¿No podrías hacerlo en otro sitio? Tokiya yo lo que intento decir es que…
—Toma.
Extendió el brazo, alargando una bolsa de papel con el nombre de la tienda que acababan de visitar escrito en él. Otoya abrió los ojos con sorpresa y miró con extrañeza a su compañero.
—Vamos, cógelo.
Agarró la bolsa y miró en su interior, donde encontró una pieza de ropa que le resultaba extremadamente familiar.
— ¡Tokiya! ¿Pero por qué lo has…?
—No tiene importancia, te quiero Otoya, quiero que sepas lo importante que eres para mi y que bueno… Anímate, no quiero verte triste.
—Eres… Eres idiota.
El pelirrojo se lanzó a abrazar a su amigo, compañero y amante, estrechándolo con fuerza.
—Yo… también te quiero Tokiya y yo…—. Se separó un poco de él, para poderlo observar más atentamente. — El otro día, lo que quise decir es que…
El sonido del claxon del coche que los venía a recoger los sacó de aquella atmosfera rosa que parecía haberse formado a su alrededor y Otoya se apresuró a dirigirse al coche, mientras Tokiya lo seguía muy de cerca.
— ¿Qué estabas apunto de decir?
—No sé de que me estás hablando…
— ¡Ei! ¡No! No es justo, ibas a decírmelo, ¡Otoya!
El pelirrojo subió al coche, cerrando la puerta mientras sonreía burlonamente hacia su compañero. Deberían aprovechar al máximo aquellos momentos, pues en breves se iba a desencadenar todo lo que iba a decidir su futuro como estrellas y no tendrían tiempo de tontear de aquella manera.
¿Qué os ha parecido?
Sé que no hay lemon entre Tokiya y Otoya (que yo sé que lo deseáis, soñáis con ello y esas cosas) pero os he obsequiado con un lemon infiltrado al menos XD ¿Os ha gustad ese breve RenxMasato?
Bueno, corderitas mías, espero leeros muy pronto,
¡Saludos!
