Mis dulces amores, estoy de vuelta del inframundo…
Tras unos desesperantes días sin inspiración hoy por fin, en la ducha mientras lavaba mi hrmosa cabellera roja (LOL) mi cabeza implosionó y fui transportada al maravilloso mundo del Yaoi, dónde me recibieron sus hordas de bishies dispuestos a cualquier cosa por inspirarme y aquí estoy por fin, con la conti del capi :3
Como no he podido contactar con mi beta reader para que me corrija y mañana por la mañana me voy de viaje otra vez a otro pueblo de Gremany… no quería dejaros más tiempo sin conti así que no sé como estará de faltas XD pero en cuanto ella m lo revise lo re-subiré ^^
Gracias a tod s los que me comentáis y perdón si no he contestado algún rr, que a veces se me va la olla y creo que lo he hecho pero solo en mi mente XDD aún así mil gracias por vuestro apoyo, sois mi fuerza para seguir con estas historias, eso y escribir a estos teniendo sexo lol XD
Bueno, dejo de desvariar… espero que os guste el tan esperado capi :3
Estaba prácticamente al borde de una taque de nervios, desde la noche anterior no conseguía pegar ojo. Su cabeza era una maraña de pensamientos y su estomago un nido de todas las clases de mariposas habidas y por haber, el nerviosismo seguía expandiéndose poco a poco por su cuerpo hasta llegar a su garganta, donde se había formado un nudo peor que el de los cables de su iPod.
En comparación con el resto de componentes del grupo, que parecían la mar de tranquilos y en su salsa, él era como una bomba preparada para estallar en cualquier momento.
Dio un pequeño traspié al equivocarse en uno de los pasos y tropezó con Syo, haciendo que ambos cayesen al suelo.
— ¡Geez! ¡Otoya! ¿Qué te pasa hoy? Hasta hace unos días bailabas perfectamente…
El profesor negaba con la cabeza mientras los demás los ayudaban a ponerse en pie.
— ¡L-lo siento! Estaba un poco distraído… no se volverá a repetir…—. Se ponía en pie mientras sacudía su ropa.
— ¡Mas te vale! Vuestra gran noche es dentro de tres días, si para entonces no consigues centrarte de nuevo va a ser un desastre, ¡No quiero ni pensarlo!
El corazón del pelirrojo dio un vuelco al escuchar esas palabras. Estaba en lo cierto, hasta hacía unos días conseguía seguir los pasos de baile casi instintivamente, pero cuanto más cerca estaba el día de la actuación, más torpe parecía volverse su cuerpo.
Se llevó la mano derecha a la boca y mordió nerviosamente la uña de su dedo pulgar. Aquello no podía estar pasando, ¡Deseaba tanto ser cantante! No podía dejar que los nervios estropeasen sus sueños de aquella manera.
—Chicos, v-vamos a hacer un descanso, ¿Vale?
Syo, intuyendo la pesada atmosfera que se había formado en aquella sala, trató de poner un poco de calma.
—Está bien, os doy media hora de descanso, ni un minuto más ni un minuto menos, después seguiremos con el ensayo.
El hombre que se encargaba de enseñarles la coreografía desapareció por la puerta con aire tranquilo, dejando a los jóvenes en la sala de ensayo que habían dispuesto para ellos.
Otoya se retiró hacia una de las banquetas y se dejó caer, rendido. Sus gemelos palpitaban y sus pies dolían pero nada podía compararse al dolor que sentía en su orgullo y consciencia. No solo estaba entorpeciendo su propio sueño, sino el de todos sus compañeros.
No podía hacerles aquello, después de todo estaban contando con él y tenía que corresponder esa confianza depositada.
Se recostó hacia delante, apoyando los codos sobre sus piernas, tenía que encontrar una maldita forma de calmarse.
— ¿Estás bien?
No el hacía falta alzar la vista para saber a quien pertenecía aquella voz, aquel tono tan melodioso solamente podía ser de Tokiya.
—Si… supongo que si, sólo un poco frustrado.
Otoya alzó la vista mientras sonreía ampliamente, una sonrisa forzada cabe decir.
Su compañero tomó asiento a su lado y acarició sus cabellos, despeinándolos, mientras miraba al frente, sin fijar su vista en el pelirrojo.
—Idiota… Pensé que ya te lo había advertido, no sonrías cuando estés triste.
El menor se sonrojó y apartó la mano del otro delicadamente.
—E-estoy todo sudado, es mejor que no me toques…
Tokiya sonrió socarronamente y le dio unas palmadas en la espalda.
—Deja de preocuparte tanto, ahora lo importante es que recuperes toda la energía que sueles tener.
Otoya se giró a mirar a su compañero, que lo observaba intensamente.
Ese era otro de sus mayores problemas, por si no tuviese bastante con todo su nerviosismo, Tokiya había decidido volverse diez veces mas atractivo de lo que ya solía ser. El mismo aire que lo rodeaba parecía ser diferente al del resto del mundo y eso no ayudaba en nada a que Otoya se calmase.
No era como si estuviese deseando agarrarlo y empotrarlo contra la pared, besarlo, lamerlo y todo es tipo de cosas, para nada, seguramente todo se debiese a otra cosa. La cuestión era averiguarla.
—C-claro, no te preocupes, en nada volveré a ser el mismo de siempre, esto no puede durar mucho.
Tokiya no dijo nada más y se levantó de la banqueta sonriendo, dispuesto a dejar tranquilo al pelirrojo, pensando en sus cosas.
—Oh, antes de que se me olvide.
— ¿Eh?
El mayor se puso de pie delante de él tapando la visión de lo que allí ocurría.
Se inclinó un poco y besó suavemente al pelirrojo, pillándolo por sorpresa.
—¡T-Tokiya! ¡¿Qué…?!
El sorprendido Otoya perdió el equilibrio, cayendo estrepitosamente de la banqueta.
— ¿A qué jugáis chicos? —.Ren apareció por detrás de Tokiya, apoyándose en su hombro. — Parece divertido, ¿Me puedo unir?
— ¡¿Qué?! —.Otoya los miraba a ambos desde el suelo, completamente rojo y agitado. — ¡N-no jugábamos a nada!
Tokiya se echó a reír, mientras le tendía una mano al pelirrojo. Otoya le giró la cara fingiendo un puchero y no aceptó su ayuda, levantándose por si mismo.
— ¡Bueno chicos, el descanso se ha acabado!
Por la puerta entró el profesor con las pilas totalmente recargadas, dispuesto a retomar el duro entrenamiento.
Otoya caminó decididamente hasta el lugar que le correspondía ocupar durante el baile, aunque ahora algo en su mirada había cambiado, en ella se podía ver aquel brillo especial que tanto lo caracterizaba, o al menos eso pensó Tokiya.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
La sesión de ensayos había transcurrido sin ningún otro incidente. Otoya había conseguido dominar sus nervios y Ren al fin retuvo todas sus hormonas en su sitio para suerte del pobre Masato.
Ahora Otoya estaba sentado en la silla d su escritorio, recostado sobre la mesa, descansando un poco puesto que les habían avisado de que hoy mismo iban a hacer una revisión de sus trajes por si hubiese que retocar algo.
Podía escuchar el sonido del agua caer a lo lejos, Tokiya se estaba duchado.
El pelirrojo agarró la toalla que había alrededor de su cuello y se frotó los cabellos a desgana, tratando de secarlos lo antes posible ya que las gotas de agua que caían por su nuca le resultaban demasiado molestas.
El sonido de la puerta del baño al abrirse le hizo dar un pequeño brinco de sorpresa y fijar su atención en la persona que acababa de salir por ella.
Tokiya salía del baño con el cabello aún completamente mojado, chorreado agua sobre todo su torso descubierto, ya que lo único que cubría su cuerpo era una toalla enrollada a su cintura.
Otoya tragó saliva y se quedó observando aquel cuerpo que parecía haber sido moldeado en marfil. Empezó por sus piernas, delgadas pero bien formadas y masculinas, continuó hacia arriba, donde se entrevía el hueso de la cadera de Tokiya, aquella zona debería estar prohibida al ojo humano, era demasiado pecaminosa… Su ombligo, sus abdominales, su pecho, su cuello, sus labios…
El pelirrojo tuvo que apartar la mirada bruscamente puesto que la temperatura a su alrededor estaba empezando a aumentar por momentos.
— ¿Pasa algo Otoya? —. Se secaba el pelo con una toalla mientras que con la otra mano abría el armario para buscar ropa limpia.
—Oh, no, no pasa nada, tranquilo, solo estaba distraído…
Tokiya dejó ir una risita y se acercó un poco a él.
— ¿Distraído mirándome con la boca abierta?
— ¡No estaba con la boca abierta!
Otoya le había dado la vuelta a su silla giratoria, encarando a Tokiya.
Un segundo después, al darse cuenta de que había caído de pleno en la tetra de su compañero se volvió a dar la vuelta, evitando la sonrisilla autosuficiente que este mostraba.
—Tus orejas se han vuelto rojas.
—Cállate, Tokiya, idiota…
El nombrado se acercó un poco más al pelirrojo, pasando sus brazos a cada lado de su cabeza, apoyando las manos sobre la mesa del escritorio.
—No pasa nada por mirar, ¿Sabes? Al fin y al cabo es tuyo… También deberías tocar.
Tokiya se despegó de su compañero, agarrando la silla y obligándolo a dar la vuelta para mirarlo directamente.
—N-no pienso hacer eso.
— ¿No?
Maldito Tokiya, era lo peor, se lo pasaba extremadamente bien torturándolo de aquella forma.
Otoya debía de admitir que se moría de ganas, pero ni por asomo iba a ceder ante su compañero.
El mayor lo miró fijamente a los ojos, con aquella expresión tan serena y madura que solía poseer, sin decir palabra alguna.
Era como un hechizo, el conjuro más poderoso sobre la tierra. Otoya no tenía ni una sola posibilidad contra él.
Tokiya se acercó lentamente a él, sin apartar su mirada de la suya, sin cambiar su rostro ni un ápice y juntó sus labios en un tierno beso. El pelirrojo sintió un escalofrío por todo su cuerpo, pero se dejó hacer, al fin y al cabo se sentía condenadamente bien.
Al parecer ser suave y delicado no entraba en los planes del mayor, ya que no dudó ni un instante en morder el labio inferior de Otoya, haciendo que este dejase ir un gemido ahogado de sorpresa, ocasión de Tokiya aprovechó para introducir su lengua en la boca contraria.
—T-Tokiya e-espera…mph…
—No…
Otoya trataba de huir de las feroces garras de su pareja, que parecía querer devorarlo enteramente y sin dejar rastro alguno. El beso se iba intensificando al igual que el calor que sentía el pelirrojo por todo su cuerpo. Mordía sus labios, los succionaba y lamía lascivamente. Otoya, por más que tratase de escapar de aquella pasión no podía, su compañero se había encargado de agarrarlo firmemente impidiéndolo. Solo podía luchar contra la resbaladiza lengua de Tokiya, que se afanaba en enredarse con la suya.
Sus alientos chocaban a cada breve separación que sus bocas tenían, calientes y ansiosos.
—Dios, no puedo más—.Tokiya se apartó un poco de su compañero, haciendo que este pudiese comprobar la erección que la toalla marcaba. —Otoya…
El pelirrojo la miró mordiéndose el labio, sintiendo como su propia entrepierna empezaba a dar guerra.
—Tokiya…
Las manos del menor se movieron lentamente hacía el cuerpo contrario, primero rozando el borde de la toalla con la yema de sus dedos, después pasó a agarrarlo, dispuesto a retirarla de allí, quitándola del camino.
Dio un firme tirón de aquella molesta pieza de tela, arrancándola de la cintura de Tokiya, ahora por fin era suyo.
— ¡Chicos! Prueba de trajes, os quiero fuera dentro de cinco segundos.
Ambos se quedaron mirándose entre si para después a mirar la puerta, completamente perplejos.
—Esto no puede estar pasando de verdad…—.Tokiya agarró la toalla del suelo y se la recolocó en la cintura. —Ve saliendo tu primero… yo tengo que darme una dicha fría… congelada quizás.
Otoya se quedó allí sentado como un lelo.
No podía ser, no era verdad… ya lo tenía, ya casi era suyo… y ahora…
Suspiró y se levantó lentamente, como su le hubiesen puesto un saco de arena colgando a la espalda. Dio gracias a que él al menos no iba a necesitar esa ducha fría y salió, mirando con los ojos entrecerrados al culpable de su desdicha.
— ¿Y Tokiya? —. Ringo-sensei lo miraba con una amplia sonrisa.
—Él… um… está acabando de ducharse, no creo que tarde demasiado.
— ¡Geez! Ya os dije que tenías que ser rápidos, los modistas nos están esperando, ¿Se puede saber que habéis estado haciendo para entreteneros?
Otoya miró disimuladamente para otro lado, evitando el contacto visual con su profesor.
—Um… ¿Los demás aún no están aquí?
—Oh bueno, os he venido a buscar a vosotros primero, ¿No estás contento de que tu sensei venga por ti antes que nadie?
El hombre guiñó un ojo de manera encantadora mientras el pelirrojo suspiraba, maldiciendo su suerte, por una vez le hubiese gustado ser el último.
Tokiya no se hizo esperar mucho más y salió de la habitación ya totalmente vestido y preparado, con cara de muy pocos amigos.
Sin esperar más fueron a buscar al resto de sus compañeros que ya estaban completamente listos para ponerse en marcha.
En cierta manera era una situación emocionante, eran muy pocas las veces que salían de la academia y aquella vez era algo especial, ya que iban a ir a hacer la prueba final de sus trajes, los que iban a llevar durante su gran actuación.
Pasaron por todos los dormitorio de sus compañeros, incluyendo el de Nanami, puesto que también debían hacer algunas ultimas pruebas de sonido.
La furgoneta los esperaba fuera de la academia y todos estaban exaltados por toda la situación.
Syo se mordía las uñas compulsivamente, Masato aparentaba estar totalmente calmado pero el tic nervioso en su pierna no decía lo mismo, Ren no paraba de juguetear con su pelo y deshojaba rosas, Nanami no paraba de hablar, pidiendo perdón cada vez que se daba cuenta de que estaba hablando demasiado y Natsuki por su parte… bueno, seguía siendo Natsuki.
Otoya miraba fijamente por la ventana cual perrito sacan por primera vez de paseo en coche.
—Trata de calmarte, solo van a probarnos los trajes…
—P-pero ¡Es realmente emocionante Tokiya! ¿No estás nervioso?
—Para nada…
—No mientas Tokiya, no has arado de tamborilear los dedos todo el rato y estás de por humor que de costumbre.
Ren se había asomado detrás de ellos, sobre sus asientos, con una gran sonrisa burlona.
— ¡¿Qué?! ¿De qué estás hablando Ren? ¿Te has vuelto un acosador acaso?
—No, solo me gusta tener bien vigilados a mis preciosos compañeros.
El rubio depositó un beso en la mejilla de Tokiya que lo dejó congelado mientras el resto estallaban en carcajadas.
Después de todo el famoso ex idol estaba tan nervioso como el resto y saber eso tranquilizaba a Otoya, que alguien tan tranquilo y sereno como Tokiya estuviese nervioso en esa situación l ayudaba a comprender que era imposible tener nervios de acero ante su inminente debut.
La furgoneta finalmente aparcó frente al polideportivo donde iba a tener lugar el gran espectáculo y por fin bajaron del vehículo.
Era un edificio enorme e imponente, casi quitaba el aliento con solo mirarlo desde su altura.
—Vamos chicos, ¡No os quedéis ahí parados! Tenemos muchas cosas por hacer.
Ringo-sensei les llamó la atención y los hizo aligerar el paso, guiándolos al interior del edificio, justo hasta el camino que les tocaría ocupar el día de la actuación mientras Nanami se iba con el director y varios técnicos d sonido.
Era una sala modesta pero acogedora, donde cabían perfectamente los seis, un poco estrechos quizás, no necesitaban nada más.
Todo y que nada más era una prueba ellos ya podían sentir la adrenalina recorriendo sus venas a toda velocidad.
Alguien llamó a la puerta y seguidamente un grupo de hombres y mujeres entraron con una gran percha como las que se solían ver en las tiendas para colgar la ropa, en ella pendían varios trajes blancos.
Sin perder ni un segundo los separaron un poco unos de otros para tener espacio donde maniobrar y los hicieron desnudarse a excepción de su ropa interior.
Otoya repentinamente sentía una enorme vergüenza ante la idea de "desnudarse" allí en medio, delante de todos. Miró a su alrededor y observó como todos los demás ya lo estaban haciendo sin rechistar.
—Encanto, no tenemos todo el día.
Un hombre se cruzaba de brazos delante de él, esperando a que s quitase la ropa de una maldita vez.
—Venga Otoya, no seas tímido, estoy completamente seguro que no veremos nada que no hayamos visto ya.
El pelirrojo fulminó con la mirada a Tokiya, a la vez que este lo miraba con una sonrisa burlona.
Inmediatamente comenzó a despojarse de sus ropas con furia, mientras sentía la mirada de su compañero clavada en la nuca.
No estaba más decir que, si hubiese podido, Tokiya le hubiese clavado otra cosa.
—Vamos, sube aquí.
Uno de los modistos puso un taburete delante del chico, indicándole que subiese sobre él. Otoya obedeció y subió, quedando en posición perfecta para tomar medidas.
Mientras los hombres y mujeres trabajaban a toda velocidad midiendo su cuerpo se dedicó a observar a sus compañeros, que se encontraban en la misma situación que él.
De alguna forma aquello era un poco humillante, ya que sin verlo sabía perfectamente que Tokiya lo estaba observando de arriba abajo con su mirada gélida y profunda, además, saber que a menos de un metro se encontraba su compañero escaso de ropa… no era precisamente un factor que lo ayudase a relajarse después de lo ocurrido antes de que Ringo-sensei los interrumpiese.
—Bien, esto e perfecto, ahora vamos a pasar a probar los trajes, aunque dado que vuestras medidas prácticamente no han variado dudo que haya ningún problema…
Las prendas de ropa volaron por la habitación, ajustándose perfectamente al cuerpo de sus portadores, a decir verdad les sentaban como un guante.
— ¡Maravilloso chicos! Quedan mejor de lo que habíamos planeado en un principio, ¡sois verdaderos príncipes! ¡Príncipes de carne y hueso!
Los chicos se miraron entre ellos, asombrados de corroborar que aquellas palabras no eran vacías ya que al observar a los demás, corroboraban que, efectivamente, lucían como perfectos príncipes modernos.
Otoya experimentó una fuerte sensación de orgullo hacia el resto del grupo, se sentía honrado de formar parte de aquello, de aquel sueño que los había llevado a todos hasta allí.
Y estaba Tokiya… Tokiya simplemente era… Era un príncipe de verdad. El aura que lo rodeaba era totalmente diferente al resto del mundo. Tan tranquilo e indiferente, como si estuviese acostumbrado a todo aquello – que en pate debía estarlo dado su pasado- como si todo aquello fuese algo irrelevante y al salir de allí fuese a venir un carruaje real a recogerlo para llevarlo a su castillo.
— ¿Pasa algo? ¿Me queda mal?
Tokiya miraba algo confuso a Otoya, que sin darse cuenta se había quedado mirándolo fijamente.
— ¡¿Qué?! ¡De ninguna manera! ¡Te queda demasiado bien! —. E modista que se había encargado de Tokiya gritaba exaltado ante tales preguntas. — ¿Verdad que si?
— ¿Qué? Oh, si… te sienta muy… muy bien Tokiya…
El nombrado suspiró y sonrió satisfecho.
A partir de ese momento todo fue sobre ruedas, tal y como estaba planeado que fuese así que pudieron volver antes de que anocheciera a la academia.
La furgoneta los volvió a dejar en la entrada del edificio y se retiró.
— ¡Ha sido realmente emocionante! — .Syo revoloteaba entre sus compañeros, agitado y ansioso por la gran experiencia. — ¡No puedo creer que en apenas un par de días ya vayamos a salir al gran escenario!
—Si, pero también ha sido agotador… Me muero por llegar a mi habitación y dormir…
Todos secundaron la idea de Ren y se despidieron, retirándose a sus respectivos dormitorios.
Tokiya y Otoya entraron a la habitación, prendiendo la luz. El pelirrojo se apresuró a lanzarse contra su cama.
—Buf… estoy agotado…
Tokiya se rio y se sentó a su lado acariciando su cabellera de fuego.
—Es bueno ver que vuelves a ser el mismo de siempre, es reconfortante…
Otoya sonrió ampliamente y rodó sobre si mismo, quedando boca arriba.
—Si… creo que las cosas por fin marchan bien.
—Bueno, podrían ir mejor.
El pelirrojo giró la cabeza un poco, mirando confuso a Tokiya.
— ¿A que te refieres?
El mayor sonrió y se colocó sobre él, recostando todo su peso sobre el cuerpo de Otoya.
—Me refiero a que podríamos continuar con lo de antes.
—T-Tokiya…
El mayor no dijo nada, simplemente mantuvo su sonrisa picara en el rostro y procedió a besar y lamer el cuello de Otoya.
—Ah…
El cuerpo del pelirrojo se sacudía levemente, apenas sin fuerza, dejándolo totalmente indefenso ante un lujurioso Tokiya, que se moría por devorarlo en su totalidad.
Se sentía inquieto, no podía controlar los impulsos que sentía y había estado sintiendo todo el día, necesitaba aquello, y lo necesitaba ya.
—Oye Otoya… vamos a acabar con esto de una vez por todas y…
Se quedó sin palabras cuando al separarse un poco del cuerpo ajeno observó que su compañero había quedado profundamente dormido.
Suspiró con resignación.
—Que le vamos a hacer…
Despojó al pelirrojo de sus zapatos y lo acomodó en la cama, tapándolo con una sabana mientras el mismo se tumbaba a su lado.
—Buenas noches Otoya…
Depositó un beso en la frente del chico que dormía con cara de bobo, totalmente ajeno a que había dejado a su querido compañero con la bandera izada una vez más.
—Lo que aguanto por amor…
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No se lo podía creer. Er increíble pero ahí estaba, ya había llegado, aquel era el día, su gran día.
Dado la importancia de los acontecimientos todos faltaron a sus clases para prepararse.
En aquel enorme edificio de nuevo los chicos subieron por primera vez al escenario, haciendo las últimas pruebas de sonido, iluminación y baile. Todo debía ser perfecto, nada podía fallar, aquí se la jugaban, o todo o nada.
Por fin, a apenas unas horas para el gran debut tuvieron un bien merecido descanso, en la habitación que habían dispuesto para ellos.
Todos se sentaron, repartidos por la sala, Ren y Syo ocuparon el pequeño sofá, Masato se reclinó sobre uno de los tocadores y Tokiya e Otoya se sentaron sobre la mesa, Natsuki por su parte, tras una ardua pelea, consiguió levantar a Syo del sofá y ocupar su sitio, obligándolo a sentarse sobre sus piernas.
— ¿Quieres que hagamos lo mismo Hijirikawa? —. Decía Ren mientras daba unas palmadas sobre su regazo.
— ¡N-ni lo sueñes Jinguuji!
—Pero Masato-kun parece tener ganas de hacer lo mismo…
Natsuki ponía cara de no darse cuenta de lo que realmente había dicho, incluso pareció inmune a la mirada de fuego de Masato.
— ¡Cállate Natsuki! Ni yo mismo estoy haciendo esto por gusto…
— ¿Eh? Pero Syo-chan no ha peleado mucho…
Después de que el pequeño descargase una lluvia de gritos y quejas el ambiente quedó relajado, ahora todos sonreían silenciosamente, con sus mentes ocupadas en la experiencia que estaban a punto de vivir.
Otoya sentía su corazón desbocado, tan acelerado que creía que en cualquier momento saldría disparado por su boca.
Sintió un roce cálido en su mano y se giró sorprendido. Tokiya, sin dejar de hablar con los demás como si nada, había entrelazado sus dedos con firmeza, transmitiéndole toda su seguridad y determinación.
Otoya se sonrojó un poco, pero sonrió y se tranquilizó, uniéndose a la animada charla de sus compañeros.
Unos golpes en su puerta les hicieron parar su charla y prestar atención a las personas que acababan de entrar.
—Bueno chicos, sabemos que vuestro descanso ha sido breve, pero ya va siendo hora de prepararos, ¡solo faltan tres horas y tenemos que convertiros en príncipes!
Todos asintieron con nerviosismo y se levantaron, dejándose manejar por sus estilistas, que ponían todo su empeño en que los trajes quedasen perfectos, no podía haber ni una sola arruga, ni una mancha… perfectos.
—Ahora pasaremos a un poco de maquillaje, ¡algunos tenéis unas ojeras horribles!
Otoya se sonrojó al sentirse identificado, ya que llevaba días sin pegar ojo y seguro debía de reflejarse en su cara.
Pasaron a sentarse por turnos en los tocadores, mientras los maquilladores se ponían manos a la obra en su arte.
—Parece que ya va siendo hora… necesitamos que vayamos moviéndoos al pasillo del backstage, desde allí ya os avisarán cuando os toque salir, nuestro trabajo ya está echo así que… adelante, ahora os toca a vosotros.
Todos salieron del camerino improvisado y se despidieron de la gente que se había encargado de que aquella noche luciesen increíblemente principescos.
Caminaban con decisión, pero los nervios se podían mascar en el amiente con facilidad.
Tokiya aminoró un poco el paso, quedando a la altura de Otoya, que estaba el final del todo.
—Vamos, no decaigas ahora, necesito tu entusiasmo.
—E-es fácil decirlo para ti, ya has actuado otras veces para un publico pero yo…
Lo hizo detenerse, arrinconándolo contra la pared.
—Escucha…—. Agarró su cabeza con delicadeza, haciendo que la apoyase sobre su pecho, que estaba parcialmente descubierto por el traje que llevaba. — ¿Puedes oírlo? Estoy casi más nervioso que tú.
Otoya se sonrojó ante esa acción, pero puso atención a los latidos del corazón del mayor, los cuales eran rápidos y fuertes, justo igual que los suyos propios.
—Pero… ¿Cómo? No pareces nervioso para nada.
Tokiya sonrió burlonamente y se separó de Otoya, tomándolo de la mano.
—Eso es porque… si vieses que yo también estoy nervioso si sería un desastre.
— ¡Tokiya! ¡Ni hablar! No voy a dejar que me ganes, voy a darlo todo allí arriba.
El nombrado sonrió y no dijo nada, simplemente empezó a andar de nuevo, sin soltar la mano del pelirrojo.
Se reagruparon de nuevo, quedando los últimos para que nadie se diez cuenta de que iban cogiéndose de la mano. Tokiya podía notar como la mano de Otoya temblaba nerviosamente, asimismo como sudaba ligeramente.
Se sentía un poco mal al saber que ni con esas era capaz de conseguir calmar del todo al chico, era su amante y no podía hacer ni siquiera eso por él, apoyarlo cuando más lo necesitaba.
El grupo de chicos siguió caminado por aquel largo pasillo, a medida que avanzaban eran capaces de escuchar con más claridad el alboroto que el publico estaba armando allá afuera.
Inconscientemente Otoya retrocedió un poco y Tokiya apretó su mano con fuerza, obligándolo a seguir.
—Cinco minutos y entráis.
Uno de los hombres que había por allí los avisó y la emoción y los nervios incrementaron entre ellos, pro también las ganas de salir y pasarlo en grande.
A lo lejos, mientras se preparaban para salir, pudieron ver a Nanami, que los esperaba con una amplia sonrisa.
—Chicos, entráis al final de la cuenta atrás.
— ¡Mirad! ¡Es Nanami!
Otoya soltó furtivamente la mano de Tokiya, corriendo en dirección a la chica, chocado las manos con ella a modo de ánimo para salir.
El mayor hizo el gesto de detenerlo, pero el pelirrojo había sido más rápido que él.
Uno a uno, l resto de chicos corrieron hacia ella, chocado sus manos, hasta que llegó el turno de Tokiya.
¿Por qué?
¿Por qué Nanami si había conseguido calmarle?
¿Por qué él no había sido capaz de eso?
¿De verdad Otoya cría que sus sueños se cumplirían estando junto a ella?
¿Por qué había corrido desesperadamente hacia ella nada más verla?
¿Por qué?
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La actuación había sido un éxito, todos habían deslumbrado al publico, ganándose su corazón desde el primer momento que pisaron el escenario.
Ahora todos corrían para salir de allí, entre los apabullantes aplausos y gritos de sus admiradores.
—Eso ha sido tan… wow, ni siquiera tengo palabras para describirlo…
Syo trataba de recuperar el aire como podía mientras alguien que no conocía le pasaba una toalla y agua.
—Si… ¿Qué puedo decir? Esto supera todas mis expectativas.
Ren se sentaba de manera casual en una silla de las que había en el backstage.
— ¡Increíble! ¡Realmente increíble! ¡Podría hacerlo cien veces más!
—Cállate Otoya, no vayas de listo, tu eres el que más nervioso estaba…
Le decía Ren mientras movía su mano para negar.
— ¡Tan cruel Ren!
El rubio le guiñó un ojo a modo de respuesta y Otoya hizo un puchero en protesta.
— ¡C-chicos! ¡Habéis estado increíbles!
Nanami apareció muy agitada y emocionada, casi tanto como ellos.
— ¿Nos viste Nanami? —. Otoya s apresuró a acercarse a ella, lleno d emoción.
La chica asintió con la cabeza enérgicamente mientras agitaba sus brazos con nerviosismo.
— ¡Jamás me lo perdería! ¡Era vuestra gran noche!
—Pero sin ti no hubiese sido posible… gracias de corazón Nanami… y creo que no hablo solo por mi.
—Otoya…
La chica se sonrojó un poco ante tal reconocimiento pero después sonrió dulcemente, como solía hacer.
—Lo siento, tengo que comprobar mi móvil, enseguida vuelvo…
— ¿Eh? ¿Tiene que ser ahora Tokiya? ¡Tú siempre igual!
El mayor no hizo caso de las protestas de Syo, simplemente necesitaba alejarse de ellos por un momento al menos. No podía soportar ver a Nanami y Otoya juntos, eran tan sinceros y cálidos los dos… cualquiera pensaría que eran la pareja ideal… no como él y Otoya… él ni siquiera había sido capaz de ahuyentar los nervios del chico cuando este tanto lo necesitaba.
Sacudió su cabeza y se dirigió hasta la sala donde habían estado antes de todo el follón, donde se habían preparado para todo aquello. Entró y cerró la puerta, recostándose contra la pared y dejando que su cabello cubriera su rostro.
No quería aquello, no quería volverse una estrella a cambio de entregar lo más precioso que tenía, no podía permitirlo. Se pasó la mano por la frente, tratando de calmar un poco sus ánimos.
Se sobresaltó un poco al escuchar la puerta abrirse a su derecha, girándose rápidamente a observar quien estaba molestándolo.
— ¿Tokiya?
Las luces estaban apagadas, pero aún así estaba lo suficientemente iluminado como para ver que era Otoya.
—Ah… Eres tú.
— ¿Ocurre algo? Pareces… triste.
Vaya, aquel atolondrado era mas listo de lo que dejaba entrever.
—Mph… nada de lo que debas preocuparte.
— ¿Eh? —. Otoya puso los brazos en jarra y se acercó a su compañero, poniéndose frente a él. —Claro que me preocupo si no te veo como siempre.
—Jeh… No te preocupes por tonterías… Más bien preocúpate de hacerte responsable de haberme seguido hasta aquí.
— ¿Eh?
Tokiya, en un rápido movimiento intercambió sus posiciones, arrinconando a Otoya contra la pared y aprisionándolo con su cuerpo.
—Siguiéndome hasta aquí… una habitación donde solo estamos tú y yo…
El menor se lo quedó mirando con los ojos como platos en cuanto comprendió el significado de esas palabras, sonrojándose.
—P-pero Tokiya… podrían venir en… ah…
El otro no estaba dispuesto a discutir aquello y lo demostraba atacando el cuello del menor con su boca, mordiéndolo y succionándolo.
—T-Tokiya… ¡Escúchame! He d-dicho que podrían venir en cualquier moment—
El nombrado pasaba de los débiles intentos de su compañero por zafarse, buscando sus labios y apoderándose de ellos con voracidad, besándolo profundamente, con hambre.
Se separó al poco rato, mordiendo su labio inferior, haciéndolo gemir.
—No… Para…
—Ni lo sueñes.
Sus manos se deslizaron hasta el interior de los muslos de Otoya y los acarició sensualmente, provocando que éste se estremeciera por el contacto en una zona tan sensible. Su mano continuó moviendo hasta rozar su entrepierna.
— ¡T-Tokiya! No podemos… no aquí espera a que…
— ¿Esperar? ¿Más? No puedo, no me pidas cosas imposibles cuando consigo tenerte así…
Volvió a besarlo, muy sensualmente, introduciendo su lengua n la boca de Otoya, volviéndolo loco de placer.
—Mnh… lo digo en serio…
—Tsk… hablas demasiado… en vez de eso, ¿Por qué no le das un mejor uso a tu boca?
Otoya no comprendió muy bien y miró con confusión a su compañero, que le devolvió una mirada lujuriosa y cargada de deseo.
Tokiya se apartó un poco de Otoya y levantó su camiseta, dejando entrever su vientre y ombligo, mientras desabotonaba sus pantalones y los bajaba un poco, mostrándole a su avergonzado amante su erección marcada en su ropa interior oscura.
— Vamos… ¿Me vas a dejar así?
Otoya miró a su compañero, quien tenía los ojos turbios y oscuros en aquel momento, la respiración agitada y ese lv sonrojo en su nívea piel.
—Y-yo…
—Bien, te ayudaré a decidirte…
Con suma delicadeza, el mayor puso su mano sobre la cabeza del pelirrojo, haciendo una lev presión para hacer que se agachase. Poco a poco, Otoya se fue arrodillando en el suelo, sin dejar de mirar ni un solo instante a Tokiya.
Ahora tenía el asunto n las narices, tragó saliva y lo observó con detenimiento. Habían sido apenas unos roces, pero el pene de Tokiya estaba tan duro como una piedra, parecía hasta doloroso.
El mayor, ahora que lo tenía agachado y arrinconado contra la pared s acercó un poco, dejando su erección aún más cerca del rostro de Otoya, quien se sobresaltó un poco.
— ¿A caso te da miedo mi chico?
El pelirrojo lo miró sonrojado y con los ojos ya perdidos en placer y lujuria, estaba claro lo que iba a pasar a continuación.
—Para nada…
Tokiya sonrió y llevó una mano a su ropa interior, bajándola y dejando salir su miembro, que tembló un poco al sr liberado de aquella tan molesta opresión.
—Entonces ya sabes que hacer…
Y lo hizo, vaya si lo hizo. Abrió la boca y se acercó lentamente mientras iba cerrando los ojos.
Se la metió en la boca y joder, joder, joder, estaba caliente, jodidamente caliente.
Chupaba y succionaba, subiendo y bajando, moviendo su escurridiza lengua n toda su longitud.
—Joder… lo haces tan bien…
Otoya miró hacia arriba sin dejar de chupar, observando la expresión de Tokiya.
Las fuerzas le habían fallado, así que ahora se apoyaba a la pared con sus antebrazos, a la vez que la frente. Tenía los ojos cerrados y se mordía el labio, su rostro estaba totalmente sonrojado. De golpe abrió un poco los ojos, viendo como Otoya lo observaba. Tokiya tenía los ojos entrecerrados, pero se podían ver los reflejos cristalinos causados por su excitación.
—Ya no puedo más…
El mayor agarró los cabellos de Otoya y lo hizo sacarse todo su miembro de la boca, haciendo un sonido húmedo muy tentador al interrumpir la succión.
Hizo que se pusiese de pie y lo besó apasionadamente, probando su propia esencia de la boca de su pareja.
— ¿Por qué tan violento Tokiya…?
—Estoy demasiado cachondo…
Puso de espaldas al pelirrojo, arrinconándolo contra la pared, acariciando sinuosamente todo su cuerpo, empezando por sus brazos descubiertos, continuando por su pecho, rebuscando hasta encontrar los pezones a través de la ropa.
—N-no Tokiya…
— ¿No? —. Susurraba cerca de su oído. —Pero tu parte baja me dic que si…
Su voz era ronca y aterciopelada, profunda, dejando claro que no iba a dejarlo escapar de allí hasta que no lo hubiese echo completamente suyo.
Consiguió escabullirse hasta llegar a su pantalón, volviendo a acariciar su excitación sobre la tela, haciendo gemir placenteramente a su compañero, que ya ni intentaba resistirse, rendido a las caricias que le eran proporcionadas.
Desabrochó su pantalón y deslizó sus manos dentro, agarrando su erección sobre la fina tela de su ropa interior, frotándola tortuosamente.
—N-no… Tokiya… así… no
— ¿Y como quieres que lo haga? —. Comenzó a bajar sus pantalones, hasta que cayeron al suelo, dejando las piernas del pelirrojo completamente a la vista. — Dime como lo quieres y lo haré…
—Pero eso… no puedo…
Tokiya siguió presionando sobre la erección de su compañero con su mano derecha mientras con la izquierda acariciada su muslo y trasero, apretándolo con fuerza con su mano libre.
—Entonces no lo haré…
Acercó su entrepierna hasta l trasero de Otoya, frotando su erección contra él. Dios, se podría correr solo haciendo eso.
—Quiero que me la toques… por favor Tokiya…. Yo… no puedo…
—Buen chico…
El mayor agarró el borde de los boxers, deslizándolos por las piernas de Otoya hasta que llegaron hasta las rodillas, fue entonces cuando decidió poner fin a la tortura del pelirrojo y cogió su miembro con suavidad, empezando a acariciarlo en un delicioso vaivén que hizo gemir a Otoya.
Su mano se movía de arriba debajo de aquella dura longitud, impregnándose con los fluidos que emanaban de ella, produciendo un sonido húmedo y escurridizo.
Las caderas de Otoya s movían por si solas, demandando más de aquel delicioso toque que su compañero le proporcionaba.
— ¿Q-qué estás…?
El pelirrojo se sorprendió al notar una mano intrusa acariciar por sitios poco decentes.
—Quiero metértelo…
— ¡¿Qué?! ¿Estás loco? A-alguien puede venir y nos va a pillar…
—No va a venir nadie, tranquilo…
—P-pero no has traído ningún preservativo, ¿No?
—No importa, prefiero hacerlo sin.
—P-pero…
—Cállate de una vez, hablas demasiado.
Tokiya escupió en su mano, ensalivando sus dedos abundantemente y volviéndolos a llevar hasta el trasero de su pareja, sin dejar de masturbarlo.
—N-no…
—Shhh…
El mayor deslizó un dedo entre las nalgas de Otoya, introduciéndolo en su cálido interior.
—T-Tokiya no… duele…
—Tranquilízate… sabes muy bien que luego te haré sentir genial.
Y Otoya lo sabía, lo sabía mejor que nadie.
Tokiya empezó a besar su cuello seductoramente mientras movía su dedo dentro y fuera, volviéndose loco, quería estar ahí dentro de una maldita vez.
Mordió el cuello de Otoya e introdujo un segundo dedo que lo hizo sobresaltarse, pero las continuas caricias de Tokiya sobre su miembro lo calmaban, haciendo que se concentras en el placer.
Sus dedos se movían dentro y fuera, en círculos, se abrían… toda esa serie de caricias y muchas más sucedían en el interior del pelirrojo, que ya no podía pensar en nada, se sentía demasiado abrumado por todas aquellas caricias repartidas por todo su cuerpo como para poder enfocar su mente en cualquier otra cosa.
—Voy a meterla ya…
—Vale…
— ¿Otoya?
Tokiya se sorprendió al escuchar esa tan clara afirmación del pelirrojo.
—Quiero tenerte ya Tokiya… No puedo esperar más, no es suficiente, necesito sentirte más…
El mayor sacó sus dedos del interior de su compañero con suma delicadeza. Volvió a humedecer su mano con su propia saliva, pero esta se dirigió a su miembro, lubricándolo ansiosamente.
Dirigió su erección hasta la entrada de Otoya, encajando el glande entre sus nalgas.
—Eres el mejor Otoya…
Rodeó el pecho del menor con sus brazos, posesivamente, mientras encajaba su rostro en el hueco del hombro de éste.
Sus caderas se movieron hacia delante, entrando muy lentamente en el interior de su pareja.
—Umh… joder, Otoya…
Su agarre pobre su pareja se hacía más estrecho y firme a medida que iba entrando en él, sintiendo que se derretía entre el calor que la carne le proporcionaba, succionándolo hacia l interior.
El menor se apoyaba contra la pared, sintiendo como su cuerpo era invadido por la dureza de Tokiya, tomándolo todo de él.
El mayor deslizó su brazo hasta poder rodear la cadera de su compañero con el, pudiendo así manejar mejor el cuerpo del otro para penetrarlo mas fácilmente.
De un último empujón acabó de meter todo su miembro.
— ¿Cómo te sientes Otoya…?
—Bueno… ya sabes… dame un minuto antes de…
—Tranquilo, no pienso moverme hasta que no me lo digas…
Los brazos de Tokiya temblaban sobre el cuerpo de Otoya, tratando de hacer acopio de todo su autocontrol para no arremeter contra la entrada de éste, intentando dejar que se acostumbras antes de hacerle el amor salvajemente.
—N-no te preocupes, estoy bien así que… puedes….
—Idiota…—. Tokiya empezó a moverse suavemente mientras besaba tiernamente el cuello de su compañero. —Te prometo que lo haré suave.
El cuerpo del mayor se movía en un suave vaivén, entrando y saliendo del interior de Otoya con toda la delicadeza que podía, sabiendo que aún permanecía un poco de dolor.
Era simplemente delicioso, después de tantas interrupciones inoportunas y dolores de cabeza conseguía tener al pelirrojo solo para él.
— ¿Aún te duele?
—No te preocupes por mi estoy… mnh… bien… así que…
—Te haré sentir bien…
Agarró el miembro de su compañero, acariciándolo mientras seguía penetrándolo suave pero constantemente, sin parar ni un segundo.
—Ah… Tokiya…
Aquellos suspiros y gemidos eran dulce música para sus oídos, podría pasarse la vida entera escuchándolos y no cansarse, jamás tendría suficiente de ellos.
Poco a poco, el ritmo de las estocadas fue aumentando y el dolor de Otoya disminuyendo, quedando solo el placer, el placer de sus cuerpos chocando, carne con carne. Sus frentes y cuerpos perlados en sudor, sus gargantas secas y sus voces roncas por la excitación.
—T-Tokiya… N-no puedo más… mis piernas… p-por más que lo intente no tienen fuerza para…
El nombrado enseguida se apresuró a parar sus embestidas y sacó su miembro del interior del pelirrojo.
— ¿Por qué has hecho eso? Yo solo…
Sin mediar palabra, Tokiya alzó a su compañero y lo llevó hasta el pequeño sofá, haciendo que recostase su espalda contra el y alzando sus piernas para colocarlas sobre sus hombros, creando un ángulo perfecto de penetración.
El pelirrojo se sonrojó y trató de escabullirse, pero Tokiya lo impidió, reafirmando el agarré sobre sus piernas.
—P-para Tokiya, esta posición… es demasiado vergon- ¡Ah!
Sus quejas fueron detenidas por el miembro de chico, que había vuelto a introducirse en su interior, arrancándole un gemido.
Sin dar tregua empezó a embestirlo rápidamente, haciendo que los gemidos no cesasen, Tokiya tampoco se contenía, apretaba los dientes y dejaba salir gemidos roncos de su garganta.
Se escucharon unos pasos acercarse a la puerta y Otoya enmudeció de golpe.
—T-Tokiya para, ¡Podrían entrar!
—Deja de ser paranoico, seguro que no vienen aquí.
—N-no Tokiya…
Unos golpes en la puerta.
—… ¿Chicos?
Otoya palideció al escuchar la voz de Nanami al otro lado de la puerta. Tokiya paró en seco y miró hacia la puerta sin sacar su miembro del interior del pelirrojo.
—Estamos cambiándonos, ¿Qué quieres?
—Em bueno…
— ¿Qué pasa Nanami?
Otoya se apresuró a hablar, dado que el tono tan seco y poco amigable debía de haber dejado cortada a la chica.
—Es que… Ringo-sensei y el director me han dicho que s ha organizado una fiesta por vuestro debut y quería preguntaros si vosotros también queríais venir, como tardabais tanto…
— ¡Claro que iremos solo dan…! ¡Ah!
— ¿Eh? ¿Te ocurre algo Otoya-kun?
—N-no, solo… ¡…!
—No te preocupes, Otoya solo se siente un poco mal.
Tokiya había empezado a embestir nuevamente al pelirrojo, mientras este cubría su boca con ambas manos, tratando de no dejar ir ni el más mínimo sonido.
—T-Tokiya… detente, no hagas esto…—. Susurraba lo mas bajo que podía, tratando de que la chica no oyese nada. — No quiero…
Tokiya chasqueó la lengua, molesto y abrió más las piernas de Otoya, profundizando las embestidas.
—B-bueno, entonces diré que los esperen… P-pero antes de irme me gustaría decir una cosa…
—Claro, lo que sea…
—T-Tokiya… si hacer que llore te juro que…
No hizo caso omiso, apoyó una de sus rodillas sobre el sofá, dejando reposar su peso sobre el cuerpo de Otoya, juntando mucho sus rostros mientras seguía penetrándolo salvajemente a la vez que lo masturbaba.
—Me siento muy feliz de haber podido hacer esto con todos vosotros… de verdad, gracias… jamás lo habría podido conseguir sin vosotros…
Otoya, quien ya no podía soportarlo más, mordió el hombro de Tokiya con fuerza a la vez que se corría, haciendo que todo su cuerpo sufriese pequeñas convulsiones de placer.
—Bueno… eso es todo… me retiro, estaré esperando junto a los demás.
Tokiya dio unas estocadas más contra Otoya y se corrió dentro de él.
La sala quedó en silencio mientras ambos trataban de recuperar sus alientos, agitados por la reciente actividad.
El mayor se movió, saliendo del interior de su compañero, provocando un quejido por parte de este.
— ¿Por qué? —. Hablaba sin mirarle, manteniendo su mirada en algún punto fijo de la habitación. — ¿Por qué lo has hecho?
— ¿A qué te refieres?
— ¡Lo sabes perfectamente! ¡Igual que sabías que ella podría habernos oído y aún así tú…!
—Otoya, cálmate…
— ¡No! ¡Eres…!
Tokiya trató de acercarse, pero Otoya le dio un manotazo, evitando que llegase a tocarle, sus ojos estaban cristalinos.
— ¡Jamás te perdonaré si haces algo para hacerle daño!
—Pero…
— ¡No! ¡Déjame! No quiero verte…
Tokiya dejó car su brazo pesadamente, sin fuerza y se dio la vuelta, dándole la espalda a Otoya y saliendo de la sala. Se apoyó sobre la puerta recién cerrada.
—Soy de lo peor…
Metió la mano en su bolsillo, palpando los dos billetes de tren que habían en el.
— ¿Qué tengo que hacer para tenerte conmigo para siempre?
No me matéis por favor, me necesitáis par arreglar este estropicio, tenedlo presente… ;_;
Os prometo que habrá conti… esto no acaba aquí ni mucho menos.
¡Nos leemos!
