ADOLESCENCIA DE UN ASESINO I:

EN LA TOSCANA.


Dedicado a: Dark-Karumi-Mashiro. ¡Gracias por betearme el primer capítulo! ¡Mucho éxito en tu escuela!


La luz de la Luna llena iluminaba el extenso territorio de Moulinsart.

Era medianoche; los habitantes de la fastuosa residencia Haddock yacían dormidos… Bueno, realmente no todos estaban dormidos.

No el joven de 23 años de edad que yacía sentado en el tejado de la mansión y con su Fox Terrier en brazos mirando justamente en dirección hacia el oeste… Hacia Estambul y de ahí, a Siria, a la antigua aldea-fuerte amurallada de Masyaf.

Los recuerdos inundaban la mente de un Tintin nostálgico y triste.

En una de sus manos sostenía un pedazo de papel que un mensajero y amigo suyo le había entregado hace unos instantes al aparecer frente a él en su habitación. El papel era una carta de Sofía Sartor, su madre adoptiva, en la cual le comunicaba una triste noticia: Que su padre adoptivo y Mentor, Ezio Auditore Da Firenze, había fallecido en la Piazza principal de su natal Florencia a los 65 años de edad víctima de una taquicardia, dejándola sola con sus dos hermanos pequeños, Flavia y Marcello.

Su muerte fue un duro y profundo golpe para el joven aventurero, quien había gritado de dolor al conocer la noticia.

Mientras tanto, dentro de la mansión, Michelangelo Fiorente, el joven mensajero, observaba con curiosidad la vasta biblioteca del estudio del capitán Haddock. Éste estaba muy preocupado por el estado emocional de su joven amigo; la muerte del legendario Mentor de la Hermandad había sido un golpe duro.

Tintin le había narrado varias vivencias al lado del Mentor como hijo adoptivo, la mayoría de ellas acontecidas en Masyaf, donde los Asesinos se habían instalado durante siglos. Escuchar sus relatos era para Haddock motivo de regocijo y, en pocas ocasiones, de envidia; aquél extraordinario y carismático personaje había completado la formación que inició aquella mujer polaca que fungía de su niñera en sus épocas de la infancia en Estambul al momento de adoptarlo como su hijo mayor.

El ver cómo evolucionaba en Masyaf y en Florencia era motivo de orgullo para el Águila de las Sombras.

Haddock sonrió quedamente.

¿Quién no querría ser el padre adoptivo de un joven como él, de altos valores que rara vez se encontraban entre los miembros de la rancia aristocracia y de poderosos ideales que guiaban sus pasos en el mundo? ¿Quién no querría ser el padre adoptivo de un joven que defendía a toda costa el libre albedrío del hombre?

Realmente Haddock sintió por un momento envidia de que Ezio le tendiera la mano a un hijo desterrado del mundo aristocrático y lo terminara de criar como si fuera propio junto con su mujer.

Y eso que Ezio también provenía de aquél mundo, sólo que con el agregado de poseer como herencia la membresía de su familia en la Orden durante generaciones.

Michelangelo, al observar el rostro de preocupación del pelinegro, se le acercó y le dijo:

- Comprendo que esté preocupado por él, señor Haddock. Todos en Florencia estamos preocupados por él y de luto por la muerte del Mentor. Realmente no sabíamos cómo lo iba tomar tras dos años de no haberle visto.

- Sí… Lo sé… Pobre muchacho. Se nota que lo amaba como si fuera su verdadero padre.

- Lo era, capitán, y de los mejores – interrumpió una voz.

Michelangelo y Haddock se volvieron.

Eran Tintin y Milú; Tintin tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar.

Michelangelo se acercó al joven periodista y le dio un abrazo.

- Lo lamento, mio amici – le decía mientras se separaba.

- Gracias.

- Grumetillo – decía Haddock mientras le daba también su abrazo de condolencia -, lamento mucho la muerte de tu padre. Si quieres, puedes traer aquí a tu familia. Aquí encontrarán muchas comodidades.

- Gracias, capitán. Michelangelo, ¿cuándo va a ser el funeral?

- Mañana por la noche en la Toscana.

- Bien… El capitán y yo iremos contigo ahora mismo.

Michelangelo asintió mientras que Tintin y Haddock fueron a sus respectivas habitaciones a cambiarse de ropa.


En su habitación, Tintin se puso de rodillas y sacó debajo de la cama una pequeña caja de cedro con la insignia de los Asesinos; aquella caja era un regalo que le había entregado Ezio antes de que el chico partiera de Florencia para iniciar su carrera como reportero en Bélgica.

La abrió y, haciendo caso omiso de los ladridos de Milú, sacó el contenido.

Era un brazalete. Para ser precisa, era la cuchilla oculta de doble hoja, el arma favorita de los Asesinos y la más eficaz para el asesinato a sigilo.

Tintin no usaba aquella cuchilla más que en casos estrictamente necesarios; en todos sus viajes y aventuras la llevaba consigo en la maleta por si estuviera en una situación sumamente apretada. Afortunadamente no había recurrido a ella ni mucho menos había matado a alguien con ella.

Varios recuerdos inundaron su mente de repente…

Varios de ellos vividos con su familia adoptiva.


::Flashback::

Viñedo Auditore, región de la Toscana. Primavera de 1922.

Era una tarde idílica en el hogar Auditore. Alex Auditore-Sartor, de 14 años, leía un libro con Sofía Sartor, su madre adoptiva y esposa de Ezio. Junto a ellos se encontraba Flavia, de dos de edad, y Marcello , de un año, ambos dormidos junto a su madre tras jugar todo el día con su hermano mayor.

Había pasado dos años desde que Alex llegó al Viñedo familiar a pasar por lo menos una temporada antes de irse nuevamente a Masyaf, Siria, para entrenar como Asesino. Sofía ya había sido informada de su llegada y le acogió como un hijo más en la familia.

Aquél recibimiento fue sin duda alguna el más cálido que había recibido Alex en su corta vida, y dichas atenciones y muestras de cariño familiar las pagaba con más atenciones de su parte hacia sus padres adoptivos en distintas formas.

Sin duda alguna ellos debieron haber sido sus padres, y no James y Sara Clayton.

James y Sara se preocupaban por el qué dirán; Ezio y Sofía tenían preocupaciones mucho más importantes que el qué dirá la alta sociedad o cualquier otro tipo de sociedad. James y Sara jamás pensaron más que en sí mismos; Ezio y Sofía le enseñaban a pensar en los demás y después en sí mismo.

Ezio les observaba desde lejos con una sonrisa; la llegada de Alex a sus vidas sólo provocó que su alegría aumentara. Flavia y Marcello tendrían a alguien por lo menos con quién jugar mientras llegaba el momento en que el chico de cabellos castaños rojizos se marchaba nuevamente hacia Masyaf, esa vez para iniciarse como Asesino.

Magda no se había equivocado al enviarle al chico; éste había demostrado que tenía sorprendentes habilidades de parkour en los tejados de la ciudad de Florencia. No cualquier niño de su edad era capaz de realizar proezas de parkour con la gracia de una gacela como Alex. El chico tenía una condición física excelente a pesar de su apariencia enclenque; tenía flexibilidad, rapidez y resistencia en las piernas sumamente desarrolladas, lo que le daría cierta ventaja sobre los demás novicios.

En silencio, se retiró del estudio y se dirigió al viñedo; no obstante, sintió como una mano tomaba la suya.

Se volvió y vio al preadolescente mirándole con una sonrisa.

- ¿Quieres que te ayude a recoger las uvas? - le preguntó el jovencito mientras tomaba una canasta.

Ezio asintió con una sonrisa y juntos, padre e hijo adoptivo, fueron al huerto a recolectar los frutos de la cosecha.

:: Flashback ::


- Tintin – le llamaba Haddock.

El joven volvió de su ensoñación y se volvió hacia el pelinegro.

- ¿Eh?

- Tintin, ¿estás listo? Michelangelo nos está esperando.

- S-sí, capitán. E-estoy listo.

Haddock asintió y se dispuso a marcharse de la habitación, mas al ver el objeto que sostenía el joven en sus manos, le preguntó:

- ¿Qué tienes ahí, Tintin?

- ¿Esto? Oh… Es un regalo que me dio Ezio antes de llegar aquí a Bélgica.

Luego se volvió hacia el objeto y nuevamente se hundió en el océano de los recuerdos…


:: Flashback ::

Verano de 1922.

Alex corría por los tejados de Florencia con Ricardo Beletto como su competidor; se había vuelto una costumbre para el chico competir con Ricardo, amigo suyo e hijo de Alberto Beletto, mano derecha del Mentor, desde el día en que se conocieron.

En esa ocasión, la meta de la carrera era la cúpula del Palazzo di Governatore, que se encontraba a un kilómetro de donde estaban.

Ezio y Alberto los observaban a distancia discreta desde el campanario de la Iglesia de Nostra Signora. Ezio no podía sentir más orgullo de su vástago adoptivo al verle competir con el hijo de su mano derecha; Alberto veía maravillado cómo el jovencito corría como una gacela por los tejados.

- Ojalá mi hijo fuera así como tu muchacho, Ezio – comentaba Beletto -. Alex tiene buena flexibilidad y reflejos. Deberías de mandarle a Siria a completar su formación.

- Lo sé, Alberto. Pero primero quiero que él palpe los tejados de Florencia y de Roma antes de que pueda enviarle a Siria con tu hijo y con el de Niccolò. Me comentaste que enviarás a Ricardo en otoño al igual que Niccolò.

- Así es. ¿Y Sofía? ¿Qué piensa de esto?

- Hablé con ella hace unos días; se entristeció cuando le dije que este otoño partiría para Siria a entrenar como Asesino.

- Así se sintió Francesca ayer, pero ella lo aceptó como algo que debía de pasar.

Alberto y Ezio se marcharon del campanario para alcanzar a los jóvenes, quienes en ese momento estaban escalando una de las paredes del Palazzo.

- ¡¿Eso es todo lo que tienes, Auditore? – inquiría Ricardo mientras él y Alex escalaban la pared.

- ¡Obsérvame y verás, Beletto! – respondió el chico con serenidad.

Ricardo se rió por un momento antes de darse cuenta de que Alex empezaba a impulsarse con maestría hacia los huecos del edificio con solamente sus pies; aquél impulso le permitió al hijo adoptivo del Mentor ser el primero en llegar a la cúpula seguido de Ricardo.

- ¡Cazzo! – exclamó Ricardo con sorpresa mientras terminaba de subir.

- Grazie mile, fottiti – le respondía Alex entre risas con una reverencia.

- ¿Dónde rayos aprendiste eso?

- Observando y practicando, Ricardo. Lo observé de los Hermanos y lo practiqué en el Viñedo.

- Vaya, tú sí que eres tremendo, Tintin.

Tintin…

Menudo apodito el que recibió por parte de Ricardo; el chico Beletto tenía la fama de estar poniéndole apodos a todos los chicos que le rodeaban y él casi iba a ser la excepción de no haber sido por aquél juego de sonidos que había jugado con los otros un día de verano en el viñedo.

Esa fue justamente la situación por el que se ganó dicho apodo: Jugando.

Alex jugaba a imitar sonidos de las cosas con Michelangelo Fiorente, hijo del líder de los Asesinos de Roma, con Ricardo Beletto y con Jeremy Hortman, sobrino de un panadero inglés con el que el padre de Ricardo trabó amistad en una de sus misiones.

El reto de Alex era imitar el sonido de una campana; el chico tuvo que ingeniárselas para no sonar ridículo y evitar que Ricardo le ponga un apodo, ya que éste estaba empeñado en que tuviera uno desde que se conocieron.

- Tin-tin, tin-tin, tin-tin, tin-tin – decía Alex al tratar de imitar el sonido de la campana.

Los chicos se rieron ante la imitación del joven Auditore, sobre todo Ricardo, quien hasta le dolía el estómago de tanta risa…

Pero se detuvo y se levantó precipitadamente con aire triunfante.

Y cuando Ricardo Beletto tenía ese aire, podrían ser dos cosas: O se le acababa de ocurrir una idea ó acababa de hallar un apodo.

Para colmo y mala suerte de Alex, fue ese último hecho, ya que Ricardo exclamó:

- ¡Ya encontré tu apodo, Alex!

- Oh, por Dios, no – decía Michelangelo mientras se llevaba una mano a la frente -. Ricardo, ya para con buscarle un apodo a Alex…

- No, Michelangelo – le interrumpió el pelicastaño rojizo -. Déjalo. Veamos qué apodo me tiene.

Beletto, con una sonrisa, le dijo:

- "Tintin".

- ¿Disculpa? – inquirió Alex.

- "Tintin"… Ése será tu apodo de ahora en adelante, mio amici.

- ¿"Tintin"? ¡Oh, vamos, Ricardo…!

- ¿O prefieres que te llamemos "Campanita"?

Los chicos se echaron a reír y Alex, un poco confundido y luego muerto de la risa, aceptó de buen grado el apodo de Tintin.

:: Flashback::


Sentado en la parte trasero del avión, el reportero se hallaba ausente en esos momentos; Milú, su pequeño y fiel compañero de aventuras, lo miraba con ojos de tristeza, como si supiera que su amo se hallaba inmerso en un mar de recuerdos de la infancia y adolescencia, especialmente aquellos relacionados a su vida en la Toscana.


:: Flashback::

Otoño de 1922.

Sentados junto a la chimenea, Ezio empezó a narrarle a sus hijos una de sus vivencias como Asesino ante la atenta mirada de Sofía.

Alex era el más atento de los tres; se sentía muy fascinado de escuchar cómo su padre adoptivo ejecutaba a sus enemigos, siendo en el relato de esa noche la familia líder de la Mafia Romana y de los Templarios, los Borgia, y sus secuaces.

- … Rodrigo Borgia murió a manos de su hijo Cesare ante la presencia de una aterrorizada Lucrezia; cuando Cesare se marchó, yo entré por la ventana y examiné el cuerpo inerte del que fuera el gran líder de la Mafia Romana. Lucrezia me dijo a dónde iba a dirigirse Cesare, puesto que ahí estaba también el Orbe de Altaïr, por lo que le agradecí y fui tras él. Estando en la mansión de los Codonttieri, me enfrenté a él y recuperé el Orbe, pero Cesare había escapado. Unos días después me enfrenté con él de nuevo, esa vez en la Piazza con tu tía Claudia y amigos nuestros…

- ¿Y ganaron? – inquirió Alex con curiosidad.

Ezio se echó a reír y, posando cariñosamente una mano en su cabeza, le respondió:

- La batalla sí, mio figglio, pero no la guerra. No esta guerra que parece alargarse más y más… Bien, niños. Ya es hora de dormir.

- Si, papá.

Alex tomó a sus dos hermanos y, con ayuda de su madre, los acostó en sus respectivas cunas. Luego se despidió de sus padres y estuvo a punto de retirarse de su habitación, pero Ezio le detuvo al posar una mano en su hombro y le dijo:

- Alex. Tu madre y yo tenemos que comunicarte algo. Ven.

El preadolescente asintió y los siguió hacia la sala.

Una vez ahí, padre e hijo se sentaron frente a frente y Ezio, con seriedad, le dijo:

- Mañana saldremos para Masyaf, Alex.

Alex se dio cuenta inmediatamente de lo que quería decir su padre y miró a su madre en busca de una confirmación; Sofía asintió serenamente la cabeza.

Aquél asentimiento de cabeza indicó al muchacho una cosa: Que el momento había llegado.

Levantándose de su asiento, el jovencito les dijo:

- Estoy listo.

Y los abrazó con lágrimas en los ojos en señal de aceptación y despedida.


Eran las seis de la mañana en la residencia familiar.

Alex se despedía de su madre y de sus hermanos ante las miradas de Ezio y de Yusuf Tazim, líder de los Asesinos en Siria, quienes le esperaban en un aeroplano. Sofía lloraba cuando su hijo la abrazó fuertemente; no quería separarse de su hijo ni él de ella, pero era necesario si el chico quería convertirse en Asesino.

- Sé fuerte, mio figglio – le dijo Sofía mientras plantaba un beso en la frente del muchachito -. Hazme sentir orgullosa… Y a tus hermanos también.

- Lo haré, madre – le respondió Alex -. Lo juro.

Luego, Alex se dirigió hacia Marcello y Flavia, y los abrazó al mismo tiempo que les besaba la frente.

- Adiós, hermanitos míos. Les prometo que los enorgulleceré.

Tras la despedida de su familia, el preadolescente se subió al avión y, agitando la mano en señal del último adiós, partió hacia el horizonte.

:: Flashback ::


¿Demasiado fumado? Sí, tal vez (por favor, no me linchoteen)

Y sin embargo, me gustó como quedó; es decir, el imaginarme a Sofía Sartor como la mamá de Tintin (la adoptiva) se me hace tierno y adorable, ya que, al igual que Tintin, Sofía es inteligente y vivaz. De hecho, creo que por eso Tintin tuvo afinidad con ella desde el comienzo´;-)

A partir de aquí, estos capítulos no podrán ser beteados, ya que la Karu va a estar ocupada (se le comprende, por eso se le quiere mucho ^_^). Confío en que sea del agrado del lector.

Se aceptan cualquier tipo de reviews :-)

Que pasen una linda noche.

Vicka.