Ufff! Buenas noches, gente!
Aquí les dejo el quinto capítulo de este fic que ya lo tenía en pleno abandono. Ojalá lo disfruten y perdonen por actualizar hasta ahora XD.
Saludines!
Vicka.
ADOLESCENCIA DE UN ASESINO II:
EN MASYAF.
Tintin se subió a una roca cubierta de nieve ubicada en lo alto de una montaña.
Contemplando el paisaje, el joven Mentor de los Asesinos puso a maquinar en su mente algún plan para poder penetrar el inexpugnable castillo de Targoviste, antigua residencia del famoso príncipe valaco Vlad Tepes Drakulya.
Un informante infiltrado en el séquito de Rastapopoulos le había dicho que estarían ahí en las siguientes horas, ya que el líder de los Templarios estaba muy seguro de que el Orbe de Altaïr estaba en aquél lugar que, siglos atrás, había servido como base de entrenamiento para los Asesinos Rumanos luego de la muerte de Tepes.
Curioso… Aquél lugar lo había pisado solamente un par de veces en su vida y, como en la mayoría de las veces, le evocaba con fuerza muchos recuerdos de su adolescencia en Masyaf, Siria… Recuerdos que él atesora dentro de su corazón.
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:: Flashback ::
Masyaf, Siria, Invierno de 1924.
Alex corrió hacia el joven que le esperaba expectante y, con la rapidez de una gacela, sacó del brazalete un gancho filoso y lo colocó en alguna parte del cuello de aquél joven para tener impulso y saltar sobre la espalda de él, haciendo que el otro fuera empujado por el impulso para poder caer de pie.
- ¡Bien! – exclamaba un hombre de mediana edad en tono alegre mientras aplaudía y se acercaba a ambos jóvenes - ¡Bien hecho, chicos!
- Gracias, señor – dijo Alex con una reverencia.
El hombre de la mediana edad se acercó al muchacho de 16 años y le dijo:
- Haz mejorado bastante desde que llegaste, Alex. Si continúas así, podrás obtener más pronto de lo que crees una promoción como Asesino. Y tú, Ibrahim, no estás nada mal, pero me gustaría que te esforzaras un poco más en esta actividad.
- Lo sé, señor – respondió Ibrahim con una sonrisa -. Es sólo que siento que no soy lo suficiente bueno en esto.
- Lo serás si te esfuerzas más – decía Alex mientras le daba una palmada en el hombro -. Un poco más y lo lograrás, Ibrahim… Te lo aseguro.
- Bien, muchachos – dijo el hombre de la mediana edad -. Descansen.
- Sí, señor – dijeron los muchachos en coro.
Con una sonrisa en los labios, Yusuf Tazim se retiró del campo de entrenamiento.
Alex e Ibrahim Ibn Omar, su compañero y mejor amigo, empezaron a caminar hacia la casa de éste último; durante el camino, Ibrahim le comentó a Alex:
- Eres realmente bueno en esto, Alex. Le doy la razón a Yusuf al alegar que tal vez pronto serás promovido al rango de Asesino.
- No lo creo, Ibrahim. Que yo recuerde, hay que estar participando constantemente en misiones para poder obtener ese rango. Yo creo que aún no estoy listo para una vida de Asesino.
- ¡Nah! Yo creo que sí lo estás, nada más que eres muy modesto.
Alex se echó a reír.
Alex e Ibrahim se habían hecho amigos desde que tenían nueve años; se conocieron en Estambul durante una gresca que Ibrahim tuvo con Geoffrey, el hermano mediano de Alex de 12 años. Geoffrey había agredido a Ibrahim por defender a un perro callejero que había sido herido por una resortera que tenía el hijo mediano de los Clayton a mano.
Cuando Alex, en ese entonces de nueve años, presenció la agresión, decidió encarar a su hermano y exigirle que se disculpara con el pequeño musulmán. La respuesta de éste fue el clásico "no intervengas", a lo que el chiquillo le propinó un puñetazo en la nariz y una patada en el estómago para luego tomar a Ibrahim de la mano y huir de la ira de Geoffrey.
Tras su huída del consulado, Ibrahim había sido el primero en enterarse y ofrecerle un refugio seguro durante varios días en un ruinoso edificio donde vivía con su madre y sus hermanas. Al lograr conseguir una colocación como ayudante de carbonero en un barco que partía hasta Siria, el pequeño Clayton se despidió de Ibrahim y de la pandilla de pequeños ladrones con los que trabó amistad durante muchos años con tristeza, prometiendo encontrarse algún día en algún rincón del mundo.
No pasó mucho tiempo para que se cumpliera esa promesa: Al llegar a Siria con Ezio Auditore da Firenze, el Mentor de los Asesinos y el hombre que le adoptó como un hijo, se lo encontró en Masyaf. Su madre era miembro del gremio de los ladrones y había decidido enviar a Ibrahim y a Zobeida, su hija mayor, a Masyaf para que entrenaran como Asesinos.
- ¿Quieres jugar unas carreritas, Alex? – le preguntó de repente el joven oriundo de Estambul – De aquí hasta la cúpula del fuerte.
- ¡Acepto! – respondió el jovencito con una sonrisa.
Dicho esto, ambos empezaron a correr y a escalar las paredes de las casas de la aldea para hacer la carrera con mayor libertad.
Corrían como gacelas en medio de la sabana ante el atardecer; en ocasiones Alex alcanzaba a Ibrahim y en otras éste al joven hijo adoptivo de Ezio. Lo que importaba no era ganar, sino demostrarse mutuamente qué tan ágiles son.
De repente cinco personas se interpusieron en su camino y les detuvieron un momento.
- ¡Hey! - exclamó Ibrahim - ¿Quieren unirse a la competencia, señores? Les aseguro que llorarán como niñitas cuando les gane.
Ricardo Beletto, Mikhail Orlov y Jeremy Hortham, de 16 años, y Michelangelo Fiorente y Qazim Tazim de 18 se echaron a reír.
- ¡Eso ya lo veremos, Ibrahim! – exclamó Mikhail.
Alex simplemente se rió mientras los siete jóvenes reanudaron la carrera saltando y corriendo por los techos de las casas ante los ojos de algunas amas de casa y de varios jóvenes que salían del fuerte.
La carrera estaba reñida; Alex, Mikhail, hijo de un humilde carpintero de Rumania, y Qazim, hijo del líder de los Asesinos de Siria, eran fuertes competidores para los demás en el ámbito del parkour o carrera libre, pero a la hora de escalar paredes de grandes longitudes, Alex e Ibrahim eran sin duda los mejores.
La carrera terminó en la cúpula más alta del fuerte y el ganador fue Alex Auditore.
Aquello no era una sorpresa para los otros seis jóvenes dada la reputación que el chico tenía de ser el poseedor de las piernas más rápidas y ser el individuo de mayor agilidad y flexibilidad en la Hermandad.
- ¿Cuándo dejaremos de perder ante ti, Auditore? – inquiría Qazim con la respiración entrecortada mientras que Ricardo y Jeremy terminaban de subir – Por Alah que eres muy rápido en estas cosas.
- El día en que deje de estar en forma podría ser – respondió Alex muy sonriente -, aunque pensé por un momento que alguno de ustedes iba a ganarme.
- ¡Je! ¿Quién podría ganarte con la condición que te traes, eh, Tintin? – replicó Ricardo – Bien decía yo en Italia que algún día podrías seguir los pasos de tu padre si sigues en plan de superar a todos los Novicios.
- No, mio amici… No creo llegar a ese nivel.
- No seas modesto, viejo – dijo Jeremy -. Toda la Hermandad habla de que tú en un futuro podrías ser el sucesor del Mentor.
- Sí, claro, cómo no. Habiendo varios más capaces para ejercer el cargo, ¿elegirían a quien tal vez podría darle en la torre? No, señores. No. Prefiero quedarme en el rango de Asesino y hasta ahí. Además… Quiero viajar. Quiero viajar, conocer el mundo… Aplicar todo lo que hemos aprendido aquí en Masyaf para beneficio de la humanidad.
- No sería mala idea – interrumpió una voz.
Los jóvenes se volvieron hacia el dueño de la voz y, de repente con aires de respeto, saludaron:
- Mentor.
Ezio Auditore, el Mentor de la Hermandad, estaba parado justo arriba de ellos, en la punta de la cúpula; al parecer les había seguido con sigilo hasta ahí y había escuchado su conversación sin que se dieran cuenta.
- Buena carrera, muchachos – les dijo con una sonrisa mientras los jóvenes se apartaban para darle cabida al Gran Maestre.
- Gracias, Mentore – respondió Michelangelo.
Ezio asintió la cabeza en señal de aprobación y volvió su rostro hacia el horizonte.
Era un bello atardecer; el Sol, con toda su gloria, parecía despedirse de la aldea de Masyaf y de sus habitantes, prometiendo que el día de mañana será un nuevo día con cosas nuevas en el efímero paso por el mundo.
Alex observó de reojo a su padre adoptivo; los años no pasaban en vano en aquél hombre que, con su carisma y enorme experiencia, había guiado a la Hermandad desde hacía más de 25 años. Si bien su condición física todavía seguía fuerte, en la propia Hermandad ya empezaban los rumores sobre los posibles sucesores en el puesto… Siendo el nombre de Alex el que con mayor fuerza se mencionaba entre ellos a pesar de la insistencia del chico en que había otros más capaces que él para el cargo que poseía Ezio.
La razón de tales rumores era justamente por los deseos de Ezio de retirarse y consagrarse por entero a su familia, incluyéndole a él, su hijo adoptivo.
Cuando vieron que estaba a punto de ocultarse el Sol, Ezio se volvió hacia el grupo de jóvenes y les dijo:
- Regresen a sus habitaciones y descansen. Pronto será la hora de la cena.
- Sí, Mentor – respondieron los jóvenes con un asentimiento de cabeza.
Uno por uno, sin temor, realizó su Salto de Fe para poder aterrizar en el montón de paja que amortiguaba los golpes de su caída.
Alex e Ibrahim estuvieron a punto de hacer lo mismo, pero Ezio les detuvo y les dijo:
- Después de la cena, Yusuf y yo queremos verles en el estudio. Hay un asunto muy importante que queremos tratar con ustedes.
Los dos jóvenes asintieron, preguntándose qué asunto habría qué discutir con el Mentor en persona.
:: Flashback ::
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El paisaje que abría paso a sus ojos producían en Tintin una especie de escalofrío; el castillo de Targoviste se podía divisar a varios kilómetros desde aquella punta en donde estaba ubicado. Podrían tardar mínimo un día o dos en lograr atravesar el frondoso bosque de abedules que les separan si iban a marcha rápida montados en los corceles rumanos famosos por su resistencia y su rapidez en el territorio.
Sacó de sus bolsillos un objeto y lo observó detenidamente.
Era un dije con la imagen de Santa Juana de Arco, la patrona de Francia y la santa favorita de aquellos Asesinos creyentes en Dios y en los santos; Tintin era efectivamente un Asesino creyente y el dije de Juana de Arco le había traído más suerte y protección de lo que se había imaginado. De hecho, consideraba a Juana de Arco como un ejemplo a seguir para aquellos que siguen fielmente el Credo, puesto que ella también era una Asesina.
Lo gracioso era que la persona que se lo había regalado no era un creyente del todo ni mucho menos profesaba la fe católica, sino que simplemente se lo había regalado como un adorno. Pero si eso podría considerarse una cosa de gracia, el mero hecho de que la persona que se lo había obsequiado fuera su hermano de sangre podría ser sin duda alguna una verdadera gracia.
- Marcus… Hermano.
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:: Flashback ::
Alex e Ibrahim tocaron la puerta de ébano del estudio.
- Adelante – dijo una voz desde adentro.
Alex e Ibrahim, nerviosos, entraron al estudio.
Ahí, de pie, estaban Ezio y Yusuf con miradas preocupadas; Alex e Ibrahim, al notar aquellas miradas, se dieron cuenta de que probablemente el asunto podría ser delicado.
Los dos jóvenes se acercaron.
- ¿Querían vernos, Mentor? – inquirió Ibrahim.
- Sí – respondió Ezio -. Queríamos verlos para tratar de un asunto sumamente delicado que les compete a ustedes dos… En especial a Alex.
Alex alzó la mirada con sorpresa.
Yusuf, suspirando, añadió:
- ¿Te suena el nombre de Marcus Clayton, Alex?
El jovencito se quedó sin habla por un momento; luego, con un esfuerzo sobrehumano, le respondió intentando no dejar un tono de rabia:
- Sí… Es mi hermano de sangre… Desgraciadamente. ¿Por qué?
Yusuf miró a Ezio con preocupación.
Ibrahim, quien parecía percibir que algo malo había pasado, le preguntó a Yusuf:
- ¿Qué ha pasado? ¿Es algo muy malo?
- Para Alex puede serlo – respondió el líder sirio -. Marcus está aquí en Masyaf.
- ¡¿Qué? – exclamó Alex muy asombrado - ¡¿Mi hermano mayor está aquí? ¡¿Por qué está aquí?
Luego, dirigiéndose a su padre adoptivo con las lágrimas a punto de salírsele, añadió:
- Padre, ¿qué hace aquí ese bastardo?
- Alex – respondió Ezio -, según me dijeron algunos amigos míos de la vieja aristocracia, tu hermano se enteró de que estabas aquí gracias a que descubrió por accidente las conexiones que tiene tu madrastra con nosotros.
El rostro de Alex cambió al instante.
Su madrastra… Más bien, su hermana mayor adoptiva.
Qué cosas no habían sucedido desde su escape del consulado en Estambul.
Según Ibrahim le había contado al llegar a Masyaf, su desaparición provocó un tremendo escándalo tanto en Estambul como en Inglaterra; sus padres mandaron a realizar investigaciones en toda la ciudad turca, revisando cada lugar que el joven había pisado, aunque los lugares donde pisaba eran mayormente los tejados de las casas.
Magda tuvo un enfrentamiento muy cruento con Sara, quien le culpaba del comportamiento subversivo del entonces varón de 12 años. Por suerte para la nana polaca, todos los sirvientes estuvieron de su parte y alegaron que la mujer estaba cenando con ellos en la cocina al momento de que el niño se fugara, alegatos a los que lord Clayton finalmente dio como verdaderos ante la sorpresa de su esposa.
En Inglaterra, la matriarca de la familia Clayton estaba demasiado escandalizada por todo lo que su hijo le había estado ocultando respecto a su nieto pequeño y, como era de esperarse de alguien que nunca tuvo una buena relación con la nuera, no tardó en culpar a Sara de no haber sido una buena madre ni una buena esposa, exigiendo por lo tanto la anulación del matrimonio y la retención de los hijos mayores bajo la tutela de la familia paterna.
Por si eso no era suficiente, la matriarca le echó en cara sus amoríos con varios oficiales británicos dentro del matrimonio, amoríos que finalmente Sara afirmó haber cometido. Esa aceptación se interpretó como el más grande descaro que toda mujer "decente" de la alta sociedad haya cometido, ya que dejaba ver el completo desinterés sobre la desaparición de su hijo pequeño y el bienestar de los otros dos.
Tanto descrédito por parte de los Clayton había provocado que Sara ya no fuera bienvenida dentro de su círculo de amistades ni mucho menos fuera invitada a las fiestas de sociedad; y si aquello no era suficiente reproche social, entonces la justicia familiar fue sin duda alguna mucho más dura.
Los Greystoke, ante tanto escándalo, decidieron darle la espalda en señal de la vergüenza por la que estaban pasando ante el "triste" suceso del momento.
Toda Inglaterra discutió sobre el escándalo durante meses; durante ese período de tiempo y posterior a ello, nadie volvió a ver a Sara. Unos decían que ella estaba confinada en la única propiedad que tenía como propia; otros, que ella estaba en un sanatorio debido a que había perdido la razón tras las consecuencias devastadoras que había acarreado la pérdida del niño…
Y otros más, que se fugó una noche con un amante.
En fin, el destino de su verdadera madre era incierto hasta la fecha, y si bien a Alex no parecía afectarle, realmente le había afectado por un tiempo al contrario que Sara, quien jamás se había preocupado por nada ni por nadie que no fuera ella misma.
Bien se decía que la sangre era mucho más poderosa que cualquier convención social, aunque con Alex esa situación ya no aplicaba.
En cuanto a James, el asunto era punto y aparte.
Tras haberse divorciado de Sara, se casó nuevamente hace un par de años.
La afortunada era nada más y nada menos que Catherine Burroughs, hija de un poderoso fabricante de acero norteamericano y la soltera más codiciada de Norteamérica. Aquella mujer era prácticamente opuesta a Sara en algunos aspectos: Era dinámica, de espíritu indomable, de ideas revolucionarias… Aunque en cuestiones de maternidad, ella era muy pésima.
Catherine, desde que se dio a conocer como la prometida de James,mantuvo hasta la fecha pésimas relaciones con Marcus y Geoffrey, especialmente con este último, quien le había declarado la guerra debido a que, desde su perspectiva, la heredera norteamericana podría arrebatarle a la familia las numerosas propiedades que poseían en Inglaterra, Irlanda y Escocia.
No obstante, era con Alex con quien paradójicamente mantenía una buena relación de familia.
Aquello se había originado gracias a su vibrante amistad y conexión bajo el agua con sus padres adoptivos, Ezio y Sofía, así como con la Hermandad de los Asesinos; de hecho, Catherine era la única que sabía que él estaba en Masyaf y la única, aparte de Magda, que le había apoyado incondicionalmente en sus decisiones, estrechando así una relación más parecida a la de hermanos que a la de madre e hijo.
Pero lo que sin duda ha reforzado esa relación de hermanos era que ambos conocían a la propia Magda, ya que ella conocía de años a Angus Burroughs, su abuelo adoptivo y padre de Catherine, y fue gracias a ella por la cual tanto Catherine como su padre todavía mantuvieron esa fuerte conexión con los Asesinos.
Dicha conexión era desconocida por todos, principalmente por los Templarios, acérrimos enemigos de la Hermandad; tanto ella como su padre eran Asesinos en calidad de informantes encubiertos, tal y como la familia lo había sido durante generaciones.
Y ahora, en ese instante, se estaba enterando de que su hermano mayor estaba en Masyaf por motivos desconocidos para él hasta en esos instantes.
- ¿Por qué mi hermano vino hasta aquí a buscarme? – preguntó el joven con angustia - ¿Y Catherine? ¿Ella está bien?
- Ella está bien- respondió Ezio.
- Gracias a Dios…
- Pero Marcus le exigió que le dijera todo sobre ti – añadió Yusuf -Dónde estuviste todo este tiempo, quiénes eran tus amigos, quiénes eran tu familia adoptiva, quién te ayudó a escapar… Todo eso a cambio de su silencio.
- ¿Y qué ganaría con eso? – inquirió Ibrahim - ¿Chantajear a Alex?
- ¿Y qué tiene Ibrahim en esto si la cosa es conmigo? – añadió Alex.
- Alex – respondió Ezio al ponerle una mano en el hombro -, Ibrahim fue el primero en tenderte la mano cuando escapaste del consulado con ayuda de Magda. La razón por la que mandamos a llamar a Ibrahim junto contigo es justamente por el hecho de que fue una de las personas que te ayudó a salir de Estambul.
- Pues si lo que él quiere es perjudicar a Ibrahim, tendrá que pasar sobre mí para lograrlo… Porque no estoy dispuesto a tolerar su veneno.
- Para ser mi hermano pequeño, realmente eres testarudo, ¿lo sabías? – interrumpió una voz.
Alex se volvió y se llenó de rabia al ver a un hombre de ojos cafés oscuros, cabellos negros bien peinados y ataviado con una vestimenta sencilla acercándose a ellos.
Era Marcus, su hermano mayor.
Los años no pasaban en vano para el futuro lord Clayton, aunque el alcohol se había encargado de hacerle parecer un hombre de más edad de la que aparentaba. Alex sintió las ganas de sacar su cuchilla y matarle ahí mismo, pero aquello contravendría a una de las principales leyes de la Hermandad, que era el alejar la cuchilla de la carne inocente.
- ¿Qué haces aquí… bastardo? – inquirió el joven.
- Haz crecido mucho, hermano – respondió el hombre -. Definitivamente los años en la Toscana y en Masyaf te han hecho bien.
- No has contestado mi pregunta… Marcus. ¿Qué haces aquí?
- ¿Es este el recibimiento que le das a tu hermano?
- Tú no eres mi hermano… Clayton. Soy un extraño para ti al igual que tú lo eres para mí. Siempre ha sido así nuestra vida desde que nacimos.
- Hermano…
- Lárgate de Masyaf, Marcus. Lárgate de Masyaf y no vuelvas nunca más… Y si pretendes perjudicar a todos los aquí presentes o a mi familia adoptiva, ten por seguro que iré a por ti y te mataré sin remordimiento alguno.
Luego, dirigiéndose a Ezio, Yusuf e Ibrahim, añadió:
- Lo lamento, pero yo… Yo no conozco a este hombre. Con el permiso de ustedes, me retiro.
Con un leve asentimiento de cabeza, el joven se retiró.
Ezio, al ver que Alex se había ido del estudio, se dirigió a un sorprendido Marcus y le dijo:
- Ahora comprendo por qué nunca se ha llevado bien con ustedes.
- De eso ni lo dude, Mentor – añadió Ibrahim, quien le dirigía una mirada de desafío a Marcus.
- Es mi hermano, le guste o no – se defendió Marcus -. Mi padre lo ha buscado durante todos estos años.
- ¿Y por qué tu padre no está aquí contigo? – le preguntó Ezio – Si él realmente estuviera buscando a tu hermano, no habría parado de buscar en todos los rincones de la tierra hasta encontrarlo.
- Lo ha hecho.
- ¿En serio? ¿Viajó a la Toscana de casualidad? ¿Viajó a América, Asia, Oceanía incluso? ¿Dispuso de su fortuna con tal de localizarle y recuperarlo? Yo no he visto eso de tu familia, Marcus… Al menos yo no. Un hijo es un tesoro muy grande y un hermano lo es más. Si yo hubiera sido tu padre, no hubiera parado de buscarlo hasta encontrarlo.
Marcus bajó la cabeza.
Ezio añadió:
- Tu padre es un completo imbécil que solo vive para su fortuna. Nunca se ha preocupado por recuperar a tu hermano. Ni siquiera habla de él en presencia de Catherine, negando así toda su existencia.
Marcus alzó la cabeza, queriendo protestar, pero Ezio alzó la mano y le dijo en tono frío y determinante estas últimas palabras:
- Marcus, olvídate de que tienes un hermano menor. Tienes a Geoffrey, tu hermano mediano, para poder amargarle la vida, pero Alex… Alex es más hijo mío y de mi mujer, y por lo tanto es el hermano mayor de mis dos hijos pequeños.
Y acercándose un poco más al joven aristócrata, añadió:
- Y si te atreves a acercarte a él o a lastimar a mi familia, entonces no será el único que vaya por ti y te dé la muerte.
El joven Clayton intentó protestar nuevamente, pero Ibrahim se interpuso entre él y el Mentor, y añadió:
- Ya oíste, forastero. Es mejor que te vayas, si es dable ahora mismo… Antes de que sea yo el que ponga sus cuchillas sobre ti.
- No – le desafió Marcus -... No me voy de Masyaf, no hasta hablar seriamente con mi hermano.
- Tuviste la oportunidad y la desperdiciaste. Ahora lárgate antes de que yo mismo te dé una golpiza…
- ¡Ibrahim! – llamó Ezio con voz atronadora.
Ibrahim se volvió hacia el Mentor. Éste le dijo en tono conciliador:
- Retírate, Ibrahim. Yusuf y yo nos encargaremos de él.
- Sí – respondió Ibrahim mientras le dirigía una mirada de odio hacia Marcus -… Mentor.
Con una reverencia breve, Ibrahim se retiró del estudio, dejando a Ezio y a Yusuf solos con Marcus.
Éste se acercó a Ezio y, en tono suplicante, le dijo:
- Yo solo quiero hablar con él, messere. Es todo lo que pido.
- Ibrahim tenía razón al decir que desperdiciaste tu oportunidad, Marcus – interrumpió Yusuf -. Pudiste responderle escuetamente y sin rodeos las razones de tu visita.
- Pero aún así no me iré de aquí. Sé que él me odia por muchas cosas, pero quiero limar mis asperezas con él. Por favor… Sólo quiero hablar con él.
Ezio se quedó pensativo.
Sabía de sobra que Alex nunca había tenido buenas relaciones con sus hermanos de sangre, pero le sorprendió la insistencia de Marcus en querer limpiar el lodo entre ambos; no pudo evitar pensar que tal vez Marcus quiera reclamarle por la ruina social de la madre de ambos.
Se volvió hacia el suplicante aristócrata y le preguntó:
- ¿Estás aquí realmente por reconciliación fraterna? ¿O viniste hasta aquí para reclamarle la ruina social de tu madre o algún otro motivo?
Marcus estuvo a punto de contestar, pero Ezio le interrumpió añadiendo:
- Debes ser cuidadoso con tu respuesta, muchacho, ya que de ella dependerá la disposición de Alex.
El joven se detuvo a pensar por un momento en su respuesta.
Ezio observó a Marcus y sonrió para sus adentros; una vez más había comprobado que podría haber cierto interés de por medio, aunque no descartó la posibilidad de que el joven tal vez esté pensando bien si seguir con la empresa o irse inmediatamente de Masyaf.
El aristócrata miró entonces a los ojos al Asesino y, con firmeza, le explicó:
- Messere, usted me puso en un tremendo aprieto al decirme que pensara bien la respuesta a su pregunta. Sé que ustedes saben que soy del bando contrario, un Templario a final de cuentas. Sé que no fui un buen hermano para con él, pero tampoco fui un buen hijo. Nuestra madre nunca se preocupó por nosotros, ni siquiera nos dirigió una palabra de cariño maternal o al menos nos visitara en nuestras habitaciones antes de dormir, y sin embargo Alex era el único los tres que conoció ese calor maternal por otra persona de una clase social distinta a la nuestra. Eso fue lo que más había envidiado de él en todo este tiempo: Su valor, su forma de pensar y su coraje a la hora de estar enfrentando a mi padre por cualquier cosa. Ni yo mismo en mi peor estado etílico había hecho lo que él al desafiar las convenciones sociales y familiares cuando se metía a defender a un niño de la calle, a un anciano o a una madre obrera. Y respecto a reclamarle sobre la ruina social de nuestra madre… Honestamente no tengo nada qué reclamarle puesto que el sentimiento hacia ella es recíproco: Si ella no se preocupaba por nosotros, ¿por qué nosotros habríamos de hacerlo? Cuando él se fue de Estambul, ¿acaso ella lo lloró como madre que era al fin y al cabo? No, ser Auditore. No lo hizo… Y yo soy testigo de ello. Nunca lloró a mi hermano en todo el tiempo en que sucedió el escándalo; jamás se le pasó por la cabeza tomarnos a mí y a mi otro hermano para ir en su busca como familia que éramos… Porque para ella la vida giraba alrededor de las fiestas y del chismorreo con las demás esposas de los pares ingleses.
Ezio sonrió.
Aquella persona que había dicho que los ojos suelen ser la ventana del alma tuvo mucha razón.
Marcus había hablado con el corazón y con la verdad. Se había descubierto ante él y ante Yusuf, demostrándose a sí mismo que él no era más que un muchacho que buscaba el calor de una madre, un muchacho que admiraba con toda su entereza a su pequeño hermano por las cualidades que poseía.
Posando una mano en el hombro del aristócrata, le dijo:
- Veré qué puedo hacer… Aunque no te garantizo nada.
Marcus, con una sonrisa, exclamó:
- Grazie, messere!
Dicho esto, se retiró, dejando solos a Yusuf y a Ezio.
Desde la cúpula del castillo, Alex contemplaba el paisaje nocturno de Masyaf; era su lugar favorito para pasar la noche meditando cuando no puede dormir o cuando sentía las ganas de disfrutar el paisaje a solas.
No obstante, esa noche era distinta a las demás. Lo sentía en el aire y en sí mismo; lo sentía incluso en su interior.
Y todo se debía a la odiosa presencia de Marcus, su hermano mayor.
¿Qué motivos lo habrán traído a Masyaf? Sea cual fuere el motivo, la reconciliación fraterna no era un motivo factible ni mucho menos convincente, no para alguien cuya familia tiene una alianza con los Templarios desde quién sabe cuándo.
Conocía ese dato gracias a Catherine, quien había logrado infiltrarse con éxito en la organización templaria sin ser detectada gracias a su matrimonio con su padre biológico. Incluso sabía por medio de ella que Marcus y Geoffrey estaban más que empapados en el asunto al igual que su padre, al grado de dejar de lado la relación de sangre que existe entre los tres.
Lo que le extraña era que Ezio le permitiera la entrada al lugar a sabiendas de sus conexiones con sus mortales enemigos, y esa situación lo obligaba a desconfiar por completo de él.
- ¿Qué es lo que buscas realmente, Marcus? Aquí hay algo que no me cuadra contigo…
- Yo también me he hecho esa misma pregunta – le interrumpió una voz conocida.
Alex se volvió hacia su interlocutor y, tras el saludo de rigor, le preguntó:
- Si te has hecho la misma pregunta, ¿por qué le permitiste la entrada a Masyaf, padre?
Ezio, quien se hallaba a pocos metros del joven, le respondió:
- A veces es mejor dejar fluir las cosas. Tanta desconfianza nos podría conducir a un estado de caos.
- Aún así no confío en sus intenciones. Él es un Templario…
- Y tú un Asesino. Las dos caras de la moneda. Dos hermanos confrontados por Credos distintos.
- Querrás decir tres. Geoffrey es un Templario también.
- Lo sé, pero aún así tú y Marcus representan las dos caras de la moneda… Aunque no por mucho tiempo.
- ¿Qué quieres decir?
Ezio, sonriente, posó una mano en el hombro del adolescente y le respondió:
- Tu hermano realmente busca una reconciliación fraterna contigo, Alex. Está arriesgando su cabeza al venir aquí y al intentar entrar en contacto contigo.
- Más bien creo que está fingiendo muy bien el papel de hermano conciliador.
- Eres duro con él.
- No tengo otra opción, padre. Tal vez él esté en una misión encubierta tratando de recabar información sobre nosotros, especialmente sobre ti y Sofía y los chicos. No creo que haya amenazado a Catherine con decirle a medio mundo que ella es una de los nuestros tan a la ligera.
- Tal vez… Pero lo dudo mucho.
Alex miró a su padre adoptivo muy dubitativo mientras éste añadía:
- Olvidas que un Templario antepone cualquier interés de su organización por encima de la familia y los amigos, ya que a la familia y al amigo los considera como meros peones en un juego de ajedrez. Tu hermano, en cambio, te antepuso por encima de los intereses de los templarios, incluso por encima de los intereses de tu padre y de tu otro hermano. Ellos te olvidaron por completo; él te recuerda por la forma en que retabas su autoridad y te admira por tu forma de ver las cosas. Tal vez lo haga porque sabe que teniendo a un hermano dentro de la Hermandad podría garantizarle muchas cosas que en los Templarios jamás encontrará.
- ¿Cosas como cuales?
Ezio sonrió y le respondió:
- Familia, Alex. Familia… Honor… Respeto… Lucha por un bien común. Él vio en ti lo que no en el resto de la familia. Piénsalo…
Dicho esto, Ezio se retiró, dejando a Alex en un mar de reflexiones al respecto.
Marcus observaba la Luna desde el techo de la humilde choza en donde se hospedaba a las afueras del fuerte. Con un cigarrillo en la mano, se puso a reflexionar sobre su actual situación.
Era bien sabido por todos que él era un Templario, aunque de menor importancia y de rango; más bien era un Templario por afinidad familiar más que por afiliación ideológica. Con toda la sinceridad en sí mismo, el joven nunca había compartido su ideología ni mucho menos sus métodos para traer unas supuestas paz y armonía al mundo, por no decir la imposición de oscuros intereses de unos pocos por encima del bien común.
En resumidas cuentas, no simpatizaba en nada con ellos, ni siquiera cuando el afiliarse a ellos fuera sinónimo de poder y dinero.
En cambio simpatizaba en secreto con los Asesinos por muchas razones, siendo la defensa de la libertad del hombre la causa principal de su admiración, aunque lamentablemente se tenga que recurrir a métodos poco ortodoxos para hacerlo. De hecho, admiraba mucho cómo su Credo definía exactamente la realidad; la religión, el poder y el dinero no importaba si estabas consciente de que eres un arquitecto de tu destino en medio de una sociedad frágil.
Un pensamiento así era el que el mundo necesitaba para poder tratar de reparar el daño y el caos infringido el uno al otro por generaciones y generaciones, y estaba orgulloso de que existiera un grupo de valientes capaces de enfrentar a los poderosos en nombre de ese Credo.
Orgullo que aumentó al enterarse de que su hermano pequeño sea uno de ellos.
- Alex…
Su hermano pequeño había causado muchos problemas a su padre por el simple hecho de ser y pensar diferente a las clases dominantes. Su personalidad era indomable y lo continúa siendo tras siete años de haber desaparecido; por Catherine había tenido conocimiento de que Magda le había iniciado en ese mundo a la par de que había sido aquella anciana la que lo había ayudado a escapar de la jaula de oro a la que le llamaba hogar sin dejar rastro durante todo ese tiempo.
Se maravilló de que durante ese lapso había estado viviendo bajo el cobijo del legendario Ezio Auditore da Firenze, el Mentor de los Asesinos, como hijo adoptivo. Incluso se maravilló que el chico aún continúe poseyendo habilidades de parkour sorprendentes; ha de ser bello correr en los tejados con la sensación de la libertad en el viento.
Una sensación que él mismo quisiera gozar de ser posible, una sensación que ni su padre ni su hermano comprenderían y sí suprimirían.
Aquél par de estúpidos nunca se les pasó por la cabeza buscar a su hermano pequeño; ni siquiera su propia madre se había preguntado alguna vez dónde podría estar, si estaría bien o estaría en algún orfanatorio. Él, en cambio, todo ese tiempo y a escondidas, salía a las calles de Estambul a buscarlo, preguntando entre aquellos que le conocían si lo habían visto.
Su búsqueda dio frutos mucho tiempo después, cuando sorprendió a su madrastra intercambiar información con un miembro del gremio de los Ladrones. Bajo la premisa de no revelar nada a su padre, Catherine le confió su ubicación, aunque días después le pidió su ayuda para fingir su muerte en el desierto de Libia.
Planearlo fue muy complicado, ya que tenía que sacrificar vidas humanas… Perdón, a algunos que otros templarios.
Con la ayuda de un jeque que tenía una profunda amistad con Ezio, dio muerte a sus acompañantes y se hirió a sí mismo para poder quitarse las ropas de explorador para luego ponérselas a uno de los cadáveres y observar cómo los zopilotes se lo comían.
Ahora estaba ahí, en Masyaf, arriesgando su cabeza con tal de verle…
- Jamás pensé que pudieras subirte al techo, hermano – le dijo de pronto una voz.
Sonriente, Marcus le replicó:
- ¿Acaso pensaste que yo nunca me subiría en un techo a contemplar una Luna tan bella en una noche tan singular, hermano?
Alex se sentó junto a él y, contemplando la Luna, le dijo:
- Ezio me dijo que querías hablar conmigo.
- Lo dices como si no me creyeras.
- Pues honestamente no te lo creía hasta que me dijo que buscas realmente una reconciliación fraterna conmigo, Marcus.
Mirándole repentinamente a los ojos, le inquirió:
- ¿Por qué, Marcus? ¿Por qué ahora?
Suspirando, Marcus le respondió:
- Porque eres mi hermano pequeño… Y porque yo era el único que realmente se preocupaba por saber de ti.
- ¿Eso y?
- Y nada más, hermano.
Alex lo miró con suspicacia mientras que Marcus, sonriente, añadió:
- Eres desconfiado, hermano. Haces bien en hacerlo, si quieres saber mi opinión.
- ¡Je! Lo dices como si supieras que estás haciendo.
- Te lo digo porque sólo así podrás discernir entre un aliado y un enemigo…
- O a un traidor, siendo esta situación tu caso.
Marcus rió.
Realmente su hermano pequeño era un excelente observador, como le había advertido Catherine. Un excelente observador cuya confianza era complicada de ganar con razones de sobra y un hábil combatiente en todos los sentidos de la palabra.
Alex, por su parte, lo observaba con curiosidad, como si confirmara las palabras de Ezio respecto a su visita. Si bien todos los que conocían a Marcus sabían que él era frío, calculador y convenenciero que velaba más por sus intereses que por los de su familia, había un aspecto que rara vez mostraba ante los ojos privilegiados de desconocidos: Su lado humano, su lado de hombre de lucha incansable y de alta fidelidad hacia alguien en particular.
La única vez que había visto ese aspecto fue cuando él tenía 8 años, en un momento en que Geoffrey le empujó hacia las orillas del lago cercano a la residencia veraniega de la familia en Balmoral, Escocia, tras una discusión sobre la muerte de Sparky, el pequeño Schnauzer favorito de Alex y el cual había muerto ahogado en ese mismo lugar a manos del mediano de los Clayton.
Alex en ese entonces no sabía nadar.
El miedo lo dominaba a pasos agigantados y sentía que la muerte estaba cerca de él; de repente sintió cómo se hundía hacia el fondo del lago, haciendo que perdiera la conciencia. No obstante, sintió cómo alguien lo tomó de la cintura y lo llevó a la superficie, sacándolo del agua y recostándolo en la orilla.
El niño había abierto los ojos, sólo para descubrir que la persona que le había salvado la vida era nada más y nada menos que Marcus, de ese entonces 14 años de edad, quien lo arrullaba entre sus brazos para calmarle.
Sólo esa vez había visto a Marcus como alguien sensible y dispuesto a dar su vida por los demás, ya que al día siguiente todo había vuelto a la triste normalidad. Sin embargo, el recuerdo de aquel hermano mayor salvándole la vida permaneció en su mente hasta ese momento, cuando ambos observaban la Luna llena desde el techo de la humilde choza de las inmediaciones de Masyaf.
Hasta el momento en que el joven cayó en la cuenta de que su hermano había traicionado a los Templarios en pos de él, de su hermano menor, del joven Asesino con quien compartía su convicción y fe en el Credo. En pos del hermano que amaba y admiraba por poseer ese espíritu de lucha por la libertad del hombre.
Dos hermanos que estaban en lados diferentes de la moneda se habían convertido en un mismo lado de esa moneda.
Dos hermanos… Dos Asesinos.
::Flashback::
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- Alex – le llamó una voz conocida.
Tintin se volvió y, con una sonrisa, le saludó:
- Marcus.
El aludido, quien estaba vestido con un traje de aristócrata y llevaba encima una capucha roja, se paró junto a él y contempló la vista de Targoviste con seriedad.
Seis años habían pasado desde que ambos se encontraron en Masyaf, una de las principales bases de los Asesinos; si bien aquella época en esa parte de Siria había sido la más feliz de su vida, el hecho de que su supuesta muerte podría levantar sospechas en las filas templarias le obligaron a ausentarse de Siria, aunque claro, ya convertido en un agente foráneo infiltrado de la Hermandad.
Un Asesino fusilero para ser exactos.
- Parece que rejuveneciste un poco, hermano – comentó Tintin mientras abrazaba a su hermano mayor -. Te dije que dejar el vino te haría bien.
- Lo sé y te agradezco el consejo, hermano, aunque creo que el viejo Haddock no querrá hacer lo mismo.
Ambos hermanos rieron; no obstante, Tintin, con seriedad, le inquirió:
- ¿Qué noticias tienes de Rastapopoulos, Marcus?
- Nada buenas, Alex. No viene solo.
- Eso lo sé, hermano…
- Viene con Geoffrey… Y con nuestros padres de sangre.
Tintin se sorprendió mientras que el pelinegro barbudo añadió:
- Nuestra madre de sangre es la amante de Rastapopoulos, hermano. Ella estuvo en los brazos de ese infeliz todo el tiempo… Y curiosamente ella es una de las personas más influyentes de la comunidad templaria.
- Dios… No puedo creer lo que estoy escuchando.
- Lo peor del todo es que ella le tiene mala voluntad a nuestra madre adoptiva debido a que Ezio le mató a uno de los hijos que tuvo con Rastapopoulos.
- No me extraña que Ezio lo haya hecho. Mircea era un verdadero hijo de puta.
- ¡Je! Y nuestro medio hermano para desgracia nuestra.
- Los hijos de Rastapopoulos no son nuestros hermanos de sangre, Marcus.
- ¿Y qué harás entonces, hermano? Rastapopoulos viene con un ejército entero de 150 hombres, de los cuales la mitad rodean las murallas de Targoviste desde afuera y la otra mitad escolta a esos bastardos.
- Esos infelices ni me van ni me vienen. Me interesa salvar a nuestra madre… E intentar eliminar a Rastapopoulos de una vez por todas.
Dicho eso, Tintin y Marcus se volvieron hacia el paisaje de Targoviste… Con el conocimiento de que pronto se librará una lucha encarnizada entre ambas Hermandades.
Aguanta, madre, pensó el joven de cabellos castaños rojizos. Aguanta que venimos en tu ayuda.
