Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.

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Estaba pillada.

"Um, sólo estaba mirando…cosas." Las fotos de Edward estaban en la pantalla y yo trataba de proteger el monitor con mi cuerpo mientras buscaba el botón de escape. No estaba teniendo mucho éxito, así que pensé en una distracción. "Llegas temprano. Charlie no está dormido aún." Moví mi cuerpo frente a la computadora.

"No podía esperar a verte – espero que no te importe." Sonrió tímidamente y mi corazón dio un salto.

"No, no me importa." Y no lo hacía, aunque cinco minutos más podía haber sido bueno – podía haber tenido la oportunidad de cerrar esto. Sus ojos se deslizaron desde mí hasta el monitor de atrás.

"Entonces, ¿qué has encontrado?" Tenía una sonrisa jugando en sus labios cuando indicó con la pantalla con la cabeza.

"Um…yo, nada…yo no estaba…"Me di cuenta de que la negación era inútil. Puse mis ojos, como si hiciese caso omiso de mi vergüenza. "Es unos de esos sitios de reunión. Una escuela en Nueva Escocia está invitando a los suyos. Hay imágenes…"

Cerró los ojos y pasó saliva.

"¿Bella?" Su voz era apretada.

"¿Si?"

"¿Estoy usando la camiseta de Snoopy, no?"

Repentinamente mi vergüenza se había ido a su cara, y yo estaba riéndome.

"Si," asentí y prácticamente me dejé caer sobre la mesa. "Eres tú."

Edward miró directamente a la pantalla ahora. Rodó sus ojos y dio un gemido.

"¿Qué?" le dije. "Creo que te ves lindo ¿La tienes todavía?"

"¡No!" se echó a reír y sacudió su cabeza. "Fue un desafío. Y solo la usé una vez." Sacudió su cabeza de nuevo, exasperado.

"¿Quién te retó?" Nos miramos uno al otro y ambos dijimos, "Emmett." reí.

"¿Puedo?" apuntó la pantalla.

Salí de la silla. Edward tomó mi lugar y después de mirar el sitio por un momento, y sacudiendo su cabeza en exceso, comenzó a escribir en el teclado.

"Estabas sosteniendo una guitarra. No sabía que tocaras." Me paré junto a él mirando sus dedos moviéndose con gracia sobre las teclas.

"Prefiero el piano, pero todos estaban tocando guitarra entonces."

"¿Eras bueno?"

Me miró y levantó una ceja. Rodé mis ojos – bien, era bueno.

"¿Y qué acerca de tu record en atletismo? Aparentemente, aún se mantiene. Tienes lindas piernas, por cierto."

Sonrió, "Gracias."

"¿Y el record de atletismo?"

"Bueno, sólo era yo tratando de demostrar un punto, realmente."

Me dejé caer sobre la cama. "¿Qué punto?" Me sentía más a gusto ahora. Lucy y George estaban escondidos, bloqueados firmemente, en el fondo de mi mente.

Se encogió de hombros. "El entrenador no tenía mucho tiempo para los estudiantes que no estaban interesados en el deporte y yo caí en esa categoría. Es aburrido practicar deportes con humanos y, obviamente, tenía que disimular mis habilidades naturales. En realidad él nunca me dio un mal rato, era demasiado cauteloso conmigo por eso, pero ciertamente hizo la vida miserable para algunos otros – muy miserable. Él nos llamaba princesas." Sacudió su cabeza y dio una lenta sonrisa. "Así, un día cuando teníamos pruebas de atletismo, y había sido particularmente molesto, decidí abrirme sólo un poco y mostrarle lo que a princesa puede hacer."

"¡Edward!" Me sorprendí. Los Cullen eran siempre muy cuidadosos.

"Obviamente no me solté por completo. Yo sólo…fui un poco más rápido que los otros." Sonrió.

Sus largos dedos continuaron moviéndose fácilmente sobre las teclas, casi demasiado rápido para ver sus golpes. ¿Qué estaba haciendo? Las fotos habían desaparecido y largas líneas de dialectos – letras, números y símbolos – aparecieron a través de la negra pantalla. ¿Estaba…?

"Edward, ¿estas hackiando?"

"Si"

"¿Por qué?"

Edward presionó una tecla final y la pantalla quedó vacía. Entonces brilló de nuevo, el sitio web reapareciendo sin sus fotos y reseñas. Pasó una mano por su pelo cuando se volvió, apoyándose en el respaldo de la silla, mirándome. "El internet se ha convertido en un real problema para nosotros. Nos hace más rastreables." Se levantó y se movió hasta la cama, levantando sus cejas sólo un poco, preguntándome si podía sentarse ahí. Asentí, dándome cuenta de que antes de ayer sólo se habría sentado llevándome a su regazo. Esta noche se sentó sobre la descolorida colcha cerca de mí y cruzó sus piernas debajo de él.

"Hacemos controles periódicos y eliminamos cualquier cosa que encontramos. Todos hemos tenido que adquirir conocimientos expertos de hackeo." Sonrió. "No revisamos con mucha frecuencia, pero tenemos que ser cuidadosos. No quiero que alguien pregunte como Edward Cullen estaba en North Colchester High en los setentas y en Forks Hugh en el 2006. Jasper mantiene un registro de todos los sitios donde aparecemos. Le diré acerca de esto cuando llegue a casa."

Dejé escapar un suspiro. Estaba aprendiendo mucho hoy.

"Pero estoy curioso ahora, ¿Bella?" La sonrisa en sus ojos se desvaneció y fue sustituida por la cautela. "¿Por qué estabas buscándome en internet?"

"Um…" podía sentir el rubor inundando mis mejillas y bajé la mirada, encogiéndome en poco. "Creo que me he dado cuenta de que no sé muchas cosas acerca de ti."

Frunció el seño, sus cejas unidas. "Bella, te lo prometo, no hay nada más…"

"No quise decir eso," solté de pronto al ver el dolor aparecer en sus ojos. "Quiero decir, sobre los últimos ochenta y siete años." Habíamos estado sentados uno al lado del otro pero sin tocarnos. Ahora apoyé mi mano sobre su pierna. Después de un momento la cubrió cuidadosamente con la suya. Me miraba fijamente, desconcertado, y mis palabras salieron.

"Tienes un montón de cosas en tu habitación y las he visto muchas veces, pero no sé como encajan en tu vida." Sus ojos aún estaban en mí. "Digo, creo que he estado tan envuelta en…nosotros…que no pensé en averiguar acerca de ti."

Una sonrisa comenzó a extenderse por todo su rostro.

"¿Qué te gustaría saber?"

Mire nuestras manos, junto a su pierna, preguntándome por donde empezar. "¿Cuál fue tu primer auto?"

Su sonrisa se hizo más grande "Fue un Bugatti Modelo 57S Atalante Coupe, del 1937. Negro." Si voz era melancólica. "Sólo 17 se fabricaron."

"¿Qué pasó con él?"

"Sólo se desgastó. Fue difícil dejarlo ir, pero me quedé con la insignia de la parrilla delantera."

"¿Has esquiado alguna vez?"

"Si. En Austria y Finlandia."

"¿Puedes montar a caballo?"

"Los animales no se acercan a nosotros. Pero monté cuando era humano."

Asentí, pensando en más preguntas.

"¿Alguna vez has estado borracho?"

Sus cejas se alzaron y se echó a reír, claramente sorprendido con mi pregunta. "Los vampiros no se pueden emborrachar, Bella"

"¿Cómo humano?"

"Um, de hecho creo que hubo una vez." Tenía el ceño fruncido, mirando la colcha, tratando de recordar. Se rió de nuevo. "Vagamente puedo recordar algo acerca de una botella de whiskey y…éramos tres…" Sacudió su cabeza y rió otra vez. "Es demasiado confuso. No sé si es porque es una memoria humana o porque estaba ebrio."

"Vamos a tener que trabajar en ese recuerdo," reí. "¿Qué pasó con la quitara?"

"Se rompió."

"¿Cómo?"

"Se puso en el camino durante un competencia de lucha libre con Emmett y Jasper."

Reí de nuevo y él se me unió. Parecía estar disfrutando mi sesión de preguntas y respuestas.

"¿Has conocido a algún famoso?"

"Conocí a Pablo Picasso en una de sus primeras exposiciones. Me gusta su trabajo"

"¿Alguien más?"

"En realidad no. No nos salimos de nuestra manera de conocer gente, Bella. Realmente, gran parte de mi tiempo lo he pasado en salas de clases o en la casa donde vivíamos."

Asentí pero continúe.

"¿Color favorito?"

Miró directamente a mis ojos, su sonrisa torcida en su rostro. "Café."

Me sentí ruborizar y miré nuestras manos otra vez.

"Mejor y peor concierto en el que has estado."

"Oh, bueno, hay varios de cada uno." Dijo, sus cejas se unieron un poco. "Pero un concierto en particular que en realidad me gusto fue Duzzy Gillespie en 1953." (nt: Trompetista, cantante y compositor estadounidense de jazz, wikipedia)

No sabía quien era, pero el nombre era familiar.

"Creo que he escuchado de él."

"Tendrías. Era un brillante músico jazz." Los dedos de su mano libre comenzaron a tocar un ritmo sobre el colchón.

"¿Y el peor?"

Arrugó su bello rosto, pensando.

"Creo que, probablemente, los Beatles en el Shea Stadium en 1965."

Mis ojos se abrieron. "¿En serio? Pensé que no te gustaba la música de los sesentas."

"No me gusta. Pero Alice quería ir. Jasper pensó que un gran número de gritos humanos podrían ser mucho para él, así que ella me convenció de ir con él. Tú sabes lo persuasiva que puede ser."

Me reí. Lo sabía.

"¿Qué tal fue?"

Hizo una ligera mueca. "En una sola palabra – ruidoso. Los gritos de los fans, quiero decir, apenas podía escuchar la música, incluso con audición de vampiro. Nos fuimos a medio concierto, estaba siendo demasiado para nosotros dos. La multitud jadeante, tantos olores en un solo lugar, tantos latidos de corazones agitados. Y yo casi en un ataque de migraña tratando de bloquear lo miles de pensamientos histéricos."

"No suena muy divertido."

"No lo fue. Y de la pisca de pensamientos que podía recoger desde el escenario, ellos tampoco estaban divirtiéndose mucho allí."

Estaba tratando de vislumbrar la imagen de Edward en un concierto de los Beatles. Estaba tratando de ver la imagen de Edward en los sesentas.

"¿Usabas pantalones anchos?" (nt: en inglés flares, en Chile se les conoce como pantalones pata de elefante, no sé como es en otro país)

"Todos usaban pantalones anchos."

"¿Llevabas flores en el pelo?" Estaba bromeando ahora, pero él miró hacia abajo y comenzó a tirar de sus jeans.

"¿Usaste?" Pregunté de nuevo. Sacudió algo de polvo invisible de su rodilla.

"¡Lo hiciste! ¡Llevabas flores en el pelo!"

"Está bien, sí. Pero sólo una vez"

"¡Oh, sólo una vez! ¡Igual que la camiseta de Snoopy! Apuesto que si abro tu armario voy a encontrar a Snoopy, collares de amor y gasa…" Ahora los dos estábamos riéndonos, tratando de ahogar nuestros sonidos para que Charlie no los escuchara. Me tiré a la cama de espaldas mientras mi cuerpo se estremecía en la imagen mental de Edward en una túnica con margaritas dando vueltas en su cabeza. Estaba acostado a mi lado, riendo casi tan fuerte como yo.

"Bella, lo prometo, nunca encontraras un solo hilo de gasa en mi armario," sonrió.

"¿Así que no eras un hippy?" boqueé por aire.

"No, nunca."

"Entonces, ¿Por qué tenias flores en tu pelo?" Tuve que sofocar otro ataque de risas.

"Alice otra vez. Fuimos a una exhibición de esculturas en un parque. Ella pensaba que necesitábamos encajar."

Nuestra risa comenzó a disminuir, pero yo seguía sonriendo a la imagen mental de Edward hippy. Estábamos de espaldas, mirando nuestros rostros. Mi corazón estaba latiendo fuerte por tanto reír, pero ahora el golpeteo era por los ojos de Edward sobre los míos. Podía oírlo.

"¿Mañana me enseñas las cosas de tu habitación?" susurré.

"Sí," susurró él, sonriendo.

Hubo silencio por un momento, estábamos respirando cerca del otro. Entonces de repente se sentó.

"Charlie viene." Se movió a la ventana.

"¿Te vas?" Podía escuchar la decepción en mi voz.

"Sólo por un rato. Él quiere hablar contigo, pero no voy a tardar." Extendió su mano para acariciar mi mejilla y me apoyé en su toque. "¿Vuelvo en media hora?" fue una pregunta.

Asentí. "Media hora." Y él se había ido, justo cuando Charlie llamó a mi puerta.

"Entra." Me fui a la computadora y la apagué mientras Charlie entró. Parecía incomodo, como solía estar cuando estaba en mi habitación.

"Hey, ¿qué pasa, papá?"

Le llevó un momento. "Sólo decir buenas noches." Estaba mirando por la habitación y me preguntaba si había oído reírnos a mi y a Edward. Después de un momento se aclaró la garganta, mirando por la ventana.

"Me preguntaba… ¿está todo bien, Bella? Quiero decir, ¿con Edward?" Hablaba torpemente y luego volvió la mirada al suelo. "Simplemente…no lo he visto desde su regreso de Chicago y, tú no pareces feliz."

Me atoré. Era más perceptivo de lo que creía. Peo ¿qué le puedo decir? Realmente papá, he descubierto a mis 18 años de edad que mi novio tiene un hijo de 87 años del que no sabía. Excepto que mi novio no tiene en realidad 18, sino que es un vampiro de 108 años. Sí, como si realmente caminara por el pasillo de un lado a otro.

"Todo está bien, papá." Trate de darle una sonrisa confiada. "Solo estoy cansada."

Me miró por un momento mientras yo sostenía mi sonrisa en su lugar. "Bueno, si tú lo dices," dijo, yendo a la puerta. "Pero si no estás un cien porciento feliz, no es muy tarde para cambiar de opinión. Recuerda eso." Miró de nuevo el suelo y asintió. "Sólo recuérdalo."

Tomé una respiración profunda. "Lo recordaré, papá." Él asintió y dijo adiós antes de irse, cerrando la puerta detrás de él.

Me levanté de la mesa y me tiré en la cama, dejando escapar un largo suspiro. No había cambiado mi opinión acerca de casarme con Edward, pero no estaba segura todavía si la boda iba a ser en la fecha prevista. Miré mi reloj – veinte minutos antes de que Edward estuviera de vuelta. Agarré mi bolso de aseo y me dirigí al baño, empujando todos los pensamientos de la boda fuera de mi mente. No tenía porque pensar en eso ahora.

El agua caliente se sentía bien en los músculos de mi cuello y espalda. Podía haberme quedado allí mucho más tiempo, pero estaba ansiosa por estar lista para cuando Edward llegara. Me lo estaba imaginando esquiando por una ladera en Austria, o escuchando jazz en un melancólico club en alguna parte. La risa ha ayudado mucho y me estaba sintiendo mejor de lo que me sentía desde que Lucy y George se estrellaron en mi vida. ¿Fue sólo hace dos días? Negué con mi cabeza y corté el agua, poniendo la toalla alrededor de mí y cruzando la sala de vuelta a mi cuarto. Abrí el cajón de la ropa cómoda y saqué el pijama azul que sabía a Edward le gustaba. Me vestí rápidamente y traté de hacer que mi cabello se viera menos como un nido de pájaros. Satisfecha de que me viera tan bien como podía, dejé a un lado el cepillo y cerré el cajón.

Al empujar el cajón vi la bolsa de tejido suelto que había dejado allí. Mi corazón dio un pequeño giro. Cogí la bolsa y vacié su contenido en mi mano, dejando que el brazalete en su interior cayera sobre mi palma con un suave tintineo. Lo toqué con delicadeza. El hermoso corazón de diamante, el perfectamente tallado lobo de madera. Me senté en la cama y suspiré mientras lo miraba. No lo usaba hace mucho. Ahora que sabía que el corazón no era de cristal, estaba preocupada por perderlo. Pero recordé la noche en que hice mi elección y dije adiós a Jacob Black. La noche en que una parte de mi corazón se rompió. La noche en que Edward me abrazó mientras lloraba, desconsolada, por otro hombre. Un hombre que estaba vivo, y que me amaba, y que pate de mí también lo amaba. Un hombre que me había besado con pasión y cuyo beso había regresado. Y Edward sabía todo, lo había visto todo. Lo hice pasar por eso. Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos. Estaba recordando como Edward me trajo de vuelta aquí esa noche y me detuvo de romper mi pulsera. Me dijo que era parte de lo que soy. Jacob era parte de lo que soy. Sabía que a Edward no le gustaba Jacob. Sabía que se sentía amenazado por él, incluso ahora. Pero él había aceptado que Jake siempre tendría una parte de mi vida. Comencé a entender la profundidad de los celos que Edward pudo haber sentido.

Tomé una respiración profunda, limpié mi cara y puse la pulsera en la bolsa. Miré alrededor de mi habitación. De repente, necesitaba aire, necesitaba estar fuera y necesitaba pensar. Mi cuerpo estaba caliente todavía por la ducha y no me detuve para tomar una chaqueta mientras corría escaleras abajo y hacia el patio trasero. Me quedé a luz de la luna, tomando grandes respiraciones mientas una realización me golpeó.

La situación de Lucy y George no era exactamente lo mismo pero de cierto modo, lo era. Y me di cuenta de que George no era más que un recordatorio de un encuentro en una habitación con Lucy. George era una parte de Edward. La sangre de Edward ya no corría a través de sus propias venas, pero lo hacía a través de George. Y mientras George viviera, mientras él tuviese familia, la línea de sangre de Edward continuaría. George era una parte de Edward, y sólo por este hecho, él no debía ser dejado de lado. Gemí cuando me di cuenta de lo que iba a hacer.

"¿Bella? ¿Qué estás haciendo aquí? Te vas a congelar." Edward estaba detrás de mí. Mis pensamientos de dispersaron por un momento.

"Ssh, estoy pensando," y levanté mi mano para que se detuviera.

Le oí murmurar algo, pero fue demasiado bajo para mí. Hubo un roce de tela y de pronto su chaqueta estaba cubriendo mis hombros, sus dedos suavemente en mis caderas.

"Podía escuchar los latidos de tu corazón desde la calle. ¿Qué estabas pensando?"

Tomé un aliento profundo. "George."

Los dedos de Edward tomaron mis caderas un poco más fuerte.

"Estaba pensando que…deberías conocerlo."

Me di vuelta para mirarlo, su cara incrédula.

"¿Qué? ¡Bella…no!" Trató de decir algo más pero tropezó con sus propias palabras. Sus manos cada vez más duras en mí.

"Escúchame, Edward…" Pero él no lo hizo.

"Bella, te he causado suficiente dolor." Estaba hablando con los dientes apretados ahora. "No voy a agregar ese dolor. No voy a arrástrate. Se acabó, no voy a ocuparme de eso." Miró hacia el suelo, moviendo la cabeza. Estaba aun sosteniéndome.

Puse mi mano sobre su mejilla y esperé a que me mirara. Finalmente, lo hizo.

"Por favor escucha, Edward." Dejó escapar un suspiro y cerró sus ojos. Un momento después abrió los ojos y me miró. El dolor estaba allí de nuevo. Acaricié con mi pulgar su pómulo.

"No está terminado," dije en voz baja. "Esto no puede terminar sólo con leer el diario de Lucy." Sentí un pequeño giro en mi corazón otra vez. "Pensamos que podíamos, pero ahora, no creo que pueda."

Sus ojos se cerraron de nuevo y volvió la cara.

"George es parte de ti, Edward. Eso lo convierte en parte de nuestras vidas."

Inclinó su cabeza. "Y pensé que podrías sentir curiosidad por él, que sería natural. Curioso por él…sus hijos y nietos." Tomé una honda respiración. "Tus nietos." Dejé el aire salir. "Pero hay algo más." Su cabeza se levantó.

"George no es inmortal. Sólo tienes un tiempo limitado para conocerlo y no quiero que pases la eternidad preguntándote por él. Y yo no quiero pasar la eternidad peguntándome si tú estás preguntándotelo."

Estaba con el ceño fruncido y su mandíbula encajada. Me preguntaba que iba a decir. Entonces levantó una ceja, sólo un poco.

"¿La eternidad?" Reconocí la mirada que cruzó por su rostro en ese momento. El dolor ante la idea de poner fin a mi vida, combinado con la alegría de saber que nunca tendría que perderme. Había visto esa mirada mucho recientemente, cada vez que mencionaba mi transformación. Pero esta noche, mis palabras de aseguraron que quería que estuviéramos juntos para siempre.

"Si, la eternidad. No puedes escaparte de mí tan fácilmente." Tiré mis brazos alrededor de su cuello y lo abrasé fuerte. Me atrajo hacia sí, mi cuerpo presionando con el suyo.

"Entonces, ¿te reunirás con él?" Mis palabras sonaron apagados contra su pecho.

"No sé, Bella. Esto es…no quiero hacerte pasar ya por nada más…"

"Edward, yo creo que somos los suficientemente fuertes para esto, ¿no lo crees?" Y al decir las palabras supe que eran ciertas.

"Si," suspiró.

Estábamos parados a la luz de la luna, abrazados en silencio, cuando el susurro de Edward rompió el silencio.

"Lo que dijiste, acerca de preguntarme…"

Me alejé para mirarle la cara. Parecía nervioso, sin saber si debía continuar. Le sonreí y tomó aire.

"Me preguntaba, ligeramente, que tipo de hombre es."

Asentí, haciéndole saber que estaba bien que siguiera, a pesar de que sabía que tendría que escuchar mi corazón al oírle. "Me pregunto si él es un reflejo de lo que yo habría sido si hubiera llevado una vida humana." Suspiró. "Y…espero que mi indiscreción en 1918 no haya tenido un impacto negativo en el mundo. Espero que sea un buen hombre."

Sentí las lágrimas en mis ojos de nuevo. Mis dedos acariciaron la parte de atrás de su cuello mientras él inclinaba su cabeza.

"Tiene tu sangre es sus venas, Edward. Por supuesto que es un buen hombre."

A mis palabras, inhaló fuertemente y hundió su cara en mi pelo. "Oh, Bella." Susurró y me abrazó.

La noche era fría y me había enfriado ahora después de la ducha. Antes de que el primer temblor pudiera encontrar su camino a través de mi cuerpo, Edward se retiró de inmediato y me acomodó en sus brazos.

"¿Qué estás haciendo?"

"Estás helada. Te estoy llevando a la cama"

A pesar de que sabía que quería a decir, sus últimas palabras enviaron un golpe de calor a través de mi cuerpo. Me llevó hasta la casa y subió las escaleras en dos tiempos. En mi habitación suavemente pateó a puerta para cerrarla antes de dejarme gentilmente en la cama y tirando las mantas, me cubrió.

"¿Puedo?" preguntó, indicando la cama con la cabeza. Me revolví haciendo más espacio, él sacó sus zapatos y se metió bajo las sábanas conmigo. Mirando profundamente en mis ojos, cuidadosamente me abrazó contra su pecho.

"¿Esto está bien?" preguntó. Todavía parecía indeciso de tocarme, sostenerme.

Asentí, sonriendo, "Mmm." Me di cuenta de que no habíamos estado así desde que se había ido a Chicago el miércoles. Habían pasado cuatro noches sin que me sostuviera. Me acurruqué más, contenta de estar de vuelta. Le oí suspirar mientras me empujaba más cerca. Empuje a Lucy y George atrás en mi mente y los encerré, apretados.

"Y no olvides, mañana tienes que decirme acerca de las cosas en tu habitación." Hablé en un bostezo mientras mis ojos se cerraban.

"No lo he olvidado." Su voz era terciopelo en mis oídos. Sentí su frío dedo recorrer suavemente el largo de mi mandíbula.

Me acosté en sus brazos y pensé en los mucho que lo amaba, y en lo duro que fueron los últimos dos días, esta última media hora, lo había sido. Pero de una cosa estaba segura – éramos suficientemente fuertes para hacer frente a esto. Sentí el sueño comenzar a llevarme y de repente una risa escapó de mis labios.

"¿De qué te ríes?"

"Snoopy." Me sentí dormir escuchando a Edward gemir.

···/···

Me agité como el primer resquicio de la luz del sol pasó por el hueco de las cortinas. Edward estaba de rodillas en el suelo junto a la cama.

"Bella," susurró. Sonreí y lo alcancé, mis ojos medio cerrados. Tomó mis manos y las besó. ¿Por qué no estaba en la cama conmigo?

"Charlie ya despertó." Asentí entendiendo adormilada. "No quería que despertaras y no me encontraras."

"¿Vas a volver?"

"Después del desayuno." Apoyó su frente con la mía y suspiró. "Te amo, Bella." Sentí una emoción pasar por mí.

"Te amo, también." Susurró.

Una brillante sonrisa iluminó su cara. Vaciló, y luego me besó suavemente en los labios. Una ola de calor comenzó en mi pecho y se extendió por mi cuerpo. Me estiré para poder echar mis brazos alrededor de su cuello, justo cuando oí la puerta del cuarto de Charlie ser abierta. Edward se alejó rápidamente. Acarició mi mejilla antes de desaparecer por mi ventana.

Me quedé en la cama un poco más, recordando la noche anterior. Había averiguado mucho más de Edward, y tenía la intención de aprender más hoy. Pero habíamos dado un gran paso. Habíamos hablado acerca de conocer a su hijo. Me preguntaba como podía cambiar nuestras vidas, si decidía seguir adelante.

Estaba vestida y lista cuando Edward golpeó la puerta un par de horas más tarde.

"¿Estás lista?" preguntó mientras caminábamos en la sala. Se veía tan hermoso, mi aliento atrapado en mi pecho.

"Yo debería estar preguntándote eso," sonreí mientras tomaba mi mano y me tiraba hacia fuera. "Porque tengo muchas más preguntas para ti."

···/···

Me senté, con las piernas cruzadas en medio de la cama de Edward. Se puso de pie cerca de la puerta, mirando alrededor de su habitación.

"Bueno, ¿qué primero?" preguntó. Una sonrisa se extendió en su rostro, sus ojos brillaban.

"Um, el microscopio." Dije.

Lo tomó desde la estantería y lo llevó hasta la cama. Lo puso en mis manos y se sentó a mi lado.

Claramente era antiguo, hecho de latón, y los cañones de los lentes eran más largos y delgados que las versiones modernas. Era muy pesado.

"Era de Carlisle," Edward comenzó. Sus piernas estaban estiradas y parecía relajado mientras de inclinó hacía atrás con sus manos sosteniéndole. "Data del 1950. Me lo dio cuando comencé mi primera carrera de medicina." Pasé mis dedos sobre los cañones de metal. "Realmente no necesitaba un microscopio, la universidad los proporcionaba. Fue puramente un gesto simbólico. Él estaba orgulloso de mí." Se encogió de hombros mientras decía las palabras, simplemente, pero podía oír la sonrisa en su voz.

"Es hermoso," dije. Lo examiné por un momento, luego se lo entregué de nuevo a él. Lo repuso en el estante.

"¿Y ahora qué?" dijo, sonriendo. Me reí.

"Estás tan emocionado," dije.

La timidez lo venció y me dio su sonrisa torcida, encogiéndose.

"Estoy feliz de contarte," dijo. "Y estoy feliz de que quieras saber." Pasó sus largos dedos por su pelo. "Antes, yo pensaba que tal vez decirte acerca de estas cosas podrían hacer la diferencia entre nuestras edades más obvia. Pensé, tal vez, no te gustaría estar recordando eso."

"Oh, Edward," me acerqué a él. Vino a mí y envolví mis brazos alrededor de él. Me estiré y puse mis labios suavemente en su oreja como si fuera a besarlo.

"¿Qué pasa con la foto del perro?" susurré en su lugar.

Dio una sonrisa y se separó de mi agarre. Tomó la foto en blanco y negro desde el estante y lo llevó a la cama. Estaba en un simple, marco plateado.

"Vivíamos en los Apalaches pocos años después de mi transformación. Ya no era un recién nacido, pero todavía estaba ajustándome a lo que me había convertido." Respiró hondo. "Un día, este perro viejo sólo vagó hasta la cabaña donde vivíamos." Sonrió al recordar. "Estaba sorprendido, porque usualmente, los animales huyen de nosotros, pero este no lo hizo. Acababa de cazar, suerte para él, ninguno de nosotros sintió la tentación de…alimentarse…así que se convirtió en algo así como una macota." Edward estaba sonriendo a la memoria. "Venía y se iba, a veces no lo veíamos en varios días. Pero me gustaba que estuviera allí. Nunca tuve una mascota y me dejó darle una palmadita. Supongo que me hizo sentir menos monstruo."

El perro era lindo, de pelo corto con una oreja negra y la otra blanca. Estaba sentado, mirando fijamente a la cámara.

"¿Tenía una nombre?"

"Lo llamé Renfield," rió bajo. "Esme estaba desarrollando un interés por la fotografía en ese momento y le tomó esta foto un día."

"¿Qué pasó con él?"

Frunció el ceño. "Un oso lo atacó."

"¡Oh, no! Pobre Renfield."

Edward asintió. "Pobre Renfield. Pero lo vengué," dijo. Miré hacia arriba, perpleja.

Sonrió, "Cacé al oso."

"¡Oh!" reí, sorprendida por la casual referencia a su dieta.

"¿Algo más?" preguntó, reponiendo la imagen sobre el estante.

"Montones," miré alrededor de la habitación. "El dibujo con los botes."

Cuidadosamente Edward tomó el marco desde su gancho en la pared. No era grande, lo dejó en la cama frente a nosotros.

"Es Puerto Lyttelton en Nueva Zelanda."

"¿Nueva Zelanda?" Eso era al otro lado del mundo.

"El clima en la Isla del Sur es muy bueno para nosotros. Vivimos allí por un corto tiempo durante la década de 1940. Habíamos estado en un pequeño pueblo en Alaska, pero la gente estaba comenzando a sospechar de nosotros y estaban muy cerca de descubrir la verdad. Por lo tanto, teníamos que ir lo más lejos como fuera posible por un tiempo. Lyttelton parecía perfecto."

Inclinó su cabeza hacia un lado y se centró en el dibujo. "Realmente me gustaba el puerto. Cada vez que quería algo de paz bajaba y miraba los botes. Me parecían tranquilizantes."

Asentí al pensar lo de hace dos días, en Port Angels, cuando me senté y vi los botes sobre el agua.

"Lo botes son buenos," agregué. "Calman."

Edward me miró, curioso. Me sentí ruborizar y señalé de nuevo el dibujo.

"¿Así que compraste este mientras estabas ahí?"

"No, yo lo dibujé."

"¿Tú lo hiciste?" Volví a mirar nuevamente los detalles de luz y sombras, suaves y oscuros trazos de carbón, la manera en que la luz, tan perfectamente representada, se reflejaba en el agua. Dejé escapar un largo suspiro. "Wow, Edward, no tenía idea. Es realmente un hermoso trabajo."

Se encogió de hombros. "Gracias."

"¿Tienes otros?"

"No. Acostumbraba dibujar mucho, pero no tanto en las últimas décadas. Este es el único que conservo." Alzó una mano y sus dedos gentilmente acariciaron mi mejilla. "Pensé en dibujarte una vez, sin embargo." Podía sentir mi piel cosquillear bajo su toque. "Pero creo que no te gustaría. Pensé que te haría sentir incomoda, siendo observada." Me dio su brillante sonrisa. "No es que la necesitara para hacerlo. Podría dibujarte de memoria sin problemas. Pero sabía que no sería capaz de hacerle justicia a tu perfección."

Estaba perdida en sus ojos a este punto. Ellos miraban los míos, la profundidad de su amor mostrándose claramente y haciendo latir mi corazón.

"Tienes razón," susurré finalmente, dándome cuenta de cómo sonaba. "Quiero decir, acerca de sentirme incómoda, no la cosa de la perfección. Tienes razón en que me sentiría incómoda."

Se rió por lo bajo mientras se levantó de la cama y repuso el dibujo en la pared.

"¿Y ahora qué?" preguntó.

Miré alrededor de la habitación. "Los bates y bolas."

Asintió y se acercó a la estantería y cogió una vieja, sucia pelota.

"Esta es la bola con la que mi padre y yo jugábamos a atraparla. Él me la dio con un guante para mi noveno cumpleaños. La llamé mi bola de la suerte. Dormía con ella debajo de mi almohada y nunca jugué con otra. No sé que pasó con el guante," frunció el ceño.

"Es un recuerdo fuerte para ti, ¿no?"

"Mucho," dijo, poniendo la bola en su lugar antes de tomar una segunda, vieja, sucia pelota de beisbol. Tenía un gran, negro #1 escrito con un marcador permanente.

"Esta," sonrió. "Esta la encontré en la punta de a Torre Eiffel, una noche como parte de una carrera con Emmett y Jasper."

Mis ojos se abrieron a lo ancho. "¿Qué?"

Rió de nuevo. "Este un juego que tenemos. Comenzó en 1963 en París. Era mitad de la noche, habíamos estado en un club de jazz y dimos vueltas después, mirando las luces – las luces son muy hermosas en París. Me gustaría mostrártelas alguna vez, ¿si tú quieres?" Hizo una pausa, sonriéndome. "Como sea, Jasper encontró una vieja pelota tirada en un arroyo. La cogió y estuvo jugando con ella en sus manos y cuando nos acercamos a la Torre Eiffel, Rosalie se la quitó y la tiró aterrizando en la plataforma de observación en la cima. Luego nos desafió para ver quien era el primero en conseguirla y traerla de vuelta a la tierra. Los perdedores tenían que hacer cualquier cosa que dijera el ganador y el ganador se quedaba con la bola hasta el próximo desafío."

Mi boca estaba colgado abierta.

"¿Escalaste la Torre Eiffel?"

"Sí."

"¿Y ganaste?"

"Por supuesto," estaba sonriendo. "A pesar de que Emmett trató de tirarme cerca de la mitad del camino. Él estaba desesperado por mostrarse ante Rose." Rió y me reí con él. "Se convirtió en una especie de tradición después de eso. Cada vez que visitamos un nuevo lugar trataríamos de encontrar un reto para encontrar la pelota. No siempre es posible. Sólo lo hacemos de noche y estando seguros de que no habrán humanos alrededor. Esa primera vez en París fue realmente algo riesgoso."

Cerré los ojos, imaginando a Edward escalando la Torre Eiffel buscando una bola de béisbol.

"¿Dónde más han jugado?"

"Aparte de la Torre Eiffel hemos jugado en Kew Gardens en Londres (nt: Jardín Botánico Real), ha sido enterrada en una playa en Finlandia y arrojado en algún acantilado en la costa Escocesa. Esa fue probablemente la más difícil, tratando de encontrarla en el suelo del Mar de Norte. Hubo una vez donde Rosalie la dejó hacer desde lo alto de las Cataratas del Niágara y la última vez Alice la arrojó desde un mirador en el Gran Cañón."

Sonreía mientras rodaba la bola entre sus dedos.

"¿Siempre ganas?"

"Usualmente. Sólo perdí una. Kew Gardens. Emmett me venció." Había un ligero amargor en su tono.

"Y Emmett te retó a usar Snoopy, ¿no?" La realización me golpeó bruscamente.

Edward asintió y suspiró. "Me retó a usar la camiseta de Snoopy en el día de la fotografía en la próxima secundaría que comenzáramos."

Me reí. "¿Qué le hizo hacer a Jasper?"

"Jasper tenía comer pastel de carne y riñones." Se estremeció mientras ponía la bola de vuelta en el estante y cogió una roja.

"Esta es una pelota de cricket. Jugamos un poco cuando estábamos en Inglaterra."

Estaba rodando la pelota en la mano.

"¿Te gusta tanto como el béisbol?"

Se encogió de hombros. "Mm, en algunos casos, pero puede ser un juego muy lento. Me quedé con la pelota porque me gustaba la sensación de ella. Y es divertido para darle en la cabeza a Emmett algunas veces." Me la entregó. Era mucho más pesada que una pelota de béisbol, y mucho más dura. Su superficie era brillante y lisa.

"Y este es un bate de cricket." Se acercó a la esquina y cogió un bate viejo, era similar en longitud a un bate de béisbol, pero más plano. "Viene con el balón," se encogió de nuevo. "Los otros son, evidentemente, bates de béisbol. Son los que uso cuando jugamos. Son viejos, pero muy cómodos."

"¿Y el trofeo?"

"Lo gané en un debate la primera vez que estuve en la escuela de Alaska. Pero ahora lo tengo para la llaves de mis coches." Tomó las llaves plateadas desde su bolsillo y las dejó caer en la copa de metal. Reí. Nunca lo había notado antes.

"Qué pasa con la caja de madera," señalé donde estaba en la repisa.

"Esta," dijo levantándola y llevándola hasta mí, "pertenecía a mi abuelo, el padre de mi madre." Acaricié la madera. Era muy suave, casi como el vidrio. Era de un color rojo intenso, muy hermosa.

"Fue arquitecto en Inglaterra. Llegó a América en la década de 1830 y se instaló en Chicago. Algunos de sus edificios aun siguen en pie en la cuidad. Recuerdo a mi madre señalándolos cuando era pequeño."

Seguí corriendo mis dedos sobre la madera, fascinada por escuchar acerca de la familia antecesora de Edward.

"¿Es difícil recordar todo eso?"

Negó con la cabeza. "No realmente." Todavía estaba acariciando la tapa de la caja, tocando las bisagras de latón, la pequeña cerradura de latón con una llave chiquita. "Solo después de que me transformara, Carlisle me explicó que mis recuerdos humanos se desvanecen y que necesitaba trabajar duro para retenerlos. Me sugirió escribir las cosas que eran más importantes para mí y leerlas todos los días. Hice precisamente eso."

Se acercó y abrió a tapa de la caja. Gentilmente, sacó varias hojas de frágil, amarillento papel y con cuidado las puso en mis manos. Di un grito ahogado. Estaban escritas a mano por Edward, elegante y formal, la tinta desapareciendo por el tiempo. En la parte superior había escrito su nombre, Edward Anthony Masen, y bajo eso…Nací el 20 de Junio, 1901.

"Tu cumpleaños," susurré y lo miré. Sus ojos eran suaves mientras miraba el papel.

"Me pareció importante en ese entonces. Pero comprendí que mi cumpleaños no tiene el mismo significado cuando eres inmortal," dijo en voz baja. Volví a mirar la hoja.

Había escrito sobre sus padres, sus abuelos, las historias que su madre le había leído de niño, la música que había tocado, los juegos que había disfrutado con su padre, aprendiendo a andar en bicicleta, un picnic familiar, los juegos de béisbol y persiguiendo carros de frutas con sus amigos, tratando de coger cualquier fruta que cayera antes de que golpeara el suelo. Había más acerca de música, regalos, conciertos, navidades.

"Todavía tengo recuerdos generales de mi vida humana, como se vivía en ese tiempo, pero estas son cosas específicas para mí que quería mantener fuertes en mi mente."

Corrí mis dedos sobre las letras, sintiendo las hendiduras en el papel.

"Después de los primeros meses los recuerdos se establecieron y no necesité leerlos más, pero ahora y entonces podría cogerlos para verlos. A veces aún lo hago, incluso ahora."

No podía quitar mis ojos de las páginas.

"¿Todos lo han hecho?"

"Carlisle debe haberlo sugerido a los demás…no sé si lo hicieron o no. Es algo bastante…personal." Se movió un poco en la cama junto a mí. "Eres la única persona a la que he mostrado esto."

No sabía que decir. Aquí estaba la vida humana de Edward resumida ante mí. Mis dedos trazaron las palabras nuevamente.

"Guardo algunas otras cosas en la caja. Puedes ver dentro si deseas." No quería dejar ir las páginas. Mis ojos se fueron sobre las palabras una vez más antes de que se las entregara. Las dobló cuidadosamente y las puso en la cama junto a mí. Tome una respiración profunda mientras metí mi mano en la caja y saqué una pequeña placa plateada. Era rectangular, aunque sus lados largos estaban curvados ligeramente. Esmaltada en rojo y escrito en plata, Bugatti.

"¿El auto?" Estaba recordando lo que me había dicho la noche anterior. Asintió y sonrió.

Luego saqué una vieja foto con las esquinas dobladas. Era la imagen de un hombre y una mujer. Ella estaba sentada mientas él estaba de pie detrás de ella.

"Mis padres," dijo Edward simplemente. Contuve la respiración mientras miraba sus caras. Pude ver a Edward en la forma de los ojos de su madre y en la mandíbula de padre.

"¿Por qué no la tienes en la estantería?" pregunté, sin poder apartar mis ojos de ellos.

"No sé. A veces me pregunto que pensarán de mí ahora, si hubieran sabido en que me había convertido. Supongo que no querrían mirarme a la cara todos los días, sabiendo los decepcionados que podrían estar."

"Ellos nunca estarían decepcionados de ti, Edward, tú lo sabes. Te amaban."

Se encogió de hombros y agachó la cabeza. Con cuidado, puse la foto en sus manos. Le vi pasar los dedos sobre ella suavemente.

Su acción provocó mis lágrimas y tuve que parpadear y tragar saliva para retenerlas. Tomé una respiración y alcancé la caja mientras Edward dejó la foto cuidadosamente sobre las amarillas hojas que contaban la historia de su vida.

Metí la mano de nuevo en la caja y saqué un par de cuadrado de metal dorado con una piedra de color verde oscuro. Cada uno tenía una corta cadena de dos pequeños eslabones provenientes de la parte de atrás, enlazándola con una pequeña barra de metal.

"Gemelos," dijo en voz baja. "No habían botones en las mangas de las camisas de hombre en mis días. Usábamos estos."

"Son hermosos." Realmente lo eran.

"Mi madre me los dio para mi decimosexto cumpleaños."

Pasé los dejos sobre el diseño. "¿Qué piedra es?"

"Jade."

Sonreí. "Ella quería que combinaran con tus ojos."

Me miró, con las cejas levantadas por la sorpresa.

"Yo…yo nunca había pensado en eso." Pude ver una fuerte emoción cruzar su cara. Tomó una respiración y exhaló bruscamente mientras miraba hacia los gemelos en la palma de mi mano. Suavemente los puse en la caja.

Lo último que saqué fue una tapa de una botella de refresco. Al instante, se volvió tímido de nuevo.

"¿Qué es esto?" Le pregunté riendo. Suspiró.

"Esa es la tapa de la botella que bebiste la primera vez que nos sentamos juntos en la cafetería." Dijo con rapidez.

Sabía que mi boca estaba abierta. Me dio su sonrisa torcida y de encogió de hombros.

"Oh, Edward. ¿En serio?" Estaba en su caja de cosas especiales. Puse mis brazos alrededor de él y lo besé suavemente en los labios antes de apartarme y mirarlo a la cara. Sus ojos brillaban mientras hablaba.

"Entonces, ¿he satisfecho tu curiosidad acerca de mi pasado?"

"Ni siquiera cerca, pero es un comienzo."

Me atrajo hacia él y dejó un beso en mi pelo antes de bajarse de la cama."Y tenemos la eternidad para preguntar." Añadí mientras él dejaba la caja de su abuelo en el estante.

Mis ojos vagaron por la habitación, fijándome en todos sus libros, toda su música. Había historia detrás de eso también. Miré su escritorio. Era antiguo y me pregunté si era la mesa donde él estudiaba cuando niño. Iba a preguntar cuando me di cuenta de que sobre él estaba el sobre blanco que contenía el diario de Lucy y los otros documentos. Aparté la vista, tratando de mantener a Lucy y George lejos, pero al mismo tiempo si Edward había llegado a una decisión acerca de hacer contacto. Cuando me volví para mirar a Edward, él estaba mirándome con cuidado. Sus ojos parpadearon del sobre a mí. Lentamente vino a sentarse a la cama conmigo, tomando mis manos entre las suyas.

"¿Has pensado en ello?" pregunté en voz baja, centrándome en sus manos en las mías. Su pulgar acarició mi piel.

"Lo hice. Pensé ayer por la noche mientras estabas durmiendo," sonrió, "antes de que empezaras a hablar de Snoopy usando flores en sus orejas." Rodé mis ojos y sintió el flujo de sangre a través de mis mejillas. Llevó mi mano a sus labios y besó cada una de las yemas de mis dedos. "Te amo, Bella," dijo despacio, entonces vaciló antes de continuar. "Y…creo que tienes razón."

Sabía lo que venía a continuación. Tragué saliva mientras la mano Edward apretó la mía.

"Creo que debería reunirme con George, y esperaba, que estuvieras conmigo cuando lo hiciera."

.

.

.

Chan!

Y que les parece todas estas cosas de Edward? En uno de los rr se imaginaban a Edward con pantalones anchos, muy bien acertaste, Edward al parecer también fue hippy.

Cuál fue su parte favorita? La mía, la de la tapa de la botella, es que no puede ser más tierno, ahhh. Y Bella también hace una reflexión acerca del sufrimiento de Edward por la situación de Jacob, comparándolo con su sufrimiento al descubrir esta verdad. Y por último, van a conocer a George…que pasará con esta visita… eso ya para el próximo cap.

Ahora la recomendación de fic: Mmmm, es difícil decidirse para poner uno realmente bueno. Espero este les guste. El nombre es 'In the Blink of an Eye' de thatwritr, traducida al español por Lilia Black como 'En un parpadeo'. En inglés está terminada, en español va en el capítulo 49, pero las actualizaciones son algo lentas. Edward nunca volvió en NM y Bella termina en silla de ruedas luego de saltar del acantilado. Bella sigue con su vida y se casa con Mark, que sufre de epilepsia. Mark muere en un accidente doméstico y allí aparece Edward, cumpliendo la promesa que le hiso a Mark. La gracia de este fic es que no es como otros, es totalmente realista y con mentes adultas, aquí no hay romance dulce, se muestra que la vida no es color de rosas. Creo que es uno de los que más me han gustado. Además está muy bien escrito. Espero lo disfruten.

Otra cosa, la última. En dos días salgo de vacaciones y en mi casa no tendré internet, además en enero comienzo mi práctica, que durará por todo el verano, espero poder subir al menos dos cap al mes, pero no prometo mucho, espero entiendan esto, hay vida detrás de FF.

Ahora si, me voy, mañana tengo mi último examen y ni he tomado ni el cuaderno…¿dónde estarán mis guías? XD, Bye.